{"id":155,"date":"2020-11-01T18:39:22","date_gmt":"2020-11-01T18:39:22","guid":{"rendered":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/?page_id=155"},"modified":"2020-11-01T18:39:23","modified_gmt":"2020-11-01T18:39:23","slug":"las-implicaciones-estrategicas-de-la-disuasion-espacial-en-el-marco-de-las-relaciones-sino-americanas","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/las-implicaciones-estrategicas-de-la-disuasion-espacial-en-el-marco-de-las-relaciones-sino-americanas\/","title":{"rendered":"Las implicaciones estrat\u00e9gicas de la disuasi\u00f3n espacial en el marco de las relaciones sino-americanas"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\">MIGUEL YAG\u00dcES PALAZ\u00d3N<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Instituto Universitario General Guti\u00e9rrez Mellado (UNED), Madrid<\/p>\n\n\n\n<p>Title:&nbsp;The Strategic Implications of Space Deterrence in the Framework of Sino-US Relations&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Resumen: Durante la Guerra Fr\u00eda, los activos espaciales disfrutaron de altos niveles de seguridad gracias a los acuerdos de control de armas desarrollados por las dos superpotencias. Sin embargo, terminada la era bipolar y especialmente a partir de la primera d\u00e9cada del siglo XXI, la seguridad espacial y los sat\u00e9lites parece verse amenazados a causa de una serie de factores entre los que destaca la entrada de nuevos actores espaciales con importantes capacidades militares. Estas nuevas din\u00e1micas espaciales provocan el replanteamiento de las estrategias de disuasi\u00f3n en un contexto internacional caracterizado por las fuerzas asim\u00e9tricas. As\u00ed, el presente art\u00edculo se enfoca en investigar los fundamentos de la disuasi\u00f3n espacial y los aplica al caso concreto de las relaciones entre Estados Unidos y China.<\/p>\n\n\n\n<p>Palabras clave: Seguridad espacial, Sistemas de defensa antimisiles, Teor\u00eda de la disuasi\u00f3n, Disuasi\u00f3n espacial, Disuasi\u00f3n nuclear, <em>First Strike<\/em>, Escalada del conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>Abstract: During the Cold War, space assets enjoyed high levels of security as a result of the arms control agreements developed by the two superpowers. However, after the bipolar era concluded and especially since the first decade of the 21st century, space security and satellites appear to be threatened by a number of factors, standing out the entry of new space actors with important military capabilities. These new space dynamics provoke the rethinking of deterrence strategies in an international context characterized by asymmetric forces. Thus, this article focuses on researching the foundations of space deterrence and applies them to the specific case of US-China relations.<\/p>\n\n\n\n<p>Keywords: Space security, Missile defense systems, Deterrence theory, Space deterrence, Nuclear deterrence, First strike, Conflict escalation.<\/p>\n\n\n\n<p>Recibido: 22 de febrero de 2018<\/p>\n\n\n\n<p>Aceptado: 7 de abril de 2018<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para citar este art\u00edculo<\/strong>: Miguel Yag\u00fces Palaz\u00f3n, \u201cLas implicaciones estrat\u00e9gicas de la disuasi\u00f3n espacial en el marco de las relaciones sino-americanas\u201d, <em>Revista de Estudios en Seguridad Internacional<\/em>, Vol. 4, No. 1, (2018), pp.177-195. DOI: http:\/\/dx.doi.org\/10.18847\/1.7.11<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Introducci\u00f3n: El ensayo ASAT chino de 2007<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El 11 de enero de 2007, China realiz\u00f3 un ensayo ASAT a trav\u00e9s de un misil bal\u00edstico al atacar al FY-1C, un sat\u00e9lite chino dedicado a la meteorolog\u00eda y fuera de servicio, a una altitud de 863 kil\u00f3metros. La intercepci\u00f3n, a una velocidad de 32.400 km\/h, provoc\u00f3 el completo destrozo del sat\u00e9lite y la propagaci\u00f3n de una nube de desechos espaciales que tres a\u00f1os despu\u00e9s del suceso, ocupaba toda la \u00f3rbita baja terrestre (LEO, en ingl\u00e9s) y las bandas inferiores de la \u00f3rbita media terrestre (MEO, en ingl\u00e9s), concretamente entre los 175 y 3.600 kil\u00f3metros.<a href=\"#_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> Este ensayo ASAT representa una sexta parte de todos los desechos registrados y se espera que para 2027, todav\u00eda permanezca m\u00e1s de la mitad en \u00f3rbita.<a href=\"#_ftn2\"><sup>[2]<\/sup><\/a> El ensayo ASAT, no obstante, fue objeto de una condena internacional generalizada y afect\u00f3 gravemente a la reputaci\u00f3n internacional china (Kulacki &amp; Lewis, 2008: 338).<\/p>\n\n\n\n<p>El ensayo ASAT chino atrajo dos importantes consecuencias. En primer lugar, el ensayo ha sido tan significativo para la historia espacial que autores como Walt Conrad, Justin Anderson y Sarah Jacobs (2012: 6), lo han usado como hito para establecer una l\u00ednea divisoria entre \u201ceras espaciales\u201d. Seg\u00fan estos autores, el ensayo \u201cmarc\u00f3 el fin de una era caracterizada por la ausencia de fricci\u00f3n entre las potencias espaciales y una general aceptaci\u00f3n de las normas que rigen el uso com\u00fan del espacio\u201d. Y, en segundo lugar, el \u00e9xito del ensayo chino impact\u00f3 fuertemente sobre las estrategias no s\u00f3lo de las principales potencias espaciales como Estados Unidos y Rusia, sino tambi\u00e9n sobre las estrategias de sus pa\u00edses vecinos, especialmente India; pa\u00eds que, desde entonces, ha acometido una revisi\u00f3n tanto de sus programas espaciales como de la propia concepci\u00f3n de la seguridad espacial (Sachdeva, 2013: 315). Para Estados Unidos, el ensayo represent\u00f3 un \u201cevento de dislocaci\u00f3n estrat\u00e9gica [&#8230;] sin diferencia al que desplegaron los rusos con el Sputnik\u201d (Milowicki &amp; Johnson-Freese, 2008: 7). A partir de entonces, el \u201csantuario espacial\u201d mantenido durante la Guerra Fr\u00eda por las dos superpotencias se ha transformado en un nuevo marco estrat\u00e9gico que ha exigido una reconceptualizaci\u00f3n de la disuasi\u00f3n aplicada al espacio (Todd Harrison <em>et al.<\/em>, 2017: 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Ante el importante desaf\u00edo al que se enfrenta la seguridad espacial, este art\u00edculo se centra en responder a la pregunta: \u00bfEn qu\u00e9 medida pueden las estrategias de disuasi\u00f3n ser suficientes para proteger los activos espaciales en el escenario surgido tras la Guerra Fr\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>De la primera (1957-1990) a la segunda era espacial (1991-presente)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aunque los primeros a\u00f1os de la Primera era espacial (1957-1962) estuvieron marcados por una fuerte rivalidad, la Crisis de los misiles unida a la detonaci\u00f3n de explosiones nucleares exo-atmosf\u00e9ricas moderaron la galopante militarizaci\u00f3n del espacio. Para evitar amenazas a la sostenibilidad espacial, las dos superpotencias configuraron el derecho espacial y los tratados de estabilidad estrat\u00e9gica (Moltz, 2011: 83-84). En efecto, durante la Guerra Fr\u00eda, Estados Unidos y la extinta Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica se abstuvieron de manera rec\u00edproca de interferir en los sat\u00e9lites ajenos mediante acuerdos de control de armas nucleares con el prop\u00f3sito de mantener la estabilidad internacional. Como recordaba Paul Stares (1985: 237), la ausencia de una carrera armamentista espacial entre las dos superpotencias se debi\u00f3 al \u201ct\u00e1cito entendimiento\u201d de los beneficios mutuos que proporcionaban los activos espaciales, especialmente los sat\u00e9lites de reconocimiento con los que gestionar adecuadamente la destrucci\u00f3n mutua asegurada (MAD, en ingl\u00e9s). Se trat\u00f3 de un prolongado consenso entre los dos pa\u00edses que se mantuvo vigente aun cuando finaliz\u00f3 la Guerra Fr\u00eda al considerarse a los sat\u00e9lites de reconocimiento como elementos indispensables en la reevaluaci\u00f3n de las amenazas emergentes logrando disminuir cualquier atisbo de guerra nuclear (Finkleman, 2001: 269).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la postguerra fr\u00eda y especialmente la entrada del siglo XXI han dado testimonio del radical viraje que han experimentado las din\u00e1micas espaciales debido al progresivo aumento de pa\u00edses con capacidades civiles y militares, particularmente en el continente asi\u00e1tico, y que en \u00faltima instancia pueden poner en riesgo la estabilidad espacial sustentada durante la Guerra Fr\u00eda (Johnson-Freese, 2009: 4). En efecto, una vez terminada la era bipolar, el triunfalismo surgido en Washington en el primer lustro de la d\u00e9cada de 1990 vir\u00f3 paulatinamente conforme las nuevas din\u00e1micas se tornaron m\u00e1s problem\u00e1ticas para los intereses norteamericanos. Como se\u00f1ala Roger Harrison (2015: 119-120), la creciente dependencia estadounidense de los servicios por sat\u00e9lite unida a la vulnerabilidad de dichos activos ante el ataque a trav\u00e9s de medios primitivos y asim\u00e9tricos por otras potencias regionales o los llamados Estados gamberros, llevaron a los cuadros militares a reorientar las estrategias de disuasi\u00f3n con el fin de impedir que los rivales se sintieran incentivados a emprender un <em>first strike<\/em> espacial. Resultado de este contexto, fueron la publicaci\u00f3n en 2001 de la Comisi\u00f3n Espacial presidida por Donald Rumsfeld y la Pol\u00edtica Nacional Espacial de 2006; ambas durante la administraci\u00f3n W. Bush y con un marcado car\u00e1cter nacionalista.