El mar como catalizador de la geopolítica: de Mahan al auge chino
The
Sea as Catalyst of Geopolitics: from Mahan to the Chinese Boom
JOSEP BAQUÉS QUESADA
Universidad
de Barcelona, España
Resumen: China es el Estado que
más ha crecido económica y militarmente en los últimos lustros. Aunque sus
fuerzas armadas todavía están lejos de las estadounidenses, la enorme
proyección comercial china y su política de dotarse de facilidades en puertos
de todos los continentes, unida a la creación de una poderosa flota de alta
mar, recuerdan el camino recorrido años atrás por otras grandes potencias. Pero
China, a diferencia del Reino Unido del siglo XIX o de los Estados Unidos en el
siglo XX, es más bien una potencia del Rimland con un pie en el Heartland.
Precisamente por ello, en este análisis de pone a prueba la capacidad china a
partir del marco teórico derivado de la escuela que menos la favorece, es
decir, la del poder naval de Mahan. La conclusión es que, a pesar de ciertos
déficits en cuestiones puramente geográficas, muchos de los parámetros en su
día definidos por Mahan avalan la candidatura china.
Palabras clave: China, Fuerzas Armadas, Geopolítica, Mahan, Poder naval.
Keywords: China, Mahan,
Geopolitics, Armed forces, Naval power.
Recibido: 1 de marzo de 2019. Aceptado: 28 de marzo de
2019.
Motivación, objeto, objetivo e hipótesis del análisis
¿Por
qué realizar una determinada investigación? ¿Cuál es el incentivo que la
impulsa? Puede tener que ver con las preferencias o con el bagaje previo del
investigador. Pero también con sucesos o noticias que llaman la atención. Máxime
cuando no se trata de temas coyunturales, sino que su impacto es de largo
recorrido. La presente investigación reúne todas esas características. Ahora
bien, como las preferencias o el background
del investigador son lo menos relevante, podemos traer a colación uno de esos
datos que pueden operar como acicate, a saber, que hace 500 años el Báltico era
surcado anualmente, en la derrota de Escandinavia, por 1.000 naves de diverso
porte que transportaban 90.000 toneladas de carga. Mientras que en nuestros días
ese tonelaje es descargado cada hora por un solo buque portacontenedores chino
en cualquier puerto de los Estados Unidos (Rielage, 2015: 8). Nótese que, como
incentivo para elaborar este artículo, es tan relevante lo numérico como lo
geográfico, y lo que subyace a ambas cosas: la importancia del mar como eje
vertebrador de la geopolítica.
El
análisis en curso tiene por objeto el desarrollo de una mirada geopolítica del
reparto de poder en el mundo. No es una mirada cualquiera, porque se centra en el
ámbito naval. Para ello se analiza el papel de los océanos en la disputa por la
hegemonía mundial o, al menos, en la disputa por las hegemonías regionales, con
lo que ello implica a escala global. Aquí se emplea el concepto de hegemonía,
preferentemente, en el sentido que le da John Mearsheimer (2001)[1]. Por eso, asumimos que
alcanzar la hegemonía mundial es difícil y, de hecho, atípico. En opinión de
Mearsheimer, ni siquiera su propio país, los Estados Unidos, mantienen dicho
estatus.
En
cambio, es más frecuente que una gran potencia pugne por alcanzar la hegemonía
regional. Precisamente, esa hegemonía regional da pie a que pueda postularse
para algo más (al menos, a que esté en condiciones de hacerlo) y esa misma
expectativa es la que provoca que otros hegemones regionales traten de impedir
ese salto cualitativo hacia la obtención de la hegemonía mundial. Ése sería, en
definitiva, el rol de los Estados Unidos en la actualidad: impedir que China o
Rusia (o una hipotética alianza entre ambos) se consoliden como hegemones
regionales, pues impedir tal cosa es la mejor garantía de que jamás alcanzarán
el estatus de hegemón mundial. Es una clara aplicación de la teoría de sistemas
a escala global, muy en línea con la propuesta analítica propia del neorrealismo
(en el caso de Mearsheimer, adjetivable como ofensivo).
El
objetivo es dilucidar el sentido y el alcance de la competencia por el poder
entre los Estados Unidos y China, enfatizando las opciones y las dinámicas de
Pekín, dado que, a la postre, se trata de la potencia revisionista del status quo ante. Más allá de ello, lo
importante es asumir la tarea como una aproximación a la geopolítica marítima,
pudiéndose entender que se trata de un estudio de caso (dimensionado a los
retos planteados en este artículo y susceptible de ulteriores ampliaciones) en
el que lo más importante no es la conclusión que se pueda alcanzar sino la
arquitectura conceptual que la facilita. De hecho, el estudio del caso chino es
la excusa perfecta para revisar alguna de las principales teorías de la
geopolítica marítima.
La
hipótesis planteada en este análisis es que China quiere convertirse en una
potencia marítima de primer orden, pese a que su realidad no contiene todos los
atributos necesarios para ello. Porque China es, en esencia, una potencia del Rimland que, como tal, tiende naturalmente
a proyectar su poder tierra adentro[2]. Aunque atendiendo a su
posición en el mapa (una parte de China quedaría integrada en el Heartland, tal y como Mackinder lo
delimita en su versión definitiva, de 1919) también podría aducirse que la
combinación de las tesis de Spykman y de Mackinder podría ser suficiente para
explicar la situación china. Existen indicios en esta dirección[3]. Sin embargo, de acuerdo
con este análisis, todas esas explicaciones son insuficientes, por ser incompletas.
En realidad, China se está convirtiendo en una potencia marítima, en el sentido
apuntado por Mahan, pese a que algunas de sus circunstancias, tanto geográficas
como políticas, no permiten augurar que esa maniobra vaya a ser especialmente
cómoda, ni especialmente fácil de llevar a cabo. Pero esa es la apuesta de
Pekín. De ahí la necesidad de llevar a cabo una investigación más concreta
sobre el particular. Y de ahí la necesidad, en definitiva, de emplear un marco
teórico propio de la geopolítica marítima.
En
las páginas siguientes, a fin de exponer los resultados de este análisis, se
dividirá el trabajo en los siguientes epígrafes: exposición del marco teórico;
la apuesta china por la expansión marítima a partir del Collar de perlas; la
aplicación de estrategias de zona gris (ZG) en el mar de China; la avanzadilla
china en el Ártico; los progresos chinos en África y América y conclusiones, en
las que se pondrá de relieve la conexión entre las premisas del marco teórico y
el resultado de la investigación.
Marco teórico
De
acuerdo con el objeto, el objetivo y la hipótesis planteados en el primer
epígrafe de este análisis, el marco teórico elegido es el que se deduce de la
obra de Mahan. Para ser más exactos, el que se perfila a través de una
interpretación de la misma desarrollada recientemente en otro trabajo académico
(Baqués, 2018b). No se trata de una interpretación con pretensiones de
heterodoxia, ni especialmente polemológica, pero sí de una visión de las cosas
que enfatiza el peso de la cultura política y de los valores, así como su
impacto en las demás variables relevantes (económicas, geográficas y militares)
en la convicción de que ése era el mensaje profundo (e imperecedero) de Alfred
Mahan.
Si
hubiera que remitirse a una suerte de meta-marco teórico capaz de envolver
dicha interpretación de las cosas, sería útil la aproximación de Acemoglu y
Robinson (2012) que usualmente es citada como un derivado de la escuela neo-institucionalista.
Mahan suscribiría buena parte de las tesis de los dos autores reseñados, en la
medida en que esos autores desarrollan una obra que retroalimenta
argumentalmente las principales tesis de Mahan. Muy especialmente la que destaca
el valor del espíritu comercial y las reglas que lo promueven y protegen a modo
de premisa del progreso y del poder.
A
fin de dotar de coherencia al conjunto del trabajo, quien suscribe este
análisis asume, como ya lo hiciera el propio Keohane que, en última instancia,
el institucionalismo deriva de los axiomas propios del realismo y que trata de
dar respuesta a varias de las sugerencias planteadas por la escuela matriz
(Keohane y Nye, 1977: 4; Keohane, 1984: 66). Así las cosas, el
institucionalismo es tomado como una herramienta auxiliar de los postulados
realistas, en vez de ser tomada como una alternativa metodológica al mismo.
Este es, pues, el enfoque de la investigación en curso.
En
esencia, el mensaje que se rescata de la obra de Mahan consiste en las siguientes
afirmaciones (Baqués, 2018b):
·
Mahan
parte de la premisa que el mar siempre ha sido, lo sigue siendo y lo será en el
futuro, el camino más fácil y barato (el más rentable, en definitiva) para
transportar materias primas y productos manufacturados por doquier (Mahan,
1897: 31). El mar sería la gran “autopista” que une los mercados (o,
directamente, que los genera) tanto a escala regional como a escala,
potencialmente al menos, global. De ahí el interés recurrente de los Estados
más poderosos por controlar en cada etapa histórica las principales rutas
marítimas de acceso de dichos recursos (ídem: 62). De ahí, también, que el dominio
de los mares, o la batalla decisiva, lejos de ser fines en sí mismos (sin
perjuicio de los elementos de prestigio que incorporen), sean el medio más
adecuado para certificar el control efectivo de esas rutas, posibilitando el
tráfico comercial propio e impidiendo el enemigo.
