{"id":466,"date":"2021-11-29T09:54:50","date_gmt":"2021-11-29T09:54:50","guid":{"rendered":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/?page_id=466"},"modified":"2021-11-29T09:54:52","modified_gmt":"2021-11-29T09:54:52","slug":"redes-sociales-desinformacion-cibersoberania-y-vigilancia-digital-una-vision-desde-la-ciberseguridad","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/redes-sociales-desinformacion-cibersoberania-y-vigilancia-digital-una-vision-desde-la-ciberseguridad\/","title":{"rendered":"Redes sociales, desinformaci\u00f3n, cibersoberan\u00eda y vigilancia digital: una visi\u00f3n desde la ciberseguridad"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\">MARIANO C\u00c9SAR BARTOLOM\u00c9<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Colegio Interamericano de Defensa (Washington), Estados Unidos<\/p>\n\n\n\n<p>Title: Social Media, Disinformation, Cyber Sovereignty and Digital Surveillance: Vision from Cybersecurity<\/p>\n\n\n\n<p>Resumen: Luego de un desarrollo de cincuenta a\u00f1os, Internet es la piedra basal del ciberespacio. Los usuarios de esta red superan ampliamente la mitad de la poblaci\u00f3n mundial y su influencia alcanza todos los aspectos de las sociedades contempor\u00e1neas. En la actualidad, la libertad de acceso a Internet est\u00e1 considerada dentro del campo de los Derechos Humanos; sin embargo, al mismo tiempo crecen las dudas acerca de la credibilidad de la informaci\u00f3n existente en la red, as\u00ed como la preocupaci\u00f3n por la privacidad de los datos personales que all\u00ed circulan. Este art\u00edculo se enfoca, desde una perspectiva de ciberseguridad, en tres aspectos vinculados al respeto de las garant\u00edas y derechos individuales: la accesibilidad a Internet y la vigilancia digital; el funcionamiento de las redes sociales y la privacidad de los datos personales que ellas emplean y almacenan; y el uso de las redes sociales en acciones de desinformaci\u00f3n que incluyen noticias falsas (fake news) y narrativas de posverdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Palabras clave: Ciberseguridad, Cibersoberan\u00eda, Desinformaci\u00f3n, Redes Sociales, Vigilancia Digital.<\/p>\n\n\n\n<p>Abstract: After a development of more than fifty years, today the Internet has established itself as the key element of cyberspace. Network users exceed half of the world&#8217;s population, while its impact reaches all sides of contemporary societies. Today, free access to the Internet is inserted in the field of human rights; however, at the same time, concerns about the credibility of information stored on the network are increasing. This article will focus, from the point of view of cybersecurity, on three main topics related to the respect of individual rights and guarantees: Internet accessibility and digital surveillance; social networks and the privacy of personal data; and the use of those social networks in the execution of disinformation operations that include fake news and post-truth narratives.<\/p>\n\n\n\n<p>Keywords: Cybersecurity, Cyber Sovereignty, Disinformation, Social Media, Digital Surveillance.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para citar este art\u00edculo\/To cite this article<\/strong>: Mariano C\u00e9sar Bartolom\u00e9, &lt;&lt;Redes sociales, desinformaci\u00f3n, cibersoberan\u00eda y vigilancia digital: una visi\u00f3n desde la ciberseguridad>>,\u00a0<em>Revista de Estudios en Seguridad Internacional<\/em>, Vol. 7, No. 2, (2021), pp. 167-185. DOI: <a href=\"http:\/\/dx.doi.org\/10.18847\/1.14.9\">http:\/\/dx.doi.org\/10.18847\/1.14.9<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hace ya m\u00e1s de medio siglo, el 29 de octubre de 1969, desde la Universidad de California se envi\u00f3 un escueto mensaje al Instituto de Investigaciones de la Universidad de Stanford a trav\u00e9s de una embrionaria red experimental de comunicaciones, cuyo desarrollo era financiado por el Departamento de Defensa. As\u00ed naci\u00f3 Internet, que poco m\u00e1s de cinco d\u00e9cadas despu\u00e9s contaba como usuarios a m\u00e1s de 4,6 mil millones de personas, cifra que implica una tasa de penetraci\u00f3n de casi el 60% de la poblaci\u00f3n mundial (Kemp, 2021). Al mismo tiempo, los flujos de datos a trav\u00e9s de esa red tuvieron un salto exponencial, pasando de 100 Gb diarios en 1992 a una previsi\u00f3n de 150,7 mil Gb por segundo para el a\u00f1o 2022 (UNCTAD, 2019). Una manera de graficar ese salto cuantitativo ha sido proporcionada por un asesor tecnol\u00f3gico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos: si durante mucho tiempo esa instituci\u00f3n fue considerada el mayor reservorio de informaci\u00f3n del planeta, en el a\u00f1o 2017 ya exist\u00eda en Internet el equivalente a una colecci\u00f3n de esa biblioteca cada siete personas. Las proyecciones, en ese momento, eran de alcanzar la proporci\u00f3n de una biblioteca por individuo, en apenas un lustro (Lissardy, 2017).<\/p>\n\n\n\n<p>La idea de \u201cmacrodatos\u201d, m\u00e1s conocidos como <em>Big Data<\/em>, se vincula precisamente con esta nueva situaci\u00f3n de los datos en circulaci\u00f3n por Internet y puede ser comprendida como \u201cun conjunto de herramientas inform\u00e1ticas y estad\u00edsticas que permiten simplificar, administrar, coordinar y analizar grandes vol\u00famenes de informaci\u00f3n\u201d (Monle\u00f3n-Getino, 2015: 436). Las caracter\u00edsticas de la informaci\u00f3n involucrada en el concepto Big Data suelen resumirse en la sigla 3V: tiene gran volumen, es extremadamente variada en su formato y circula a gran velocidad, pr\u00e1cticamente en tiempo real (Rey, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>En lo que se conoce como \u201ctransformaci\u00f3n digital\u201d, los productos y servicios asociados a este aumento de datos resultan disruptivos para numerosas actividades o pr\u00e1cticas tradicionales (UNCTAD, 2019). Entre esos servicios, ocupa un lugar especial la Inteligencia Artificial (IA), que refiere a sistemas capaces de examinar e interpretar grandes cantidades de datos para llevar a cabo tareas diversas, imitando en cierta forma el razonamiento humano. Dentro de la IA, el \u201caprendizaje autom\u00e1tico\u201d se ocupa del dise\u00f1o y construcci\u00f3n de algoritmos que permiten a los ordenadores \u201caprender\u201d por s\u00ed mismos, tomar decisiones o hacer predicciones, a partir de datos (UIT, 2020). En palabras de un especialista, esas actividades se llegan a realizar con la calidad digna de un experto (Monle\u00f3n-Getino, 2015).<\/p>\n\n\n\n<p>En definitiva, Internet es la piedra basal del ciberespacio, entendido de manera simplificada como un \u201centorno virtual de informaci\u00f3n e interacciones entre personas\u201d (Kissinger, 2016). Este entorno est\u00e1 compuesto por redes, sistemas de informaci\u00f3n y telecomunicaciones (Quintana, 2016) y es considerado un \u201ccom\u00fan global\u201d; es decir, un dominio que no est\u00e1 bajo el control ni la jurisdicci\u00f3n de ning\u00fan Estado, pero su uso es materia de competencia por actores estatales y no estatales de todo el planeta (Stang, 2013). El impacto de Internet en las sociedades contempor\u00e1neas es enorme y ayuda a comprender por qu\u00e9 hoy el acceso a esta red est\u00e1 considerado dentro del campo de los Derechos Humanos. Esta percepci\u00f3n se observa con nitidez desde hace m\u00e1s de una d\u00e9cada, seg\u00fan lo confirman diferentes sondeos de opini\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, a inicios del pasado decenio una encuesta global llevada adelante por el servicio informativo brit\u00e1nico BBC confirm\u00f3 que cuatro de cada cinco adultos consideraban que el acceso a Internet era un derecho fundamental y que la red les hab\u00eda proporcionado una mayor libertad, sobre todo de expresi\u00f3n. Un porcentaje a\u00fan m\u00e1s alto de encuestados (90%) afirm\u00f3 que era un \u00e1mbito propicio para adquirir informaci\u00f3n y conocimientos (Reuters, 2010).<a href=\"#_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> Con estos antecedentes, el Consejo de Derechos Humanos de la Asamblea General de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas (ONU) se manifest\u00f3 en ese sentido y declar\u00f3 el ingreso a Internet como un derecho humano (United Nations, 2011). De acuerdo al Relator Especial de la ONU sobre derecho a la libertad de opini\u00f3n y expresi\u00f3n, Frank La Rue, autor del informe aprobado por ese \u00f3rgano, la red \u201cno s\u00f3lo permite a los individuos ejercer su derecho de opini\u00f3n y expresi\u00f3n, sino que tambi\u00e9n forma parte de sus derechos humanos y promueve el progreso de la sociedad en su conjunto\u201d (Mu\u00f1oz, 2011).