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea de que el espacio ultraterrestre se ha convertido en una regi\u00f3n m\u00e1s inestable tras la Guerra Fr\u00eda la asumen estudios como el publicado por Todd Harrison <em>et al.<\/em> (2017: 8-9) al asegurar que, desde el inicio de la Segunda era espacial, ha aumentado el n\u00famero de pa\u00edses, liderados por Rusia y China, que han centrado sus esfuerzos en desarrollar capacidades contraespaciales con las que hacer frente a la ventaja norteamericana. La dificultad en desarrollar e implementar estrategias de disuasi\u00f3n se agrava en el contexto actual pues a diferencia de la Primera era espacial, en la Segunda era espacial, existen dudas sobre si adversarios nucleares o no-nucleares podr\u00edan sentirse disuadidos de atacar sat\u00e9lites en el marco de un conflicto convencional.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Amenazas sobre los activos espaciales<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un arma ASAT se define \u201ccomo un dispositivo que hace un sat\u00e9lite inoperante al negar su funcionalidad\u201d (Johnson-Freese, 2000: 3). Entre 1957 y 2013, un total de 61 ensayos ASAT se han realizado. Cifra muy inferior a los 1.790 ensayos nucleares llevados a cabo entre 1945 y 2013. Si existe esta disparidad en las cifras, se debe seg\u00fan Michael Kepron y Sonya Schoenberger (2013: 131) al alto valor estrat\u00e9gico que las potencias espaciales han concedido al espacio.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan el nivel de destructibilidad, las armas ASAT se dividen en nucleares, convencionales y de energ\u00eda directa.<\/p>\n\n\n\n<p>Las intercepciones nucleares se llevan a cabo mediante explosiones nucleares a altas altitudes con la intenci\u00f3n de ampliar al m\u00e1ximo posible los efectos de la detonaci\u00f3n con el fin de paliar las limitaciones de los sistemas de precisi\u00f3n m\u00e1s rudimentarios (Grego, 2010: 2). Precisamente, sobre la propagaci\u00f3n de actores con potenciales capacidades ASAT-nucleares, Tom Wilson alegaba que es relativamente sencillo llevar a cabo una detonaci\u00f3n nuclear en LEO, pues el agresor solamente ha de lanzar el misil nuclear a un punto vac\u00edo en el espacio sin necesidad de dirigirse directamente sobre un sat\u00e9lite y sin la necesidad de emplear sistemas de precisi\u00f3n.<a href=\"#_ftn3\"><sup>[3]<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Las intercepciones convencionales se subdividen en co-orbitales y de ascenso directo. Un arma ASAT co-orbital es lanzada al espacio y tras colocarse en el mismo plano orbital que el sat\u00e9lite, se dirige hacia \u00e9l y es detonado. Por su parte, un arma ASAT de ascenso directo es lanzada al espacio a trav\u00e9s de un interceptor, el cual sin entrar en \u00f3rbita alcanza al sat\u00e9lite. As\u00ed, el 20 de febrero de 2008, Estados Unidos, empleando su programa de defensa antimisiles (BMD, en ingl\u00e9s) Aegis derrib\u00f3 el sat\u00e9lite de reconocimiento USA-193 con un interceptor SM-3. La intercepci\u00f3n acometida en el marco de la Operaci\u00f3n Burnt Frost ten\u00eda por prop\u00f3sito detener la amenaza que representaba el sat\u00e9lite de m\u00e1s de dos toneladas, del cual se hab\u00eda perdido su control durante su reentrada en la atm\u00f3sfera y se tem\u00eda que parte del combustible pudiera penetrar en la atm\u00f3sfera y llegar a la Tierra. La intercepci\u00f3n, a una altitud de 240 kil\u00f3metros, la llev\u00f3 a cabo el crucero USS <em>Lake Erie<\/em> cerca de las costas de Hawai mediante la modificaci\u00f3n del software del interceptor (Grego, 2011: 1-4).<\/p>\n\n\n\n<p>El despliegue del BMD norteamericano ha sido seguido a su vez, por el desarrollo de un incipiente BMD chino, el cual, aun siendo limitado, ha llevado a un sector de la literatura especializada a apuntar que permitir\u00e1 al gobierno de Beijing desarrollar tecnolog\u00eda con la que atacar sat\u00e9lites mediante la realizaci\u00f3n de ensayos ASAT encubiertos. Este razonamiento se basa en un doble criterio: al preanunciar ensayos BMD, Washington no podr\u00e1 criticarlos dado que Estados Unidos realiza el mismo tipo de ensayos, pero tambi\u00e9n por la maltrecha reputaci\u00f3n que rode\u00f3 a China tras el genuino ensayo ASAT de 2007 (MacDonald &amp; Ferguson, 2015: 36) Esta \u00faltima visi\u00f3n es compartida por Geoffrey Forden (2008: 141) quien sostiene que China, al haber pagado un alto precio en capital pol\u00edtico tras el ensayo ASAT, es improbable que repita una aventura similar. Sin embargo, nada impide que China contin\u00fae desarrollando tecnolog\u00eda ASAT a trav\u00e9s de su BMD como aquellos componentes relativos a monitoreo de abordo o sistemas de teledirecci\u00f3n, control e intercepci\u00f3n. Como resultado, tras los tres ensayos de vuelo llevados a cabo por China en enero de 2010, enero de 2013 y julio de 2014 con el fin de evaluar la tecnolog\u00eda de las intercepciones durante la fase de curso medio de su BMD, la literatura se ha inclinado por considerar como un hecho probado que China ha estado empleando la infraestructura de su BMD con prop\u00f3sitos de naturaleza dual (Heginbotham et <em>al<\/em>., 2015: 248-249).<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, las intercepciones con energ\u00eda dirigida fueron ideados para evitar la propagaci\u00f3n de desechos espaciales. Sin embargo, hasta la fecha los resultados est\u00e1n lejos de ser positivos. Estados Unidos cancel\u00f3 sus programa a inicios de 2011 por razones presupuestarias despu\u00e9s de una serie de resultados mixtos en los ensayos realizados durante los a\u00f1os anteriores.<a href=\"#_ftn4\"><sup>[4]<\/sup><\/a> En cuanto a China, dada la falta de informaci\u00f3n fidedigna, resulta imposible determinar si cuenta con verdadera tecnolog\u00eda l\u00e1ser ASAT. Seg\u00fan los estudios de Yousaf Butt (2007: 1), la probabilidad con la que cuenta China para da\u00f1ar los sensores \u00f3pticos de los sat\u00e9lites \u201ces extremadamente baja\u201d. De hecho, afirmaba que el programa chino Satellite Laser Ranging no debe incluso ser considerado como un sistema ASAT.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros medios usados para interferir sobre los sat\u00e9lites son los moduladores de frecuencia o cibern\u00e9ticos que, si bien se singularizan por ser dif\u00edciles de atribuir su autor\u00eda, existen suficientes contramedidas para contrarrestar sus efectos (Johnson- Freese, 2009: 81).<\/p>\n\n\n\n<p>El nuevo contexto espacial unido a la gama de potenciales amenazas sobre los activos espaciales obliga a reevaluar la teor\u00eda de la disuasi\u00f3n. Sin embargo, hay que tener presente que a diferencia de otros dominios estrat\u00e9gicos como el nuclear, no existe evidencias emp\u00edricas en tanto no se ha producido ning\u00fan conflicto en el espacio (Todd Harrison <em>et al.<\/em>, 2017: 20).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La evoluci\u00f3n de las estrategias de disuasi\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La disuasi\u00f3n ha sido definida como \u201cla prevenci\u00f3n de una acci\u00f3n ante el miedo a las consecuencias\u201d. La disuasi\u00f3n trata de crear un estado mental provocado por la cre\u00edble amenaza de una contramedida inaceptable. El fin, por tanto, se halla en la manipulaci\u00f3n de un comportamiento. En la arena de la pol\u00edtica y seguridad internacionales, la disuasi\u00f3n ha estado enfocada a la prevenci\u00f3n de un inminente ataque militar (Morgan, 2003: 1-2). La idea de disuasi\u00f3n, sin embargo, no es monol\u00edtica, viene a decir Dean Cheng (2016: 2), quien revela que China, con una tradici\u00f3n estrat\u00e9gica diferente a la de Estados Unidos, conceptualiza la disuasi\u00f3n desde una perspectiva distinta: mientras que para Estados Unidos la disuasi\u00f3n es una \u201cmeta\u201d, para China es un \u201cmedio\u201d. Y es que el concepto chino de <em>weishe<\/em> no s\u00f3lo abarca la disuasi\u00f3n sino tambi\u00e9n la coerci\u00f3n. Mientras que Estados Unidos utiliza sus capacidades para que un adversario no realice ciertos actos en contra de sus intereses, China, adem\u00e1s, emplea la coerci\u00f3n para que un adversario haga aquello que favorece a los intereses estrat\u00e9gicos chinos.<\/p>\n\n\n\n<p>La disuasi\u00f3n adquiri\u00f3 el estatus de estrategia tras la aparici\u00f3n de las armas nucleares, pues hasta entonces hab\u00eda quedado reducida a mera \u201cestratagema ocasional\u201d. Con las armas nucleares, la disuasi\u00f3n se convirti\u00f3 en un componente distintivo de la seguridad nacional y elemento intr\u00ednseco de la pol\u00edtica internacional. Una vez establecido el marco estrat\u00e9gico de la Guerra Fr\u00eda, la literatura debati\u00f3 los factores que hac\u00edan de la disuasi\u00f3n una pol\u00edtica cre\u00edble. Tales factores se resumieron en los tres siguientes: en una capacidad militar efectiva; en la imposici\u00f3n de un coste inaceptable; y en la certeza de emplearla en caso de ser atacado (Kaufmann, visto en Morgan, 2003: 3-4). Este tercer elemento adquiri\u00f3 notoriedad en el oto\u00f1o de 2015 cuando el l\u00edder del Partido laborista brit\u00e1nico, Jeremy Corbyn, declar\u00f3 que, en caso de convertirse en primer ministro, no utilizar\u00eda el arsenal nuclear. La esencia de la disuasi\u00f3n est\u00e1 en que, si las capacidades no existen, la disuasi\u00f3n no es posible, pero como apunta Eryn Macdonald, si las capacidades \u201cpueden estar presentes\u201d, la incertidumbre puede lograr que la disuasi\u00f3n surta efecto, pues un adversario nunca podr\u00e1 estar completamente seguro de las intenciones de la parte poseedora de armas nucleares. Esta situaci\u00f3n se extiende a la ret\u00f3rica china y su pol\u00edtica del <em>no-first-use<\/em> nuclear, pues siendo incluso una pol\u00edtica que cuenta con d\u00e9cadas de consistencia, no es lo suficientemente convincente para los rivales de China y ello provoca que las capacidades nucleares hagan de por s\u00ed una disuasi\u00f3n cre\u00edble.