{"id":460,"date":"2021-11-29T09:13:30","date_gmt":"2021-11-29T09:13:30","guid":{"rendered":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/?page_id=460"},"modified":"2021-11-29T09:13:31","modified_gmt":"2021-11-29T09:13:31","slug":"una-aproximacion-geopolitica-a-las-causas-de-la-guerra","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/una-aproximacion-geopolitica-a-las-causas-de-la-guerra\/","title":{"rendered":"Una aproximaci\u00f3n geopol\u00edtica a las causas de la guerra"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\">ESTEBAN VIDAL P\u00c9REZ<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Universidad del Pa\u00eds Vasco, Espa\u00f1a<\/p>\n\n\n\n<p>Title: A Geopolitical Approach to the Causes of War<\/p>\n\n\n\n<p>Resumen: Este art\u00edculo trata los diferentes enfoques geopol\u00edticos de las causas de la guerra. Comienza con la exposici\u00f3n de la relaci\u00f3n hist\u00f3rica entre la geopol\u00edtica y la guerra a partir de las contribuciones de diferentes autores para presentar las principales explicaciones sobre esta materia. De esta forma analizamos el papel de la geograf\u00eda en la guerra y su impacto en los conflictos. Esto nos conduce a la perspectiva organicista que considera que la expansi\u00f3n del Estado es un fen\u00f3meno natural que produce la guerra. Adem\u00e1s, la geograf\u00eda f\u00edsica influye en el estallido de la guerra. El segundo enfoque es el de la disposici\u00f3n de las tierras emergidas que afirma que determinados lugares son propensos a la guerra debido a su ubicaci\u00f3n estrat\u00e9gica. El tercer enfoque es el accidentalista. Los autores de esta perspectiva afirman que la guerra depende de la distancia geogr\u00e1fica entre pa\u00edses y los conflictos fronterizos. Finalmente, desarrollamos una nueva perspectiva basada en la fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica para explicar la guerra en la Europa moderna. Este enfoque explora la importancia de la fragmentaci\u00f3n en la formaci\u00f3n del Estado moderno y en el moldeamiento de un entorno an\u00e1rquico con el nacimiento del sistema de Estados. La guerra se convirti\u00f3 en un rasgo del sistema internacional debido a que el Estado moderno naci\u00f3 para hacer la guerra y se convirti\u00f3 en la instituci\u00f3n dominante. Por tanto, la fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica es la causa principal de la violencia entre Estados en la Europa moderna.<\/p>\n\n\n\n<p>Palabras clave: Geopol\u00edtica, Guerra, Causas de la guerra, Fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Abstract: This paper discusses different geopolitical approaches to the causes of war. It starts by setting forth the historical relationship between geopolitics and warfare through different authors\u2019 contributions to introduce the main explanations of this matter. In this way, we analyze the role of geography in warfare and its impact on conflicts. That leads us to the organicist perspective, which considers the expansion of the State a natural phenomenon that engenders war. Besides, physical geography also influences war outbreak. The second approach is the disposition of emerged land, which argues that specific places are prone to warfare due to their strategic location. The third approach is the accidental view. Its authors contend that war depends on the geographical distance between countries and border conflicts. Finally, we develop a new perspective based on geopolitical fragmentation to explain the war in modern Europe. This view explores the importance of fragmentation in the formation of the modern State and the shaping of an anarchical environment with the birth of the State\u2019s system. Warfare became a trait of the international system because the modern State was born to wage war, and it became the dominant institution. Therefore, geopolitical fragmentation is the root cause behind violence between States in modern Europe. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Keywords: Geopolitics, Warfare, Causes of war, Geopolitical fragmentation.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para citar este art\u00edculo\/To cite this article<\/strong>: Esteban Vidal, &lt;&lt;Una aproximaci\u00f3n geopol\u00edtica a las causas de la guerra>>,\u00a0<em>Revista de Estudios en Seguridad Internacional<\/em>, Vol. 7, No. 2, (2021), pp. 105-124. DOI: <a href=\"http:\/\/dx.doi.org\/10.18847\/1.14.6\">http:\/\/dx.doi.org\/10.18847\/1.14.6<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El debate de las causas de la guerra nunca pierde actualidad a pesar de lo mucho que ha sido escrito al respecto. La raz\u00f3n es bastante simple, la guerra constituye un fen\u00f3meno recurrente en la historia pol\u00edtica internacional, y dada la gravedad que entra\u00f1a no es sorprendente que numerosos autores le hayan dedicado especial atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Como consecuencia de la extensa bibliograf\u00eda que se ha generado en torno a esta cuesti\u00f3n nos encontramos con una gran variedad de explicaciones que, desde puntos de vista diferentes, tratan de dilucidar las causas que originan la guerra. Esto ha servido para la publicaci\u00f3n de una considerable cantidad de manuales que agrupan de manera sistem\u00e1tica la gran mayor\u00eda de los enfoques que existen. En lo que a esto se refiere encontramos distintas categor\u00edas en funci\u00f3n del nivel de an\u00e1lisis, la teor\u00eda utilizada, etc., (Cash, 2014; Levy &amp; Thompson, 2010; Evera, 1999) sin olvidar tampoco las aportaciones de otros autores pertenecientes a disciplinas distintas de las Relaciones Internacionales (Howard, 1987; Blainey, 1988; Kagan, 2003; Hanson, 2011).<\/p>\n\n\n\n<p>Las aproximaciones a las causas de la guerra hechas desde la teor\u00eda de las relaciones internacionales son variadas, especialmente en el \u00e9nfasis que es puesto en determinados aspectos o niveles de an\u00e1lisis. En este sentido el ensayo <em>Man, the State and War<\/em> de Kenneth Waltz es bastante clarificador al presentar diferentes im\u00e1genes que clasifican las distintas teor\u00edas de las causas de la guerra en funci\u00f3n de diferentes niveles de an\u00e1lisis. As\u00ed, en el primer nivel encontramos las teor\u00edas que se basan en la naturaleza humana, y que son tan frecuentes en el realismo cl\u00e1sico y en sus principales precursores (Morgenthau, 1963; Maquiavelo, 2006; Hobbes, 2018; Tuc\u00eddides, 1988), as\u00ed como aquellos estudios centrados en los l\u00edderes pol\u00edticos (George, 1969; Holsti &amp; George, 1975; Jervis 1976). La segunda imagen, por el contrario, abarca las teor\u00edas que centran la atenci\u00f3n en las caracter\u00edsticas del Estado como causa de la guerra. No s\u00f3lo encontramos a Lenin y su teor\u00eda del imperialismo (1974), como se\u00f1ala Waltz, sino tambi\u00e9n a Hobson (1981), Kant (1949), Schumpeter (1986), Kissinger (1957: 316-320; 1964: 1-6; 1968: 899), etc. La tercera imagen, en cambio, es la que presenta la distribuci\u00f3n de poder en el sistema internacional como la causa de los conflictos b\u00e9licos, lo que es debido a su estructura an\u00e1rquica. Inevitablemente este enfoque conduce a estudios relacionados con la estabilidad del sistema internacional en funci\u00f3n de su organizaci\u00f3n en polos de poder (unipolarismo, bipolarismo, multipolarismo, etc.) (Waltz, 1988; Gullick, 1955; Deutsch &amp; Singer, 1964; Morgenthau, 1963).<\/p>\n\n\n\n<p>Las aportaciones hechas desde el realismo para entender los motivos de la guerra son significativas, lo que no ha impedido el desarrollo de cr\u00edticas y la aparici\u00f3n de modelos explicativos alternativos. Esto es lo ocurrido con los enfoques racionalistas y estrat\u00e9gicos que ponen de manifiesto las deficiencias emp\u00edricas del realismo estructural. Lo anterior est\u00e1 reflejado en la teor\u00eda de juegos y los enfoques estrat\u00e9gicos (Schelling, 1960; Morrow, 1994), y en diferente medida en los modelos racionales procedentes en su mayor parte de la econom\u00eda (Brito &amp; Intriligator, 1985; Powell, 1993; Fearon, 1995; Wagner, 2000; Jackson &amp; Morelli, 2011).