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde aquellos momentos, en la visi\u00f3n de los usuarios de Internet, tendi\u00f3 a estabilizarse la vinculaci\u00f3n de su acceso irrestricto con el respeto a las libertades y garant\u00edas individuales. As\u00ed, hace un lustro, el porcentaje de individuos que consider\u00f3 a tal habilitaci\u00f3n como un derecho humano b\u00e1sico alcanz\u00f3 el 82% (GlobeScan, 2017). Sin embargo, en lo que <em>a priori<\/em> podr\u00eda parecer un contrasentido, durante ese lapso alcanzaron similar intensidad las preocupaciones en torno a los efectos negativos que puede reportar un empleo intensivo de esa red. Al mismo tiempo que poco m\u00e1s de ocho cada diez internautas adher\u00edan al mencionado acceso irrestricto, se registraban tasas muy similares de dudas acerca de la credibilidad de la informaci\u00f3n existente en la red (79%) y de preocupaci\u00f3n por la privacidad de los datos personales que all\u00ed circulan (80%) (GlobeScan, 2017; CIGI, 2019).<\/p>\n\n\n\n<p>En el presente trabajo se abordar\u00e1n desde una perspectiva de ciberseguridad tres aspectos vinculados al respeto de las garant\u00edas y derechos individuales: la accesibilidad a Internet y la vigilancia digital; el funcionamiento de las redes sociales y la privacidad de los datos personales; y el empleo de los factores precedentemente mencionados (Internet y redes sociales) para desinformar a los internautas con fines determinados.<\/p>\n\n\n\n<p>Para alcanzar esa meta, el trabajo se estructura en la presente introducci\u00f3n, una fase desarrollo y unas breves conclusiones. El desarrollo se divide en tres partes, que se corresponden con igual cantidad de t\u00f3picos a analizar. Finalmente, en las conclusiones se incluir\u00e1n contenidos de naturaleza prescriptiva. El an\u00e1lisis fluctuar\u00e1 entre los niveles descriptivo y explicativo, la informaci\u00f3n a emplear ser\u00e1 predominantemente cualitativa y las fuentes ser\u00e1n secundarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Resta agregar que se entender\u00e1 a la ciberseguridad en los t\u00e9rminos en que lo hace la Uni\u00f3n Internacional de Telecomunicaciones. Esa definici\u00f3n centra su foco en la protecci\u00f3n de los activos y los usuarios (independientemente de su tipo) en el ciberespacio, con referencia a la disponibilidad, integridad y confidencialidad de la informaci\u00f3n. Textualmente:<\/p>\n\n\n\n<p>La ciberseguridad es el conjunto de herramientas, pol\u00edticas, conceptos de seguridad, salvaguardas de seguridad, directrices, m\u00e9todos de gesti\u00f3n de riesgos, acciones, formaci\u00f3n, pr\u00e1cticas id\u00f3neas, seguros y tecnolog\u00edas que pueden utilizarse para proteger los activos de la organizaci\u00f3n y los usuarios en el ciberentorno (UIT, 2010: 20).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las redes sociales y la privacidad de los datos personales<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En los debates actuales en torno a la privacidad de los datos personales que fluyen por Internet, juegan un papel capital las llamadas \u201credes sociales\u201d, surgidas a lo largo de la primera d\u00e9cada del siglo. Una definici\u00f3n simplificada de redes sociales es la que propone la Real Academia Espa\u00f1ola: \u201cPlataforma digital de comunicaci\u00f3n global que pone en contacto a gran n\u00famero de usuarios\u201d (IAB Spain, 2019: 14). La meta de ese contacto ser\u00eda la creaci\u00f3n de amistades y relaciones. Por eso, pueden ser entendidas como una reuni\u00f3n de individuos \u2013conocidos o desconocidos- que interact\u00faan entre s\u00ed, redefiniendo al grupo y retroaliment\u00e1ndolo (Caldevilla Dom\u00ednguez, 2010). A los efectos de este trabajo, las entendemos como servicios basados en la <em>web<\/em> que permiten a los individuos construir un perfil p\u00fablico o semip\u00fablico dentro de un sistema limitado; articular una lista de otros usuarios con quienes compartir una conexi\u00f3n; y combinar sus propias listas de conexiones con aquellas elaboradas por otros dentro del sistema (Boyd &amp; Ellison 2007). En el per\u00edodo comprendido entre los a\u00f1os 2004 y 2010, surgieron los cinco servicios m\u00e1s conocidos y difundidos en esta materia: Facebook, Youtube, Whatsapp, Instagram y Twitter.<\/p>\n\n\n\n<p>Con ese marco, a trav\u00e9s de las redes sociales sus usuarios llevan adelante diferentes actividades, incluso a escala planetaria. Entre otras, env\u00edan mensajes p\u00fablicos o privados; compran o venden productos y servicios (<em>e-commerce<\/em>); adquieren destrezas y conocimientos, sobre diferentes temas; buscan u ofrecen empleo; siguen de manera peri\u00f3dica personas o marcas; se mantienen actualizados en determinados rubros; comparten contenidos propios, y conocen gente.<\/p>\n\n\n\n<p>Las \u00faltimas estad\u00edsticas disponibles (Chaffey, 2021) confirman la expansi\u00f3n de las redes sociales: hoy alcanzan a 4,2 mil millones de personas, o el 53,6% de la poblaci\u00f3n mundial, con un crecimiento interanual del 13%, equivalente a un agregado de 490 millones de individuos. Del total de personas conectadas a las redes, casi el 99% (4,15 mil millones) lo hace a trav\u00e9s de dispositivos m\u00f3viles (telefon\u00eda celular). Una interesante perspectiva sobre la dimensi\u00f3n de estas redes propone pensar a sus usuarios como ciudadanos de pa\u00edses; desde este punto de vista, Facebook y Youtube tendr\u00edan \u201cm\u00e1s poblaci\u00f3n\u201d que China o la India, que quedar\u00edan relegados al tercer y cuarto puesto, respectivamente. Tras estas dos naciones asi\u00e1ticas se enlistan al menos otras ocho plataformas de ese tipo, apareciendo Estados Unidos reci\u00e9n en el decimotercer lugar (Jaimovich, 2019).<a href=\"#_ftn2\"><sup>[2]<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Las redes sociales no s\u00f3lo congregan en torno suyo a miles de millones de internautas, sino que suelen ser consultadas con una frecuencia diaria, e incluso -seg\u00fan el caso- numerosas veces al d\u00eda, totalizando varias horas. No ser\u00eda errado sostener que configuran una suerte de adicci\u00f3n, generando en el usuario un placer que se puede corroborar cl\u00ednicamente, a partir del neurotransmisor denominado <em>dopamina<\/em>. Aunque existe consenso entre los especialistas en torno a los dilatados lapsos de conexi\u00f3n a las redes sociales, la informaci\u00f3n de respaldo disponible es escasa y fragmentaria. No obstante, el caso de Espa\u00f1a proporciona interesantes datos en este sentido, susceptibles de ser aplicados en el an\u00e1lisis de otros pa\u00edses. All\u00ed, las diez redes sociales con mayor penetraci\u00f3n en el mercado local son visitadas diariamente por al menos la mitad de sus usuarios. Enfocando la atenci\u00f3n solamente en las tres primeras redes de ese ranking, cada d\u00eda acceden a Whatsapp el 97% de sus clientes, a Facebook el 74% y a Instagram el 71%; en el primero de estos casos, el 85% de los visitantes lo hace varias veces por d\u00eda, tasa que es de casi el 50% en los otros dos (IAB Spain, 2019).<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta conveniente incorporar, en este punto del an\u00e1lisis, una breve referencia a Google, una empresa del grupo Alphabet, propietaria tambi\u00e9n de Youtube. T\u00e9cnicamente no es una red social, sino un conjunto de servicios estructurados en torno a su motor de b\u00fasqueda, consolidado como el m\u00e1s empleado a nivel mundial. A trav\u00e9s de esos servicios, recoge gran cantidad&nbsp;de informaci\u00f3n sobre sus usuarios, elaborando perfiles sobre su conducta e intereses. En los t\u00e9rminos de un conocido periodista cient\u00edfico estadounidense, un internauta puede llegar a dedicar m\u00e1s de siete horas diarias a los productos relacionados con Google, agregando:<\/p>\n\n\n\n<p>La compa\u00f1\u00eda deSilicon Valleyha aprovechado el acto de buscar algo on-line en un <strong>i<\/strong>mperio tecnol\u00f3gico&nbsp;tan grande que se ha colado en mi casa, mi trabajo, mis dispositivos y mucho m\u00e1s (\u2026) se ha convertido en la marca de tecnolog\u00eda que domina mi vida (Chen, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Como se anticip\u00f3 en p\u00e1rrafos previos, pese a sus altas tasas de penetraci\u00f3n y de frecuencia de uso, o precisamente debido a ese motivo, las redes sociales concentran las mayores preocupaciones en lo que hace a la naturaleza privada de los datos personales en Internet. La cuesti\u00f3n se vincula con la importante cantidad de informaci\u00f3n de sus usuarios que tienen las redes, y las inc\u00f3gnitas que se plantean en torno a su preservaci\u00f3n y empleo. Cobo (2019) indica que la privacidad de los datos, en los espacios digitales, se ha tornado en un bien escaso al cual pr\u00e1cticamente no puede acceder el ciudadano normal. La \u00fanica manera de lograrla ser\u00eda produciendo una desconexi\u00f3n con todos los canales digitales y servicios asociados, una opci\u00f3n que por su alto costo suele descartarse. Karanicolas (2014) nos dice que, al ponerse en riesgo la privacidad de sus datos personales, los usuarios de Internet ven comprometido su anonimato, un valor particularmente importante en el plano cibern\u00e9tico, desde el momento en que proporciona una sensaci\u00f3n de libertad. Libertad para seguir gustos e intereses secretos, o para expresar opiniones o sentimientos, sin miedos. El anonimato tambi\u00e9n opera como protecci\u00f3n frente a diferentes contingencias, desde la verg\u00fcenza a la violencia real.