{"id":162,"date":"2020-11-01T18:43:38","date_gmt":"2020-11-01T18:43:38","guid":{"rendered":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/?page_id=162"},"modified":"2020-11-01T18:43:39","modified_gmt":"2020-11-01T18:43:39","slug":"de-los-estudios-estrategicos-conceptualizacion-y-evolucion-de-un-campo-de-estudio","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/de-los-estudios-estrategicos-conceptualizacion-y-evolucion-de-un-campo-de-estudio\/","title":{"rendered":"De los Estudios Estrat\u00e9gicos. Conceptualizaci\u00f3n y evoluci\u00f3n de un campo de estudio"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\">ALBERTO BUENO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">\u00a0Universidad de Granada, Espa\u00f1a<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00edtulo:&nbsp;On Strategic Studies. Conceptualization and Evolution of a Field of Study.<\/p>\n\n\n\n<p>Resumen: Los Estudios Estrat\u00e9gicos son un campo acad\u00e9mico y profesional interdisciplinar de ya larga tradici\u00f3n en el mundo anglosaj\u00f3n, pero todav\u00eda en sus primeras fases desarrollo en Espa\u00f1a. Por esta raz\u00f3n, este art\u00edculo pretende contribuir a su consolidaci\u00f3n y estudio. Para ello, en primer lugar aborda sus fundamentos conceptuales, partiendo del t\u00e9rmino estrategia. En segundo, presenta el encaje disciplinar del campo y debate una de sus caracter\u00edsticas constitutivas, como es su inter\u00e9s por contribuir a las pol\u00edticas p\u00fablicas. A continuaci\u00f3n describe el desarrollo hist\u00f3rico experimentado hasta llegar a los temas que copan la agenda en la actualidad. Por \u00faltimo, plantea unas conclusiones con el fin de resaltar la importancia de tener un campo de conocimiento dedicado al estudio del poder militar.<\/p>\n\n\n\n<p>Palabras Clave: Estrategia, Estudios Estrat\u00e9gicos, Estudios de Seguridad Internacional, Guerra<\/p>\n\n\n\n<p>Abstract: Strategic Studies is an interdisciplinary academic and professional field with a long tradition in the Anglo-Saxon world, but it is still in its early stages of development in Spain. For this reason, this article aims to contribute to its consolidation and study. To do this, firstly it addresses its conceptual foundations, based on the term of strategy. Secondly, the disciplinary boundaries of Strategic Studies are presented and one of its constitutive characteristics, such as its interest in policy advice, is discussed. After that, it describes the historical development of the field up to the topics that currently cover the agenda. Finally, it sets out some conclusions in order to highlight the importance of having a field of knowledge dedicated to the study of military power.<\/p>\n\n\n\n<p>Keywords: Strategy, Strategic Studies, International Security Studies, War<\/p>\n\n\n\n<p>Recibido: 13 de marzo de 2018<\/p>\n\n\n\n<p>Aceptado: 20 de abril de 2018<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para citar este art\u00edculo:&nbsp;<\/strong>Alberto Bueno, \u201cDe los Estudios Estrat\u00e9gicos. Conceptualizaci\u00f3n y evoluci\u00f3n de un campo de estudio\u201d, <em>Revista de Estudios en Seguridad Internacional<\/em>, Vol. 4, No. 1, (2018), pp. 237-256.&nbsp;DOI: <a href=\"http:\/\/dx.doi.org\/10.18847\/1.7.14\">http:\/\/dx.doi.org\/10.18847\/1.7.14<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los Estudios Estrat\u00e9gicos representan el campo de conocimiento m\u00e1s estrechamente ligado al estudio de la guerra como objeto de investigaci\u00f3n social, con la estrategia en su base conceptual. Pese a su popularidad creciente, su encaje en la academia es complicado (Kane &amp; Lonsdale, 2012) debido entre otros motivos a la extensi\u00f3n de la agenda investigadora desde el final de la Guerra Fr\u00eda (Hughes y Meng, 2011; Collins, 2010; Buzan, 1991), las posiciones normativistas en las democracias liberales (Duyvestyen &amp; Worrall, 2017) o la naturaleza misma del conflicto. Respecto a ese \u00faltimo hecho, Speller (2016) afirma que la guerra no es una asignatura acad\u00e9mica \u201cc\u00f3moda\u201d; unas reservas profesionales sobre las que ya reflexionaran Harries-Jenkies y Moscos (1984). Alega que en las sociedades occidentales se ha preferido poner el foco en el impacto del enfrentamiento armado en la sociedad, produci\u00e9ndose una \u201cdesmilitarizaci\u00f3n\u201d de la materia en las universidades. Un fen\u00f3meno que el historiador Michael Howard (2006: 17) ha descrito como una \u201chuida a los suburbios\u201d de esta especializaci\u00f3n. Por otro lado, y vinculado a la primera circunstancia enumerada, desde algunos sectores de la academia se han denunciado los Estudios Estrat\u00e9gicos como poco pr\u00e1cticos, obsoletos o irrelevantes (Duyvestyen &amp; Worrall, 2017; Baylis &amp; Wirtz, 2002). Por \u00faltimo, se ha de mencionar igualmente que es un campo con un atractivo c\u00edclico, muy apegado al devenir de los acontecimientos y escenarios del panorama internacional, y por ello con altibajos en su avance y dedicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso espa\u00f1ol, a estas dificultades se le suman otros motivos hist\u00f3ricos e institucionales (Bueno, 2016). El estudio acerca del fen\u00f3meno b\u00e9lico se encuentra todav\u00eda en Espa\u00f1a en una fase embrionaria, aunque incipiente, de desarrollo (Palacios, 2016; Calvo, 2016; Jord\u00e1n, 2013a). Si bien es cierto, los problemas relacionados con la seguridad internacional y la defensa poseen un creciente y palpable inter\u00e9s, como atestigua el sustancial n\u00famero de cursos, seminarios, publicaciones, etc., que ya se llevan a cabo, as\u00ed como la implantaci\u00f3n paulatina de estas asignaturas en los programas curriculares y de trabajo de universidades y otros centros de pensamiento. Por eso se han publicado algunos trabajos exploratorios acerca de su naturaleza (Laborie, 2011) o recorrido en Espa\u00f1a (Parente, 2008; Cachinero &amp; Rodr\u00edguez, 1993), en los que se observa que, aun trazando claramente su origen, su alcance y l\u00edmites no aparecen tan n\u00edtidamente dibujados.<\/p>\n\n\n\n<p>Por las razones arg\u00fcidas, este art\u00edculo analiza los principios conceptuales y te\u00f3ricos de los Estudios Estrat\u00e9gicos, su encaje disciplinar y inclinaci\u00f3n a ser un \u00e1rea de conocimiento relevante para las pol\u00edticas p\u00fablicas, as\u00ed como su desarrollo hist\u00f3rico, con el objetivo de contribuir a una mejor comprensi\u00f3n de su objeto de estudio. Indagar acerca de un campo estudio supone asumir que tiene propiedades distintivas y que refleja determinadas condiciones sociales (Holsti, 1998). De tal modo, partiendo del convencimiento de que la estrategia \u201crequiere de su propia tradici\u00f3n intelectual\u201d (Lonsdale, 2016: 21), pretende as\u00ed se\u00f1alar las bases de esta (sub)disciplina y campo de estudio con el fin de estimular la reflexi\u00f3n acad\u00e9mica e intelectual sobre el fen\u00f3meno pol\u00edtico de la guerra. Este trabajo se aborda desde la perspectiva cl\u00e1sica de los Estudios Estrat\u00e9gicos y, por tanto, confronta la posici\u00f3n de quienes lo critican y revisan desde una \u00f3ptica bien distinta, tal y como Miller (2010: 648) ha puesto de relieve. Ello no es \u00f3bice para recoger diversas aportaciones de provecho para los Estudios Estrat\u00e9gicos planteadas desde dichos sectores.