{"id":106,"date":"2020-10-31T17:52:09","date_gmt":"2020-10-31T17:52:09","guid":{"rendered":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/?page_id=106"},"modified":"2020-10-31T17:52:09","modified_gmt":"2020-10-31T17:52:09","slug":"seguridad-ontologica-y-percepciones-de-amenaza-rusia-ante-la-ampliacion-de-la-otan","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/seguridad-ontologica-y-percepciones-de-amenaza-rusia-ante-la-ampliacion-de-la-otan\/","title":{"rendered":"Seguridad ontol\u00f3gica y percepciones de amenaza: Rusia ante la ampliaci\u00f3n de la OTAN"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\">JAVIER MORALES HERN\u00c1NDEZ<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Universidad Europea de Madrid, Espa\u00f1a<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00edtulo:&nbsp;Ontological Security and Threat Perceptions: Russia vis-\u00e0-vis NATO Enlargement<\/p>\n\n\n\n<p>Resumen: Rusia considera la aproximaci\u00f3n o integraci\u00f3n en la OTAN de otros pa\u00edses de Europa Central y Oriental o el C\u00e1ucaso como una amenaza directa, pese a que no supone ning\u00fan peligro para su propia soberan\u00eda e integridad territorial. En lugar de interpretar este proceso como una mera competici\u00f3n por la influencia, los dirigentes rusos lo perciben como una amenaza militar, que justificar\u00eda incluso el recurso a la fuerza para contrarrestarla. En el presente art\u00edculo se investigan los factores sociales e ideacionales que han dado lugar a esta securitizaci\u00f3n de la ampliaci\u00f3n de la OTAN, impidiendo a Mosc\u00fa adaptarse de forma m\u00e1s pragm\u00e1tica al nuevo juego de alianzas. El concepto de \u201cseguridad ontol\u00f3gica\u201d nos permite explicar la consistencia y permanencia en el tiempo de estas percepciones rusas, que se derivan de sus propias necesidades subjetivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Palabras clave: OTAN; Percepciones de Amenaza; Rusia; Securitizaci\u00f3n; Seguridad Ontol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Abstract: Russia considers the rapprochement or integration into NATO of other countries of Central and Eastern Europe or the Caucasus as a direct threat, even though it does not pose any danger to its own sovereignty and territorial integrity. Instead of interpreting this process as a mere competition for influence, Russian leaders perceive it primarily as a military threat, which would even justify the use of force to counteract it. In the present article we investigate the social and ideational factors that have led to this securitization of NATO enlargement, preventing Moscow from adapting to the new game of alliances in a more pragmatic way. The concept of \u201contological security\u201d allows us to explain the consistency and permanence over time of these Russian perceptions, which are derived from its own subjective needs.<\/p>\n\n\n\n<p>Keywords: NATO; Ontological Security; Russia; Securitization; Threat Perceptions.<\/p>\n\n\n\n<p>Recibido: 15 de junio de 2018.&nbsp;Aceptado: 6 de julio de 2018<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para citar este art\u00edculo<\/strong>: Javier Morales Hern\u00e1ndez, \u201cSeguridad ontol\u00f3gica y percepciones de amenaza: Rusia ante la ampliaci\u00f3n de la OTAN\u201d, <em>Revista de Estudios en Seguridad Internacional<\/em>, Vol. 4, No. 2, (2018), pp. 1-15. DOI: http:\/\/dx.doi.org\/10.18847\/1.8.1<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Casi tres d\u00e9cadas despu\u00e9s del final de la Guerra Fr\u00eda, Rusia sigue considerando a la OTAN como una amenaza a su seguridad. El origen del actual enfrentamiento se encuentra en la decisi\u00f3n de la Alianza Atl\u00e1ntica de continuar ampli\u00e1ndose tras la reunificaci\u00f3n alemana, hacia los pa\u00edses que antes hab\u00edan pertenecido al Pacto de Varsovia. Si bien el rechazo de Mosc\u00fa se extiende a todas esas nuevas incorporaciones \u2013 comenzando por las de Polonia, Rep\u00fablica Checa y Hungr\u00eda en 1999 \u2013, los casos m\u00e1s problem\u00e1ticos desde su perspectiva son las antiguas rep\u00fablicas sovi\u00e9ticas: Estonia, Letonia y Lituania, miembros de la OTAN desde marzo de 2004, y Georgia y Ucrania, a quienes en la Cumbre de Bucarest de abril de 2008 se prometi\u00f3 un futuro ingreso, pero sin concretar una fecha. En gran medida, las intervenciones rusas en estos dos \u00faltimos pa\u00edses \u2013 en agosto de 2008 y desde febrero de 2014, respectivamente \u2013 pueden entenderse como una maniobra para impedir que esa entrada llegase finalmente a producirse.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde un punto de vista objetivo, la posici\u00f3n de Mosc\u00fa no parece obedecer a una evaluaci\u00f3n racional: incluso en el caso de que la Alianza tuviera intenciones ofensivas contra ella, la incorporaci\u00f3n de esos pa\u00edses no altera sustancialmente la correlaci\u00f3n de fuerzas en Europa. Ni siquiera la defensa contra misiles bal\u00edsticos (BMD) de la OTAN \u2013 considerada igualmente por el Kremlin como una amenaza a su seguridad \u2013 puede neutralizar el potencial disuasorio del arsenal ruso, el mayor del mundo en n\u00famero de cabezas nucleares (Kile &amp; Kristensen, 2017: 2). Tampoco las sucesivas ampliaciones han afectado a la soberan\u00eda e integridad territorial de Rusia, ni a la continuidad de su r\u00e9gimen pol\u00edtico: Putin ha permanecido en el poder durante los \u00faltimos dieciocho a\u00f1os, e incluso se ha beneficiado de los recelos de su opini\u00f3n p\u00fablica hacia EE. UU. y sus aliados, present\u00e1ndose como el \u00fanico l\u00edder capaz de defender al pa\u00eds del intervencionismo occidental.<\/p>\n\n\n\n<p>En el presente art\u00edculo se investigan los factores sociales e ideacionales que han dado lugar a esta securitizaci\u00f3n de la ampliaci\u00f3n de la OTAN, impidiendo a Mosc\u00fa adaptarse de forma m\u00e1s pragm\u00e1tica al nuevo juego de alianzas. El concepto de \u201cseguridad ontol\u00f3gica\u201d nos permite explicar la consistencia y permanencia en el tiempo de estas percepciones rusas, que se derivan de sus propias necesidades subjetivas y no de una evaluaci\u00f3n racional de las amenazas a su seguridad f\u00edsica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La pol\u00edtica exterior de Rusia y sus percepciones de amenaza: debates abiertos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1les son las causas de que Rusia considere a la OTAN como una amenaza? La respuesta aparentemente m\u00e1s sencilla ser\u00edan sus intereses de pol\u00edtica interna: el gobierno ruso alentar\u00eda ese temor entre sus ciudadanos en beneficio propio, pero sin creer realmente que exista un peligro. Sin embargo, la permanencia en el tiempo de dichas percepciones es demasiado prolongada como para que se deba solamente a necesidades coyunturales o electoralistas de las \u00e9lites dirigentes. El tema de la ampliaci\u00f3n de la Alianza ha sido un obst\u00e1culo en las relaciones con EE. UU. incluso en aquellas etapas en las que el Kremlin intentaba mejorarlas: por ejemplo, entre Yeltsin y Clinton a comienzos de los noventa, entre Putin y Bush tras el 11-S, o entre Medvedev y Obama a finales de los 2000.