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque algunas perspectivas te\u00f3ricas hacen referencia al papel de la geograf\u00eda a la hora de explicar la guerra, tal y como sucede en el realismo defensivo (Levy &amp; Thompson, 2010: 35), lo cierto es que la ausencia de un enfoque espec\u00edficamente geopol\u00edtico brilla por su ausencia pese a las importantes aportaciones hechas en dicho \u00e1mbito de conocimiento. Por esta raz\u00f3n este art\u00edculo tiene como finalidad explorar las principales explicaciones geopol\u00edticas de la guerra. Para ello comenzaremos con una presentaci\u00f3n general del estado de la cuesti\u00f3n que nos conducir\u00e1 a examinar con mayor detalle cada uno de los modelos explicativos para, finalmente, plantear una perspectiva diferente que responda a nuestra pregunta de investigaci\u00f3n: \u00bfcu\u00e1les son las causas de la guerra en el contexto de Europa occidental durante la \u00e9poca moderna?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una aproximaci\u00f3n geopol\u00edtica al fen\u00f3meno de la guerra<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cabe preguntarse qu\u00e9 importancia tiene la guerra en la geopol\u00edtica para plantear una aproximaci\u00f3n al fen\u00f3meno b\u00e9lico desde esta perspectiva. Sobre este aspecto de la geopol\u00edtica cabe hacer dos precisiones iniciales. La propia geopol\u00edtica tiene como base y fundamento el saber geogr\u00e1fico que es por definici\u00f3n un saber estrat\u00e9gico al que muy acertadamente Yves Lacoste considera un arma para la guerra (1977; Pinto, 1986). Aunque conceptualmente la guerra est\u00e1 relacionada con la geopol\u00edtica, no menos relevante es constatar que el desarrollo de este \u00e1mbito de conocimiento estuvo \u00edntimamente unido al estudio de la guerra. As\u00ed lo demuestra el concepto de \u201cWehr-Geopolitik\u201d, geopol\u00edtica para la guerra, elaborado en Alemania durante el periodo de entreguerras, y que pone de manifiesto la influencia de diferentes aspectos de la geograf\u00eda en la estrategia militar (Haushofer, 1932; 1966; Banse, 1932; Franke, 1936: 112 y siguientes; Niedermayer, 1940; 1942).<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto, la conflictividad del entorno internacional es una cuesti\u00f3n central en las reflexiones e investigaciones geopol\u00edticas. Prueba de esto es la geopol\u00edtica neocl\u00e1sica surgida despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial que orient\u00f3 sus investigaciones hacia los estudios estrat\u00e9gicos (Mamadouh, 1998). Todo esto no deja de ser el reflejo de un hecho fundamental, que no es otro que la dimensi\u00f3n espacial de la guerra y la influencia que el medio geogr\u00e1fico ejerce tanto sobre los conflictos b\u00e9licos como sobre las relaciones internacionales. Nigel Thrift y Dean Forbes lo resumieron as\u00ed: \u201cConflict always takes place in determinate spatial settings; indeed it is moulded by it. How, why, and even wether people struggle in particular, historically determinate political arenas and how space shapes both the form of this struggle and the people involved in it are questions we take to be at the core of any political geography\u201d (1983: 247).<\/p>\n\n\n\n<p>El principal problema que se presenta a la hora de abordar la guerra desde una perspectiva geopol\u00edtica es que la mayor\u00eda de las aproximaciones consideran que su \u00fanico protagonista es el Estado. \u201cWar |&#8230;| is large-scale organised violence with at least one state as a party\u201d (Wusten, 1985: 13). Ciertamente esta es una importante limitaci\u00f3n a la hora de explicar la guerra, pues esta constituye un fen\u00f3meno que no es exclusivo de los Estados. Un ejemplo de esto es la Europa del Renacimiento en la que las guerras las protagonizaron distintos actores pol\u00edticos, desde ciudades-Estado hasta el Imperio, pasando por ligas de ciudades-Estado, se\u00f1or\u00edos de diferente naturaleza y dimensi\u00f3n, etc.<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a> Sin embargo, esto no niega un hecho fundamental que de alguna manera ya ha sido expresado antes, y es que toda guerra, independientemente de qui\u00e9nes la protagonicen, se produce en un escenario geogr\u00e1fico determinado. Esto es lo que hist\u00f3ricamente ha conferido a la guerra un componente territorial que se refleja en el \u00e1nimo de las partes beligerantes de controlar la totalidad o una parte del territorio del adversario. As\u00ed pues, \u201c|&#8230;| la guerra es el acto violento y cruento m\u00e1ximo de lucha por la apropiaci\u00f3n f\u00edsica de un territorio, a fin de imponer en \u00e9l el dominio de una formaci\u00f3n social pol\u00edticamente configurada, frente a otra que tambi\u00e9n quiere ocupar el mismo territorio o bien que no quiere perderlo\u201d (S\u00e1nchez, 1986: 225).<\/p>\n\n\n\n<p>La geopol\u00edtica no persigue explicar la guerra a trav\u00e9s de la geograf\u00eda, sino que plantea una perspectiva que pone en relaci\u00f3n los fen\u00f3menos pol\u00edticos con el medio geogr\u00e1fico en el que se desenvuelven.<a href=\"#_ftn2\">[2]<\/a> En la medida en que la guerra constituye un fen\u00f3meno de car\u00e1cter pol\u00edtico, la aproximaci\u00f3n a la misma gira en torno a su relaci\u00f3n con la geograf\u00eda, y c\u00f3mo desde la geopol\u00edtica se han articulado diferentes explicaciones acerca del modo en el que los factores geogr\u00e1ficos influyen en el desencadenamiento de conflictos b\u00e9licos.<\/p>\n\n\n\n<p>La geopol\u00edtica comprende tres grandes grupos de explicaciones de las causas de la guerra. La primera de ellas, y que est\u00e1 ligada a los precursores de este \u00e1mbito de conocimiento, es la que concibe la guerra como una necesidad para la supervivencia de los Estados-organismos. La segunda es la guerra entendida como la consecuencia de la disposici\u00f3n de las tierras emergidas. Y finalmente est\u00e1 el grupo de explicaciones que presentan la guerra como un accidente espacial m\u00e1s o menos inevitable que es el resultado de las fricciones fronterizas entre Estados. Todo esto servir\u00e1 para plantear en el apartado final nuestra particular perspectiva, basada en la hip\u00f3tesis de que las teor\u00edas geopol\u00edticas m\u00e1s extendidas son reduccionistas, y que una buena teor\u00eda que explique las causas de la guerra requiere combinar aspectos geopol\u00edticos con otros derivados de enfoques sist\u00e9micos procedentes de las Relaciones Internacionales.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La perspectiva organicista<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esta perspectiva parte de dos premisas. Por un lado, la equiparaci\u00f3n del Estado con un organismo vivo que busca sobrevivir y expandirse de cara a realizar sus potencialidades. Y por otro lado la analog\u00eda que es establecida entre el medio internacional y el medio natural como dos \u00e1mbitos en los que se produce una permanente lucha por la existencia. La guerra, entonces, es el resultado de las interacciones de los Estados que tratan de expandirse, pero tambi\u00e9n la consecuencia de la voluntad de autoafirmaci\u00f3n de los propios Estados.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta imagen del Estado como un organismo vivo tiene sus antecedentes en la geograf\u00eda pol\u00edtica alemana en la medida en que sus principales impulsores proced\u00edan de la biolog\u00eda, como es el caso de Friedrich Ratzel, y trasladaron a la geograf\u00eda sus particulares nociones organicistas. Posteriormente esto tuvo su reflejo en la geopol\u00edtica como \u00e1mbito de conocimiento a trav\u00e9s de su creador, Rudolf Kjell\u00e9n, quien conceptualiza el Estado como forma de vida (Kjell\u00e9n, 1916; Mattern, 1942: 70; Tunander, 2001). Como consecuencia de este planteamiento de base, los Estados, al igual que los seres vivos, compiten entre s\u00ed por la ocupaci\u00f3n de la superficie terrestre. La lucha por el territorio es lo que origina la guerra al ser este un elemento constitutivo del Estado, pero sobre todo una fuerza pol\u00edtica que es fuente de poder. La guerra, entonces, viene a ser un proceso natural propio de la evoluci\u00f3n de los Estados. De hecho, Ratzel, en su s\u00e9ptima ley del crecimiento de los Estados, describe el contexto geopol\u00edtico que favorece el conflicto entre pa\u00edses y eventualmente la guerra. \u201cAl ganar en consideraci\u00f3n en tanto que valor pol\u00edtico, el territorio se ha convertido en una influencia cada vez m\u00e1s importante, ya que funciona como medida de poder pol\u00edtico y como bot\u00edn en las luchas estatales\u201d (Ratzel, 2011: 154). De todo esto se desprende que las rivalidades entre Estados aumentan el apetito por el crecimiento territorial, lo que hace que el expansionismo sea una tendencia inherente a los Estados, pues en aquellos en los que dicha tendencia no se manifiesta decaen y mueren.