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El estudio de la estrategia por otros medios: los Estudios Estrat\u00e9gicos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Examinar los Estudios Estrat\u00e9gicos es interrogarse por los fundamentos esenciales de un concepto: estrategia. \u00c9ste tiene la virtud de: 1) ser la idea sobre la que se cimientan; 2) iluminar sobre sus or\u00edgenes, m\u00e1s all\u00e1 de su noci\u00f3n moderna; y 3) reflejar las transformaciones experimentadas por el campo. Asimismo, es en extremo \u00fatil para entender mejor la naturaleza misma del conflicto armado (Strachan, 2011). No obstante, esta potencia anal\u00edtica enfrenta el escollo de no contar con una definici\u00f3n universalmente aceptada<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Un recorrido hist\u00f3rico sobre su evoluci\u00f3n ilustra perfectamente su devenir desde la Edad Antigua. Hay consenso en trazar su origen en la Grecia Cl\u00e1sica (Luttwak, 2001), con Tuc\u00eddides y su magna <em>Historia de la Guerra del Peloponeso<\/em> como obra cumbre de la \u00e9poca. Ello no impide situar en el otro extremo del mapa otro de sus hitos: <em>El arte de la guerra<\/em>, del militar y fil\u00f3sofo chino Sun Tzu. Posiblemente como buena muestra de la recepci\u00f3n de esta obra en el pensamiento occidental, la idea de estrategia atraves\u00f3 la Edad Media hasta alcanzar la Edad Moderna considerada como \u201cel arte de la guerra\u201d. <em>Del arte de la guerra<\/em> fue precisamente como titul\u00f3 Nicol\u00e1s Maquiavelo su tratado militar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Con el acaecimiento de la Ilustraci\u00f3n, la reflexi\u00f3n en torno a la estrategia se quiso entregar a la raz\u00f3n. La estrategia militar ilustrada se configur\u00f3 a partir de la experiencia pr\u00e1ctica de hombres de armas y letras. Sus dos m\u00e1ximos exponentes fueron Henri de Jomini y Carl von Clausewitz, \u201clos int\u00e9rpretes de Napole\u00f3n\u201d (Calvo, 2013), cuyas obras estructurar\u00edan el pensamiento estrat\u00e9gico moderno. En su magistral <em>De la guerra<\/em>, Clausewitz leg\u00f3 su imperecedero aforismo \u201cla guerra es la continuaci\u00f3n de la pol\u00edtica por otros medios\u201d. Tambi\u00e9n en su \u00e1nimo de elaborar una teor\u00eda sobre la guerra, sobre su naturaleza inmutable, sus principios y los l\u00edmites de la estrategia, aport\u00f3 ideas a\u00fan vigentes como las de \u201ctrinidad\u201d, \u201cfricci\u00f3n\u201d o \u201ccentro de gravedad\u201d, por lo que la herencia <em>clausewitziana<\/em> es respetada por esencial (Echevarria, 2007; Gray, 2004; Gray, 1999). La ciencia de la estrategia se desarrollar\u00eda entonces entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, principalmente en Alemania, Francia, Reino Unido y los Estados Unidos. Otros nombres que destacaron fueron los de Sir Julian Corbett y Alfred Mahan, quienes hicieron avanzar \u201cel arte de la guerra en el mar\u201d y son reivindicados en la actualidad del mismo modo (Baqu\u00e9s, 2018; Sumida, 1999). Por su parte, Basil H. Liddell Hart representar\u00eda la reflexi\u00f3n militar posterior a la Gran Guerra, fruto de la cual nacer\u00eda su tratado <em>Estrategia. La aproximaci\u00f3n indirecta<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas estas aportaciones al pensamiento estrat\u00e9gico<a href=\"#_ftn2\">[2]<\/a> contribuyeron a conformar un <em>corpus<\/em> te\u00f3rico-pr\u00e1ctico reconocible y, lo que es todav\u00eda m\u00e1s importante, reconocido entre quienes se dedican al an\u00e1lisis y la praxis de la estrategia. La clave de todas estas primeras aportaciones es su dedicaci\u00f3n principal al estudio de la direcci\u00f3n y ejecuci\u00f3n de las operaciones militares en el teatro b\u00e9lico. Por ende, la estrategia ocupaba al mando supremo militar de los ej\u00e9rcitos y su articulaci\u00f3n con la guerra era absoluta.<\/p>\n\n\n\n<p>El siguiente avance relevante que se produce en el terreno del pensamiento estrat\u00e9gico arriba con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la irrupci\u00f3n del devastador poder at\u00f3mico. Tal fue su impacto que motiv\u00f3 una aut\u00e9ntica revoluci\u00f3n intelectual en la manera de entender la estrategia y esa relaci\u00f3n ya cl\u00e1sica entre guerra y pol\u00edtica. Los terribles efectos de esas nov\u00edsimas armas incitaron a los te\u00f3ricos coet\u00e1neos a girar su atenci\u00f3n hacia el nivel pol\u00edtico. A partir de este momento, se preocuparon por estudiar los efectos del poder militar en relaci\u00f3n con los objetivos pol\u00edticos marcados. Unos objetivos racionales (Lonsdale, 2011); luego racional habr\u00eda de ser el empleo de la fuerza. As\u00ed el enfrentamiento entendido como \u201cdos voluntades opuestas\u201d permanec\u00eda (Beaufre, 1966), pero el \u201ccoste\u201d del mismo entra en la ecuaci\u00f3n (Betts, 2002). Como consecuencia de alcanzar con el an\u00e1lisis el estrato superior pol\u00edtico se inici\u00f3 la reconceptualizaci\u00f3n misma de la estrategia. Metaf\u00f3rica, pero tambi\u00e9n materialmente, la estrategia qued\u00f3 intercalada entre la pol\u00edtica (<em>policy<\/em>) y los criterios militares, uni\u00e9ndolos y dot\u00e1ndoles de sentido. Por tanto, el problema ya no era tanto la definici\u00f3n de la estrategia, sino \u201csus l\u00edmites con respecto a la pol\u00edtica\u201d (Strachan, 2005: 36). Ahora no se fija s\u00f3lo en el poder militar, en la fuerza <em>per se<\/em>, sino en la \u201cexplotaci\u00f3n potencial\u201d de \u00e9stos (Schelling, 1960: 5).<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima caracter\u00edstica apuntada y esta relaci\u00f3n pol\u00edtica-militar resultan b\u00e1sicas para la comprensi\u00f3n moderna de la estrategia. De esta manera, se concibe como el modo en que el poder militar, esto es, el instrumento de la fuerza, es empleado para conseguir los objetivos pol\u00edticos; la segunda nota que presenta es interpretar como car\u00e1cter definitorio, no solo la utilizaci\u00f3n de la fuerza, sino tambi\u00e9n la amenaza de su utilizaci\u00f3n (Vennesson, 2017; Heuser, 2010; Freedman, 2008; Baylis, 2001; Gray, 1999; Gray, 1992; Buzan, 1987; Garnett, 1975). Por tanto, son los efectos pol\u00edticos del poder militar lo que interesa a los estrategas (Vennesson, 2017; Kane y Lonsdale, 2012; Gray, 1999; Garnett, 1987), \u201cotorg\u00e1ndole a la actividad militar sentido m\u00e1s all\u00e1 del campo de batalla\u201d (Lonsdale, 2016: 123) y analiz\u00e1ndola mucho m\u00e1s all\u00e1 de \u201cla guerra y las campa\u00f1as militares\u201d (Garnett, 1987: 4). Por esta raz\u00f3n, porque los efectos pol\u00edticos son determinantes (y no tanto la victoria militar por s\u00ed sola), se estima como un proceso de continuo ajuste y reconsideraci\u00f3n frente a las cambiantes circunstancias y condiciones (Murray y Grismley, 1994; Murray, 1999; Strachan, 2006).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que subrayar la revoluci\u00f3n ontol\u00f3gica que supuso apreciar la amenaza del empleo de la fuerza, puesto que este uso pac\u00edfico, \u201cpreventivo\u201d (Buzan, 1987: 12), \u201cexplica por qu\u00e9 el poder militar permanece como un elemento central para gobernar (<em>statecraft<\/em>)\u201d (Art, 1999: 4). La estrategia ya no sea aplica s\u00f3lo en tiempo de guerra, sino tambi\u00e9n en la paz para lograr los fines de la pol\u00edtica (Earle, 1943, en Heuser, 2010). Y es que hablar de fuerza es hacerlo de la relaci\u00f3n entre Estados, pero tambi\u00e9n de poder, posici\u00f3n, ideolog\u00eda o riqueza (Buzan, 1987).<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy en d\u00eda, este concepto de estrategia ha sido completado, defini\u00e9ndose como \u201cel logro de los fines pol\u00edticos deseados, a trav\u00e9s de la elecci\u00f3n de los modos estrat\u00e9gicos adecuados, empleando en gran medida los medios militares disponibles o accesibles\u201d (Gray, 2015: 10). Igualmente ha dado lugar a otro t\u00e9rmino no lejano, pero sustancialmente distinto en su naturaleza y enfoque, como es el de la <em>grand strategy<\/em><a href=\"#_ftn3\">[3]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo estos presupuestos surgieron los Estudios Estrat\u00e9gicos a comienzos de los a\u00f1os 50 del siglo XX, tratando, en palabras de Garigue (1979: 259), de superar \u201cla fragmentaci\u00f3n te\u00f3rica y el d\u00e9ficit conceptual de las etapas anteriores\u201d, as\u00ed como de proveer a la estrategia de conocimiento cient\u00edfico al calor del avance positivista de esas d\u00e9cadas. Se centran en investigar y analizar el rol que desempe\u00f1a la fuerza armada (organizada), o la amenaza de su uso, en cualquier tiempo como instrumento de la pol\u00edtica y para la consecuci\u00f3n de fines pol\u00edticos (Jord\u00e1n, 2013a; Heuser, 2010; Freedman, 2007; Mahnken, 2003). As\u00ed, buscan producir teor\u00edas para reducir el recurso de la guerra (Baylis y Wirtz, 2002; Buzan, 