La Guardia de la Revolución Islámica Iraní: análisis de su naturaleza, poder y cometidos

JAVIER Mª RUIZ ARÉVALO

Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército de Tierra, España

Title: The Iranian Revolutionary Guard: Analisys of its Nature, Power and Tasks

Resumen: Fundado tras el triunfo de la Revolución Islámica, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán ha evolucionado mucho más allá de sus fundamentos originarios como guardia ideológica del naciente régimen revolucionario. Hoy, funciona como un conglomerado sociopolítico-económico, cuya influencia se extiende a todos los ámbitos de la vida iraní. Sus miembros han articulado una visión propia de la República Islámica que se sienten comprometidos a defender, convirtiéndose en garantes de la pureza ideológica del régimen cuyo líder supremo descansa en su apoyo, al tiempo que depende cada vez más de él para subsistir.

Palabras clave: Oriente Medio, Irán, Guardia de la Revolución Islámica, Basij, Revolución Islámica, Presidente Rojaní.

Abstract: Founded after the triumph of the Islamic Revolution, the Corps of the Islamic Revolutionary Guard of Iran has evolved far beyond its original foundations as an ideological guardian of the nascent revolutionary regime. Today, it functions as a socio-political-economic conglomerate, whose influence extends to all areas of Iranian life. Its members have articulated a vision of the Islamic Republic that they feel committed to defending, becoming guarantors of the ideological purity of the regime whose supreme leader rests on its support, while increasingly depending on it to survive.

Keywords: Middle East, Iran, Islamic Revolutionary Guard, Basij, Islamic Revolution, President Rouhani.

Recibido: 24 de julio de 2020. Aceptado: 16 de septiembre de 2020.

Para citar este artículo/To cite this article: Javier Mª Ruiz Arévalo, <<La Guardia de la Revolución Islámica Iraní: análisis de su naturaleza, poder y cometidos>>, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 7, No. 1, (2021), pp. 125-146. DOI: http://dx.doi.org/10.18847/1.13.9

Introducción

Fundado por un decreto del ayatolá Jomeini poco después de la victoria de la Revolución Islámica de 1978-1979, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (GRI) ha evolucionado mucho más allá de sus fundamentos originarios como guardia ideológica del naciente régimen revolucionario. Hoy, funciona como un conglomerado sociopolítico-económico, cuya influencia se extiende a todos los ámbitos de la vida iraní y ha articulado una visión propia de la República Islámica que, según su propia visión, es un reflejo fiel de los ideales de la revolución. La presencia de la GRI es particularmente poderosa en el sistema político altamente fraccionado de Irán, en el que muchos cargos públicos de todos los niveles provienen de sus filas.

Al margen del ámbito político, la GRI supervisa un sólido conglomerado de medios de comunicación, actividades de formación y programas educativos diseñados para reforzar la lealtad al régimen, formar militarmente a los iraníes y pulir su propia credibilidad institucional. En el ámbito económico, controla industrias estratégicas y servicios comerciales, junto con actividades ilícitas relacionadas con el contrabando y el mercado negro (Wehrey et al. 2009: 1).

Estas características abogan por un nuevo examen de la GRI, menos como una entidad militar tradicional y más como un poderoso actor transversal. El presente artículo trata de responder dos cuestiones básicas sobre esta organización: cuál es su naturaleza y qué papel juega dentro del régimen iraní. En la actualidad, la GRI presenta una naturaleza difícil de precisar, en la que se combinan elementos de una organización militar y de un servicio de inteligencia. Esta combinación no resulta inusual. Lo que sí es menos habitual es que amplíe sus cometidos a campos como la seguridad interior, la enseñanza, los servicios sociales o la comunicación.

Adicionalmente, cabe preguntarse si la GRI es realmente un Estado dentro del Estado, fuera del control efectivo del gobierno iraní. O si, por el contrario, es precisamente una herramienta de ese mismo gobierno destinada a ejercer un control efectivo sobre la sociedad.

Para comprender la naturaleza de la Guardia y su papel en el régimen iraní es preciso analizar previamente el pensamiento estratégico iraní y la doctrina militar que de él deriva, para entender qué amenazas se pretende combatir, con qué medios y de qué forma.

El pensamiento estratégico iraní

La naturaleza ideológica de su régimen obliga a distinguir entre la “seguridad nacional” y la “seguridad del régimen”, en términos de supervivencia del mismo. Son dos aspectos diferentes, que pueden entrar en conflicto, y que conforman conjuntamente la política exterior y de defensa iraní (Toscano, 2011: 2-9).

La esencia nacional de Irán

Su pasado imperial y el peso de la cultura persa hacen que Irán considere que debe jugar un papel protagonista en su región, patrocinando grupos culturalmente próximos de países como Siria, Irak o Afganistán. A pesar de que Irán en ningún momento ha pretendido traducir en conquistas territoriales este «imperialismo cultural», sus vecinos temen que pueda servir de excusa para una intervención en sus asuntos internos. Irán tampoco olvida su papel como líder del mundo chiita, que le hace sentirse responsable de proporcionar cierta protección a las minorías chiíes existentes fuera de sus fronteras (Gohel, 2010; Keddie, 2006: 36).

La identidad nacional y religiosa son los pilares tradicionales de la conciencia nacional iraní y tienen su reflejo en la visión geopolítica de Irán, cuyas relaciones internacionales vienen condicionadas por el difícil equilibrio entre las prioridades ideológicas y las necesidades geoestratégicas. En caso de conflicto, Irán da absoluta preferencia a garantizar su seguridad frente a la defensa de sus valores ideológicos. En el ámbito interno, la prioridad se invierte: el credo chiita constituye el principal factor aglutinador de la sociedad iraní y la razón de ser de propio régimen, lo que explica sus esfuerzos por velar por la prevalencia de los valores islámicos en todos los órdenes de la vida.

La visión geoestratégica de Irán

Irán basa su seguridad en la capacidad de garantizar la supervivencia del Estado, su integridad territorial y la autonomía política. Su concepto de seguridad incluye preservar su ideología y su fe, pilares en los que se basa el sistema en su conjunto (Toscano, 2011: 2). La primera prioridad es garantizar la perpetuación de la República Islámica. La defensa de minorías chiitas o los presuntos anhelos imperialistas constituyen, a lo sumo, factores secundarios en la conformación de la acción exterior iraní (ICG, 2018).

La guerra con Irak (1980-1988) resultó decisiva en la conformación del pensamiento estratégico iraní. En ella, Irán resultó superado por Irak, que recibió el apoyo de Occidente y la mayor parte del mundo árabe. Esta experiencia ha creado en los estrategas iraníes una percepción de cerco internacional que condiciona en gran parte sus concepciones. Posteriormente, la irrupción de fuerzas estadounidenses en Irak, Afganistán y Siria, ha exacerbado este temor al cerco estratégico (ICG, 2018), que se ha acentuado por la amenaza interna que suponen las «revoluciones de color», basadas en la desobediencia civil y otros medios no violentos (Golkar, 2020: 3).

La doctrina militar iraní está diseñada para enfrentarse a un ejército superior, con una gran sensibilidad a las bajas propias, tratando de compensar esa inferioridad militar mediante el desarrollo de capacidades militares asimétricas y aumentando su profundidad estratégica. Además, recurre a una red de socios que le permite protegerse contra amenazas externas, llevando la guerra más allá de sus fronteras, sin empeñarse directamente (Milani, 2006: 236). Así, ante la sensación de cerco estratégico, Irán adopta una postura expansiva. A ello se une el convencimiento de que Irán debe jugar un papel protagonista en el marco regional, del que deben quedar excluidos actores ajenos al mismo. Estas son las dos líneas fundamentales del pensamiento estratégico iraní. Pero la percepción de sus vecinos es diferente: le consideran un Estado agresivo, empeñado en lograr la hegemonía regional y exportar su revolución (ICG, 2018; IISS, 2019).