<\/p>\n\n\n\n<p>En una l\u00ednea parecida a la de Ratzel encontramos a su disc\u00edpula Ellen Churchill Semple. Para esta ge\u00f3grafa estadounidense los factores geogr\u00e1ficos explican la guerra, pues causas de orden clim\u00e1tico, el relieve, etc., son las que se encuentran en el origen de la misma. A esto sumaba el territorio como principal fuente de conflictos entre los Estados. \u201cIn history, the question of territory |&#8230;| has constantly come to the front, because a state obviously involved land and boundaries, and assumed as its chief function the defence and extension of these\u201d (Semple, 1911: 51). Al igual que Semple, el ge\u00f3grafo, tambi\u00e9n estadounidense, Ellsworth Huntington relaciona las guerras con el clima. De este modo el clima genera ciclos hist\u00f3ricos al mismo tiempo que est\u00e1 relacionado con determinados tipos psicol\u00f3gicos que explican las tendencias a la guerra (Huntington, 1945: 509 y siguientes). Huntington combina todo esto con el darwinismo, de modo que la guerra y la persecuci\u00f3n constituyen un factor de selecci\u00f3n que afecta a la evoluci\u00f3n de las razas, lo que hace que los elementos psicol\u00f3gica y f\u00edsicamente d\u00e9biles desaparezcan en el transcurso de los conflictos b\u00e9licos o persecuciones (Huntington, 1945: 160-166).<\/p>\n\n\n\n<p>Como ya ha sido indicado, Kjell\u00e9n concibe el Estado como un organismo, con lo que la guerra no es otra cosa que el resultado de una permanente lucha por la supervivencia de los Estados como formas de vida, todo lo cual se inscribe en el contexto m\u00e1s amplio de la selecci\u00f3n natural que impone el medio internacional. Se trata de un medio en el que rige la ley natural de la lucha por la existencia, donde impera la m\u00e1xima de que la necesidad no conoce ninguna regla, y consecuentemente donde el derecho tiene una importancia menor en la medida en que pasa a un segundo plano cuando la supervivencia del Estado est\u00e1 en juego. A esto se suma la importancia del territorio como elemento constitutivo del Estado-organismo, lo que hace que este mantenga una permanente disposici\u00f3n para la guerra en la medida en que cualquier p\u00e9rdida territorial es una amenaza a su existencia. Esto es debido a que Kjell\u00e9n considera el territorio el cuerpo del Estado, de manera que su p\u00e9rdida es como la p\u00e9rdida de un \u00f3rgano del cuerpo (Kjell\u00e9n, 1916: 41).<\/p>\n\n\n\n<p>En la medida en que Kjell\u00e9n concibe al Estado como una forma de vida, identifica la existencia de Estados vigorosos que cuentan con un espacio limitado y que est\u00e1n sujetos al imperativo de extenderlo a trav\u00e9s de diferentes medios como la conquista. De esta manera, y en la misma l\u00ednea que Ratzel, Kjell\u00e9n naturaliza el expansionismo y el imperialismo al considerarlos un fen\u00f3meno de la naturaleza y no el resultado de un deseo de conquista m\u00e1s o menos premeditado, pues todo ello responde al ciclo biol\u00f3gico del propio Estado en tanto ser vivo que lucha por sobrevivir en un medio hostil y desarrollar plenamente todas sus potencialidades a trav\u00e9s del crecimiento territorial (Kjell\u00e9n, 1916: 67; Atencio, 1986: 110). La expansi\u00f3n territorial, en definitiva, es la expresi\u00f3n de la vitalidad del Estado, lo que hace de la guerra un proceso no s\u00f3lo para el desarrollo de su potencial, sino tambi\u00e9n una forma de autoafirmaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Geopolitik encontramos a Richard Hennig y Leo K\u00f6rholz quienes, al igual que la mayor\u00eda de autores de su tiempo, asumieron los planteamientos expansionistas esbozados por los iniciadores de la geopol\u00edtica, especialmente Ratzel y Kjell\u00e9n (Hennig y K\u00f6rholz, 1977: 161). En este sentido la guerra no es otra cosa que el resultado del ansia de expansi\u00f3n territorial y la b\u00fasqueda de un espacio vital. La misma idea de \u201cLebensraum\u201d arrastra la connotaci\u00f3n organicista del Estado, y consecuentemente redefine la guerra en unos t\u00e9rminos biologicistas en los que el espacio es la salvaguardia de la existencia del ente estatal. Esta idea es una constante en la Geopolitik y sobre todo una expresi\u00f3n muy clara de la perspectiva organicista de las causas de la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La perspectiva de la posici\u00f3n de las tierras emergidas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un an\u00e1lisis diferente al anterior plantea la guerra como el resultado de las posiciones geogr\u00e1ficas, m\u00e1s o menos antag\u00f3nicas, que, dada su importancia estrat\u00e9gica, influyen de un modo decisivo en las relaciones internacionales y determinan los enfrentamientos entre pa\u00edses. Existen, entonces, una serie de contradicciones estrat\u00e9gicas en la geograf\u00eda mundial que definen los t\u00e9rminos de los conflictos. Esta contradicci\u00f3n es la que se produce entre la tierra y el mar, y de la que se derivan los enfrentamientos entre las potencias mar\u00edtimas y las potencias continentales. La historia es concebida en estos t\u00e9rminos geopol\u00edticos como una permanente lucha entre la tierra y el mar. Halford Mackinder es sin duda uno de los principales exponentes de esta perspectiva que esboz\u00f3 a principios del s. XX y desarroll\u00f3 posteriormente (1904; 1996), e igualmente Alfred Mahan (1900; 2007).<\/p>\n\n\n\n<p>En la medida en que la geograf\u00eda condiciona el desencadenamiento de la guerra en funci\u00f3n de la distribuci\u00f3n de las tierras emergentes, existen, asimismo, una serie de tendencias en la organizaci\u00f3n espacial del conflicto. La conjunci\u00f3n de la disposici\u00f3n del espacio geogr\u00e1fico y la tendencia de los Estados a expandirse hace que los conflictos tiendan a concentrarse en las mismas regiones a causa de su importancia estrat\u00e9gica para la dominaci\u00f3n mundial, y que son por ello los lugares en los que las potencias mar\u00edtimas y continentales escenifican sus enfrentamientos militares.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda la geopol\u00edtica anglosajona es prolija en autores que sostienen este punto de vista, pues no s\u00f3lo est\u00e1n Mahan y Mackinder, sino tambi\u00e9n Colin Gray, quien subraya la importancia de la posici\u00f3n estrat\u00e9gica de determinadas zonas geogr\u00e1ficas como el heartland y su papel pivote en la pol\u00edtica internacional a causa de su inalcanzable poder potencial. De esta forma las relaciones internacionales son representadas como una lucha entre poderes mar\u00edtimos y continentales por la dominaci\u00f3n mundial (Gray, 1977; 1989; Nijman, 1994). Zbigniew Brzezinski tambi\u00e9n se manifiesta de un modo parecido al conceptualizar la lucha entre EE.UU. y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica como una manifestaci\u00f3n m\u00e1s de la eterna lucha entre la tierra y el mar, entre las potencias mar\u00edtimas y las continentales (Brzezinski, 1986: 12).