1987), pero asumiendo que la guerra es un instrumento racional para preservar el poder (Jord\u00e1n &amp; Calvo, 2005). Abarcan como campo de estudio todas las dimensiones relacionadas con la pol\u00edtica de defensa y el planeamiento estrat\u00e9gico, pero tambi\u00e9n examinan todos los aspectos relevantes del conflicto en las sociedades y c\u00f3mo impactan eventuales fen\u00f3menos en los objetivos pol\u00edticos o militares (Garigue, 1979: 251-252). Por este motivo el elemento estructural del an\u00e1lisis estrat\u00e9gico es el posible uso de la fuerza con fines pol\u00edticos (Chipman, 1992). Y aunque el Estado sea el actor principal a escrutar, no eluden la acci\u00f3n de otros actores, pues la clave es esa finalidad pol\u00edtica de la violencia. En s\u00edntesis, por tanto, los Estudios Estrat\u00e9gicos facilitan una herramienta epistemol\u00f3gica para estudiar el empleo de la fuerza con los medios y modos militares\/armados, atendiendo a los elementos y din\u00e1micas tanto internas como ex\u00f3genas del conflicto, en relaci\u00f3n a los efectos pol\u00edticos que produce y a c\u00f3mo los actores pueden recurrir a la misma para lograr sus objetivos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La tensi\u00f3n entre la disciplina cient\u00edfica y el&nbsp;<em>policy advice<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para que cualquier campo de estudio progrese, resulta esencial su institucionalizaci\u00f3n a trav\u00e9s de una comunidad que se identifique con \u00e9l y cree los medios para difundir el conocimiento y organizar la disciplina tanto acad\u00e9mica como profesionalmente (Buzan &amp; Hansen, 2009). En el caso de los Estudios Estrat\u00e9gicos, estos antecedentes se hallan en las academias militares y, a partir de la segunda mitad del XX, se institucionalizar\u00edan en los think-tanks y, posteriormente, en las universidades. La aparici\u00f3n tard\u00eda en la universidad es una de las singularidades del campo. A su vez, es otra de las r\u00e9moras que dificultan su consolidaci\u00f3n en ese \u00e1mbito, dado que los Estudios Estrat\u00e9gicos han estado muy ligados al asesoramiento de pol\u00edticas o financiados por entes gubernamentales, por lo que la divergencia entre la orientaci\u00f3n hacia la recomendaci\u00f3n de pol\u00edticas o la orientaci\u00f3n puramente disciplinar es una tensi\u00f3n existente<a href=\"#_ftn4\">[4]<\/a>. As\u00ed el campo se ha encontrado tradicionalmente divido entre aquellos que creen que los especialistas deber\u00edan servir a las pol\u00edticas gubernamentales y aquellos que rechazan esta implicaci\u00f3n (Gray, 1982). Al mismo tiempo, esa voluntad se servir como <em>policy advice <\/em>disuade de un encaje acad\u00e9mico, puesto que los constre\u00f1ir\u00eda para unos, mientras que enturbiar\u00eda la pretendida objetividad acad\u00e9mica para otros.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El acomodo disciplinar de los Estudios Estrat\u00e9gicos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El encaje acad\u00e9mico de los Estudios Estrat\u00e9gicos no es sencillo, empezando por que incluso existe cierta confusi\u00f3n terminol\u00f3gica en cuanto a la denominaci\u00f3n del campo, como Estudios Estrat\u00e9gicos o como Estudios de Seguridad Internacional. W\u00e6ver y Buzan (2010) se\u00f1alan que unas veces ambos se emplean indistintamente; otras se entiende que los segundos poseen un objeto de estudio m\u00e1s amplio; y otras, que siguen una secuencia cronol\u00f3gica. El examen de la literatura especializada invita a descartar la primera opci\u00f3n y a asumir, por el contrario, las otras dos. As\u00ed, los Estudios Estrat\u00e9gicos forman parte de los Estudios de Seguridad Internacional, con un objeto y foco m\u00e1s preciso o delimitado, \u201cun \u00e9nfasis particular\u201d (Garnett, 1987: 4), adem\u00e1s de haber surgido antes como campo de especializaci\u00f3n (como se expondr\u00e1 en el ep\u00edgrafe siguiente); no significa esto que los Estudios de Seguridad Internacional los reemplazaran, sino que \u00e9stos acogieron aquellos otros aspectos y enfoques no militares de la seguridad en la sociedad internacional. No obstante, la realidad es que el campo de los Estudios de Seguridad Internacional \u201cest\u00e1 dividido en otros subcampos incluso sin reconocimiento mutuo o incluso sin conciencia mutua\u201d (W\u00e6ver y Buzan, 2010: 465)<a href=\"#_ftn5\">[5]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El estudio de la estrategia se sit\u00faa \u201ccomo un \u00e1rea acad\u00e9mica distintiva y valiosa\u201d (Baylis y Wirtz, 2002), entre los Estudios de Seguridad Internacional y los Estudios Militares, \u00e9stos m\u00e1s centrados en los aspectos t\u00e9cnicos y operacionales (Mahnken, 2003). Sin embargo, algunos autores optan por mantener a los \u00faltimos fuera del \u00e1mbito de los Estudios de Seguridad Internacional (Nye &amp; Lynn-Jonnes, 1988), lo que crear\u00eda una importante laguna, en tanto que \u201cla teor\u00eda estrat\u00e9gica es la principal fuente para la doctrina militar\u201d (Gray, 2015: 47-48). Esto implica distinguir entre estrategia y seguridad (Baylis, 2001: 12-13). Por tanto, el encaje l\u00f3gico es el de los Estudios Estrat\u00e9gicos como espacio propio, acogiendo las cuestiones t\u00e1cticas y operativas de los Estudios Militares, y dentro de un campo m\u00e1s amplio como es el de los Estudios de Seguridad Internacional que comprende tambi\u00e9n el poder militar. Probablemente la mejor manera de hilarlos es apreciar su inter\u00e9s com\u00fan por \u201cexplorar las condiciones que hacen el uso de la fuerza m\u00e1s probable, los modos en que el uso de la fuerza afecta a los individuos, a los Estados y a las sociedades, y las pol\u00edticas espec\u00edficas que los Estados adoptan por preparar, prevenir o librar la guerra\u201d (Walt, 1991: 212).<\/p>\n\n\n\n<p>De igual manera, hay que ver los Estudios de Seguridad Internacional situados dentro de la disciplina de las Relaciones Internacionales (Collins, 2010; Heuser, 2010; Garnett, 1987; Freedman, 1984), cuyo estudio est\u00e1 relacionado desde sus inicios con la guerra (Barb\u00e9, 1989), como atestigua el magistral trabajo del polit\u00f3logo estadounidense Quincy Wright, <em>The Study of War<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, este <em>continuum<\/em> culmina con la Ciencia Pol\u00edtica (Baylis y Wirtz, 2002)<a href=\"#_ftn6\">[6]<\/a>, tal y como refleja el Gr\u00e1fico 1. En tanto que la estrategia se relaciona de forma directa con el poder, y \u00e9ste es un elemento constitutivo de esta disciplina (Lasswell &amp; Kaplan, 1950), es razonable incardinarlo en esta \u00e1rea del saber y as\u00ed ha sido defendido (W\u00e6ver, 2015; Russett &amp; Arnold, 2010; Baylis y Wirtz, 2002; Betts, 1997; Nye y Lynn-Jones, 1988; Garnett, 1987; Halle, 1984; Gray, 1982; Smoke, 1975; Kaplan, 1961).<\/p>\n\n\n\n<p>Aparte de este esquema disciplinar, dirigido a guiar una institucionalizaci\u00f3n m\u00e1s profunda del campo, lo cierto es que hay consenso en se\u00f1alar igualmente la (necesaria) interdisciplinariedad de los Estudios Estrat\u00e9gicos (entre otros, Vennesson, 2017; Duyvesteyn &amp; Worrall, 2017; Milevski, 2016; Croft, 2013; Gooch, 2003; Mahnken, 2003; Baylis y Wirtz, 2002; Walt, 1991; Nye y Lynn-Jones, 1988), con el prop\u00f3sito de diseccionar y atender m\u00e1s adecuadamente la complejidad e interconexi\u00f3n de los problemas actuales (Williams, 2013; Hughes y Meng, 2011). Adem\u00e1s de esta poderosa raz\u00f3n, se arguye que la teor\u00eda de seguridad no est\u00e1 directamente vinculada a las Relaciones Internacionales, aunque compartan intereses (W\u00e6ver y Buzan, 2010). \u00c9sta es una apreciaci\u00f3n realmente \u00fatil para los Estudios Estrat\u00e9gicos, pues enfatiza que su inter\u00e9s no radica exclusivamente en los Estados, sino en ese subrayado empleo de la fuerza, de la violencia\u2026 la amenaza de su uso, con fines pol\u00edticos. En este sentido, Croft (2013) recalca que los bordes porosos de la subdisciplina contribuyen a que gradualmente se est\u00e1 configurando como un subcampo interdisciplinar, algo tambi\u00e9n destacado por Beier &amp; Arnold (2005). Hay quienes incluso, como Baylis (2001), rechaza su categor\u00eda de disciplina al apreciar que su concentrado foco exige m\u00faltiples aproximaciones desde las Ciencias Sociales<a href=\"#_ftn7\">[7]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Gr\u00e1fico 1. El encaje disciplinar de los Estudios Estrat\u00e9gicos<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img src=\"http:\/\/www.ugr.es\/~resi\/estudios-estrategicos1.