{"id":186,"date":"2020-11-02T15:20:49","date_gmt":"2020-11-02T15:20:49","guid":{"rendered":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/?page_id=186"},"modified":"2020-11-02T15:20:50","modified_gmt":"2020-11-02T15:20:50","slug":"el-impacto-de-la-gran-guerra-en-el-ejercito-espanol","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/el-impacto-de-la-gran-guerra-en-el-ejercito-espanol\/","title":{"rendered":"El impacto de la Gran Guerra en el Ej\u00e9rcito espa\u00f1ol"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\">ALBERTO GUERRERO MART\u00cdN<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Universidad Nacional de Educaci\u00f3n a Distancia, Espa\u00f1a<\/p>\n\n\n\n<p>Title:&nbsp;The Impact of the Great War on the Spanish Army<\/p>\n\n\n\n<p>Resumen: Los trascendentales cambios operados durante la Gran Guerra en el arte militar despertaron el inter\u00e9s de los militares espa\u00f1oles. Pero a pesar de las ansias de reforma de militares y pol\u00edticos de la \u00e9poca, poco se hizo al acabar la contienda para mejorar la organizaci\u00f3n de un ej\u00e9rcito que manten\u00eda una estructura m\u00e1s propia del siglo xix. En suma, la necesaria reforma t\u00e9cnica que precisaba sigui\u00f3 sin realizarse plenamente, algo que se mantuvo durante la dictadura de Primo de Rivera y la Rep\u00fablica, aunque ya durante esta se observa un intento de diversificaci\u00f3n en su organizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Palabras clave: Gran Guerra, Ej\u00e9rcito espa\u00f1ol, Reforma t\u00e9cnica, Organizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Abstract: The transcendental changes wrought during the Great War in military art aroused the interest of the Spanish military. But despite the eagerness to reform the military and politicians of the time, little was done at the end of the struggle to improve the organization of an army that maintained a structure more typical of the nineteenth century. In sum, the necessary technical reform was still not fully implemented, something that continued during the dictatorship of Primo de Rivera and the Republic, although during this time there was an attempt to diversify its organization.<\/p>\n\n\n\n<p>Key words: Great War, Spanish Army, Technical reform, Organization.<\/p>\n\n\n\n<p>Recibido: 28 de mayo de 2017<\/p>\n\n\n\n<p>Aceptado: 16 de julio de 2017<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para citar este art\u00edculo<\/strong>:&nbsp;Alberto Guerrero Mart\u00edn, \u201cEl impacto de la Gran Guerra en el Ej\u00e9rcito espa\u00f1ol\u201d, <em>Revista de Estudios en Seguridad Internacional<\/em>, Vol. 3, No. 2, (2017), pp. 129-146.&nbsp;DOI: http:\/\/dx.doi.org\/10.18847\/1.6.8<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tradicionalmente el ej\u00e9rcito espa\u00f1ol hab\u00eda sido un instrumento m\u00e1s pol\u00edtico y defensor del orden p\u00fablico que una herramienta eficaz de defensa, no pudi\u00e9ndose comparar con sus hom\u00f3logos europeos. Con esta premisa, este art\u00edculo pretende analizar si los trascendentales cambios en la forma de entender la guerra operados durante la contienda europea fueron m\u00e1s all\u00e1 de despertar el inter\u00e9s y la inquietud de los militares espa\u00f1oles. Se analizar\u00e1n los proyectos de reforma aparecidos en las obras de militares y pol\u00edticos de la \u00e9poca. Por otro lado, se examinar\u00e1 si tras la Gran Guerra hubo intentos por mejorar la organizaci\u00f3n de un ej\u00e9rcito que manten\u00eda una estructura en buena medida decimon\u00f3nica, cuyo principal problema era un abultado escalaf\u00f3n que obligaba a destinar buena parte del presupuesto al pago de sueldos, quedando muy poco dinero para el resto de partidas, como material o armamento.<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, el objetivo de este trabajo es ver si la necesaria reforma que precisaba el ej\u00e9rcito espa\u00f1ol se lleg\u00f3 a realizar o no una vez finalizada la contienda europea, y cu\u00e1les fueron las medidas adoptadas durante la dictadura de Primo de Rivera y la II Rep\u00fablica para tratar de modernizar un ej\u00e9rcito mal organizado y p\u00e9simamente armado, incapaz para la guerra moderna.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La Gran Guerra<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La doctrina de guerra que hab\u00eda imperado entre 1901 y 1914 se basaba en los planteamientos napole\u00f3nicos de \u201cmovimiento y maniobra\u201d, lo que conduc\u00eda a la ofensiva llevada a cabo con ej\u00e9rcitos numerosos y con gran potencia de fuego. Con estas ideas presentes, los principales actores de la contienda pusieron sus esperanzas en una guerra r\u00e1pida, de unos pocos meses. No obstante, si exceptuamos lo sucedido durante el verano de 1914 y la segunda mitad de 1918 \u2013donde resurgi\u00f3 la ofensiva, como qued\u00f3 patente en la batalla de Vitorio Veneto, en Italia, \u201cde estilo napole\u00f3nico\u201d\u2013la guerra de movimientos fue sustituida por una defensiva. (Garc\u00eda Albors, 1935). La guerra de maniobra desapareci\u00f3 en el frente occidental. As\u00ed, \u201cel esp\u00edritu de Napole\u00f3n, de Federico y de C\u00e9sar, qued\u00f3 enterrado en los campos de Francia\u201d. Las causas que coadyuvaron a ello fueron los \u201cgrandes efectivos, los frentes inmensos, los poderosos medios de combate\u201d (L\u00f3pez Mu\u00f1iz, 1934: 10).<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de los planes de guerra franceses, confiaban en la ofensiva a ultranza, escuela que ten\u00eda como profeta al coronel De Graind mason. Joffre desarroll\u00f3 sus planteamientos en su famoso Plan XVII, que consist\u00eda en \u201cuna aproximaci\u00f3n directa en forma de ofensiva brusca con todas las fuerzas reunidas contra el centro alem\u00e1n\u201d (Liddell Hart, 1946: 230).<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a sus vecinos alemanes, se pretend\u00eda no luchar en dos frentes a la vez. De este modo, Von Schlieffen configur\u00f3 un plan en 1905 basado en envolver las fortificaciones francesas a trav\u00e9s de B\u00e9lgica con el objetivo de arrinconar y machacar a los franceses en el r\u00edo Mosela. Sin embargo, Helmuth von Motlke, el Joven, modific\u00f3 primero este plan y luego lo abandon\u00f3 cuando se estaba ejecutando (Liddell Hart, 1946: 231-232). En suma, lo que se buscaba era eliminar primero a los franceses, para despu\u00e9s enviar sus fuerzas al frente oriental y derrotar al ej\u00e9rcito ruso, considerado como menos peligroso y m\u00e1s lento en movilizarse. Sin embargo, entre agosto y noviembre de 1914 los alemanes fracasaron en sus planes, gracias por un lado al buen hacer del general Joffre y tambi\u00e9n a la irrupci\u00f3n rusa en Prusia oriental, lo que oblig\u00f3 a los alemanes a trasladar cuatro de sus divisiones desde el frente occidental (Renouvin, 1985: 32). Por tanto, la alteraci\u00f3n del original plan de Von Schlieffen supuso un fracaso en el frente occidental tambi\u00e9n por culpa de este desplazamiento de tropas a otro teatro de operaciones. Sin embargo, en Prusia Oriental Hindenburg y Ludendorf, en la que se conoci\u00f3 como batalla de Tannenberg, desarrollaron la \u201cmaniobra de doble envolvimiento al m\u00e1s puro estilo de Cannae\u201d, arquetipo de las ideas de Von Schlieffen (Segura, 2015: 21).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que empez\u00f3 como una guerra de movimientos acab\u00f3 convirti\u00e9ndose en una defensiva en torno a dos l\u00edneas de trincheras enfrentadas. La perspectiva de una guerra r\u00e1pida se troc\u00f3 en una de degaste donde alambradas y armas como las ametralladoras y artiller\u00eda pesada jugaron un papel determinante en detrimento de otras, como la caballer\u00eda, que terminar\u00eda por convertirse en infanter\u00eda montada, donde s\u00ed tuvo un destacado papel equipada de \u201ctodos los ingenios de la infanter\u00eda\u201d y acompa\u00f1ada de autom\u00f3viles blindados (Canonge, 1931: 41). Esto oblig\u00f3 a los contendientes a desarrollar nuevas armas que facilitasen la victoria, surgiendo as\u00ed una serie de ingenios b\u00e9licos que transformaron la forma de hacer la guerra. De esta manera, fueron determinantes el carro de combate, el submarino, el avi\u00f3n de combate y los gases t\u00f3xicos. En resumen, \u201cel arma a\u00e9rea y las armas blindadas fortalecieron principalmente la fuerza de ataque, mientras que las sustancias t\u00f3xicas y los submarinos contribuyeron a reforzar tanto el impacto del ataque como de la defensa\u201d (Guderian, 2011: 163).