·
La
geografía y la orografía constituyen precondiciones para el éxito en la pugna
por el liderazgo (regional o global). En particular, los archipiélagos y las
grandes islas que contienen un solo Estado (v. gr. Islas Británicas en los
siglos XVIII-XIX) constituyen la mejor opción para obtener y consolidar tanto
el poder marítimo como el poder naval[4], debido a su facilidad
para ganar mar abierto, debido a la ventaja de no tener que defender fronteras
terrestres y debido, asimismo, a la dificultad que terceros Estados tienen para
atacarlos militarmente. También están en buena posición los grandes Estados con
diversas salidas a otros mares y rutas, hasta el punto de que pueden ser
considerados como “casi-islas” -Estados Unidos, máxime tras la apertura del
Canal de Panamá- (Mahan, 2007: 98-99). O aquellos Estados que, dada su
privilegiada ubicación en relación con las principales rutas marítimas podrían
ser considerados como “bases permanentes”[5].
·
La
otra cara de la misma moneda es, lógicamente, la dificultad inherente a las
potencias meramente continentales (por más que cuenten con salidas al mar, que
por definición serán más restringidas) para alcanzar ese poder marítimo y ese
poder naval y, consecuentemente, para alcanzar el poder regional o global (caso
de Alemania y, debido a los hielos, también de Rusia).
·
La
demografía y la sociología (o socio-demografía) también constituyen variables a
tener en cuenta a la hora de considerar las oportunidades que un Estado tiene
de acceder al poder marítimo y al poder naval. De este modo, los Estados más
poblados y cuya población vive más volcada hacia el mar (desarrollando
industrias y actividades comerciales vinculadas al mismo), tienen más
posibilidades de alcanzar dichos poderes que aquellos que carecen del primer
rasgo y/o que descuidan el segundo. El modo en que un Estado demográficamente
limitado, pero volcado hacia el mar, como la Holanda del siglo XVII logró
maximizar sus opciones de poder es un buen botón de muestra de esta posibilidad
(Mahan, 2007: 154).
·
El
carácter nacional, que en su versión más favorable a la implementación de las
teorías de Mahan podríamos definir como la mentalidad comercial, constituye
otra de las variables decisivas para mejor comprender el diferencial de
posibilidades que unos y otros Estados tienen de alcanzar el poder marítimo, el
poder naval y el subsiguiente poder regional o mundial. Mahan considera que las
economías puramente extractivas no responden adecuadamente a este incentivo, de
modo que los Estados que las abanderan están condenados, a la larga, a no poder
sostener dicha competencia por el poder[6]. El mercantilismo (Bradford,
2013: 57) o los experimentos de socialismo real[7] son dos buenos ejemplos de
dichas economías. Por ese motivo, son disfuncionales (ejemplos a sensu contrario) para alcanzar el
poder marítimo, el poder naval y, finalmente, el poder regional o global. El
modo en que las compañías de las Indias holandesa y británica aguzaron el
espíritu comercial, así como el modo en el que el Reino Unido favoreció la
inversión, la innovación tecnológica o el libre comercio, son ejemplos de la
mejor opción.
·
La
toma de decisiones políticas, al más alto nivel, es otro factor relevante en la
obtención del poder marítimo y, por extensión, del poder naval. Mahan no piensa
en decisiones puntuales (pero no ahorra elogios a las que se puedan dar), sino
en auténticas políticas públicas o en líneas de actuación meditadas por parte
de cada Estado para que sus efectos se dilaten en el tiempo. Todo ello en el
marco de una acción exterior y una política de defensa orientadas hacia la
consecución de estos objetivos. El modo en que el Imperio británico llegó a ser
tal constituye un buen ejemplo de esta dinámica, en la medida en que supo
negociar excelentes posiciones marítimas cuando tuvo la ocasión de hacerlo (v.
gr. el caso de Gibraltar, pero también el modo en que fagocita las viejas
posesiones holandesas en Ceilán, Nueva York -en el estuario del Hudson- o en Sudáfrica).
A contraluz, las potencias que no tengan esta perspectiva, están condenadas al
fracaso (Mahan, 1897: 24)[8].
·
De
acuerdo con la tesis sostenida en dicho trabajo, en última instancia la
variable explicativa en del poder marítimo y del poder naval se corresponde con
el carácter nacional y el fomento del espíritu comercial, siendo la geografía la
variable interviniente de más peso[9]. Mientras que la
socio-demografía y la toma de decisiones pueden (suelen) ser estimuladas por la
presencia de la variable explicativa aquí indicada. Ni que decir tiene que la
combinación perfecta se halla, como Mahan planteaba, en la confluencia de todas
ellas.
El caso chino: el Collar de perlas y la estrategia naval
Atendiendo
a la necesidad de proteger su tráfico marítimo en el Mar de China, así como
hacia poniente, en la ruta del estrecho de Malaca, China ha desarrollado una
estrategia de consolidación de facilidades portuarias en otros Estados. Tras
esta necesidad se aprecia la sensación china de estar “rodeada” por fuerzas de
los Estados Unidos, que expertos locales califican como strategic encirclement (Guangqian y Youzhi, 2005: 233-234). Ello se
debe a la presencia estadounidense en Japón (especialmente en Okinawa), al
refuerzo de las posiciones en Filipinas (Subic Bay y Palawan, entre otras) así
como su presencia en la antigua base de la Royal Navy sita en Singapur, por
citar los casos más evidentes. No podemos perder de vista que el 80% de los
hidrocarburos importados por China llegan por mar, a través del estrecho de
Malaca (Qiyu, 2015: 25)[10], provenientes de Arabia,
Irán, Angola y Sudán.
Las
facilidades obtenidas por China en el extranjero, en principio y en general, no
son de tipo militar, salvo las obtenidas en tiempos recientes en Djibouti.
Pero, además de los servicios logísticos que pueden aportar a sus buques, pueden
ser la antesala de ulteriores acuerdos más contundentes desde el punto de vista
castrense, por más que a corto plazo su filosofía se corresponda a lo que suele
definirse como light footprint
(Pehrson, 2006:3; Yung, 2015: 50-52 y 58-59). Llama la atención que algunas de
estas bases de apoyo se encuentran entre las antiguas estaciones navales de la
Royal Navy (Colombo y Trincomalee, en Sri Lanka, o Port Sudán, entre ellas,
además de Hong Kong, ya reincorporada a la R.P. China).
La
importancia de estos acuerdos, configuradores del Collar de Perlas, va más allá
de las facilidades concretas alcanzadas en cada Estado. Su importancia remite a
la “cadena de alianzas” trazada por China, máxime cuando con el paso de los
años eso va a más. El gobierno de Pekín está aplicando su particular versión de
la Doctrina Monroe. Se trataría de expulsar del mar de China los intereses
ajenos o, al menos, de minimizar su presencia, hasta que sea compatible con la
seguridad china y sus intereses estratégicos. La lógica subyacente sería la de
“Asia para los asiáticos” (en realidad, Asia para los chinos). Ahora bien, ¿Hasta
qué punto la estrategia naval china afirma o desmiente dicha tendencia? ¿hasta
qué punto la modernización de la marina de guerra china la afirma o la desmiente?
Para
responder a estas preguntas hay que ampliar un poco el zoom de nuestra mirada
histórica hasta abarcar algunas décadas. Ello permite comprobar la existencia de
planes tendentes a incrementar la presión de Pekín sobre espacios cada vez más
alejados de sus costas. En pocos años se ha pasado de una estrategia Near Cost Capabilities a otra del tipo Near Seas Active-Defense Capabilities.
La primera, vigente hasta los años 80 del siglo XX conllevó la existencia de
una marina de guerra eminentemente defensiva, sin posibilidades reales de
intervención a cierta distancia del litoral propio, mientras que al albur de la
segunda se han desarrollado sistemas de armas capaces de definir una estrategia
creíble del tipo A2/AD (Anti-Access-Area-Denial),
que es la vigente a día de hoy. Esta estrategia está basada en el empleo no
sólo de misiles de largo alcance basados en tierra firme (DF-21D)[11], sino también en la
combinación de dispositivos móviles como submarinos y cazabombarderos, que
dotarían de una elevada flexibilidad operativa al conjunto del dispositivo.
La
transición del primer escenario al segundo, liderada por el almirante Liu
Huaqing, ya implicó un primer esfuerzo por generar una flota de alta mar, si
bien de proporciones todavía modestas. Así, Liu Huaqing podría ser considerado
como el Gorshkov chino. Sin embargo, este almirante chino prefiere citar en sus
memorias la influencia de Mahan, precisamente porque el profesor de la Escuela
de guerra naval norteamericana fue capaz de integrar sus enseñanzas dentro de
un marco conceptual más ambicioso, no limitado a los aspectos propios de la
guerra en el mar, sino incardinado en una simbiosis entre objetivos y logros
económicos, comerciales, políticos y, finalmente (sólo finalmente) militares
(Nan Li, 2011: 122-123). Pero, se le pueda comparar -o no- a Gorshkov- Liu jugó
un rol de máxima importancia en la modernización del PLAN, en la dirección
trabajada en este análisis.
Cabe
destacar que la zona incluida en el concepto Near-Seas incluye una primera cadena de islas que bordea Japón, las
Filipinas y Borneo (sin integrarlas), quedando en su interior Taiwán y la
península de Corea. El siguiente paso es dotarse de una estrategia del tipo Far Seas (o Distant Seas). De llevarse a cabo, la ampliación hacia una segunda
cadena de islas pasaría a fagocitar los tres archipiélagos citados y se
prolongaría hasta las Marianas del Norte, Guam, el archipiélago de Ogasawara
(donde se halla Iwo Jima), las islas Palau e Indonesia, teniendo como límite
exterior Nueva Guinea.
Ése
es el debate que nos ocupa, dado que desde los tiempos de Jiang Zemin -al menos
desde 1997 y claramente desde 2001- así como, en la misma línea, bajo el
liderazgo de Hu Jintao, se anunció esta vis
expansiva en los planes de futuro de las FFAA chinas (Tang Fuquan & Wu
Yi, 2007: 93), aunque los plazos para cubrir dicho objetivo siempre han sido
difusos. Ese dato ha sido confirmado por expertos vinculados a think tanks chinos (Ye Xinrong & Zuo
Linping, 2004: 30-33)[12].