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, una reciente investigaci\u00f3n a escala global indica que Facebook e Instagram son quienes almacenan la mayor cantidad de datos personales de sus usuarios, con la plataforma de citas Tinder en tercer lugar (Conversia, 2020).<a href=\"#_ftn3\"><sup>[3]<\/sup><\/a> Cabe aclarar que el c\u00e1lculo se realiza en base al total de informaci\u00f3n personal que el usuario autoriza a la red social a recabar, al momento de comenzar a emplearla, a trav\u00e9s de la firma de extensos acuerdos de t\u00e9rminos y condiciones. Sin embargo, debido a su longitud y al complejo vocabulario que emplean, esos requisitos raramente se leen, raz\u00f3n por la cual los internautas desconocen el permiso que est\u00e1n otorgando (LePan, 2020).<a href=\"#_ftn4\"><sup>[4]<\/sup><\/a> Por otro lado, un estudio realizado en la Universidad de Oxford indic\u00f3 que las redes sociales tambi\u00e9n reciben informaci\u00f3n direccionada desde la mayor\u00eda de las aplicaciones (entendidas como un tipo de software dise\u00f1ado para ser ejecutado en dispositivos m\u00f3viles, que permite al usuario realizar uno o m\u00e1s tipos de trabajo espec\u00edficos). Seg\u00fan ese relevamiento, el 88% de los datos fluyen a Alphabet (Google, Youtube), 42% a Facebook (incluye a Instagram y Whatsapp) y 33% a Twitter (Payo, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p>La raz\u00f3n que subyace a tal almacenamiento consiste, esencialmente, en mostrar al usuario anuncios publicitarios personalizados que pueden ser de su inter\u00e9s, instando a su consumo. As\u00ed, los datos personales adquieren un enorme valor y se transforman en un bien altamente codiciado y demandado en Internet, que se transforma <em>de facto<\/em> en un gran mecanismo para su recolecci\u00f3n (Karanicolas, 2014). En este sentido, Hilbert se remite a investigaciones de la Universidad de Cambridge, realizadas sobre una muestra representativa de usuarios habituales de Facebook, para se\u00f1alar que un centenar de \u201cclicks\u201d le permiten a los algoritmos de esa red social detectar aspectos relevantes del perfil del individuo en cuesti\u00f3n: orientaci\u00f3n sexual, identidad \u00e9tnica y religiosa, postura pol\u00edtica, nivel de inteligencia, incluso vicios y pasatiempos (Lissardy, 2017). Otras fuentes coinciden en la capacidad predictiva de los algoritmos de Facebook, asegurando que con una decena de clicks pueden superar en este campo a los colegas de trabajo de la persona en cuesti\u00f3n; con setenta, a sus amigos; con ciento cincuenta a sus familiares, e incluso a sus c\u00f3nyuges, con trescientos (Sampedro Oliver, 2021).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta cuesti\u00f3n crucial ha sido tratada en profundidad a trav\u00e9s de diversos trabajos recientes (Cobo, 2019; Peirano, 2019; Zuboff, 2020), destacando que los sistemas digitales que se usan de forma gratuita en realidad cobran su uso por medio del acceso a los mencionados datos. A su vez, a trav\u00e9s del mencionado \u201caprendizaje autom\u00e1tico\u201d, ese material alimenta a un conjunto de algoritmos que nos devuelve publicidad e informaci\u00f3n. As\u00ed, esos sistemas influyen en la realidad del usuario, en su forma de pensar y actuar. Como sugiere el fen\u00f3meno conocido como \u201cburbuja filtro\u201d (<em>filter bubble<\/em>), esa influencia incluye la presentaci\u00f3n al consumidor de contenidos cada vez m\u00e1s personalizados a sus gustos, reduci\u00e9ndose las visiones o lecturas divergentes (Garro, 2016). Debido al denominado \u201csesgo de confirmaci\u00f3n\u201d, esos contenidos ser\u00e1n aceptados por el individuo, precisamente por ser compatibles con sus propios gustos, creencias y posiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Los conceptos \u201ccapitalismo de vigilancia\u201d y \u201ceconom\u00eda de la atenci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn5\"><sup>[5]<\/sup><\/a> caminan en el sentido de las apreciaciones precedentes y son complementarios entre s\u00ed. Por medio del primero de ellos, <a>Zuboff (2020<\/a>) se\u00f1ala que algunas empresas del mundo digital consideran a la experiencia humana privada como una materia prima que se puede traducir en datos. Esa experiencia es procesada y \u201cvendida\u201d como producto de predicci\u00f3n de la conducta de su protagonista, que de esa manera pierde el control sobre tales datos personales. En los t\u00e9rminos de esta profesora em\u00e9rita de la Universidad de Harvard, la gente com\u00fan deviene en t\u00edtere de un pu\u00f1ado de titiriteros tecnol\u00f3gicos que moldean su comportamiento (Zuboff, 2020). Y lo hacen al extremo de poner en duda la idea de la libertad de las acciones del individuo, siendo que tal vez lo que realmente hay es ignorancia sobre los elementos que condicionan sus decisiones (Magnani, 2020). Por su parte, la econom\u00eda de la atenci\u00f3n ocupa un lugar central en el planteo de Peirano (2019), seg\u00fan el cual la din\u00e1mica de Internet consiste, en buena medida, en captar la limitada capacidad de atenci\u00f3n de los usuarios, para luego influir en su impulso consumista y as\u00ed poder vender sus productos. Desde esta perspectiva, cuanto mayor sea la cantidad de informaci\u00f3n sobre los usuarios que puedan obtener las <em>apps<\/em> y redes sociales, de mejor manera podr\u00e1n captar su atenci\u00f3n y m\u00e1s dinero har\u00e1n ganar a las compa\u00f1\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>A modo de corolario, los enfoques de Zuboff y Cobo desde la academia, y de Peirano desde el periodismo independiente, se confirman en el campo cinematogr\u00e1fico con el reciente documental El Dilema de las Redes Sociales (<em>The Social Dilemma<\/em>), dirigido por Jeff Orlovski.<a href=\"#_ftn6\"><sup>[6]<\/sup><\/a> Su l\u00ednea argumental plantea, precisamente, que las redes sociales est\u00e1n dise\u00f1adas para captar la atenci\u00f3n de los individuos y que pasen m\u00e1s tiempo en ellas; que ese tiempo es lo que las redes venden; y que lo que monetiza a esos sitios es su capacidad de atraer y retener individuos. Accesoriamente, a trav\u00e9s de la informaci\u00f3n que les proveen, las redes sociales son capaces de interferir en los comportamientos reales de sus usuarios, afectando su forma de actuar y c\u00f3mo se sienten. En otras palabras, los manipulan, o est\u00e1n en condiciones de hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La desinformaci\u00f3n en Internet<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ya se indic\u00f3 que, junto a la privacidad de los datos personales, la credibilidad de la informaci\u00f3n existente en Internet es motivo de gran preocupaci\u00f3n. En este punto, tres conceptos centrales parecen dominar el escenario: noticias falsas (cuesti\u00f3n m\u00e1s conocida por su versi\u00f3n en ingl\u00e9s, <em>fake news<\/em>, que emplearemos en adelante), posverdad y desinformaci\u00f3n. Yendo al primero de ellos, Ford (2020, 2021) explica que se refiere a noticias que, a pesar de no ser ciertas, se comparten deliberadamente para hacer da\u00f1o con un objetivo establecido. <em>In extenso<\/em>, esas noticias tienen el prop\u00f3sito de difundir informaci\u00f3n que no es real, pero es veros\u00edmil y cre\u00edble, a los efectos de manipular las acciones y el pensamiento de los individuos, y as\u00ed crear una atm\u00f3sfera de temor y p\u00e1nico que bloquee el raciocinio y el juicio cr\u00edtico. Una atm\u00f3sfera que, en la visi\u00f3n de esta especialista, puede llegar a desestabilizar un gobierno y arriesgar la vigencia de la democracia. Las noticias falsas (o falsedades profundas), <em>deep fakes<\/em> en ingl\u00e9s, constituyen un subtipo de las primeras que incluso profundiza y agrava sus efectos. Aunque existen desde fines del siglo pasado, alcanzaron alta notoriedad durante el \u00faltimo decenio. Constituyen archivos de video, imagen o voz con apariencia realista, manipulados mediante Inteligencia Artificial, en los cuales personas dicen o hacen cosas que en realidad no dijeron ni hicieron (Toews, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Los riesgos de las <em>deep fakes<\/em> son m\u00faltiples e imposibles de soslayar. Alcanzan los planos pol\u00edtico, social, econ\u00f3mico y tambi\u00e9n internacional. Un informe de <em>Brookings<\/em> destaca entre esos peligros a la distorsi\u00f3n del discurso democr\u00e1tico; la manipulaci\u00f3n de elecciones; la erosi\u00f3n de la confianza ciudadana en las instituciones; el debilitamiento del periodismo; la exacerbaci\u00f3n de divisiones sociales; el deterioro de la seguridad p\u00fablica, y el da\u00f1o a la reputaci\u00f3n de personalidades relevantes (Galston, 2020). En estos t\u00e9rminos, no es exagerada la apreciaci\u00f3n de Chesney y Citron (2018) cuando se\u00f1alan que, en t\u00e9rminos sist\u00e9micos, la afectaci\u00f3n es al normal funcionamiento de la democracia.