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La Gran Guerra vista desde Espa\u00f1a<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La campa\u00f1a de Melilla de 1909 sac\u00f3 a la luz las deficiencias del ej\u00e9rcito espa\u00f1ol, como el uso del c\u00e9lebre rayadillo, uniforme ya usado en Cuba y Filipinas, o el empleo de los vetustos ca\u00f1ones de bronce <em>Sotomayor<\/em>, porque la industria militar espa\u00f1ola, como bien indica Cardona, hab\u00eda pasado por alto la renovaci\u00f3n mundial que en la artiller\u00eda se produjo a partir de 1897 con el ca\u00f1\u00f3n <em>D\u00e9port <\/em>de 75 mm, fabricado en acero. Espa\u00f1a \u201ccarec\u00eda de la posibilidad, y quiz\u00e1 de la necesidad, de una defensa exterior\u201d, algo que no preocupaba ni a pol\u00edticos ni a militares. Seg\u00fan este autor, el ej\u00e9rcito estaba \u201cmarginado de la tecnolog\u00eda militar europea\u201d, dot\u00e1ndose de revistas extranjeras \u00fanicamente la Artiller\u00eda. Para remediarlo se emprendieron unas t\u00edmidas reformas, como la sustituci\u00f3n de los ca\u00f1ones de bronce por los modernos <em>Schneider <\/em>de 75 mm de acero, en servicio en los dos bandos tambi\u00e9n durante la Guerra Civil. No obstante, se continuaba muy por detr\u00e1s de otras naciones europeas, pues, por ejemplo, Italia contaba con 258 bater\u00edas y Alemania con 574, mientras que Espa\u00f1a solo con 88 y no todas completas de dotaciones y material (Cardona, 2005: 124-125). Es cierto, que adem\u00e1s de los ca\u00f1ones <em>Sotomayor<\/em> hab\u00eda en uso tambi\u00e9n algunos <em>Krupp, Schneider<\/em> y <em>Saint Chamond<\/em>. Todos fueron sustituidos por el mencionado <em>Schneider-Canet <\/em>modelo 1906, con un alcance inferior al modelo de 1897, que, no obstante, estuvo en servicio en Espa\u00f1a hasta despu\u00e9s de la Guerra Civil cuando en Francia hab\u00edan dejado de utilizarse en la Gran Guerra (Cardona, 1983: 11).<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n el reclutamiento militar fue objeto de reformas que llevaron a suprimir la injusticia que supon\u00eda el sistema de quintas con redenci\u00f3n en met\u00e1lico. La <em>Ley de Bases<\/em> de 29 de junio de 1911 y la<em> Ley del Servicio Militar <\/em>de 12 de febrero de 1912 obligaban a todos los j\u00f3venes espa\u00f1oles a realizar el servicio militar. No obstante, lo que se hizo m\u00e1s bien fue matizar la redenci\u00f3n en met\u00e1lico con la aparici\u00f3n del <em>soldado de cuota<\/em>, aquel que pod\u00eda pagar 2.000 pesetas y serv\u00eda solo cinco meses o bien abonaba 1.000 y serv\u00eda durante diez meses. Pero en caso de conflicto b\u00e9lico pod\u00edan ser movilizados. El resto que no pod\u00eda costear esas sumas ten\u00eda que servir durante tres a\u00f1os (Cardona, 1983: 8). Con lo que esa minor\u00eda de privilegiados que lo hab\u00edan eludido durante a\u00f1os, ya fuese por pertenecer a un estamento privilegiado o a una familia con solvencia econ\u00f3mica, \u201chubo de rendirse a la evidencia de que la riqueza hab\u00eda dejado de escudarla del ingrato deber de renunciar a su libertad y a sus ocupaciones para cumplir el mandato constitucional, al menos durante cinco o seis meses de su juventud\u201d. La llegada de los soldados de <em>cuota<\/em> introdujo mejoras en el d\u00eda a d\u00eda del soldado, como un mayor acondicionamiento de los cuarteles e impuls\u00f3 la creaci\u00f3n de cuerpos de voluntarios en el Protectorado (Puell, 1996: 300). Seg\u00fan Alpert, creaba la \u201cversi\u00f3n espa\u00f1ola de los ej\u00e9rcitos europeos de masas\u201d (2008: 57).<\/p>\n\n\n\n<p>Payne calific\u00f3 a esta reforma del general Luque\u2013aprobada durante el gobierno de Canalejas, siendo Aznar ministro de Guerra\u2013 como el \u00fanico intento de entidad por mejorar la organizaci\u00f3n y el sistema de reclutamiento y de reemplazo del ej\u00e9rcito. Adem\u00e1s, esta ley de 1912 cre\u00f3 una nueva categor\u00eda de oficiales de reserva llamada oficialidad de complemento, con reclutas con una instrucci\u00f3n previa, y que ten\u00eda como objeto aprovechar las facultades de estos reclutas con cierta instrucci\u00f3n y \u201cfacilitar las condiciones para el servicio militar de los j\u00f3venes de clases medias\u201d (Payne, 1986: 113-114). Luque pretendi\u00f3 con los oficiales de complemento reducir el n\u00famero de tenientes profesionales y disponer de suficientes cuadros de mando en caso de una guerra. No obstante, la oficialidad de complemento siempre fue escasa, en torno a los dos mil, y tampoco se disminuy\u00f3 el abultado escalaf\u00f3n (Cardona, 2005: 126). La Gran Guerra hab\u00eda puesto de manifiesto la necesidad del ej\u00e9rcito como naci\u00f3n en armas, que paulatinamente se impuso en la mayor\u00eda de las naciones europeas. Dos de sus elementos fundamentales iban a ser un servicio militar obligatorio y una oficialidad de complemento, pues esta oficialidad se utilizar\u00eda para instruir a los reclutas. Sin embargo, en Espa\u00f1a salieron pocos oficiales de complemento de los soldados de cuota, y menor a\u00fan fue el n\u00famero de estos que ingresaron en las academias de las diversas armas (Garc\u00eda Moreno, 1988: 26-181).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, esta reforma no mejor\u00f3 el ej\u00e9rcito, que sigui\u00f3 siendo una instituci\u00f3n ineficaz (Cardona, 2005: 126). La realidad del ej\u00e9rcito espa\u00f1ol se desarrollaba entre las escaramuzas de Marruecos \u2013que permit\u00edan ascender r\u00e1pidamente en el escalaf\u00f3n por m\u00e9ritos de guerra\u2013 y la monoton\u00eda que representaba la vida cuartelera en la Pen\u00ednsula, cuya oficialidad estaba mal pagada y no disfrutaba de los ascensos de sus hom\u00f3logos del Protectorado. Esta l\u00e1nguida existencia fue alterada por el estallido de la guerra en Europa. La revoluci\u00f3n b\u00e9lica que esta produjo \u201cinquiet\u00f3 a los militares espa\u00f1oles, cuya \u00faltima referencia era el conflicto franco-prusiano de 1870\u201d (Cardona, 2005: 129-130).<\/p>\n\n\n\n<p>El gobierno conservador de Eduardo Dato se declar\u00f3 neutral el 30 de julio de 1914. Se orden\u00f3 \u201cla m\u00e1s estricta neutralidad a los s\u00fabditos espa\u00f1oles con arreglo a las leyes vigentes y a los principios del Derecho p\u00fablico internacional\u201d<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>. Entre la prensa hubo evidentemente nerviosismo las semanas anteriores a la guerra. Los socialistas culparon a Alfonso XIII de declaraciones proclives a la guerra, pero lo cierto era que el monarca, al igual que los pol\u00edticos, ya hab\u00eda tomado una decisi\u00f3n, puesto que resultaba esencial mantenerse neutral, m\u00e1s si cabe debido a la debilidad del ej\u00e9rcito (Tusell y Garc\u00eda Queipo de Llano, 2001: 284).<\/p>\n\n\n\n<p>La contienda fue seguida con vivo inter\u00e9s desde Espa\u00f1a. Muchos militares y algunos pol\u00edticos se convencieron de la necesidad de emprender reformas en el ej\u00e9rcito. Esos deseos de reforma partieron por lo general de una tendencia liberal que buscaba un ej\u00e9rcito eficaz y operativo, que entonces no exist\u00eda, y \u201crespetuoso con el poder civil\u201d (Cardona, 1983: 81). Los tratadistas militares espa\u00f1oles admiraban indistintamente al ej\u00e9rcito franc\u00e9s y al alem\u00e1n (Baquer, 1971: 256). Aunque tambi\u00e9n es verdad que los partidarios de los imperios centrales en el ej\u00e9rcito eran muchos, entre los que destac\u00f3 el coronel Mart\u00edn Llorente, que sol\u00eda firmar sus obras con el pseud\u00f3nimo de <em>Armando Guerra<\/em> y que escribi\u00f3, entre otras, la obra <em>De Re Bellica<\/em> (Cardona, 2005: 130).<\/p>\n\n\n\n<p>Los militares espa\u00f1oles eran conscientes del atraso en el que se encontraba el ej\u00e9rcito, que se \u201cdistingu\u00eda poco del configurado por Narv\u00e1ez\u201d. Las restricciones presupuestarias a las que se ve\u00eda condenado imped\u00edan las necesarias pr\u00e1cticas de movilizaci\u00f3n, el armamento era anticuado \u2013aunque la artiller\u00eda contaba con algunos ca\u00f1ones modernos\u2013 y la caballer\u00eda estaba falta de veh\u00edculos. Los \u00fanicos avances apreciables eran los realizados por los ingenieros, que contaban con una unidad de dirigibles y con tel\u00e9fonos de campa\u00f1a y radios (Puell, 2009: 164).<\/p>\n\n\n\n<p>En 1917 se produjo un grave acontecimiento en el seno del ej\u00e9rcito como consecuencia de no haberse logrado una soluci\u00f3n al dilema de los ascensos. El problema oscilaba entre la aplicaci\u00f3n firme de la escala cerrada, \u201csolo viable cuando la regulaci\u00f3n de las escalas se hac\u00eda desde el ingreso en las academias, y la postrom\u00e1ntica exaltaci\u00f3n de los m\u00e9ritos de campa\u00f1a\u201d (Baquer, 1971: 211). Esta ser\u00eda la principal reivindicaci\u00f3n de las Juntas militares de Defensa \u2013fundadas un a\u00f1o antes en Barcelona por algunos oficiales de Infanter\u00eda con el objetivo de \u201cdefensa corporativa\u201d\u2013, partidarias del escalaf\u00f3n como \u00fanico modo de ascenso. La escala cerrada fue \u201cla gran reivindicaci\u00f3n de los militares del siglo xix para evitar el nepotismo, la corrupci\u00f3n y el ascenso pol\u00edtico\u201d. Si Artiller\u00eda, Ingenieros y Estado Mayor lo hab\u00edan logrado, no ocurr\u00eda lo mismo con la Infanter\u00eda y Caballer\u00eda, por lo que el descontento fue grande con los ascensos concedidos por las campa\u00f1as de Marruecos (Cardona: 1983: 59-60)<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, encontrar deseos de reforma en las obras de militares y pol\u00edticos de la \u00e9poca, la verdad es que, como se ver\u00e1, fue m\u00e1s bien poco lo que se hizo para mejorar la estructura del ej\u00e9rcito, que continu\u00f3 una vez acabada la guerra con su anticuada organizaci\u00f3n. S\u00ed es cierto que los nuevos ingenios b\u00e9licos impulsaron a cambiar las aulas por los campos de maniobras. En ese sentido, el ministro La Cierva organiz\u00f3 un Batall\u00f3n de Instrucci\u00f3n de Infanter\u00eda en el Campamento de Carabanchel, integrado por una compa\u00f1\u00eda de ametralladoras, otra de morteros y lanzallamas, cuatro de fusileros-granaderos m\u00e1s tres secciones de obreros, explosivos, tren y ciclistas (Puell, 2009: 178). Para destinarlos a las operaciones de Marruecos se compraron algunos carros franceses, en concreto los <em>Renault FT 17<\/em>, cuyas primeras unidades llegaron a Espa\u00f1a en 1919, siendo trasladados a Marruecos en 1922. Tambi\u00e9n se adquirieron otros carros franceses, los <em>Schneider <\/em>y los <em>Saint Chamond M-21. <\/em>El resultado de estos carros fue diverso, y en su haber hay que destacar el empleo de los <em>Renault <\/em>durante el desembarco de Alhucemas, primer desembarco anfibio de la historia en el que participaron carros de combate (Guerrero, 2017: 455-456). Pero a pesar de estas compras de carros de combate, lo cierto es que se continu\u00f3 con la anticuada organizaci\u00f3n y con la escasez de material (Guerrero, 2015: 48).