En
lo que respecta a la modernización del PLAN, es elocuente el modo en que en
pocas décadas ha pasado de ser una fuerza costera a otra con un creciente
potencial oceánico. Si nos remitimos a un balance militar de finales de los
años 80, la percepción de dicha evolución aún es más vívida. Por entonces la
marina de guerra china contaba con 1 SSBN Han,
3 SSG Ming y unos 100 SS Romeo y Whiskey como fuerzas submarinas; con 16 DD Luda, 2 DD Gordy, 23 FF Jianghu, 7 FF Jiangdong/Jiangnan
así como con 4 FF Chengdu como
buques de combate y escolta de superficie. Eso sí, China alistaba un número de
patrulleros realmente impresionante, al sumar 125 Osa y 110 Komar (ambos tipos dotados con SSM Styx y en algunos casos con SSM Silkworm),
105 Huchuan (torpederas), 70 Hainan (ASW) y 290 Shanghai (costeros). Mientras que la flota anfibia, aunque
numerosa, se basaba en tipos ya por entonces cercanos a la obsolescencia y dotadas
de una muy limitada capacidad de proyección de fuerzas (con 18 LST Yukan/Shan como buques de mayor porte y
unos 30 LSM adicionales)[13].
Hagamos
un somero análisis cualitativo, a partir de esos datos. Hace 30 años China
contaba con una marina de guerra adaptada a la lógica Near-Cost, que a duras penas comenzaba a notar el impulso dado por
el almirante Liu Huaqing[14]. Los submarinos
convencionales citados respondían a diseños soviéticos nacidos en plena II guerra
mundial, aunque la construcción de sus unidades sea algo posterior. Peor era el
caso de los DD Gordy (entrados en
servicio con la URSS en 1941), mientras que los DD Luda I (3.800 tpc) engrosaron
las filas chinas a partir de 1968 a un ritmo, por cierto, muy cansino que se
alargó 23 años para un total de 17 unidades[15] y, en la práctica, no
representaban ninguna novedad respecto a los diseños de la fase final de la Segunda
Guerra Mundial salvo por la incorporación de SSM Styx. Pero sin misiles antiaéreos, ni helicópteros embarcados, ni
sistemas de detección avanzados. Lo mismo sucede con su treintena de fragatas,
basadas en el diseño ruso Riga, apenas
modificado. Eran buques realmente discretos en cuanto a desplazamiento y
sistemas de armas (sólo bien dotados con artillería antiaérea y lanzacohetes
antisubmarinos muy densos, pero muy cortos en alcance) a los que mejor les
sentaría la denominación de corbetas[16].
Por
su lado, la proyección de fuerza sobre tierra sólo contaba con unidades
modestas, de escasa capacidad de transporte de tropas y nula para operaciones
más allá del horizonte visual que en esencia respondían al modelo LST-1 de la Segunda
Guerra Mundial. Significativamente, esta enorme flota (desde un punto de vista
cuantitativo) sólo contaba con el apoyo de 3 AOR Fuqing que, aunque de nueva construcción, constituían un apoyo
precario para tantos buques. En definitiva, su capacidad para el despliegue y
el combate oceánico era prácticamente nula.
Frente
a esa realidad, la descripción del potencial de la marina de guerra china de
nuestros días indica que las cosas han cambiado… y mucho. No estamos hablando
de sustituir unas unidades por otras (en algún caso, la cifra se ha movido a la
baja) sino de un cambio de filosofía, respecto del cual las unidades en
servicio o en construcción actúan como involuntarias delatoras. El programa de
construcción de portaaviones ya justificaría el comentario. Porque, además del
“viejo” Liaoning (botado en 1988, como
Varyag, para la URSS), ya se están
construyendo otros dos portaaviones de mayor capacidad (de unas 70.000 tpc) y
se prevé que el total en servicio llegue a 4 unidades (descontando el propio Liaoning que es claramente un buque de
transición, de valor militar limitado), con el dato añadido de que las dos
últimas probablemente serán de propulsión nuclear. Claro que afrontar la
construcción de estos leviatanes requiere su tiempo, de modo que los dos
últimos no entrarán en servicio hasta bien entrada la tercera década del siglo
XXI. Pero, a nuestros efectos, el detalle es poco relevante, siéndolo más el
cambio de tendencia hacia una política de corte Far-Seas.
Algo
similar acontece con las fuerzas anfibias chinas. Los nuevos diseños apuntan a
una capacidad de asalto significativa. En los próximos años alinerán 3 LHD de
40.000 tpc y 6 LPD de 24.000 tpc, que se contarán entre los buques más
poderosos del mundo, dentro de los de su tipo[17]. Los primeros LHD
entrarán en servicio a partir de 2020, mientras que 4 de los LPD ya están
operativos (el primero, desde 2007). Asimismo, las fuerzas de infantería de
marina verán como sus efectivos crecen de forma exponencial (hasta los 100.000
efectivos). Puede afirmarse que el cambio acaecido en pocos lustros en el PLAN
es uno de los más profundos, en doctrina y medios, de los que se pueden
reconocer en la historia reciente de las marinas de guerra.
Visto
lo visto, el apartado de las unidades de superficie con capacidad de escolta y
combate oceánico podría pasar a un segundo plano. Pero también aquí se notan
los vientos de cambio. Sobre todo desde 1994, con el inicio de la saga de
destructores Tipo 052, de cuyas versiones A, B y C mantienen 10 unidades
operativas. Aunque, siendo buques adecuados para su época, tampoco incorporaron
grandes novedades. Sin embargo, en tiempos aún más recientes sobresalen los
modernos Tipo 052D, de los que hay 8 en servicio, otros 6 ya botados y una
previsión para un total de 26 unidades. Los DDG tipo 052D sí suponen un salto
cualitativo notable, con sus 7.500 tpc y sus 157 metros de eslora, al estar
dotados de modernos sistemas de detección, artillería de 130mm, SAM de largo
alcance (HQ-9, similar al ruso S-300, con 120 kms de alcance), SSM de largo
alcance (YJ-18, con 200 kms de alcance) así como misiles de crucero (CJ-10, con
1.500 kms de alcance) -todos ellos lanzables desde VLS- además de helicópteros
embarcados.
Una
versión aún mayor y, por ende, más expresiva (si cabe) de las intenciones
chinas es el Tipo 55, de los que se prevé contar con al menos 8 buques, 6 de
los cuales inmersos en diversas fases de su construcción. Con sus 12.000 tpc y
sus 180 metros de eslora, podrían ser considerados cruceros. Están dotados con
los mismos sistemas de armas que los Tipo 052D, aunque con más espacio en
cubierta y de hangar para operar con helicópteros.
Estos
buques son complementados por varias series de fragatas, de menores
prestaciones que, pese a ello, superan claramente a las versiones chinas de los
Riga antes mencionadas. Es el caso de
las 10 Tipo 053H/Jiangwei II, de 2.300
tpc, armadas con SAM HQ-7 (la versión china del Crotale de muy corto alcance), SSM
YJ-18 y un helo; las dos Tipo 054/Jiangkai.
De 4.200 tpc (similar armamento) y, sobre todo, las 23 unidades del Tipo 054A/Jiangkai II, con SAM VLS HQ-16 (similar
al ruso Buk, de 40 kms de alcance) y
SSM YJ-18, como principales sistemas de armas.
La
fuerza submarina también ha multiplicado su potencial. Las fuerzas estratégicas
alinean 4 SSBN Jin (con SLBM JL-2), además del “viejo” SSBN Xia (con SLBM JL-1).
Mientras que las fuerzas de ataque, que son las que deberían preocupar a la US
Navy en un hipotético enfrentamiento en el mar de china (y también como posible
obstáculo a la llegada de refuerzos por mar), incluyen 2 SSGN Shang-1 así como 4 SSGN Shang-2 (ambos SSN de 7.000 tpc y
misiles YJ-18 y CJ-10, si bien parece que estos últimos misiles sólo están a
bordo de los Shang-2) a los que se
sumarán 5/6 (con 1 ya en servicio) SSGN Type 095 (8.000 tpc). Su mejor
complemento, dejando de lado algunas de las unidades más antiguas aún en
servicio, son 12 nuevos SS Kilo.
Nótese, de nuevo, el salto cualitativo entre ambas etapas.
Podríamos
entrar en más detalles acerca del resultado de la modernización del PLAN, pero
no es necesario. Salvo, quizá, en la construcción de AORs, puesto que además de
mantener en servicio dos de los Fuqing
ya mencionados, han construido 8 AOR Fuchi.
Lo cual más que triplica la capacidad china de reabastecimiento en alta mar a
lo largo del período de tiempo comparado. Si las flotas se construyen con
criterio, el del PLAN está bastante claro:
Por
una parte, China pretende plantar cara a cualquier potencia naval que se
acerque a sus costas. No tanto para ganar ninguna guerra derrotando a los
adversarios más poderosos (contra los Estados Unidos a día de hoy, eso sería
muy complicado) sino pensando en obligar a esos rivales a tener que soportar graves
pérdidas en poco tiempo tanto en vidas como en material. Pérdidas difícilmente
soportables por sus propias gentes (elites políticas, opiniones públicas, etc),
cada vez más inmersas en la lógica de las sociedades post-heroicas (Luttwak, 1995)
que se ha ido consolidando (v.gr. paradigma de las “O bajas”) hasta lograr que
las sociedades occidentales sean cada vez menos resilientes ante los costes
derivados de esas aventuras.
