La América Hispana en la academia china de las relaciones internacionales y la trampa de la narrativa hegemónica

DR. CARLOS MARTÍN

Universidad Europea de Valencia, España

Title: Hispanic America in the Chinese Academia of International Relations and the Trap of the Hegemonic Narrative

Resumen: Este artículo analiza la profunda desconexión histórica que caracteriza el acercamiento de la academia china de relaciones internacionales a la América Hispana. Sostiene que China ha adoptado acríticamente una narrativa hegemónica dual —heredera de la tradición anglosajona que equipara el período virreinal con el colonialismo extractivo, y de la izquierda latinoamericana que atribuye a dicho período todos los males contemporáneos de la región—, lo que le impide comprender la especificidad histórica de los tres siglos de gobierno virreinal hispánico. Mediante el análisis de la evolución institucional de los estudios latinoamericanos en China, su producción académica, el marco del Sur Global y la influencia ideológica de los interlocutores latinoamericanos, el artículo demuestra que el período virreinal constituye una terra incognita en la academia china. Esta trampa de la narrativa hegemónica tiene consecuencias prácticas para la diplomacia, la inversión y la cooperación cultural chinas en la región. El artículo concluye que superar esta trampa es una condición necesaria para que la cooperación sino-hispanoamericana pueda aspirar a una genuina horizontalidad.

Palabras clave: América Hispana; estudios latinoamericanos en China; período virreinal; narrativa hegemónica; Sur Global; teoría de la dependencia.

Abstract: This article analyzes the profound historical disconnection that characterizes the approach of the Chinese international relations academy to Hispanic America. It argues that China has uncritically adopted a dual hegemonic narrative —inherited from the Anglo-Saxon tradition that equates the viceregal period with extractive colonialism, and from the Latin American left that attributes all contemporary ills of the region to said period— which prevents it from understanding the historical specificity of the three centuries of Hispanic viceregal rule. By analyzing the institutional evolution of Latin American studies in China, its academic production, the Global South framework, and the ideological influence of Latin American interlocutors, the article demonstrates that the viceregal period constitutes a terra incognita in Chinese academia. This trap of the hegemonic narrative has practical consequences for Chinese diplomacy, investment, and cultural cooperation in the region. The article concludes that overcoming this trap is a necessary condition for Sino-Hispanic American cooperation to aspire to genuine horizontality.

Keywords: Hispanic America; Latin American studies in China; viceregal period; hegemonic narrative; Global South; dependency theory.

Para citar este artículo/To cite this article: Carlos Martín, <<La América Hispana en la academia china de las relaciones internacionales y la trampa de la narrativa hegemónica>>, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 12, No. 1, (2026), pp. 135-152. DOI: http://dx.doi.org.10.18847/1.23.8

Introducción

El estudio de las relaciones entre China y la América Hispana se ha consolidado en las últimas décadas como un campo de creciente interés académico y geopolítico. La República Popular China se ha convertido en el principal socio comercial de varias economías sudamericanas, ha financiado megaproyectos de infraestructuras y ha tejido una red de relaciones que algunos interpretan como un desplazamiento económico de la influencia estadounidense en la región (Ellis, 2023). Sin embargo, lo que suele pasar desapercibido en este análisis es la profunda desconexión histórica que caracteriza el acercamiento chino a esta región.

El mundo académico y político chino tiende a representar la América Hispana de la misma forma que la tradición europea lo ha hecho desde el siglo XIX. Esta constatación, que podría parecer una mera curiosidad historiográfica, encierra en realidad un problema de primera magnitud para las relaciones entre China y las naciones surgidas del antiguo imperio español. La comprensión que China tiene de estos países, sus sociedades, sus estructuras institucionales y sus identidades nacionales, se encuentra mediada por una narrativa construida fuera de la región y ajena a sus complejidades históricas.

La posición occidental tiende a equiparar el proceso de incorporación a la Corona española de los territorios descubiertos en el continente americano con el concepto de colonización que se produjo entre los siglos XIX y XX (Iglesias-Rogers & Brownrigg-Gleeson, 2021)[1]. Esta equivalencia no es inocente. Aunque el imperio español y el británico operaron con lógicas distintas (Muñoz Machado, 2019; Stein & Stein, 2000; Elliot 2006; Cañizares-Esguerra, 2018)[2], la equiparación cumple la función de eludir las responsabilidades de un proceso de subyugación sistemática que las potencias europeas —particularmente Francia y Gran Bretaña— llevaron a cabo a escala mundial durante los siglos posteriores a la disolución del imperio español. Si España fue colonizadora en el mismo sentido que Gran Bretaña, entonces la responsabilidad histórica se diluye en una categoría genérica de colonialismo europeo que oscurece las diferencias sustanciales entre ambos modelos[3].