<\/p>\n\n\n\n<p>Comenzando por los militares, es necesario destacar la figura del capit\u00e1n Equis, pseud\u00f3nimo bajo el cual, seg\u00fan Alonso Baquer, se escond\u00eda Nazario Cebreiros (Baquer, 1971). Este denunci\u00f3 las p\u00e9simas condiciones en las que se encontraba el ej\u00e9rcito y critic\u00f3 las reformas hasta entonces hechas, consider\u00e1ndolas como rid\u00edculas, \u201cde zapatero remend\u00f3n\u201d, defendiendo proceder por comparaci\u00f3n, imitando si era preciso lo realizado por otros ej\u00e9rcitos. Se\u00f1alaba el caso rumano, que se hab\u00eda inspirado en el ej\u00e9rcito alem\u00e1n, y pon\u00eda como ejemplo las posturas del entonces capit\u00e1n Pedro Jevenois, quien indicaba que era en ese pa\u00eds donde deber\u00edan inspirarse las reformas militares (1916: VII y 19).<\/p>\n\n\n\n<p>Expuso los inconvenientes que para \u00e9l ten\u00eda el agrupar en el Estado Mayor (EM) a \u201clos m\u00e1s listos\u201d de cada arma y cuerpo. Las soluciones a este problema pasaban por entregar el EM al Cuerpo de Estado Mayor (CEM), solo o en uni\u00f3n de aquellos oficiales que optaron por mantenerse en sus armas de procedencia una vez logrado el diploma de EM. No obstante, quedaba por saber si su personal disfrutar\u00eda de \u201cla preparaci\u00f3n t\u00e9cnica y el esp\u00edritu preciso para hacer del nuevo Estado Mayor Central un \u00f3rgano capaz de operar la profunda renovaci\u00f3n que de los cimientos a la c\u00fapula necesita sufrir el edificio militar de Espa\u00f1a\u201d (1916: 85).Pero sus quejas no se quedaban ah\u00ed, pues tambi\u00e9n criticaba el hecho de que los oficiales de EM ocupasen la mayor parte de su tiempo en tareas burocr\u00e1ticas en vez de \u201cperfeccionar su cultura profesional\u201d, pues no se realizaban \u201ctrabajos de invierno, ni juegos de guerra, ni viajes de Estado Mayor, ni ninguno, en fin, de los medios que en otros ej\u00e9rcitos se emplean para mantener siempre en tensi\u00f3n las fuerzas intelectuales del oficial de Estado Mayor\u201d (1916: 159).<\/p>\n\n\n\n<p>El capit\u00e1n Equis denostaba asimismo la edad para ingresar en la Escuela Superior de Guerra (ESG), creada por Real Orden de ocho de febrero de 1893, pues para ingresar en esta solo era necesario ser primer o segundo teniente con tres a\u00f1os de servicio y al menos uno en filas. Si terminaban los estudios en las academias entre los 17 y 19 a\u00f1os, pod\u00eda perfectamente ingresar en la ESG con solo 20 a\u00f1os, agrav\u00e1ndose la situaci\u00f3n en el momento de escribir esas cr\u00edticas, pues el per\u00edodo de servicios se hab\u00eda reducido a dos a\u00f1os. Es decir, que sin apenas experiencia militar ni madurez comenzaban estudios superiores, cuando en Francia, por ejemplo, eran necesarios siete a\u00f1os de servicios y cuatro en Alemania para ingresar en centros similares, terminando tambi\u00e9n sus estudios en las academias m\u00e1s tarde que en Espa\u00f1a (1916: 133-134). Tambi\u00e9n critic\u00f3 los m\u00e9todos seguidos en la ESG, censurando la vacuidad de sus contenidos, adem\u00e1s de afirmar que se desconoc\u00edan los ejercicios de aplicaci\u00f3n en t\u00e1ctica y estrategia. Por \u00faltimo, se\u00f1al\u00f3 que sus \u201ctendencias\u201d se acercaban m\u00e1s a \u201clas antiguallas que el general Foch censuraba\u201d que a las \u201cmodernas orientaciones\u201d que defend\u00eda (1916: 147-149).<\/p>\n\n\n\n<p>Cerraba el capit\u00e1n Equis su repaso a los problemas que asediaban al ej\u00e9rcito espa\u00f1ol se\u00f1alando que para lograr una verdadera reorganizaci\u00f3n del ej\u00e9rcito era preciso, antes, transformar completamente el CEM. Por otro lado, defend\u00eda ir a buscar la ciencia militar \u201call\u00e1 donde existe\u201d, como hac\u00edan otros pa\u00edses. El problema militar de Espa\u00f1a no tendr\u00eda remedio, porque siempre hab\u00edan fracasado todas las \u201cinnovaciones mejor intencionadas\u201d debido a la \u201cfalta de competencia y por la mezquindad de esp\u00edritu de aquellos que hab\u00edan de darles vida\u201d (1916: 165-166).Seg\u00fan se desprende de sus palabras, todo lo que ven\u00eda del extranjero era recibido en el ej\u00e9rcito con manifiesta \u201chostilidad\u201d, a excepci\u00f3n de exotismos en cuanto a vestimenta,&nbsp; como los cascos alemanes o capotes rusos, \u201csiempre de nuestra pueril satisfacci\u00f3n\u201d. Y se\u00f1alaba los ejemplos de Jap\u00f3n, Ruman\u00eda, Italia, Bulgaria y tantos otros que hab\u00edan adaptado a sus caracter\u00edsticas la ciencia militar de alemanes o franceses. Para remediar el atraso militar en el que se encontraba Espa\u00f1a, que iba de la mano de su atraso general, era necesario importar la ciencia militar de otros pa\u00edses. Y propon\u00eda dos medios. Por un lado, traer \u201cnumerosa comisi\u00f3n militar extranjera\u201d, destinada a hacer el ej\u00e9rcito \u201cen todas sus piezas\u201d. Por otro, enviar al extranjero \u201ccientos y miles de oficiales\u201d para practicar en sus academias y escuelas de guerra. Solo as\u00ed se lograr\u00eda crear un ej\u00e9rcito y \u201ctransformar el esp\u00edritu estrecho y la mentalidad at\u00e1vica de nuestras corporaciones militares\u201d. Propon\u00eda recurrir a Jap\u00f3n para lo primero, pues, aunque beligerante, se encontraba alejada de los combates. En su defecto, traer oficiales alemanes o franceses retirados (1916: 173-174).<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>La ciencia militar ante la guerra europea<\/em>, el general de brigada Ricardo Burguetetuvo que conciliar su idea \u201crom\u00e1ntica y abstracta de la guerra\u201d con la realidad que supuso el freno de la guerra ofensiva y su sustituci\u00f3n por una defensiva basada en las trincheras. Burguete centr\u00f3 sus an\u00e1lisis en el \u201cproblema de las maniobras operativas\u201d. Sus observaciones en este sentido pueden considerarse un antecedente de las ideas sovi\u00e9ticas sobre arte operativo (Jensen, 2014: 125). Burguete consideraba adem\u00e1s que el peque\u00f1o ej\u00e9rcito con el que contaba Espa\u00f1a, de 142.875 hombres, era una cifra rid\u00edcula y, de acuerdo a la extensi\u00f3n y poblaci\u00f3n del pa\u00eds, cre\u00eda m\u00e1s adecuado un ej\u00e9rcito de dos millones de soldados. \u201cCon cuatrocientos o quinientos mil hombres, cubrir nuestra indefensa y dilatada extensi\u00f3n de litoral y fronteras, es prepararse fatalmente a soportar, padecer y sufrir la suerte cruenta de B\u00e9lgica, Serbia, etc., en corta pero desastrosa campa\u00f1a\u201d. Este ej\u00e9rcito se pod\u00eda organizar con el mismo presupuesto entonces existente, con la excepci\u00f3n de las adquisiciones de material y armas que se necesitasen. Como es l\u00f3gico, un ej\u00e9rcito de esas dimensiones requer\u00eda una reforma org\u00e1nica, \u201cadaptable, con ligeras modificaciones\u201d, a lo legislado hasta entonces\u201d. En su opini\u00f3n, solo se necesitaba una \u201csencilla transformaci\u00f3n de los elementos y distribuci\u00f3n y recursos econ\u00f3micos de que la naci\u00f3n dispone\u201d. As\u00ed, Espa\u00f1a dispondr\u00eda de un ej\u00e9rcito activo totalmente equipado e instruido con m\u00e1s de medio mill\u00f3n de soldados, un \u201cDep\u00f3sito\u201d destinado a cubrir bajas con otro medio mill\u00f3n de soldados. A estos se sumar\u00eda un \u201cEj\u00e9rcito Territorial\u201d con m\u00e1s de un mill\u00f3n de hombres igualmente adiestrados (Burguete, 1917: 529-534).<\/p>\n\n\n\n<p>En el proyecto de Burguete, el ej\u00e9rcito activo dispon\u00eda en pie de paz de 20 divisiones, que ten\u00edan afecta otra divisi\u00f3n, con lo que cada una de estas se convert\u00eda, \u201cpor desdoblamiento, en tiempo de guerra, en un cuerpo de ej\u00e9rcito de dos divisiones\u201d, o lo que es lo mismo, se tendr\u00edan 20 cuerpos de ej\u00e9rcito que, agrupados \u201cde dos en dos\u201d, dar\u00edan diez ej\u00e9rcitos que se distribuir\u00edan en cada una de las diez regiones militares en las que cre\u00eda conveniente articular al pa\u00eds. Como es l\u00f3gico, este ej\u00e9rcito contar\u00eda con j\u00f3venes de entre 21 y 26 a\u00f1os de \u201cmayor energ\u00eda y vigor, f\u00edsica e intelectualmente considerados\u201d. A este ej\u00e9rcito permanente se sumar\u00edan las tropas desplegadas en Marruecos, para las que proyectaba un total de 45.000 soldados, Baleares y Canarias, as\u00ed como la Guardia Real.