Por
otra parte, China opta por diseñar buques de cada vez mayor tonelaje, más
autonomía y más adaptados, en definitiva, a operaciones en ultramar. Incluyendo
portaaviones y anfibios de gran tonelaje. Pero los buques de escolta y los de
abastecimiento que contribuirán a generar poderosos TG no les andan a la zaga. De
ahí se induce que China se prepara para asumir el reto de operar con grupos de
combate alejados de sus costas, con apoyos garantizados, ya sea gracias a su
red de bases logísticas en el exterior, ya sea mediante la aportación de estos
nuevos buques, o combinando ambos factores. Todo ello para asegurar la
protección de sus intereses marítimos (importación de hidrocarburos y
exportación de manufacturas) a grandes distancias de sus costas.
La zona gris (ZG) en el mar de China
Cuando
aludimos a esas grandes distancias, obviamos las dificultades para controlar
las aguas del propio Mar de China. Sin perjuicio del esfuerzo en construcciones
navales, el gobierno de Pekín opta por enfoques más sutiles en sus aledaños.
Quizá porque cerca de casa existen adversarios de relevancia, incluyendo la
presencia de la US Navy. Para comprender la dinámica y el alcance de la apuesta
china en el interior del área definida como Near-Seas
puede ser útil emplear el concepto de “zona gris” (ZG).
El
concepto ZG hace referencia a una situación conflictual en la que se ha roto la
bona fides entre Estados propia de
las épocas de paz, pero que (todavía) se halla por debajo de los estándares
propios de una guerra abierta, ya sea híbrida o convencional. En esencia, entre
las principales características de este tertium
genus podemos citar (Baqués, 2017a):
·
Se
trata de un recurso empleado por actores insatisfechos con el status quo, que a tenor de sus niveles
de descontento son calificables como moderadamente revisionistas, ya que la
aplicación de la ZG implica cierta “paciencia estratégica” (no genera efectos a
corto plazo).
·
La
ZG pretende ser útil para alcanzar objetivos que son, en lo sustantivo,
agresivos, asimilables a los que se persiguen en las guerras (warlike aims). Entre ellos, provocar la
independencia de una parte de un Estado; anexionarse un Estado o una parte del
mismo o provocar un cambio de régimen en otro Estado.
·
La
ZG opera en la frontera misma de lo admisible de acuerdo con el derecho
internacional, pero tratando de no generar un casus belli[18],
al menos hasta que el promotor de esa ZG esté en condiciones de soportar una
hipotética escalada. En este último caso, la ZG puede no ser un fin en sí
mismo, sino el preludio de una guerra (probablemente híbrida).
·
Pese
a los fines agresivos de la ZG, los mecanismos a través de los cuales se
implementa suelen serlo menos e incluso pueden ser legales y pacíficos durante
buena parte del tiempo en el que se despliega. Entre ellos, la generación de
una narrativa que denoste al adversario; su divulgación a través de sistemas
educativos, mass-media y redes sociales; la movilización de civiles – o, a lo
sumo, paramilitares- en las calles (dentro de un arco que engloba acciones
compatibles con el estado de derecho y otras de violencia de baja intensidad); “guerrilla
económica” y una implicación comedida de las FFAA del Estado que organiza esa ZG.
Esto último incluye desde agencias de inteligencia y SOFs hasta la movilización
de fuerzas convencionales en las cercanías de la frontera, territorio o aguas
en disputa, a fin de evitar la reacción de terceros contra esa ZG.
El
concepto de ZG ha sido empleado con frecuencia para aludir a operaciones
desarrolladas en tierra firme, pero también es aplicable a la disputa por el
control de los océanos. Lo es, desde luego, a los movimientos chinos de los
últimos años. De hecho, las operaciones chinas en el mar homónimo constituyen
un ejemplo de manual de esta dinámica. Podría decirse, además, que ante la
dificultad para llevar hasta sus máximas consecuencias la doctrina de la Unrestricted Warfare (Liang & Xiangsui, 1999), en China han aceptado la ZG como un
primer paso, por definición más inocuo, pero que en su día podría ser
aprovechado a modo de fase inicial del tipo de conflicto analizado por los
coroneles citados. El terreno compartido entre la ZG y la Unrestricted Warfare es la movilización de todo tipo de recursos no
militares, ya sean ideológicos, culturales, económicos o la participación activa
de civiles (o de paramilitares), para lo cual Liang y Xiangsui piensan en las
remesas de emigrantes chinos distribuidos por doquier, pero también en acciones
de presión contra intereses extranjeros en el interior del territorio
metropolitano chino. En definitiva, es un escenario presidido por military operations other than war, dando
pie a situaciones definibles como semi-warfare
o sub-warfare.
¿Qué
hace China en esta dirección? Desde 1992, con la reforma de su Ley del Mar
Territorial, el gobierno de Pekín cambió su política pactista y hasta de
renuncia a zonas en disputa por otra más asertiva, que ha ampliado sus
reclamaciones y su contundencia (Holmes
& Yoshihara, 2017). De ahí la táctica del salami o fait accompli,
que le ha permitido ganar posiciones en disputa con relativa facilidad, sin
sufrir gran desgaste ni represalias dignas de tal nombre. Esa es, en esencia,
la filosofía que guía la ZG (v. gr. Mazarr, 2015: 2-4; Wirtz, 2017: 109).
El
concepto que mejor expone la estrategia china en el mar es el Small-stick diplomacy, que combina
reivindicaciones más o menos sólidas con medidas de presión lo suficientemente graves
como para que sus vecinos no se atrevan a impugnarlas, asumiendo que se trata
de medidas importantes para una China mentalizada para defender esas pequeñas
conquistas por la fuerza, llegado el caso; pero también lo suficientemente
leves como para que los Estados Unidos (o Japón) no asuman que podemos estar
ante un auténtico casus belli.
Reproducir
todas las “conquistas” chinas de los últimos años es innecesario para nuestros
objetivos. Pero podemos citar algunas de las más emblemáticas, aprovechando la
circunstancia para mostrar el tipo de iniciativas que está desarrollando. Recordemos
el caso del atolón Mischief (tomado en 1994), en las islas Spratly y ubicado,
al menos teóricamente, en la ZEE filipina. Pronto se identificó una pequeña
guarnición militar china (hacia 1998) mientras que en tiempos más recientes se
ha detectado una pista de aterrizaje y abundantes armas defensivas (al menos
desde 2006). O pensemos en el caso, más reciente, del atolón Scarborough
(tomado en 2012) ubicado a apenas 200 kms de la costa filipina, muy frecuentado
por buques del servicio de guardacostas chino, sobre el que existen sospechas
fundadas de que China prevé construir una nueva pista de aterrizaje, previa
ampliación artificial del perímetro del islote[19]. O pensemos en las islas
Senkaku (con recurrente presencia naval china y taiwanesa en sus aguas desde
2012). En este caso la apuesta sube muchos enteros, ya que la disputa lo es con
otra potencia regional, como Japón[20].
El
instrumento del que China se sirve como avanzadilla no son sus buques de
guerra, sino unidades auxiliares, pertenecientes al citado servicio de
guardacostas, así como a la milicia marítima. Unas y otras pueden ser
consideradas como fuerzas paramilitares (Kennedy
& Erickson, 2017: 10).
Los primeros dependen de la policía (en tiempos de paz) mientras que los
segundos están llamados a realizar labores propias de protección civil, pero en
alta mar, de modo que sus componentes son en su mayoría voluntarios que ni
siquiera pierden el vínculo con su profesión original (normalmente son
pescadores). En alusión a unos y otros y por comparación con recientes sucesos
en tierra firme, se ha ironizado indicando que el papel de los Little blue men chinos no le anda a la
zaga al de los Little green men
desplegados subrepticiamente en Crimea por Rusia (Lowsen, 2017).
Esto
último no es, desde luego, nada mahaniano. Su perfil es tan bajo que ni
siquiera encaja bien en los postulados de la Jeune école. Pero es evidente que esa presión y sus pequeñas
“conquistas” no serían verosímiles sin la creciente amenaza representada por
las FFAA chinas en general y por el PLAN en particular. Así que los comentarios
relativos a la modernización de la marina de guerra china del epígrafe anterior
deben ser tomados en cuenta. No olvidemos que esto también forma parte de la
noción de ZG. Y esto sí que haría las delicias de Mahan…
Nuevos horizontes para la geopolítica marítima: el dilema
en el Ártico
El
Ártico es el nuevo escenario de la disputa por el poder global. No lo fue y no
lo pudo ser en tiempos pretéritos -ni siquiera en los de Mahan- ya que lo
impedían los hielos permanentes y la dificultad para mantener abiertos algunos
de los puertos más relevantes al norte del círculo polar durante suficientes
meses al año. Pero, debido al deshielo, las cosas están cambiando rápidamente, y
en el horizonte del año 2030 habrán virado definitiva e inexorablemente.
La
geopolítica del Ártico basa su razón de ser en, al menos, dos argumentos. Por
una parte, el hecho de que ese deshielo está poniendo al descubierto (y
facilitando la explotación de) importantes reservas de petróleo (se calcula que
el equivalente al 13% del total mundial), de gas natural (cerca del 30%) y de
minerales raros (oro, platino y hierro). Por otra parte, la apertura de nuevas
rutas marítimas que permitan ahorrar tiempo y dinero en el transporte ya usual
de hidrocarburos y de productos manufacturados. La ruta que actualmente une
Dailán y Rotterdam por el Canal de Suez alcanza los 21.000 km, mientras que la
alternativa que podría discurrir por la ruta ártica conocida como “ruta
noreste” a duras penas alcanzaría los 15.000 km. Es evidente que habrá otros
beneficios vinculados al deshielo (nuevas pesquerías e incluso turismo). Pero
los dos primeros argumentos esgrimidos, por sí solos, justifican sobradamente el
creciente interés de las grandes potencias en la zona.