Por su parte, la relación contemporánea es la continuación de una conexión histórica que China construyó con la región gracias al maoísmo (Rothwell, 2024). Un proceso que se ha retroalimentado por la posición china durante la Guerra Fría y el empuje de las teorías marxistas y las corrientes intelectuales de izquierda latinoamericana[4]. Por un lado, China buscó insertarse en la competencia entre Estados Unidos y la Unión Soviética estableciendo vínculos con movimientos rural-socialistas y partidos de izquierda, donde el maoísmo proporcionó a China una legitimidad ventajosa para sentar las bases de su expansión en la región (Rothwell, 2024). Por otro, los movimientos de izquierda utilizaron la equivalencia terminológica occidental para justificar los procesos de descolonización y explicar la realidad contemporánea de América Latina como consecuencia directa del periodo virreinal. En este contexto, China adoptó los marcos analíticos y las categorías desarrolladas en Occidente durante el periodo de confrontación bipolar (Xianglin & Huiye, 2018).

Los intercambios de la diplomacia popular china validaron el socialismo como camino para la transformación social en América Latina y moldearon las perspectivas latinoamericanas sobre el socialismo (Pagola Rodríguez & Zhang, 2025). Los intelectuales de izquierda no recibieron pasivamente los discursos de Beijing, sino que crearon sus propias narrativas basadas en sus agendas e ideologías, imaginando un lugar común en el orden mundial para los pueblos en los márgenes de la sociedad eurocéntrica (Rothwell, 2024). Desde la teoría de la dependencia hasta las perspectivas críticas del giro decolonial, el período virreinal ha sido representado como el origen de todos los males: la desigualdad, el subdesarrollo, la inestabilidad política, la fragmentación territorial (Andrade Guevara, 2020; Katz, 2016; Quijano, 2000). Sin embargo, es precisamente después de la disolución del imperio español cuando las estructuras anglosajonas —comerciales, financieras y diplomáticas— destruyen buena parte de lo construido durante tres siglos de gobierno virreinal, imponiendo un nuevo orden de dependencia que configura la realidad que conocemos hoy (Galeano, 2010; Halperín Donghi, 1985).

La academia china, formada durante la Guerra Fría bajo la doble influencia del marxismo-leninismo y del tercermundismo, ha adoptado acríticamente esta narrativa dual. La China revolucionaria encontró en América Latina un eco de sus propias aspiraciones de transformación social (Rothwell, 2024). Lo que se obvia en los estudios chinos sobre América Latina es precisamente lo que ocurre después de las independencias o cómo las estructuras institucionales, jurídicas y sociales construidas durante el período virreinal fueron sistemáticamente desmanteladas por la intervención económica y política anglosajona, y cómo este proceso posterior es el que configura las condiciones de dependencia que la teoría de la dependencia atribuye erróneamente al legado hispánico (Mahoney, 2010; Véliz, 1984).

Este marco interpretativo, sin embargo, parte de una premisa que silencia tres siglos de historia virreinal. La América que China descubrió a través de sus intercambios con intelectuales y movimientos de izquierda es una América latinoamericana —un concepto de origen francés vinculado a proyectos imperiales del siglo XIX—, no la América hispana forjada durante trescientos años de virreinato. El término Latinoamérica fue promovido por intelectuales franceses como Michel Chevalier y por el gobierno de Napoleón III para justificar la intervención francesa en México, presentando a Francia como la cabeza de las naciones latinas frente a la América anglosajona (Hensel-Riveros, 2015; Rojas Mix, 1986). Así, el propio nombre con el que se conoce a la región es producto de una construcción externa con claros fines de dominación[5].