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a la organizaci\u00f3n de las brigadas y divisiones del ej\u00e9rcito activo, las primeras estar\u00e1n formadas por dos regimientos de infanter\u00eda (cuatro batallones), un grupo de tres escuadrones de caballer\u00eda, otro de tres bater\u00edas con seis piezas de tiro r\u00e1pido y un grupo mixto de ingenieros, adem\u00e1s de otras unidades menores, lo que daba un total de unos 5.000 soldados en cada brigada. La divisi\u00f3n estar\u00eda formada por dos de estas brigadas m\u00e1s \u201cuna estaci\u00f3n radiotelegr\u00e1fica de campa\u00f1a o monta\u00f1a agregada al cuartel general\u201d. En total, unos 10.165 hombres (Burguete, 1917: 554-558).<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan los c\u00e1lculos de Burguete, este proyecto de ej\u00e9rcito supondr\u00eda un ahorro para el erario p\u00fablico y los cambios que propon\u00eda, seg\u00fan se desprende de sus palabras, pod\u00edan \u201cllevarse a la pr\u00e1ctica en caso de necesidad perentoria, con toda rapidez, por decreto y sin variar esencialmente las leyes y reglamentos en vigor\u201d (1917: 581).<\/p>\n\n\n\n<p>Estas obras de esp\u00edritu reformista y otras, como <em>El oficial alem\u00e1n<\/em>, de Luis de la G\u00e1ndara, no cambiaron en nada la situaci\u00f3n, ya que el ej\u00e9rcito continu\u00f3 con su anticuada organizaci\u00f3n (Cardona, 2005: 130). Solo al final de la contienda se compraron algunos carros de combate franceses para ser destinados a las operaciones de Marruecos, donde tuvieron una desigual actuaci\u00f3n (Guerrero, 2017).<\/p>\n\n\n\n<p>Como se se\u00f1al\u00f3, el esp\u00edritu reformista de algunos pol\u00edticos defend\u00eda un ej\u00e9rcito m\u00e1s eficaz y respetuoso con el poder civil. Los casos de Aza\u00f1a y Romanones son los m\u00e1s importantes, llegando el primero a poner en pr\u00e1ctica sus proyectos en 1931. En cuanto a Romanones, sosten\u00eda en <em>El ej\u00e9rcito y la pol\u00edtica <\/em>que Espa\u00f1a no contaba con un ej\u00e9rcito eficaz que se pudiese medir con sus hom\u00f3logos europeos, debido a la falta de inter\u00e9s del Parlamento en mejorar la organizaci\u00f3n militar (1920: 8-9). Su obra es un intento de mostrar las graves deficiencias del ej\u00e9rcito espa\u00f1ol y la necesidad de remediarlas. Su modelo de ej\u00e9rcito era el democr\u00e1tico, integrado por todas las clases sociales y controlado por el Parlamento, que era el que hab\u00eda resultado victorioso en la Gran Guerra frente al tipo de naci\u00f3n armada representado por Alemania. Espa\u00f1a, sin embargo, debido a lo particular de su sistema de reclutamiento y reemplazo no disfrutaba de ninguno de los dos modelos (Romanones, 1921: 26-51).<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, s\u00ed se\u00f1alaba que la reforma de 1918 supuso una cierta mejora en la organizaci\u00f3n militar. Pero se continuaba falto de todo lo preciso para tener un ej\u00e9rcito moderno, ya que, a pesar de haberse aumentado el presupuesto del Ministerio de la Guerra, la desproporci\u00f3n existente entre las cantidades destinadas al personal y las que quedaban para todo lo dem\u00e1s eran muy grandes. Por tanto, era urgente proceder a reducir las plantillas (Romanones, 1921: 102-103).<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>Ley de Bases<\/em> de marzo de 1918 reorganiz\u00f3 al ej\u00e9rcito, dividi\u00e9ndolo en tres grandes agrupaciones: un ej\u00e9rcito de primera l\u00ednea, otro de segunda y uno territorial. El ej\u00e9rcito peninsular en pie de paz estaba formado por 16 divisiones org\u00e1nicas, tres de caballer\u00eda y una serie de unidades no afectas a estas divisiones. Las divisiones org\u00e1nicas constaban de tres brigadas, de las que dos eran de infanter\u00eda con dos regimientos, respectivamente. La tercera brigada estaba formada por un regimiento de artiller\u00eda ligera de campa\u00f1a y otro de artiller\u00eda pesada<a href=\"#_ftn2\">[2]<\/a>. El ej\u00e9rcito pas\u00f3 a tener 180.000 hombres con esta ley, pero no se atac\u00f3 \u201cel super\u00e1vit de varios millares de jefes y oficiales\u201d, que era el verdadero problema del ej\u00e9rcito (Alpert, 2008: 59).<\/p>\n\n\n\n<p>La proporci\u00f3n de artiller\u00eda de la divisi\u00f3n de 1918 hab\u00eda aumentado, con lo que se advierte que Espa\u00f1a ha seguido las lecciones de la Gran Guerra, pero eso era solo aparentemente, ya que, a pesar de ese aumento de los efectivos de artiller\u00eda, el n\u00famero de infantes no se hab\u00eda reducido, con lo que la divisi\u00f3n espa\u00f1ola era pesada y poco flexible. Adem\u00e1s, la fragmentaci\u00f3n de la divisi\u00f3n en brigadas y regimientos continu\u00f3 siendo binaria, es decir, que se basaba en \u201cagrupamientos de dos subunidades de maniobra\u201d, lo que restring\u00eda de manera significativa el desarrollo de una operaci\u00f3n (Herrero, 2003: 111).<\/p>\n\n\n\n<p>Al igual que el comandante Beta (1917: 38), Romanones cre\u00eda que el problema militar de Espa\u00f1a era de car\u00e1cter econ\u00f3mico m\u00e1s que t\u00e9cnico. Respecto al material con el que contaba el ej\u00e9rcito, sosten\u00eda que las divisiones carec\u00edan de lo necesario para resolver cualquier problema de guerra asignado (1920: 38-123). Resumiendo las principales medidas que Romanones defend\u00eda para el ej\u00e9rcito, podemos destacar, si bien son muchas m\u00e1s, que este ten\u00eda que ser democr\u00e1tico, donde todos los ciudadanos sirviesen \u201cen iguales condiciones y sujetos al mismo r\u00e9gimen\u201d. Este ej\u00e9rcito deb\u00eda estar dotado de \u201ccuantos elementos pueda tener el m\u00e1s perfecto\u201d. Su divisi\u00f3n territorial hab\u00eda de estar enfocada \u00fanicamente a la defensa nacional. Por otro lado, optaba por suprimir el Cuerpo de Estado Mayor y reducir a lo esencial la burocracia militar. En cuanto a la ense\u00f1anza militar, se modificar\u00edan sus programas y m\u00e9todos para lograr fundamentalmente \u201cescuelas de aplicaci\u00f3n militar\u201d, con un profesorado reclutado por una \u201cselecci\u00f3n exquisita\u201d. Hac\u00eda tambi\u00e9n hincapi\u00e9 en que los oficiales de carrera siguiesen una instrucci\u00f3n durante toda su vida militar y en que a general solo llegasen aquellos coroneles que hubiesen mostrado una notable aptitud en el mando de tropas mixtas. Adem\u00e1s, la edad de aquellos aspirantes a oficiales no podr\u00eda ser menor de veinti\u00fan a\u00f1os. Como bien se\u00f1alaba, la obra a realizar era muy importante y el pa\u00eds la merec\u00eda, \u201cla existencia y el porvenir de nuestra patria de ella dependen\u201d (1920: 257-264).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la crisis de las Juntas de Defensa hasta la dictadura de Primo de Rivera no hubo m\u00e1s reformas estructurales en el ej\u00e9rcito por la presi\u00f3n ejercida por las juntas. El que apenas hubiese cambios en el ej\u00e9rcito no quiere decir que los militares desconociesen lo sucedido en la Gran Guerra (Guerrero, 2015: 49). Los militares espa\u00f1oles conocieron lo acontecido en este conflicto a trav\u00e9s de la prensa civil o peri\u00f3dicos militares como <em>La Correspondencia Militar<\/em> y los <em>Memoriales<\/em> de las armas de Infanter\u00eda, Caballer\u00eda e Ingenieros. La prensa se convirti\u00f3 en el principal \u201ccampo de batalla\u201d para las disputas entre german\u00f3filos y aliad\u00f3filos. Entre los m\u00e1s populares estuvo el ya mencionado Francisco Mart\u00edn Llorente, quien bajo el seud\u00f3nimo de Armando Guerra mostr\u00f3 sin tapujos su germanofilia en diarios como <em>ABC <\/em>y <em>El Debate<\/em> (Redondo, 1985: 197).<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n fueron muy importantes las revistas profesionales. Quiz\u00e1 la m\u00e1s importante de todas fue la sesuda <em>La Guerra y su Preparaci\u00f3n<\/em>, editada mensualmente por la Direcci\u00f3n General de Preparaci\u00f3n en Campa\u00f1a entre 1916 y 1936, y en la que las noticias remitidas por los agregados militares constituyeron su principal, que no \u00fanica, aportaci\u00f3n. En 1932 pas\u00f3 a llamarse <em>Revista de Estudios Militares<\/em>. Alpert afirma que gracias a esta revista los militares espa\u00f1oles pudieron estar al tanto de los progresos militares de la \u00e9poca (Alpert, 2008: 40).