La amenaza interna

La ofensiva de las minifaldas

La cultura occidental supone una amenaza existencial para el régimen. Una sociedad secularizada e impregnada de valores occidentales acabaría con la autoridad de los ayatolás, amenazando irremisiblemente la supervivencia del régimen. En palabras del ayatolá Jamenei:

Más de lo que los enemigos de Irán necesitan artillería, armas, etc., necesitan difundir los valores culturales que conducen a la corrupción moral. Lo han dicho muchas veces. Hace poco leí en las noticias que un funcionario de alto rango en un importante centro político estadounidense dijo: «En lugar de bombas, envíeles minifaldas». Tiene razón. Si despiertan deseos sexuales en un país determinado, si difunden una mezcla desenfrenada de hombres y mujeres, y si llevan a los jóvenes a comportamientos a los que naturalmente se inclinan sus instintos, ya no habrá necesidad de artillería y armas contra esa nación. (Khalaji, 2012).

Desde su perspectiva, la invasión cultural es un frente más en una guerra más amplia en la que los ejércitos enemigos son innumerables: desde los miembros de la sociedad occidental, en la medida en que asumen sus valores liberal-democráticos, hasta las instituciones culturales, desde el arte hasta el turismo. A través de ellos, Occidente ha globalizado sus ideales para destruir el Islam. Además, hay mentes colonizadas dentro de la comunidad musulmana que han asumido y difunden los mismos valores que los colonizadores quieren imponer. A los ojos de los ideólogos iraníes, estos agentes no actúan de modo espontáneo e independiente, sino concertado y consciente, dirigidos por una autoridad ideológica análoga a la existente en Irán.

El papel que la cultura juega en la lucha contra el Islam explica que se considere la estética tan peligrosa como la política, ya que representa una de las armas de Occidente para debilitar el espacio cultural islámico. Las minifaldas no son una simple moda, representan una de las formas empleadas por Occidente para destruir el Islam mediante la degradación moral de los musulmanes. Esta percepción conduce a pensar que todo es político. Incluso los aspectos más inocentes de la cultura forman parte de esta confrontación global en la que es necesario posicionarse. Frente a esta situación tan amenazadora, la República Islámica ha tratado de transformar la tradición islámica en un escudo contra la cultura moderna. (Khalaji, 2012).

En esta guerra cultural, la incapacidad de una clase clerical alejada de la realidad cultural del Irán moderno dejaba desguarnecido un flanco vital para el régimen, que no tardó en encontrar el medio de suplir esta carencia: la Guardia de la Revolución Islámica[1].

Las protestas contra el régimen

Las revueltas populares vividas en Irán en los últimos años han evidenciado el creciente distanciamiento de grupos cada vez más amplios de la población respecto a los ayatolás. En 2018 se inició una ola de disturbios originados por el incremento en el precio de la gasolina, que desembocó en protestas contra el régimen, poniendo de manifiesto un profundo malestar social (Al Jazeera, 2019). Sofocadas de manera brutal, demostraron que el régimen se ha vuelto más represivo que nunca y más eficiente en la represión de la disidencia interna, con un aparato capaz de llegar a todos los ámbitos de la vida de los iraníes (Fassihi & Gladstone, 2019).

La novedad de estas protestas reside en la incorporación de un nuevo segmento de la población, ausente hasta ese momento de este tipo de protestas. En sus primeros años, el régimen se ganó la enemistad la clase alta iraní. En el Movimiento Verde de 2009 se incorporó a las protestas la clase media, reclamando libertad social. Hasta 2018, las clases media y baja habían constituido la base social incondicional del régimen, lo que explica la consternación que produjo que, por primera vez, se incorporaran a las protestas (Golkar: 2020: 12). Esta pérdida de apoyo social supuso un duro golpe para el régimen, necesitado más que nunca de cohesión interna para afrontar las dificultades derivadas de las sanciones económicas impuestas por EEUU.

La GRI ha jugado un papel creciente en la represión de estas protestas, poniendo de manifiesto una faceta de esta fuerza poco analizado. Los estudios referidos a esta organización se centran principalmente en su función militar y de seguridad[2], siendo escasos los estudios que abordan el papel de la GRI en el control social frente al malestar y desafección populares (Golkar, 2018). Un análisis de esta naturaleza precisa de un estudio previo de la doctrina militar iraní, en la que se definen las amenazas percibidas por Teherán, los instrumentos para contrarrestarlas y el modo en que se combinan éstos.

La doctrina militar iraní

La doctrina militar iraní responde a una amenaza global que incluye acciones militares, actos de insurgencia y cualquier muestra de desafección. Su respuesta combina instrumentos de poder militar con otros de seguridad y control social.

Los estrategas militares iraníes, conmocionados por el rápido colapso del régimen de Saddam Hussein, identificaron como factores que lo propiciaron la evidente desventaja en capacidades militares y la capacidad de provocar el colapso de la resistencia iraquí llegando rápidamente a su capital (Golkar, 2020: 3). Basándose en estas lecciones la doctrina iraní trata de compensar la inferioridad tecnológica haciendo uso de las ventajas que ofrecen «geografía, profundidad estratégica y disposición pública a aceptar bajas» (Connell, 2010).

En caso de invasión por EEUU, Irán no podría evitar que sus fuerzas profundizaran y los combates se extendieran por todo su territorio. Además, este avance podría combinarse con algún tipo de insurgencia o actos de terrorismo. Ante esta situación, la doctrina militar de Irán ha desarrollado un sistema defensivo en profundidad articulado en cuatro capas (Golkar, 2020: 4-5):

  1. Más allá de las fronteras de Irán, a cargo de la Fuerza Quds de la GRI, que opera en la retaguardia de los enemigos de Irán, directamente o a través de asociados (Veisi, 2020).
  2. Las Fuerzas Armadas regulares (Artesh), desplegadas a lo largo de las fronteras (Nadimi, 2017).
  3. La GRI, desplegada en el interior del país para retardar el avance enemigo, desgastarle y defender terreno y líneas de comunicación críticos, además de afrontar amenazas no convencionales: grupos insurgentes o levantamientos populares.
  4. La cuarta la forman las fuerzas Basij, acosando la retaguardia del invasor, atacando sus líneas de comunicación y sometiéndole a un desgaste prolongado (Wehrey et al. 2009: 45).

Esta articulación persigue infligir un coste exorbitante a un invasor, buscando disuadirle de su propósito o prolongando la campaña hasta que pierda la voluntad de combatir (Wherey et al. 2009: 45). En su ejecución, la GRI, juega un papel fundamental a la hora de garantizar la continuación de la resistencia aunque colapse el sistema de mando y control central.

Esta división de cometidos permite comprender las diferencias entre el Artesh y la GRI. El Artesh es una organización militar clásica, con una doctrina también clásica, mientras la GRI está orientada a la guerra asimétrica y «revolucionaria». En 1985, para gran consternación del Ejército, la GRI organizó sus propias Fuerzas de Tierra, Marina y Fuerza Aérea, pero la diferencia doctrinal entre las dos fuerzas persiste. Las bases del ejército, situadas a lo largo de las fronteras internacionales del Irán, impiden la invasión terrestre del país, mientras que las bases del GRI, en las regiones periféricas del Irán, dirigen operaciones encubiertas en el extranjero; la Armada regular está diseñada para patrullar en alta mar, mientras que las lanchas rápidas de la Armada de la GRI hostigan a la Armada de EEUU y patrullan el Golfo Pérsico y el Mar Caspio; la Fuerza Aérea regular opera en los cielos del Irán, mientras que la Fuerza Aérea de la GRI se dedica a la adquisición y producción de misiles de alcance medio (Alfoneh, 2011). Más recientemente, estas diferencias se han acentuado al asumir más protagonismo las misiones no militares de la GRI.