<a href=\"#_ftn5\"><sup>[5]<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Finalizada la Guerra Fr\u00eda, alg\u00fan sector de la literatura lleg\u00f3 a apuntar que el concepto de disuasi\u00f3n \u201chab\u00eda sido de alg\u00fan modo abandonado\u201d durante las dos siguientes d\u00e9cadas, especialmente, tras los ataques del 11-S. Dicha denuncia se debe a que, aunque la disuasi\u00f3n nuclear pueda parecer diferente en los contextos actuales o futuros respecto a los habidos durante la era bipolar, el concepto contin\u00faa siendo b\u00e1sicamente el mismo (Long, 2008: iii; 85). En efecto, tal y como sostiene Th\u00e9r\u00e8se Delpech (2012: 1; 4), \u201cmientras que las armas nucleares est\u00e9n a nuestro alrededor, incluso en peque\u00f1as cantidades, la disuasi\u00f3n es la doctrina m\u00e1s segura para tratar con ellas\u201d, especialmente en un contexto como el actual, el cual ha venido a denominarse segunda era nuclear y que se caracteriza por unos actores m\u00e1s diversos, opacos e incluso temerarios que pretenden sustituir las din\u00e1micas de la Guerra Fr\u00eda asentadas sobre la preservaci\u00f3n del <em>statu quo<\/em> por diversos desaf\u00edos a los \u00f3rdenes regionales y globales.<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente, las caracter\u00edsticas estrat\u00e9gicas de la segunda era nuclear \u2013 tales como la confrontaci\u00f3n entre potencias mundiales, entre potencias regionales o incluso entre potencias y actores no-estatales \u2013 en comparaci\u00f3n con las existentes durante la Guerra Fr\u00eda han obligado a una reevaluaci\u00f3n de los supuestos de la disuasi\u00f3n (Morgan <em>et al.<\/em>, 2008: 2-4). Dicha reevaluaci\u00f3n obliga a examinarse bajo el \u201cm\u00e1s amplio espectro de desaf\u00edos\u201d a los cuales se enfrenta la disuasi\u00f3n y en los que el espacio ultraterrestre y el ciberespacio han ganado especial atenci\u00f3n. Esta situaci\u00f3n ha llevado a la antes mencionada Th\u00e9r\u00e8se Delpech (2012: 141-144) a afirmar que cualquier estudio sobre disuasi\u00f3n que omita a estos dos <em>global commons<\/em>, quedar\u00e1 \u201cexcesivamente limitado\u201d, en especial, por la cada vez mayor dependencia y vulnerabilidad de las principales potencias internacionales de las tecnolog\u00edas espaciales y cibern\u00e9ticas como son los casos de Estados Unidos, Rusia, China, India, Israel e Ir\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros argumentos esgrimidos para incorporar el espacio y ciberespacio a las estrategias de disuasi\u00f3n se circunscriben a las llamadas operaciones <em>cross-domain<\/em>. El <em>cross-domain<\/em> se refiere a la interconexi\u00f3n de los diferentes dominios: tradicionalmente tierra, mar y aire, y en la actualidad extendidos al espacio ultraterrestre y ciberespacio. El prop\u00f3sito de un ataque <em>cross-domain<\/em> persigue \u201cdesplegar una consecuencia nociva sobre un dominio diferente al del objetivo\u201d con el fin de crear vulnerabilidades. As\u00ed, en vez de destruir un submarino con misiles bal\u00edsticos, se podr\u00eda atacar los activos espaciales que asisten a la operatividad del submarino. El <em>cross-domain<\/em>, por tanto, genera mayores vulnerabilidades conforme m\u00e1s dependencia se tiene de los activos espaciales (Manzo, 2011: 2).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La disuasi\u00f3n espacial y su relaci\u00f3n con la disuasi\u00f3n nuclear<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Establecidos los par\u00e1metros de la teor\u00eda de la disuasi\u00f3n, se exige adentrarse en la esencia de la disuasi\u00f3n espacial. La disuasi\u00f3n espacial ha sido definida por Michael Krepon (2013: 15) como la estrategia dirigida a \u201cdesincentivar acciones nocivas por cualquier medio contra los activos nacionales en el espacio y los activos que asisten a las operaciones espaciales\u201d. Desde una perspectiva china, Dean Cheng (2016: 5) afirma que la disuasi\u00f3n espacial (<em>kongjian weishe<\/em>) es \u201cel uso de las fuerzas y capacidades espaciales para disuadir y coaccionar a un oponente, previniendo el estadillo de un conflicto, o limitando en la medida de lo posible que un conflicto ocurra\u201d. A partir del despliegue de capacidades contraespaciales, se pretende crear en el oponente el suficiente temor para que abandone su prop\u00f3sito e incluso limite la intensidad de sus operaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque la disuasi\u00f3n espacial est\u00e1 inspirada en la disuasi\u00f3n nuclear, existen importantes diferencias entre ambas. Entre otras distinciones, destaca la visibilidad de las capacidades de disuasi\u00f3n nuclear \u2013como es la exhibici\u00f3n de los misiles bal\u00edsticos durante los desfiles militares\u2013 en comparaci\u00f3n a la naturaleza deductiva de la disuasi\u00f3n espacial (Krepon, 2013: 15).<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, Karl Mueller (2013: 42) revela que, aun existiendo semejanzas entre la disuasi\u00f3n nuclear y espacial, las diferencias entre ellas son todav\u00eda mayores. Una primera semejanza hace referencia al desaf\u00edo compartido de la proliferaci\u00f3n: mientras que durante d\u00e9cadas fue extraordinariamente complicado adquirir armas nucleares, misiles bal\u00edsticos o veh\u00edculos de lanzamiento espacial \u2013 pudiendo \u00e9stos ser empleados con finalidad ASAT \u2013, en la actualidad, las transferencias tecnol\u00f3gicas aceleran exponencialmente la adquisici\u00f3n de tales capacidades. Una segunda semejanza apunta a la dificultad de defenderse ante ataques ASAT o nucleares: por un lado, los sat\u00e9lites son casi imposibles de defender por su visibilidad y predictibilidad mientras que por otro lado los BMD ofrecen bajos \u00edndices de fiabilidad a la hora de interceptar misiles bal\u00edsticos. Y una tercera similitud se corresponde con las potenciales consecuencias devastadoras e indiscriminadas de las armas nucleares y ASAT sobre el medio ambiente terrestre y espacial. En cuanto a las diferencias entre sendas estrategias de disuasi\u00f3n, en la nuclear ha habido un tradicional entendimiento entre las partes involucradas, mientras que en la disuasi\u00f3n espacial no existe la certeza de que las partes atacantes y defensoras tiendan a acometer los mismos c\u00e1lculos de acci\u00f3n. Una segunda diferencia es la destructividad: las armas nucleares son de una naturaleza destructora incomparable con alt\u00edsimos niveles de p\u00e9rdidas humanas. Es precisamente la devastaci\u00f3n asociada a la guerra nuclear lo que coloca a las armas ASAT como alternativa dirigida a da\u00f1ar militarmente al rival sin causar una enorme cat\u00e1strofe. Y una tercera diferencia, en el \u00e1mbito nuclear existe una serie de medidas enfocadas a lograr la supervivencia de las armas nucleares \u2013 fortalecimiento de los silos o diversificaci\u00f3n geogr\u00e1fica \u2013 mientras que, en el \u00e1mbito espacial, la supervivencia de los sat\u00e9lites es muy reducida ante un ataque (Mueller, 2013: 47-55).<\/p>\n\n\n\n<p>Otros autores, como James Lewis (2013: 61), manifiestan que en realidad la disuasi\u00f3n espacial carece de sentido en el plano estrat\u00e9gico debido a las limitaciones habidas a la hora de disuadir el ataque contra sat\u00e9lites. Su argumento se basa en que las armas nucleares representan una amenaza existencial, incapaz de compararse a un ataque ASAT. La destructividad nuclear provocar\u00eda que, en caso de ataque, al haberse rebasado todos los umbrales imaginables, el defensor estar\u00eda legitimado a emprender una respuesta ASAT. Por el contrario, en caso de ataque ASAT, una respuesta nuclear ser\u00eda impensable debido a la desproporcionalidad de la misma. Por tanto, la credibilidad de la disuasi\u00f3n espacial ante un ataque ASAT quedar\u00eda debilitada debido a la ausencia de una amenaza existencial unida a la limitaci\u00f3n de las posibles respuestas. Las dificultades para emprender una respuesta se trasladan incluso a la disuasi\u00f3n <em>cross-domain<\/em>, en tanto que una respuesta contra una plataforma de lanzamiento enemiga en territorio soberano tras un ataque ASAT no s\u00f3lo podr\u00eda ser vista como desproporcionada sino tambi\u00e9n como una \u201cacci\u00f3n escaladora\u201d por afectar directamente a los intereses vitales de una naci\u00f3n. Ello conlleva a que toda respuesta disuasoria pueda quedar erosionada ante cualquier ataque ASAT siempre que no represente una amenaza existencial (armas nucleares) o una amenaza sobre los intereses vitales de una naci\u00f3n (ataque convencional sobre territorio soberano). El problema de la disuasi\u00f3n espacial se agudiza todav\u00eda m\u00e1s en tanto que una estrategia cl\u00e1sica como es la del \u201cojo-por-ojo\u201d, es decir, de destrucci\u00f3n rec\u00edproca de sat\u00e9lites, sale mucho m\u00e1s perjudicada la naci\u00f3n m\u00e1s desarrollada. Por consiguiente, los principios de disuasi\u00f3n desarrollados para las armas nucleares no ser\u00edan de aplicaci\u00f3n a la defensa de sat\u00e9lites. Ello se debe a las diferencias en la percepci\u00f3n del riesgo por parte del atacante, apoyada en los beneficios que reporta la vulnerabilidad asim\u00e9trica. El atacante se ver\u00e1 incentivado a atacar conducido por un c\u00e1lculo estrat\u00e9gico en el que las ganancias ser\u00edan mayores que las p\u00e9rdidas (Lewis, 2013: 66-68; 77).