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, tambi\u00e9n es cierto que el grado de intensidad de ese rechazo ruso se ha ido modulando en cada momento, en funci\u00f3n de los cambios en el entorno internacional y del clima en las relaciones con Occidente. As\u00ed, la estrategia de seguridad aprobada tras la llegada al poder de Putin (National Security Concept of the Russian Federation, 2000) se refer\u00eda sin matices a la \u201camenaza\u201d de la ampliaci\u00f3n de la OTAN; mientras que la nueva versi\u00f3n publicada durante el mandato de Medvedev hablaba de la \u201cinaceptabilidad\u201d de esos planes, pero a\u00f1adiendo a continuaci\u00f3n que Mosc\u00fa estaba dispuesta a desarrollar sus relaciones con la Alianza, \u201csobre la base de la igualdad\u201d entre ambas (Strategia natsionalnoi bezopasnosti Rossiiskoi Federatsii do 2020 goda, 2009).<\/p>\n\n\n\n<p>Otro posible motivo ser\u00eda el peso de la geograf\u00eda y la historia, que impulsar\u00edan inexorablemente a Rusia al expansionismo y a la confrontaci\u00f3n con Occidente; argumento muy utilizado, entre otros, por los te\u00f3ricos de la geopol\u00edtica a partir del s. XIX (Morales, 2018). Desde esta perspectiva, el intervencionismo de Putin ser\u00eda un simple retorno a las constantes que han guiado la pol\u00edtica exterior rusa en el pasado: una ideolog\u00eda excepcionalista \u2013 heredera de la doctrina pol\u00edtico-religiosa de la \u201cTercera Roma\u201d, enunciada en el s. XVI, en la que se consideraba a Rusia como sucesora natural de los imperios romano y bizantino \u2013 o la ausencia de barreras geogr\u00e1ficas naturales en sus fronteras, que le induce permanentemente a establecer un cintur\u00f3n o glacis de seguridad en su periferia (Kotkin, 2016).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la mera presencia de esos factores no resulta suficiente \u2013 a riesgo de caer en el determinismo \u2013 para explicar todas y cada una de sus acciones; lo cual equivaldr\u00eda a afirmar que la Rusia actual se comporta exactamente de la misma forma que la de Iv\u00e1n <em>el Terrible <\/em>o la URSS de Stalin. De existir una relaci\u00f3n causal directa entre condicionantes hist\u00f3rico-geogr\u00e1ficos y decisiones pol\u00edticas, Gorbachov nunca habr\u00eda aceptado la disoluci\u00f3n del Pacto de Varsovia; Mosc\u00fa no habr\u00eda retirado sus tropas de sus pa\u00edses sat\u00e9lites; el ingreso de las rep\u00fablicas b\u00e1lticas en la OTAN habr\u00eda sido impedido mediante el uso de la fuerza; y la anexi\u00f3n de Crimea se habr\u00eda producido mucho antes de 2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de la ciencia de las relaciones internacionales, los dos paradigmas predominantes en el <em>mainstream <\/em>de la disciplina \u2013 el realista y el liberal\/idealista \u2013han ofrecido otras interpretaciones. Por ejemplo, realistas como Mearsheimer (2014) o Walt (2014) explican la intervenci\u00f3n rusa en Ucrania como una reacci\u00f3n esperable a las ampliaciones de la OTAN y de la UE, as\u00ed como a las pol\u00edticas de \u201cexpansi\u00f3n de la democracia\u201d impulsadas desde Occidente; todas ellas percibidas por Mosc\u00fa como una amenaza a sus intereses vitales. En un sistema internacional an\u00e1rquico, donde los Estados se preocupan ante todo por su propia seguridad, cualquier potencia tratar\u00e1 de impedir que otros pa\u00edses rivales extiendan su influencia en su vecindario: ese es el fundamento, por ejemplo, de la \u201cdoctrina Monroe\u201d de EE. UU. en el continente americano. Para Waltz (1979), la estructura del sistema internacional \u2014una pluralidad de actores con desigual distribuci\u00f3n del poder entre ellos, sin una autoridad superior o \u201cgobierno mundial\u201d que los proteja eficazmente de posibles agresores\u2014 es la fuente de la permanente desconfianza y rivalidad entre los Estados; no las decisiones individuales de sus l\u00edderes, quienes se ven indefectiblemente arrastrados hacia una estrategia de competici\u00f3n, limitada \u00fanicamente por los recursos de poder \u201cduro\u201d o \u201cblando\u201d con los que cuenten para sostenerla.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, aunque el pensamiento estrat\u00e9gico de las \u00e9lites rusas se inscriba claramente en esa visi\u00f3n realista de la pol\u00edtica internacional (Lukyanov, 2016), esto no significa que sus acciones obedezcan solo a las presiones de la anarqu\u00eda del sistema. La principal limitaci\u00f3n de este enfoque es su determinismo, que \u2013 al igual que la geopol\u00edtica tradicional \u2013 prioriza en exceso las estructuras sobre los agentes como causa de las decisiones, omitiendo el margen de maniobra con el que cuentan los l\u00edderes para interpretar las circunstancias externas y definirlas o no como amenazas.<\/p>\n\n\n\n<p>Como han demostrado los te\u00f3ricos de la \u201cescuela de Copenhague\u201d de los estudios de seguridad, las amenazas no son autom\u00e1ticamente percibidas como tales, sino que se definen mediante un proceso discursivo de securitizaci\u00f3n (Buzan, W\u00e6ver &amp; De Wilde, 1998: 23): un mismo fen\u00f3meno puede ser securitizado en cierto momento hist\u00f3rico y desecuritizado posteriormente, o viceversa. La decisi\u00f3n de considerar un asunto determinado como un problema \u201cde seguridad\u201d no es meramente t\u00e9cnica, sino que est\u00e1 mediatizada por intereses pol\u00edticos, ya que permite a los gobernantes recurrir a medidas extraordinarias \u2013 como el uso de la fuerza \u2013 que no ser\u00edan aceptables para resolver otros problemas. Por tanto, cualquier estudio de la definici\u00f3n de la OTAN como amenaza por parte de Rusia debe analizarla en el contexto en el que se produce, en lugar de tomarla como un elemento permanente y ex\u00f3geno a los decisores p\u00fablicos.<\/p>\n\n\n\n<p>A diferencia de los realistas, los enfoques liberales de las relaciones internacionales parten de la hip\u00f3tesis de que las pol\u00edticas exteriores no son producto de factores sist\u00e9micos \u2013 como la anarqu\u00eda o la desigual distribuci\u00f3n del poder entre los Estados \u2013, sino que dependen en mayor medida de las caracter\u00edsticas internas de estos, como el tipo de r\u00e9gimen pol\u00edtico. En el caso de Rusia, sus enfrentamientos con la OTAN y la UE ser\u00edan, en el fondo, una pugna entre autoritarismo y democracia, en la que Mosc\u00fa emplear\u00eda el argumento de la seguridad militar como excusa para impedir la difusi\u00f3n de los llamados \u201cvalores occidentales\u201d en su propia sociedad. En esta l\u00ednea \u2013 y siguiendo el razonamiento de los defensores de la \u201cpaz democr\u00e1tica\u201d (Owen, 1994) \u2013, si en el futuro Rusia adoptase un Estado de Derecho homologable al de los pa\u00edses occidentales, sus recelos hacia la Alianza Atl\u00e1ntica se disipar\u00edan, ya que es impensable un conflicto armado entre democracias. Por el contrario, la permanencia de un r\u00e9gimen autoritario impedir\u00eda a Mosc\u00fa establecer cualquier tipo de relaci\u00f3n cooperativa con Occidente.