La relevancia del factor humano

La fortaleza de las FAS iraníes deriva más de su capital humano que del tecnológico. Disponer de una gran masa de combatientes es su mayor fortaleza frente a enemigos como EEUU. El régimen ha demostrado su capacidad para mandar al combate a masas de jóvenes fuertemente adoctrinados, pero mal equipados y adiestrados, auténtica “carne de cañón”, y el grado en que la sociedad iraní es capaz de aceptarlo. Las continuas apelaciones al Corán («Un hombre piadoso ganará en una confrontación con diez incrédulos«) ayudan a reforzar la disposición de los iraníes a luchar contra enemigos militarmente superiores. Este ejército fuertemente ideologizado es la clave de la doctrina militar iraní (Golkar, 2019: 6).

Es por ello que el régimen da tanta importancia al factor ideológico dentro de las FAS y se ha centrado en el adoctrinamiento para crear una fuerza muy ideologizada, basada en principios religiosos y valores revolucionarios. Este ejército ideológico está en el centro de la doctrina militar de Irán, articulada bajo los principios operativos de Alavi y Ashurai. Se trata de dos conceptos con raíces profundas en el Islam. El término Alavi hace referencia a Alí, el primer imán chiíta, cuyas fuerzas perdieron la Batalla de Siffin (657 d.C.) contra Muawiyah, el primer califa del Imperio Omeya. Según la visión chiíta, Alí fue derrotado porque su ejército no obedeció sus órdenes, presionándole para que hiciera las paces con su adversario en aras de evitar la lucha entre musulmanes. Este concepto indica el requisito de obediencia total al Líder Supremo y sus órdenes.

El término Ashurai se refiere al día 10 del mes Muharram, fecha en que Hussein, el tercer imán chiíta, cayó en la Batalla de Karbala (680 d. C.), que en enfrentó a su pequeño ejército contra el enorme del califa omeya Yazid. Aunque el resultado estaba predeterminado, Hussein se inmoló junto a sus hombres por la causa del Islam «verdadero». La lección es que los «opresores» deben ser combatidos, independientemente de los posibles resultados (Golkar, 2019: 6).

La obediencia total al líder supremo y voluntad de combatir, pese a lo adversas que puedan ser las circunstancias, son dos principios inspiradores de la doctrina militar iraní que requieren de unos combatientes profundamente adoctrinados y dispuestos al sacrificio.

La Guardia de la Revolución Islámica: historia y presente

El papel de la GRI en esta doctrina es protagonista y multifacético. Concebida originariamente como una organización militar, la GRI ha evolucionado ampliando sus cometidos en áreas como la seguridad interna, la educación o la ayuda al desarrollo, hasta convertirse en la organización más poderosa de Irán. Sigue desempeñando un papel protagonista en asuntos de defensa y seguridad, pero también juega un papel fundamental en sectores como la cultura, la educación o la comunicación. Forzando sus cometidos constitucionales, ha llegado a formar un extenso entramado con ramificaciones en todos los sectores de la sociedad y con un poder difícil de controlar desde el poder político. Este poder se ve ampliado por la extensa red de miembros de la Guardia que ocupan cargos de responsabilidad en multitud de organismos públicos (Fulton, 2013: 3).

Creación de la GRI

Un mes después de proclamar la República Islámica, el Ayatolá Jomeini ordenaba al Consejo Revolucionario la creación del Ejército de los Guardianes de la Revolución Islámica, una milicia popular creada para vigilar los restos del ejército del Sha y proteger al Estado de posibles actividades contrarrevolucionarias (Alfoneh, 2011). Sus cometidos, centrados en la lucha contra los enemigos internos de la revolución y en su exportación, abarcaban la lucha contra elementos contrarrevolucionarios; la defensa frente a ataques de fuerzas extranjeras; el impulso a la implantación de la revolución en Irán y en el exterior, así como contribuir en caso de calamidades y catástrofes y apoyar los planes de desarrollo de la República Islámica (Wehrey et al. 2009: 21).

La Constitución de 1979 ratifica estos cometidos:

El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, organizado en los primeros días del triunfo de la Revolución, se mantendrá para que pueda seguir desempeñando su papel de guardián de la Revolución y sus logros. El alcance de las obligaciones del Cuerpo y sus esferas de responsabilidad, en relación con las obligaciones y las esferas de responsabilidad de las demás fuerzas armadas, se determinarán por ley, haciendo hincapié en la cooperación fraternal y la armonía entre ellas. (Constitución de la República Islámica de Irán. Artículo 150).

El artículo 151 parece augurar ya la formación de los Basij e indica su misión oficial:

El gobierno está obligado a proporcionar un programa de entrenamiento militar, con todas las facilidades necesarias, para todos sus ciudadanos, de acuerdo con los criterios islámicos, de tal manera que todos los ciudadanos siempre puedan participar en la defensa armada de la República de Irán. (Constitución de la República Islámica de Irán.  Artículo 151).

Es importante señalar que la primacía de la GRI frente a otras instituciones de seguridad no estaba predeterminada. Inicialmente, era uno más de los instrumentos disponibles para hacer frente a la amenaza de los grupos armados contrarrevolucionarios: comunistas, étnicos y monárquicos. Aunque protagonizó la supresión de estos grupos, nunca logró el monopolio de las funciones policiales (Wherey, 2008: 22- 23).

Tampoco ha logrado el monopolio en el campo militar, pese a algún intento de absorber el Artesh, con el que siempre ha competido por presupuesto, poder y prestigio. Tras más de tres décadas, ambas organizaciones siguen enredadas en una rivalidad que el Ejército regular, si la tendencia no cambia, está destinado a perder, por disponer de menos fondos, material y reclutas cualificados y por estar aislado del nivel político, sometido a un duro control civil y haber perdido su prestigio (Alfoneh, 2013).

Evolución

La GRI jugó un papel muy relevante durante la guerra con Irak, la «Defensa Sagrada», lo que ayudó a consolidarla como una fuerza militar paralela al Artesh (Wehrey et al. 2009: 24-25). Este período evidenció ya las particularidades que siguen definiendo las funciones de la GRI: competencia con otras instituciones de seguridad y tensión entre intereses ideológicos y estratégicos.

Para evitar los graves problemas de coordinación entre Artesh y GRI vividos durante las últimas etapas de la guerra, se creó en 1988 el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, que coordina desde entonces dos estructuras paralelas: el Artesh y la GRI (Wehrey et al. 2009: 8). Los intentos de que esta última desapareciera al finalizar la guerra, fundiéndose con el Artesh, fracasaron. Con el apoyo del ayatolá Jamenei, la GRI ha ido potenciándose con la adquisición de nuevas capacidades. Reformas posteriores, como la creación en 1989 del Ministerio de Defensa, han contribuido a reducir la autonomía de la GRI, pero no han supuesto su fin (Golkar, 2018).

En 1985, como consecuencia de las exigencias de la guerra, la Guardia se dividió en las tres ramas convencionales de las fuerzas armadas (tierra, mar y aire) (CFR, 2019). En 1990 sumó una nueva rama, la Fuerza Quds, para implementar las políticas internacionales del régimen, exportar su revolución y defender sus intereses regionales (Rezaei, 2019: 185).

En agosto de 2007, el entonces comandante del GRI, General Rahim Safavi, sostenía que, desde el fin de la guerra entre Irán e Irak,

la GRI ha asumido tres misiones principales y dos periféricas. Las misiones principales implican cuestiones de defensa, seguridad y cultura, mientras las periféricas están relacionadas con la construcción del país y la realización de operaciones de ayuda y rescate durante desastres naturales. IRNA. (citado por Wehrey et al. 2009: 19).

La GRI se enfrentaba así a la intensificación de la «guerra cultural» que, desde su perspectiva, está librando EEUU contra Irán, ampliando sus funciones ideológicas y de formación y educación. Según Safavi,

la GRI no interviene en las actividades culturales de otras organizaciones y organismos gubernamentales. Sin embargo, debido a la naturaleza del GRI, que está entrelazado con las creencias y las actividades militares, la orientación de la organización es mejorar las creencias islámicas e ideológicas de las fuerzas; y esto forma parte de los deberes que incumben al GRI. IRNA (Wehrey et al. 2009: 20).