<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente este punto de vista se populariz\u00f3 durante la Guerra Fr\u00eda. Ya terminada la Segunda Guerra Mundial el ge\u00f3grafo estadounidense Derwent Whittlesey defini\u00f3 el conflicto entre Rusia y Occidente en los t\u00e9rminos de una lucha entre potencias mar\u00edtimas y una gran potencia continental (Whittlesey, 1948: 616). Si bien hay que constatar que esta perspectiva ya estaba presente con bastante antelaci\u00f3n y tuvo especial recorrido en el marco de la geopol\u00edtica alemana del periodo de entreguerras. Al fin y al cabo la Geopolitik recibi\u00f3 la influencia de la geopol\u00edtica anglosajona a pesar de que predomin\u00f3 un enfoque organicista de las causas de la guerra. As\u00ed, Karl Haushofer, por ejemplo, tambi\u00e9n concibe la historia como un permanente enfrentamiento entre potencias mar\u00edtimas y continentales. En la medida en que Haushofer fue uno de los desarrolladores de la llamada Wehrgeopolitik, entiende la guerra a partir del enfrentamiento entre la tierra y el mar como fuerza rectora de la historia. Como consecuencia de esto la disposici\u00f3n de las tierras emergentes genera las condiciones que provocan la guerra (Haushofer, 1932: 62 y siguientes). En una l\u00ednea parecida est\u00e1 el jurista Carl Schmitt, quien tambi\u00e9n afirma que \u201cla historia universal es la historia de la lucha entre las potencias mar\u00edtimas contra las terrestres y de las terrestres contra las mar\u00edtimas\u201d (1952: 16).<a href=\"#_ftn3\">[3]<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>En otro lugar encontramos en el mundo franc\u00f3fono al almirante Raoul Castex quien, en consonancia con lo dicho por Mahan y Mackinder, enfatiza la importancia de la ubicaci\u00f3n estrat\u00e9gica de algunos lugares, pues constituye un factor importante a la hora de desatar conflictos y guerras. Aunque su condici\u00f3n de almirante le condujo a desarrollar un enfoque hecho desde el papel del mar en la guerra, el planteamiento general del que parte incide en la influencia que la posici\u00f3n de las tierras emergidas desempe\u00f1a en el estallido de los conflictos b\u00e9licos (Castex, 1938-1942; Coutau-B\u00e9garie, 1987: 193-221).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde una perspectiva parcialmente diferente a las de los anteriores autores en la medida en que no toma como base la dial\u00e9ctica de enfrentamiento entre la tierra y el mar, encontramos lo dicho por dos especialistas en polemolog\u00eda, concretamente Gaston Bouthoul y Ren\u00e9 Carrere. Estos autores se\u00f1alan la existencia de diferentes lugares en los que dada su naturaleza constituyen una fuente de conflictos y eventualmente de guerra. Estos lugares presentan una serie de caracter\u00edsticas debido a que en ellos se localizan diferentes frentes de agresividad como los clim\u00e1ticos y vegetales, los meteorol\u00f3gicos y los s\u00edsmicos. Se trata, en suma, de frentes que constituyen el espacio privilegiado de luchas, enfrentamientos, perturbaciones y erupciones (Bourthoul y Carrere, 1977: 195). Aunque este planteamiento puede resultar inicialmente muy determinista, los autores se\u00f1alan que estos frentes est\u00e1n sometidos al cambio, con lo que la noci\u00f3n de enemigo hereditario y eterno aliado carecen de sentido. Por tanto, existen localizaciones preferentes de los enfrentamientos cuya identificaci\u00f3n requiere el uso de un m\u00e9todo cient\u00edfico como es el an\u00e1lisis de datos. Seg\u00fan este punto de vista la investigaci\u00f3n no pretende pensar la guerra en tanto pr\u00e1ctica pol\u00edtica y geogr\u00e1fica, sino m\u00e1s bien \u201c|&#8230;| d&#8217;\u00e9valuer statisquement les fr\u00e9quences et les localisations des \u00e9v\u00e9nements \u201ctrouble-paix\u201d\u201d (Varlin, 1976: 150).<\/p>\n\n\n\n<p>En otro lugar encontramos la no menos interesante aportaci\u00f3n de autores como James Fairgrieve. Este disc\u00edpulo de Mackinder asume gran parte de los planteamientos geopol\u00edticos de su maestro y desarrolla su propia aproximaci\u00f3n a la cuesti\u00f3n b\u00e9lica. De hecho, Fairgrieve entiende la interrelaci\u00f3n entre geograf\u00eda e historia de una forma comprehensiva. De esta manera contempla la historia desde un punto de vista geogr\u00e1fico, lo que le conduce a analizar la distribucci\u00f3n del \u00e1rea terrestre del planeta como un hecho fundamental cuyo centro lo ubica en lo que denomina \u201cel paralelogramo del viejo mundo\u201d. Esta zona, que abarca las tierras de la cuenca mediterr\u00e1nea y que alcanzan parte de Oriente Medio as\u00ed como las zonas m\u00e1s occidentales de Europa, la consider\u00f3 el centro de la historia de la humanidad. La raz\u00f3n de todo esto es que constituye la regi\u00f3n desde la que las costas de este paralelogramo fueron sometidas e integradas en el sistema mar\u00edtimo mundial dominado por Europa (Fairgrieve, 1917).<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, Fairgrieve se\u00f1ala la existencia de una zona intermedia que constituye el lugar de encuentro entre los mundos mar\u00edtimo y continental. La posici\u00f3n geogr\u00e1fica de esta regi\u00f3n, vinculada a la tierra y al mar simult\u00e1neamente, constituye una ventaja de la que extrae su propia fuerza. Todo esto lo combina con su particular forma de entender la historia. En lo que a esto respecta Fairgrieve considera la producci\u00f3n y control de la energ\u00eda el principal fin de la humanidad a lo largo de la historia. Por tanto, la historia es producto de la geograf\u00eda, pues desde el momento en el que la energ\u00eda tuvo que ser producida a partir del entorno f\u00edsico, el propio medio geogr\u00e1fico determin\u00f3 la direcci\u00f3n y el \u00e9xito de la b\u00fasqueda de la energ\u00eda. A esto se suma el hecho de que la energ\u00eda est\u00e1 presente en muchas formas distintas y que su utilizaci\u00f3n depende de los avances t\u00e9cnicos desarrollados por el ser humano. En definitiva, para Fairgrieve la posesi\u00f3n de energ\u00eda constituye el principal atributo del poder en la esfera internacional en el mundo moderno, y precisamente esta circunstancia es la que genera el desplazamiento gradual del centro o de los centros de poder hacia las nuevas fuentes de energ\u00eda. Esto explica, por tanto, los conflictos violentos entre pa\u00edses para controlar los recursos con los que la energ\u00eda es producida en cada periodo hist\u00f3rico y que se concentran en determinados lugares.<\/p>\n\n\n\n<p>Brooks Adams, en su estudio de las civilizaciones, hace de la producci\u00f3n y distribuci\u00f3n de las fuentes de energ\u00eda el principal factor explicativo del devenir hist\u00f3rico. Adams, a partir de este planteamiento, considera la distribuci\u00f3n de los metales el fundamento del auge y ca\u00edda de los imperios mundiales, y consecuentemente el factor que explica la historia. En la medida en que el comercio es la principal fuente de progreso tambi\u00e9n es la causa de la guerra debido a que los imperios construyen sus propios sistemas econ\u00f3micos con sus mercados, sus comunicaciones a trav\u00e9s de continentes y oc\u00e9anos, etc. Adams relaciona el auge y \u00e9xito de los imperios con la importancia de la metalurgia debido a que estas estructuras pol\u00edticas controlaban las rutas de comercio y las minas. La historia, as\u00ed considerada, es un conjunto de fuerzas geogr\u00e1ficas ligadas a la riqueza de los recursos naturales de los territorios que son objeto de disputa y causa de la guerra (Brooks, 1895; 1902).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La perspectiva accidentalista<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En esta \u00faltima perspectiva se agrupan algunos autores que utilizan m\u00e9todos y puntos de vista acerca de la geograf\u00eda y la geopol\u00edtica completamente distintos, pero que, sin embargo, coinciden en su misma forma de entender la guerra como producto de una serie de fricciones entre Estados vecinos, generalmente por razones fronterizas, lo que hace que las distancias sean un elemento decisivo a la hora de analizar la guerra y la paz.<\/p>\n\n\n\n<p>George Curzon, por ejemplo, llega a afirmar respecto al papel de las fronteras en el desencadenamiento de las guerras lo siguiente: \u201cFrontiers are indeed the razor&#8217;s edge on which hang suspended the modern issues of war or peace, of life or death of nations\u201d (1907: 7). Thomas Holdich vino a confirmar esta aseveraci\u00f3n al decir lo siguiente: \u201cThus it happens in the recent history of the world most of the important wars, and of international quarrels to which war seemed to be inevitable sequel, have arisen over disputed boundaries\u201d (1916: 1). Este punto de vista fue en gran medida el resultado de la experiencia imperialista del s. XIX, as\u00ed como de los procesos de construcci\u00f3n nacional que se desarrollaron en ese mismo periodo.