Buena
parte de esas riquezas se halla en zonas de soberanía rusa. De hecho, la
extracción de hidrocarburos liderada por Moscú se está desarrollando desde hace
años. Dada su privilegiada ubicación, el Kremlin tiene mucho que decir en la
ruta “noreste”. Pero los movimientos más relevantes de los últimos tiempos los
está dando China. Antes de relatar lo más esencial de los mismos, cabe recordar
que el gigante asiático tiene en la dependencia energética uno de sus
principales talones de Aquiles, siendo un problema creciente dada la cuña
establecida entre su creciente clase media, su necesidad de perseverar en la
industrialización y el retraso con el que ha abordado la transición energética
(depende demasiado del carbón).
Tampoco
podemos obviar lo comentado en párrafos anteriores, acerca de la sensación de strategic encirclement padecida por los
estrategas chinos, dada la presión ejercida por los Estados Unidos en el
estrecho de Malaca. A China siempre le puede quedar la muy mackinderiana Nueva
Ruta de la Seda, por supuesto. Pero si el argumento de Mahan acerca de la mayor
eficacia del transporte marítimo es cierto, es lógico que desde Pekín se abogue
por tomar posiciones en el Ártico para abrir esa ruta alternativa para que
fluyan las importaciones de fuentes de energía y las exportaciones de
manufacturas. Si esto es así… ¿Qué está haciendo China?
Para
empezar, declararse “Estado casi-Ártico” … cuando China carece de territorios
al norte del círculo polar. Es decir, se trata de una declaración de
intenciones de carácter político que no se concilia fácilmente con la realidad.
Precisamente por ello es una declaración de alto voltaje. ¿Cómo se está
materializando esa política?
Tiene
diversas ramificaciones. Todas ellas enmarcables en el estilo chino del
“ascenso pacífico”, sin muchos aspavientos. China ofrece acuerdos que puedan
ser presentados ante las respectivas opiniones públicas como win-win. Es el caso de la penetración de
los inversores chinos en las explotaciones rusas: Rusia cede porque le falta
tecnología y porque advierte la maestría china en las grandes infraestructuras.
Es llamativo el ejemplo de la explotación de gas natural de la península de
Yamal (incluyendo su planta de licuado). Aunque el peso lo lleva la empresa
rusa Novatek (con poco más del 50% de la participación), entre las chinas CNPC
y Silk Road Found controlan el 30% de las acciones). Lo cual deriva del brazo
tendido a las autoridades chinas por Lavrov en julio de 2016 (Baqués, 2018a:
309). Así que este modelo de cooperación se verá reproducido con toda
probabilidad en otras zonas árticas.
Además,
China hace negocios con la mayoría de los 8 Estados miembros de pleno derecho
del Consejo Ártico (del cual es miembro observador) propiciando una miscelánea
de acuerdos que, siendo de distinta naturaleza, en cada caso y circunstancias,
tienden a asegurar su presencia en la zona y a hacerla necesaria para sus
interlocutores. En el caso de Islandia, se ha aprovechado de la mala relación
de esta pequeña isla-Estado con la UE (por las cuotas de pesca) para que Wen
Jiabao visitara la isla en 2012 y llegara a varios acuerdos que han derivado en
una joint venture encabezada por
SINOPEC, en la explotación de las reservas de hidrocarburos de Dreki por parte
de CNOOC, así como en un acuerdo bilateral de libre comercio. En el caso de
Noruega, China posee una estación de investigación en Ny-Alesund (Svalbard)
denominada “Río amarillo”; en Finlandia -visitada por Xi Jinping apenas hace un
año- se ha firmado un acuerdo de cooperación tecnológica y económica,
especialmente vocacionado a la industria marítima en el ártico; mientras que
Suecia ha sido integrada, junto a los tres anteriores Estados y Dinamarca, en
el AIIB (Asian Infraestructure Investiment Bank).
Lo
de Dinamarca es más complejo. China se muestra especialmente proactiva en lo
que concierne a Groenlandia. Los dirigentes regionales han viajado a Pekín a
fin de mejorar las relaciones bilaterales y, probablemente, a fin de hacer
prescindibles las ayudas de Copenhague (McGwin, 2017). China podría estar
fomentando el independentismo groenlandés. Algo a lo que en un futuro no tan
lejano podrían contribuir los trabajadores chinos que ya están llegando a la
inmensa isla, ora requeridos por la mina de hierro de Isua (explotada por la
china General Nice Group), otrora a instancias de la principal empresa de
pescado congelado de la isla (la Royal Greenland). La muestra más evidente del
celo chino en aquellas latitudes ha sido su petición de enajenar una antigua
base naval de los Estados Unidos (y de la OTAN) en Gronnedal, aparentemente
para apoyar las actividades ordinarias del General Nice Group. Algo a lo que
las autoridades danesas se han negado… por el momento.
En
definitiva, Mahan no pudo advertir, por razones comprensibles, la importancia
geopolítica del Ártico. Pero eso no obsta a que las herramientas de análisis de
las que nos provee sean útiles para mejor entender lo que ahí está sucediendo.
Porque una China cada vez más volcada hacia el ancho mar ya ha puesto sus ojos
en la zona. La otra parte de las tesis de Mahan tendría que ver con la
respuesta dada por los defensores del status quo ante la nueva tesitura. Con
unos Estados Unidos más preocupados por dirimir sus propias controversias (con
Canadá) en la ruta oeste del Ártico y, quizá, con la auto-complacencia derivada
de haber logrado la autarquía energética demandada por Waltz gracias al fracking (Waltz, 1987)[21], es posible que Washington llegue tarde
a un escenario que será muy relevante para dirimir la disputa por el poder
marítimo, por el poder naval y, al final, por el poder político mundial en los
próximos lustros.
Una aproximación a la estrategia marítima comercial china:
América Latina y África
Mahan
decía que el comercio marítimo era el principal estímulo para el ulterior
desarrollo del poder naval. De nada serviría poner el carro delante de los
bueyes. Ése es el sentido del rearme naval chino, incluso si consideramos el
acceso a otros continentes, como África y América. Así, el salto cualitativo
del PLAN ha llegado de la mano del progreso económico y comercial desarrollado
una vez las reformas de Deng Xiao Ping se hacen realidad. No se trata sólo de algo
que permite el incremento del presupuesto de defensa chino. Más allá de dicha
evidencia, lo que se ha producido en estos años es una apertura de China al
mundo… sobre todo a través de los mares.
El
trato de nación más favorecida otorgado por los Estados Unidos como derivado de
la estrategia de aproximación diseñada por Nixon/Kissinger, así como su
ulterior integración en la OMC, fueron acicates de importancia. Como también
los primeros contactos realizados en ambos continentes a partir de la narrativa
de tipo “sur-sur” que permitió a China posicionarse como un igual de los
Estados en vías de desarrollo, levantando menos suspicacias que las viejas
potencias coloniales y que los propios Estados Unidos.
En
ello incide la convicción china de que la geoeconomía precede y configura a la
geopolítica. Desde Pekín se enfatiza el rol de China en la integración de la
economía global y, en definitiva, en la interdependencia mundial (Liu Xuelian,
& Xu Liheng, 2011: 71). No es algo tan distinto a lo que años atrás
propusieron, cada cual a su modo, el Imperio británico y los propios Estados
Unidos.
El
auge chino en materia de transporte marítimo ha llevado a este país a ser el de
mayor capacidad -a veces compitiendo con Japón-, sea cual sea el parámetro
empleado para dichas mediciones. De acuerdo con cálculos de UNCTAD, el epígrafe
“ubicación de la propiedad efectiva” indica que la flota China incluye 5.405
buques, con 200.179.000 TPM, para un 12% del total mundial. Japón maneja
asimismo excelentes cifras, al contar con 4.022 buques, que comprenden
228.553.000 TPM (13.6 % del total mundial)[22]. Por su lado, a efectos
comparativos, los Estados Unidos cuentan con 1.927 buques, con 57.356.000 TPM
(3.4% del total mundial) y Rusia con 1.734 buques, pero para sólo 18.883.000
TPM (1.1% del total mundial)[23].
Son,
al fin y al cabo, perspectivas, tendencias y retos para los Estados que quieren
ser potencias. China, tras años de ostracismo, ocupa un lugar privilegiado. Son
aplicables a cualquier escenario (también al comercio marítimo inter-asiático,
por supuesto). Pero sugieren un incremento de la capacidad china para moverse
por todas las latitudes. Dicho lo cual… ¿Hasta qué punto eso ya es un hecho?
La
penetración china en África y América Latina es significativa, con modelos
matizadamente distintos. En África funciona el denominado “modelo Angola” que,
en esencia, consiste en que China, ávida de hidrocarburos y de minerales raros,
se acerca a los Estados africanos que los poseen, realiza inversiones en obras
públicas e infraestructuras (escuelas, presas, carreteras, ferrocarriles, etc.)
y les permite financiarlas a un coste inferior al de los mercados
internacionales o incluso pagar esas obras en especie (aceptando, como moneda
de cambio, esas fuentes de energía que tanto necesita el gigante asiático). A
la larga, esa penetración ha derivado en otros tentáculos, como la creciente
presencia de ciudadanos chinos en esos Estados (ingenieros, capataces o peones)
o la “colonización” de otras industrias locales, especialmente la textil.
Estados como Sudán y Angola se hallan entre los principales proveedores de hidrocarburos
de China, que también mantiene excelentes relaciones comerciales con Guinea
Ecuatorial, Níger, Zambia, Tanzania[24], Nigeria[25] o Etiopía[26], entre otros. A lo que
hay que sumar las inversiones para la extracción de cobre en Sudáfrica (que
además es miembro de los BRICS) o la R. D. Congo.