Con el paso del tiempo, esta «defensa cultural» se ha convertido en la primera de las prioridades de la GRI.

Los basijs

La Organización Basij, integrada en la GRI, es un elemento esencial a la hora de disponer de un gran número de voluntarios dispuestos tanto a combatir, como a hacer llegar su acción a todos los rincones del país.

Origen

Muchos regímenes revolucionarios han recurrido a «milicias populares» para compensar con número y fervor ideológico la falta de preparación de sus fuerzas armadas. En muchos casos, el papel militar de estas organizaciones está subordinado al de adoctrinar y suprimir la disidencia interna (Wehrey et al. 2009: 25). Formados menos de un año después de la GRI, los basijs responden a este criterio: en su creación, el ayatolá Jomeini habló de una «milicia de 20 millones de hombres» para defender a la república tanto de EEUU, como de los enemigos internos de la revolución. En 1979, las organizaciones de izquierda alineadas con Jomeini habían presionado para que se creara una “fuerza popular» que permitiera la disolución del ejército del Sha. Muchos de estos grupos de izquierda ya tenían sus propias milicias armadas, de ahí el fuerte impulso a la creación de una milicia popular islamista.

La contribución del Basij a la Revolución Islámica fue notable: mantuvo la seguridad en ausencia de una fuerza policial eficaz; purgó la administración de leales al antiguo régimen; formó una red enorme de información («la red de los 36 millones de miembros»), y contribuyó a la lucha contra los enemigos del régimen, suprimiendo levantamientos comunistas y nacionalistas, actuando contra grupos terroristas y desbaratando intentos de golpe de estado.

Durante el primer año de la guerra contra el Irak, no se les permitió combatir, debido a su falta de experiencia. Posteriormente, su entrada en la guerra permitió a Irán pasar a la ofensiva. Ante la carencia de suficientes fuerzas mecanizadas, los comandantes iraníes recurrieron al empleo de oleadas humanas integradas por jóvenes reclutados en mezquitas y escuelas de barrios pobres, en algunos casos por la fuerza. Alimentada por el fervor religioso y nacionalista, la milicia Basij se convirtió en un rival formidable para el ejército de Irak y consiguió consolidar su posición dentro del régimen, contribuyendo a reforzar la legitimidad de la GRI en su competencia con las fuerzas regulares (Wehrey et al. 2009: 27).

Una vez finalizada la guerra, lejos de disolverse, el Basij asumió nuevas responsabilidades. En 1991 su estructura se amplió mediante la creación de Zonas de Resistencia, responsables de gestionar sus fuerzas a nivel provincial. Con el fin de suprimir los disturbios internos, los Basij también establecieron batallones de seguridad paramilitares llamados Ashura (masculinos) y al-Zahra (femeninos). De esta forma, los Basij se convirtieron en una herramienta importante para controlar a los grupos disidentes (Golkar, 2020: 2-3).

La capacidad defensiva iraní depende, en gran parte, de la voluntad de sacrificio de los Basij, fruto de un adoctrinamiento intensivo, que es considerada como el centro de gravedad definitivo en el campo de batalla. La confianza en el número y en el fanatismo, necesarios para suplir la debilidad militar, anticipaba ya el modelo actual de estrategia «asimétrica»: guerra de desgaste y tácticas de tierra quemada ejecutadas por fuerzas populares ligeramente armadas contra un oponente militarmente superior (Wehrey et al. 2009: 27). Aunque la validez de este concepto sea dudoso, ofrece una justificación para el adoctrinamiento e instrucción militar de la población utilizando la Fuerza de Resistencia Basij como instrumento para ello.

Sin embargo, algunos factores hacen dudar de la efectividad real de estas unidades. En primer lugar, los beneficios sociales y económicos que conlleva el alistamiento, así como la posibilidad de eludir con ella el servicio militar, siembran dudas sobre la verdadera motivación de muchos basijs, lo que puede erosionar la cohesión y la moral colectiva. En segundo lugar, las unidades Basij están ligeramente armadas, y la mayoría de su personal no recibe un entrenamiento militar significativo, lo que hace dudar de su efectividad. A pesar de estas deficiencias, siguen suponiendo una gran reserva de combatientes que pueden formar el núcleo de los movimientos de resistencia provinciales. Aunque sólo una fracción de los alistados permaneciera leal al régimen y tomara las armas, constituiría un importante movimiento de resistencia.

Aparte de su función militar, los basijs participan en la ayuda en caso de desastre y la asistencia humanitaria. Esta función tiene especial relevancia para el régimen, ya que los desastres suelen ser una oportunidad para que los grupos marginales muestren su descontento, haciéndolo extensivo a la gestión gubernamental en general. La intervención temprana y efectiva de los basijs es una oportunidad para reforzar la imagen de la GRI y del régimen en general (Wehrey et al. 2009: 47).

La fusión de Basij y la GRI

En los últimos años, el temor a un ataque convencional de EEUU ha disminuido, pero se acentúa en el régimen iraní la sensación de estar sufriendo una ofensiva más sutil, encaminada a erosionar los fundamentos ideológicos de la revolución. Esta amenaza externa, que permite mantener al país en pie de guerra y distraerlo de los fallos del régimen, ha propiciado la fusión formal de la GRI y el Basij, una medida pensada para que la GRI se pareciera más a los Basij y para consagrar formalmente sus respectivos papeles en la política interior de Irán (Wehrey et al. 2009: 32-33).

En septiembre de 2007, al comentar esta fusión, su nuevo comandante, Mohammad Ali Jafari, confirmaba la implicación de la GRI en la lucha contra los enemigos internos:

Las nuevas directrices estratégicas de la GRI han sido modificadas por las directivas del líder de la revolución. Su principal misión a partir de ahora es hacer frente a las amenazas de los enemigos internos. La prioridad número dos es ayudar a los militares en caso de amenazas externas. (Jafari, 2007: 33).

Los Basij en el nuevo panorama iraní

En este proceso, el Basij se ha transformado en una organización especializada en lo que podríamos denominar “defensa cultural” y «profundidad doméstica», haciéndose responsable de las actividades culturales y sociales de la Guardia, incluidas las misiones educativas, de propaganda, de comunicación y cibernéticas. Se ha convertido así en la cara visible y omnipresente de la GRI, ampliando sus funciones mucho más allá de las desempeñadas en la guerra con Irak (Wehrey et al. 2009: 25).»En la próxima década, nuestro problema será el asalto cultural y los basij deben bloquear su progreso… en lugar de crear bases militares, nuestra política actual es crear sociedades culturales» (RFE/RL 2001).

El Basij estaba perdiendo fuerza hasta que su papel en la represión del denominado Movimiento Verde (2009) demostró su utilidad para salvaguardar la supervivencia de la República Islámica. Fue precisamente el crecimiento y la resiliencia de este movimiento los que llevaron a una transformación de las misiones de las unidades de la Guardia Provincial y el Basij. Creadas inicialmente como una herramienta militar de defensa territorial, las unidades de la Guardia Provincial se reorganizaron para asumir cometidos relacionados con la seguridad y, sobre todo, con el control social. Tras sofocar el Movimiento Verde, la Fuerza de Resistencia Basij se transformó oficialmente, en la Organización Basij de los Oprimidos, centrándose en abordar las amenazas sociales y culturales al régimen, dejando en un segundo plano su papel militar (Aryan, 2008).

Este cambio supuso que el Basij dejara de ser una fuerza paramilitar para convertirse en una organización a la que el régimen responsabilizó de apoyar a las unidades de la Guardia Provincial principalmente en funciones no militares. El cambio de “Fuerza” a “Organización” deriva también de la política de no injerencia en política de las Fuerzas Armadas, limitación que no alcanzaría a una organización de este tipo. Con la nueva estructura, las unidades de la Guardia Provincial están bajo el control directo del comandante de la GRI pero, a nivel provincial, el Basij es responsable de planificar sus misiones, apoyarlas logística y administrativamente e inspeccionar sus funciones (Golkar, 2020: 9).