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Elaboraci\u00f3n propia a partir de Betts (1997)<\/p>\n\n\n\n<p><em>Teor\u00eda realista y cr\u00edtica de los Estudios Estrat\u00e9gicos: apuntes breves<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Afirma Colin S. Gray (1982: 33) que un prerrequisito para el desarrollo de los Estudios Estrat\u00e9gicos fue aceptar el realismo como paradigma de la pol\u00edtica internacional<a href=\"#_ftn8\">[8]<\/a>. De tal modo, la tradici\u00f3n te\u00f3rica realista y sus enfoques (cl\u00e1sico, estructural, defensivo, ofensivo y neocl\u00e1sico) predominan (Jord\u00e1n, 2013b). Aunque &nbsp;existen diferencias entre ellos, los autores realistas comparten sus visiones o asunciones en cuanto a la naturaleza humana, el poder o el papel de las instituciones (Baylis, 2001).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que las primeras cr\u00edticas que reciben estos autores se refieren a esta estrecha vinculaci\u00f3n te\u00f3rica. Una apreciaci\u00f3n que ha sido contestado subrayando el elemento central que representa el poder para la estrategia y el realismo (Lonsdale, 2011). En esa l\u00ednea, tambi\u00e9n los Estudios Estrat\u00e9gicos han sido criticados por su excesiva preocupaci\u00f3n por las denominadas \u201c4 S\u201d (en ingl\u00e9s), Estado, Estrategia, Ciencia y Statu quo (Williams 2013: 3)<a href=\"#_ftn9\">[9]<\/a>, o cuestiones \u00e9ticas o profesionales (precisamente por esa tensi\u00f3n explicada en apartados superiores). Todos estos juicios negativos acerca de los Estudios Estrat\u00e9gicos, procedentes principalmente de los autonodenominados Estudios Cr\u00edticos de Seguridad, han sido contundente y detalladamente rebatidos por otros autores (Vennesson, 2017; Mill, 2010; Baylis &amp; Wirtz, 2002; Gray, 1982), por lo que no se insistir\u00e1 aqu\u00ed en esta cuesti\u00f3n. Si bien, y como ejemplo de la permeabilidad del campo, diversos autores (Duyvestyen &amp; Worral, 2017; Duyvestyen &amp; Michaels, 2015) est\u00e1n apuntando a determinadas debilidades de los Estudios Estrat\u00e9gicos con propuestas a su vez de mejora, dirigidas a: los elementos no racionales de las decisiones estrat\u00e9gicas; la aproximaci\u00f3n desde otros paradigmas como el liberalismo o el constructivismo; los cambios en el entorno hacia estructuras, mecanismos, interdependencias, etc., globales y globalizados; la necesidad de una mayor atenci\u00f3n hacia tradiciones estrat\u00e9gicas no occidentales; o los efectos positivos de una reflexi\u00f3n estrat\u00e9gica a largo plazo; entre otras cuestiones.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Entre Escila y Caribdis<\/em><a href=\"#_ftn10\">[10]<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Esta visi\u00f3n de los Estudios Estrat\u00e9gicos como campo de estudio interdisciplinar subraya su inclinaci\u00f3n por el <em>policy advice<\/em>, un enfoque que tambi\u00e9n representa un elemento constitutivo del campo. Y es que su concepci\u00f3n en instituciones muy centradas en la producci\u00f3n de an\u00e1lisis relevantes para las pol\u00edticas influy\u00f3 en esta determinaci\u00f3n (Freedman, 2007). Un rasgo que no es exclusivo de los Estudios Estrat\u00e9gicos, dado que es compartido con los Estudios de Seguridad Internacional (W\u00e6ver, 2015) o incluso con las mismas Relaciones Internacionales, cuyos inicios estuvieron igualmente marcados por la inquietud por generar conocimiento \u00fatil tanto para la disciplina en s\u00ed misma como para contribuir a la paz internacional (Kaplan, 1961). De tal forma, hay que autores que entienden que investigaci\u00f3n sobre seguridad y paz ha de estar necesariamente orientada hacia las pol\u00edticas (<em>policy oriented<\/em>) (Lebow, 1987). Lo ideal es que rinda en \u201cun proceso iterativo donde la teor\u00eda y la pr\u00e1ctica se modifican y reforzaban la una a la otra\u201d (Baylis y Wirtz, 2007: 2), tal como suced\u00eda en la conocida como \u201c\u00c9poca dorada\u201d de los Estudios Estrat\u00e9gicos (<em>vid<\/em>. ep\u00edgrafe siguiente).<\/p>\n\n\n\n<p>Es indudable que un est\u00edmulo para la reflexi\u00f3n estrat\u00e9gica es tanto el devenir de los eventos (Martin, 1980), como la b\u00fasqueda de la relevancia para las pol\u00edticas (Horowitz, 2015). Por estas razones, autores como Duyvestyen &amp; Michaels (2015) piden igualmente elaborar una aportaci\u00f3n cient\u00edfica alejada de los temas de moda, atractivos por el inter\u00e9s coyuntural del <em>establishment<\/em> o la mera legitimaci\u00f3n de conceptos existentes; consideran que los acad\u00e9micos conseguir\u00e1n un mayor respeto, no s\u00f3lo por su conocimiento especializado, sino tambi\u00e9n por su perspectiva independiente de los intereses pol\u00edticos o burocr\u00e1ticos. Hay que considerar que la colusi\u00f3n entre la perspectiva del acad\u00e9mico y la del legislador es inevitable (Gray, 1982), pero que la b\u00fasqueda del inter\u00e9s p\u00fablico no implica <em>per se<\/em> que tenga que haber una relaci\u00f3n directa personal entre el acad\u00e9mico y quien implementa la estrategia (Gray, 1992). Este criterio propio, lejos de suponer una r\u00e9mora, ser\u00e1 la garant\u00eda de una mayor relevancia para las pol\u00edticas. Por ello, se advierte sobre la necesidad de mantener una adecuado equilibrio entre este servicio al inter\u00e9s p\u00fablico y la solidez y rigor te\u00f3ricos (Duyvestyen &amp; Worrall, 2017). Y es que, como escribe Walt (1991), la existencia de una comunidad de expertos independiente es fundamental.<\/p>\n\n\n\n<p>Como en el mito griego, los Estudios Estrat\u00e9gicos habr\u00e1n de saber navegar alejados de los peligros, tanto de una excesiva dependencia gubernamental en los temas o fondos de financiaci\u00f3n, de la obsesi\u00f3n por el an\u00e1lisis despojado de cualquier reflexi\u00f3n te\u00f3rica, como de un confinamiento en la academia que liquidar\u00eda su inter\u00e9s por mejorar las pol\u00edticas p\u00fablicas de defensa y por perfeccionar el pensamiento estrat\u00e9gico.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La evoluci\u00f3n de los Estudios Estrat\u00e9gicos: m\u00e1s all\u00e1 de la cuesti\u00f3n nuclear<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las caracter\u00edsticas en torno a los Estudios Estrat\u00e9gicos explican el consenso acad\u00e9mico en situar su aparici\u00f3n en paralelo al surgimiento de la Guerra Fr\u00eda (Buzan &amp; Hansen, 2009). Sin embargo, por id\u00e9nticas razones, la \u201ctradici\u00f3n estrat\u00e9gica\u201d no circunscribe su evoluci\u00f3n a partir de este momento hist\u00f3rico, sino que \u00e9ste constituir\u00eda solo un paso m\u00e1s, muy significativo por otra parte, en una dilatada historia del pensamiento estrat\u00e9gico asumido por los autores contempor\u00e1neos (Kelleher, 2016; Miller, 2010; Jervis, 1986; Gray, 1977).<\/p>\n\n\n\n<p>La singularidad de ese momento viene marcada por dos claves: por un lado, frente a la mirada <em>clausewitziana<\/em> de los militares centrada en \u201cprincipios bien conocidos\u201d de la guerra (Brodie, 1959), se apuesta por el m\u00e9todo cient\u00edfico para el estudio de la estrategia. Este impulso positivista tiene un nombre propio: Bernard Brodie y su seminal trabajo <em>Strategy as a Science<\/em> (1949). Por otro lado, y Brodie es igualmente su mejor ejemplo, dicho pensamiento estrat\u00e9gico es desarrollado por expertos civiles. Con algunas excepciones, como las de Julian Corbett y Liddell Hart, antes de la Segunda Guerra Mundial s\u00f3lo los militares hab\u00edan mostrado inter\u00e9s por la estrategia, por lo que este nuevo conocimiento aportado por los civiles es el verdadero hecho diferencial (W\u00e6ver, 2015; Strachan, 2011). Posiblemente \u00e9sta fue una de las consecuencias de la propia reconceptualizaci\u00f3n que hab\u00eda experimentado la estrategia. Una vez que la estrategia incorpor\u00f3 inexcusablemente el elemento pol\u00edtico y su empleo tambi\u00e9n en los per\u00edodos de paz, se rompi\u00f3 el monopolio de los ej\u00e9rcitos en la materia (Garnett, 1987).