&nbsp; Espec\u00edficamente en la esfera de las relaciones internacionales, el an\u00e1lisis de una crisis protagonizada por Qatar y Emiratos \u00c1rabes Unidos (Riordan, 2019) confirm\u00f3 que las <em>deep fakes<\/em> pueden generar conflictos, o reactivar tensiones larvadas o latentes, que incluso podr\u00edan escalar al empleo de la fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>Las<em> fake news<\/em> pueden adoptar diferentes formatos, dando lugar a distintas tipolog\u00edas. A los efectos del presente trabajo, identificamos las siguientes formas principales, que pueden presentarse en forma independiente o combinadas entre s\u00ed: informaci\u00f3n inventada, cuando su contenido es completamente falso; informaci\u00f3n manipulada, a partir del tratamiento de datos o im\u00e1genes reales; informaci\u00f3n de fuentes falsas, en las cuales se observa la creaci\u00f3n y difusi\u00f3n de contenidos suplantando fuentes oficiales; contenidos verdaderos combinados con un contexto falso; contenidos que tienen una conexi\u00f3n falsa con el t\u00edtulo, con el cual no guardan relaci\u00f3n; finalmente, s\u00e1tiras y parodias, es decir, informaciones humor\u00edsticas que se presentan como si fueran ciertas, pudiendo enga\u00f1ar a los lectores de forma no intencionada (Morales, 2019; Rojas Caja, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Las noticias falsas encuentran su mejor caja de resonancia en las redes sociales, que han desplazado a los medios de comunicaci\u00f3n como principales fuentes de informaci\u00f3n para amplios sectores de las sociedades contempor\u00e1neas. Esto es especialmente n\u00edtido en los sectores etarios m\u00e1s j\u00f3venes, que no convivieron con los medios period\u00edsticos impresos ni consumen la televisi\u00f3n tradicional, optando por alternativas que les permiten \u201cestar al d\u00eda\u201d con los contenidos que ellos mismos seleccionan, aun cuando su calidad sea cuestionable (Marcos, S\u00e1nchez y Olivera, 2017; Sampedro, 2021). La dimensi\u00f3n que adquiri\u00f3 la cuesti\u00f3n se constata al comprobar que, seg\u00fan sondeos de alcance global, el 67% de los usuarios de Internet habr\u00eda comprobado la presencia de noticias falsas en Facebook, el 65% en otras redes sociales, e incluso ocho de cada diez internautas aseguran haber sido v\u00edctima de ese tipo de contenidos al menos una vez (CIGI, 2019). Estas tasas podr\u00edan ser incluso m\u00e1s altas, si se tiene en cuenta que m\u00e1s del 60% de la poblaci\u00f3n mundial no se siente capaz de distinguir entre noticias ver\u00eddicas y rumores (Morales, 2019). En conjunto, esta situaci\u00f3n resulta funcional a la expansi\u00f3n de la posverdad, entendida como \u201cla tendencia por la que los hechos objetivos son menos influyentes en la opini\u00f3n p\u00fablica que las emociones y creencias personales\u201d (Morales, 2019).<\/p>\n\n\n\n<p>En esta l\u00ednea, la verdad pierde algo de relevancia o importancia, pues compite con \u201cotras verdades\u201d alternativas que pujan por la preferencia del consumidor. En ese sentido, no puede negarse la existencia de cierto menosprecio de los hechos concretos, la raz\u00f3n y la evidencia verificable, resultando en una distorsi\u00f3n de la realidad. No obstante, estas lecturas alternativas suelen gozar de aceptaci\u00f3n entre individuos que registran afinidad con ellas (Lozano, 2020; Marcos, S\u00e1nchez y Olivera, 2017). Posverdad y <em>fake news<\/em>, a la postre, constituyen la esencia de las acciones de desinformaci\u00f3n, en el sentido de<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella informaci\u00f3n que es verificablemente falsa o enga\u00f1osa y que se crea, presenta y difunde para obtener beneficios econ\u00f3micos o para enga\u00f1ar intencionadamente al p\u00fablico, distorsionar el debate p\u00fablico, socavar la confianza de los ciudadanos e incluso desestabilizar los procesos democr\u00e1ticos (Rojas Caja, 2020: 4).<\/p>\n\n\n\n<p>Las acciones de desinformaci\u00f3n son el resultado de complejos procesos que abarcan el an\u00e1lisis del \u201cblanco\u201d de la iniciativa, incluyendo sus preferencias y vulnerabilidades, la creaci\u00f3n de narrativas <em>ad-hoc<\/em> y la selecci\u00f3n de los canales que se utilizar\u00e1n en su ejecuci\u00f3n. Su empleo se encuentra favorecido por importantes dificultades existentes, en materia de atribuci\u00f3n de responsabilidad, y el abanico de los canales posibles abarca desde conocidas redes sociales, a medios propios preexistentes, o creados a tal efecto (CCN-CERT, 2019).<\/p>\n\n\n\n<p>La inquietud que generan estas iniciativas, a nivel global, no es desde\u00f1able: siete de cada diez personas est\u00e1n preocupadas por el eventual empleo de informaci\u00f3n falsa en Internet, de manera voluntaria, a modo de arma (Edelman, 2018). Y en modo alguno esta preocupaci\u00f3n es infundada, si se tiene en cuenta que desde al menos una d\u00e9cada se conforman equipos gubernamentales civiles o militares, de partidos pol\u00edticos, la sociedad civil y el \u00e1mbito privado, ocupados en la manipulaci\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica a trav\u00e9s de las redes sociales. En el caso de gobiernos democr\u00e1ticos, las acciones oficiales apuntan m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras nacionales, en tanto los partidos pol\u00edticos enfatizan en la esfera dom\u00e9stica. Por el contrario, reg\u00edmenes autoritarios o totalitarios enfatizan en el plano interno y s\u00f3lo secundariamente en el externo (Bradshaw &amp; Howard, 2017).<\/p>\n\n\n\n<p>En la perspectiva de Estados Unidos y sus aliados de la Organizaci\u00f3n del Tratado del Atl\u00e1ntico Norte (OTAN), Rusia lleva adelante un constante e intensivo empleo de operaciones de desinformaci\u00f3n. En esta l\u00f3gica deber\u00edan entenderse las acciones desplegadas en torno a las elecciones presidenciales estadounidenses del a\u00f1o 2016, dise\u00f1adas y ejecutadas en buena medida desde la Agencia de Investigaci\u00f3n de Internet (IRA). Esta instituci\u00f3n est\u00e1 ubicada en San Petersburgo y, pese a su posici\u00f3n presuntamente independiente, oper\u00f3 seg\u00fan lineamientos del Poder Ejecutivo de ese pa\u00eds (Mac Farquhar, 2018; Sampedro, 2021). La injerencia en el proceso electoral consisti\u00f3 en el dise\u00f1o y difusi\u00f3n de miles de anuncios pol\u00edticos a trav\u00e9s de centenares de cuentas falsas sobre todo en Facebook, subsidiariamente en Twitter e Instagram, adem\u00e1s del uso de la plataforma Google (Redondo, 2017; CCN-CERT, 2019). Los dos informes elaborados por el Congreso de Estados Unidos pa\u00eds como resultado de las pesquisas llevadas adelante por su Comisi\u00f3n de Inteligencia indicaron que una veintena de p\u00e1ginas de Facebook manejadas por IRA fueron visitadas por 126 millones de personas y sus contenidos obtuvieron 39 millones de \u201cclicks\u201d de aprobaci\u00f3n (\u201cme gusta\u201d); otros 20 millones de personas visitaron las p\u00e1ginas de Instagram regenteadas por la Agencia (Timberg &amp; Romm, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s cerca en el tiempo, la pandemia Covid-19 sirvi\u00f3 de marco para la ejecuci\u00f3n de operaciones de desinformaci\u00f3n de diferente tipo, por parte de una gran variedad de actores. Estas acciones tuvieron una intensidad tal, que la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS) se refiri\u00f3 a ellas en su conjunto a trav\u00e9s de un neologismo, <em>infodemia<\/em>, entendida como \u201cuna sobreabundancia de informaci\u00f3n, algunas veces precisa, otras no, que dificulta que las personas encuentren fuentes fidedignas y orientaci\u00f3n confiable cuando la necesitan\u201d (Ford, 2020:57; OMS, 2020). De acuerdo con la lectura de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas para la Educaci\u00f3n, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 2020), su gravedad suele potenciarse en la medida en que incluye elementos emocionales, o es transmitida por comunicadores influyentes. Por otra parte, muchas veces incorpora importantes contenidos xen\u00f3fobos o racistas. Este estado de cosas ha redundado en una creciente polarizaci\u00f3n entre la ciudadan\u00eda y los gobiernos, una reducci\u00f3n de la confianza de la primera en los segundos, y eventualmente en cuadros de desestabilizaci\u00f3n pol\u00edtica y p\u00e9rdida de cohesi\u00f3n social. Accesoriamente, esas sociedades ven mermadas su capacidad de resiliencia frente a la pandemia (Hoogensen Gj\u00f8rv, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El acceso a Internet: vigilancia digital y cibersoberan\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de la privacidad de los datos personales y la difusi\u00f3n de falsa informaci\u00f3n en Internet, desde la perspectiva de la ciberseguridad interesa tambi\u00e9n la cuesti\u00f3n de la libertad con que acceden a las redes sociales y plataformas digitales los interesados en emplearlas. Un interrogante asociado