De acuerdo con este nuevo diseño, el segundo comandante y responsable de operaciones del Basij pasó a denominarse «segundo comandante de la resistencia popular» para dar a entender que los miembros de Basij son civiles que defienden al régimen. Para proyectar mejor esta nueva imagen civil, el Basij procedió a ampliar y expandir sus ramas sociales y a un cambio estructural radical. De un modelo basado en el reclutamiento de voluntarios en el ámbito local, para integrarlos en una estructura de tipo militar, a partir de 2009 se pasó a otro en el que los nuevos reclutas se integran en una serie de organizaciones sectoriales (de profesores, artistas, abogados, personal sanitario…). Pese a tratarse de organizaciones promovidas por el Estado, todas ellas son oficialmente ONGs, de forma que sus miembros pueden implicarse en política sin ser acusados de romper la neutralidad exigida a los militares (Golkar, 2020: 11).

Pero, aunque el Basij se centre ahora en aspectos culturales e ideológicos, sus miembros pueden ser movilizados en caso de necesidad, lo que requiere que reciban formación militar. Para ello, la GRI se responsabiliza de que reciban la formación militar necesaria, de forma que el Basij pueda centrarse en los aspectos ideológicos que constituyen su misión principal: velar por la formación política y religiosa de sus miembros[3].

Respondiendo a esta dualidad de cometidos, el Basij recibe directrices políticas de actuación de su propia estructura nacional (según el sector social a que pertenezca: profesores, personal sanitario…), mientras se relaciona a nivel provincial con la Guardia Provincial correspondiente que, en caso de movilización, asume el control de los Basij de su demarcación. Para garantizar el control de la estructura provincial por parte de la GRI, las estructuras directivas de nivel provincial y regional, tanto del Basij como de la Guardia Provincial, están integradas por miembros de la propia Guardia. Sólo en los niveles inferiores se integran también miembros del Basij.

El papel de la Guardia de la Revolución Islámica

Respuesta de la GRI a las amenazas al régimen

La misión de la GRI es defender la revolución islámica, diferenciando tres tipos de amenazas: “duras”, “semiduras” y “blandas”. Las “blandas”, son amenazas culturales y sociales que atacan a la base social del régimen, debilitando la cultura nacional y la identidad religiosa de Irán, principalmente mediante la difusión de valores liberales u occidentales. Las amenazas “semiduras” tienen carácter político y atacan directamente al régimen; incluyen la insurgencia y los conflictos interétnicos. Las amenazas “duras” se refieren a ataques de enemigos exteriores que ponen en peligro la integridad de la nación (Alfoneh, 2013).

Amenazas duras”: El Artesh es responsable de defender las fronteras frente a ellas pero, en caso de no lograrlo, la GRI asume la responsabilidad de neutralizarlas. Para ello, cada Departamento de Seguridad y Defensa provincial dispone de las fuerzas de la GRI y del Basij. La fuerza principal la constituyen los batallones Imán Hussein del Basij, adiestrados por la GRI. Además, a través de la incorporación de basijs, la fuerza provincial puede incrementarse notablemente. Los Basij disponen también, a nivel provincial, de al menos una unidad especial, denominada Fatehin (Victorioso), integrada por basijs con una mayor formación militar. Aunque no es propiamente una fuerza antidisturbios, desde 2018 se ha venido empleando con frecuencia en este papel. El éxito obtenido en la represión de las protestas de 2019 ha llevado a que se potencie este tipo de unidades. Las unidades Fatehin e Imán Hussein están llamadas a apoyar a las de la GRI en caso de una invasión que penetre en territorio iraní o del desencadenamiento de una guerra civil. En este escenario las unidades basij actúan bajo las órdenes de la Guardia Provincial.

Amenazas Semiduras”: Para luchar contra la insurgencia y amenazas similares, la GRI ha creado una estructura de inteligencia propia, paralela a la del Ministerio de Inteligencia y Seguridad (MOIS), y los denominados batallones Imán Alí, integrados orgánicamente en un CG nacional específico, pero que actúan bajo las órdenes de la autoridad provincial. El incremento de la delincuencia derivado de los mayores niveles de pobreza y desigualdad y, según el régimen, de la relajación de la moral, ha obligado a estos batallones a involucrarse en un plan de seguridad de los barrios. Cuentan para ello con equipo y entrenamiento específicos antidisturbios. Desde septiembre de 2012, la GRI ha organizado una nueva serie de Unidades Basij de Respuesta Rápida, menos profesionales, para ayudar a los batallones Imam Ali e Imam Hussein y actuar en caso de desastre natural, ayudando a mantener el control de la población (Golkar, 2020: 15-16).

Los roles de inteligencia y seguridad doméstica de la GRI

Durante los primeros años de la República Islámica, la GRI se encargó de la inteligencia y la seguridad tanto interna como externa, bajo la dirección directa de la oficina del Primer Ministro. Sin embargo, con la formación del MOIS en 1983, cedió gran parte de su papel en la inteligencia interna. Tras la elección del presidente reformista Mohammad Jatami en 1997, ante la desconfianza del Líder Supremo hacia un gobierno excesivamente aperturista, la GRI logró recuperar sus responsabilidades de vigilancia interna, aunque de manera más informal y como organismo de «inteligencia en la sombra» (Wehrey et al. 2009: 30).

El equilibrio entre las diversas fuerzas de seguridad e inteligencia cambió una vez más en 2005, con la llegada a la presidencia del anti-reformista Ahmadinejad. El MOIS recuperó parte de su autoridad y desde entonces ha tratado de ‘demostrar’ su buena fe conservadora mostrándose activo en el control de la sociedad civil. En la actualidad, la división de seguridad de la GRI funciona como una oficina de inteligencia y seguridad interna. La atribución de cometidos a la GRI en este campo depende de la percepción que los clérigos tengan de la lealtad a la revolución de otras instituciones, como el MOIS o la Policía, y de la percepción respecto a la amenaza que supone la subversión interna. A mayor amenaza, mayor injerencia de la GRI (Wehrey et al. 2009: 32).

La naturaleza misma del régimen, que relaciona las amenazas externas con su consolidación interna, justifica que la GRI continúe actuando como guardián de la revolución, incluso mientras amplía su papel en la defensa exterior.

Ante el papel jugado por Internet en el Movimiento Verde de 2009, la República Islámica ha expandido su presencia en las redes sociales, tratando de controlar Internet, propagando sus propios mensajes y suprimiendo el activismo on line (Golkar, 2011). La GRI ha jugado un papel protagonista en esta campaña combinada de represión y propaganda. La «Sede Central Basij para el ciberespacio» y la «Organización Seraj ciberespacial», con sede en cada provincia, son organizaciones profesionales que trabajan bajo la dirección de la correspondiente Guardia Provincial, que dispone de una división del ciberespacio responsable de organizar activistas on line a favor del régimen, producir «contenido apropiado» y hacer frente a cualquier cíber-actividad contraria al régimen en su provincia (Rubin, 2019).

La lucha contra las “amenazas blandas”

La «Doctrina Mosaico»

La primera prioridad de la GRI ha pasado a ser la lucha contra las amenazas procedentes del interior, fundamentalmente de grupos reformistas iraníes (Fulton, 2013: 16). Los sectores más conservadores del régimen creen que los medios de comunicación reformistas, las organizaciones no gubernamentales apoyadas por Occidente y los intelectuales liberales están conspirando contra la República Islámica. Los Basij constituyen un contrapeso frente a estos actores a través de su expansiva acción en los campos de la cultura, la educación y el adoctrinamiento, y su presencia activa en las calles (Wherey, 2009: 44 -47).