China, al adoptar el término Latinoamérica y al construir su acercamiento sobre la base de afinidades ideológicas forjadas durante la Guerra Fría —convergencias socialistas, antiimperialismo compartido, solidaridad tercermundista—, ha quedado anclada en una comprensión de la región que ignora el sustrato profundo de su configuración histórica a través de los tres siglos de virreinato hispánico que constituyeron entidades políticas, culturales y raciales completamente distintas a las preexistentes antes de la llegada de los españoles. Esta tradición jurídica y política, que hunde sus raíces en el trabajo de la Escuela de Salamanca, desarrolló una concepción del derecho de gentes que reconocía la soberanía y los derechos naturales de los pueblos indígenas, estableciendo los fundamentos conceptuales que permitieron concebir a los territorios americanos con como colonias de explotación, sino como reinos integrantes de la Monarquía Hispánica con derechos y fueros propios  (De la Puente Bruke, 2019; Alvarado Dodero, 2017; Büschges, 2016).[6]

Mientras tanto, Estados Unidos ha mantenido históricamente una relación ambivalente con el pasado hispano del continente. Por un lado, su propia expansión territorial se produjo a costa de territorios que habían sido españoles y mexicanos; por otro, la presencia de comunidades hispanas en su suelo es anterior a la existencia misma del país. La reciente renovación de la Dotrina Monroe bajo la administración Trump, que promete “defender activa y audazmente los intereses de los EU en todo el Hemisferio Occidental” (The White House, 2025), sugiere una continuidad en la concepción de la región como patio trasero estratégico. Sin embargo, el país posee una ventaja estructural que China no tiene al encontrarse presentes más de 60 millones de hispanos en su territorio, puente viviente con el pasado y el presente de la America Hispana (Pew Research Center, 2022).

La intención de China de incluir a la América Hispana dentro del marco del Sur Global requeriría, para ser efectiva y coherente, un acercamiento distinto al practicado hasta ahora[7]. Como ha señalado la investigadora Guoe Joe (2025) de la Universidad de Pekín, el análisis del desarrollo cualitativo en el Sur Global excede las meras consideraciones económicas para adentrarse en las trayectorias específicas de cada región[8]. La inclusión en esta categoría del Sur Global no puede sostenerse sobre la base exclusiva de afinidades ideológicas forjadas durante la Guerra Fría, sino que requiere una comprensión profunda de la especificad histórica del continente. Dicha comprensión, lejos de contradecir los intereses chinos, podría incorporarlos en su beneficio al permitir desplazar el foco analítico de la supuesta subyugación de los virreinatos al dominio español hacia la posición política posterior en la que los países nacientes quedaron sujetos a otras potencias[9].

Esta constatación nos lleva a plantear una pregunta crucial, cuya respuesta podría reconfigurar por completo el equilibrio geopolítico de la región. Si los EU, en un giro estratégico, decidiera reconocer y reivindicar el pasado hispano del continente, modificando su acercamiento a la región para enfatizar la herencia compartida de lengua, cultura e instituciones jurídicas que emanan de la tradición virreinal y de la Escuela de Salamanca, ¿habría quedado entonces China anclada en una posición ideológica —la solidaridad tercermundista, el antiimperialismo, la afinidad socialista— sin sustento histórico profundo y, por tanto, sin capacidad real para entender y actuar eficazmente en la región? Y, por tanto ¿habría quedado atrapada en la trampa de la narrativa hegemónica —esa misma que, paradójicamente, ella aspiraba a combatir— al haber aceptado acríticamente las categorías impuestas por las potencias de los siglos XIX y XX, sin haber desarrollado una mirada propia capaz de interpretar a la región desde sus especificidades histórica más profunda?

El presente artículo se propone analizar esta problemática en profundidad. En primer lugar, se examina cómo los estudios sobre lo que se denomina América Latina o Latinoamérica se fueron desarrollando en China, su evolución institucional y el peso del tema dentro de la academia china y el encaje que se le da a la América Hispana dentro del marco del Sur Global. En tercer lugar, se examina la influencia ideológica de los académicos latinoamericanos que actúan como interlocutores principales de la academia china. En cuarto lugar, se desarrolla el concepto de la trampa de la narrativa hegemónica y sus consecuencias para la comprensión china de la región. Finalmente, se ofrecen conclusiones que apuntan hacia la necesidad de una revisión profunda de los marcos analíticos utilizados por parte de la academia china.

Los estudios sobre la América Hispana en China

Los estudios latinoamericanos en China poseen una genealogía institucional bien documentada, cuyo origen puede rastrearse hasta dos intervenciones estatales específicas que configuraron la arquitectura del campo durante las décadas de 1960 y 1970. Comprender esta genealogía es esencial para entender las limitaciones epistemológicas que afectan la comprensión china de la América Hispana en la actualidad.