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u201csesgo wilsoniano\u201d de estos argumentos liberales ha sido criticado por otros autores, para quienes resulta excesivamente simplista reducir las dos \u00faltimas d\u00e9cadas de la pol\u00edtica exterior rusa a los impulsos autocr\u00e1ticos de Putin, descartando <em>a priori <\/em>la posibilidad de que el Estado ruso defienda tambi\u00e9n intereses nacionales leg\u00edtimos en su pol\u00edtica exterior (Gunitsky &amp; Tsygankov, 2018). Lejos de basarse en sentimientos irracionales como el \u201codio a la democracia\u201d, la estrategia de Rusia se ha ido adaptando para aprovechar a las oportunidades que le ofrec\u00eda el entorno internacional: as\u00ed, se han alternado etapas de mayor colaboraci\u00f3n con Occidente con otras de confrontaci\u00f3n, cuando Mosc\u00fa percib\u00eda que sus demandas eran ignoradas. Tampoco parece l\u00f3gico suponer que la hipot\u00e9tica llegada al poder de un gobierno democr\u00e1tico fuera a modificar por s\u00ed sola los objetivos y aspiraciones de Rusia como actor internacional, haci\u00e9ndola aceptar el retroceso de su influencia en el espacio postsovi\u00e9tico y renunciar a su estatus de gran potencia<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el presente trabajo se realiza un ejercicio de reflexi\u00f3n te\u00f3rica para superar estas limitaciones interpretativas, utilizando la oposici\u00f3n rusa a la ampliaci\u00f3n de la OTAN como caso de estudio. El objetivo principal es identificar las causas subyacentes de que Rusia perciba la incorporaci\u00f3n de nuevos miembros a la Alianza como una amenaza, en lugar de tratar esta cuesti\u00f3n de forma m\u00e1s pragm\u00e1tica, como un simple desacuerdo pol\u00edtico que no deber\u00eda llegar a entorpecer las relaciones con otros pa\u00edses. Es decir: por qu\u00e9 los gobernantes rusos han securitizado la ampliaci\u00f3n de la OTAN, defini\u00e9ndola como un problema de seguridad en lugar de mantenerla dentro de los l\u00edmites ordinarios de la pol\u00edtica exterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro an\u00e1lisis emplea el marco te\u00f3rico de la \u201cseguridad ontol\u00f3gica\u201d, un concepto cada vez m\u00e1s utilizado en la literatura cient\u00edfica de relaciones internacionales, que explicaremos a continuaci\u00f3n. De acuerdo con este enfoque, las percepciones alarmistas de Rusia se derivar\u00edan \u2013 en el fondo \u2013 de sus propias necesidades subjetivas: la reafirmaci\u00f3n de su propia identidad, el reconocimiento de la misma por los dem\u00e1s miembros de la sociedad internacional, y la superaci\u00f3n de un pasado traum\u00e1tico. Finalmente, en las conclusiones se responder\u00e1 a la pregunta de investigaci\u00f3n que acabamos de plantear, evaluando tanto la utilidad como las carencias del concepto de seguridad ontol\u00f3gica para explicar la reacci\u00f3n rusa frente a la ampliaci\u00f3n de la OTAN.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La seguridad ontol\u00f3gica como nexo entre identidad y pol\u00edtica exterior<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El concepto de seguridad ontol\u00f3gica <em>(ontological security) <\/em>se introduce en las relaciones internacionales procedente del campo de la sociolog\u00eda, en particular de la obra de Giddens (1991: 47-54). Para este autor, el ser humano necesita mantener una autoconcepci\u00f3n estable para tener conciencia de s\u00ed mismo y funcionar con normalidad como actor social. La \u201cidentidad del yo\u201d <em>(self-identity)<\/em> de cada uno de nosotros nos otorga una continuidad biogr\u00e1fica, dando sentido y conectando las distintas etapas de nuestra vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Esas ideas acerca de qui\u00e9nes somos y c\u00f3mo es el mundo en el que nos rodea nos permiten sobreponernos a los constantes cambios en el entorno, evitando que nos preocupemos obsesivamente o nos dejemos paralizar por los posibles riesgos para nuestra existencia. Lo mismo sucede con los Estados, que \u2013 al igual que los individuos \u2013 tambi\u00e9n recurren a sus identidades para otorgar un sentido a su propio comportamiento; lo cual dota de continuidad a sus pol\u00edticas exteriores, permite la planificaci\u00f3n a largo plazo, y facilita a los decisores pol\u00edticos la r\u00e1pida adopci\u00f3n de medidas para reaccionar ante circunstancias imprevistas.<\/p>\n\n\n\n<p>La permanencia de esas identidades no depende \u2013 en \u00faltima instancia \u2013 del propio comportamiento ni de las reacciones ajenas; sino, ante todo, de nuestra capacidad para mantener una narrativa coherente que nos diga qui\u00e9nes somos y hacia d\u00f3nde evoluciona nuestra vida. Como se\u00f1ala McSweeney (1999: 156), se trata de un mecanismo cognitivo necesario para comprendernos a nosotros mismos, pero tambi\u00e9n para interpretar el mundo que nos rodea y actuar en \u00e9l: &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La seguridad es una condici\u00f3n fundamental para la acci\u00f3n. [\u2026] La seguridad ontol\u00f3gica se refiere al sentido de que el orden social [\u2026] es normal, coherente con las propias expectativas y habilidades para desenvolverse en \u00e9l. Es una seguridad de la relaci\u00f3n social, es decir, una sensaci\u00f3n de tener el pleno control cognitivo de la situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En las relaciones internacionales, la seguridad ontol\u00f3gica est\u00e1 vinculada en primer lugar con la \u201cidentidad del yo\u201d de cada Estado como miembro de la sociedad internacional, y la influencia de esta autoconcepci\u00f3n en su pol\u00edtica exterior. Ese nexo es uno de los pilares de los enfoques reflectivistas de las relaciones internacionales \u2013 como el constructivismo social, el postestructuralismo, el postcolonialismo o el feminismo \u2013, que han adquirido una influencia decisiva en la disciplina desde la d\u00e9cada de los noventa. Las teor\u00edas reflectivistas centran precisamente su an\u00e1lisis en las identidades y otros elementos ideacionales como origen de la pol\u00edtica exterior; en contraposici\u00f3n a la primac\u00eda explicativa de los factores materiales \u2013 por ejemplo, la distribuci\u00f3n de capacidades militares y econ\u00f3micas entre los Estados \u2013 caracter\u00edstica del realismo. As\u00ed, desde la perspectiva del constructivismo social, Wendt (1992; 1999) considera que cada Estado interpreta y otorga un sentido a la estructura an\u00e1rquica del sistema internacional en funci\u00f3n de sus propias identidades, ideolog\u00eda, cultura e interacci\u00f3n con los dem\u00e1s, mediante un proceso social e intersubjetivo de construcci\u00f3n de significados.<\/p>\n\n\n\n<p>Este \u201cgiro ideacional\u201d <em>(ideational turn) <\/em>ha tenido tambi\u00e9n su reflejo en los estudios de seguridad. La teor\u00eda de la securitizaci\u00f3n de W\u00e6ver (1995) se sit\u00faa claramente dentro del reflectivismo, al afirmar que las amenazas son construidas mediante un \u201cacto del habla\u201d <em>(speech act)<\/em> en el que un actor reclama el derecho a emplear medidas extraordinarias, con la finalidad declarada de garantizar su supervivencia (Verdes-Montenegro, 2015). Otros autores \u2013 respondiendo a las cr\u00edticas iniciales hacia estos enfoques \u2013 han aplicado la metodolog\u00eda del an\u00e1lisis del discurso para estudiar emp\u00edricamente casos reales. Por ejemplo, la obra de Hansen (2006) sobre la guerra de Bosnia profundiza en los discursos que condicionaron el debate occidental sobre ese conflicto: el \u201chumanitarismo\u201d, el \u201cgenocidio\u201d o los \u201cfantasmas del pasado\u201d, entre otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Como puede verse en el gr\u00e1fico 1, la seguridad ontol\u00f3gica se diferencia de los sectores de la seguridad definidos por la \u201cescuela de Copenhague\u201d \u2013 militar, pol\u00edtico, econ\u00f3mico, social y medioambiental (Buzan, 1991) \u2013 en cuanto al objeto referente<a href=\"#_ftn2\">[2]<\/a>. En este caso, lo que se intenta proteger no es la supervivencia material del Estado, ni su territorio, poblaci\u00f3n, recursos o instituciones; sino la identidad o autoconcepci\u00f3n ideacional que mantiene el Estado de s\u00ed mismo \u2013 a trav\u00e9s de sus gobernantes \u2013, en tanto que miembro de la sociedad internacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Gr\u00e1fico 1. Seguridad ontol\u00f3gica y pol\u00edtica exterior<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img src=\"https:\/\/www.ugr.es\/~resi\/seguridad-rusia1.