Un elemento esencial en la estrategia iraní frente a estas amenazas es la Guardia Provincial de la GRI, creada en 2008 para coordinar a este nivel todas las acciones de seguridad, culturales, sociales, … y para que, en caso de que colapse el sistema de mando y control general, cada provincia tenga capacidad de proseguir con la resistencia de forma autónoma[4]. Su articulación responde a la denominada “doctrina mosaico”, bautizada con este nombre porque consiste en dividir el país en zonas territoriales que forman una suerte de mosaico, de forma que cada «azulejo» de este mosaico, con sus unidades de la GRI, pueda continuar la resistencia de forma autónoma si colapsa el sistema de mando y control. De acuerdo con este concepto, siempre bajo el control y la supervisión del comandante de la GRI, la Guardia Provincial dispone de todas las capacidades de la GRI y de los Basij de su provincia para hacer frente a las “amenazas suaves”. Ante amenazas “semi-duras”, como la insurgencia, la respuesta es dirigida por el mando regional de la GRI, empleando unidades de la propia Guardia. Al enfrentarse a amenazas “duras”, la Guardia Provincial pasa a estar bajo el control del Cuartel General de la GRI, a través del mando regional de la GRI (Golkar, 2020: 7).

Horizontalmente, cada unidad de la Guardia Provincial imita la estructura de la GRI: mando militar, Organización para la Protección de la Inteligencia (OPI) y Oficina del Representante del Líder Supremo. La OPI responsable de proteger al personal de la GRI contra amenazas tanto físicas como morales y de identificar espías extranjeros, mientras que el representante del Líder Supremo se centra en adoctrinar y movilizar a la GRI y a los basij. El objetivo final es mantener a la GRI y a los basij bajo el estricto control del Líder Supremo (Golkar, 2020: 6).

El Frente Social

La creación de la Guardia Provincial ha ayudado a la GRI a extender su presencia por todo el país y a ampliar su influencia en los ámbitos educativo, cultural, social, etc. controlando y gestionando las bases, unidades y asociaciones Basij que impregnan todos estos ámbitos de la sociedad[5].

Las protestas de los últimos años se extendieron por todo Irán con una rapidez que sorprendió al régimen. En 2019, se extendieron a ochenta condados en menos de cuarenta y ocho horas. Dado el carácter vecinal que, al menos inicialmente, demostraron estas acciones, la GRI y el Basij se están enfocando ahora en programas centrados en este nivel, intentando fortalecer las relaciones entre las bases del Basij, los vecinos y las mezquitas. El objetivo declarado es que cada base del Basij reproduzca a menor escala la estructura de la GRI, cumpliendo todas las funciones básicas de la Guardia a nivel local.

El plan de la Guardia Provincial para 2020 consta de cinco puntos principales: educación, seguridad, cultura, desarrollo yihadista y salud. Además, un objetivo a más largo plazo es hacer de las mezquitas el centro de actividades sociales, políticas y culturales de cada vecindario[6]. Para coordinar las acciones dirigidas a controlar cada vecindario y abordar sus problemas sociales, culturales y políticos, reforzando el protagonismo social de las mezquitas, el plan crea el Mando de Transformación Social de Vecindarios.

Según este plan, cada imán debe coordinar con el Basij el contenido de su sermón de la oración del viernes, para abordar de forma coordinada los problemas específicos de la localidad. Para ello, los mulás recibirán “asesoramiento” de diversos comités sectoriales, vinculados con la Guardia Provincial. Según Soleimani, anterior jefe de la GRI, existen ya 7.000 de estos grupos de barrio. Sus comités de seguridad e inteligencia son responsables de patrullar su territorio velando por la moralidad de las costumbres; el comité social y cultural es responsable de combatir problemas como la prostitución y las drogas. Para cuestiones culturales, el trabajo se enfoca en supervisar parques y galerías de arte y promover un estilo de vida islámico en tales espacios. Los comités de ciberespacio y medios de comunicación son responsables de aumentar la conciencia cibernética entre las personas de su vecindario, advirtiéndoles de las «amenazas» que Internet y las redes sociales representan para sus familias (Golkar, 2020: 22).

La lucha por la reislamización

A pesar de décadas de esfuerzo, el régimen de los ayatolás no ha conseguido la plena islamización de la sociedad iraní que, de hecho, se muestra cada vez más alejada de los dogmas y códigos impuestos por los ayatolás. Desde la perspectiva del régimen, esta situación no es sino la consecuencia directa de la ofensiva cultural de Occidente contra el Islam, que amenaza los esfuerzos por crear una sociedad islámica. La Guardia Provincial (GP) es responsable de asegurar la estricta aplicación de los valores islámicos, mediante la imposición de las regulaciones islámicas en aspectos como los códigos de vestimenta y la interacción entre géneros. Además, ante la evidencia de que la pobreza y la marginalidad generan oposición al régimen, la GRI ha lanzado en los últimos años una serie de campañas orientadas a neutralizar las amenazas procedentes de los estratos más pobres, luchando contra el divorcio, las adicciones o la pobreza. Para dirigir estas campañas, cada departamento de la GP cuenta con un Segundo Jefe de Asuntos Sociales que coordina el trabajo de numerosas asambleas que, en todos los ámbitos, tratan de abordar estos problemas y evitar que deriven en hostilidad hacia el régimen. En el Cuartel General de la GP una serie de consejos asesores (53 en total) proporcionan asesoramiento especializado a estas asambleas (Golkar, 2020: 19).

En la búsqueda de la generación de una intelectualidad “pura”, la GP ha creado las denominadas «casas de la élite». Se trata de centros de intelectuales afines al régimen inspirados en las «casas de la sabiduría» de la Edad de Oro del Islam. Su objetivo es identificar y resolver problemas ideológicos o de aplicación práctica, para lo que se articulan en diferentes áreas de conocimiento que actúan como asesorías ideológicas, garantes de que todas las organizaciones apliquen idénticas respuestas ante los problemas a los que se enfrentan. Además, la GRI ha fundado más de ochenta «casas de crecimiento» para garantizar la rectitud ideológica de la generación más joven de intelectuales pro-régimen (Golkar, 2020: 19).

La GP se encarga también de la creación y distribución de contenidos culturales “correctos” a través de películas, música, cartelería, … Su esfuerzo es particularmente relevante en el ámbito de la comunicación pública, campo al que se da una particular importancia y que incluye contar con una oficina de comunicación pública en cada centro Basij, responsable de difundir sus actividades y mensajes político-religiosos. Además, antiguos y actuales miembros de la GRI dirigen una serie de medios de comunicación y sitios web especializados y, de los cerca de 30.000 periodistas registrados en Irán, alrededor de la mitad son miembros del Basij.

La presencia de la GRI en el sistema educativo

Para combatir activamente las llamadas amenazas culturales, la Guardia Provincial ejerce el control sobre una amplia gama de programas educativos, en guarderías, escuelas y universidades. De hecho, uno de los principales campos de batalla de la denominada “guerra blanda” es el ámbito educativo, donde la GRI se centra en adoctrinar a los estudiantes en todas las fases de su formación y en crear instituciones educativas propias para forjar los futuros componentes de su organización[7]. Con los centros propios pretende que la formación de los basijs sirva para inculcarles la conformidad ideológica y la lealtad al régimen. Por ello, además de la instrucción militar, reciben formación ideológica y religiosa, para contrarrestar la influencia cultural occidental (Wehrey et al. 2009: 48). La GRI también adoctrina a los estudiantes del sistema educativo general: basijs preparados para ello, trabajan en los centros de enseñanza garantizando la rectitud de la formación que se imparte y de las actitudes de los estudiantes (Golkar, 2020: 18).