al anterior es hasta qu\u00e9 punto los gobiernos no ejercen a trav\u00e9s de ellas tareas de observaci\u00f3n y supervisi\u00f3n de sus ciudadanos. As\u00ed, nos adentramos en el campo de la llamada \u201cvigilancia digital\u201d, que b\u00e1sicamente se refiere al despliegue en el dominio digital de actividades de vigilancia. A los efectos del presente trabajo, se la entiende como \u201cla observaci\u00f3n de informaciones personales de forma intencional, rutinaria y sistem\u00e1tica con fines de control, derecho y legitimidad, gesti\u00f3n, influencia o protecci\u00f3n\u201d (Monnerat Lot &amp; Barros Cianconi, 2018: 120). Aunque esta actividad dista de ser nueva, sus formas y m\u00e9todos se han adaptado a las nuevas posibilidades tecnol\u00f3gicas, empleando el Big Data y la Inteligencia Artificial para identificar y reconocer patrones de comportamiento, de forma autom\u00e1tica y masiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante todo el presente siglo, numerosos reg\u00edmenes han justificado el uso y despliegue de tecnolog\u00edas de vigilancia digital en la lucha contra amenazas transnacionales, tales como el terrorismo o el crimen organizado. Sin embargo, de esa forma se ejerce un control indiscriminado sobre el comportamiento de los ciudadanos, llegando en algunas situaciones a menoscabar sus derechos y libertades, al resultar intrusivas respecto a la protecci\u00f3n de la vida \u00edntima y de los datos personales (Santiago y Rodr\u00edguez, 2018). Los ciudadanos que se encuentren bajo vigilancia no suelen estar informados de estas pr\u00e1cticas, ni tienen acceso a los registros donde se recogen sus datos privados. Por otro lado, las autoridades encargadas de las actividades de vigilancia no suelen reconocer abusos o errores, ni se hacen responsables de los mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el punto de vista jur\u00eddico, la vigilancia digital contraviene una numerosa normativa internacional. Respecto a la Declaraci\u00f3n Universal de Derechos Humanos de 1948, se destacan el art\u00edculo 12, seg\u00fan el cual nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, y el art\u00edculo 19 que reafirma el derecho de todo individuo a la libertad de opini\u00f3n y de expresi\u00f3n. Tambi\u00e9n cabe mencionar la Convenci\u00f3n Internacional de Derechos Civiles y Pol\u00edticos de 1966, cuyo art\u00edculo 17 indica que nadie puede ser sujeto de interferencia arbitraria o ilegal a su privacidad, familia, hogar o correspondencia. A esto se agregan los as\u00ed llamados \u201cderechos ARCO\u201d (acceso, rectificaci\u00f3n, cancelaci\u00f3n y oposici\u00f3n) relativos a la informaci\u00f3n personal, cuyo desarrollo excede los objetivos del presente trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hist\u00f3ricamente, la vigilancia digital ha estado asociada a reg\u00edmenes pol\u00edticos de caracter\u00edsticas autoritarias, o incluso totalitarias, que aplican esa conducta sobre su propia poblaci\u00f3n, con cierta periodicidad e incluso en forma permanente. Por eso, parece acertado aplicar a esos reg\u00edmenes el apelativo de \u201cautoritarismo digital\u201d (Rozpedowski, 2021). Como ha indicado un especialista, \u201cen un Estado vigilante se parte del supuesto que todos somos culpables\u201d (Hypponen, 2014: 120). Rusia, y particularmente China, suelen ser los casos paradigm\u00e1ticos en este sentido. En este \u00faltimo pa\u00eds, el Partido Comunista ejerce un escrutinio y control permanente de la actividad cibern\u00e9tica de la poblaci\u00f3n, haciendo extensivo a este campo el alcance del sistema de premios y castigos conocido como \u201ccr\u00e9ditos sociales\u201d. Este sistema ha sido calificado como \u201corwelliano\u201d (Rathi, 2020) y se basa en la manipulaci\u00f3n del puntaje personal de un ciudadano, seg\u00fan su comportamiento social. Por ejemplo, los cr\u00e9ditos impactan en la autorizaci\u00f3n a viajar dentro del pa\u00eds o fuera de \u00e9l, o en el acceso a servicios b\u00e1sicos (Rozpedowski, 2021; Sampedro, 2021).<\/p>\n\n\n\n<p>La vigilancia digital china incluye la censura, ejercida desde organismos oficiales o promovida desde el Estado para que sea practicada voluntariamente por las mismas empresas y entidades de la sociedad civil, a modo de autocontrol. Para eso, estos actores suelen incorporar a su plantilla a especialistas que revisan sus contenidos <em>on line<\/em>, o contratan para estos menesteres a firmas dedicadas a la revisi\u00f3n de contenidos, reconocidas por el gobierno (Yuan, 2019).<\/p>\n\n\n\n<p>Este tipo de pr\u00e1cticas ha sido explicado a partir de una concepci\u00f3n alternativa de la ciberseguridad, a la prevaleciente en Occidente. Esta diferencia de enfoque ayuda a comprender la raz\u00f3n por la cual hasta el momento no pudo plasmarse en las Naciones Unidas una convenci\u00f3n amplia sobre la cuesti\u00f3n, que abarque sus aristas m\u00e1s importantes y goce de un alto grado de consenso (Anguita y Bartolom\u00e9, 2021). Ahondando sobre la cuesti\u00f3n, como se anticip\u00f3 al inicio de este texto, en el Oeste ese concepto suele referirse a la protecci\u00f3n de los activos y los usuarios en el ciberespacio, y la accesibilidad, integridad y confidencialidad de la informaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En casos como el chino o el ruso, en cambio, la ciberseguridad tambi\u00e9n alcanza a los contenidos, que pueden ser considerados una amenaza en s\u00ed misma. Un repaso sobre estos dos casos (Gady &amp; Austin, 2010; Gold, 2019; Urgessa, 2020) confirma que, desde las postrimer\u00edas del siglo pasado, Rusia sostiene la postura de \u201cinformaci\u00f3n como amenaza\u201d y consecuentemente implement\u00f3 diferentes medidas de mantenimiento de control sobre ese activo. En cuanto a la visi\u00f3n oficial de China, \u00e9sta justifica pr\u00e1cticas de vigilancia en la necesidad de prevenir la infiltraci\u00f3n ideol\u00f3gica y la instigaci\u00f3n pol\u00edtica. El eje de la cuesti\u00f3n se traslada as\u00ed a la informaci\u00f3n, comprendida como un arma en s\u00ed misma, que puede ser enviada a trav\u00e9s del ciberespacio (Tsaruk &amp; Korniiets, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>La \u201ccibersoberan\u00eda\u201d es una herramienta clave para el ejercicio de la vigilancia digital. Puede ser entendida como una acci\u00f3n a trav\u00e9s de la cual \u201ccada gobierno impone sus propias regulaciones de Internet, en una forma que restringe el flujo de informaci\u00f3n a trav\u00e9s de las fronteras nacionales\u201d (Freedom House, 2020: 2). Las razones que suelen esgrimirse para justificar estas restricciones son diversas, aunque usualmente se argumenta que son necesarias para hacer frente a crecientes amenazas internas y externas. M\u00e1s espec\u00edficamente, se invoca la defensa de la autoridad del gobierno, la moderaci\u00f3n de la disidencia p\u00fablica, la lucha contra el terrorismo, la preservaci\u00f3n de la seguridad nacional y la protecci\u00f3n del comercio y los intereses econ\u00f3micos locales (UNESCO, 2018). Estas limitaciones var\u00edan en forma e intensidad, siendo su expresi\u00f3n extrema el bloqueo absoluto al acceso a Internet. Apelando a la escala de \u201cciberpoder\u201d de Nye (2010), esta opci\u00f3n suele ser interpretada como una suerte de manifestaci\u00f3n de \u201cpoder duro\u201d, dando lugar a intensas cr\u00edticas externas que llevan a dudar sobre la conveniencia de su aplicaci\u00f3n (Jaitner, 2013).<\/p>\n\n\n\n<p>Investigaciones independientes (Freedom House, 2020) indican que apenas el 20% de los usuarios mundiales de Internet accede a esa red en forma totalmente libre e irrestricta. Para el 35% de los internautas del planeta, ese acceso est\u00e1 fuertemente controlado y condicionado, en tanto para otro 32% lo es s\u00f3lo parcialmente (sobre el 13% remanente no se dispone de datos confiables). Siempre de acuerdo a esa fuente, el 73% de los usuarios de Internet de todo el orbe vive en pa\u00edses donde se producen detenciones y arrestos justificados en informaci\u00f3n pol\u00edtica, social o religiosa subida a esa red. Adem\u00e1s, el 64% de esos individuos habita pa\u00edses donde esas acciones han generado ataques f\u00edsicos directos contra sus autores, e incluso asesinatos. Y el 56% lo hace bajo reg\u00edmenes pol\u00edticos cuyo aparato estatal peri\u00f3dicamente bloquea el acceso a determinados contenidos <em>on-line<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En tiempos recientes, un elocuente y reciente ejemplo de cibersoberan\u00eda fue el caso que tuvo como protagonista a la marca occidental de indumentaria H&amp;M. En el a\u00f1o 2020, esta cadena anunci\u00f3 que dejar\u00eda de adquirir algod\u00f3n procedente de la regi\u00f3n noroccidental china de Xinjiang, hasta tanto se aclararan las acusaciones de empleo de mano de obra esclava de la etnia local <em>uigur<\/em> en esa actividad textil. Tras un airado rechazo a esas sospechas por parte del Comit\u00e9 Central del PCCH, que de manera velada anticip\u00f3 inminentes represalias, H&amp;M fue virtualmente eliminado de todas las redes sociales chinas: sus tiendas dejaron de aparecer en los buscadores y en las plataformas de compras on-line, e incluso en las redes de <em>delivery<\/em> de comidas o de renta de autom\u00f3viles. Esta dura respuesta habr\u00eda disuadido a otras cadenas occidentales de indumentaria, que tambi\u00e9n emplean algod\u00f3n de Xinjiang (entre ellas las gigantes Adidas y Nike), de adoptar posturas cr\u00edticas similares a las de H&amp;M (Merino, 2021).