Últimamente
se han disparado sus inversiones en el Magreb. Destaca Argelia, en cuya costa
está construyendo una de las terminales marítimas más importantes del
mediterráneo (en Cherchel, a unos 70 kms de Argel)[27]. En 2017 se realizó un
acercamiento de envergadura a Marruecos, donde el grupo chino Haite invertirá más
de 1.000 millones de dólares en la construcción de una ciudad industrial (zona
de Tánger), cerca del puerto -ya potenciado- y de la vía férrea. Este hub será un polo de atracción para 200
empresas chinas de sectores como el automóvil y la electrónica.
Aunque
a Pekín le interesa controlar las rutas marítimas que unen ambos continentes,
la estrategia china en África también contempla el desarrollo de vías férreas y
carreteras que unan el continente de norte a sur y de sur a este (la conexión
ferroviaria entre Addis Abeba y el puerto de Djibouti es un buen ejemplo) y de
este a oeste (el ferrocarril que une Tanzania con Zambia y, desde ahí, alcanza
Port Lobito, en la costa angoleña ya está prácticamente finalizado). En África se
desarrolla una dimensión marítima y otra terrestre que, en último término,
estarán perfectamente sincronizadas.
Los
resultados en África son aún modestos, comparados con la inversión de la UE o
de los Estados Unidos en dicho continente. Pero lo significativo es el impulso.
El trabajo realizado en los últimos 15 años por China en la construcción de
infraestructuras de transporte y comunicaciones recuerda sobremanera los primeros
éxitos de las potencias coloniales, hace siglo y medio. Además, su capacidad de
convocatoria de Estados ávidos de contar con alternativas financieras al FMI y
el BM se puedo de manifiesto con en el Foro de Cooperación China-África (FOCAC)
que en 2006 contó con 48 Estados. Asimismo, la implicación china en zonas
asoladas por desastres naturales o crisis humanitarias es cada vez más
palpable, aunque se presta a diversas interpretaciones[28].
En
América Latina la tendencia es paralela, aunque con su propia idiosincrasia.
Los hidrocarburos americanos suelen ser más pesados, más caros de refinar y
requieren de rutas más dilatadas para ser transportados a China, así que a
Pekín le interesan menos que los africanos. Ahora bien, Latinoamérica es útil
para China a la hora de suministrar materias primas y forrajes. Es el caso de
la soja, cultivada en los Estados de MERCOSUR, de la lana uruguaya, del maíz
mexicano o de la harina de pescado peruana. Mientras que, entre los metales,
Brasil exporta hierro, y Perú y Chile, cobre.
Hoy en día China es el principal receptor de
las exportaciones peruanas (sobre todo, de minería), por encima de los Estados
Unidos, invirtiendo la relación existente en el contexto del cambio de siglo[29]. A ello ha contribuido el
Tratado de Libre Comercio firmado en 2010, aunque tampoco faltan las
iniciativas privadas llamadas a maximizar sus posibilidades[30]. Desde este punto de
vista, y sin perjuicio de considerar otros aspectos que también pueden influir
en estas dinámicas[31], Perú podría convertirse
en la puerta de entrada del comercio marítimo de China hacia América Latina por
la ruta del Pacífico.
A
cambio, China hace negocios ya que estos Estados importan productos
manufacturados, desde maquinaria semi-pesada a electrodomésticos, pasando por
textiles (incluyendo calzado)[32]. Además, como ya
sucediera en África, China está consiguiendo participar en foros regionales que
tienen por objeto la dinamización de la cooperación económica en América
(Cornejo, 2005). China es miembro del Banco de Desarrollo del Caribe, y miembro
observador de la OEA y del Banco Interamericano de Desarrollo. También está
integrado en los mecanismos de diálogo de MERCOSUR, del Pacto Andino y de CARICOM
(Baqués, 2017b: 24). A lo que hay que añadir las especiales complicidades
derivadas de que Brasil sea uno de los BRICS.
Conclusiones
El
crecimiento económico chino a lo largo de los últimos lustros ha sido
exponencial. Su periplo se inició haciendo un uso intensivo de la fabricación
de útiles baratos, de baja calidad y de escaso valor añadido, a partir de
técnicas de ingeniería invertida. Pero los productos que la industria china es
capaz de producir y exportar son cada vez más variados, complejos y originales.
Como dato curioso, pero significativo[33], en los últimos tiempos
China se ha encaramado hasta los primeros puestos del ranking mundial de
patentes, pisándole los talones a los Estados Unidos, ligeramente por delante de
Japón y muy por delante de Corea del Sur y Alemania, que ocupan el 4º y 5º
lugar de la clasificación mundial. Ahora bien, mientras que los Estados Unidos mantiene
una evolución constante del número de patentes solicitadas y otorgadas en los
últimos años, y mientras el crecimiento de las patentes niponas es moderado, el
ritmo al que están creciendo en China (por encima del 10% anual, algo más de lo
que ha crecido su PIB en los últimos 15 años) augura que en poco tiempo ocupará
la primera posición del ranking mundial.[34]
Debido
a la confianza que eso le reporta, China es uno de los Estados que más promueve
el comercio internacional en general, y el comercio marítimo en particular. Se
trata, en el fondo, del caldo de cultivo alabado y avalado por Mahan como
motor, no sólo del progreso, sino también del poder marítimo, del poder naval
y, finalmente, del poder global. En la práctica, cualquier somero repaso del
potencial de su flota mercante, de la diversidad de Estados de todos los
continentes en los que se dan fuertes inversiones procedentes de China o del
celo por estar atento a la apertura de nuevas rutas marítimas, constituyen una
muestra palpable de esta tendencia. La economía china ganó barlovento tiempo
atrás y ahora se dispone a explotar el éxito.
Sin
embargo, el régimen chino, limitador de derechos y libertades, no facilita las
cosas. La economía china, a pesar de lo dicho, mantiene elementos propios de
los modelos extractivos: excesiva burocratización, corrupción estructural, así
como dinámicas exageradas de monitorización política de la actividad económica.
Ése sería el principal lastre, de acuerdo no sólo con las tesis de Mahan, sino
también con las más recientes de Acemoglu y Robinson, a las que hemos hecho
referencia al hablar del marco teórico de este análisis. Ahora bien, bajo la
apariencia de un discurso formalmente marxista-leninista, se ha ido generando
cada vez más margen para la propiedad privada (en ocasiones revestida de la añeja
figura socialista del usufructo igualitario) así como para las dinámicas de
mercado (inversiones por la expectativa de beneficio, fijación paretiana de
precios, atención a demandas originadas más allá de la mera necesidad). Tanto
es así que las grandes corporaciones chinas (especialmente las que invierten en
el extranjero) se parecen mucho más a una empresa multinacional occidental que
a un viejo y gris monopolio público de la etapa maoísta. Desde ese punto de
vista, y con las reservas necesarias respecto a posibles involuciones, lo
comentado al principio de este párrafo no sería un obstáculo para la aplicación
de las tesis de Mahan.
Las
variables que en buena medida dependen de este espíritu comercial no le andan a
la zaga. La gran mayoría de la gran población china se concentra en la costa
este del país, sobre todo en las provincias de Guangdong (donde se hallan los
territorios autónomos de Macao y Hong Kong), Zhejiang, Jiangsu, Shandong y
Tianjin. Además, claro, del municipio de Shanghai, que goza de un estatus
administrativo especial. Ahí se concentra la incipiente clase media china.
Más
allá de la cuestión estrictamente demográfica, destaca el hecho de que en esta
franja litoral se hallan algunos de los puertos más grandes y activos del orbe.
En el top-ten mundial podemos
encontrar hasta 7 puertos chinos, a saber, los de Shanghai, Hong Kong, Shenzen (también
en la provincia de Guandong y cercano a la propia Hong Kong), Ningbo-Zhoushan,
Qingdao Guangzhou y Tianjin[35]. Alrededor de esos
puertos han brotado urbes volcadas hacia el mar, precisamente en ese sentido
amplio al que tanto aludía Mahan (no sólo personal embarcable, sino también
servicios auxiliares, estibadores, astilleros, comerciantes, personal de
seguridad, transporte y movimientos en los muelles y aledaños). Así que China
ostenta, también desde este punto de vista, una posición privilegiada, siempre
desde el punto de vista inherente al marco teórico empleado en esta
investigación[36].
Las
políticas públicas chinas contribuyen a la consolidación de estas dinámicas, incluyendo
tejer una red de bases en el exterior. De hecho, éste es uno de los puntos en
los que más fielmente se han seguido los postulados de Mahan. La presencia
china en el Collar de Perlas, desde Camboya hasta Pakistán, luego prolongada
hacia el Mar Rojo y hacia la orilla sur del mediterráneo, constituye una
muestra de este empeño. Su creciente interés por construir terminales de
ferrocarril que alcancen la costa angoleña presagia la continuidad del modelo
hasta lograr una nueva “circunnavegación” de África. El fantasma de Zheng He ha
vuelto para quedarse, cumpliendo su viejo sueño… 500 años después.
Siendo
así… ¿qué problema hay, si es que alguno, para que China se convierta en una
potencia marítima? Haberlo, haylo. Aunque asumamos que no habrá involución
económica y que las instituciones políticas seguirán su lenta pero progresiva
adaptación a lógicas de mercado, todavía hay que echar un vistazo a la
geografía. Porque, decíamos, China es un Estado del Rimland, en los términos de Spykman. Eso significa que tiene que
mirar constantemente a sus espaldas, dada la presencia de poderosos rivales
geopolíticos. Ni Rusia ni India son de fiar para Pekín. Aunque (o precisamente
por ello) su apuesta debe pasar por sostener las mejores relaciones posibles
con ambos (lo cual se antoja más fácil con Moscú, al menos a corto plazo). Ahí
puede jugar su papel la Organización para la Cooperación de Shanghai, pero el
perfil bajo de esta organización es delatador de los recelos entre sus propios
componentes.