<\/p>\n\n\n\n<p>La Gran Guerra, asimismo, dio un impulso a la aparici\u00f3n de un enfoque en el que las disputas fronterizas son consideradas la causa de la guerra. Prueba de esto son las diferentes tensiones que emergieron con la reorganizaci\u00f3n territorial de Europa con la paz de Versalles. El ge\u00f3grafo estadounidense Isaiah Bowman constata esta realidad al se\u00f1alar que las zonas de fricci\u00f3n creadas en torno a las fronteras podr\u00edan conducir m\u00e1s pronto que tarde a una nueva guerra. \u201cThe danger spots of the world have been greatly increased in number, the zones of friction lengthened. Where there were approximately 8000 miles of old boundary about the former states of central Europe, there are now 10,000 miles, and of this total more than 3000 miles represent newly located boundaries. Every additional mile of new boundary, each new location, has increased for a time the sources of possible trouble between unlike and, in the main, unfriendly peoples\u201d (Bowman, 1921: 3).<\/p>\n\n\n\n<p>En el \u00e1mbito del neopositivismo encontramos otras expresiones de accidentalismo que llegan a conciliar en sus textos afirmaciones que inicialmente resultan contradictorias. Un ejemplo de esto es Peter Hagget quien plantea la coexistencia de dos situaciones incompatibles como es la permanente tensi\u00f3n internacional y conflictos ocasionales al afirmar lo siguiente: \u201cLos Estados existen en una condici\u00f3n permanente de tensi\u00f3n internacional. Puesto que la superficie territorial es finita, la persecuci\u00f3n de intereses independientes por parte de cada Estado puede ocasionalmente producir conflictos\u201d (1988: 489). Al margen de estos planteamientos, las aproximaciones neopositivistas abordan superficialmente la cuesti\u00f3n de la guerra debido no s\u00f3lo al escaso inter\u00e9s que despierta,<a href=\"#_ftn4\">[4]<\/a> sino sobre todo al hecho de considerar que se trata de un fen\u00f3meno epis\u00f3dico.<\/p>\n\n\n\n<p>Los estudios neopositivistas de geograf\u00eda pol\u00edtica destacan por la utilizaci\u00f3n del modelo matem\u00e1tico de Lewis Richardson (1960) para analizar la relaci\u00f3n entre los conflictos y la organizaci\u00f3n espacial. Esta obra no s\u00f3lo es una referencia al servir de inspiraci\u00f3n para una gran cantidad de modelos y trabajos neopositivistas (Most &amp; Starr, 1978; 1980; 1984; 1989; Siverson &amp; Starr, 1989), sino que tambi\u00e9n lo es en el terreno de la ciencia pol\u00edtica a la hora de explicar la propagaci\u00f3n de la guerra y la relaci\u00f3n que existe entre esta y la proximidad geogr\u00e1fica (Most, Starr &amp; Siverson, 1989; Siverson &amp; Starr, 1990; Pearson, 1974; Diehl, 1985), sin olvidar tampoco aquellas aproximaciones que centran la atenci\u00f3n en las disputas fronterizas (Mandel, 1980).<\/p>\n\n\n\n<p>La base argumental de la mayor\u00eda de estos enfoques neopositivistas es la afirmaci\u00f3n de Richardson de que la posibilidad de que un Estado entre en conflicto depende del n\u00famero de vecinos que este tenga (Midlarsky, 1975). Esta premisa se basa en que una situaci\u00f3n as\u00ed facilita la existencia de mayores oportunidades de interacci\u00f3n entre Estados que poseen fronteras comunes, lo que contribuye a aumentar el grado de incertidumbre en el comportamiento internacional, circunstancia que hace que un Estado tenga mayores probabilidades de entrar en conflicto con alguno de sus Estados vecinos que no con un Estado con el que no posee fronteras comunes. Por tanto, la contig\u00fcidad fronteriza constituye un factor que hace m\u00e1s probable una disputa entre Estados y una posible escalada hacia la guerra, y no tanto un elemento causante por s\u00ed mismo de un conflicto. \u201cNations tend to regard confrontations that are closer to home as more urgent and threatening to their national security than those in a distant land\u201d (Diehl, 1985: 1208).<\/p>\n\n\n\n<p>Frederic Pearson, en cambio, afirma que la guerra es un problema m\u00e1s complejo debido a que las grandes potencias intervienen militarmente lejos de su territorio, a lo que hay que a\u00f1adir los objetivos y or\u00edgenes de las potencias grandes, medias y peque\u00f1as. La contig\u00fcidad geogr\u00e1fica no es siempre el factor explicativo. \u201cWhile geographic distance seems an important cost, and, in some cases, proximity an important incentive to intervention, contiguity seems to have less relation to intervention probability than might be expected |&#8230;|. However, territorial and social protective interventions were often associated with contiguity\u201d (Pearson, 1974: 457). En la misma l\u00ednea otros autores como Starr y Most tambi\u00e9n hacen referencia a la influencia de la existencia de lo que llaman fronteras coloniales, lo que hace que las probabilidades de entrar en guerra sean mayores para la potencia colonial, mientras que la abundancia de fronteras en la metr\u00f3poli produce el efecto contrario debido a la supuesta tranquilidad que ofrece la existencia de unos vecinos m\u00e1s d\u00e9biles (Most &amp; Starr, 1978). Otros autores, en cambio, hacen hincapi\u00e9 en la importancia de la distancia como un factor a tener en cuenta en la proyecci\u00f3n del poder, y c\u00f3mo cuanto m\u00e1s lejos se ubican los conflictos mayores son las probabilidades de que un Estado permanezca neutral (O&#8217;Sullivan, 1982; 1985; 1986; O&#8217;Sullivan &amp; Miller, 1983).<\/p>\n\n\n\n<p>Otro punto de vista tambi\u00e9n accidentalista es el que Robert Mandel desarrolla al indagar en \u201cwhat kinds of states, tensions, and situations are most conducive to the occurrence or intensification of boundary conflicts\u201d (Mandel, 1980: 427). As\u00ed es como Mandel estudia el efecto que produce la disparidad de poder entre Estados vecinos, sus respectivos niveles de tecnolog\u00eda, sus alineamientos internacionales, el tipo de desacuerdo y el tama\u00f1o de cada conjunto de Estados mutuamente contiguos. Esta perspectiva neopositivista incorpora diferentes datos, pero no los integra en un marco de estudio global. Paul Diehl y Gary Goertz, por su parte, tratan de perfeccionar el estudio de Mandel sobre esta cuesti\u00f3n al considerar que los cambios territoriales juegan un papel integral en las relaciones internacionales. Por este motivo dirigen su atenci\u00f3n al an\u00e1lisis de la zona objeto de disputa al ser un elemento fundamental para determinar el uso de la fuerza militar para resolver un conflicto (Diehl &amp; Goertz, 1988; 1991). Igualmente, Robert McColl (1983) propone una clasificaci\u00f3n del espacio desde el punto de vista de la proclividad b\u00e9lica que ofrece, lo que le lleva a distinguir entre zonas de lucha, cr\u00edticas y de paso, lo que permitir\u00eda predecir la conducta de los Estados en el terreno militar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La perspectiva de la fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las diferentes explicaciones geopol\u00edticas de las causas de la guerra constituyen aportaciones interesantes, pero no concluyentes. Esto mismo ocurre, en general, con todas las teor\u00edas que pretenden ofrecer una explicaci\u00f3n definitiva de los factores que est\u00e1n en el origen de un fen\u00f3meno tan complejo como la guerra. Por esta raz\u00f3n cualquier aproximaci\u00f3n a las causas de la guerra, si quiere aportar conocimiento, necesita acotar el alcance de su explicaci\u00f3n en relaci\u00f3n con el objeto de estudio. En nuestro caso entendemos que la guerra es un fen\u00f3meno que trasciende las estructuras pol\u00edticas de cada momento y lugar, con lo que la perspectiva que aqu\u00ed planteamos se circunscribe al sistema de Estados surgido en Europa occidental durante la \u00e9poca moderna.