<\/p>\n\n\n\n<p>En la actual coyuntura sanitaria internacional, los debates sobre vigilancia digital y los derechos de la poblaci\u00f3n se encuentran atravesados por la pandemia de COVID-19.&nbsp; La UNESCO (2020) ha calificado a este acontecimiento como una crisis con claro impacto negativo en la libertad de expresi\u00f3n, el acceso a la informaci\u00f3n y la privacidad, aceptando ciertas restricciones temporales, fundamentadas en la salud p\u00fablica. Sin embargo, el organismo tambi\u00e9n ha alertado sobre las aplicaciones desproporcionadas de estas medidas, sin un marco jur\u00eddico adecuado, o necesidad imperiosa, o con existencia de dudas sobre la legitimidad del prop\u00f3sito esgrimido por las autoridades gubernamentales.<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente, en China y otras naciones del Extremo Oriente, incluso democracias consolidadas como Jap\u00f3n y Corea del Sur, los gobiernos han echado mano a sistemas de vigilancia digital, basados en el manejo de Big Data, para enfrentar a la pandemia. Estos mecanismos podr\u00edan ser considerados lesivos a la privacidad y a las libertades de expresi\u00f3n y asociaci\u00f3n, pues registran y supervisan cada movimiento de los ciudadanos, evaluando su impacto en la crisis sanitaria. En consecuencia, se facilita el proceso de toma de decisiones, y en ese sentido el fil\u00f3sofo surcoreano Byung-Chul Han ha dicho: \u201cSe podr\u00eda decir que, en Asia, a las epidemias no las combaten s\u00f3lo los vir\u00f3logos y epidemi\u00f3logos, sino sobre todo tambi\u00e9n los inform\u00e1ticos y los especialistas en macrodatos\u201d (Malaspina, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Las pr\u00e1cticas de vigilancia digital y cibersoberan\u00eda son motivo de seria preocupaci\u00f3n para las Naciones Unidas. Esta instituci\u00f3n intenta articular iniciativas de gobernanza en esta materia, apuntando a la libertad de acceso a Internet y el respeto a la privacidad de los datos personales que all\u00ed fluyen. Un trabajo reciente (Anguita y Bartolom\u00e9, 2021) se\u00f1ala que el monitoreo de la evoluci\u00f3n de estas cuestiones a nivel global corre por cuenta de la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos, aunque tambi\u00e9n desempe\u00f1an importantes roles otros \u00f3rganos de ese sistema, destac\u00e1ndose la UNESCO y la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD).<\/p>\n\n\n\n<p>La agencia con sede en Par\u00eds se enfoca en la universalidad del acceso a Internet a nivel nacional, evalu\u00e1ndola cualitativamente de acuerdo a cuatro principios fundamentales, que resumen su posici\u00f3n en este campo: una red abierta, accesible para todos los interesados, basada en derechos cumplidos en forma estricta y gobernada a trav\u00e9s de la cooperaci\u00f3n de m\u00faltiples partes interesadas. Esta visi\u00f3n se plasma en el \u201cmarco DAAM\u201d, acr\u00f3nimo conformado por las siglas de los principios mencionados (Souter y Van der Spuy, 2018).<a href=\"#_ftn7\"><sup>[7]<\/sup><\/a> La Conferencia, por su parte, analiza la cuesti\u00f3n de la privacidad y protecci\u00f3n de datos en el ciberespacio, en el marco de un registro actualizado de la legislaci\u00f3n existente en relaci\u00f3n a ese dominio, en todos los Estados miembros. De acuerdo a las \u00faltimas actualizaciones del \u201cSeguidor Global de Ciberleyes\u201d montado con ese objetivo (UNCTAD, s\/f), actualmente existe legislaci\u00f3n sobre protecci\u00f3n de datos personales y privacidad en el ciberespacio en el 96% de los pa\u00edses de Europa, 69% de Am\u00e9rica, 57% de Asia y 50% de \u00c1frica. Desde otra perspectiva, cuentan con leyes de ese tipo el 89% de las naciones desarrolladas, 63% en v\u00edas de desarrollo y 43% de bajo desarrollo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Conclusiones<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El crecimiento sostenido de Internet, desde sus primeros pasos hace m\u00e1s de medio siglo, junto a la expansi\u00f3n y consolidaci\u00f3n del ciberespacio, constituyen eventos que han tenido un enorme impacto en todos los aspectos del funcionamiento de las sociedades contempor\u00e1neas. Un impacto que se incrementar\u00e1 en forma sostenida a corto y mediano plazo, seg\u00fan lo anticipan los desarrollos tecnol\u00f3gicos en curso y algunos conceptos que comienzan a integrarse a nuestro l\u00e9xico cotidiano. A modo de ejemplos, se pueden citar la Cuarta Revoluci\u00f3n Industrial, el Internet de las Cosas (IoT) y las redes 5G.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciberseguridad, enfocada en las amenazas y riesgos que se presentan y despliegan en el ciberespacio, incluye dentro de su esfera de inter\u00e9s todo lo relativo al enorme volumen de datos que fluye a trav\u00e9s de Internet y que se plasma en el concepto Big Data. En forma m\u00e1s espec\u00edfica, como lo indica su conceptualizaci\u00f3n, atiende a la disponibilidad, integridad y confidencialidad de esa informaci\u00f3n. De esa manera, son cuestiones de su competencia la libertad de acceso a Internet, considerado un derecho humano b\u00e1sico; la credibilidad de la informaci\u00f3n existente en la red, en vistas a su eventual manipulaci\u00f3n; y el manejo de los datos personales que circulan por ella, desde la perspectiva del derecho a la privacidad. En la actualidad, estos tres temas generan severas preocupaciones entre los internautas que, lejos de ser infundadas, gozan de importante sustento.<\/p>\n\n\n\n<p>Las redes sociales, que hoy alcanzan a m\u00e1s de la mitad de la poblaci\u00f3n mundial, juegan un rol central en los debates en torno a la privacidad de los datos personales. Esta importancia se fundamenta en la enorme y heterog\u00e9nea cantidad de informaci\u00f3n de sus usuarios que recolectan esas plataformas, as\u00ed como el perfil que se traza de ellos, a trav\u00e9s del empleo de algoritmos, con fines comerciales. Las dudas se generan en torno a la preservaci\u00f3n de esos datos, pues un eventual empleo de ellos, comprometiendo el anonimato del individuo, constituye un riesgo cierto que genera gran preocupaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Queda en evidencia, merced a profundas y medulosas investigaciones realizadas en el \u00e1mbito acad\u00e9mico, el riesgo accesorio de influencia en la conducta del internauta que generan las redes sociales, incluyendo el mecanismo de \u201cburbuja filtro\u201d y el sesgo de confirmaci\u00f3n. Esta cuesti\u00f3n guarda directa relaci\u00f3n con la esfera de seguridad, desde el momento en que las redes son vectores de <em>fake news<\/em> y <em>deep fakes<\/em> concebidas y emitidas de modo deliberado, con metas de manipulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La posverdad, entendida como una apreciaci\u00f3n de la realidad en la cual los hechos concretos ven relativizada su importancia, en funci\u00f3n de emociones y creencias personales, no constituye una derivaci\u00f3n de las <em>fake news<\/em>. Empero, la influencia de las segundas en la primera es imposible de soslayar. Este v\u00ednculo, adem\u00e1s, es capitalizado en los procesos de elaboraci\u00f3n de acciones de desinformaci\u00f3n, donde las narrativas se generan, y los canales de ejecuci\u00f3n se seleccionan, en funci\u00f3n del blanco seleccionado. Las <em>fake news<\/em> operan a modo de materia prima de las acciones de desinformaci\u00f3n, donde elementos de posverdad suelen estar incluidos en forma expl\u00edcita o velada.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto el abanico de efectos perniciosos que generan ese tipo de noticias, extremadamente heterog\u00e9neas en sus formatos, como las acciones de desinformaci\u00f3n que se elaboran a partir de ellas, justifican su atenci\u00f3n prioritaria desde la perspectiva de la ciberseguridad: desde desestabilizaciones pol\u00edticas de envergadura, e incluso rupturas de reg\u00edmenes democr\u00e1ticos, hasta crisis internacionales susceptibles de traspasar el umbral del empleo de la fuerza. La pertinencia de un enfoque de ciberseguridad se reafirma al comprobar que las operaciones de desinformaci\u00f3n son empleadas de manera recurrente por diferentes estados hacia otros actores de su ambiente externo, constituy\u00e9ndose la interferencia rusa en el proceso electoral estadounidense de 2016, un ejemplo paradigm\u00e1tico en cuanto a sus alcances.