El pilar institucional se construyó sobre dos ejes. Por un lado, el eje orientado a la política pública articulado en torno a la Academia China de las Ciencias Sociales (CASS). En 1961, el Departamento de Filosofía y Ciencias Sociales de la Academia China de Ciencias estableció el Instituto de América Latina (ILAS), con funciones de asesoramiento político, análisis de inteligencia y apoyo diplomático. Su brazo editorial, la revista Estudios Latinoamericanos (拉丁美洲研究), fundada en 1979, se convertiría en la única publicación académica especializada en América Latina en todo el sistema universitario chino (Xianglin & Huiye, 2018).

Por otro lado, el eje académico-universitario se configuró en 1964, cuando cuatros universidades —Nankai, Fudan, Pekín y Wuhan— establecieron unidades de investigación sobre la región mediante directiva estatal. Su mandato explícito era la investigación histórica, no el análisis político contemporáneo, y sus respectivos directores habían sido formados como historiadores del mundo moderno, no como especialistas de área. Éstos poseían, por tanto, las herramientas metodológicas para estudiar cualquier período de la historia de la región, incluida la época virreinal. Sin embargo, sus esfuerzos se dirigieron consistentemente hacia periodos más cercanos (Xianglin & Huiye, 2018).

La razón de esta orientación temporal no fue una cuestión de capacidad, sino de prioridades políticas e ideológicas al coincidir con la disputa sino-soviética y la defensa militante china de la guerra de guerrillas en América Latina (Ratliff, 2009). En este contexto, la investigación académica debía servir a objetivos políticos y diplomáticos inmediatos, centrándose en los movimientos revolucionarios contemporáneos y en las luchas antiimperialistas. El objetivo principal chino, dadas las restricciones geográficas y la limitación de recursos para un compromiso directo más amplio, era el establecimiento de un liderazgo ideológico formal (Roett & Paz, 2016).

El periodo posterior al año 2000 reveló una migración disciplinaria sistemática de los estudios latinoamericanos fuera de los departamentos de historia hacia los marcos de relaciones internacionales y de ciencia política.[10] Esta migración disciplinaria se aceleró tras 2010, cuando se establecieron más de sesenta nuevos centros de investigación sobre América Latina en universidades china. Sin embargo, la abrumadora mayoría de estos centros se ubica en escuelas de estudios internacionales, política pública, economía o lenguas extranjeras y prácticamente ninguno se encuentra en departamentos de historia. Las políticas gubernamentales sucesivas desde 2010 han apoyado el desarrollo de centros de estudios latinoamericanos de alta calidad diseñados para informar al cuerpo diplomático chino y a la política exterior. Sin embargo, la expansión del campo no ha producido un solo centro nuevo dedicado a la investigación histórica virreinal, dedicándose exclusivamente al estudio del presente (Myers et al., 2018). Por otro lado, la crisis generacional que afecta al campo ha sido documentada por la dirección de la Asociación China de Estudios Latinoamericanos que, en 2022, reconoció que “con la jubilación de la generación de los académicos más veteranos, las instituciones de investigación que en su día hicieron grandes contribuciones a los estudios latinoamericanos nacionales enfrenta, en distintos grados, una crisis de falta de sucesores” (Wang, 2022).

El sistema de formación actual refuerza la orientación al presente donde domina la posesión de un grado en lengua y literatura española, seguido de un máster o doctorado en relaciones internacionales o ciencia política, con estancias de investigación en América Latina orientadas al análisis político contemporáneo. Aquellos en posesión del doctorado especializados en la región son enviados a México, Argentina o Brasil mediante programas estatales como el Proyecto de Formación Colaborativa Internacional del Consejo de Becas de China. La formación incide en las narrativas históricas nacionales y los enfoques metodológicos que giran en torno a las preocupaciones posteriores a las independencias. Queda ausente la formación en el Archivo General de Indias de Sevilla, la tradición archivística española, la formación paleográfica o las estructuras legales y eclesiásticas coloniales, con lo que es ocasional la producción de monografías basadas en fuentes archivísticas españolas respecto a aquel período.

Por ello, el vocabulario conceptual central respecto al mestizaje, casta, repartimiento, patronato real, entre otros está casi completamente ausente del discurso teórico chino. No existe una Escuela China de historiografía virreinal, ni una intervención teórica distintiva y emergente del compromiso académico chino con el archivo de la época. Es, por tanto, una terra incognita en el latinoamericanismo chino donde no existen especialistas, estudiantes de postgrado, agendas de investigación, proyectos de archivo o debates teóricos. Uno de los desafíos críticos para los estudios latinoamericanos en China es la falta de una base sólida en la investigación fundamental, así como la insuficiente atención a las raíces históricas de los problemas sociales de la región (He, 2020).