<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, las ventajas de emprender un ataque ASAT son cuantiosas en tanto que los sat\u00e9lites son elementos centrales de la superioridad militar convencional y nuclear. Ello los convierte en objetos de especial atractivo y a su vez, en elementos atrayentes sobre los que emprender un <em>first strike<\/em> y empujar a la escalada de acciones militares (MacDonald, 2013: 83). En concreto, las principales potencias espaciales pueden sentirse amenazadas ante un numeroso ataque ASAT que deteriore sus activos espaciales, especialmente cuando los adversarios no puedan competir en un escenario cl\u00e1sico y terrestre. En consecuencia, la incitaci\u00f3n a un <em>first strike<\/em> puede minar la estabilidad espacial (Delpech, 2012: 147).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las teor\u00edas del <em>first strike<\/em> y la escalada del conflicto aplicadas al espacio ultraterrestre<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La naturaleza del <em>first strike<\/em>, fue sintetizada por Glenn Kent y David Thaler (1989: 7) como la estrategia dirigida a debilitar el ataque represivo enemigo. El <em>first strike<\/em> pretende socavar las fuerzas estrat\u00e9gicas enemigas como los silos con ICBMs, los puertos donde fondean los submarinos con misiles bal\u00edsticos o los hangares donde permanecen los bombarderos, pero tambi\u00e9n las fuerzas t\u00e1cticas y los elementos asistentes de combate como los sat\u00e9lites. Otro sector de la literatura argumentaba como Thomas Schelling (1980: 207) en su c\u00e9lebre obra <em>The Strategy of Conflict<\/em>, que el <em>first strike<\/em> o <em>suprise attack<\/em> es un acto de auto-defensa: es el temor a que la otra parte pueda golpear primero lo que incentiva a tomar la delantera en el ataque. Precisamente, para remediar esta situaci\u00f3n de temor, el propio Schelling (1980: 230-231; 242) menciona que desde fechas muy tempranas surgieron formas de reducir el ataque sorpresa como la propuesta de <em>Open skies<\/em> formulada en 1955 por el presidente Eisenhower, cuya idea estaba basada en que, con la suficiente capacidad de observaci\u00f3n de las capacidades militares enemigas, no habr\u00eda necesidad de ataque sorpresa. Y ante la ausencia de un ataque sorpresa como paradigma de desestabilizaci\u00f3n, la teor\u00eda de la disuasi\u00f3n funcionar\u00eda adecuadamente. Aun con estas diferencias, lo que s\u00ed comparten ambas visiones es que el <em>first strike<\/em> est\u00e1 enfocado al desarme del contrincante, no a la devastaci\u00f3n de ciudades (Kent &amp; Thaler, 1989: 8; Schelling, 1980: 233).<\/p>\n\n\n\n<p>Con el inter\u00e9s del <em>first strike<\/em> puesto sobre el desarme de las fuerzas enemigas, entre los cuadros militares norteamericanos se ha extendido la opini\u00f3n de que los potenciales rivales sondean la posibilidad de atacar por sorpresa sus activos espaciales con el fin de degradar o directamente eliminar las ventajas que ofrecen los sat\u00e9lites en las operaciones de combate. La amenaza sobre los sat\u00e9lites conlleva un an\u00e1lisis sobre el rebasamiento de los umbrales que activan la represalia y escalada del conflicto. En este punto, atravesar el umbral espacial es una cuesti\u00f3n altamente delicada para las partes enfrentadas puesto que podr\u00eda implicar abultados costes incluso aunque se termine ganando el dominio espacial a causa de los riesgos puestos sobre los activos espaciales dedicados a la seguridad nacional, la econom\u00eda y ciencia (Morgan, 2010: 1-4).<\/p>\n\n\n\n<p>La escalada [<em>escalation<\/em>] es definida como \u201cel incremento en la intensidad o \u00e1mbito de un conflicto que atraviesa un umbral considerado significante por uno o m\u00e1s participantes\u201d. La escalada puede producirse de diversas maneras, como atacando objetivos considerados cr\u00edticos, abriendo nuevos teatros de operaciones o empleando armas no usadas anteriormente en el conflicto. En tales casos, las acciones escaladoras tienden a ser esencialmente irreversibles. A su vez, la escalada del conflicto puede originarse de varias maneras: bien intencionada o accidentalmente, o bien interactiva o unilateralmente. De las diferentes variedades de escalada la m\u00e1s com\u00fan es la llamada instrumental: aqu\u00e9lla que cruza un umbral con la expectativa de mejorar su situaci\u00f3n en el conflicto con el fin de o bien aumentar las probabilidades de victoria o bien finalizar el conflicto m\u00e1s r\u00e1pidamente.<\/p>\n\n\n\n<p>La escalada tiene especial significancia si una parte cruza un umbral considerado vital por su oponente, tal y como ser\u00eda la respuesta dada por China tras el reconocimiento por Estados Unidos a una eventual declaraci\u00f3n de independencia de Taiw\u00e1n. Concretamente, en lo concerniente a las relaciones sino-estadounidenses, ya han salido a la luz documentos oficiales chinos que abogan por el desarrollo de armas espaciales dirigidas a debilitar las ventajas estrat\u00e9gicas norteamericanas. Los razonamientos chinos se han basado en que mientras que las armas nucleares son consideradas por la pr\u00e1ctica mayor\u00eda de naciones como un tab\u00fa debido a su inmensa naturaleza destructiva, la alternativa se enfoca sobre las armas espaciales, que sin alcanzar el mismo nivel de destrucci\u00f3n pueden provocar considerables efectos estrat\u00e9gicos (Morgan <em>et al<\/em>., 2008: 8-11, 30, 34 y 73-76).<\/p>\n\n\n\n<p>Ante esta situaci\u00f3n, Forrest Morgan (2010: 14-16) muestra tres argumentos que incentivan la posibilidad de emprender un <em>first strike<\/em> espacial. El primero es que el ataque debe ser precisamente sobre los activos espaciales. La alternativa, esto es, el ataque sobre las infraestructuras terrestres no proporcionar\u00eda especial ventaja puesto que la transmisi\u00f3n de datos de los sat\u00e9lites ser\u00eda redirigida a otras estaciones y adem\u00e1s porque la mayor\u00eda de sat\u00e9lites pueden operar durante d\u00edas e incluso semanas sin apoyo terrestre, aunque es cierto que, con el paso del tiempo, su rendimiento decae. Ello sin contar el ataque a territorio soberano. Por consiguiente, el ataque sobre estaciones terrestres conlleva importantes riesgos en la intensificaci\u00f3n del conflicto a la vez que no merma significativamente las capacidades espaciales enemigas. En segundo lugar, el ataque sobre sat\u00e9lites resultar\u00eda un acierto estrat\u00e9gico porque al no implicar da\u00f1os directos sobre las personas, la respuesta represiva quedar\u00eda muy limitada: toda respuesta que conllevase v\u00edctimas humanas podr\u00eda ser objeto de cr\u00edtica internacional. Y, en tercer lugar, porque la tecnolog\u00eda asociada a la consciencia situacional espacial (SSA, en ingl\u00e9s) es \u201ctodav\u00eda peligrosamente limitada\u201d puesto que no todos los sat\u00e9lites est\u00e1n monitoreados constantemente. Ante tal vulnerabilidad, un atacante puede verse incentivado a emprender un ataque encubierto motivado por la incertidumbre que genera en el defensor desconocer la causa del fallo del sat\u00e9lite. Ello puede impedir reconocer la autor\u00eda del ataque, o m\u00e1s a\u00fan, que incluso se considere que la aver\u00eda del sat\u00e9lite se debi\u00f3 a causas naturales. La cara contrapuesta es que, en una situaci\u00f3n de crisis, el fallo de un sat\u00e9lite por causas naturales puede ser interpretado como un ataque y ello desate una crisis y una escalada en el conflicto. La combinaci\u00f3n de estos factores estrat\u00e9gicos unida al cada vez mayor n\u00famero de actores con capacidades ASAT provoca una progresiva erosi\u00f3n de la estabilidad espacial. En resumidas cuentas, la disuasi\u00f3n espacial ante un <em>first strike<\/em> se vuelve altamente complicada de ejecutar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El cambio de paradigma de la disuasi\u00f3n y su aplicabilidad a escenarios concretos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Como se mencion\u00f3 al inicio del art\u00edculo, el espacio disfrut\u00f3 durante la Guerra Fr\u00eda de altos niveles de protecci\u00f3n por ser un elemento imprescindible de la MAD. De hecho, las bases de la seguridad espacial durante la Guerra Fr\u00eda estuvieron apuntaladas por la llamada \u201crestricci\u00f3n estrat\u00e9gica\u201d. Por restricci\u00f3n estrat\u00e9gica, Michael Krepon y Michael Katz-Hyman (2005: 28) entienden las auto-restricciones que las dos superpotencias llevaron en materia de despliegues ASAT en tanto que podr\u00edan desencadenar un intercambio nuclear debido a que las fuerzas nucleares depend\u00edan de los sat\u00e9lites de alerta temprana y reconocimiento. En consecuencia, seg\u00fan estos autores, la disuasi\u00f3n nuclear y la disuasi\u00f3n espacial se convirtieron en elementos intercambiables.