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha quedado planteado en el trabajo que los estados no s\u00f3lo desarrollan operaciones de desinformaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n adoptan posturas de cibersoberan\u00eda y despliegan actividades de vigilancia digital de diferente tenor. Las primeras refieren a la regulaci\u00f3n del acceso de los ciudadanos a las redes sociales y plataformas digitales, as\u00ed como del flujo transfronterizo de datos, que hoy afecta a las cuatro quintas partes de los usuarios de Internet en todo el mundo. Las segundas son acciones de amplio espectro que apuntan al monitoreo y control de los ciudadanos, sus conductas y los contenidos que manejan en el dominio digital. La inevitable reflexi\u00f3n, en este punto, gira en torno a la invocaci\u00f3n de la seguridad del cuerpo social, incluso del Estado como tal, como justificaci\u00f3n para estas conductas restrictivas. En reg\u00edmenes autoritarios, la vigilancia digital se configura como una herramienta de control social y pol\u00edtico menos vinculada con la seguridad que con la ideolog\u00eda, profundamente lesiva a los derechos y garant\u00edas individuales.<\/p>\n\n\n\n<p>Pudo constatarse que los alcances de la ciberseguridad se extienden m\u00e1s all\u00e1 de la ciberguerra, la cibercriminalidad, el ciberterrorismo, la protecci\u00f3n de las infraestructuras cr\u00edticas y otras cuestiones de tratamiento recurrente en este campo. Otros temas menos explorados desde esta perspectiva son igualmente pertinentes, como es el caso de la libertad de acceso a Internet, los riesgos de manipulaci\u00f3n de la informaci\u00f3n existente en la red, con fines de desinformaci\u00f3n, y la vulneraci\u00f3n de la privacidad del enorme volumen de datos personales que fluyen por ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Para concluir, frente al panorama descripto se constata el bajo nivel de institucionalizaci\u00f3n existente, en el plano internacional. La causa obedece a la ausencia de una convenci\u00f3n global de ciberseguridad, producto de la incompatibilidad entre las diferentes lecturas existentes sobre la materia, especialmente entre Occidente y el t\u00e1ndem Rusia-China. Con este panorama, los mecanismos de gobernanza vigentes apenas alcanzan a uno de los tres t\u00f3picos analizados en este trabajo, el de la vigilancia digital y la cibersoberan\u00eda. A tono con esa carencia, los desaf\u00edos que tiene por delante la comunidad internacional son enormes.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nota sobre el autor<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>Graduado y Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador). Tiene un M\u00e1ster en Sociolog\u00eda, reconocido por la Academia de Ciencias de la Rep\u00fablica Checa. Realiz\u00f3 estudios posdoctorales en Seguridad Internacional, en la Universidad Complutense de Madrid. Sus principales \u00e1reas de expertise giran en torno a la Seguridad Internacional, con \u00e9nfasis en amenazas no convencionales y transnacionales, seguridad p\u00fablica en Am\u00e9rica Latina y ciberseguridad. Ejerci\u00f3 la docencia durante treinta a\u00f1os en diferentes instituciones en niveles de grado, posgrado y doctorado. Ha escrito cuatro libros y colaborado con cap\u00edtulos en varios otros, adem\u00e1s de ser autor de numerosos art\u00edculos sobre su especialidad en revistas acad\u00e9micas de diversos pa\u00edses. Actualmente se desempe\u00f1a como Profesor Permanente (por concurso) en el Colegio Interamericano de Defensa, en Washington. Correo electr\u00f3nico: <a href=\"mailto:mariano.bartolome@iadc.edu\">mariano.bartolome@iadc.edu<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Anguita, Concepci\u00f3n y Bartolom\u00e9, Mariano (2021), \u201cEl Reto de la Gobernanza Global en Ciberseguridad. La Gesti\u00f3n de la Uni\u00f3n Europea y la Organizaci\u00f3n de Estados Americanos\u201d, en IV Congreso Internacional Comunicaci\u00f3n y Pensamiento, Comunicaci\u00f3n y pol\u00edtica en el mundo digital: tendencias actuales en propaganda, ideolog\u00eda y sociedad, Madrid: Dykinson, en prensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Bartolom\u00e9, Mariano (2020, 26 de septiembre), \u201cCiberseguridad: claves para entender su vigencia, din\u00e1mica y heterogeneidad en el mundo\u201d, <em>Infobae<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Boyd, Danah &amp; Ellison, Nicole (2007), \u201cSocial Network Sites: Definition, History, and Scholarship\u201d, <em>Journal of Computer-Mediated Communication<\/em>, Vol. 13, No. 1, pp. 210-230.<\/p>\n\n\n\n<p>Bradshaw, Samantha &amp; Howard, Phillip (2017), <em>Troops, Trolls and Troublemakers: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation<\/em>, Oxford: University of Oxford, Computational Propaganda Research Project<\/p>\n\n\n\n<p>Caldevilla Dom\u00ednguez, David (2010), \u201cLas Redes Sociales. Tipolog\u00eda, uso y consumo de las redes 2.0 en la sociedad digital actual\u201d, <em>Documentaci\u00f3n de las Ciencias de la Informaci\u00f3n<\/em>, No. 33, pp. 45-68.<\/p>\n\n\n\n<p>CCN-CERT (2019), <em>Desinformaci\u00f3n en el ciberespacio<\/em>, CCN-CERT BP\/13, febrero.<\/p>\n\n\n\n<p>Chaffey, Dave (2021), \u201cGlobal Social Media Research Summary 2021\u201d, <em>Smart Insights<\/em>, March 11.<\/p>\n\n\n\n<p>Chen, Brian (2020, October 20), \u201cIt\u2019s Google\u2019s World. We Just Live in It\u201d, <em>The New York Times<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Chesney, Robert y Citron, Danielle (2018), \u201cDeep Fakes: \u00bfuna crisis inminente para la seguridad nacional, la democracia y la privacidad?\u201d, <em>Lawfare<\/em>, 21 de febrero.<\/p>\n\n\n\n<p>CIGI (2019), <em>CIGI-Ipsos Global Survey on Internet Security &amp; Trust 2019. <\/em><em>Part I &amp; II<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Cobo, Crist\u00f3bal (2019), <em>Acepto las Condiciones: usos y abusos de las tecnolog\u00edas digitales<\/em>, Barcelona: Fundaci\u00f3n Santillana.<\/p>\n\n\n\n<p>Conversia (2020), \u201c\u00bfQu\u00e9 apps almacenan m\u00e1s datos personales de sus usuarios?\u201d, <em>Conversia<\/em>, 21 de diciembre.<\/p>\n\n\n\n<p>Edelman (2018), <em>2018 Edelman Trust Barometer Report<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ford, Elaine (2020), \u201cLa desinformaci\u00f3n y las fake news en tiempos de Covid-19\u201d, en Castillo, Gil y Delgado, Sebasti\u00e1n (Coord.), <em>Entre informaci\u00f3n y conspiraci\u00f3n<\/em>, Montevideo: KAS Oficina Uruguay, pp. 53-63.<\/p>\n\n\n\n<ul><li>(2021), \u201cSon fake news las fake polls?\u201d, <em>Di\u00e1logo Pol\u00edtico<\/em>, 19 de abril.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Freedom House (2020), <em>Freedom on The Net 2020. The Pandemic Digital Shadow<\/em>, New York: Freedom House<\/p>\n\n\n\n<p>Gady, Franz-Stefan &amp; Austin, Greg (2010), <em>Russia, the United States and Cyberdiplomacy<\/em>, New York: East-West Institute<\/p>\n\n\n\n<p>Galston, William (2020), \u201cIs seeing still believing? The Deepfake Challenge to Truth in Politics\u201d, <em>Brookings Institution<\/em>, January 8.<\/p>\n\n\n\n<p>Garro, Gabriela (2016), \u201cManipulaci\u00f3n de redes sociales\u201d, <em>Revista Vac\u00edo<\/em>, 25 de mayo.<\/p>\n\n\n\n<p>GlobeScan (2017), \u201cFake Internet Content a High Concern, but Appetite for Regulation Weakens\u201d, <em>Press Release<\/em>, September 21.<\/p>\n\n\n\n<p>Gold, Josh (2019), \u201cTwo Incompatible Approaches to Governing Cyberspace hinder Global Consensus\u201d, <em>Leiden Security and Global Affairs<\/em>, May 16.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoogensen Gj\u00f8rv, Gunhild (2020), \u201cCoronavirus, invisible threats and preparing for resilience\u201d, <em>NATO Review<\/em>, May 20.<\/p>\n\n\n\n<p>Hypponen, Mikko (2014), \u201cCiberataques\u201d, en Open Mind &amp; BBVA (Eds.), <em>Cambio. 19 ensayos fundamentales sobre c\u00f3mo Internet est\u00e1 cambiando nuestras vidas<\/em>, Madrid: BBVA, pp.102-123<\/p>\n\n\n\n<p>IAB Spain (2019), <em>Estudio Anual de las Redes Sociales<\/em>, Madrid: Asociaci\u00f3n de Publicidad, Marketing y Comunicaci\u00f3n Digital en Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Jaimovich, Desir\u00e9e (2019, 13 de octubre), \u201cYa hay redes sociales que tienen m\u00e1s habitantes que los pa\u00edses m\u00e1s poblados del planeta\u201d, <em>Infobae<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Jaitner, Margarita (2013), \u201cExercising Power in Social Media\u201d, en Rantapelkonen, Jari &amp; Salminen, Mirva (Eds.), <em>The Fog of Cyber Defense<\/em>, Helsinki: National Defense University, pp. 57-76.<\/p>\n\n\n\n<p>Karanicolas, Michael (2014), <em>Travel Guide to the Digital World: Surveillance and International Standards<\/em>, London: Global partners Digital.<\/p>\n\n\n\n<p>Kemp, Simon (2021), \u201cDigital 2021: Global Overview Report\u201d, <em>Datareportal<\/em>, January 27.<\/p>\n\n\n\n<p>Kissinger, Henry (2016), <em>Orden Mundial<\/em>, Barcelona: Debate<\/p>\n\n\n\n<p>Le Pan, Nicholas (2020), \u201cVisualizing the Length of the Fine Print, for 14 Popular Apps.\u201d, <em>Visual Capitalist<\/em>, April 18.