<\/p>\n\n\n\n<p>Ambas circunstancias son muy espec\u00edficas del contexto estadounidense, donde por primera vez se sinti\u00f3 la necesidad de pensar estrat\u00e9gicamente en tiempos de paz (Gray, 1982)\u2026 o de guerra fr\u00eda, al menos. Si Bernard Brodie es el nombre propio, la RAND Corporation es el lugar indicado. En este centro financiado por el U.S. Air Force coincidieron en el tiempo y en el espacio una serie de intelectuales, procedentes de diversas disciplinas, que concentraron todos sus esfuerzos en desarrollar diferentes conceptos y teor\u00edas acerca de la eventual guerra nuclear en ciernes y c\u00f3mo evitarla o librarla. La implicaci\u00f3n y vinculaci\u00f3n de la RAND y sus proyectos con el gobierno de los Estados Unidos para la consecuci\u00f3n de estos fines fue absoluta. Brodie, Thomas Schelling, Albert Wohlstetter o Herman Kahn fueron algunos de sus investigadores. En palabras de Trachtenber (1989), todos ellos entraron en una \u201ctierra de nadie\u201d que hasta entonces hab\u00eda permanecido est\u00e9ril y abandonada tanto por los militares como por los primeros acad\u00e9micos de los estudios internacionales. Su enfoque cientifista cambi\u00f3 para siempre la manera de concebir la estrategia.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, lo original de esos a\u00f1os est\u00e1 en la emergencia de esa categor\u00eda distinta y distintiva de trabajo, en la intersecci\u00f3n entre experiencia y teor\u00eda, entre el arte militar y las Ciencias Sociales y Naturales (W\u00e6ver y Buzan, 2010), centrados en proveer de conocimiento cient\u00edfico \u00fatil a las pol\u00edticas p\u00fablicas. Su crecimiento en universidades y otros institutos de investigaci\u00f3n profusamente financiados por el gobierno y los ej\u00e9rcitos permiti\u00f3 crear una comunidad civil de estudios estrat\u00e9gicos. Si bien, y a diferencia de lo que en algunas ocasiones se ha argumentado, nunca conformaron una comunidad unificada u homog\u00e9nea, sino que se compon\u00eda por individuos e instituciones divididos pol\u00edtica, ideol\u00f3gica, disciplinar, te\u00f3rica y metodol\u00f3gicamente (Miller, 2010). Sin embargo, s\u00ed hab\u00eda una confianza compartida en la creencia de un conocimiento cient\u00edfico social que coadyuvase a la gobernanza durante la Guerra Fr\u00eda (Rohde, 2013).<\/p>\n\n\n\n<p>Se produjo un importante crecimiento de la mencionada comunidad, especialmente a trav\u00e9s de think-tanks y otros centros p\u00fablicos o privados que, en efecto, realizaron una contribuci\u00f3n significativa a las pol\u00edticas (Freedman, 1982). De ah\u00ed surgieron las teor\u00edas acerca de la disuasi\u00f3n nuclear<a href=\"#_ftn11\">[11]<\/a>, la capacidad de segundo golpe (<em>second strike capability<\/em>), el \u201cOODA Loop\u201d de John Boyd (militar, pero ya imbuido completamente por la racionalidad cient\u00edfica) o la \u201cteor\u00eda de juegos\u201d de John von Neumann y Oskar Morgenstern. Seguramente el culmen de esta comunidad de expertos entrelazada con el <em>establishment<\/em> pol\u00edtico y la administraci\u00f3n ser\u00eda la llegada a la Casa Blanca de Robert McNamara, como Secretario de Defensa de John F. Kennedy, y sus \u201c<em>whiz kids<\/em>\u201d (Kaplan, 1983). \u00c9ste fue un fen\u00f3meno singularmente estadounidense, aunque fuera de all\u00ed destacar\u00edan tambi\u00e9n nombres como los de Hedley Bull (aunque formado en buena medida en ese pa\u00eds) y Andre Beaufre.<\/p>\n\n\n\n<p>De este manera se establecen dos primeros per\u00edodos en los Estudios Estrat\u00e9gicos: el primero, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de los a\u00f1os 50, cuando se empieza a configurar este campo de trabajo, y el segundo entre esta fecha y 1965, conocido como la \u201cEdad dorada\u201d de los Estudios Estrat\u00e9gicos (Gray, 1982). Para este mismo autor, los principales catalizadores de este movimiento fueron tanto la necesidad de guiar las pol\u00edticas como la innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica de las armas nucleares; pero igualmente la misma fascinaci\u00f3n por la materia. Se experiment\u00f3 un incremento en el n\u00famero de instituciones dedicadas a los Estudios Estrat\u00e9gicos sin parang\u00f3n (Garigue, 1979) y un volumen de producci\u00f3n cient\u00edfica tampoco con precedentes (Booth, 1987). Todo este progreso no fue impedimento, sin embargo, para que tambi\u00e9n recibieran cr\u00edticas desde el lado militar por su falta de experiencia pr\u00e1ctica (Booth, 1987).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta \u201cprimera generaci\u00f3n\u201d de Estudios Estrat\u00e9gicos encall\u00f3 a comienzos de los a\u00f1os 70, cuando la Guerra de Vietnam se enfangaba estrepitosamente para los norteamericanos y la teor\u00eda producida hasta el momento parec\u00eda del todo in\u00fatil para resolver tales problemas, lleg\u00e1ndose a considerar que se hab\u00eda alcanzado \u201cun punto muerto\u201d para los Estudios Estrat\u00e9gicos (Freedman, 1979). Tambi\u00e9n se piensa como causa de ese freno en este avance disciplinar el que esa primera generaci\u00f3n de intelectuales no fuera capaz de estimular una nueva cantera de j\u00f3venes doctores que siguieran sus pasos (Walt, 1991).<\/p>\n\n\n\n<p>El fracaso en Vietnam y las lecciones aprendidas del conflicto, junto con los movimientos revolucionarios que se ven\u00edan sucediendo a lo largo y ancho del mapa, motivaron integrar de pleno derecho en los Estudios Estrat\u00e9gicos las cuestiones relacionadas con la (contra)insurgencia, la guerra de guerrillas, etc., as\u00ed como los problemas derivados de los valores pol\u00edticos, culturales, sociales\u2026 en definitiva, asumir completamente uno de los pilares de la \u201ctrinidad\u201d de Clausewitz. Asimismo se autocritic\u00f3 la sobreestimada confianza en los factores t\u00e9cnicos y tecnol\u00f3gicos, de los que no se pod\u00eda depender \u00fanicamente para el progreso del campo (Freedman, 1982; Freedman, 1979). A partir de mediados de los 70, los Estudios Estrat\u00e9gicos entraron con mayor fuerza en las universidades y prestaron mayor atenci\u00f3n e inter\u00e9s a las perspectivas de las Ciencias Sociales, sum\u00e1ndose as\u00ed al debate acad\u00e9mico en torno a la seguridad (Walt, 1991). Aparecieron asimismo \u00e1reas vinculadas, aunque ya con derivaciones m\u00e1s alejadas de los Estudios Estrat\u00e9gicos, como fueron los especialistas en control de armas (Buzan &amp; Hansen, 2009).<\/p>\n\n\n\n<p>De igual manera, mientras que entre finales de los a\u00f1os 60 y la d\u00e9cada de los 70 las cuestiones del llamado Tercer Mundo priorizaban en la agenda, en los a\u00f1os 80 la tensi\u00f3n Este-Oeste volvi\u00f3 a imponerse (Wirzt, 2007; Nye, 1989). Si bien, la vitalidad intelectual del campo no volvi\u00f3 a ser tan fruct\u00edfera como en la \u201c\u00c9poca dorada\u201d, al menos en lo que a estrategia nuclear se refiere. Adem\u00e1s, a partir de entonces la perspectiva de los Estudios Estrat\u00e9gicos dej\u00f3 de ser la m\u00e1s sobresaliente de unos Estudios de Seguridad Internacional que ya tomaban forma y fuerza. En efecto, el colapso de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y la aminoraci\u00f3n del peligro nuclear puso en entredicho para ciertos sectores de la academia la validez de los Estudios Estrat\u00e9gicos, tal y como se ha mencionado en los p\u00e1rrafos iniciales del art\u00edculo. Desde la d\u00e9cada de los 80, el debate en torno al concepto de seguridad, su ampliaci\u00f3n o no, y cu\u00e1les ser\u00edan las consecuencias pol\u00edticas de dicha reformulaci\u00f3n, estaba sobre la mesa. Por ello, el fin de la Guerra Fr\u00eda aceler\u00f3 los t\u00e9rminos del mismo y enfrent\u00f3 a quienes quer\u00edan mantenerlo y quienes propon\u00eda su apertura hacia otras dimensiones (Crawford, 1991). Es ah\u00ed cuando arreciaron las cr\u00edticas contra los Estudios Estrat\u00e9gicos y su especial fijaci\u00f3n por las cuestiones relacionadas con la tecnolog\u00eda, la seguridad militar de los Estados y las armas nucleares, en opini\u00f3n de sus detractores (Ullman 1983).