Producción académica y el encaje de la América Hispana en el Sur Global

Como consecuencia de lo desarrollado hasta ahora, la producción académica china sobre la América Hispana presenta una concentración extrema en las relaciones contemporáneas con China. Un análisis bibliométrico de los más de tres mil artículos publicados en Estudios Latinoamericanos entre 1979 y 2015 revela que los temas dominantes han evolucionado desde el carácter socioeconómico latinoamericano (1979-1980), pasando por la comparación de modelos de desarrollo entre América Latina y Asia Oriental (1990), la evaluación del neoliberalismo (2000) y la latinoamericanización o trampa de los ingresos medios (2010), hasta la actual centralidad de las relaciones China-América Latina, que constituye aproximadamente entre el sesenta y setenta por cierto de la producción actual (Han, 2020). En este contexto, el contenido sobre el periodo virreinal representa menos del uno por ciento de la producción total[11].

La narrativa del Sur Global ha emergido como el marco analítico dominante para posicionar a América Latina dentro del esquema de relaciones internacionales chino. La revista Estudios Latinoamericanos de la CASS dedicó su sexto número de 2024 a una exploración comprehensiva del Sur Global.  En el mismo, la contribución de Zhang Yifei (2024) abogaba por entender el Sur Global por un patrón de múltiples civilizaciones en las relaciones internacionales, Xu Shicheng (2025) utiliza explícitamente la categoría Sur Global como marco analítico trazando la modernización desde la década de 1870 en adelante, dejando la influencia española como un trasfondo histórico lejano. Con ello, el marco del Sur Global, tal y como se aplica en la academia china, es un instrumento diplomático, no una herramienta historiográfica. Sirve para clasificar a los países de la región como socios potenciales en un orden multipolar, pero no para comprender las raíces históricas de sus configuraciones sociopolíticas actuales.

La tensión entre la autopercepción china como miembro natural del Sur Global y las asimetrías de poder objetivas respecto a la mayoría de los países latinoamericanos ha generado un debate académico significativo. El simposio de la CASS El Sur Global en un siglo de cambios, con la participación de Zhao Kejin, Yuan Feng, Wang Fan y otros destacados académicos, posiciona a China como “un defensor, constructor y contribuyente a la cooperación del Sur Global” (Keijin et al., 2024). Esta formulación cumple varios objetivos retóricos al afirmar la pertenencia orgánica en lugar de la instrumentalización estratégica, reivindicando el liderazgo sin jerarquía y vinculando el proyecto del Sur Global a iniciativas chinas existentes como la Franja y la Ruta.

La dimensión institucional de la construcción narrativa del Sur Global merece atención especial. CLACSO ha establecido el Centro de Investigación e Intercambio China-América Latina y el Caribe, posicionando explícitamente como una iniciativa estratégica que opera desde una perspectiva crítica, pluralista y transformadora fundamentada en el Sur Global[12]. El lenguaje de esta iniciativa es notable por su énfasis en la justicia cognitiva y la pluralidad epistémica, buscando elaborar conocimientos diversos en torno a temas que incluyen la soberanía tecnológica y la justicia cognitiva. Sin embargo, a pesar de la atención a la heterogeneidad de la región, esta atención solo se reconoce en el plano comunicacional contemporáneo, no en el plano historiográfico. De forma similar ocurre con la propuesta de Hou Guanghai (2025) durante el Congreso Anual de 2025 de la Sociedad para las Relaciones con América Latina. Aun proponiendo la descolonización del conocimiento, no cuestiona la narrativa colonial heredada de las tradiciones anglosajonas y de la izquierda latinoamericana.

La respuesta oficial china, articulada por Zhang Huanyi en julio de 2025, contesta directamente la aplicación de la teoría de la dependencia a las relaciones China-América Latina. Zhang argumenta que a diferencia de los países centrales convencionales cuyo desarrollo dependió históricamente de la expansión colonial y la extracción de recursos, China ha seguido un camino distinto de desarrollo pacífico enraizado en la innovación independiente, la apertura y la cooperación ganar-ganar. El movimiento clave de este argumento es distinguir a China de los países centrales tradicionales, una distinción que solo es posible si se acepta acríticamente la narrativa que equipara el período virreinal con el colonialismo extractivo anglosajón.