<\/p>\n\n\n\n<p>Lissardy, Gerardo (2017, 9 de abril), \u201cDespreparada para a era digital, a democracia est\u00e1 sendo destru\u00edda, afirma guru do &#8216;big data&#8217;\u201d, <em>BBC Mundo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Lozano, Alberto (2020), \u201cPosverdad y Relaciones Internacionales\u201d, <em>Foreign Affairs Latinoam\u00e9rica<\/em>, octubre.<\/p>\n\n\n\n<p>Mac Farquhar, Neil (2018, February 18), \u201cInside the Russian Troll Factory: Zombies and a Breakneck Pace\u201d, <em>The New York Times<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Magnani, Esteban (2020), \u201cEl capitalismo actual es de vigilancia\u201d, <em>Nueva Sociedad<\/em>, Julio.<\/p>\n\n\n\n<p>Malaspina, Lucas (2020), \u201c\u00bfHacia un mundo felizmente vigilado?\u201d, <em>Nueva Sociedad<\/em>, abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Marcos Recio, Juan, S\u00e1nchez Vigil, Juan y Olivera Zald\u00faa, Mar\u00eda (2017), \u201cLa enorme mentira y la gran verdad de la informaci\u00f3n en tiempos de la posverdad\u201d, <em>Scire<\/em>, Vol. 23, No. 2, pp.13-23.<\/p>\n\n\n\n<p>Merino, Marcos (2021), \u201cUn boicot masivo a H&amp;M en China borra casi por completo de su Internet al mayor vendedor de &#8216;moda r\u00e1pida&#8217; del mundo\u201d, <em>Genbeta<\/em>, 26 de marzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Monle\u00f3n-Getino, Antonio (2015), \u201cEl impacto del Big data en la Sociedad de la Informaci\u00f3n. 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Between Cooperation and Competition\u201d, European Union Institute for Security Studies, <em>Issue Brief<\/em>, No. 17, April.<\/p>\n\n\n\n<p>Timberg, Craig &amp; Romm, Tony (2018, December 17), \u201cNew Report on Russian Disinformation, Prepared for the Senate, Shows the Operation\u2019s Scale and Sweep\u201d, <em>The Washington Post<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Toews, Rob (2020, 25 de mayo), \u201cLos deepfakes van a causar estragos en la sociedad. No estamos preparados\u201d, <em>Forbes<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tsaruk, Oleksandr &amp; Korniiets, Maria (2020), \u201cHybrid Nature of Modern Threats to Cybersecurity and Information Security\u201d, <em>Smart Cities and Development Journal<\/em>, Vol. 4, No. 11, pp. 57-78.<\/p>\n\n\n\n<p>UIT (2010), \u201cDecisiones destacadas de Guadalajara\u201d, Actualidades de la UIT 9\/2010, pp. 20-22.<\/p>\n\n\n\n<ul><li>(2020), \u201cInteligencia Artificial para el bien\u201d, <em>Documentos de antecedentes tem\u00e1ticos<\/em>, octubre.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>UNCTAD (s\/f), <em>Global Cyberlaw Tracker<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<ul><li>(2019), <em>Informe sobre la Econom\u00eda Digital 2019<\/em>, New York: United Nations Publications.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>UNESCO (2018), <em>Tendencias mundiales en libertad de expresi\u00f3n y desarrollo de los medios: informe mundial 2017\/2018<\/em>, Par\u00eds: UNESCO.<\/p>\n\n\n\n<ul><li>(2020), \u201cPeriodismo, libertad de prensa y Covid-19\u201d, <em>Serie de la UNESCO: Tendencias mundiales en libertad de expresi\u00f3n y desarrollo de los medios de comunicaci\u00f3n<\/em>.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>United Nations (2011), <em>Report of the Special Rapporteur on the promotion and protection of the right to freedom of opinion and expression, Frank La Rue<\/em>, A\/HRC\/17\/27, May 16.<\/p>\n\n\n\n<p>Urgessa, Worku (2020), \u201cMultilateral Cybersecurity Governance: Divergent Conceptualizations and its Origin\u201d, <em>Computer Law &amp; Security Review<\/em>, No. 36, pp. 1-8. Yuan, Li (2019, 5 de enero), \u201cAs\u00ed funciona una f\u00e1brica de censura en China\u201d, <em>The New York Times en espa\u00f1ol<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> La encuesta fue realizada para la BBC por la empresa GlobeScan y el universo de an\u00e1lisis incluy\u00f3 a 27 mil adultos en 26 pa\u00edses de todos los continentes.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a> En este art\u00edculo se calculaba a los usuarios de Facebook y Youtube en 2300 y 1900 millones de personas, respectivamente. Los \u00faltimos guarismos elevan sendos totales a 2740 y casi 2300 millones, ampli\u00e1ndose as\u00ed la diferencia con China y la India. Adem\u00e1s, entre <em>youtubers<\/em> y chinos deber\u00edan ubicarse a los usuarios de Whatsapp, no computados en el art\u00edculo period\u00edstico y estimados en 2000 millones de personas (Chaffey, 2021).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a> El estudio en cuesti\u00f3n fue realizado por la compa\u00f1\u00eda de seguridad inform\u00e1tica Clario Tech. La informaci\u00f3n que recopilan las redes sociales incluye nombre, profesi\u00f3n o actividad laboral, salario, edad, fecha y lugar de nacimiento, lugar de residencia, medidas corporales, orientaci\u00f3n sexual, creencias religiosas, hobbies o pasatiempos y gustos musicales, entre otros. Con este contexto, Facebook almacena el 70% de los datos personales que el usuario le habilita a recolectar, Instagram el 59% y Tinder el 53%.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a> Estos resultados se desprenden de un estudio realizado por la consultora Visual Capitalist tomando como universo de an\u00e1lisis a veintiuna redes sociales, aplicaciones y plataformas digitales. El tiempo de lectura se calcul\u00f3 en idioma ingl\u00e9s, a partir de la extensi\u00f3n de los acuerdos de t\u00e9rminos y condiciones de uso de estas compa\u00f1\u00edas, medida en palabras, tomando como referencia que una persona adulta y educada lee un promedio de 240 palabras por minuto. La pesquisa indic\u00f3, adem\u00e1s, que el 97% de los usuarios de redes sociales, aplicaciones y plataformas suele aceptar sus t\u00e9rminos de uso sin haber realizado una lectura de las condiciones.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a> Este concepto corresponde al economista Herbert Simon, Premio Nobel de Econom\u00eda, e indica que lo que la informaci\u00f3n consume es bastante obvio: la atenci\u00f3n de sus consumidores. Por lo tanto, una gran cantidad de informaci\u00f3n crea una pobreza de atenci\u00f3n y la necesidad de asignar esa atenci\u00f3n eficientemente entre la abundancia de fuentes de informaci\u00f3n que podr\u00edan consumirla.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a> Una presentaci\u00f3n de este documental se puede consultar en la red Youtube: <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=QEiRXsEqpCA&amp;feature=emb_logo\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=QEiRXsEqpCA&amp;feature=emb_logo<\/a>&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\"><sup>[7]<\/sup><\/a> DAAM: Derechos, Apertura, Accesibilidad y M\u00faltiples Actores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MARIANO C\u00c9SAR BARTOLOM\u00c9 Colegio Interamericano de Defensa (Washington), Estados Unidos Title: Social Media, Disinformation, Cyber Sovereignty and Digital Surveillance: Vision from Cybersecurity Resumen: Luego de un desarrollo de cincuenta a\u00f1os, Internet es la piedra basal del ciberespacio. Los usuarios de esta red superan ampliamente la mitad de la poblaci\u00f3n mundial y su influencia alcanza todos&hellip;&nbsp;<a href=\"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/redes-sociales-desinformacion-cibersoberania-y-vigilancia-digital-una-vision-desde-la-ciberseguridad\/\" class=\"\" rel=\"bookmark\">Leer m\u00e1s &raquo;<span class=\"screen-reader-text\">Redes sociales, desinformaci\u00f3n, cibersoberan\u00eda y vigilancia digital: una visi\u00f3n desde la ciberseguridad<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"neve_meta_sidebar":"full-width","neve_meta_container":"","neve_meta_enable_content_width":"on","neve_meta_content_width":100,"neve_meta_title_alignment":"","neve_meta_author_avatar":"","neve_post_elements_order":"","neve_meta_disable_header":"","neve_meta_disable_footer":"","neve_meta_disable_title":""},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v15.2.1 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Redes sociales, desinformaci\u00f3n, cibersoberan\u00eda y vigilancia digital: una visi\u00f3n desde la ciberseguridad - Revista de Estudios en Seguridad Internacional<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/redes-sociales-desinformacion-cibersoberania-y-vigilancia-digital-una-vision-desde-la-ciberseguridad\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Redes sociales, desinformaci\u00f3n, cibersoberan\u00eda y vigilancia digital: una visi\u00f3n desde la ciberseguridad - Revista de Estudios en Seguridad Internacional\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"MARIANO C\u00c9SAR BARTOLOM\u00c9 Colegio Interamericano de Defensa (Washington), Estados Unidos Title: Social Media, Disinformation, Cyber Sovereignty and Digital Surveillance: Vision from Cybersecurity Resumen: Luego de un desarrollo de cincuenta a\u00f1os, Internet es la piedra basal del ciberespacio. 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