<\/p>\n\n\n\n<p>La llamada al \u201ccambio de paradigma\u201d (Brown, 1992) tuvo especial eco en las universidades europeas. De tal modo, la redefinici\u00f3n de la agenda de seguridad (Baldwin, 1997) o la oportunidad pol\u00edtica para cuestionar las tradicionales formas de pensamiento (Gheciu y Wohlforth, 2018: 3) fueron una constante en los a\u00f1os 90. En este sentido, hay que destacar la obra de Barry Buzan (1991), <em>People, States &amp; Fear<\/em>, como una cita ineludible de este inter\u00e9s por crear una nueva agenda de seguridad para los Estudios de Seguridad Internacional en el escenario de la post-Guerra Fr\u00eda. Es as\u00ed como los Estudios de Seguridad Internacional adquieren un protagonismo que eclipsa por completo a los Estudios Estrat\u00e9gicos, al menos en buena parte de la academia y sobre todo en Europa. El \u201ctodo\u201d de los Estudios de Seguridad Internacional trata de hacer olvidar la \u201cparte\u201d de los Estudios Estrat\u00e9gicos, con el prejuicio de que el uso del poder militar era parte del problema. Fijan as\u00ed su atenci\u00f3n en otras cuestiones de la seguridad, como el cambio clim\u00e1tico, los recursos energ\u00e9ticos o el g\u00e9nero. Adem\u00e1s, se impregnan de un fuerte componente normativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Este estado del arte y los grandes debates en torno al \u201cfin de la historia\u201d de Fukuyama, el pretendido nuevo orden unipolar o el choque de civilizaciones <em>huntingtoniano<\/em>, se vieron sacudidos por dram\u00e1ticos acontecimientos como la Guerra del Golfo, el conflicto de los Balcanes o el genocidio de Ruanda, que evidenciaron que la fuerza, la violencia y el poder militar segu\u00edan estando presentes por la realidad internacional (Gray, 2011). Se abri\u00f3 as\u00ed la discusi\u00f3n en torno a la revoluci\u00f3n en los asuntos militares (Colom, 2008), las \u201cnuevas guerras\u201d (Kaldor, 2001; Smith, 2007) o las distintas cultura de seguridad nacional (Katzenstein, 1996)<a href=\"#_ftn12\">[12]<\/a>. Estos ejemplos ilustran la voluntad de los especialistas en Estudios Estrat\u00e9gicos por ampliar el foco hacia factores pol\u00edticos, econ\u00f3micos y sociales, los cuales en definitiva tambi\u00e9n condicionan el uso de la fuerza militar (Chipman, 1992). No hubo, por tanto, un rechazo a esa ampliaci\u00f3n de la agenda tal y como se propon\u00eda, pero s\u00ed enfatizaban la necesidad de seguir estudiando la fuerza armada como instrumento del Estado o de otros actores para la consecuci\u00f3n de sus fines pol\u00edticos. Tal y como afirma Baylis (2001: 1):<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c[en] los diversos conflictos ocurridos desde el fin de la Guerra Fr\u00eda, el rol de la fuerza permanece como un aspecto significativo de las pol\u00edticas dom\u00e9sticas y mundiales, por lo que la comprensi\u00f3n de la estrategia sigue siendo, no s\u00f3lo relevante, sino importante en cualquier estudio de las Relaciones Internacionales\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas din\u00e1micas se vieron acrecentadas con los ataques terroristas del 11 de septiembre y la \u201cGuerra contra el terror\u201d iniciada despu\u00e9s, junto con las intervenciones militares en Afganist\u00e1n e Irak. Estos conflictos y la violencia terrorista de tipo yihadista desatada en distintas partes del mundo (Europa, Oriente Pr\u00f3ximo, Norte de \u00c1frica, Sudeste asi\u00e1tico, Cuerno de \u00c1frica) \u201cgeneraron una atenci\u00f3n sin precedentes sobre los actores no estatales y su impacto en el entorno de seguridad internacional\u201d (Gheciu y Wohlforth, 2018: 4). El terrorismo y la definici\u00f3n del enemigo se convirti\u00f3 as\u00ed en uno de los grandes temas de estudio, cuando hasta ese momento hab\u00eda pasado un tanto desapercibido (Strachan, 2013; Schwarz, 2011). Este hecho ha provocado tambi\u00e9n un acercamiento entre los estudios de inteligencia y la estrategia (Lonsdale, 2011). Para Rasmussen (2004) este fue un asunto que agudiz\u00f3 las divisiones entre aquellos que quer\u00edan seguir ampliando el concepto de seguridad y aquellos que quer\u00eda reafirmar el foco sobre el poder militar. En este sentido, se puede afirmar la verdadera y creciente importancia de los riesgos no tradicionales para la seguridad y c\u00f3mo pueden ser objeto de an\u00e1lisis estrat\u00e9gico; pero lo singular para los Estudios Estrat\u00e9gicos ser\u00e1 el estudio acerca de los efectos pol\u00edticos de la utilizaci\u00f3n de la fuerza y los medios militares, por lo que la disuasi\u00f3n (no necesariamente nuclear) sigue siendo, por ejemplo, un concepto con vigencia &nbsp;(Rotte &amp; Schwarz, 2011). En la actualidad, las renovadas tensiones entre Rusia y Estados Unidos, los conflictos en Ucrania y Siria, o la pervivencia del terrorismo yihadista, avivan el inter\u00e9s por y la necesidad de los Estudios Estrat\u00e9gicos, muy ligados en efecto a los cambios del orden mundial o la relevancia pol\u00edtica de estos problemas (Lonsdale, 2011; Ferris, 2007).<\/p>\n\n\n\n<p>Por todas estas razones, se conviene con Baylis (2001: 1) que los intentos de suprimir o evitar esta materia en los programas acad\u00e9micos, no s\u00f3lo fue prematuro, sino insensatos e imprudentes. La gran virtud de los Estudios Estrat\u00e9gicos, am\u00e9n de esa contribuci\u00f3n a la cuestiones de actualidad e inter\u00e9s, reside en su disposici\u00f3n por \u201cayudar a pensar estrat\u00e9gicamente\u201d (Gray, 1992: 622) y relacionar los medios y modos con los fines de la pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se hubiera de fijar una agenda tentativa acerca de los temas objeto de examen, investigaci\u00f3n y an\u00e1lisis por parte de los Estudios Estrat\u00e9gicos, se podr\u00edan mencionar los siguientes, basados parcialmente en las propuestas de Gray (2011; 2009) y Baylis, Wirtz, Cohen &amp; Gray (2002), sin \u00e1nimo de exhaustividad pero s\u00ed con el prop\u00f3sito de estimular el debate: a) teor\u00eda estrat\u00e9gica; b) causas de la guerra y condiciones para la paz; c) tecnolog\u00eda, innovaci\u00f3n y transformaci\u00f3n militar; d) guerra irregular, insurgencia y terrorismo; e) competici\u00f3n entre los grandes poderes; f) geograf\u00eda y estrategia; g) poder nuclear; h) poder a\u00e9reo; i) poder naval; j) poder terrestre; k) control de armas de destrucci\u00f3n masiva; l) cultura estrat\u00e9gica; m) relaciones civiles-militares; n) pol\u00edtica de defensa y planeamiento estrat\u00e9gico. Por supuesto, tambi\u00e9n se incorporar\u00e1n nuevas realidades como el \u00e1mbito cibern\u00e9tico o el espacio. Habr\u00e1 que evaluar la agenda de seguridad para determinar c\u00f3mo la estrategia puede responder a todas estas cuestiones y otras que se abran (Wirtz, 2007). La clave en cualquier caso ser\u00e1 mantener la coherencia y el foco de la subdisciplina, uno de las principales fortalezas de este campo de estudio.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Conclusiones<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Examinar tanto el devenir hist\u00f3rico de los Estudios Estrat\u00e9gicos como su conceptualizaci\u00f3n en torno al t\u00e9rmino de estrategia permite comprenderlos m\u00e1s all\u00e1 de su configuraci\u00f3n a partir de la Guerra Fr\u00eda y la competici\u00f3n nuclear entre los grandes poderes. Adem\u00e1s, supone aceptar sus dimensiones cient\u00edficas y te\u00f3ricas. Por tanto, es esencial resaltar la relevancia que mantienen hoy en d\u00eda los Estudios Estrat\u00e9gicos para interpretar, analizar y explicar la acci\u00f3n pol\u00edtica de los actores, principalmente estatales, pero tambi\u00e9n los de los no estatales. Por ello es importante recalcar la fortaleza epistemol\u00f3gica que representa su \u00e9nfasis en el estudio del empleo de la fuerza o la amenaza de su uso como instrumento de la pol\u00edtica y sus efectos.