La GRI y el Basij han arraigado profundamente en el sistema educativo iraní tanto a nivel universitario como en la enseñanza secundaria. Su presencia en estos ámbitos fomenta la socialización y afinidad ideológica y sirve como contrapeso frente a las organizaciones estudiantiles reformistas. A lo largo de los últimos años, numerosos profesores universitarios han sido destituidos y reemplazados por miembros de la GRI, mientras la creación de la Organización de Profesores Basij (LBO) ha servido para consolidar su poder en el campo de la educación. Además de ofrecer orientación profesional a sus miembros, la LBO proporciona un mecanismo mediante el cual la GRI puede configurar el diseño y la aplicación de los planes de estudio universitarios.[8]

La Organización de Estudiantes Basij (SBO) es el brazo de la GRI responsable de movilizar a los estudiantes, agrupando a los aproximadamente 650.000 estudiantes universitarios miembros Basij. Como vanguardia conservadora en los campus se enfrenta a los activistas reformistas y ataca a la propia administración de la universidad cuando considera que adopta posiciones contrarias a su visión institucional (Wehrey et al. 2009: 40-41).

Servicios sociales

Para actuar en el ámbito social, el Basij ha creado el Mando de Progreso y Desarrollo, responsable de llevar a cabo proyectos de desarrollo en áreas deprimidas. Estos proyectos se centran en aspectos como la mejora de la salud pública o el saneamiento, promoviendo la creación de empleo y tratando de reducir el descontento social, especialmente entre las clases más desfavorecidas. También ha promovido la construcción de cientos de centros recreativos, encaminados a promover entre los jóvenes un ocio acorde con los principios morales del régimen. Además, los Basij cuentan con complejos deportivos multipropósito, que brindan recreación gratuita a sus miembros, creando así un incentivo para la afiliación a la organización. En caso de crisis, estos complejos pueden transformarse rápidamente en centros de detención a disposición de la GP (Golkar, 2020: 20).

Dentro de sus cometidos de apoyo a la GP, el Basij ha creado miles de pequeños grupos yihadistas. Según la propaganda de Basij, el número de grupos yihadistas llegó a 19.000 en 2019, en comparación con los 6.000 de 2016. Estos grupos apoyan a la Guardia Provincial, pero su verdadero objetivo es identificar y reclutar jóvenes pro-régimen para la GRI. Además de acciones de propaganda y captación, ayudan a los Basij a desarrollar vecindarios empobrecidos mediante la construcción o renovación de mezquitas, escuelas y clínicas. Dado que el régimen cree que los problemas sociales son el resultado de la secularización y la difusión de la cultura occidental, los grupos yihadistas intentan abordar estos problemas mediante la educación religiosa.

Conclusión

El poder real de la Guardia de la Revolución

Cuando el moderado Rojaní fue elegido presidente, las expectativas de un giro hacia la moderación se veían atemperadas por la evidencia de la existencia de poderes que podían hacer inviable el cambio político pretendido por el nuevo presidente. La GRI era, para muchos analistas, la más potente de esas fuerzas. Hasta tal punto de considerar que, sólo logrando su apoyo, sería posible avanzar en reformas efectivas (Fulton, 2013: 4).

El poder real de la GRI dentro del régimen iraní es un asunto discutido. En un sistema tan fraccionado, tanto en el ámbito informal como en el formal, quienes defienden que su poder efectivo supera al atribuido formalmente, apuntan como factores que juegan a su favor la fidelidad de sus componentes y la capacidad para situar en otros organismos a sus miembros (Fulton, 2013: 3). La realidad es que, pesar de su predominio, la GRI no tiene en absoluto el monopolio total de la seguridad interna o de la fuerza militar, donde compite con otras instituciones por visibilidad, poder y recursos.

Además, aunque en muchos casos esos otros órganos están integrados por antiguos miembros de la GRI, ello no implica que sigan actuando de acuerdo con sus intereses corporativos. A la GRI se le supone una cierta homogeneidad ideológica, debido en parte a la identidad generacional de muchos de sus miembros, pertenecientes a «la generación de la guerra». Pero la identidad corporativa de la GRI no ha sido capaz de subsumir completamente los vínculos de origen geográfico, clase, familia, etnia o secta de sus miembros. A medida que su red va expandiéndose y diversificando sus funciones, la capacidad de la GRI para resolver estas tensiones internas puede verse aún más comprometida. Sus miembros responderán a un conjunto cada vez más amplio de intereses que pueden tener poca relación con los valores fundacionales de la Guardia. Además, el faccionalismo del sistema también ha impregnado a la GRI. A pesar de su corporativismo, la Guardia vive los mismos debates que dominan la vida política iraní: equilibrar el dogmatismo y el pragmatismo, reconciliar la modernidad con la fidelidad a los ideales de la revolución e integrar el progreso económico con la autenticidad cultural (Wehrey et al. 2009: 12-17).

Pese a todo, cabe destacar que, hasta el momento, la GRI ha demostrado una cohesión absoluta. Ninguna de las crisis políticas vividas por el país desde su creación han provocado la más mínima fisura en la organización, que ha salido fortalecida interna y externamente de cada una de ellas (Fulton, 2013: 11).

La GRI está subordinada a una red de órganos de supervisión y coordinación al mismo nivel que el servicio de inteligencia, la policía y las fuerzas regulares. Pero la realidad es diferente en la medida en que la verdadera influencia política de la GRI descansa en redes informales que trascienden y, en algunos casos suplantan, las estructuras oficiales. Las conexiones de sus altos cargos a través de redes de parentesco, matrimonio o lugar de origen; la formación en las mismas academias militares o seminarios, o el haber combatido en las mismas unidades crean unos vínculos que rebasan los formales. Su proximidad al Líder Supremo es otra fuente informal de poder muy relevante (Wehrey et al. 2009: 11). Gran parte del poder de la GRI proviene precisamente de la complejidad de la estructura del sistema político iraní, que ha facilitado que aumente su poder, por encima de las previsiones legales, mediante la explotación de redes informales.

El régimen afronta riesgos significativos: el relevo del líder supremo, octogenario y de salud delicada; el creciente malestar de la población frente al régimen y las dificultades económicas asociadas a las sanciones económicas impuestas por EEUU, que pueden exacerbar ese malestar y desestabilizar el país. Frente a estas amenazas, el régimen descansa cada vez más en el aparato de control social encarnado por la Guardia de la Revolución Islámica. Dado que la historia demuestra que las dictaduras apoyadas en la fuerza militar son, en ocasiones, derrocadas por esa misma fuerza militar, para el régimen resulte vital mantener su lealtad (Golkar: 2019: 2).

A la hora de hacer frente a las amenazas internas el régimen descansa, cada vez más, en el conglomerado político, social y militar en que se ha convertido la GRI. Por una parte, podría pensarse que el creciente poder de la Guardia ha transformado a Irán en una dictadura militar. Desde esta perspectiva, el ayatolá Jamenei sería un títere en manos de los comandantes de la GRI, que serían los verdaderos gobernantes del país. Por el contrario, tampoco puede descartarse otra visión, según la cual el clero mantiene el control y es Jamenei quien dirige la actuación de la guardia. La evolución de los acontecimientos bajo el gobierno de Hassan Rojaní parece apoyar esta segunda tesis, al menos dentro de su administración, en la que ha relegado a los miembros de la GRI a favor de los tecnócratas[9].

La información disponible, parece evidenciar que, si bien Jamenei controla la GRI, la relación se ha vuelto más compleja. El impulso que la GRI ha ganado en los últimos años ha reforzado su poder frente a los clérigos, con los que mantiene una sutil lucha de poder que ayuda a comprender las dinámicas que van a condicionar el futuro de Irán, en el momento en que que la desaparición de Jamenei pueda desencadenar una lucha de poder entre ambos sectores (Golkar, 2019: 4).