<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Guerra y su Preparaci\u00f3n<\/em>&nbsp; constituy\u00f3 el principal \u201cveh\u00edculo de noticias directas y veraces\u201d del que se sirvieron los militares espa\u00f1oles para estar al tanto de lo que ocurr\u00eda en los teatros de operaciones de la Gran Guerra. Pero no solo se nutri\u00f3 de las informaciones enviadas por los agregados militares, sino que tambi\u00e9n cont\u00f3 con las informaciones remitidas por los observadores enviados a los distintos frentes, que en muchos casos eran tambi\u00e9n los propios agregados militares. Esta pr\u00e1ctica de enviar observadores militares a los principales conflictos b\u00e9licos se remontaba al siglo xviii y durante la Gran Guerra cont\u00f3 con un ambiente favorable debido a la neutralidad espa\u00f1ola y a las buenas relaciones de Alfonso XIII con el resto de monarcas europeos, lo que alejaba los l\u00f3gicos recelos que los contendientes pudieran tener (Redondo, 1985: 199).Su primer n\u00famero de mayo de 1916 conten\u00eda art\u00edculos tan sugerentes como los siguientes: \u201cEl servicio obligatorio, restringido, en Inglaterra\u201d; \u201cLa ofensiva francesa en la Champagne a fin de 1915\u201d; \u201cLos servicios sanitarios del ej\u00e9rcito ingl\u00e9s en la Gran Guerra\u201d; \u201cLa organizaci\u00f3n del alto mando del ej\u00e9rcito en campa\u00f1a de Austro-Hungr\u00eda\u201d y \u201cAparato y procedimiento empleado en el ej\u00e9rcito franc\u00e9s para arrojar bombas desde aeroplano\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n aparecieron numerosas obras sobre la contienda y el capit\u00e1n Fernando Ahumada escribi\u00f3 en 1931 un art\u00edculo titulado \u201cEnsayo de bibliograf\u00eda sistem\u00e1tica hist\u00f3rica-militar de la Gran Guerra\u201d, que, si bien no era completa, s\u00ed reun\u00eda lo m\u00e1s importante de lo publicado hasta el momento sobre la guerra europea. En total recogi\u00f3 671 obras que, sin duda, tuvieron que ser de gran utilidad para todos aquellos estudiosos e interesados en la Gran Guerra. No faltaba pues inter\u00e9s por lo sucedido en el extranjero, como bien indic\u00f3 Mola, quien manifestaba que si no se pon\u00edan en pr\u00e1ctica esos m\u00e9todos era debido a la nefasta situaci\u00f3n en la que se encontraban las unidades \u201ctanto en personal como en ganado y material\u201d (Mola, 1934: 90-91). A todo esto habr\u00eda que a\u00f1adir la aventura editorial de los entonces capitanes Rojo y Alam\u00e1n que en septiembre de 1928 comenzaron a editar la exitosa Colecci\u00f3n Bibliogr\u00e1fica Militar (CBM), con la que pretend\u00edan mejorar la cultura profesional de los oficiales espa\u00f1oles. Recogi\u00f3 entre sus m\u00e1s de cien obras numerosos estudios sobre la Gran Guerra no solo de autores espa\u00f1oles, sino de firmas extranjeras tan prestigiosas como Fuller o los mariscales Caviglia y Petain.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, tambi\u00e9n es preciso se\u00f1alar que terminada la Gran Guerra tampoco prosper\u00f3 el reformismo militar. Francia, pa\u00eds victorioso en el conflicto, vio c\u00f3mo su Escuela Superior de Guerra se convirti\u00f3 \u201cen el centro de estudios militares m\u00e1s c\u00e9lebre del mundo\u201d. Sus teor\u00edas se centraron en la guerra de posiciones, la que les hab\u00eda dado la victoria. La defensiva era la base, y m\u00e1s en un ambiente pacifista tras los horribles a\u00f1os de la guerra, pues, como bien apunta Cardona, \u201cla idea del ej\u00e9rcito defensivo fue consecuencia de considerar inmoral la guerra de conquista y de que las grandes victorias aliadas de la primera guerra mundial hab\u00edan sido batallas defensivas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde 1918 surgieron una serie de teor\u00edas futuristas, consideradas como heterodoxas por los Estados Mayores, que acarrearon a sus profetas serios problemas con sus superiores (Cardona, 1983: 85). Estas teor\u00edas se divid\u00edan en dos: la doctrina de la mecanizaci\u00f3n integral, nacida en Reino Unido y Norteam\u00e9rica, y la de la guerra a\u00e9rea, surgida en Italia, combinada con la qu\u00edmica. Estaban tambi\u00e9n las teor\u00edas \u201cevolucionistas\u201d, defensoras de una parcial mecanizaci\u00f3n y una progresiva motorizaci\u00f3n, como preconizaba el general All\u00e9haut en Francia, o las defensoras de crear ej\u00e9rcitos profesionales, caso del general Von Seeckt en Alemania (L\u00f3pez Mu\u00f1iz, 1934: 24).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, entre 1919 y 1930 se volvi\u00f3 al concepto de guerra din\u00e1mica, de movimientos, intentando escapar de la \u201ctiran\u00eda de la trinchera\u201d. Adem\u00e1s, como bien indicaba Garc\u00eda Albors en un anexo de su obra <em>Motorizaci\u00f3n y mecanizaci\u00f3n del ej\u00e9rcito<\/em>, se produjo una disputa entre dos posturas. Una defend\u00eda que la m\u00e1quina esclavizaba al hombre. La otra, que serv\u00eda a este. Con estas premisas se desarrollaron las teor\u00edas anteriormente se\u00f1aladas.<\/p>\n\n\n\n<p>En Espa\u00f1a el problema de la motorizaci\u00f3n y de la mecanizaci\u00f3n del ej\u00e9rcito suscit\u00f3 un acalorado debate entre los defensores de la caballer\u00eda tradicional y los partidarios de mecanizar y motorizar al ej\u00e9rcito. Seg\u00fan Alpert, en Espa\u00f1a no se conoc\u00edan detalladamente las teor\u00edas sobre el empleo en masa e independientemente del carro de combate. Y aunque las principales revistas militares se hicieron eco de las nuevas teor\u00edas de la guerra, en Espa\u00f1a solo fueron discutidas y comentadas, pero no se llevaron nunca a la pr\u00e1ctica, porque las dificultades de tipo financiero y de falta de recursos materiales lo impidieron (2008: 42-43).<\/p>\n\n\n\n<p>Las teor\u00edas francesas tendentes a la estabilizaci\u00f3n una vez terminada la Gran Guerra fueron observadas por Espa\u00f1a, que no dud\u00f3 en copiarlas para modernizar sus doctrinas. Espa\u00f1a observ\u00f3 desde su posici\u00f3n neutral lo que ocurri\u00f3 en esta guerra y quiso adoptar la doctrina m\u00e1s conveniente \u201cbuceando en el confusionismo que se produce al terminar la guerra\u201d. As\u00ed, \u201cca\u00edmos \u00e1vidos, deseosos de europeizar nuestras teor\u00edas sobre la reglamentaci\u00f3n francesa de los a\u00f1os 20 y 21\u201d (L\u00f3pez Mu\u00f1iz, 1934: 14). Por otro lado, y como es l\u00f3gico, lo sucedido en la Gran Guerra empuj\u00f3 a una serie de cambios que llevaron a aumentar la dotaci\u00f3n de artiller\u00eda en las divisiones frente a una reducci\u00f3n de la infanter\u00eda. Es lo que hizo Francia, pasando la divisi\u00f3n francesa de 1932 a tener un artillero cada 2,5 infantes cuando en 1914 hab\u00eda uno cada nueve infantes, aumentando tambi\u00e9n el n\u00famero de piezas de artiller\u00eda. Por su parte, la divisi\u00f3n espa\u00f1ola ten\u00eda una menor proporci\u00f3n de artilleros no obstante tener m\u00e1s efectivos, y su n\u00famero de ca\u00f1ones era tambi\u00e9n menor (L\u00f3pez Mu\u00f1iz, 1934: 89).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque convendr\u00eda matizar esta afirmaci\u00f3n si se observa el \u00e9xito que tuvo la CBM de Rojo y Alam\u00e1n, Cardona indica que en Espa\u00f1a predomin\u00f3 la desgana y la pasividad de los estudios militares. Los deseos liberales de reformas no pasaron de \u201cest\u00e9riles p\u00e1ginas escritas\u201d. La reforma del pol\u00edtico conservador La Cierva tuvo como principal objetivo refrenar a los junteros, pero no a la necesaria transformaci\u00f3n del ej\u00e9rcito. Por lo tanto, el problema del ej\u00e9rcito espa\u00f1ol se mantuvo y hubo que esperar a un dictador militar para ver los primeros intentos de transformaci\u00f3n de su \u201cdin\u00e1mica interna\u201d (Cardona, 1983: 86). La verdad es que entre la Ley de Bases de 1918 y esos intentos de Primo Rivera no se encuentra cambio alguno en la estructura del ej\u00e9rcito espa\u00f1ol (Alpert, 2008: 61).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La dictadura de Primo De Rivera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No se desarrollaron en este per\u00edodo serios intentos por acometer las reformas que el ej\u00e9rcito precisaba. El general Primo de Rivera tuvo que hacer equilibrios para contentar a los junteros sin que eso comprometiese el apoyo de los africanistas. A esto habr\u00eda que a\u00f1adir el conflicto con los artilleros, que le llev\u00f3 a disolver el Arma en dos ocasiones, y el paulatino descontento de la mayor\u00eda de los militares con su r\u00e9gimen (Puell, 2009: 178-179).<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 lo m\u00e1s trascendental de esta etapa fue el restablecimiento de la Academia General Militar (AGM) en 1927. De este modo se aboli\u00f3 la secular pr\u00e1ctica por la que artilleros e ingenieros militares sal\u00edan de sus respectivas academias con el t\u00edtulo de ingeniero industrial y de caminos, canales y puertos, como ven\u00eda sucediendo desde comienzos del siglo xix (Puell, 2009: 199). El objetivo que buscaba el dictador a la hora de reabrir la AGM era acabar con ese esp\u00edritu de cuerpo que caracteriz\u00f3 al sistema de academias independientes y sustituirlo por otro en el que primase el compa\u00f1erismo entre las distintas armas mediante la unidad de doctrina (Guerrero, 2015: 121). Seg\u00fan Alpert, se persegu\u00eda acabar con esa separaci\u00f3n entre las armas del ej\u00e9rcito y \u201calentar el ambiente de m\u00edstica profesional y compa\u00f1erismo encarnado por los llamados africanistas\u201d (2008: 161). Por su parte, Blanco Escol\u00e1 afirma que Primo de Rivera necesitaba cohesionar a los militares \u2013divididos entre junteros y africanistas\u2013, ya que necesitaba el apoyo de unos y de otros (1989: 21). Este particularismo entre las distintas armas ya hab\u00eda sido criticado por el comandante Beta, partidario tambi\u00e9n de un centro com\u00fan para la formaci\u00f3n de los oficiales (Beta, 1917: 137). Tambi\u00e9n por Mola, que pensaba que la AGM fue el mejor centro militar que hab\u00eda tenido Espa\u00f1a por su organizaci\u00f3n t\u00e9cnica y perfecci\u00f3n de sus m\u00e9todos de ense\u00f1anza (1934: 132).