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed nace el inter\u00e9s por contar con un campo de estudio que se incardina dentro de los Estudios de Seguridad Internacional, pero que requiere un abordaje desde un prisma multidisciplinar. Los desarrollos futuros habr\u00e1n de cuidar la coherencia del campo (Croft, 2013) y prestar especialmente atenci\u00f3n a lo que suponen las bases de la moderna concepci\u00f3n de la estrategia: medios, modos y fines. El equilibrio entre el an\u00e1lisis pol\u00edtico y la profundidad te\u00f3rica ha de ser un eje de su progreso y habr\u00e1 de saber moverse para ello entre el rigor y la validez cient\u00edfica, las demandas de planificaci\u00f3n a largo plazo y las elecciones cr\u00edticas en el tiempo, por recuperar aqu\u00ed a ese tri\u00e1ngulo se\u00f1alado por Coletta (2007). En tanto que cumplan estas premisas esenciales y sigan queriendo ser un instrumento \u00fatil para las pol\u00edticas, los Estudios Estrat\u00e9gicos seguir\u00e1n siendo relevantes.<\/p>\n\n\n\n<p>En el futuro m\u00e1s inmediato ser\u00e1 importante entender tanto pol\u00edtica como intelectualmente c\u00f3mo la seguridad y el poder militar se integran como parte fundamental con otros retos para la seguridad en esa agenda m\u00e1s amplia (Lonsdale, 2011, Baylis, 2001). Lo esencial es saber que aunque el contexto social, cultural y pol\u00edtico de las cuestiones estrat\u00e9gicas cambie y sea distinto del pasado, la naturaleza de la estrategia permanece inalterada. Ello no implica que todas estas cuestiones hayan de ser s\u00f3lo o exclusivamente preocupaci\u00f3n de la comunidad de estudios estrat\u00e9gicos (Lawrence, 1985), ya que en democracia hay que tener una discusi\u00f3n lo m\u00e1s amplia posible sobre las cuestiones militares y en particular, sobre el empleo de la fuerza (Earle, 1940) como instrumento del Estado y en su monopolio leg\u00edtimo de la violencia, en afortunada expresi\u00f3n <em>weberiana<\/em>. Tambi\u00e9n hay que prestar ineludible atenci\u00f3n a aquellos otros actores no estatales que puedan desencadenar efectos similares por medios y modos parecidos. Para cumplir con este prop\u00f3sito es imprescindible que los Estudios Estrat\u00e9gicos \u201cregresen de los suburbios\u201d (o simplemente lleguen, en el caso espa\u00f1ol) y se consoliden como un campo de estudio e inter\u00e9s p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>Nota sobre el autor:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Alberto Buen<\/em><\/strong><em><strong>o<\/strong> es investigador predoctoral FPU en el Departamento de Ciencia Pol\u00edtica y de la Administraci\u00f3n de la Universidad de Granada.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Este art\u00edculo ha contado con la financiaci\u00f3n del programa de ayudas para contratos predoctorales de Formaci\u00f3n de Profesorado Universitario 2015 del Ministerio de Educaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Adamson, Fiona B. (2016), \u201cSpaces of global security: Beyond methodological nationalism\u201d,&nbsp;<em>Journal of Global Security Studies<\/em>,&nbsp;Vol. 1, No. 1, 19-35.<\/p>\n\n\n\n<p>Art, Robert J. 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(2012), <em>Understanding Contemporary Strategy<\/em>, Routledge.<\/p>\n\n\n\n<p>Kaplan, Fred (1983), <em>The Wizards of Armageddon<\/em>, Stanford UP.<\/p>\n\n\n\n<p>Kaplan, Morton (1961), \u201cIs International Relations a Discipline?\u201d,&nbsp;<em>Journal of Politics<\/em>,&nbsp;Vol. 23, No. 3, 462-476.<\/p>\n\n\n\n<p>Katzenstein, Peter J. (Ed.), <em>The Culture of National Security. Norms and Identity in World Politics<\/em>, Columbia UP.<\/p>\n\n\n\n<p>Kelleher, Catherine M. (2016), \u201cThe Postwar Evolution of the Field of Strategic Studies: Robert O\u2019Neill in Context\u201d, en Marston, d. &amp; Leahy, T. (Ed.), <em>War, Strategy and History<\/em>, ANU Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Keman, Hans (2016), \u201cOn Time and Space: the Historical Dimension in Political Science\u201d, en Keman, Hans &amp; Woldendorp, Jaap J., <em>Handbook of Research Methods and Applications in Political Science<\/em>, Edward Elgar Publishing.<\/p>\n\n\n\n<p>Krause, Keith, &amp; Williams, Michael C. (1996), \u201cBroadening the Agenda of Security Studies: Politics and Methods\u201d,&nbsp;<em>Mershon International Studies Review<\/em>,&nbsp;Vol. 40, No. 2, 229-254.<\/p>\n\n\n\n<p>Laborie, Mario (2011), \u201cEl futuro de los estudios estrat\u00e9gicos\u201d, <em>Documento de An\u00e1lisis del Instituto Espa\u00f1ol de Estudios Estrat\u00e9gico<\/em>s, 30\/2011.<\/p>\n\n\n\n<p>Lasswell, Harold D. &amp; Kaplan, Abraham (1950), <em>Power and Society. A Framework for Political Inquiry<\/em>, Yale UP.<\/p>\n\n\n\n<p>Lawrence, Philip K. (1985), \u201cNuclear Strategy and Political Theory: A Critical Assessment\u201d,&nbsp;<em>Review of International Studies<\/em>,&nbsp;Vol. 11, No.2, 105-121.<\/p>\n\n\n\n<p>Lebow, Richard N. (1987), \u201cA Research Agenda for Peace and Security Studies\u201d, <em>PS<\/em>,&nbsp;Vol. 20, No. 2, 252-257.<\/p>\n\n\n\n<p>Lonsdale, David J. (2016), \u201cThe Study and Theory of Strategy\u201d, en Jordan, D., et. al., <em>Understanding Modern Warfare<\/em>. Cambridge UP.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2212 (2011), \u201cThe Way Ahead: Strategic Studies in the 21st Century\u201d, en Rotte, Ralph &amp; Schwarz, Christoph (Ed.), <em>International Security and War. Politics and Grand Strategy in the 21st Century<\/em>, Nova Science Publishers.<\/p>\n\n\n\n<p>Luttwak, Edward (2001),&nbsp;<em>Strategy: The Logic of War and Peace<\/em>, Harvard UP.<\/p>\n\n\n\n<p>Martin, Laurence (1980), \u201cThe Future of Strategic Studies\u201d, <em>Journal of Strategic Studies<\/em>,&nbsp;Vol. 3, No.3, 91-99.<\/p>\n\n\n\n<p>Mahnken, Thomas G. (2003), \u201cThe Future of Strategic Studies\u201d, <em>Journal of Strategic Studies<\/em>,&nbsp;Vol. 26, No. 1, x-xviii.<\/p>\n\n\n\n<p>Milevski, Lukas (2016),&nbsp;<em>The Evolution of Modern Grand Strategic Thought<\/em>, Oxford UP.<\/p>\n\n\n\n<p>Miller, Steven E. (2010), \u201cThe Hegemonic Illusion? Traditional Strategic Studies in Context\u201d,&nbsp;<em>Security Dialogue<\/em>,&nbsp;Vol. 41, No.6, 639-648.<\/p>\n\n\n\n<p>Murray, Williamson (1999), \u201cMilitary Culture Does Matter\u201d,&nbsp;<em>Strategic Review<\/em>,&nbsp;Vol. 27, No. 2, 32-40.<\/p>\n\n\n\n<p>Murray, Williamson y Grimsley, Mark (1996), \u201cIntroduction: On Strategy\u201d, en Murray, W., Knox, M., &amp; Bernstein, A. (Eds.).&nbsp;The Making of Strategy: Rulers, States, and War. Cambridge UP.<\/p>\n\n\n\n<p>Nye, Joseph S. (1989), \u201cThe Contribution of Strategic Studies: Future Challenges\u201d, <em>The Adelphi Papers<\/em>,&nbsp;29(235),&nbsp;20-34<\/p>\n\n\n\n<p>Nye, Joseph S., &amp; Lynn-Jones, Sean M. (1988), \u201cInternational Security Studies: A Report of a Conference on the State of the Field\u201d,&nbsp;<em>International Security<\/em>,&nbsp;12(4), 5-27.<\/p>\n\n\n\n<p>Palacios, Jos\u00e9 Miguel (2016), \u201cPensamiento militar: Introducci\u00f3n al monogr\u00e1fico\u201d,&nbsp;<em>Tiempo devorado<\/em>,&nbsp;3(3), 437-439.<\/p>\n\n\n\n<p>Parente, Gonzalo (2008), \u201cLos Estudios Estrat\u00e9gicos en Espa\u00f1a\u201d,&nbsp;<em>Bolet\u00edn de Informaci\u00f3n<\/em>, (306), 4-14.<\/p>\n\n\n\n<p>Pettman, Ralph. (2005), \u201cHuman Security as Global Security: Reconceptualising Strategic Studies\u201d,&nbsp;<em>Cambridge Review of International Affairs<\/em>,&nbsp;Vol. 18, No. 1, 137-150.<\/p>\n\n\n\n<p>Posen, Barry (1986),&nbsp;<em>The Sources of Military Doctrine: France, Britain, and Germany between the World Wars<\/em>, Cornell UP.<\/p>\n\n\n\n<p>Rasmussen, Mikkel Vebdy (2004), \u201cIt Sounds Like a Riddle: Security Studies, the War on Terror and Risk\u201d,&nbsp;<em>Millennium<\/em>,&nbsp;Vol. 33, No. 2, 381-395.<\/p>\n\n\n\n<p>Rohde, Joy (2013), <em>Armed with Expertise. The Militarization of American Social Research during the Cold War<\/em>, Cornell UP.<\/p>\n\n\n\n<p>Rotte, Ralph &amp; Schwarz, Christoph (2011), \u00abOverview: Policy and Grand Strategy in the 21st Century: The Continuing Relevance of War and Politics\u00bb en Rotte, Ralph &amp; Schwarz, Christoph (eds.), <em>International Security and War. Politics and Grand Strategy in the 21st Century<\/em>, Nova Science Publishers.