Asimismo,
como suele suceder con los Estados del Rimland,
los accesos al océano de los que dispone China distan de ser francos. La
capacidad de bloqueo en potencia de los principales accesos a las costas chinas
ejercida por la US Navy no debe ser despreciada. Que las autoridades chinas
hayan tomado buena nota de ello está detrás de la modernización en curso del
PLAN. Aunque a China le faltan lustros para compararse militarme al potencial
de los Estados Unidos en Asia[37], la verdad es que
teniendo en cuenta otros parámetros, relacionados con el impacto de las bajas
propias en las sociedades occidentales, su apuesta puede pasar por disuadir
mediante la amenaza de destruir una o varias TF de la US Navy.
Esto
nos devuelve al punto de partida. La geografía es importante y podría jugarle
una mala pasada a China. Pero, aunque no podamos prescindir de la misma y de la
gestión de sus puntos fuertes y débiles, no será determinante. Habrá que tener
en cuenta el juego de alianzas entre potencias, que será fundamental en los
próximos lustros. Pero no está claro quién saldrá ganando con ello. Ésa es la
parte de la historia que no está escrita. Depende de la habilidad de los
gobernantes y se resiste a la mera tiranía de la geografía (por más que ésta
marque las cartas). No es descabellado pensar que China pueda erosionar la red
de alianzas que tanto le ha costado tejer a Washington (ya lo está intentando),
así como que pueda cubrir su objetivo gracias a dinámicas de bandwagoning, de acuerdo con las tesis
de Stephen Walt (Walt, 1987: 19-21). Filipinas podría ser un candidato
importante a adoptar esa deriva. Para evitar que todo eso suceda, los Estados
Unidos se verán obligados a mantener e incluso a incrementar su presencia en la
zona.
Nota sobre el autor:
Josep
Baqués es Profesor de
Ciencia Política en la Universidad de Barcelona, España.
Referencias
Acemoglu,
Daron y Robinson, James A. (2012), ¿Por
qué fracasan los países? Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Vizcaya: Deusto Ediciones.
Baqués,
Josep (2017a), “Hacia una definición del concepto Gray Zone”. Documento de investigación 2/2017,
Madrid: Instituto Español de Estudios Estratégicos.
Baqués,
Josep (2017b), “Análisis de tendencias geopolíticas a escala global”. Documento de investigación del Instituto
Español de Estudios Estratégicos DI 18/2017.
Baqués,
Josep (2018a), “La Geopolítica del Ártico: una nueva pieza en el gran tablero
chino”, Revista General de Marina,
Tomo 274 (marzo), pp. 307-313.
Baqués,
Josep (2018b), “Las lecciones fundamentales de la obra de Mahan: del
determinismo geográfico al espíritu comercial”, Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, No. 11
(junio), pp. 107-130.
Bradford, James C. (2013), Admirals of the New Steel Navy: Makers of the American Naval Tradition,
1880-1930, Annapolis: Naval Institute Press.
Cornejo,
Romer (2005), “América Latina en la perspectiva de China”, en RÍOS, Xulio
(coord.), Política Exterior de China,
Barcelona: Ediciones Bellaterra, pp. 219-250.
Guangqian & Youzhi
(2005), The Science of military strategy,
Beijing: Military Science Publishing House.
Holmes, James & Yoshihara,
Toshi (2017), “Five Shades of Chinese Gray-Zone Strategy”, The National Interest (may).
Kennedy, Conor & Erickson,
Andrew (2017), China´s Third Sea Force,
US Naval War College, Newport.
Keohane, Robert & Nye, Joseph S. (1977), Power and Interdependence, Boston:
Little, Brown Co Ltd.
Keohane, Robert (1984), After Hegemony, Princeton (NJ): Princeton University Press.
Liang, Qiao & Xiangsui,
Wang (1999), Unrestricted Warfare, Los Angeles (CA): Pan
American Publishing.
Lowsen, Ben (2017),
“China´s Maritime Operation: The `Gray Zone´ in Black and White”, The Diplomat (may).
Luttwak, Edward (1995),
“Toward Post-Heroic Warfare”, Foreign Affairs,
Vol. 74, No. 3, pp. 109-122.
Liu Xuelian, & Xu Liheng (2011), “New Geopolitics Security Conception in
Globalization Era”, Northeast Asia Forum,
Vol. 20, No. 2, pp.68-74.
Mackinder, Halford (1904), “The Geographical pivot of
History”, Geographical Journal, Vol.
170, No. 4, pp. 298-321.
Mahan,
Alfred T (2007[1890]), La influencia del
poder naval en la historia, Madrid: Ministerio de Defensa.
Mahan,
Alfred T (1897), Interés de los Estados
Unidos de América en el poderío marítimo, Bogotá: Universidad nacional de
Colombia.
Martins, Dora (2005), “China en el liderazgo
de los países subdesarrollados”, en RÍOS, Xulio (coord.), Política Exterior de China. Ediciones Bellaterra, Barcelona, pp. 251-284.
Mazarr, Michael J.
(2015), Mastering the Gray Zone:
Understanding a Changing Era of Conflict, Carlisle Barracks, US Army War College Press.
McGwin, Kevin (2017), “Greenland leaders head to China
seeking greater Chinese involvement in their nation´s economy”, en Arctic Now (2 de noviembre).
Mearsheimer, John (2001), The Tragedy of Great Power Politics, Norton: London & New York.
Nan Li (2011), “The Evolution of China´s Naval
Strategy and Capabilities: From `Near-Cost´ and `Near Seas´ to `Far-Seas´”, en
Saunders, Pkilip, Yung, Christopher, Swaine, Michael & Nien-Dzu Yang,
Andrew (eds.), The Chinese Navy.
Expanding Capabilities, Evolving Roles, Washington DC: Institute for
National Strategic Studies, pp. 109-140.
Pehrson, Christopher (2006), String of Pearls: Meeting the Challenge of China´s Rising Power across
the Asian Litoral, Carlisle: US Army War College.
Penghong, Gi (2015), “China´s Evolving Overseas
Interests and Peaceful Competition”, en Dutton, Peter & Martinson, Ryan
(eds.), Beyond the Wall. Chinese Far Seas
Operations, Newport: Naval War College, pp. 63-72.
Pigato, Miria & Tang, Wenxia (2015), “China and
Africa: Expanding Economic Ties in an Evolving Global Context”, Investing in Africa Forum, en www.worldbank.org/content/dam/Worldbank/Event/Africa/Investing%20in%20Africa%20Forum/2015/investing-in-africa-forum-china-and-africa-expanding-economic-ties-in-an-evolving-global-context.pdf.
Qiyu, Xu (2015), “Multipolar Trends and Sea-Lane
Security”, en Dutton, Peter & Martinson, Ryan (eds.), Beyond the Wall. Chinese Far Seas Operations, Newport: Naval War
College, pp. 23-32.
Rielage, Dale C. (2015), “Multipolarity and the Future
of Sea Lane Security”, en Dutton, Peter & Martinson, Ryan (eds.), Beyond the Wall. Chinese Far Seas Operations,
Newport: Naval War College, pp. 7-12.
Spykman, Nicholas (1942), America´s Strategy in World Politics, New York: Harcourt, Brace
& Co.
Tang Fuquan & Wu Yi (2007), “A Study of China´s Sea Defense Strategy”, China Military Science, No. 5.
Wallerstein, Immanuel (1984), The Politics of the World Economy, Cambridge University Press.
Walt, Stephen (1987), The Origins of Alliences, Ithaca (NY): Cornell University Press.
Waltz,
Kenneth (1987 [1979]), Teoría de la
política internacional, Buenos Aires: Grupo Editorial Latinoamericano.
Wirtz, James J. (2017),
“Life in the `Gray Zone´: observations for contemporary strategists”, Defense & Security Analysis, Vol. 32, No. 2, pp. 106-114.
Ye Xinrong & Zuo Linping (2004), “Strategic Reflections Regarding the March
of the Navy from the Near Seas to the Far Seas”, Military Art Journal, No. 10.
Yung, Christopher (2015), “Chinese Overseas Basing
Requirements for the Twenty-First Century”, en Dutton, Peter & Martinson,
Ryan (eds.), Beyond the Wall. Chinese Far
Seas Operations, Newport: Naval War College, pp. 47-61.
[1] La alternativa pasa por el
concepto esgrimido por el neo-estructuralista Immanuel Wallerstein (1984). Se
trata de una tesis especialmente útil para entender el ascenso chino,
especialmente si lo analizamos en el medio y largo plazo, ya que la hegemonía
implica un primer impulso a la capacidad de producción agro-industrial; un
segundo momento de liderazgo comercial y un tercero de liderazgo financiero a
escala global. De hecho, la hegemonía sólo se plantea en la intersección de las
tres dinámicas, siendo el desarrollo del brazo militar tributario de lo
anterior. Para establecer conexiones entre las tesis de Mahan y las de
Wallerstein, vid. (Baqués, 2018b: 112-113).
[2] Spykman enfatiza la relevancia de
controlar lo que podría definirse como el anillo o borde de la tierra, para
después hacer lo propio con Eurasia y, finalmente, con el mundo. El Rimland se
extiende desde Escandinavia y el mediterráneo hasta Japón, pasando por Oriente
Medio, India y extremo oriente, de manera que China es, en esencia, uno de sus
baluartes (aunque el noroeste de China fuese también integrado en el Heartland de Mackinder, con lo cual se
podría hablar, hasta cierto punto, del carácter ecléctico o fronterizo de ese
inmenso Estado).