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, una vez que los sat\u00e9lites dejaron de emplearse exclusivamente con fines estrat\u00e9gicos y pasaron a ser usados en las operaciones militares convencionales en la d\u00e9cada de los noventa, los activos espaciales no s\u00f3lo vieron c\u00f3mo aumentaba el riesgo de ser objetos de ataque, sino que incluso los sat\u00e9lites dedicados a misiones nucleares quedaron desprotegidos de la disuasi\u00f3n nuclear a causa de la ausencia de credibilidad. Desde entonces, las estrategias de disuasi\u00f3n espacial han buscado fortalecer las respuestas de castigo mediante el empleo de fuerzas convencionales (Morgan, 2010: 24; 27). Esta visi\u00f3n, a su vez, casa con la argumentaci\u00f3n de car\u00e1cter m\u00e1s hol\u00edstico, ofrecida en los noventa por Paul Nitze (1997: 97-100) quien abogaba por reconvertir la estrategia de disuasi\u00f3n estadounidense asentada sobre las armas nucleares \u201cpor una m\u00e1s cre\u00edble disuasi\u00f3n basada al menos en parte por armas convencionales inteligentes\u201d por considerarse m\u00e1s segura, generar menos da\u00f1os colaterales y por ofrecer una mayor flexibilidad de actuaci\u00f3n. De hecho, esta estrategia defend\u00eda que incluso en el caso de que reg\u00edmenes gamberros ignorasen la disuasi\u00f3n nuclear y realizaran un <em>first strike<\/em> nuclear, la propia superioridad convencional estadounidense permitir\u00eda desarmar al r\u00e9gimen gamberro sin necesidad de emprender una represalia nuclear. La idea central, por tanto, recog\u00eda la inutilidad del arma nuclear en un periodo de post-Guerra Fr\u00eda. El argumento que esgrime el papel secundario del arma nuclear se extendi\u00f3 a otros estudios. Algunos de estos estudios ven\u00edan a decir que, aunque influye en el desarrollo de las armas nucleares la necesidad de armarse cuando se percibe una amenaza militar incapaz de ser afrontada por medios convencionales, lo cierto es que son diversos los or\u00edgenes de los programas nucleares. As\u00ed, m\u00e1s all\u00e1 de su uso como herramienta de seguridad nacional, tambi\u00e9n se han dado casos en los que han influido asuntos ajenos a la defensa soberana como los debates dom\u00e9sticos y luchas burocr\u00e1ticas internas, as\u00ed como el car\u00e1cter simb\u00f3lico e identitario que representa el arma nuclear (Sagan, 1996: 54-55).<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, m\u00e1s all\u00e1 de los marcos te\u00f3ricos de la disuasi\u00f3n y estrategias de <em>first strike <\/em>aplicadas al espacio ultraterrestre, algunos trabajos se han enfocado en el an\u00e1lisis de casos concretos. El an\u00e1lisis m\u00e1s concurrido ha sido el centrado sobre las relaciones espaciales entre Estados Unidos y China tanto por consideraciones geopol\u00edticas como por la ingente cantidad de infraestructura espacial dedicada a la econom\u00eda global y a la asistencia de las fuerzas militares. Precisamente es la geopol\u00edtica el factor que marca la dependencia espacial de ambos pa\u00edses. En efecto, tal y como apuntan David Gompert y Phillip Saunders (2011: 100-101), Estados Unidos es una potencia global \u2013 tanto mar\u00edtima como a\u00e9rea \u2013 y comprometida por una serie de alianzas defensivas, mientras que China es una potencia emergente con una proyecci\u00f3n a nivel regional, aunque tambi\u00e9n preocupada por los accesos mar\u00edtimos. Mientras Estados Unidos requiere de los activos espaciales para coordinar sus fuerzas desplegadas a nivel global, China los emplea para su defensa nacional y las fronteras y aguas adyacentes. Tal diferencia geopol\u00edtica coloca al contencioso de Taiw\u00e1n como el principal detonante de una eventual crisis o conflicto entre ambas potencias.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, mientras que China al encontrarse cerca de su territorio podr\u00eda emplear las redes de comunicaci\u00f3n terrestres y mar\u00edtimas, Estados Unidos se ver\u00eda forzado a emplear sus activos espaciales al tener al oc\u00e9ano Pac\u00edfico de por medio, conllevando un mayor nivel de dependencia. La competici\u00f3n geopol\u00edtica y estrat\u00e9gica ha provocado que Estados Unidos y China se vean el uno al otro como la principal amenaza de acceso al espacio, lo que les ha llevado a prestar inter\u00e9s en las capacidades ASAT para emplearlas como herramientas de disuasi\u00f3n. La situaci\u00f3n resultante es que la dependencia de Estados Unidos aumenta su vulnerabilidad, pero por contrapartida, compensa dicha vulnerabilidad con una mayor capacidad ASAT que China. El resultado, opinan Gompert y Saunders (2011: 103-104; 107) es \u201cun poderoso impulso de ambos por intensificar el desarrollo y despliegue de capacidades ASAT\u201d, lo que puede traducirse irremediablemente en una carrera armamentista inestable. Adem\u00e1s, la introducci\u00f3n de armas ASAT crear\u00eda una crisis de inestabilidad al fomentar un <em>first strike<\/em> espacial y con ello, un aumento de la escalada en el conflicto. Desde la perspectiva china, un <em>first strike<\/em> espacial pretender\u00eda neutralizar las fuerzas convencionales norteamericanas mediante m\u00e9todos asim\u00e9tricos y minar en lo m\u00e1ximo posible las vulnerabilidades estadounidenses. Adem\u00e1s, China se ver\u00eda todav\u00eda m\u00e1s tentada a emprender un <em>first strike <\/em>espacial si considerase que Estados Unidos tiene previsto atacar sus plataformas de lanzamiento ASAT. Y adem\u00e1s de todo ello, mientras que un <em>first strike<\/em> nuclear resultar\u00eda inconcebible para ambas partes en tanto que un conflicto en Taiw\u00e1n no representa un inter\u00e9s vital para Estados Unidos y a China, una detonaci\u00f3n nuclear afectar\u00eda directamente a su territorio, las capacidades ASAT reunir\u00edan los requisitos y condiciones como alternativa para emprender un <em>first strike<\/em> espacial, vali\u00e9ndose incluso si fuera necesario de las capacidades de sus BMD.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Medidas fortalecedoras de la disuasi\u00f3n espacial<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A diferencia de la disuasi\u00f3n nuclear que cuenta con m\u00e1s de medio siglo de experiencia, la disuasi\u00f3n espacial es relativamente reciente habiendo sido adem\u00e1s abordada casi en exclusiva por Estados Unidos y China (Harrison, 2015: 123).<\/p>\n\n\n\n<p>De la escasa literatura china relativa a la disuasi\u00f3n espacial, Bao Shixiu (2007: 4-6) ha expresado que si bien es cierto que China no dispone de una estrategia de disuasi\u00f3n espacial definida que coordine las contramedidas espaciales, ello no ha impedido que China haya centrado sus esfuerzos en buscar las medidas de disuasi\u00f3n necesarias para impedir que Estados Unidos monopolice el acceso y control del espacio y en \u00faltima instancia, le confiera una ventaja estrat\u00e9gica inigualable. Para ello, el propio Shixiu (2007: 6; 9) afirma que la doctrina contraespacial china se prev\u00e9 que se sustente sobre dos pilares. En primer lugar, trasladando al espacio la estrategia de disuasi\u00f3n nuclear basada en un peque\u00f1o pero fiable arsenal nuclear bajo el principio del <em>no-first-use<\/em>. La esencia, por tanto, se fundamenta en la necesidad de desarrollar armas ASAT capaces de \u201cconstituir una fiable y cre\u00edble estrategia defensiva\u201d precis\u00e1ndose, adem\u00e1s, del reparto de dichas capacidades a lo largo del vasto territorio chino con el fin de mantener a salvo un <em>second strike<\/em>. Y, en segundo lugar, aun oponi\u00e9ndose en los foros internacionales a la armamentizaci\u00f3n del espacio, asegurarse al mismo tiempo que todo tipo de armamento espacial desarrollado por Estados Unidos ser\u00e1 imitado por China.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, Estados Unidos, como primera potencia espacial, cuenta con el mayor volumen de literatura sobre disuasi\u00f3n espacial. En este punto, la Estrategia de Seguridad Nacional Espacial (NSSS) de 2011 hace una ligera aproximaci\u00f3n al mencionar muy escuetamente que los elementos que compondr\u00e1n la disuasi\u00f3n espacial ser\u00e1n: la promoci\u00f3n de normas de comportamiento responsable; el fortalecimiento de alianzas espaciales; la mejorara en la atribuci\u00f3n de los ataques; la optimizaci\u00f3n de la resiliencia; y la retenci\u00f3n del derecho a responder siempre que la disuasi\u00f3n fracase (Department of Defense, 2011: 10). Ante la falta de profundidad en el documento oficial, la literatura ha acometido intentos dirigidos a crear estrategias de disuasi\u00f3n espacial m\u00e1s estructuradas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Ante tales intentos, Roger Harrison (2015: 115-118) ha sostenido que \u00e9stos se han visto gravemente obstaculizados por tres importantes asuntos \u2013 asuntos, por cierto, ya ocupados en el apartado anterior \u2013: 1) por la brecha de la vulnerabilidad espacial \u2013 avivada en parte, por las aspiraciones globales estadounidenses a diferencia del resto de competidores cuyos intereses geopol\u00edticos son de car\u00e1cter regional; 2) por las dificultades por defender los sat\u00e9lites \u2013 pues aunque es posible fortalecer sus componentes ante impulsos electromagn\u00e9ticos o crear contramedidas ante distorsionadores de frecuencia, no pueden ser protegidos ante ataques cin\u00e9ticos, en parte por la limitada capacidad de maniobra; y 3) por la debilidad en la atribuci\u00f3n del ataque \u2013 en tanto que las capacidades SSA no han madurado lo suficiente como para detectar ataques <em>soft kill<\/em> como los encandilamientos por l\u00e1ser, y ello provoque que haya que recurrir a las fuentes de inteligencia. Respecto a este \u00faltimo asunto, la literatura especializada ha venido a se\u00f1alar que, en mayor o menor medida, todas las estrategias de disuasi\u00f3n dependen del nivel de fiabilidad de las SSA. Concretamente, un elemento imprescindible de la disuasi\u00f3n como es la atribuci\u00f3n, requiere inexorablemente de las SSA (Marquez, 2011: 16). Y es que una \u201cpobre SSA debilita la credibilidad de represalia\u201d al conceder al adversario un riesgo razonable de atacar an\u00f3nimamente, mientras que una eficiente SSA atribuye culpabilidad, y con ello, un alto valor disuasorio (Morgan, 2010: 48).