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, Primo de Rivera no llev\u00f3 a cabo una reducci\u00f3n del elevado n\u00famero de oficiales con los que contaba el ej\u00e9rcito, pues ah\u00ed estaba uno de sus principales problemas y la llave para llevar a cabo su profunda y necesaria reforma. Hubo dos proyectos en este sentido, sin embargo, el temor a enfrentarse al cuerpo de oficiales llev\u00f3 a Primo de Rivera a no ponerlos en pr\u00e1ctica. El primero de estos proyectos contemplaba el retiro voluntario de cerca de 5.000 oficiales, un n\u00famero elevado que hubiese sido fundamental para proceder a una aut\u00e9ntica reforma del ej\u00e9rcito. Estos 5.000 oficiales recibir\u00edan una cantidad de dinero proporcional a su rango y a sus a\u00f1os de servicio. El segundo proyecto era una alteraci\u00f3n del primero, pues los oficiales retirados pasar\u00edan a la situaci\u00f3n de reserva cobrando una pensi\u00f3n (Cardona, 1983: 95).<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, el perfeccionamiento armament\u00edstico alcanzado durante la Gran Guerra y su repercusi\u00f3n en la t\u00e1ctica y la estrategia empujaron en 1924 al Estado Mayor Central del Ej\u00e9rcito (EMCE) a redactar y publicar su \u201c<em>Doctrina para el empleo t\u00e1ctico de las armas y los servicios\u201d<\/em>. Como se explicaba en su introducci\u00f3n, en Espa\u00f1a se padec\u00eda una falta de \u201cadaptaci\u00f3n a los progresos de la t\u00e9cnica militar y a las recientes ense\u00f1anzas\u201d. Y es que durante la guerra mundial se hab\u00eda desarrollado totalmente el concepto de \u201cnaci\u00f3n en armas\u201d. Por otro lado, las modernas industrias hab\u00edan logrado un gran perfeccionamiento armament\u00edstico cuya repercusi\u00f3n en la estrategia y en la t\u00e1ctica obligaba a \u201cuna revisi\u00f3n de los antiguos conceptos y valores\u201d para establecer una doctrina que sirviese al ej\u00e9rcito para su debida organizaci\u00f3n y preparaci\u00f3n para futuros conflictos. Para ello tuvieron presente \u201clo poco que resulta aprovechable de las ense\u00f1anzas\u201d de las campa\u00f1as de Marruecos y las inferidas de la contienda europea, adaptadas a las condiciones de Espa\u00f1a (1929: 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Primo de Rivera llev\u00f3 a cabo una reorganizaci\u00f3n del ej\u00e9rcito. Artiller\u00eda sufri\u00f3 su primera reorganizaci\u00f3n en noviembre de 1926, reduci\u00e9ndose los regimientos a 31, es decir, seis menos que en 1918<a href=\"#_ftn3\">[3]<\/a>. A\u00f1os despu\u00e9s, en 1929, volvi\u00f3 a ser reorganizada, quedando las tropas de artiller\u00eda peninsulares en pie de paz reducidas a ocho regimientos de artiller\u00eda ligera, ocho de artiller\u00eda a pie, uno a caballo, tres de artiller\u00eda de monta\u00f1a y tres de costa<a href=\"#_ftn4\">[4]<\/a>. Es decir, que se suprimieron ocho regimientos de artiller\u00eda ligera, algo que ha sido visto como un castigo de Primo de Rivera a este cuerpo por su participaci\u00f3n en el pronunciamiento contra el dictador (Navajas, 1991: 166).<\/p>\n\n\n\n<p>La Caballer\u00eda tambi\u00e9n tuvo que pasar por varias reorganizaciones. En noviembre de 1926 qued\u00f3 integrada por el escuadr\u00f3n de Escolta Real y 27 regimientos, de los que dos eran de lanceros, tres de dragones, dos de h\u00fasares y 14 de cazadores<a href=\"#_ftn5\">[5]<\/a>. Unas denominaciones obsoletas, \u201ccomo si Napole\u00f3n III acabara de ser derrotado por los prusianos\u201d (Cardona, 2005: 130). En junio de 1929 se llev\u00f3 a cabo una nueva reorganizaci\u00f3n por la que se agrup\u00f3 a sus 27 regimientos en nueve brigadas, formando las dos primeras una divisi\u00f3n<a href=\"#_ftn6\">[6]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La reorganizaci\u00f3n de la Infanter\u00eda mantuvo los 64 regimientos de 1918, adem\u00e1s hab\u00eda tres de bases navales, un grupo de carros de combate y doce batallones de cazadores de monta\u00f1a agrupados en divisiones, brigadas y medias brigadas<a href=\"#_ftn7\">[7]<\/a>. El grupo de carros de combate no se lleg\u00f3 a materializar<a href=\"#_ftn8\">[8]<\/a>. Para Puell la causa estaba en que la efectividad del carro de combate segu\u00eda sin estar clara para muchos (2009: 179-180).<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, la dictadura se preocup\u00f3 por mejorar la preparaci\u00f3n de los mandos, especialmente tras el desastre de Annual. Ya antes de la llegada de Primo de Rivera al poder aparecieron las primeras menciones a los cursos de coroneles. Tambi\u00e9n los hubo de capitanes, y tanto unos como otros pretendieron mejorar la capacidad de los mandos. La mayor\u00eda de los coroneles asisti\u00f3 a esos cursos, lo que demuestra su deseo de estar al corriente de los progresos militares. Las ense\u00f1anzas estaban al d\u00eda con respecto a las de los otros pa\u00edses y los docentes, con un alto nivel de conocimientos, dispon\u00edan de fuentes modernas, prioriz\u00e1ndose tambi\u00e9n la ense\u00f1anza pr\u00e1ctica frente a la te\u00f3rica (Ruiz Vidondo, 2006: 204-205).<\/p>\n\n\n\n<p>En 1926, el, a la saz\u00f3n, coronel Francisco Franco, desde la tribuna que representaba la <em>Revista de Tropas Coloniales<\/em> manifestaba, en el n\u00famero de noviembre de ese a\u00f1o, que no se pod\u00eda \u201cpasar m\u00e1s tiempo sin que los estudios de la post-guerra cristalicen en una organizaci\u00f3n militar eficiente y adecuada a nuestra potencia econ\u00f3mica y constituci\u00f3n geogr\u00e1fica\u201d. En lo relativo al Ej\u00e9rcito de \u00c1frica, donde se hab\u00eda cimentado su fulgurante carrera, es interesante resaltar la negativa a que las unidades fundamentasen su organizaci\u00f3n y adiestramiento \u201cen la moderna teor\u00eda del combate, resultado de la guerra de trincheras, patr\u00f3n franc\u00e9s\u201d. Este modelo, adoptado en toda Europa, hab\u00eda \u201cdado al traste con la maniobra caracter\u00edstica de las unidades\u201d. Y dado que el enemigo al que se enfrentaban en Marruecos se caracterizaba por ser \u201cemprendedor y maniobrero\u201d, luchar de esa manera solo pod\u00eda acarrear funestas consecuencias. De los \u201cvicios\u201d resultantes de las ense\u00f1anzas del conflicto europeo, basadas en la guerra de posiciones, tambi\u00e9n ten\u00eda que alejarse el ej\u00e9rcito peninsular, quien deb\u00eda retomar su \u201cmovilidad y ligereza\u201d (1926: 241). Pero Franco tambi\u00e9n se va a mostrar defensor en este art\u00edculo de ca\u00f1ones de menor calibre, mientras que en el resto de Europa la obsesi\u00f3n era incrementar la potencia artillera (Cardona, 1983: 14).<\/p>\n\n\n\n<p>Estas palabras de Franco reflejaban el sentir general del momento, pues los a\u00f1os posteriores al final de la Gran Guerra presenciaron unas acaloradas discusiones que buscaban dilucidar c\u00f3mo ser\u00eda la pr\u00f3xima guerra, es decir, si volver\u00eda a la lucha en campo abierto, a utilizar de nuevo la maniobra, o si se fundamentar\u00eda en la guerra de posiciones con la trinchera como actor principal. Defensores de la maniobra, de la guerra de movimiento, eran los alemanes, y a ellos les correspond\u00eda \u201cvelar por los fueros del arte militar cl\u00e1sico\u201d. Pero no solo se encontraban en Alemania las opiniones favorables a la guerra de movimiento, sino que tambi\u00e9n eran corrientes en Italia y en Reino Unido. Asimismo, en Francia, si inmediatamente al final de la guerra se alz\u00f3 como la \u201cm\u00e1s apegada a la estabilizaci\u00f3n\u201d, a partir de 1930 aproximadamente vivi\u00f3 una evoluci\u00f3n en su pensamiento hacia la guerra en campo abierto. En suma, en todos los pa\u00edses, incluso en Francia, se pensaba y preparaban, \u201cesto es lo m\u00e1s interesante\u201d, para la guerra de movimiento (L\u00f3pez Mu\u00f1iz, 1934: 16-23).<\/p>\n\n\n\n<p>Terminada la dictadura de Primo de Rivera, el ej\u00e9rcito continuaba siendo un organismo ineficaz, pobremente armado y de escasa operatividad, con la excepci\u00f3n de las unidades destacadas en Marruecos. Espa\u00f1a apenas ten\u00eda medios acorazados, la defensa antia\u00e9rea era casi inexistente y, como indic\u00f3 Mola, respecto a la guerra qu\u00edmica apenas se hab\u00eda hecho nada (1934: 232-233). Si se quer\u00eda estar al nivel de los ej\u00e9rcitos m\u00e1s modernos, hab\u00eda que \u2013tal como acertadamente indic\u00f3 el comandante de Artiller\u00eda Vicente Montojo\u2013 crear unidades de informaci\u00f3n, defensa antia\u00e9rea, guerra qu\u00edmica y mecanizaci\u00f3n (1930: 256-257). Esto era precisamente de lo que carec\u00eda Espa\u00f1a, que apenas dispon\u00eda de unos pocos y vetustos carros de combate no aptos \u201cni para exhibirlos en las paradas y los desfiles, de asm\u00e1ticos que estaban los pobrecitos\u201d (Mola, 1934: 232).<\/p>\n\n\n\n<p>Escrib\u00eda Mola que, al finalizar la dictadura de Primo de Rivera, aunque se hab\u00edan realizado algunas mejoras, el ej\u00e9rcito segu\u00eda siendo ineficaz, anticuado y con sus escalas saturadas. Las tropas destacadas en Marruecos contaban con una buena instrucci\u00f3n, pero el estado del material y del armamento era preocupante. Del armamento disponible a finales de 1931 tan solo unos 40.000 fusiles, 300 ametralladoras, entre ocho y diez grupos de obuses de monta\u00f1a, algunas bater\u00edas de fabricaci\u00f3n posterior a 1927 y los ca\u00f1ones de costa instalados en los puertos de Cartagena, Ferrol y Mah\u00f3n, no hab\u00edan sufrido el desperfecto ocasionado por la guerra de Marruecos (1934: 227). Evidentemente, las elevadas sumas del presupuesto destinadas a pagar los sueldos de oficiales y soldados imped\u00edan modernizar el armamento, aunque Payne apunta que las partidas destinadas a la compra de armamento sufrieron alg\u00fan aumento (1986: 249).