[3] La Nueva Ruta de la Seda, que
desde la costa Este china se dirige a Europa por la ruta centroasiática
(pasando por Sinkiang, Kazajstán y Rusia) y que discurre no sólo, pero sí
principalmente por ferrocarril constituye, en sí mismo, un ejemplo arquetípico
de las tesis sostenidas por Mackinder hace un siglo.
[4] Para Mahan, el poder naval
constituye uno de los ingredientes del poder marítimo que, por ende, es un
concepto más amplio, incluyendo asimismo los intereses comerciales o pesqueros,
así como aspectos industriales relativos a la proyección del interés nacional
en el mar.
[5] Responden a este paradigma el
Reino Unido en relación con el Canal de la Mancha o Estados Unidos en relación
con el Caribe (de ahí la importancia que Mahan le daba al control de Puerto
Rico) o con el Canal de Panamá. Aunque no podemos entrar con más detalle en las
tesis de Mahan y pese a que los grandes ríos navegables, aún siendo relevantes,
no tienen la importancia que tenían dos siglos atrás, no está de más recordar
la importancia otorgada por Mahan a que algunos de los principales puertos de
los Estados con aspiraciones estén ubicados en la desembocadura de esos ríos.
[6] Esa es la tesis sostenida por
Acemoglu y Robonson en la obra que los ha llevado a la fama.
[7] El primero fue expresamente
criticado por Mahan, mientras que el segundo no pudo serlo, básicamente porque
Mahan murió antes de que dichos experimentos vieran la luz. Pero de su talante
y del contenido de su obra, es fácil deducir que el socialismo real se halla en
el extremo opuesto de las tesis de Mahan.
[8] Mahan comenta que Napoleón se
habría lamentado amargamente de la presencia de la Unión Jack en La Valetta,
hasta el punto de afirmar que preferiría haberla visto en… ¡Montmartre!
[9] En dicho trabajo se hace
referencia a ejemplos de Estados que, teniendo condiciones geográficas para
alcanzar el estatus pergeñado por Mahan, no lo alcanzaron (Japón) o no
exprimieron sus posibilidades (Francia). Mientras que el caso de China podría
ser un buen ejemplo, in fieri, de lo
contrario (al no tener salidas tan francas al mar). Aunque para ello deberían
darse las condiciones adecuadas de carácter nacional y de espíritu comercial.
[10] Algo menos de la mitad de esos
suministros han tenido que atravesar antes por el estrecho de Ormuz Penghong,
2015: 66).
[11] Que hayan sido apodados
“destructores de portaaviones” no es casual y denota el planteamiento que está
detrás de esa apuesta.
[12] Del Navy
Military Art Research Institute.
[13] Vid. Balance Militar 1988-1989,
editado por la revista Ejército (nº
590, de marzo de 1989), bajo licencia del IIEE de Londres.
[14] El diseño, construcción y entrada
en servicio de buques de cierto porte se mide no ya en años, sino en lustros.
[15] La decimoséptima unidad apareció
en la Lista Oficial de buques de guerra chinos algo después de la publicación
del citado balance militar. Asimismo, le he añadido el “I” debido a que,
posteriormente, el diseño Luda o Tipo 51 vio como algunas de las unidades
originales fueron modernizadas para pasar a ser denominadas Luda II y III. Pero afectó a pocas unidades (dos por subtipo).
[16] Fue la versión soviética de los
modestos DE o “destructores de escolta” que los Estados Unidos pusieron de moda
en la Segunda Guerra Mundial y que ya estaba obsoleto en los años 60 del siglo
XX.
[17] La tendencia china a “copiar” los
diseños de terceros, unida a las fotografías obtenidas de algunas de estas
unidades, así como a la descripción general de sus características sugiere que,
más allá de los detalles y de las lógicas adaptaciones a las necesidades
chinas, sus ingenieros se han inspirado en los diseños de LHA Wasp y LPD San Antonio de la US Navy.
[18] Quienes diseñan las ZG tienen
presente tanto los parámetros jurídicos como la experiencia práctica, es decir,
también consideran aquellos casos en los que, habiéndose vulnerado el derecho,
la sociedad internacional no ha autorizado el uso de la fuerza o los casos en
los que algún Estado defensor del status quo ha hecho lo propio por su cuenta y
riesgo. Es decir, se considera un doble rasero: normativo, pero también
empírico.
[19] A pesar de tener en contra un
fallo de la Corte permanente de arbitraje del Tribunal de La Haya.
[20] Sobre los cielos aledaños también se
han dado varios incidentes entre aviones de la fuerza aérea japonesa y la china.
[21] Waltz no habla del fracking, por motivos cronológicos. Pero
sí alude a la conveniencia de disminuir la dependencia de los hidrocarburos
ajenos como condición de posibilidad de la paz mundial, así como, en lo que
ahora nos ocupa, como mecanismo que permita a los Estados Unidos disminuir su
presión sobre terceros Estados (Waltz, 1987). La postura de Waltz es
neorrealista defensiva. Mearsheimer no estaría de acuerdo con este diagnóstico,
ya que esa relajación, aunque puede generar estabilidad a corto plazo, es
contraproducente a medio y largo plazo, por cuanto los Estados Unidos están
concediendo demasiado margen de maniobra a sus competidores por el poder
mundial, de modo que al cabo de unos años el conflicto por la hegemonía puede
ser más cruento.
[22] El diferencial se debe a que los
buques japoneses son, por término medio, mayores y de mayor capacidad de carga
que los chinos. Pero esa circunstancia va a durar poco, ya que la flota china
está en proceso de modernización (China es el Estado que más desguaza en el
mundo) para ser más competitiva en este ámbito.
[23] Son datos que deben ser matizados
y puestos en contexto, debido a que existen Estados cuya capacidad de transporte
marítimo es exagerada en relación con otros indicadores de sus economías, caso
de Dinamarca y Noruega, Corea o Singapur y, desde luego, Grecia. Asimismo, es
evidente que los portes pueden ser realizados por terceros. Sin embargo, eso ha
sido considerado por diversos autores, incluido Mahan, como signo de debilidad
y preludio de decadencia.
[24] Entre 2003 y 2013 las empresas
chinas que invertían en este Estado pasaron de 30 a 300 (Pigato y Tang, 2015:
18).
[25] China ha creado un gran consorcio
para controlar el textil nigeriano, denominado Yuemei-Nigeria Textile Industry
Park.
[26] El protagonismo aquí es para el
sector del calzado, a través del Huajian Group. Pero tras ese interés está el
control de las rutas que llegan al Mar Rojo para importaciones de crudo.
[27] Como muestra del pragmatismo chino,
la empresa CSCEC está construyendo en Argel la tercera mezquita más grande del
mundo, con capacidad para más de 100.000 fieles, sólo por detrás de las de La
Meca y Medina (aunque como anécdota se puede añadir que sí gozarán del minarete
más alto del mundo). Su valor se sitúa en torno a los 1.000 millones de euros.
[28] La crisis de Darfur o
el impacto del maremoto del año 2000 en Somalia han hallado parte de su
consuelo en ayudas llegadas desde China. Curiosamente, se trata de zonas ricas
en petróleo y en uranio (Martins, 2005: 262).
[29] El 26% de las exportaciones
peruanas se dirigen a China. Por su parte, Perú recibe más de un 22% de sus
importaciones del gigante asiático (sobre todo, telefonía móvil, coches y
ciclomotores) de modo que también en este lado de la balanza comercial, China
ha superado a los Estados Unidos en el primer lugar del ranking.
[30] Como la Cámara de Comercio Peruano
China (CAPECHI), creada en 2001.
[31] Como los efectos de la “Ley China”
de 1849 que, a base de años, ha propiciado que en Perú residan más de 1 millón
de personas cuyas familias son originarias de China.
[32] Las importaciones venezolanas de
calzado chino fueron tan importantes a principios de este siglo que
prácticamente hundieron la producción local (Cornejo, 2005: 242).
[33] Es uno de los parámetros a los que
Acemoglu y Robinson asignan más relevancia para asumir que un país ha abrazado
lógicas inclusivas, aparcando las extractivas, ya que las economías extractivas
desincentivan el mérito y, con ello, la emprendiduría.
[35] Cardona, Asun (2016), Los 10
puertos de carga más grandes del mundo, Sertrans,
19 de octubre: http://www.sertrans.es/transporte-de-mercancias/10-puertos-carga-mas-grandes-mundo/
Sólo se intercalan entre ellos los de Singapur, Busan (Corea del Sur) y Jebel
Ali (Dubai).
[36] Podría añadirse la posibilidad de
entender China como “base permanente” respecto al tráfico marítimo del mar de
China e incluso respecto al estrecho de Malaca, así como la presencia de
importantes ríos navegables, como el Yangtsé (que desemboca muy cerca de
Shanghai y es el tercero más largo del mundo) y el “Río amarillo” (el 6º más
largo del mundo, que desemboca cerca de Tianjin.
[37] Hay que tener en cuenta que, en el
estadio actual del rearme naval chino, aún incompleto, si China apuesta por
trasladar el grueso de su fuerza aeronaval hacia el mar de china meridional,
inevitablemente dejará desguarnecido el noreste, en las proximidades de Japón,
con lo que pronto se convertiría en un bastión de las armadas estadounidense y
nipona, trabajando de consuno. En cambio, si el protagonismo lo tiene la zona
oriental del mar de China, dejaría desguarnecido el flanco en el que podría
operar la marina de guerra India, que podría plantear una pinza estratégica
aprovechable por los Estados Unidos.