<a href=\"#_ftn6\"><sup>[6]<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Los esfuerzos por formular una estrategia (norteamericana) de disuasi\u00f3n espacial se han dividido en torno a dos modelos que en absoluto son excluyentes entre s\u00ed, sino que est\u00e1n estrechamente vinculados e incluso se solapan, sobre todo en lo concerniente a la combinaci\u00f3n de medidas diplom\u00e1ticas, econ\u00f3micas y militares. \u00c9stos son: el modelo de la tr\u00edada disuasoria, planteada por James Rendleman (2013: 84-88), y el modelo de la disuasi\u00f3n multicapas, de Roger Harrison, Deron Jackson y Collins Shackelford (2009: 17-26). Al compartir esquemas parecidos, ambos modelos ser\u00e1n abordados no de manera separada, sino conjunta.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer elemento es la \u201cdisuasi\u00f3n por normas internacionales\u201d, la cual incluye todas aquellas normas dirigidas a regular los usos militares del espacio tales como el derecho internacional consuetudinario, los tratados sobre control de armas o tratados de prohibici\u00f3n de ensayos, las moratorias, las medidas de construcci\u00f3n de confianza o las reglas procedimentales. Las restricciones formales, cabe recordar, aparecen como raz\u00f3n de ser en algunos acuerdos multilaterales como el Tratado de prohibici\u00f3n parcial de ensayos nucleares o tambi\u00e9n como elementos imprescindibles de la estabilidad internacional como los medios t\u00e9cnicos nacionales de verificaci\u00f3n en el extinto Tratado sobre misiles antibal\u00edsticos. Por consiguiente, los tratados sobre control de armas espaciales pueden servir no solamente para mantener protegidos los activos espaciales, sino tambi\u00e9n como mecanismos de legitimaci\u00f3n para las pol\u00edticas de disuasi\u00f3n (Harrison, Jackson &amp; Shackelford, 2009: 18-20). La disuasi\u00f3n por normas internacionales ser\u00eda probablemente mayor si las negociaciones entabladas en la Conferencia de Desarme hubieran sido m\u00e1s exitosas. Precisamente, alg\u00fan autor ha criticado el continuo rechazo de Estados Unidos en apoyar acuerdos de control de armas espaciales por entender que tal rechazo afecta a la estabilidad espacial al sugerir al resto de actores espaciales que el prop\u00f3sito de Washington es contar con el menor n\u00famero de restricciones legales posibles para desarrollar armas orbitales (Morgan, 2010: 40).<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo elemento es la \u201cdisuasi\u00f3n por entrelazamiento\u201d, concebida para disuadir a los actores espaciales en base a la interdependencia econ\u00f3mica y de seguridad. La fundamentaci\u00f3n de esta disuasi\u00f3n se basa en que, en un mundo globalizado, cualquier ataque espacial implica da\u00f1os colaterales sobre uno mismo y sobre el resto de actores espaciales. En el caso concreto de las relaciones sino-estadounidenses, el entrelazamiento en el sistema financiero internacional obliga a ambos Estados a abstenerse de poner en riesgo la sostenibilidad espacial. A su vez, Estados Unidos cuenta con el liderazgo en importantes servicios espaciales militares y civiles como el GPS lo que le permite mantener una interconexi\u00f3n con otros importantes Estados. La dependencia de estos pa\u00edses con el servicio de posicionamiento estadounidense conlleva disuadir a los actores hostiles de emprender ataques sobre los sat\u00e9lites GPS, en concreto, por el rechazo que desatar\u00eda en los aliados al ver que su seguridad humana y nacional quedar\u00eda seriamente comprometida. La dependencia del GPS y otros servicios militares se extiende al cada vez mayor mercado de los servicios comerciales estadounidenses: la prestaci\u00f3n de tales servicios no s\u00f3lo a Estados Unidos sino a otro ingente n\u00famero de Estados en un contexto globalizado, act\u00faa como elemento de contenci\u00f3n y disuasi\u00f3n a cualquier Estado que se plantee acometer ataques ASAT (Harrison, Jackson &amp; Shackelford, 2009: 20-22). Dado que la interdependencia favorece a Estados Unidos, parte de la literatura ha instado a estrechar las alianzas espaciales, incluso en el \u00e1mbito militar, con los pa\u00edses europeos, Jap\u00f3n e incluso India (Butterworth &amp; Sheldon, 2008: 10).<\/p>\n\n\n\n<p>El tercer elemento es la \u201cdisuasi\u00f3n por negaci\u00f3n de beneficios\u201d, esto es, desanimar al adversario a que emprenda cualquier acci\u00f3n bajo la certeza de que su comportamiento no obtendr\u00e1 ninguna ganancia. Los conceptos claves son la resiliencia y la robustez (Morgan, 2010: 44). La finalidad, por tanto, se halla en desalentar el ataque del adversario. Una vez que el atacante concluya que sus acciones no pueden alcanzar las metas que se ha propuesto, la disuasi\u00f3n por negaci\u00f3n de beneficios lograr\u00e1 no s\u00f3lo haber evitado un conflicto b\u00e9lico sino tambi\u00e9n haber protegido importantes activos cr\u00edticos de la seguridad nacional (Coletta, 2009: 183). Entre las t\u00e9cnicas a enumerar se encuentra el reforzamiento de los materiales de los sat\u00e9lites con los que hacer frente a diversas contingencias naturales, como la meteorolog\u00eda espacial o, contingencias humanas, como los ataques perpetrados mediante distorsionadores de frecuencia. El reforzamiento de los sat\u00e9lites fue la primera medida defensiva usada en la historia espacial para protegerse de explosiones nucleares exo-atmosf\u00e9ricas. Otras medidas est\u00e1n enfocadas a la b\u00fasqueda de alternativas no-espaciales para evitar la dependencia de los sat\u00e9lites. Entre ellas, cabe mencionar el despliegue de una flota de aviones o drones que a alta altitud realicen las misiones asignadas a los sat\u00e9lites como la transmisi\u00f3n de datos, las comunicaciones o el reconocimiento terrestre. Asimismo, tambi\u00e9n se ha considerado el despliegue de cables de fibra-\u00f3ptica (Rendleman, 2013: 86). Sobre este tipo de cables, se ha mencionado que no solamente son muy caros, sino que se ven muy limitados por la formaci\u00f3n de cuellos de botella en lugar estrat\u00e9gicos como el istmo de Panam\u00e1 (Coletta, 2009: 186).<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de estas medidas, otro concepto que ha cogido fuerza en el campo de la disuasi\u00f3n espacial, siendo ya mencionado en la Comisi\u00f3n Espacial de 2001, ha sido la capacidad responsiva espacial [<em>Responsive space<\/em>, RS]. Tal capacidad est\u00e1 concebida para responder con la mayor celeridad y menor coste posible en las tareas de despliegue de veh\u00edculos espaciales y lanzamiento de sat\u00e9lites. Uno de los elementos claves es el tiempo, entendido como el periodo que transcurre desde que se recibe la notificaci\u00f3n de una contingencia espacial hasta la reanudaci\u00f3n del servicio en un estado similar al anterior. Y el segundo elemento es el coste de adquisici\u00f3n, operaci\u00f3n y mantenimiento de la vida \u00fatil del sistema. En el caso norteamericano, la RS ha estado enfocada en hacer una r\u00e1pida explotaci\u00f3n y uso de las capacidades existentes y desarrollar nuevos sistemas tecnol\u00f3gicos. La RS, dependiendo de los casos, puede ir de unas horas a meses (Remuss, 2015: 136-137, 141). El prop\u00f3sito de la RS, por consiguiente, est\u00e1 en mantener mediante el abastecimiento el buen funcionamiento de los sistemas espaciales durante un conflicto. No obstante, la optimizaci\u00f3n de la RS est\u00e1 dr\u00e1sticamente sujeta a la situaci\u00f3n presupuestaria del momento (Sheldon, 2008: 5).<\/p>\n\n\n\n<p>El cuarto elemento es la \u201cdisuasi\u00f3n bajo amenaza de represalia\u201d, concebida para responder con medidas punitivas a cualquier ataque sobre los sat\u00e9lites. Implica, por tanto, el uso de una fuerza severa que conlleve altos costes para el desafiante. Tales costes no se circunscriben <em>per se<\/em> a una acci\u00f3n militar, sino que tambi\u00e9n est\u00e1n involucradas las sanciones diplom\u00e1ticas o econ\u00f3micas contra los Estados que consideren atacar a los sat\u00e9lites. Entre otras propuestas, Simon Worden y Martin France (2001: 456, 460) ideaban una disuasi\u00f3n basada en las \u201cventajas asim\u00e9tricas\u201d espaciales norteamericanas. Partiendo de la superioridad en las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n, Estados Unidos podr\u00eda acometer un \u201cbloqueo de informaci\u00f3n en los bienes y servicios\u201d \u2013 similar a los bloqueos mar\u00edtimos y a\u00e9reos realizados en el pasado \u2013 que afectar\u00edan directamente a la econom\u00eda y bienestar del pa\u00eds al aislarlo del resto del mundo. Tal medida ser\u00eda discriminatoria y, por tanto, cre\u00edble a diferencia de las armas nucleares. Solamente en caso de no rendirse el Estado agresor, Estados Unidos podr\u00eda emplear su tecnolog\u00eda espacial para llevar a cabo un despliegue con armas convencionales. No obstante, para producirse una disuasi\u00f3n exitosa, Forrest Morgan (2010: 