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La Rep\u00fablica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00e1 especialmente a partir de la Rep\u00fablica y como consecuencia de las lecciones de la Gran Guerra cuando el ej\u00e9rcito empiece a sufrir una diversificaci\u00f3n en su estructura. La llegada de la Rep\u00fablica conllev\u00f3 el \u201cproceso de racionalizaci\u00f3n del ej\u00e9rcito m\u00e1s coherente y controvertido que se hab\u00eda planteado en el \u00faltimo siglo (Puell, 2009: 165- 181). Sin embargo, a la llegada de Aza\u00f1a al ministerio de la Guerra a\u00fan quedaba mucho por hacer y las innovaciones militares desarrolladas en la Gran Guerra a\u00fan estaban en pa\u00f1ales. La Caballer\u00eda carec\u00eda de dotaciones motorizadas y blindadas. La suma de veh\u00edculos del ej\u00e9rcito no pasaba de los mil, con una gran variedad de modelos, lo que no era lo m\u00e1s acertado. La mayor\u00eda de los aviones eran anticuados y su n\u00famero escaso. La artiller\u00eda antia\u00e9rea se limitaba a ocho vetustos ca\u00f1ones y la guerra qu\u00edmica era inexistente. Solo hab\u00eda un pu\u00f1ado de carros franceses de la Gran Guerra. En cuanto al armamento ligero, ya se explic\u00f3 que en su mayor parte estaba muy desgastado como consecuencia de la guerra de Marruecos. Adem\u00e1s, el ej\u00e9rcito espa\u00f1ol a\u00fan no contaba con cascos de acero para sus soldados (Cardona, 1983: 13-14).<\/p>\n\n\n\n<p>Aza\u00f1a, a diferencia de Romanones, s\u00ed puso en pr\u00e1ctica sus particulares ideas sobre c\u00f3mo deb\u00eda ser el ej\u00e9rcito al ser nombrado ministro de Guerra. Durante la Gran Guerra hab\u00eda visitado en varias ocasiones los frentes franc\u00e9s e italiano. Sus conocimientos de la pol\u00edtica militar francesa le llevaron a escribir <em>Estudios de pol\u00edtica francesa contempor\u00e1nea<\/em>, donde abogaba, al igual que Romanones, por la necesidad de contar en Espa\u00f1a con un ej\u00e9rcito democr\u00e1tico y eficaz. Adem\u00e1s, cre\u00eda conveniente la supresi\u00f3n del ej\u00e9rcito permanente, ya que constituir\u00eda \u201cuna ganancia, un bien puro sin mezcla de mal alguno. En Espa\u00f1a es todav\u00eda m\u00e1s; abolir el sistema militar vigente es una cuesti\u00f3n de vida o muerte\u201d (1918: 13). Quer\u00eda para Espa\u00f1a un ej\u00e9rcito m\u00e1s eficaz y operativo, pero especialmente un ej\u00e9rcito que no se entrometiese en la vida pol\u00edtica del pa\u00eds. Sus deseos iban tambi\u00e9n encaminados a republicanizarlo y a disminuir su tama\u00f1o, recortando su abultado escalaf\u00f3n, y fue el primero en intentarlo verdaderamente. Si bien consigui\u00f3 recortar considerablemente el n\u00famero de oficiales, el ej\u00e9rcito sigui\u00f3 siendo ampliamente utilizado como elemento represor. La presencia de tropas del ej\u00e9rcito fue frecuente en ciudades y en el campo espa\u00f1ol a pesar de no haber querido hacer de este \u201cuna prolongaci\u00f3n de la Guardia Civil\u201d (Salas Larrazabal, 1973: 55). Por otro lado, la carencia de medios era angustiosa. Como los medios econ\u00f3micos eran muy escasos y no exist\u00eda apenas una industria armament\u00edstica, las reformas se limitaron al personal y a la organizaci\u00f3n (Cardona, 1983: 157-157).<\/p>\n\n\n\n<p>Alpert considera que a Aza\u00f1a no le interesaban los problemas t\u00e9cnicos del ej\u00e9rcito, ya que su inter\u00e9s por el ej\u00e9rcito era b\u00e1sicamente pol\u00edtico (2008: 191). Payne es de la misma opini\u00f3n, pues se\u00f1ala que es improbable demostrar verdaderos esfuerzos de Aza\u00f1a por mejorar el armamento o la eficacia t\u00e9cnica del ej\u00e9rcito, no mostrando mucho inter\u00e9s por cuestiones como la artiller\u00eda o los carros de combate al creer que Espa\u00f1a nunca se ver\u00eda envuelta en una guerra importante (1986: 285).<\/p>\n\n\n\n<p>Su contacto con militares extranjeros despert\u00f3 en Aza\u00f1a el deseo de crear un ej\u00e9rcito integrado en el Estado liberal, disciplinado y capaz de emprender una guerra moderna. Acusado de antimilitarista, en realidad su gran preocupaci\u00f3n fue reformar al ej\u00e9rcito, no destruirlo. Su pol\u00edtica militar fue similar a la de otros pa\u00edses europeos democr\u00e1ticos, especialmente a la de Francia, de ah\u00ed que el modelo de ej\u00e9rcito defensivo de inspiraci\u00f3n francesa guiara su labor reformista. Adem\u00e1s, un pa\u00eds como Espa\u00f1a, con una d\u00e9bil industrializaci\u00f3n, no pod\u00eda organizar \u201cun cuerpo de batalla dotado de modernos medios t\u00e9cnicos\u201d. Por esto, solo se emprendieron cambios organizativos, pero \u201cel armamento, la aviaci\u00f3n, los veh\u00edculos, los equipos jam\u00e1s pasaron del estado de proyectos\u201d (Cardona, 1983: 117-122). La base de su reorganizaci\u00f3n fueron los modelos divisionarios europeos, aunque con particularidades, como la escasa proporci\u00f3n de artiller\u00eda respecto a la infanter\u00eda. No obstante, se puede considerar como importante su restructuraci\u00f3n, ya que por vez primera se intent\u00f3 reorganizar \u201cracionalmente\u201d al ej\u00e9rcito, Sin embargo, razones de \u00edndole pol\u00edtico y econ\u00f3mico desvirtuaron su aplicaci\u00f3n (Cardona, 1983: 155).<\/p>\n\n\n\n<p>El texto del decreto de reorganizaci\u00f3n del ej\u00e9rcito indicaba que era excesivo el n\u00famero de unidades, adem\u00e1s de d\u00e9biles y \u201coneros\u00edsimas\u201d. Igualmente, se\u00f1alaba que, aunque la mayor\u00eda de naciones hab\u00edan optado por la divisi\u00f3n de tres regimientos o ternaria, en Espa\u00f1a se hab\u00eda elegido la de cuatro regimientos o cuaternaria \u201ca fin de que, al reducirse ahora el n\u00famero de grandes unidades, cada una de las subsiguientes, tenga fortaleza bastante para realizar empresas de alguna consideraci\u00f3n\u201d. Adem\u00e1s, dispondr\u00eda de un poder artillero proporcional a la fuerza de la unidad<a href=\"#_ftn9\">[9]<\/a>. Las 16 divisiones entonces existentes fueron reducidas a ocho, suprimi\u00e9ndose 37 regimientos de infanter\u00eda, cuatro batallones de monta\u00f1a, nueve de cazadores, 17 regimientos de caballer\u00eda, uno de ferrocarriles y dos batallones de ingenieros; se organizaron asimismo dos regimientos de carros de asalto y un batall\u00f3n de ametralladoras. La divisi\u00f3n de caballer\u00eda independiente se mantuvo, aunque se redujeron a diez los regimientos de esta arma<a href=\"#_ftn10\">[10]<\/a>. El modelo de la divisi\u00f3n espa\u00f1ola de 1931 era muy similar al de la divisi\u00f3n francesa de 1918, y se aprecia una reducci\u00f3n de la caballer\u00eda y un aumento de la artiller\u00eda (Alpert, 2008: 194-195). No obstante, la divisi\u00f3n cuaternaria sufri\u00f3 muchas cr\u00edticas por considerarse una unidad muy pesada y poco apta para la geograf\u00eda espa\u00f1ola, pregunt\u00e1ndose muchos por qu\u00e9 Aza\u00f1a no hab\u00eda optado por la ternaria francesa cuando su reforma era una copia de los modelos franceses.<\/p>\n\n\n\n<p>Diego Hidalgo y Jos\u00e9 Mar\u00eda Gil Robles, ministros de la Guerra durante el bienio conservador eliminaron en su mayor parte las reformas de Aza\u00f1a. En 1934, Hidalgo cre\u00f3 una divisi\u00f3n r\u00e1pida motorizada, \u201cdotada de gran movilidad t\u00e1ctica y log\u00edstica\u201d, que deb\u00eda estar compuesta por tres regimientos de infanter\u00eda con tres batallones de cuatro compa\u00f1\u00edas; un regimiento de artiller\u00eda de obuses; un grupo de tres escuadrones motorizados y un batall\u00f3n mixto de ingenieros<a href=\"#_ftn11\">[11]<\/a>. Sin embargo, este proyecto no pas\u00f3 del papel (Alpert, 2008: 197). Gil Robles se interes\u00f3 por la guerra qu\u00edmica, aunque su principal empe\u00f1o fue la organizaci\u00f3n de unidades de monta\u00f1a, quiz\u00e1 por la influencia de su \u00edntimo colaborador, el general Franco (Puell, 2009: 186).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de las ansias de reforma que se han podido encontrar en las obras de militares y pol\u00edticos de la \u00e9poca \u2013como fueron los casos de Romanones, Burguete o el capit\u00e1n Equis\u2013, lo cierto es que poco se hizo para modernizar la estructura del ej\u00e9rcito espa\u00f1ol. La necesaria reforma t\u00e9cnica que este tanto precisaba sigui\u00f3 sin realizarse. Nada cambi\u00f3 en Espa\u00f1a una vez finalizada la Gran Guerra, salvo alguna compra de material, como los carros a Francia para destinarlos a las operaciones de Marruecos, el intento de fabricar un carro nacional, como fue el <em>Trubia<\/em>, o un mayor aumento de los efectivos de artiller\u00eda en la divisi\u00f3n, unidad fundamental del ej\u00e9rcito, como consecuencia de las experiencias de la Gran Guerra. S\u00ed es cierto que los reglamentos espa\u00f1oles de 1925 se inspiraron \u2013eran pr\u00e1cticamente iguales\u2013 en los franceses de 1920 y 1921, pues el ej\u00e9rcito franc\u00e9s, vencedor en la contienda, ten\u00eda mucho prestigio entre los militares espa\u00f1oles. De este modo, se adopt\u00f3 un modelo tendente a la guerra de estabilizaci\u00f3n, a la guerra de posiciones, pero no se analiz\u00f3 lo que separaba al ej\u00e9rcito espa\u00f1ol de esas teor\u00edas y se aceptaron sin pasarlas \u201cpor el tamiz de la propia observaci\u00f3n\u201d (L\u00f3pez Mu\u00f1iz, 1934: 14-15).