<\/p>\n\n\n\n<p>La guerra es una constante en la historia humana, con lo que sus causas no son necesariamente atribuibles a la posici\u00f3n de las tierras emergidas, la distancia geogr\u00e1fica o a factores geomorfol\u00f3gicos. M\u00e1s bien detectamos que la guerra ha sido un fen\u00f3meno cada vez m\u00e1s recurrente y destructivo en el periodo moderno en la regi\u00f3n de Europa occidental. Prueba de esto es que de 1480 a 1800 cada 2 o 3 a\u00f1os se produc\u00eda un conflicto internacional de dimensiones considerables, mientras que entre 1800 y 1944 esto suced\u00eda cada 1 o 2 a\u00f1os (Beer, 1974: 12-15; Small &amp; Singer, 1982: 59-60; Cusack &amp; Eberwein, 1982; Sivard, 1986: 26; Urlanis, 1960; Tilly, 1992: 109).<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra explicaci\u00f3n se basa en que la fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica de Europa occidental contribuy\u00f3 a desatar una intensa competici\u00f3n internacional entre pa\u00edses desde el s. XIV en adelante (Hoffman, 2016: 20), lo que favoreci\u00f3 el cada vez m\u00e1s recurrente estallido de nuevas guerras. Esta din\u00e1mica impuls\u00f3 el proceso de modernizaci\u00f3n de los Estados, lo que supuso su conversi\u00f3n en entes territoriales y soberanos dotados, a su vez, de mayores capacidades militares para afirmar su autonom\u00eda y emprender guerras. Por tanto, la guerra en Europa en la \u00e9poca moderna se explica a trav\u00e9s de su fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica en multitud de Estados, circunstancia que favoreci\u00f3 que estos, por razones de seguridad, aumentasen su poder militar y que, de esta forma, diesen origen a un entorno internacional an\u00e1rquico que aliment\u00f3 la din\u00e1mica de competici\u00f3n, y con ella tambi\u00e9n la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Kenneth Waltz, en su obra <em>Man, the State and War<\/em>, habla de la tercera imagen, la del sistema internacional, a la hora de explicar las causas de la guerra. Para ello habla de la anarqu\u00eda como la situaci\u00f3n en la que diferentes unidades pol\u00edticas carecen de una autoridad superior que regule sus interacciones. Como consecuencia de esto las rivalidades entre pa\u00edses conducen al desarrollo de estrategias dirigidas a preservar la propia seguridad a trav\u00e9s del equilibrio de poder, lo que se concreta en el aumento de las capacidades nacionales o en el establecimiento de alianzas. Sin embargo, Waltz no tiene en cuenta que para que exista anarqu\u00eda es necesario que previamente exista una fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica. Ni tampoco explica c\u00f3mo se llega a la anarqu\u00eda internacional del sistema de Estados. En lo que a esto se refiere, el escenario europeo occidental ya estaba muy fragmentado al final de la Edad Media. En el s. XIV hab\u00eda aproximadamente un millar de unidades pol\u00edticas independientes en Europa, mientras que en el s. XVI la cifra era de 500 (Tilly, 1975: 15).<a href=\"#_ftn5\">[5]<\/a> John Hale describi\u00f3 esta fragmentaci\u00f3n pol\u00edtica de Europa de la siguiente forma: \u201cIn spite of the border which a cartographer can draw around the area which opinion in the mid-fifteenth century accepted as within the Holy Roman Empire, that is the chiefly Germanic zone between France and Hungary, and Denmark and northern Italy, he cannot colour in the multitude of cities, princely enclaves and militant ecclesiastical territories that saw themselves as actually or potentially independent, without giving the reader an impression that he is suffering from a disease of the retina\u201d (1998: 14). Esta situaci\u00f3n era en gran medida fruto de la desintegraci\u00f3n del imperio carolingio.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica en Europa en la Edad Media no implicaba una situaci\u00f3n de anarqu\u00eda, al menos tal y como los autores realistas la definen (Mearsheimer, 2014: 29-54; Waltz, 1988). Esto es debido a que los Estados no eran soberanos, al mismo tiempo que el Sacro Imperio y la Iglesia se disputaban el derecho supremo a gobernarlos.<a href=\"#_ftn6\">[6]<\/a> De hecho, la Iglesia desempe\u00f1\u00f3 en este periodo el papel de ente regulador y moderador de las relaciones inter-europeas. A pesar de esto, la lucha entre el Imperio y la Iglesia por la supremac\u00eda contribuy\u00f3 a crear un contexto crecientemente an\u00e1rquico al permitir a los monarcas afirmar su autoridad sobre sus respectivos reinos a trav\u00e9s de diferentes concesiones obtenidas del Papa y del emperador (Spruyt, 1996: 42-55). El resultado de esta din\u00e1mica fue el declive tanto del Imperio como de la Iglesia frente a una serie de nuevas formas pol\u00edticas que emergieron al final de la Edad Media (Spruyt, 1996). Todo esto dio paso a una pol\u00edtica de poder en la que cada vez importaban m\u00e1s las capacidades materiales para respaldar unas crecientes fuerzas militares. Se produjo as\u00ed la transici\u00f3n hacia una anarqu\u00eda internacional que ya exist\u00eda a efectos pr\u00e1cticos antes de su formalizaci\u00f3n en 1648.<\/p>\n\n\n\n<p>La fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica en el contexto hist\u00f3rico de las luchas entre el Imperio y la Iglesia contribuy\u00f3 al fortalecimiento de los monarcas quienes afirmaron su autoridad suprema en sus respectivos reinos, tanto frente a rivales internos como frente a entes supranacionales y otros Estados. La guerra oper\u00f3 as\u00ed como una fuerza motriz que facilit\u00f3 e impuls\u00f3 este cambio que supuso, en definitiva, el fortalecimiento del Estado al transformar su constituci\u00f3n interna y convertirlo as\u00ed en un ente territorial y soberano.<a href=\"#_ftn7\">[7]<\/a> Esto fue posible al dotarse de unos medios de dominaci\u00f3n con los que centraliz\u00f3 y concentr\u00f3 el poder pol\u00edtico para afirmar as\u00ed su autonom\u00eda. La creaci\u00f3n de ej\u00e9rcitos permanentes y el establecimiento de una potente burocracia capaz de extraer muchos m\u00e1s recursos que el viejo Estado medieval son prueba de esto.<\/p>\n\n\n\n<p>La fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica, entonces, favoreci\u00f3 la competici\u00f3n entre pa\u00edses y la guerra, lo que desemboc\u00f3 en la aparici\u00f3n del Estado moderno como nueva organizaci\u00f3n del espacio. La guerra cataliz\u00f3 un cambio decisivo en la constituci\u00f3n interna del Estado que hizo que durante largo tiempo fuera esencialmente una organizaci\u00f3n militar (Mann, 1997: 525-578). La guerra era su causa y consecuencia (Tilly, 1975: 42), adem\u00e1s de su principal finalidad.<a href=\"#_ftn8\">[8]<\/a> Esto es lo que explica que el principal objetivo de los gobernantes fuese hacer la guerra (Hoffman, 2016: 23).<a href=\"#_ftn9\">[9]<\/a> Todo esto era la consecuencia de que la guerra adquiriese un car\u00e1cter existencial debido a que la derrota militar pod\u00eda conllevar la desaparici\u00f3n del Estado, especialmente al comienzo de la \u00e9poca moderna.<\/p>\n\n\n\n<p>El desarrollo de un poder infraestructural no s\u00f3lo alter\u00f3 la relaci\u00f3n entre el Estado y la sociedad (Mann, 1984), sino que tambi\u00e9n condujo a una territorializaci\u00f3n del espacio con la que el ente estatal tuvo acceso exclusivo a los recursos presentes a nivel local, sobre todo impuestos y soldados. Todo esto cristaliz\u00f3 en el nacimiento del Estado moderno que vino a ser una suerte de geopoder al ejercer el gobierno exclusivo sobre el espacio geogr\u00e1fico que comenz\u00f3 a reivindicar como propio (\u00d3 Tuathail, 1996: 15-20). Por tanto, la territorialidad no s\u00f3lo estableci\u00f3 una divisi\u00f3n fundamental entre los asuntos internos y externos del Estado, sino que conllev\u00f3 la conversi\u00f3n de este en un contenedor geogr\u00e1fico en el que los procesos sociales o pol\u00edticos tienen lugar (Agnew, 2005: 60; Giddens, 2002: 120 y 281).