La influencia ideológica de la academia latinoamericana

La academia china no opera en un vacío ya que sus marcos interpretativos sobre la región están profundamente influidos por los interlocutores latinoamericanos con los que interactúa. Un análisis de aquellos académicos que mantienen o han mantenido vínculos activos con instituciones chinas revela un patrón ideológico significativo que contribuye a perpetuar a trampa de la narrativa hegemónica.

El caso paradigmático es el del escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015), cuya obra Las venas abiertas de América Latina (1971) constituye quizá la formulación más influyente de la narrativa que atribuye el subdesarrollo latinoamericano al periodo virreinal. Galeano visitó China en 1963 y publicó China: 1964. Esta era una crónica de un desafío que acercó la realidad de la revolución china al público latinoamericano. Su autodefinición como intelectual de izquierda y su visión del capitalismo como un sistema que se come todo lo que encuentra configuran el tipo de interlocutor que ha predominado en el dialogo entre ambas academias (Prates, 2023).

En las últimas décadas, el perfil ideológico predominante se sitúa claramente en el espectro progresista y de izquierda. Raúl Bernal-Meza (Argentina), uno de los más prolíficos en el estudio de la inserción de la región en el sistema mundial, articula su marco analítico explícitamente sobre la teoría de la dependencia y el estructuralismo cepalino de Prebisch. Su obra conjunta con Li Xing, China-Latin America Relations in the 21st Century (Bernal-Meza & Xing, 2020), conceptualiza las relaciones económicas desde la perspectiva del modelo centro-periferia y la teoría del sistema-mundo.

Pablo Vommaro, Director Ejecutivo de CLACSO y posicionado claramente como progresista de izquierda, ha sido un actor clave en la articulación institucional entre esta red académica y China. Bajo su liderazgo se ha consolidado el Programa CLACSO China como centro de investigación e intercambio que opera explícitamente desde “una perspectiva crítica, plural y transformadora anclada en el Sur Global” (Ver nota 12).

La dimensión institucional de esta influencia se manifiesta también en la creación del Instituto de Investigación sobre China en FLACSO-Ecuador, acordada en 2025 entre su directora, Gioconda Herrera, y la Universidad de Lengua y Cultura de Pekín (BLCU). Así mismo, Gustavo Girado (Argentina), cuya obra Un mundo made in China fue la única obra latinoamericana seleccionada en la Bibliografía Recomendada para la Investigación de Estudios Mundiales de China presentada en la Segunda Conferencia Mundial de Estudios de China. Representando el nivel más alto de reconocimiento por parte de la academia china hacia un investigador latinoamericano[13].

La ausencia de perfiles claramente alineados con la derecha política entre los académicos de la región que colaboran activamente con China no es casual al ser menos tendentes a la crítica del orden hegemonizado por los EU. Como consecuencia, los marcos interpretativos que se transmiten se presentan predominantemente a través del prisma antiimperialista y independentista donde el periodo virreinal funciona como el pecado original del subdesarrollo. Sin embargo, con ello se omite el hecho fundamental que apunta a que las condiciones de dependencia que caracterizan a la región en la actualidad derivan de la destrucción de las estructuras virreinales con posterioridad a las independencias. Desde la imposición de tratados comerciales desiguales, la financiación de guerras civiles y la penetración del capital anglosajón en sectores estratégicos son los factores que configuraron esta dependencia.

La influencia de la teoría de la dependencia en la academia china es particularmente significativa porque fue importada a través de las traducciones de Frank, Cardoso y Faletto durante las décadas de 1970 y 1980, un periodo formativo para el latino americanismo chino. Zhang Yongle (2022), del ámbito jurídico, ha rastreado con precisión esta genealogía, identificando el estructuralismo de Prebisch, el análisis de la dependencia de Gunder Frank y el marco del desarrollo dependiente asociados a F.H. Cardoso como momentos fundacionales en la construcción de una ciencia social distintivamente latinoamericana absorbida por la academia china. Esta absorción se produjo sin el contrapeso de la historiografía revisionista que, en los ámbitos anglosajón e hispánico, ha matizado sustancialmente la imagen del período virreinal.