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Fuente: Elaboraci\u00f3n propia<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra hip\u00f3tesis es que la actitud rusa frente a la OTAN puede explicarse como una cuesti\u00f3n no tanto de seguridad militar como de seguridad ontol\u00f3gica. Es decir: m\u00e1s que reaccionar ante un peligro para su propia existencia f\u00edsica, Rusia estar\u00eda defendiendo en el fondo su propia identidad o concepci\u00f3n de s\u00ed misma, tan importante para ella como su propia supervivencia. Como afirma Steele (2008: 13, 52-55), las amenazas a la seguridad ontol\u00f3gica producen una alienaci\u00f3n del \u201cyo\u201d, que da lugar a su vez a tensiones comparables a los sentimientos de duda, ansiedad, verg\u00fcenza o remordimiento en los seres humanos. Esto explica que un Estado pueda llegar a adoptar decisiones de pol\u00edtica exterior aparentemente irracionales frente a situaciones de incertidumbre, con el fin principal de mantener estable su propia identidad; a pesar de que eso no le reporte ning\u00fan beneficio material, o incluso llegue a suponerle un coste en t\u00e9rminos econ\u00f3micos, militares o de prestigio internacional (Mitzen, 2006: 342).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La percepci\u00f3n rusa de la ampliaci\u00f3n de la OTAN como amenaza a su seguridad ontol\u00f3gica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tanto en la presidencia de Yeltsin como en las de Putin y Medvedev, los gobernantes rusos han definido la incorporaci\u00f3n de nuevos miembros a la OTAN como una amenaza para su pa\u00eds, aunque con distintos matices en cuanto a su gravedad. Para evaluar hasta qu\u00e9 punto esta postura puede haber obedecido a necesidades cognitivas e ideacionales \u2013 preservar su \u201cidentidad del yo\u201d, es decir, su seguridad ontol\u00f3gica \u2013 y no solamente a intereses de otro tipo, vamos a explorar los principales aspectos en los que la expansi\u00f3n de la Alianza desafiar\u00eda o pondr\u00eda en cuesti\u00f3n las creencias en las que se fundamenta la autoconcepci\u00f3n de Rusia como actor internacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que precisar ante todo que, como se\u00f1ala Wendt (1992), estas identidades no son innatas ni vienen dadas de forma ex\u00f3gena por la estructura del sistema internacional, sino que son construidas socialmente mediante la interacci\u00f3n con otros actores. El sentido del \u201cyo\u201d <em>(ego) <\/em>se delimita a partir de su comparaci\u00f3n con el \u201cotro\u201d <em>(alter) <\/em>a lo largo de sucesivas percepciones mutuas, en las que el actor se ve a s\u00ed mismo no solo como lo que <em>es, <\/em>sino tambi\u00e9n como lo que <em>no es <\/em>o <em>no quiere ser<\/em>. La identidad de Rusia es el resultado, por tanto, de procesos de identificaci\u00f3n positiva o negativa, que han variado con el tiempo en funci\u00f3n de los cambios en el entorno y en su opini\u00f3n p\u00fablica (Wagnsson, 2000).<\/p>\n\n\n\n<p>Ese \u201cotro\u201d puede referirse a un actor diferente o bien al propio \u201cyo\u201d en una etapa hist\u00f3rica previa, a la que no se desee regresar. Por ejemplo, la autoconcepci\u00f3n rusa se ha construido tanto en contraposici\u00f3n a las identidades asociadas con otros actores internacionales \u2013&nbsp; \u201cEuropa\u201d, \u201cAsia\u201d, \u201cOccidente\u201d o \u201cel mundo capitalista\u201d, seg\u00fan el momento \u2013 como a aquellas \u00e9pocas anteriores de su propio pa\u00eds que eran recordadas como especialmente humillantes o traum\u00e1ticas: el atraso y aislamiento de la \u00e9poca zarista, el terror de las purgas estalinistas, la tragedia de la invasi\u00f3n nazi o la grav\u00edsima crisis econ\u00f3mica de los a\u00f1os noventa, por citar solo algunas.<\/p>\n\n\n\n<p>Como puede verse en la tabla 1, las autoconcepciones de Rusia que \u2013 desde el punto de vista de sus l\u00edderes \u2013 podr\u00edan verse m\u00e1s amenazadas por la ampliaci\u00f3n de la OTAN ser\u00edan tres: gran potencia, potencia regional y Estado fuerte. Cada una de estas identidades del <em>ego <\/em>se define en oposici\u00f3n a distintos <em>alter: <\/em>un \u201cotro\u201d extranjero, que incluye fundamentalmente a EE. UU. y las dem\u00e1s potencias occidentales, y un \u201cotro\u201d hist\u00f3rico, referido a la propia Rusia en un momento del pasado que se considera negativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tabla 1. Identidades actuales de Rusia como actor internacional<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img src=\"https:\/\/www.ugr.es\/~resi\/seguridad-rusia2.JPG\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Fuente: elaboraci\u00f3n propia<\/p>\n\n\n\n<p><em>Rusia como gran potencia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La idea de que Rusia debe gozar de un \u201cestatus de gran potencia\u201d \u2013 en ruso, <em>derzhavnost <\/em>\u2013 dentro de la sociedad internacional ha sido el eje central en torno al que se articula su pol\u00edtica exterior desde el final de la Guerra Fr\u00eda. Ya que en la literatura cient\u00edfica de relaciones internacionales no existe una \u00fanica definici\u00f3n de lo que significa ser una gran potencia, debemos detenernos brevemente en aclararlo. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Para Hedley Bull (2005: 253-256), esta categor\u00eda se correspond\u00eda con el \u201cclub\u201d de los Estados m\u00e1s fuertes e influyentes del mundo: en el momento en el que escribe \u2013 finales de los setenta \u2013, EE.UU. la URSS y posiblemente China. Sin embargo, la diferencia cuantitativa entre el arsenal nuclear de Washington o Mosc\u00fa y el de Pek\u00edn, unida al car\u00e1cter sist\u00e9mico de la relaci\u00f3n entre las dos primeras \u2013 que defin\u00eda la propia competici\u00f3n global de la bipolaridad \u2013, llev\u00f3 a la mayor\u00eda de autores a considerar a EE.UU. y la URSS como \u201csuperpotencias\u201d diferenciadas cualitativamente del resto. Las grandes potencias ocupar\u00edan un estadio inmediatamente inferior a ellas: con un poder de alcance mundial, no solo regional, pero sin la misma capacidad de definir y reconfigurar el orden internacional.<\/p>\n\n\n\n<p>El concepto m\u00e1s utilizado hoy es el que emplea Buzan (2004: 66-67), quien distingue entre superpotencias, grandes potencias y potencias regionales, por orden de mayor a menor poder. No obstante, este autor \u2013actualizando las ideas que ya hab\u00edan apuntado Bull y otros autores de la \u201cescuela inglesa\u201d de las relaciones internacionales \u2013 combina el \u00e9nfasis en las capacidades materiales propio del realismo con los elementos ideacionales que destaca el constructivismo. El estatus de gran potencia no se adquiere simplemente con alcanzar un determinado nivel de poder relativo frente a otros pa\u00edses, ya sea econ\u00f3mico, militar o de otro tipo, sino que depende adem\u00e1s de dos factores: uno relacionado con la propia identidad \u2013 percibirse a s\u00ed misma y presentarse ante los dem\u00e1s como una gran potencia \u2013 y otro social e intersubjetivo: el reconocimiento como tal por los dem\u00e1s miembros de la sociedad internacional. En palabras de Buzan (2004: 67):<\/p>\n\n\n\n<p>La clave est\u00e1 aqu\u00ed no solo en lo que los Estados dicen sobre s\u00ed mismos y sobre otros, sino tambi\u00e9n, en un sentido m\u00e1s amplio, en c\u00f3mo se comportan y c\u00f3mo ese comportamiento es tratado por otros. Un Estado puede recibir formalmente el estatus de gran potencia, pero no ser tratado como una gran potencia en los c\u00e1lculos diplom\u00e1ticos y estrat\u00e9gicos de los dem\u00e1s; una situaci\u00f3n en la que Francia, Reino Unido y Rusia se encuentran crecientemente.