<\/p>\n\n\n\n<p>La formaci\u00f3n del Estado territorial y soberano, junto a su posterior generalizaci\u00f3n, supuso, a su vez, la transformaci\u00f3n del espacio geogr\u00e1fico internacional con la aparici\u00f3n del sistema de Estados. De esta forma el medio internacional se convirti\u00f3 en un entorno an\u00e1rquico que ahond\u00f3 la din\u00e1mica competitiva ya presente, y consecuentemente que la guerra fuese una constante en la historia moderna de Europa. Por tanto, la formaci\u00f3n y generalizaci\u00f3n de una forma espec\u00edfica de organizar el espacio, como es el Estado moderno, dise\u00f1ada para hacer la guerra,<a href=\"#_ftn10\">[10]<\/a> y por ello con mayores capacidades en lo fiscal y militar, explica la guerra en la medida en que esta pas\u00f3 a ser un elemento constitutivo de la anarqu\u00eda del sistema internacional. Dado que ning\u00fan Estado consigui\u00f3 imponerse a todos los dem\u00e1s, y que la fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica se mantuvo en el contexto de un medio an\u00e1rquico, la guerra persisti\u00f3 como el resultado inevitable de dicha fragmentaci\u00f3n. Todo esto confirma lo dicho por Heinrich von Treitschke: \u201cWar, therefore, will endure to the end of history, as long as there is multiplicity of States\u201d (1916: I, 65).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las tres primeras perspectivas antes expuestas centran su atenci\u00f3n en alg\u00fan aspecto espec\u00edfico de las causas de la guerra. Sin embargo, su principal inconveniente es que ofrecen explicaciones reduccionistas que no tienen en cuenta la complejidad de este fen\u00f3meno, especialmente en lo referido a su dimensi\u00f3n hist\u00f3rica e institucional.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, la perspectiva organicista cae en el error de naturalizar el Estado, y con este tambi\u00e9n la guerra, de manera que los conflictos b\u00e9licos son inevitables e incluso una necesidad. Esto es corroborado por la trasposici\u00f3n de las ideas darwinistas de la lucha por la existencia al terreno de las relaciones internacionales. De este modo la guerra es justificada de acuerdo con una intencionalidad pol\u00edtica y a unos postulados ideol\u00f3gicos al servir a los proyectos expansionistas e imperialistas de determinadas potencias. En otras ocasiones este enfoque presenta la geomorfolog\u00eda como factor determinante en el desencadenamiento de conflictos b\u00e9licos, lo que refuerza la idea de su inevitabilidad al responder a una necesidad de la propia naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, la perspectiva de la disposici\u00f3n de las tierras emergentes cae en otra forma de reduccionismo al ignorar el modo en el que la experiencia geogr\u00e1fica de las sociedades ha variado a lo largo de la historia. Dicha experiencia ha estado condicionada tanto por el conocimiento geogr\u00e1fico disponible en cada momento y lugar, como por otros factores de no menor importancia como la tecnolog\u00eda, las instituciones pol\u00edticas, etc. As\u00ed, este enfoque cae en otra forma de geodeterminismo en la medida en que la naturaleza establece determinados lugares como puntos proclives a desencadenar conflictos b\u00e9licos.<\/p>\n\n\n\n<p>La perspectiva accidentalista, por su parte, es muy limitada en su aproximaci\u00f3n a las causas de la guerra. Tal y como Andrew Kirby y Michael Ward apuntaron (1987), las fronteras no son por s\u00ed mismas causas de las guerras sino se\u00f1ales de la existencia de conflictos previos que son los que las originaron. De hecho, no son pocas las guerras cuya causa no es un problema fronterizo como tampoco territorial. La historia est\u00e1 plagada de ejemplos de este tipo, desde la guerra del Peloponeso hasta las guerras de Irak o de Afganist\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>En contraste con estos puntos de vista, la perspectiva de la fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica aqu\u00ed expuesta ofrece una explicaci\u00f3n limitada de las causas de la guerra en la medida en que se circunscribe a la historia de la Europa moderna. De este modo la fragmentaci\u00f3n del escenario europeo favoreci\u00f3 la competici\u00f3n y la transformaci\u00f3n de la constituci\u00f3n interna del Estado medieval. As\u00ed hizo su aparici\u00f3n el Estado moderno, provisto de mayores medios de dominaci\u00f3n con los que pudo afirmar su autonom\u00eda tanto dentro de sus fronteras, frente a rivales internos, como en el exterior frente a otros Estados y entes supranacionales. En este sentido, el Estado moderno es una nueva forma de organizar el espacio pensada para preparar y hacer la guerra al disponer de mayores capacidades militares y fiscales, lo que explica, como apuntamos antes, que la guerra fuese m\u00e1s frecuente y destructiva en el periodo moderno comparado con la Edad Media (Downing, 1992: 56-64; Porter, 1994: 23-27).<\/p>\n\n\n\n<p>La innovaci\u00f3n que el Estado moderno representa en t\u00e9rminos geopol\u00edticos ha tenido sus consecuencias en la reorganizaci\u00f3n del espacio geogr\u00e1fico internacional con la creaci\u00f3n de un entorno an\u00e1rquico. Dicho contexto no hizo sino exacerbar la din\u00e1mica competitiva ya existente. La aparici\u00f3n del sistema de Estados westfaliano fue la consecuencia l\u00f3gica, y probablemente inevitable, de la generalizaci\u00f3n de una forma pol\u00edtica que en esencia era una m\u00e1quina de guerra. Esto es lo que explica que la guerra misma se convirtiese en un elemento constitutivo de este sistema en la medida en que ninguna potencia logr\u00f3 imponerse a todas las dem\u00e1s y poner fin as\u00ed a la fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>La posterior expansi\u00f3n del sistema de Estados europeo a escala mundial ha contribuido, asimismo, a hacer de la guerra un fen\u00f3meno sist\u00e9mico resultado de las inestables relaciones de poder entre pa\u00edses y las consecuentes rupturas de equilibrio entre estos. En este sentido la fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica, como elemento constitutivo de la anarqu\u00eda internacional del sistema westfaliano, favorece un estado de conflictividad permanente que eventualmente se traduce en el desencadenamiento de guerras. Como consecuencia de esto la guerra, en el escenario mundial de fragmentaci\u00f3n, constituye un factor limitante que mantiene la anarqu\u00eda del sistema internacional al impedir que un \u00fanico Estado someta al resto. De esta forma la guerra desempe\u00f1a una funci\u00f3n que, al igual que en las sociedades primitivas descritas por Pierre Clastres (2009), consiste en impedir la concentraci\u00f3n excesiva de poder con la formaci\u00f3n de un Estado mundial.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sobre el autor<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>Doctor en Ciencias Pol\u00edticas, M\u00e1ster en Estudios Internacionales y especialista en geopol\u00edtica. Correo electr\u00f3nico: <a href=\"mailto:esteban.vidal@mail.ru\">esteban.vidal@mail.ru<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Agnew, John (2005), <em>Geopol\u00edtica: Una re-visi\u00f3n de la pol\u00edtica mundial<\/em>, Madrid: Trama.<\/p>\n\n\n\n<p>Atencio, Jorge E. 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Revista de estudios sobre espacio y poder<\/em>, Vol. 2, No. 11, pp. 135-156.<\/p>\n\n\n\n<p>Richardson, Lewis (1960), <em>Statistics of Deadly Quarrels<\/em>, Chicago: Quadrangle Books.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e1nchez, Joan-Eugeni (1986), \u201cGuerra y dominio del espacio: la guerra interior espa\u00f1ola de 1936-1939 en su proyecci\u00f3n espacial subsiguiente\u201d, <em>Anales de Geograf\u00eda de la Universidad Complutense<\/em>, No. 6, pp. 225-249.<\/p>\n\n\n\n<p>Schelling, Thomas C. (1960), <em>The Strategy of Conflict<\/em>, Cambridge: Harvard University Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Schmitt, Carl (1979), <em>El nomos de la tierra en el Derecho de Gentes del Jus Publicum Europaeum<\/em>, Madrid: Centro de Estudios Constitucionales.<\/p>\n\n\n\n<ul><li>(1952), <em>Tierra y mar. Consideraciones sobre la historia universal<\/em>, Madrid: Instituto de Estudios Pol\u00edticos.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Schumpeter, Joseph A. (1986), <em>Imperialismo. Clases sociales<\/em>, Madrid: Tecnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Semple, Ellen C. (1911), <em>Influences of Geographic Environment: On the Basis of Ratzel\u2019s System of Anthropo-Geography<\/em>, Nueva York: Henry Holt and Company.