Un factor particularmente revelador es la figura de Simón Bolívar en la historiografía china. Zhang Weijie (2024) plantea la pregunta central sobre la figura del libertador e identifica la paradoja entre éste y el desarrollo político latinoamericano posterior donde se sucede un ciclo interminable entre el despotismo y el caos de guerra civil. En este sentido, la academia china ha heredado una lectura de los procesos de independencia que los enmarca exclusivamente como luchas anticoloniales, análogas a los movimientos de liberación nacional del siglo XX en Asia y Africa. Sin embargo, la academia china ya en 2010 evidenció que la realidad fue considerablemente más compleja y, aunque valiosos, operan dentro de un marco marxista de análisis de clases que no deja espacio para examinar las dimensiones positivas de las instituciones virreinales ni la agencia de las élites indígenas dentro del sistema español (Han et al., 2010).[14]

La trampa de la narrativa hegemónica

La que denominamos trampa de la narrativa hegemónica opera sobre la academia china a través de un mecanismo doble que puede describirse como una pinza epistemológica. Por un lado, la narrativa anglosajona equipara el proceso de incorporación de los territorios americanos a la Corona española con el colonialismo extractivo del siglo XIX diluyendo la responsabilidad de las potencias europeas —particularmente Gran Bretaña— en la destrucción de las estructuras virreinales. Por otro lado, la narrativa de izquierda latinoamericana, heredera de la teoría de la dependencia, atribuye al período virreinal la totalidad de los males contemporáneos de la región, justificando así los procesos de independencia. China, al adoptar acríticamente ambas narrativas, queda atrapada en una lectura de la historia que le impide comprender dimensiones fundamentales de la realidad hispanoamericana. Esta trampa se manifiesta en al menos cuatro dimensiones.

La primera dimensión es la ausencia total de estudios sobre la colaboración indígena con las instituciones españolas. La historiografía china opera bajo un marco de resistencia anticolonial que no deja espacio conceptual para analizar la adhesión de las élites indígenas a las instituciones virreinales. El trabajo de De la Puente Luna (2018) sobre los cosmopolitas andinos que litigaban ante la corte real española, o los estudios de Owensby (2011) sobre el pacto entre el rey español y sus vasallos indígenas en la Nueva España, demuestran que la relación fue mucho más compleja que la simple dicotomía opresor-oprimido. Sin embargo, ningún académico chino parece haber producido un estudio paralelo sobre el tema. Como han documentado Chance (1996) y López Beltrán (2012) en el ámbito anglosajón, los caciques indígenas funcionaban como intermediarios culturales y agentes de la hegemonía virreinal, adoptando el vestido, la lengua y los negocios españoles, viendo su poder legitimado por los tribunales españoles. Este tipo de análisis parece ajeno a la academia china.

La segunda dimensión es la incapacidad para distinguir entre el modelo hispánico y el modelo anglosajón de relación con los territorios ultramarinos. El modelo hispánico se basó en la incorporación jurídica de los territorios americanos a la Corona, con un sistema legal —las Leyes de Indias— que otorgaba derechos reconocidos a las poblaciones indígenas, establecía tribunales específicos para dirimir conflictos y reconocía la personalidad jurídica de las comunidades indígenas. Los parlamentos hispano-mapuches en Chiles, estudiados por Zavala (2015), y Zavala et al. (2017), demuestran que en algunas regiones las relaciones adquirieron un carácter diplomático formal que se sostuvo durante más de un siglo. Este modelo difiere radicalmente del colonialismo extractivo anglosajón, que se basó en la segregación racial, la expropiación territorial y la destrucción sistemática de las estructuras sociales preexistentes. El único estudio comparativo chino identificado —una traducción de investigación extranjera en ciencia política comparada— concluye que “el mercantilismo español tuvo un impacto negativo en el desarrollo de las regiones densamente pobladas” (Ma et al., 2021). Esta conclusión, que confirma la narrativa hegemónica sin cuestionarla, es presentada en una publicación china como hallazgo académico, cuando en realidad se trata de la reproducción de un marco interpretativo anglosajón que no ha sido sometido a escrutinio crítico por parte de la academia china.

La tercera dimensión es el vacío archivístico. La investigación sobre el período virreinal requiere competencias paleográficas —la capacidad de leer manuscritos de los siglos XVI al XVIII—, fluidez en el español jurídico y, frecuentemente, conocimientos de latín. Esta formación no forma parte de la educación estándar en lengua española en China, que se centra en la comunicación contemporánea. Los repositorios primarios para la historia virreinal se encuentran en Sevilla, México, Lima y Bogotá. Aunque los investigadores chinos viajan al extranjero, no existe una presencia institucionalizada sostenida de investigadores chinos en estos archivos. Sin trabajo archivístico, no puede haber historiografía original. La única obra china identificada sobre instituciones virreinales (Cao & Li, 2021) se basa en leyes publicadas y fuentes secundarias en inglés, no en registros judiciales, notariales o documentación inédita en lenguas indígenas.