El papel de la Guardia en la pervivencia del régimen

Consciente de la importancia de mantener el control sobre la GRI y, en menor medida, sobre el Artesh, Jamenei ha iniciado una serie de esfuerzos encaminados a ganarse su apoyo, recurriendo para ello a las estrategias clásicas: adoctrinamiento, coerción y cooptación. Tres son las herramientas responsables de su implementación: las Organizaciones Ideológicas y Políticas (OIP), la Organización para la Protección de la Inteligencia (OPI) y el denominado “liderazgo militar”, presentes en todos los niveles de las fuerzas armadas, desde el Estado Mayor Conjunto hasta la última de las secciones. Las OIP son responsables de legitimar el régimen e inculcar su ideología entre los militares, mientras la OPI asume la responsabilidad de mantenerles bajo vigilancia constante, identificando agentes extranjeros y militares corruptos, así como de proteger la información militar. La rama de liderazgo militar asegura, a modo de comisariado político, que el mensaje del líder supremo llega hasta el último de los soldados sin ninguna distorsión.[10]

De las tres herramientas citadas, el adoctrinamiento es la preferida por el régimen, lo que convierte a las OIP en el principal instrumento para el control político de la GRI. No sólo por ser la herramienta más adaptada a una ideocracia como la iraní, también porque es la más sutil y efectiva como herramienta de control: la obediencia voluntaria que puede generar es siempre más estable y fiable que la derivada de la coerción. El adoctrinamiento juega un papel más relevante en la GRI que en el Artesh o la policía, ya que la Guardia es la organización responsable de proteger la revolución y el régimen.

A día de hoy, no hay razones objetivas para dudar de la lealtad de la GRI al Líder Supremo, como representante de la Revolución Islámica. Todos los antecedentes sugieren que tanto la GRI como el Basij seguirán en última instancia las órdenes del Líder Supremo. Pero conviene tener presente que, institucionalmente, la Guardia cree firmemente que está legitimada para interferir en asuntos políticos, siempre en defensa de la revolución. En palabras de un comandante de la GRI, «Nos unimos a la Guardia para interferir. Durante la guerra [entre Irán e Irak], nos inmiscuimos en la política y lo hacemos ahora porque es un acto de revolución» (Aryan, 2008). El presidente Jatamí sufrió esa interferencia cuando la GRI, alineada con el Líder Supremo, trató de obstaculizar sus reformas. Y comprobó la magnitud de la GRI como adversario político. Un futuro presidente reformista, incluso un Líder Supremo menos conservador, podrían encontrarse con el mismo problema.

Los dirigentes iraníes necesitan contar con el apoyo de la GRI para contrarrestar las amenazas internas y preservar la estabilidad política en un momento en que los graves problemas económicos han socavado el apoyo al régimen y han acabado provocando levantamientos internos. Para mantener su posición de hombre fuerte en la enrevesada estructura política iraní, el Ayatolá Jamenei depende cada vez más de la Guardia, única capaz de neutralizar el descontento popular por el deterioro de la situación económica, sofocar las demandas de reforma política y reducir la presión relacionada con la cuestión nuclear (Aryan, 2008). El precio es la dependencia de su apoyo. Mientras la Guardia perciba que el Líder Supremo se mantiene fiel a los principios de la Revolución Islámica, su lealtad estará garantizada. El problema, de cara al futuro, reside en que la propia Guardia se ha arrogado la capacidad de juzgar esa fidelidad a los principios fundacionales del régimen y la consiguiente facultad de «interferir»; es decir, de «reconducir» las políticas que no se ajusten a su visión de la revolución.

La GRI continuará siendo una voz dominante en el régimen y el principal garante de su supervivencia. Basándose en sus lazos internos, seguirá actuando de forma cohesionada ante presiones internas y externas (Fulton, 2013: 4). Ante esta realidad, líderes supremos de corte conservador, como Jamenei, encontrarán en ella un aliado incondicional, sin que sea necesario valorar la fortaleza relativa de cada uno. Si su sucesor mantiene la misma línea ideológica, cabe esperar que se mantendrá el status quo actual. Pero un Líder Supremo reformista encontrará en la GRI el mayor obstáculo para aplicar su agenda. La capacidad del régimen para introducir reformas significativas dependería en este caso del grado de cohesión que mantenga la GRI y de la actitud del resto de poderes.

El papel que la población pudiera jugar apoyando a un eventual líder reformista dependería, en gran medida, de la eficacia de los instrumentos de control social desarrollados por la GRI. Hasta ahora, han demostrado ser eficientes, pero las protestas de 2019 demostraron que una protesta prolongada puede poner al régimen contra las cuerdas.

Como conclusión, puede decirse que la continuidad ideológica del régimen depende, fundamentalmente, del mantenimiento de la alianza entre el estamento clerical, encabezado por el Líder Supremo, y la GRI, convertida en herramienta de control social. Cualquier fisura entre ambos supone un riesgo para el régimen y, posiblemente, la única opción posible de cambio.

Nota sobre el autor:

Javier M.ª Ruiz Arévalo es Coronel del Ejército de Tierra español y Doctor en Derecho por la Universidad de Granada. Ha desplegado en dos ocasiones en Kabul, desempeñando cometidos en el área de la cooperación cívico militar. Correo electrónico: jmarruiz@hotmail.com

Referencias

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[1] En 1979, cuando consiguieron tomar el poder, los islamistas se encontraron con el reto de gobernar una sociedad ya profundamente modernizada. La batalla ideológica se libra más en internet que en los sermones de las mezquitas (Keddie, 2006: 313 y ss).

[2] A modo de ejemplo: Alfoneh (2008, 2011), Ostovar (2016), Sinkaya (2015), Forozan (2016).

[3] En 2016 el Basij contaba con 344.000 “círculos de rectitud ideológica”, cada uno de ellos de unos 15 miembros, responsables de velar por la lealtad al régimen de todos los estratos y grupos sociales. Paralelamente, el Estado iraní ha contratado a unos 20.000 clérigos para trabajar como instructores en estos círculos, fortaleciendo la misión de adoctrinar a los miembros del Basij y reforzando la relación entre el clero y la organización (Golkar, 2020: 11).

[4] La GRI cuenta treinta y dos unidades de la Guardia Provincial, una en cada una de las provincias y una más para la ciudad de Teherán, y 8.823 distritos para los 3.915 departamentos en que se organiza administrativamente el país (Golkar 2020: 6).

[5] La GRI controla 54.000 bases Basij y asociaciones en 105.000 escuelas (Golkar 2020: 6-7).

[6] La secularización gradual de la sociedad iraní ha reducido su importancia, tienden a estar vacías durante los tiempos de oración y sólo se usan para ceremonias fúnebres (Hashemianfar et al. 2015: 40).

[7] La GRI ha creado, al margen del ministerio responsable, una gran cantidad de guarderías, centros de educación primaria y secundaria y universidades. Concebidos para formar y reclutar a su personal, han evolucionado hacia un modelo de apoyo social a las familias de los miembros de la GRI (Golkar, 2020: 17-18).

[8] La LBO cuenta con más de 15.000 miembros. El 25 por ciento de los profesores son miembros de la misma (Wehrey et al. 2009: 39).

[9] Resulta ilustrativa la carta que 24 oficiales de la GRI publicaron en un medio de la propia Guardia en 1999, con ocasión de los disturbios en la Universidad de Teherán. Ante la percibida debilidad del gobierno frente a las peticiones de apertura social y política, la carta decía: “Nuestra paciencia ha llegado a su fin. No sentimos que sea nuestro deber mostrar más tolerancia… Sr. Presidente, si hoy no toma una decisión revolucionaria y no cumple con su deber islámico y nacionalista, mañana será demasiado tarde y el daño causado será irreparable e inimaginable”. Se trata de una evidente amenaza de golpe de estado, que no supuso ninguna consecuencia para sus autores que, años después, siguen ocupando puestos de responsabilidad (Fulton, 2013: 11).

[10] En 1997, se constató que la mayor parte de los componentes de la GRI no siguieron las directrices del Líder Supremo y la OIP y votaron al líder reformista Jatamí. Para conseguir una mayor fidelidad ideológica, la Guardia optó por intensificar los esfuerzos de adoctrinamiento y por reclutar sus nuevos miembros entre miembros del Basij, ideológicamente más fiables. El plan demostró su eficacia: en lo sucesivo la Guardia colaboró activamente la hora de bloquear los intentos reformistas mostrándose sus miembros firmemente comprometidos con la visión más conservadora del régimen (Golkar, 2019: 5-6).