<\/p>\n\n\n\n<p>Sivard, Ruth L. (1986), <em>World Military and Social Expenditures<\/em>, Washington D.C.: World Priorities.<\/p>\n\n\n\n<p>Sivenson, Randolph M. &amp; Starr, Harvey (1990), \u201cAlliances and Geopolitics\u201d, <em>Political Geography Quarterly<\/em>, Vol. 9, No. 3, pp. 232-248.<\/p>\n\n\n\n<ul><li>(1989), \u201cAlliance and Border Effects on the War Behavior of States: Refining the Interaction Opportunity Model\u201d, <em>Conflict Management and Peace Science<\/em>, Vol. 10, No. 2, pp. 21-46.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Small, Melvin &amp; Singer, Joel D. (1982), <em>Resort to Arms. International and Civil Wars, 1816-1980<\/em>, Beverly Hills: Sage.<\/p>\n\n\n\n<p>Spruyt, Hendrik (1996), <em>The Sovereign State and Its Competitors<\/em>, Princeton: Princeton University Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Strayer, Joseph R. (1971), <em>Medieval Statecraft and the Perspectives of History<\/em>, Princeton: Princeton University Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Thrift, Nigel &amp; Forbes, Dean (1983), \u201cA Landscape with figures: Political Geography with Human Conflict\u201d, <em>Political Geography Quarterly<\/em>, Vol. 2, No. 3, pp. 247-263.<\/p>\n\n\n\n<p>Tilly, Charles (1992), <em>Coerci\u00f3n, capital y los Estados europeos 990-1990<\/em>, Madrid: Alianza.<\/p>\n\n\n\n<ul><li>(1985), \u201cWar Making and State Making as Organized Crime\u201d, in Evans, Peter B.; Rueschemeyer, Dietrich &amp; Skocpol, Theda (Eds.), <em>Bringing the State Back In<\/em>, Cambridge: Cambridge University Press, pp. 169-191.<\/li><li>(1975), \u201cReflections on the History of European State-Making\u201d, in Tilly, Charles (Ed.), <em>The Formation of National States in Western Europe<\/em>, Princeton: Princeton University Press, pp. 3-83.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Treitschke, Heinrich von (1916), <em>Politics<\/em>, New York: The Macmillan Company, Vol. 1.<\/p>\n\n\n\n<p>Tuc\u00eddides (1988), <em>Historia de la guerra del Peloponeso<\/em>, Madrid: C\u00e1tedra.<\/p>\n\n\n\n<p>Tunander, Ola (2001), \u201cSwedish-German Geopolitics for a New Century. Rudolf Kjell\u00e9n\u2019s \u201cThe State as Living Organism\u201d\u201d, <em>Review of International Studies<\/em>, Vol. 27, No. 3, pp. 451-463.<\/p>\n\n\n\n<p>Urlanis, Boris Ts. (1960), <em>\u0412\u043e\u0439\u043d\u044b \u0438 \u043d\u0430\u0440\u043e\u0434\u043e\u043d\u0430\u0441\u0435\u043b\u0435\u043d\u0438\u0435 \u0415\u0432\u0440\u043e\u043f\u044b<\/em>, Mosc\u00fa: \u0418\u0437\u0434\u0430\u0442\u0435\u043b\u044c\u0441\u0442\u0432\u043e \u0441\u043e\u0446\u0438\u0430\u043b\u044c\u043d\u043e-\u044d\u043a\u043e\u043d\u043e\u043c\u0438\u0447\u0435\u0441\u043a\u043e\u0439 \u043b\u0438\u0442\u0435\u0440\u0430\u0442\u0443\u0440\u044b.<\/p>\n\n\n\n<p>Vall\u00e8s, Josep M. (2006), <em>Ciencia Pol\u00edtica. Una introducci\u00f3n<\/em>, Barcelona: Ariel.<\/p>\n\n\n\n<p>Varlin, Thomas (1976), \u201cH\u00e9rodote a lu: Gaston Bouthoul et Ren\u00e9 Carrere \u201cLe d\u00e9fi de la guerre\u201d\u201d, <em>H\u00e9rodote<\/em>, No. 3, pp. 149-154.<\/p>\n\n\n\n<p>Wagner, R. H. (2000), \u201cBargaining and War\u201d, <em>American Journal of Political Science<\/em>, Vol. 44, No. 3, pp. 469-484.<\/p>\n\n\n\n<p>Waltz, Kenneth N. (1988). <em>Teor\u00eda pol\u00edtica internacional<\/em>, Buenos Aires: Grupo Editorial Latinoamericano.<\/p>\n\n\n\n<ul><li>(1959), <em>Man, the State and War: A Theoretical Analysis<\/em>, New York: Columbia University Press.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Wesson, Robert (1978),<em> State Systems: International Pluralism, Politics and Culture<\/em>, New York: The Free Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Whittlesey, Derwent (1948), <em>Geograf\u00eda pol\u00edtica<\/em>, M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p>Wusten, Herman van der (1985), \u201cThe Geography of Conflict since 1945\u201d in Pepper, David &amp; Jenkins, Alan (Eds.), <em>The Geography of Peace and War<\/em>, Oxford: Basil Blackwell, pp. 13-28.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> No fue hasta bien entrada la \u00e9poca moderna que los Estados asumieron de manera exclusiva el ius belli por su condici\u00f3n de soberanos, lo que fue incorporado al Derecho de Gentes europeo (Schmitt, 1979: 161-162, 167-168, 175).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> Consideramos la guerra como una mera continuaci\u00f3n de la pol\u00edtica por otros medios (Clausewitz, 2005: 31). Adem\u00e1s de esto entendemos que los fen\u00f3menos pol\u00edticos tienen una dimensi\u00f3n geogr\u00e1fica, lo que constituye el objeto de estudio de la geopol\u00edtica (Kristof, 1960).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a> En la geopol\u00edtica rusa encontramos a autores, como Alexander Duguin, que tambi\u00e9n se hacen eco de esta visi\u00f3n de la historia universal (Duguin, 2005).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\">[4]<\/a> Son diferentes los manuales y trabajos que soslayan el an\u00e1lisis de la dimensi\u00f3n conflictiva de las realidades geogr\u00e1fico-pol\u00edticas (Jackson &amp; Bergman, 1973; Blij, 1967).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\">[5]<\/a> No podemos negar aqu\u00ed la deuda intelectual con Kenneth Watz y Charles Tilly a la hora de esbozar esta explicaci\u00f3n de la fragmentaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n cabr\u00eda a\u00f1adir la no menos relevante influencia de otros autores como Eric Jones (1991), John Hall (1988), David Cosandey (1997) y Robert Wesson (1978), quienes tambi\u00e9n analizaron la fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\">[6]<\/a> No hay que olvidar que en la \u00e9poca medieval exist\u00eda una superposici\u00f3n de m\u00faltiples jurisdicciones en virtud de la que ning\u00fan actor pol\u00edtico ten\u00eda la capacidad de reclamar un derecho a gobernar de forma exclusiva un territorio. De hecho, el poder se desenvolv\u00eda a trav\u00e9s de una vasta trama de relaciones personales (Poggi, 1978; Strayer, 1971).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\">[7]<\/a> La soberan\u00eda como atributo del Estado moderno define su autonom\u00eda al referirse a un poder originario que no es dependiente ni interna ni externamente (Vall\u00e8s, 2004: 161). Asimismo, la soberan\u00eda tiene un car\u00e1cter territorial al establecer la demarcaci\u00f3n de las fronteras del espacio geogr\u00e1fico sobre el que el Estado ejerce su autoridad suprema (Hinsley, 1986: 1 y 26; Benn, 1967).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref8\">[8]<\/a> \u201cThe |&#8230;| essential function of the State is the conduct of war. |&#8230;| Without war no State could be. All those we know of arose through war, and the protection of their members by armed force remains their primary and essential task\u201d (Treitschke, 1916: I, 64-65; v\u00e9ase tambi\u00e9n Tilly, 1985: 181).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref9\">[9]<\/a> \u201cAs\u00ed pues, un pr\u00edncipe no debe tener otro objetivo ni otra preocupaci\u00f3n, ni debe considerar como suya otra misi\u00f3n que la de la guerra, su organizaci\u00f3n y su disciplina\u201d (Maquiavelo, 2003: 105).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref10\">[10]<\/a> \u201cEl Estado moderno es necesariamente, por su esencia y su objetivo, un Estado militar; por su parte, el Estado militar se convierte tambi\u00e9n, necesariamente, en un Estado conquistador; porque si no conquista \u00e9l, ser\u00e1 conquistado, por la simple raz\u00f3n de que donde reina la fuerza no puede pasarse sin que esa fuerza obre y se muestre\u201d (Bakunin, 2002: 52).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESTEBAN VIDAL P\u00c9REZ Universidad del Pa\u00eds Vasco, Espa\u00f1a Title: A Geopolitical Approach to the Causes of War Resumen: Este art\u00edculo trata los diferentes enfoques geopol\u00edticos de las causas de la guerra. 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