<\/p>\n\n\n\n<p>Russett, Bruce, &amp; Arnold, Taylor (2010). \u201cWho Talks, and Who\u2019s Listening? Networks of International Security Studies\u201d,&nbsp;<em>Security Dialogue<\/em>,&nbsp;Vol. 41, No. 6, 589-598.<\/p>\n\n\n\n<p>Schelling, Thomas C. (1960), <em>The Strategy of Con\ufb02ict<\/em>, Harvard UP.<\/p>\n\n\n\n<p>Schwarz, Christoph (2011) \u201cTerrorism and Strategy\u201d, en Rotte, Ralph. &amp; Schwarz, Christoph. (eds.), <em>International Security and War. Politics and Grand Strategy in the 21st Century<\/em>, Nova Science Publishers.<\/p>\n\n\n\n<p>Smith, Rupert (2007), <em>The Utility of Force<\/em>, Alfred A. Knopf.<\/p>\n\n\n\n<p>Smoke, Richard (1975), \u201cNational Security Affairs\u201d, en Greenstein, Fred I. &amp; Polsby, Nelson W., <em>Handbook of Political Science<\/em>. Vol. 8. Addison-Wesley Publishing Company.<\/p>\n\n\n\n<p>Snyder, Jack L. (1977), \u201cThe Soviet Strategic Culture. Implications for Limited Nuclear Operations\u201d, <em>RAND<\/em>, Vol. 2154.<\/p>\n\n\n\n<p>Speller, Ian (2016), \u201cIntroduction to the Second Edition\u201d, en Jordan, David, et. al. <em>Understanding Modern Warfare<\/em>, 2\u00aa Ed., Cambridge UP.<\/p>\n\n\n\n<p>Strachan, Hew (2013), <em>The Direction of War. Contemporary Strategy in Historical Perspective<\/em>, Cambrige UP<\/p>\n\n\n\n<p>\u2212 (2011) \u201cThe Utility of Strategy\u201d, en Rotte, Ralph &amp; Schwarz, Christoph (eds.), <em>International Security and War. Politics and Grand Strategy in the 21st Century<\/em>, Nova Science Publishers.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2212 (2006), \u201cMaking Strategy: Civil\u2013Military Relations after Iraq\u201d,&nbsp;<em>Survival<\/em>,&nbsp;Vol. 48, No. 3, 59-82.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2212 (2005), \u201cThe lost Meaning of Strategy\u201d,&nbsp;<em>Survival<\/em>,&nbsp;Vol. 47, No. 3, 33-54.<\/p>\n\n\n\n<p>Sumida, Jon T. (1999),&nbsp;<em>Inventing grand strategy and teaching command: the classic works of Alfred Thayer Mahan reconsidered<\/em>, Woodrow Wilson Center Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Trachtenberg, Marc (1989), \u201cStrategic Thought in America, 1952-1966\u201d,&nbsp;<em>Political Science Quarterly<\/em>,&nbsp;Vol. 104, No. 2, 301-334.<\/p>\n\n\n\n<p>Ullman, Richard H. (1983), \u201cRedefining Security\u201d,&nbsp;<em>International Security<\/em>,&nbsp;Vol. 8, No. 1, 129-153.<\/p>\n\n\n\n<p>Vennesson, Paul (2017), \u201cIs strategic studies narrow? Critical Security and the Misunderstood Scope of Strategy\u201d,&nbsp;<em>Journal of Strategic Studies<\/em>,&nbsp;Vol. 40, No. 3, 358-391.<\/p>\n\n\n\n<p>Walt, Stephen M. (1991), \u201cThe Renaissance of Security Studies\u201d,&nbsp;<em>International Studies Quarterly<\/em>,&nbsp;Vol. 3, No. 2, 211-239.<\/p>\n\n\n\n<p>W\u00e6ver, Ole (2015), \u201cThe History and Social Structure of Security Studies as a Practico-Academic Field\u201d, en Berling, Trine V. &amp; Bueger, Christian (Ed.), <em>Security Expertise. Practice, Power, Responsibility<\/em>, Routledge.<\/p>\n\n\n\n<p>W\u00e6ver, Ole &amp; Buzan, Barry (2010), \u201cAfter the Return to Theory: the Past, Present, and Future of Security Studies\u201d, en Collins, Alan, <em>Contemporary Security Studies<\/em>, 2\u00aa Ed., Oxford UP.<\/p>\n\n\n\n<p>Williams, Paul D. (2013), <em>Security Studies: An Introduction<\/em>, Routledge.<\/p>\n\n\n\n<p>Wirtz, James J. (2007), \u201cA New Agenda for Security and Strategy?\u201d en&nbsp; Baylis, John et. al., <em>Strategy in the Contemporary World. An Introduction to Strategic Studies<\/em>, 2\u00aa Ed., Oxford UP.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> Una circunstancia que se complejiza al advertir sus otras acepciones contempor\u00e1neas, bien alejadas de cualquier veleidad belicista. Betts (2002) se\u00f1ala c\u00f3mo se ha convertido en una \u201cpalabra de moda\u201d, penetrando con gran \u00e9xito en las escuelas de negocios (Freedman, 2016; Strachan, 2005), entendida ah\u00ed como una serie de acciones dirigidas hacia la consecuci\u00f3n de objetivos empresariales y econ\u00f3micos.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> Para un recorrido en profundidad sobre la evoluci\u00f3n del pensamiento estrat\u00e9gico y las contribuciones de \u00e9stos y otros autores, cons\u00faltese, entre otros: Freedman (2016), Gray (2013), Heuser (2009), Handel (2005) Gat (2001), Luttwak (2001) o Gat (1989).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a> \u00c9ste alude al conjunto de medios y fines militares, econ\u00f3micos, pol\u00edticos [o de otra \u00edndole] con los que el Estado trata de garantizar su seguridad (Posen, 1986). Para profundizar en la evoluci\u00f3n del concepto y en su metodolog\u00eda de elaboraci\u00f3n v\u00e9ase, respectivamente, Milevski (2016) y Ballesteros (2016).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\">[4]<\/a> Una peculiaridad objeto de duras cr\u00edticas (entre otros, Berling &amp; Bueger, 2015;&nbsp; Rohde, 2013).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\">[5]<\/a> Para un estudio en profundidad desde la \u00f3ptica de los Estudios de Seguridad Internacional acerca de la evoluci\u00f3n, diversidad y divergencias de subcampos, v\u00e9ase Buzan &amp; Hansen (2009).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\">[6]<\/a> A pesar de este cuadro, lo cierto es que las tradiciones particulares de cada pa\u00eds matizan esta composici\u00f3n. As\u00ed, las Relaciones Internacionales se presentan como un campo aut\u00f3nomo de la Ciencia Pol\u00edtica en la tradici\u00f3n brit\u00e1nica, tambi\u00e9n con una mayor influencia de la Historia (y de la Historia Militar en particular), mientras que son parte de la Ciencia Pol\u00edtica en la escuela estadounidense. En Espa\u00f1a esta relaci\u00f3n es a\u00fan m\u00e1s problem\u00e1tica debido a que \u201cel Derecho Internacional ha tratado de monopolizar el estudio de los fen\u00f3menos internacionales\u201d (Del Arenal, 1984: 59).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\">[7]<\/a> Estas otras aproximaciones vendr\u00e1n desde la Econom\u00eda, como reclamaba Brodie (1949) en su seminal trabajo, la Sociolog\u00eda (Croft, 2013) o, de manera muy significativa, desde la Historia (militar). Sobre \u00e9sta \u00faltima, se ha resaltado la riqueza que puede aportar a los Estudios Estrat\u00e9gicos, especialmente en una contribuci\u00f3n conjunta con la Ciencia Pol\u00edtica (Jord\u00e1n, 2017; Strachan, 2013; Gooch, 2006, 2003; Mahnken, 2003; Betts, 1997; Gaddis, 1987).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref8\">[8]<\/a> Baylis &amp; Wirtz (2007: 2) explican que fue el fracaso estrepitoso de la pol\u00edtica de apaciguamiento y las ideas ut\u00f3picas sobre la paz internacional lo que provoc\u00f3 que la mentalidad realista prevaleciese durante la Guerra Fr\u00eda. Quiz\u00e1 este enfoque tambi\u00e9n guarde relaci\u00f3n con el realismo conservador caracter\u00edstico de los militares (Huntington, 1985).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref9\">[9]<\/a> La \u201cvieja visi\u00f3n militar y estato-c\u00e9ntrica\u201d de los tradicionalistas\u201d en palabras de Buzan, De Wilde &amp; W\u00e6ver (1998: 1).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref10\">[10]<\/a> Este dilema, planteado para los Estudios de Seguridad por Stephen Walt (1991: 223), es replicable por id\u00e9nticas razones para los Estudios Estrat\u00e9gicos.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref11\">[11]<\/a> El problema esencial para que levant\u00f3 el campo de estudio de los Estudios Estrat\u00e9gicos, en opini\u00f3n de Martin (1980: 93).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref12\">[12]<\/a> Un tema que remite a la cuesti\u00f3n de la cultura estrat\u00e9gica, una asunto ya iniciado durante la Guerra Fr\u00eda (Snyder, 1977).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ALBERTO BUENO \u00a0Universidad de Granada, Espa\u00f1a T\u00edtulo:&nbsp;On Strategic Studies. 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