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta forma, aunque una \u201cidentidad del yo\u201d como la de gran potencia se encuentre firmemente asentada en la autoconcepci\u00f3n de Mosc\u00fa, la falta de reconocimiento de esa identidad por los dem\u00e1s pa\u00edses &nbsp;\u2013es decir, que en la pr\u00e1ctica de sus pol\u00edticas exteriores no tengan en cuenta a Rusia como uno de los Estados m\u00e1s poderosos en la sociedad internacional \u2013 supondr\u00eda una amenaza a su seguridad ontol\u00f3gica. Por \u201creconocimiento\u201d debe entenderse no solamente el prestar atenci\u00f3n a Rusia; sino, de forma m\u00e1s concreta, tener en cuenta las opiniones e intereses de Mosc\u00fa en las decisiones que pudieran afectarla, estableciendo al menos un di\u00e1logo que permita a los dirigentes rusos plantear sus reivindicaciones y tratar de encontrar soluciones mutuamente aceptables.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1les son, para Rusia, los s\u00edmbolos en los que se fundamenta esa identidad, y sin los cuales esta entrar\u00eda en crisis? En primer lugar, los l\u00edderes rusos asocian el estatus de su pa\u00eds con la polaridad del sistema internacional, desde una \u00f3ptica que nuevamente nos remite al enfoque realista. Una vez desaparecida la URSS y con ella su papel de superpotencia \u2013 ahora ejercido en solitario por EE.UU. \u2013, Mosc\u00fa no interpret\u00f3 su declive como actor global como un resultado inevitable de su propia crisis interna, tras la implantaci\u00f3n del capitalismo. Por el contrario, el argumento del Kremlin es que se trat\u00f3 tambi\u00e9n de un proceso impulsado desde el exterior: Washington habr\u00eda contribuido de forma deliberada a debilitar a su antiguo adversario, con el fin de establecer una hegemon\u00eda indiscutida sobre el conjunto del sistema internacional.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, en la perspectiva rusa, la expansi\u00f3n<a href=\"#_ftn3\">[3]<\/a> de la OTAN hacia sus fronteras habr\u00eda sido, precisamente, una maniobra dirigida a impedirle volver a ser en el futuro un actor influyente en Europa; olvidando con ello las garant\u00edas informales que se dieron a Gorbachov durante las negociaciones de 1990 sobre la reunificaci\u00f3n alemana, en las que EE.UU. le asegur\u00f3 que no se producir\u00edan ampliaciones de la Alianza. Este recuerdo de la \u201cruptura de una promesa\u201d \u2013 cuya veracidad ha sido corroborada por los \u00faltimos estudios (Shifrinson, 2016), por lo que no se tratar\u00eda solo de un argumento propagand\u00edstico del Kremlin \u2013 ha sido empleado recurrentemente por las \u00e9lites rusas para justificar su percepci\u00f3n de la OTAN como amenaza.<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo la misma l\u00f3gica, Rusia no solo ten\u00eda que aumentar sus propias capacidades si quer\u00eda recuperar su papel de potencia influyente en el mundo, sino tambi\u00e9n \u2013 al estar fuera de su alcance volver a una competici\u00f3n bipolar con EE.UU. \u2013 contribuir a la emergencia de distintos centros de poder que rompieran con la hegemon\u00eda estadounidense, transformando la unipolaridad en multipolaridad. As\u00ed, durante la presidencia de Putin se ha mantenido la estrategia adoptada en los \u00faltimos a\u00f1os de Yeltsin \u2013la llamada \u201cdoctrina Primakov\u201d, por el ministro de Exteriores y despu\u00e9s primer ministro Yevgeni Primakov\u2013 con el objetivo de recuperar y consolidar el papel de Rusia como gran potencia (Tsygankov, 2016: 97-103; Gunitsky, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, los resultados a d\u00eda de hoy siguen siendo limitados. Por una parte, Rusia ha asumido plenamente la identidad de potencia mundial, y parece contar de nuevo con las capacidades necesarias para sostenerla: tanto de \u201cpoder duro\u201d \u2013 gracias a su recuperaci\u00f3n econ\u00f3mica y a la modernizaci\u00f3n de sus fuerzas armadas, que le permiten intervenir en conflictos m\u00e1s all\u00e1 de su periferia, como el de Siria \u2013 como de \u201cpoder blando\u201d, mediante el despliegue de campa\u00f1as que van desde la mera diplomacia p\u00fablica a la (des)informaci\u00f3n y la propaganda, para difundir la imagen que desea proyectar al resto del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, el reconocimiento por otros de esa identidad parece a\u00fan incompleto: ni siquiera la llegada al poder de Trump \u2013 pese a algunos gestos de simpat\u00eda personal hacia Putin, m\u00e1s espont\u00e1neos que fruto de una decisi\u00f3n meditada (Morales, 2017) \u2013 se ha traducido en una actitud m\u00e1s receptiva de EE.UU. a compartir el poder en el marco de un orden multipolar. Por el contrario, Washington se muestra nuevamente unilateralista y reacio a coordinar sus posiciones hasta con sus aliados tradicionales; mucho m\u00e1s con Mosc\u00fa, con quien le siguen separando importantes diferencias. Las amenazas de Trump a Ir\u00e1n, el suministro de armamento a Ucrania o la renovaci\u00f3n de las sanciones contra Rusia no indican ninguna consideraci\u00f3n o respeto especial hacia esta \u00faltima, sino todo lo contrario: la creencia de que EE.UU. no tiene por qu\u00e9 modificar sus pol\u00edticas para adaptarse a las preferencias rusas, y que estas pueden doblegarse mediante la coerci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En segundo lugar, como consecuencia de lo anterior, Rusia asocia su autoconcepci\u00f3n como gran potencia al derecho a ser escuchada en todas las decisiones de pol\u00edtica internacional que afecten a sus intereses. Esto implica tanto la participaci\u00f3n en los foros donde se decide sobre los grandes problemas globales \u2013 ante todo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas \u2013 como la negociaci\u00f3n bilateral con otros pa\u00edses. Tambi\u00e9n en este aspecto la ampliaci\u00f3n de la OTAN ha puesto en cuesti\u00f3n la <em>derzhavnost <\/em>de Rusia: al proseguir con su \u201cpol\u00edtica de puertas abiertas\u201d, incorporando a las rep\u00fablicas b\u00e1lticas y prometiendo un futuro ingreso a Georgia y Ucrania, la Alianza demostraba con las palabras \u2013\u201cning\u00fan pa\u00eds tercero tiene voz en esas deliberaciones [sobre la ampliaci\u00f3n]\u201d (NATO, 2018) \u2013 y con los hechos que no solo no ten\u00eda en cuenta los intereses rusos, sino que ni siquiera consideraba que Mosc\u00fa tuviera derecho a plantearle sus reivindicaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Una situaci\u00f3n, en suma, que amenaza directamente la seguridad ontol\u00f3gica de Rusia, al revelar una contradicci\u00f3n entre la identidad asumida por ella y el trato recibido de otras potencias. Como se\u00f1alan Larson y Shevchenko (2014), esa sensaci\u00f3n rusa de verse aislada y excluida por las potencias occidentales en lugar de ser tratada como una igual ha dado lugar a sentimientos como la ira o el deseo de venganza, que pueden explicarse como una reacci\u00f3n psicol\u00f3gica a la disonancia entre el estatus deseado y el que los dem\u00e1s est\u00e1n dispuestos a reconocerle.