43) sostiene que la amenaza de represalia debe sustentarse sobre una pol\u00edtica espacial nacional que expl\u00edcitamente amenace a los Estados que emprendan ataques sobre activos espaciales norteamericanos. Unas pol\u00edticas y estrategias declarativas influir\u00edan sobre la comunidad internacional, que aceptar\u00eda la represalia estadounidense, y tambi\u00e9n sobre el atacante al conocer de antemano la consecuencia de sus acciones. Adem\u00e1s, en caso de producirse una escalada progresiva de tensi\u00f3n en el conflicto traslad\u00e1ndose las acciones militares a la Tierra, el rechazo general recaer\u00eda sobre el atacante en tanto que Estados Unidos se ajustar\u00eda a los riesgos emanados de sus pol\u00edticas. Por su parte, otros autores apuntan que las respuestas represivas deber\u00edan ser una combinaci\u00f3n espacial-terrestre mediante el desarrollo de capacidades contraespeciales \u2013 especialmente de armas ASAT no-cin\u00e9ticas \u2013, el despliegue de armas convencionales t\u00e1cticas y estrat\u00e9gicas, y sanciones diplom\u00e1ticas (Rendleman: 2013: 87). Respecto a la decisi\u00f3n de emplear capacidades contraespaciales, algunos sectores se muestran m\u00e1s reacios. Su escepticismo se basa en que tales capacidades no solo podr\u00edan desatar m\u00e1s ataques sobre sat\u00e9lites sino que podr\u00edan agravar la privilegiada situaci\u00f3n espacial de Estados Unidos al poner en riesgo a la sostenibilidad espacial.<a href=\"#_ftn7\"><sup>[7]<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Y el quinto y \u00faltimo elemento, es la \u201cdisuasi\u00f3n por inducci\u00f3n\u201d, dise\u00f1ada para reorientar las acciones y c\u00e1lculos del adversario. La pretensi\u00f3n de dicha disuasi\u00f3n consiste en inducir al adversario a considerar otras acciones m\u00e1s acordes con las preferencias del disuasor. Concretamente, induciendo al adversario a optar por otras acciones que aqu\u00e9llas que puedan poner en riesgo los activos espaciales. Por tanto, la disuasi\u00f3n por inducci\u00f3n est\u00e1 estrechamente pareja con los intereses geoestrat\u00e9gicos. En el caso espacial, el inter\u00e9s estadounidense se sit\u00faa en el mantenimiento del <em>statu quo<\/em> que le permita mantener su ventaja estrat\u00e9gica. La inducci\u00f3n, cuya naturaleza es m\u00e1s de car\u00e1cter pasivo que activo, alcanza sus objetivos no s\u00f3lo mediante la persuasi\u00f3n, sino con bienes tangibles tales como las compensaciones diplom\u00e1ticas (Rendleman: 2013: 88).<\/p>\n\n\n\n<p>La naturaleza multidimensional de la estrategia de disuasi\u00f3n espacial norteamericana \u2013 a diferencia del car\u00e1cter unidimensional de la presumible estrategia china expuesta anteriormente \u2013 fue explicada por Roger Harrison y Deron Jackson como contestaci\u00f3n a las cr\u00edticas vertidas por Christopher Stone. Stone tachaba a la NSSS de idealista por \u201ccarecer de un firme entendimiento de las lecciones de la disuasi\u00f3n de la Guerra Fr\u00eda y la comprensi\u00f3n contextual de los entornos de seguridad en t\u00e9rminos de realidades hist\u00f3ricas y culturales\u201d. Ello, a juicio de Stone, hab\u00eda supuesto que la NSSS estaba incompleta por centrarse excesivamente sobre el marco diplom\u00e1tico y en consecuencia, desatender la disuasi\u00f3n por represalia.<a href=\"#_ftn8\"><sup>[8]<\/sup><\/a> Ante tal visi\u00f3n, Harrison y Jackson respond\u00edan que las lecciones de la Guerra Fr\u00eda no eran de aplicaci\u00f3n al contexto actual, especialmente, por las abultadas diferencias entre la confrontaci\u00f3n nuclear de entonces y los desaf\u00edos asim\u00e9tricos de ahora. Es por ello que una estrategia espacial centrada b\u00e1sicamente sobre la disuasi\u00f3n por represalia carece de sentido por dejar importantes aspectos sin cubrir. Primeramente, porque una respuesta diplom\u00e1tica, si bien puede no disuadir a un adversario, al menos representa una temprana se\u00f1al de advertencia de las preocupaciones e intenciones norteamericanas, y en segundo lugar, porque una disuasi\u00f3n por represalia est\u00e1 enfocada para ser usada en el marco de un conflicto ya iniciado, y no como medida de disuasi\u00f3n preventiva.<a href=\"#_ftn9\"><sup>[9]<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Conclusiones<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El estudio de la disuasi\u00f3n espacial arroja como conclusi\u00f3n principal lo altamente complicado que resulta defender los activos espaciales ante ataques ASAT en un contexto internacional caracterizado por las fuerzas asim\u00e9tricas. En efecto, a diferencia del equilibrio estrat\u00e9gico de la Guerra Fr\u00eda que permit\u00eda gestionar la estabilidad internacional, y en consecuencia la estabilidad espacial, la post-Guerra Fr\u00eda cuenta con actores m\u00e1s proclives a desafiar el <em>statu quo<\/em> internacional. En este punto, los <em>first strike<\/em> espaciales se han convertido en v\u00edas latentes de uso por las ventajas que reportan. Entre ellas, se encuentran: el desequilibrado coste de emplear un ataque barato ASAT en comparaci\u00f3n a la enorme inversi\u00f3n espacial; el agravamiento de las vulnerabilidades espaciales, las cuales repercuten de manera directa sobre las fuerzas convencionales; o el limitado n\u00famero de respuestas dadas por el defensor a no ser que est\u00e9 dispuesto a una escalada del conflicto traslad\u00e1ndolo al \u00e1mbito terrestre. A ello se suma que las capacidades de atribuci\u00f3n aportadas por la SSA est\u00e1n todav\u00eda lejos de ser \u00f3ptimas. Sin duda, una eficiente fuente de informaci\u00f3n que permita discriminar los fallos de los sat\u00e9lites se hace necesaria, no s\u00f3lo para vigorizar la estrategia de disuasi\u00f3n sino para implementar acuerdos de control de armas, de verificaci\u00f3n o reglas procedimentales.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, como se ha visto, el eventual ataque a activos espaciales no conlleva irremediablemente una guerra nuclear, como s\u00ed pod\u00eda suceder en la Guerra Fr\u00eda cuando los sat\u00e9lites de alerta temprana estaban estrechamente interconectados con la MAD. De hecho, como apuntan diversos autores, que una guerra nuclear se desate como consecuencia de un ataque ASAT en un contexto como el actual es verdaderamente improbable. Sin embargo, el consenso en torno a la improbabilidad de una guerra nuclear no es absoluto en la literatura especializada, tendi\u00e9ndose a responsabilizar a los otros actores de ser los posibles causantes de un intercambio nuclear. As\u00ed, desde la literatura china, se argumenta que un ataque ASAT no implicar\u00eda un contraataque nuclear siempre y cuando las partes enfrentadas mantengan una pol\u00edtica nuclear de <em>no-first-use<\/em> tal y como tiene China. En este sentido, ser\u00edan aquellos pa\u00edses como Estados Unidos que no contemplan el <em>no-first-use<\/em> los que dificultar\u00edan que el conflicto se desarrollara estrictamente en el \u00e1mbito convencional. Sin embargo, la literatura norteamericana responde apuntando que, si bien en la pr\u00e1ctica es casi improbable que se produzca una guerra nuclear tras un ataque ASAT, el hecho de poner en riesgo los activos espaciales y socavar la estrategia de disuasi\u00f3n del contrario, puede conducir a una respuesta, aunque muy inveros\u00edmil, \u201cirracionalmente represiva\u201d. Para evitar riesgos, lo m\u00e1s prudente ser\u00eda incrementar las medidas de construcci\u00f3n de confianza y sobre todo de transparencia, pero es precisamente en el campo de la transparencia donde China ha puesto m\u00e1s obst\u00e1culos. Por \u00faltimo, desde la literatura india se se\u00f1ala que un ataque ASAT chino o indio no desencadenar\u00eda una guerra nuclear porque las posturas nucleares de ambos pa\u00edses est\u00e1n orientadas hacia la disuasi\u00f3n. Ello se traduce en que China carece de las capacidades suficientes para emprender un \u201cespl\u00e9ndido <em>first strike<\/em>\u201d nuclear que destruyera las fuerzas nucleares norteamericanas, dadas sus reducidas fuerzas nucleares actuales.<a href=\"#_ftn10\"><sup>[10]<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Cuesti\u00f3n distinta es el caso opuesto, es decir, que una guerra nuclear e incluso una guerra convencional preceda a un ataque ASAT. Como se\u00f1alaban algunos expertos rese\u00f1ados anteriormente, el estallido de una guerra nuclear entre Estados Unidos y China a prop\u00f3sito de Taiw\u00e1n resulta dif\u00edcil de concebir porque no hay intereses vitales estadounidenses en juego, y a China le afectar\u00eda la cercan\u00eda de las detonaciones. Sin embargo, algunos estudios ya han apuntado que existe la catastr\u00f3fica posibilidad de que como \u201c\u00faltima estrategia asim\u00e9trica\u201d, China se decidiera por emprender un ataque ASAT mediante una detonaci\u00f3n nuclear entre los 40 y 400 kil\u00f3metros de altitud con el fin de da\u00f1ar o destruir la infraestructura espacial norteamericana mediante los efectos del pulso electromagn\u00e9tico (Pfaltzgraff, Jr., 2009: 51). Tal decisi\u00f3n tendr\u00eda su l\u00f3gica en la dependencia de Estados Unidos de los sat\u00e9lites en un territorio alejado de su espacio soberano. En tal caso, la ventaja china se ver\u00eda largamente acrecentada. Sin embargo, dicha l\u00f3gica, se presume, perder\u00eda gran parte de su fundamento en el momento en el que las capacidades espaciales chinas fueran relativamente similares de manera cuantitativa y cualitativa a las norteamericanas. He aqu\u00ed, por tanto, la conclusi\u00f3n central del art\u00edculo: el contexto actual se caracteriza por unas estrategias de disuasi\u00f3n espacial fr\u00e1giles a causa del desequilibrio tecnol\u00f3gico espacial entre Estados Unidos y China. Dicho desequilibrio hace proclive un enfrentamiento ASAT. Sin embargo, una vez que este estadio quede superado por la ampliaci\u00f3n de las capacidades espaciales chinas, ser\u00e1 la propia inversi\u00f3n espacial china la que haga el efecto de auto-restricci\u00f3n en sinton\u00eda al marco existente durante la Guerra Fr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Nota sobre el autor:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>M<\/em><\/strong><strong><em>iguel Yag\u00fces Palaz\u00f3n <\/em><\/strong><em>es doctor en seguridad internacional por el Instituto General Guti\u00e9rrez Mellado (UNED), habiendo desarrollado su investigaci\u00f3n en el campo de la seguridad espacial<\/em>. 