Vol. 12 Núm. 1 (2026)
Monográfico

Tecnología, innovación e industria en la China contemporánea – Implicaciones internacionales. DOI: http://dx.doi.org.10.18847/1.23.2

Claudio Feijóo
Universidad Politécnica de Madrid, España
Biografía
Publicado julio 13, 2026
Palabras clave
  • China,
  • Tecnología,
  • Innovación,
  • Economía,
  • Política industrial,
  • Competitividad,
  • Productividad,
  • Liderazgo,
  • Hegemonía,
  • Supremacía,
  • Nuevas fuerzas productivas,
  • Ventajas comparativas,
  • Innovación incremental,
  • Modelo de doble circulación,
  • Tecnologías disruptivas
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Resumen

Este artículo analiza la estrategia económica y tecnológica de China como una apuesta deliberada por recorrer, de forma acelerada, el ciclo que conecta tecnología, innovación, competitividad, productividad y liderazgo internacional. Más que encajar al Partido Comunista de China (PCCh) en una etiqueta ideológica cerrada —capitalismo de Estado, leninismo adaptado o tecnosocialismo con características chinas—, en el artículo se sostiene que la lógica que guía sus decisiones prácticas responde a una combinación de principios económicos básicos, planificación estratégica de largo plazo y preservación de la cohesión social como fundamento de legitimidad política. La lectura histórica del “siglo de la humillación” y de la caída de la Unión Soviética refuerza una conclusión central en el pensamiento chino contemporáneo: solo el dominio de las tecnologías críticas y de los eslabones estratégicos de las cadenas globales de valor puede garantizar la revitalización nacional y evitar nuevas formas de subordinación exterior. A partir de esta premisa, el artículo examina cómo China ha convertido la política industrial en un instrumento sistémico que ya no se limita a sectores estratégicos concretos, sino que aspira a reorganizar todo el ecosistema productivo. Tecnologías como la inteligencia artificial, la computación cuántica o las nuevas energías se integran así en una estrategia que combina inversión pública, orientación del crédito, empresas estatales, compras públicas y creación deliberada de demanda. Aunque esta apuesta genera sobrecapacidades, ineficiencias y tensiones financieras, el análisis argumenta que Pekín las interpreta como costes asumibles dentro de una competencia geopolítica de largo plazo. El artículo concluye que el impacto global de esta estrategia ya es visible en el aumento del superávit manufacturero chino, la creciente presión competitiva en sectores avanzados y la profundización de dependencias internacionales en insumos, maquinaria, componentes y bienes de capital. China afronta desafíos económicos y sociales considerables, pero ello no implica necesariamente una pérdida de poder estratégico. Al contrario, podrían coexistir dos dinámicas: una desaceleración del crecimiento interno con posibles crecientes dificultades económicas y sociales internas y una China cada vez más formidable como competidor tecnológico, industrial y geopolítico.