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Rusia como potencia regional<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La <em>derzhavnost <\/em>se asocia tambi\u00e9n, para los gobernantes rusos, con el mantenimiento de su tradicional preponderancia en el espacio postsovi\u00e9tico: Rusia no llegar\u00eda a ser reconocida como gran potencia global si no es, al mismo tiempo, una potencia regional. En este sentido, la ampliaci\u00f3n de la OTAN es percibida por Mosc\u00fa en los mismos t\u00e9rminos que las zonas de influencia establecidas <em>de facto<\/em> en Europa durante la Guerra Fr\u00eda: la Alianza continuar\u00eda siendo un bloque monol\u00edtico liderado por EE.UU., con las pol\u00edticas exteriores de sus nuevos miembros convertidas en mera prolongaci\u00f3n de las de Washington. Por su parte \u2013 como ha quedado constatado en Georgia o Ucrania \u2013, Rusia sigue atribuy\u00e9ndose una suerte de \u201cderecho de veto\u201d sobre las decisiones de los pa\u00edses de su periferia; un intervencionismo que parece heredado de la \u201cdoctrina Brezhnev\u201d de soberan\u00eda limitada, aplicada por la URSS para impedir cualquier acercamiento a Occidente de los miembros del bloque socialista.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, pese a que su b\u00fasqueda de seguridad ontol\u00f3gica siga a\u00fan impulsando a Rusia a preservar un \u00e1rea de influencia propia, la definici\u00f3n de esta \u00faltima ha evolucionado progresivamente a lo largo de las \u00faltimas dos d\u00e9cadas. En cuanto a su delimitaci\u00f3n geogr\u00e1fica, la importancia que concede Mosc\u00fa a los antiguos miembros de la URSS y del Pacto de Varsovia ya no es igual en todos los casos: por ejemplo, la entrada en la OTAN de siete pa\u00edses de Europa Oriental \u2013incluyendo las exsovi\u00e9ticas Estonia, Letonia y Lituania\u2013 en 2004, ya con Putin en el poder, no fue impedida mediante una intervenci\u00f3n militar como las que s\u00ed se realizaron despu\u00e9s en Georgia o Ucrania.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de los motivos hist\u00f3ricos y culturales que hacen las independencias de los b\u00e1lticos m\u00e1s asumibles para Mosc\u00fa que la de Ucrania \u2013considerada a\u00fan por ellos como una naci\u00f3n vinculada a la rusa\u2013, esa diferente reacci\u00f3n se explica tambi\u00e9n por la actitud de la propia Alianza. Previamente a la ampliaci\u00f3n de 2004, se ofreci\u00f3 a Rusia un nuevo marco de relaci\u00f3n con el objetivo expreso de mitigar sus temores: el Consejo OTAN-Rusia, en el que se afirmaba que ambas partes \u201ctrabajar\u00edan como socios iguales en \u00e1reas de inter\u00e9s com\u00fan\u201d (NATO, 2002). Al situar a Rusia en una posici\u00f3n discursiva de igualdad con la Alianza, se salvaguardaba la percepci\u00f3n rusa de s\u00ed misma como potencia; cosa que ya no ha ocurrido en fechas m\u00e1s recientes, en las que se ha tendido a subestimar la importancia de estas cuestiones simb\u00f3licas para las percepciones de amenaza de Mosc\u00fa. Como ha expresado acertadamente Sakwa (2015: 4), la ampliaci\u00f3n de la OTAN plante\u00f3 un dilema de seguridad a Rusia, ante el que esta reaccion\u00f3 adoptando una estrategia m\u00e1s agresiva e intervencionista; lo cual convirti\u00f3 en realidad \u2013a modo de \u201cprofec\u00eda autocumplida\u201d \u2013los mismos temores de la Alianza que le hab\u00edan llevado inicialmente a expandirse hacia el este.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Rusia como Estado fuerte<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A diferencia de las anteriores, la identidad estatista no se refiere a la presencia de Rusia en el exterior, sino a su capacidad de defenderse a s\u00ed misma frente a las influencias extranjeras; especialmente aquellas que son entendidas como injerencias de Occidente con la finalidad de subvertir el r\u00e9gimen pol\u00edtico, como habr\u00eda ocurrido \u2013en la perspectiva rusa \u2013 con las \u201crevoluciones de colores\u201d de Georgia en 2003 o Ucrania en 2004. La reconstrucci\u00f3n de un \u201cEstado fuerte\u201d ha sido la prioridad de Putin en pol\u00edtica interna, acabando con la dependencia de la cooperaci\u00f3n con EE.UU. que hab\u00eda predominado en gran parte de la etapa anterior, al menos hasta la guerra de Kosovo. La traslaci\u00f3n ideol\u00f3gica de este objetivo ha sido el concepto de \u201cdemocracia soberana\u201d \u2013 desarrollado por Vladislav Surkov, asesor de Putin \u2013 que se resume en la negativa a aceptar las cr\u00edticas occidentales a la ausencia de un verdadero sistema democr\u00e1tico en Rusia, trat\u00e1ndolas como una amenaza a su soberan\u00eda (Lipman, 2006).<\/p>\n\n\n\n<p>La ampliaci\u00f3n de la OTAN cuestionar\u00eda esta identidad solo en la medida en que provocase una p\u00e9rdida de soberan\u00eda de Rusia, o facilitase de alg\u00fan modo la interferencia de los aliados en sus asuntos internos. Esto no parece probable, ya que la aproximaci\u00f3n de los pa\u00edses de su periferia a la Alianza dif\u00edcilmente privar\u00eda al Kremlin del control sobre su territorio. De hecho, el pasado negativo que se desea superar \u2013la incapacidad de Yeltsin para mostrar una posici\u00f3n firme y asertiva ante Occidente\u2013 se deb\u00eda m\u00e1s a la debilidad personal y pol\u00edtica del entonces presidente, y a la crisis econ\u00f3mica que atravesaba el pa\u00eds, que a factores externos.<\/p>\n\n\n\n<p>El principal impacto en el r\u00e9gimen de Putin ser\u00eda indirecto. Al comprometer toda su credibilidad en la defensa frente a las amenazas exteriores, en lugar de legitimarse mediante otros mecanismos \u2013como unas elecciones en las que todos los candidatos tuvieran las mismas oportunidades; o bien, el \u00e9xito de sus reformas internas y la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos\u2013, su popularidad pasa a depender en exceso de la evoluci\u00f3n de los acontecimientos fuera de sus fronteras. Por tanto, cambios imprevistos que <em>a priori <\/em>no tendr\u00edan que afectar a la estabilidad interna de Rusia \u2013como el giro prooccidental en Ucrania a comienzos de 2014, y la posibilidad de que esta acabase ingresando en la OTAN\u2013 situar\u00edan a Putin en una posici\u00f3n vulnerable ante su propia opini\u00f3n p\u00fablica, al romper con su imagen de \u201cl\u00edder fuerte\u201d y revelar su impotencia para mantener a Kiev dentro de la \u00f3rbita rusa.