607493337<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Butterworth, Robert &amp; Sheldon, John (2008), \u00abDeterrence in Space: Responding to Challenges to the U.S. in Outer Space\u201d, <em>The George C. 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(Coords.), <em>Anti-satellite Weapons, Deterrence and Sino-American Space Relations, <\/em>Washington D. C: Center Stimson, pp. 81-100.<\/p>\n\n\n\n<p>MacDonald, Bruce W. &amp; Ferguson, Charles D. (2015), <em>Understanding the Dragon Shield: Likelihood and Implications of Chinese Strategic Ballistic Missile Defense, <\/em>Washington, D. C.: Federation of American Scientists.<\/p>\n\n\n\n<p>Manzo, Vicent (2011), \u201cDeterrence and Escalation in Cross-domain Operations: Where do Space and Cyberspace Fit?\u201d, <em>Institute for National Strategic Studies<\/em>, No. 272.<\/p>\n\n\n\n<p>Marquez, Peter (2011), \u201cSpace Deterrence: The Pr\u00eat-\u00e1-Porter Suit for the Naked Emperor\u201d, en The George C. Marshall Institute (Coord.), <em>Returning to Fundamentals: Deterrence and U.S. National Security in the 21st Century,<\/em> Washington, D. C.: George C. Marshall Institute, pp. 9-19.<\/p>\n\n\n\n<p>Milowicki, G. V. &amp; Johnson-Freese, J. (2008), \u201cStrategic Choices: Examining the Uni- ted States Military Response to the Chinese Anti-Satellite Test\u201d, <em>Astropolitics: The International Journal of Space Politics &amp; Policy<\/em>, vol. 6, No. 1, pp. 1-21.<\/p>\n\n\n\n<p>Moltz, James. C. (2011b), <em>The Politics of Space Security. Strategic Restraint and the Pursuit of National Interests,<\/em> California: Standford University Press, Second edition.<\/p>\n\n\n\n<p>Morgan, Forrest E. (2010), <em>Deterrence and First-Strike Stability in Space. A Preliminary Assessment, <\/em>Santa Monica, California: RAND Corporation.<\/p>\n\n\n\n<p>Morgan, Forrest E., Mueller, Karl P., Medeiros, Evan S., Pollpeter, Kevin L. &amp; Cliff, Roger (2008), <em>Dangerous Thresholds. Managing Escalation in the 21st Century,<\/em> Santa Monica, California: RAND Corporation.<\/p>\n\n\n\n<p>Morgan, Patrick M. (2003), <em>Deterrence Now<\/em>, Cambridge, UK: Cambridge University Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Mueller, Karl (2013), \u201cThe Absolute Weapon and the Ultimate High Ground: Why Nuclear Deterrence and Space Deterrence Are Strikingly Similar &#8211; Yet Profoundly Different\u201d, en Krepon M. &amp; Thompson, J. (Coords.), <em>Anti-satellite Weapons, Deterrence and Sino-American Space Relations<\/em>, Washington D. C.: Center Stimson, pp. 41- 60.<\/p>\n\n\n\n<p>Nitze, Paul H, (1997). \u201cIs it time to junk our nukes?\u201d, <em>The Washington Quarterly<\/em>, Vol. 20, No. 3, pp. 97-101.<\/p>\n\n\n\n<p>Pfaltzgraff, Jr., Robert L. (2009), <em>Space and U.S. Security. A Net Assessment<\/em>, Cambridge, Massachusetts: The Institute for Foreign Policy Analysis.<\/p>\n\n\n\n<p>Remuss, Nina-Louisa (2015), \u201cResponsive Space\u201d, en Schrogl, K-U., Hays, P. L., Robinson, J. &amp; Giannopapa, D. M. Ch. (Coords.), <em>Handbook of Space Security<\/em>. <em>Policies, Applications and Programs, <\/em>New York: Springer, pp. 131-153.<\/p>\n\n\n\n<p>Rendleman, James D. (2013), \u201cStrategy for Space Assurance\u201d, en Sadeh, E. (Coord.), <em>Space Strategy in the 21st Century: Theory and Policy,<\/em> Oxon, Oxfordshide: Routledge, pp. 77-119.<\/p>\n\n\n\n<p>Sachdeva, G. S. (2013), \u201cSpace Policy and Strategy of India\u201d, en Sadeh, E. (Coord.), <em>Space Strategy in the 21st Century: Theory and Policy,<\/em> Oxon, Oxfordshide: Routledge, pp. 303-321.<\/p>\n\n\n\n<p>Sagan, Scott D. (1996), \u201cWhy Do States Build Nuclear Weapons? Three Models in Search of a Bomb\u201d, <em>International Security<\/em>, Vol. 21, No. 3, pp. 54-86.<\/p>\n\n\n\n<p>Schelling, Thomas C. (1980), <em>The Strategy of Conflict,<\/em> Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Sheldon, John (2008), \u201cSpace Power and Deterrence: Are We Serious?\u201d, <em>The Marshall Institute<\/em>, Policy Outlook, November.<\/p>\n\n\n\n<p>Shixiu, Bao (2007), \u201cDeterrence Revisited: Outer Space\u201d, <em>China Security<\/em>, Vol. 3, No. 1, Winter, pp. 2\u201311.<\/p>\n\n\n\n<p>Stares, Paul (1985), <em>The Militarization of Space: US Policy, 1945-84<\/em>, Ithaca, New York: Cornell University Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Worden, Simon P. &amp; France, Martin E. B. (2001), \u201cTowards an Evolving Deterrence Strategy: Space and Information Dominance\u201d, <em>Comparative Strategy<\/em>, Vol. 20, No. 5, pp. 453- 466.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> Weeden, Brian (2010), \u201c2007 Chinese Anti-Satellite Test. Fact Sheet\u201d, <em>Secure World Foundation<\/em>, November 23: <a href=\"https:\/\/swfound.org\/media\/9550\/chinese_asat_fact_sheet_updated_2012.pdf\">https:\/\/swfound.org\/media\/9550\/chinese_asat_fact_sheet_updated_2012.pdf<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a> Gruss, Mike (2016), \u201cU.S. Official: China Turned to Debris-free ASAT Tests Following 2007 Outcry\u201d, <em>Space News<\/em>, January 11: <a href=\"http:\/\/spacenews.com\/u-s-official-china-turned-to-debris-free-asat-tests-following-2007-outcry\/\">http:\/\/spacenews.com\/u-s-official-china-turned-to-debris-free-asat-tests-following-2007-outcry\/<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a> Wilson, Tom (2001), Threats to United States Space Capabilities. Prepared for the Commission to As- sess United States National Security Space Management and Organization, <a href=\"http:\/\/fas.org\/spp\/eprint\/article05.html\">http:\/\/fas.org\/spp\/eprint\/article05.html<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a> U. S. Department of Defense (2008), \u201cNavy Succeeds in Intercepting Non-Functioning Satellite\u201d, <em>United States Navy<\/em>, February 20: <a href=\"http:\/\/www.navy.mil\/submit\/display.asp?story_id=35114\">http:\/\/www.navy.mil\/submit\/display.asp?story_id=35114<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a> Macdonald, Eryn (2015), \u201cOn Nuclear Weapons, You Can Never Say Never\u201d, <em>Union of Concerned Scientists<\/em>, October 16: <a href=\"http:\/\/allthingsnuclear.org\/emacdonald\/never-say-never\">http:\/\/allthingsnuclear.org\/emacdonald\/never-say-never<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a> Para fortalecer las capacidades SSA, Estados Unidos ya ha lanzado al espacio sat\u00e9lites de reconocimiento espacial para monitorear amenazas de colisi\u00f3n, as\u00ed como actividades irresponsables. Spaceflight Now (2014), \u201cSpace surveillance craft launched by Delta 4 rocket\u201d, Spa<em>ceflight Now, J<\/em>uly 28: <a href=\"http:\/\/spaceflightnow.com\/delta\/d368\/%25252523.WEAPHJJEogG\">http:\/\/spaceflightnow.com\/delta\/d368\/#.WEAPHJJEogG<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\"><sup>[7]<\/sup><\/a> Secure World Foundation (2010), \u201cSpace Deterrence Workshop Report\u201d, pp. 3: <a href=\"https:\/\/swfound.org\/media\/7176\/space_deterrence_workshop_report_final.pdf\">https:\/\/swfound.org\/media\/7176\/space_deterrence_workshop_report_final.pdf<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref8\"><sup>[8]<\/sup><\/a> Stone, Christopher (2015), \u201cSecurity through vulnerability? The false deterrence of the National Security Space Strategy\u201d, <em>The Space Review<\/em>, April 13:&nbsp; <a href=\"http:\/\/www.thespacereview.com\/article\/2731\/1\">http:\/\/www.thespacereview.com\/article\/2731\/1<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref9\"><sup>[9]<\/sup><\/a> Harrison, Roger G. &amp; Jackson, Darin R. (2015), \u201cSpace deterrence: a response\u201d, <em>The Space Review<\/em>, June 22: <a href=\"http:\/\/www.thespacereview.com\/article\/2775\/1\">http:\/\/www.thespacereview.com\/article\/2775\/1<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref10\"><sup>[10]<\/sup><\/a> Gopalaswamy, Bharath, Chunsi, Wu &amp; Gallagher, Nancy (2015), \u201cSpace weapons and the risk of nuclear exchanges\u201d, <em>Bulletin of the Atomic Scientists<\/em>, May 20: <a href=\"http:\/\/thebulletin.org\/space-weapons-and-risk-nuclear-exchanges8346\">http:\/\/thebulletin.org\/space-weapons-and-risk-nuclear-exchanges8346<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MIGUEL YAG\u00dcES PALAZ\u00d3N Instituto Universitario General Guti\u00e9rrez Mellado (UNED), Madrid Title:&nbsp;The Strategic Implications of Space Deterrence in the Framework of Sino-US Relations&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; 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