<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, se puede concluir que los intentos de reforma t\u00e9cnica y de mejora del material tuvieron escaso \u00e9xito y la Guerra Civil paraliz\u00f3 cualquier posterior empe\u00f1o. Quiz\u00e1 puede achacarse a que ning\u00fan gobierno ha deseado seriamente hacer del ej\u00e9rcito una eficiente herramienta militar y apartarlo de la pol\u00edtica. Ni siquiera un militar como el general Primo de Rivera hizo un serio intento por organizar un ej\u00e9rcito apto para la guerra moderna (Cardona, 2005: 10). Los prop\u00f3sitos reformistas se toparon con muchas dificultades, sobre todo de \u00edndole econ\u00f3mica, y el mal secular del ej\u00e9rcito, el excesivo n\u00famero de oficiales, que era la pieza clave para poder emprender los cambios necesarios, sigui\u00f3 sin tener una respuesta hasta las reformas de Aza\u00f1a. El decreto de retiros de 25 de abril de 1931 logr\u00f3 reducir el escalaf\u00f3n en 7.613 jefes y oficiales de un total de 20.576, consiguiendo mantener las escalas en torno a los 13.000 jefes y oficiales, aunque estas volvieron a aumentar en 1935 (Alpert, 2008: 98-105).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nota sobre el autor:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Alberto Guerrero <\/em><\/strong><em>es profesor de Geograf\u00eda e Historia y doctor en Historia Contempor\u00e1nea.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Alpert, M. (2008), <em>La reforma militar de Aza\u00f1a<\/em>, Granada: Comares.<\/p>\n\n\n\n<p>Aza\u00f1a, M. (1918), <em>Estudios de pol\u00edtica francesa contempor\u00e1nea: la pol\u00edtica militar<\/em>, Madrid: Saturnino Calleja.<\/p>\n\n\n\n<p>Baquer, M. A. (1971), <em>El ej\u00e9rcito en la sociedad espa\u00f1ola<\/em>, Madrid: Ediciones del Movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Blanco Escol\u00e1, C. (1989), <em>La Academia General Militar de Zaragoza (1928-1931)<\/em>, Barcelona: Labor.<\/p>\n\n\n\n<p>Burguete, R. (1917), <em>La ciencia militar ante la guerra europea: su evoluci\u00f3n hasta el presente y el porvenir<\/em>, Barcelona: Maucci.<\/p>\n\n\n\n<p>Canonge, F. (1931), <em>El arte de la guerra<\/em>, Toledo: Rodr\u00edguez.<\/p>\n\n\n\n<p>Capit\u00e1n Equis, El (1916), <em>El problema militar de Espa\u00f1a: apuntes para un estudio sincero y al alcance de todos<\/em>, Burgos: Imprenta de J. Saiz y Comp.\u00aa<\/p>\n\n\n\n<p>Cardona, G. (1983), <em>El poder militar en la Espa\u00f1a contempor\u00e1nea hasta la Guerra Civil<\/em>, Madrid: Siglo xxi de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 (2005), <em>El problema militar en Espa\u00f1a<\/em>, Madrid: Albor.<\/p>\n\n\n\n<p>Comandante Beta (seud. de Jos\u00e9 Garc\u00eda Ben\u00edtez) (1917), <em>Apuntes para historiar tres a\u00f1os de reformas militares (1915-1917)<\/em>, Madrid: Imprenta de Bernardo Rodr\u00edguez.<\/p>\n\n\n\n<p>Direcci\u00f3n General de Preparaci\u00f3n en Campa\u00f1a (1929), <em>Doctrina para el empleo t\u00e1ctico de las armas y los servicios<\/em>, Madrid: Talleres del Dep\u00f3sito Geogr\u00e1fico e Hist\u00f3rico del Ej\u00e9rcito.<\/p>\n\n\n\n<p>Garc\u00eda Albors, E. (1935), <em>Motorizaci\u00f3n y mecanizaci\u00f3n del ej\u00e9rcito<\/em>, Toledo: Sucesor de Rodr\u00edguez.<\/p>\n\n\n\n<p>Garc\u00eda Moreno, J. F. (1988), <em>Servicio militar en Espa\u00f1a<\/em>, Madrid: Servicio de Publicaciones del EME.<\/p>\n\n\n\n<p>Guderian, H. (2011), <em>Achtung-Panzer!<\/em>, Barcelona: Tempus.<\/p>\n\n\n\n<p>Guerra, A. (seud. de Francisco Mart\u00edn) (1916), <em>De Re Bellica<\/em>, Madrid: Blass y C\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Guerrero, A. (2015), <em>An\u00e1lisis y trascendencia de la Colecci\u00f3n Bibliogr\u00e1fica Militar (1928-1936)<\/em>, tesis doctoral in\u00e9dita. UNED.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; (2017), \u201cEl desarrollo del carro de combate en el ej\u00e9rcito espa\u00f1ol hasta la Guerra Civil (motorizaci\u00f3n y mecanizaci\u00f3n del ej\u00e9rcito)\u201d, en Gajate, M. y Gonz\u00e1lez, L., (eds.), <em>Guerra y tecnolog\u00eda: interacci\u00f3n desde la Antig\u00fcedad al presente<\/em>, Madrid: Fundaci\u00f3n Ram\u00f3n Areces, pp. 453-477.<\/p>\n\n\n\n<p>Herrero, J. V. (2003), \u201cDe la divisi\u00f3n org\u00e1nica a la brigada mixta: la evoluci\u00f3n de las grandes unidades en Espa\u00f1a, 1914-1939\u201d, <em>Revista de Historia Militar<\/em>, No. 93, pp. 109-133.<\/p>\n\n\n\n<p>Jensen, G. (2014), <em>Cultura militar espa\u00f1ola: modernistas, tradicionalistas y liberales<\/em>, Madrid: Biblioteca Nueva.<\/p>\n\n\n\n<p>Liddell Hart, B. H. (1946), <em>La estrategia de aproximaci\u00f3n indirecta<\/em>, Barcelona: Iberia-Joaqu\u00edn Gil Editores.<\/p>\n\n\n\n<p>L\u00f3pez Mu\u00f1iz, R. (1934), <em>Comentarios sobre doctrina, organizaci\u00f3n y procedimientos t\u00e1cticos: notas orientadas al estudio del problema de nuestro ej\u00e9rcito<\/em>, Toledo: Rodr\u00edguez y Comp.\u00aa<\/p>\n\n\n\n<p>Mola, E. (1934), <em>El pasado, Aza\u00f1a y el porvenir: las tragedias de nuestras instituciones militares<\/em>, Madrid: Librer\u00eda Bergua.<\/p>\n\n\n\n<p>Montojo, V. (1930), <em>Ej\u00e9rcito moderno: servicio de informaci\u00f3n, defensa antia\u00e9rea, guerra qu\u00edmica, motorizaci\u00f3n, combatiente<\/em>, Madrid: Sucesores de Rivadeneyra.<\/p>\n\n\n\n<p>Navajas, C. (1991), <em>Ej\u00e9rcito, Estado y Sociedad en Espa\u00f1a (1923-1930)<\/em>, Logro\u00f1o: Instituto de Estudios Riojanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Payne, S. G. (1986), <em>Los militares y la pol\u00edtica en la Espa\u00f1a contempor\u00e1nea<\/em>, Madrid: Sarpe.<\/p>\n\n\n\n<p>Puell de la Villa, F. (1996), <em>El soldado desconocido. De la leva a la mili<\/em>, Madrid: Biblioteca Nueva.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014&nbsp; (2009), <em>Historia del ej\u00e9rcito en Espa\u00f1a<\/em>, 2.\u00aa ed., Madrid: Alianza Editorial.<\/p>\n\n\n\n<p>Redondo, F. (1985), \u201cObservadores militares espa\u00f1oles en la Primera Guerra Mundial\u201d, <em>Revista de Historia Militar<\/em>, No. 59, pp. 197-209.<\/p>\n\n\n\n<p>Renouvin, P. (1985), <em>La Primera Guerra Mundial<\/em>, Barcelona: Orbis.<\/p>\n\n\n\n<p>Romanones, C. de (1921), <em>El ej\u00e9rcito y la pol\u00edtica. Apuntes sobre la organizaci\u00f3n militar y el presupuesto de la guerra<\/em>, Madrid: Renacimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Ruiz Vidondo, J. M. (2006), \u201cLa ense\u00f1anza militar en el alto mando: historia, organizaci\u00f3n y metodolog\u00eda\u201d, <em>Educaci\u00f3n xx1<\/em>, No. 9, pp. 199-220.<\/p>\n\n\n\n<p>Salas Larrazabal, R. (1973), <em>Historia del Ej\u00e9rcito Popular de la Rep\u00fablica<\/em>, Madrid: Editorial Nacional, t. I.<\/p>\n\n\n\n<p>Segura, G. (2015), \u201cBuscando la batalla perfecta: Schlieffen y el esp\u00edritu de Cannae\u201d, <em>Cuaderno de Historia Militar<\/em>, No. 4, pp. 9-23.<\/p>\n\n\n\n<p>Tusell, J. y Garc\u00eda Queipo de Llano, G. (2001), <em>Alfonso XIII: el rey pol\u00e9mico<\/em>, Madrid: Taurus.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> Real decreto de 30 de julio de 1914: <em>Gaceta de Madrid <\/em>(en notas sucesivas GM) n.\u00ba 211.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> Ley aprobando las Bases para la reorganizaci\u00f3n del ej\u00e9rcito, contenidas en el Real decreto, 7 de marzo de 1918: GM n.\u00ba 181.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a> Real decreto de 17 de noviembre de 1926, 1.\u00ba: GM n.\u00ba 322.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\">[4]<\/a> Real decreto de 21 de junio de 1929: GM n.\u00ba 173.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\">[5]<\/a> Real decreto de 25 de noviembre de 1926, 1.\u00ba: GM n.\u00ba 173.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\">[6]<\/a> Real decreto de 14 de enero de 1929, 1.\u00ba y 3.\u00ba: GM n\u00ba 16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\">[7]<\/a> Real decreto de 31 de diciembre de 1926, 1.\u00ba: GM n.\u00ba 1\/1927.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref8\">[8]<\/a> El art\u00edculo 5.\u00ba indicaba que estar\u00eda compuesto por dos compa\u00f1\u00edas que se ir\u00edan organizando \u201ca medida que se disponga de material que en su plantilla se le asigne\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref9\">[9]<\/a> Decreto de 25 de mayo de 1931: GM n.\u00ba 146.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref10\">[10]<\/a> Ib\u00eddem, 1.\u00ba y 2.\u00ba.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref11\">[11]<\/a> Decreto de 5 de noviembre de 1934: GM n.\u00ba 335.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ALBERTO GUERRERO MART\u00cdN Universidad Nacional de Educaci\u00f3n a Distancia, Espa\u00f1a Title:&nbsp;The Impact of the Great War on the Spanish Army Resumen: Los trascendentales cambios operados durante la Gran Guerra en el arte militar despertaron el inter\u00e9s de los militares espa\u00f1oles. 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