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta percepci\u00f3n de amenaza a su identidad podr\u00eda contribuir a explicar la respuesta desproporcionada de Mosc\u00fa a estos acontecimientos, con la anexi\u00f3n de Crimea y la intervenci\u00f3n encubierta en el Donbass como intentos de mantener su credibilidad ante la ciudadan\u00eda rusa. Por otra parte, como apunta Mitzen (2006: 343), la necesidad de seguridad ontol\u00f3gica de un Estado contribuye a explicar la permanencia de los conflictos \u201ccongelados\u201d o aparentemente imposibles de solucionar. El enfrentamiento con la OTAN y el recurso al uso de la fuerza en su periferia, como mecanismos rutinarios e hist\u00f3ricamente familiares para Rusia en sus relaciones internacionales, le habr\u00edan permitido mantener la consistencia de su \u201cidentidad del yo\u201d ante una situaci\u00f3n imprevista, como el triunfo del Euromaid\u00e1n; incluso aunque esa decisi\u00f3n le haya generado problemas innecesarios con otras potencias y llegado a da\u00f1ar sus propios intereses materiales, como ha ocurrido como resultado de las sanciones (Freire, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Conclusiones<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El concepto de seguridad ontol\u00f3gica sirve como complemento a las limitaciones de otros enfoques te\u00f3ricos a la hora de comprender las motivaciones que orientan el comportamiento de Rusia en sus relaciones con la OTAN. Frente a las explicaciones basadas en la personalidad del l\u00edder, el tipo de r\u00e9gimen o la estructura an\u00e1rquica del sistema internacional, encontramos que la necesidad de seguridad ontol\u00f3gica \u2013mantener estable la propia identidad, recurriendo a soluciones rutinarias y familiares ante cambios inesperados en el entorno\u2013 ha llevado a Mosc\u00fa a reaccionar de forma desproporcionada a la ampliaci\u00f3n de la Alianza.<\/p>\n\n\n\n<p>La definici\u00f3n de la OTAN como una amenaza a la seguridad de Rusia no ha partido de una evaluaci\u00f3n objetiva del peligro que esta supondr\u00eda para su seguridad f\u00edsica; sino de una percepci\u00f3n subjetiva en la que entran en juego las identidades de Mosc\u00fa como actor internacional. Como hemos visto, las ideas en las que se fundamentan estas identidades entran en contradicci\u00f3n con algunas de las consecuencias de la ampliaci\u00f3n de la Alianza, lo que genera en el Kremlin una reacci\u00f3n psicol\u00f3gica de disonancia cognitiva, al no coincidir su autopercepci\u00f3n con el trato que recibe de dicha organizaci\u00f3n. Esta preocupaci\u00f3n rusa por su estatus da lugar, a su vez, a sentimientos como la humillaci\u00f3n, el aislamiento o el deseo de venganza, que explicar\u00edan reacciones aparentemente irracionales en momentos en los que se siente ignorada por Occidente.<\/p>\n\n\n\n<p>Al securitizar la ampliaci\u00f3n de la OTAN, Rusia no est\u00e1 defendiendo su seguridad f\u00edsica \u2013que no se encuentra realmente amenazada, ya que los pa\u00edses aliados no tienen intenciones de atacarla\u2013, sino su seguridad ontol\u00f3gica: su percepci\u00f3n de s\u00ed misma como una gran potencia mundial, potencia regional en su vecindario y un Estado fuerte en el \u00e1mbito interno. No obstante, pese a que cuenten con una elevada continuidad en el tiempo, estas identidades no son constantes hist\u00f3ricas, sino que pueden evolucionar gradualmente para adaptarse a los cambios en el entorno. Esta adaptaci\u00f3n solo es factible cuando las circunstancias que la motivan no son percibidas por Rusia como una negaci\u00f3n directa de su concepci\u00f3n de s\u00ed misma, sino como una serie de cambios incrementales que le permitan reconstruir y reinterpretar poco a poco sus propias identidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, en el plano de la reflexi\u00f3n metate\u00f3rica, debe se\u00f1alarse como una de las principales limitaciones de este concepto la personificaci\u00f3n del Estado como un \u201cactor\u201d con identidad propia y conciencia de s\u00ed mismo, sin detenerse a problematizar esa supuesta existencia ontol\u00f3gica (Wendt, 2004). No obstante, esta ficci\u00f3n sigue siendo de gran utilidad como met\u00e1fora de las interacciones entre las distintas sociedades humanas, a las que podemos atribuir sentimientos e identidades colectivas que trascienden las preferencias de sus miembros individuales, incluso de los propios l\u00edderes.<\/p>\n\n\n\n<p>Nota sobre el autor:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Javier Morales<\/em><\/strong><em> es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Madrid, y codirector del Grupo de Estudios de Europa y Eurasia (GEurasia).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Black, J. L. (2000), <em>Russia Faces NATO Expansion: Bearing Gifts or Bearing Arms?,<\/em> Lanham, Rowman &amp; Littlefield.<\/p>\n\n\n\n<p>Bull, Hedley (2005), <em>La sociedad an\u00e1rquica: un estudio sobre el orden en la pol\u00edtica mundial,<\/em> Madrid: Los Libros de la Catarata.<\/p>\n\n\n\n<p>Buzan, Barry (1991), <em>People, States and Fear: An Agenda for International Security Studies in the Post-Cold War Era,<\/em> 2\u00aa edici\u00f3n, Boulder: Lynne Rienner.<\/p>\n\n\n\n<ul><li>(2004), <em>The United States and the Great Powers: World Politics in the Twenty-First Century, <\/em>Cambridge: Polity Press.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Buzan, Barry, W\u00e6ver, Ole &amp; De Wilde, Jaap (1998), <em>Security: A New Framework for Analysis,<\/em> Boulder \/ London: Lynne Rienner.<\/p>\n\n\n\n<p>Freire, Maria Raquel (2018), \u201cThe Quest for Status: How the Interplay of Power, Ideas, and Regime Security Shapes Russia\u2019s Policy in the Post\u2011Soviet Space\u201d, <em>International Politics, <\/em>prepublicado (Online First) el 27 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Giddens, Anthony (1991), <em>Modernity and Self-Identity,<\/em> Palo Alto: Stanford University Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Gunitsky, Seva (2018), \u201cOne Word to Improve U.S. Russia Policy\u201d, <em>The New Republic,<\/em> 27 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Gunitsky, Seva &amp; Tsygankov, Andrei P. (2018), \u201cThe Wilsonian Bias in the Study of Russian Foreign Policy\u201d, <em>Problems of Post-Communism,<\/em> prepublicado (Online First) el 31 de mayo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hansen, Lene (2006), <em>Security as Practice: Discourse Analysis and the Bosnian War,<\/em> Abingdon: Routledge.<\/p>\n\n\n\n<p>Hess, Maximilian &amp; Pigman, Lincoln (2018), \u201cFor Navalny, Foreign and Domestic Policy Are One\u201d, <em>Carnegie.ru Commentary,<\/em> 21 de mayo: <a href=\"https:\/\/carnegie.ru\/commentary\/76403\">https:\/\/carnegie.ru\/commentary\/76403<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Kile, Shannon N. &amp; Kristensen, Hans M. (2017), \u201cTrends in World Nuclear Forces, 2017\u201d, <em>SIPRI Fact Sheet,<\/em> July: <a href=\"https:\/\/www.sipri.org\/sites\/default\/files\/2017-06\/fs_1707_wnf.pdf\">https:\/\/www.sipri.org\/sites\/default\/files\/2017-06\/fs_1707_wnf.pdf<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Kotkin, Stephen (2016), \u201cRussia\u2019s Perpetual Geopolitics: Putin Returns to the Historical Pattern\u201d, <em>Foreign Affairs,<\/em> May\/June, pp. 2-9.<\/p>\n\n\n\n<p>Larson, Deborah Welch &amp; Shevchenko, Alexei (2014), \u201cRussia Says No: Power, Status, and Emotions in Foreign Policy\u201d, <em>Communist and Post-Communist Studies, <\/em>Vol. 47, Nos. 3-4, pp. 269-279.<\/p>\n\n\n\n<p>Lipman, Maria (2006), \u201cPutin\u2019s \u2018Sovereign Democracy\u2019\u201d, <em>The Washington Post,<\/em> 15 de julio.<\/p>\n\n\n\n<p>Lukyanov, Fyodor (2016), \u201cPutin\u2019s Foreign Policy: The Quest to Restore Russia\u2019s Rightful Place\u201d, <em>Foreign Affairs,<\/em> May\/June, pp. 30-37.<\/p>\n\n\n\n<p>McSweeney, Bill (1999), <em>Security, Identity and Interests: A Sociology of International Relations,<\/em> Cambridge: Cambridge University Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Mearsheimer, John J. (2014), \u201cWhy the Ukraine Crisis Is the West\u2019s Fault: The Liberal Delusions That Provoked Putin\u201d, <em>Foreign Affairs,<\/em> September\/October.<\/p>\n\n\n\n<p>Morales Hern\u00e1ndez, Javier (2017), \u201cPerspectivas de las relaciones EE.UU.-Rusia en la Administraci\u00f3n Trump\u201d, <em>Tribuna Norteamericana,<\/em> No. 24, pp. 44-49,<\/p>\n\n\n\n<ul><li>(2018), \u201cRusia en el an\u00e1lisis geopol\u00edtico occidental: entre Mackinder y Kennan\u201d, <em>Documento de Opini\u00f3n del IEEE,<\/em> 13\/2018.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Mitzen, Jennifer (2006), \u201cOntological Security in World Politics: State Identity and the Security Dilemma\u201d, <em>European Journal of International Relations,<\/em> Vol. 12, No. 3, pp. 341-370.<\/p>\n\n\n\n<p>National Security Concept of the Russian Federation (2000), 10 de enero: <a href=\"http:\/\/www.mid.ru\/en\/foreign_policy\/official_documents\/-\/asset_publisher\/CptICkB6BZ29\/content\/id\/589768\">http:\/\/www.mid.ru\/en\/foreign_policy\/official_documents\/-\/asset_publisher\/CptICkB6BZ29\/content\/id\/589768<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>NATO (2002), \u201cNATO-Russia Council: Rome Summit 2002\u201d: <a href=\"https:\/\/www.nato.int\/docu\/comm\/2002\/0205-rome\/rome-eng.pdf\">https:\/\/www.nato.int\/docu\/comm\/2002\/0205-rome\/rome-eng.pdf<\/a><\/p>\n\n\n\n<ul><li>(2018), \u201cEnlargement\u201d, 9 de marzo: <a href=\"https:\/\/www.nato.int\/cps\/ie\/natohq\/topics_49212.htm\">https:\/\/www.nato.int\/cps\/ie\/natohq\/topics_49212.htm<\/a><\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Owen, John M. (1994), \u201cHow Liberalism Produces Democratic Peace\u201d, <em>International Security,<\/em> Vol. 19, No. 2., pp. 87-125.<\/p>\n\n\n\n<p>Sakwa, Richard (2015), <em>Frontline Ukraine: Crisis in the Borderlands,<\/em> London: I. B. Tauris.<\/p>\n\n\n\n<p>Shifrinson, Joshua R. Itzkowitz (2016), \u201cDeal or No Deal? The End of the Cold War and the U.S. Offer to Limit NATO Expansion\u201d, <em>International Security,<\/em> Vol. 40, No. 4, pp. 7-44.<\/p>\n\n\n\n<p>Steele, Brent J. (2008), <em>Ontological Security in International Relations: Self-Identity and the IR State, <\/em>Abingdon: Routledge.<\/p>\n\n\n\n<p>Strategia natsionalnoi bezopasnosti Rossiiskoi Federatsii do 2020 goda <a href=\"2009\">Estrategia de Seguridad Nacional de la Federaci\u00f3n Rusa hasta 2020<\/a>, 13 de mayo: <a href=\"http:\/\/kremlin.ru\/supplement\/424\">http:\/\/kremlin.ru\/supplement\/424<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tsygankov, Andrei P. (2016), <em>Russia\u2019s Foreign Policy: Change and Continuity in National Identity,<\/em> 4\u00aa edici\u00f3n, Lanham: Rowman &amp; Littlefield.<\/p>\n\n\n\n<p>Verdes-Montenegro Esc\u00e1nez, Francisco J. (2015), \u201cSecuritizaci\u00f3n: agendas de investigaci\u00f3n abiertas para el estudio de la seguridad\u201d, <em>Relaciones Internacionales,<\/em> No. 29, pp. 111-131.<\/p>\n\n\n\n<p>Wagnsson, Charlotte (2000), \u201cTerritoriality and Threat Perceptions: Russian Identities in the Making\u201d, en Aggestam, Lisbeth &amp; Hyde-Price, Adrian (Eds.), <em>Security and Identity in Europe: Exploring the New Agenda,<\/em> Basingstoke: Macmillan, pp. 173-192.<\/p>\n\n\n\n<p>W\u00e6ver, Ole (1995), \u201cSecuritization and Desecuritization\u201d, en Lipschutz, Ronnie (Ed.), <em>On Security,<\/em> New York: Columbia University Press, pp. 46-86.<\/p>\n\n\n\n<p>Walt, Stephen M. (2014), \u201cNo Hawks Here\u201d, <em>Foreign Policy, <\/em>17 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Waltz, Kenneth N. (1979), <em>Theory of International Politics,<\/em> New York: Addison-Wesley.<\/p>\n\n\n\n<p>Wendt, Alexander (1992), \u201cAnarchy is What States Make of It: The Social Construction of Power Politics\u201d, <em>International Organization,<\/em> Vol. 46, No. 2, pp. 391-425.<\/p>\n\n\n\n<ul><li>(1999), <em>Social Theory of International Politics,<\/em> Cambridge: Cambridge University Press.<\/li><li>(2004), \u201cThe State as Person in International Theory\u201d, <em>Review of International Studies,<\/em> Vol. 30, No. 2, pp. 289-316.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> Un ejemplo de ello es Alexei Navalni, principal l\u00edder de la oposici\u00f3n extraparlamentaria a Putin. Aunque sus propuestas presentan el desarrollo del pa\u00eds como objetivo prioritario, criticando el gasto que suponen los despliegues militares en el exterior, tampoco considera que Rusia deba renunciar por completo a intervenir en su periferia. Por ejemplo, \u00e9l mismo apoy\u00f3 la guerra con Georgia en 2008, incluyendo el reconocimiento de las independencias de Osetia del Sur y Abjasia (Hess &amp; Pigman, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> El sector social <em>(societal sector) <\/em>de la seguridad parecer\u00eda guardar ciertas similitudes con la seguridad ontol\u00f3gica, ya que engloba las amenazas contra la identidad propia de cada una de las colectividades humanas: naciones, etnias, religiones, tribus, etc. (Buzan, W\u00e6ver &amp; De Wilde, 1998: 123). Sin embargo, la autoconcepci\u00f3n o \u201cidentidad del yo\u201d vinculada a la seguridad ontol\u00f3gica se refiere al Estado en su conjunto, como miembro de una sociedad internacional en la que se relaciona con otros actores estatales y no estatales. Aunque esta \u00faltima identidad tambi\u00e9n puede incluir caracter\u00edsticas de un grupo \u00e9tnico o religioso, o incluso definirse exclusivamente por ellas \u2013&nbsp; \u201cnuestro pa\u00eds es la patria de los descendientes de\u2026 \/ de los creyentes en\u2026 \/ de los hablantes del\u2026\u201d \u2013, se diferencia del sector social de la seguridad en que su referente es el Estado como entidad jur\u00eddico-pol\u00edtica, dotado de soberan\u00eda y capacitado para ejercer como actor en las relaciones internacionales; no su poblaci\u00f3n o una parte de esta.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a> Como destaca Black (2000: 1), en ruso se suele traducir <em>enlargement <\/em>\u2014de la OTAN o de la UE\u2014 como <em>rasshirenie,<\/em> m\u00e1s pr\u00f3ximo a \u201cexpansi\u00f3n\u201d que al significado m\u00e1s neutro de \u201campliaci\u00f3n\u201d.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JAVIER MORALES HERN\u00c1NDEZ Universidad Europea de Madrid, Espa\u00f1a T\u00edtulo:&nbsp;Ontological Security and Threat Perceptions: Russia vis-\u00e0-vis NATO Enlargement Resumen: Rusia considera la aproximaci\u00f3n o integraci\u00f3n en la OTAN de otros pa\u00edses de Europa Central y Oriental o el C\u00e1ucaso como una amenaza directa, pese a que no supone ning\u00fan peligro para su propia soberan\u00eda e integridad&hellip;&nbsp;<a href=\"https:\/\/seguridadinternacional.es\/resi\/html\/seguridad-ontologica-y-percepciones-de-amenaza-rusia-ante-la-ampliacion-de-la-otan\/\" class=\"\" rel=\"bookmark\">Leer m\u00e1s &raquo;<span class=\"screen-reader-text\">Seguridad ontol\u00f3gica y percepciones de amenaza: Rusia ante la ampliaci\u00f3n de la OTAN<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"neve_meta_sidebar":"full-width","neve_meta_container":"","neve_meta_enable_content_width":"on","neve_meta_content_width":100,"neve_meta_title_alignment":"","neve_meta_author_avatar":"","neve_post_elements_order":"","neve_meta_disable_header":"","neve_meta_disable_footer":"","neve_meta_disable_title":""},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v15.2.1 - 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