La cuarta dimensión es la desconexión con la identidad y el imaginario cultural hispanoamericano. La América Hispana es una región donde el pasado virreinal está vivo en la arquitectura, las instituciones, las tradiciones jurídicas, la religión la lengua y las identidades nacionales. El desconocimiento de este imaginario impide a China conectar a un nivel más profundo que el puramente económico o diplomático. Un ejemplo pragmático lo ofrece Wu Xiaofan (2023), quien ha señalado que cuando los medios chinos traducen la palabra virrey simplemente como gobernador se pierde la profunda carga histórica y política del término. Para un hispanoamericano, la palabra virrey evoca siglos de gobierno imperial, una estructura de poder donde el representante del rey ejercía autoridad en nombre de una metrópoli lejana. Traducirlo como gobernador lo despoja de esa carga semántica y, con ella, de la capacidad de entender la ironía y la crítica contenidas en el discurso político latinoamericano contemporáneo.

La trampa opera, en definitiva, porque la academia china ha heredado un marco interpretativo que le fue transmitido por dos fuentes complementarias y mutuamente reforzantes: la tradición anglosajona, que equipara el período virreinal con el colonialismo para diluir su propia responsabilidad posterior, y la tradición de izquierda latinoamericana, que hace lo propio para justificar sus proyectos revolucionarios. Ambas coinciden en presentar dicho periodo como el origen de los males de América Latina, cuando la evidencia historiográfica más reciente sugiere que fue precisamente la destrucción de las estructuras virreinales —las redes comerciales, los marcos jurídicos, las instituciones de gobierno local, las relaciones negociadas con las élites indígenas— la que generó el vacío de poder que fue ocupado por los caudillos, las empresas comerciales anglosajonas y, eventualmente, la hegemonía estadounidense. De acuerdo con la historiadora chilena Sol Serrano (2022), al marginar la experiencia hispanoamericana de la historia universal, se la reduce a una anomalía, a un caso de fracaso que debe explicarse en términos de las categorías establecidas por el centro —colonialismo, subdesarrollo, dependencia— en lugar de ser comprendida en sus propios términos.

La academia china, al adoptar acríticamente estas categorías, reproduce la marginalización. El resultado es un conocimiento sobre la región que es, paradójicamente, más superficial cuanto más se expande el campo de los estudios latinoamericanos en China. Los más de sesenta centros de investigación creado desde 2010, los centenares de artículos publicado anualmente, las crecientes cifras de comercio bilateral de todo este aparato institucional y económico se construye sobre un desconocimiento fundamental de la historia que configura las identidades, los traumas y las estructuras sociales de los países con los que China pretende construir una relación de cooperación ganar-ganar.

La dimensión geopolítica de la trampa se complica adicionalmente por la rivalidad estratégica entre China y los EU. La creciente presencia china en la región es percibida por Washington a través del prisma de la Doctrina Monroe., lo que genera una reacción que contamina aún más el entorno narrativo. La relación bilateral entre China y la América Hispana se convierte en un campo de batalla de la competencia entre las grandes potencias obligando a los países de la región a navegar entre dos polos. La decisión de alinearse con China —por ejemplo, uniéndose a la Iniciativa de la Franja y la Ruta— son interpretadas no como ejercicios de soberanía, sino como fichas en un juego geopolítico, reforzando la visión de una región sin agencia propia y atrapada en dinámicas hegemónicas.

Los marcos teóricos que dominan la historiografía colonial global han sido sistemáticamente ignorados por la academia china. La Nueva Filología de Lockhart y Restall, que trabaja con fuentes en lenguas indígenas; la microhistoria virreinal aplicada a la vida cotidiana y los procesos judiciales; los estudios subalternos en su variante latinoamericana; la nueva historia cultural de las pinturas de castas y la cultura barroca; la historia atlántica de los sistemas imperiales comparados: e incluso el giro decolonial de Mignolo y Quijano —que ha sido importado recientemente pero solo se aplica al período contemporáneo— constituyen tradiciones interpretativas completamente ausentes del repertorio teórico chino. La última obra china que abordó seriamente la historia cultural virreinal fuel el Esbozo cultural de América Latina publicado por la Universidad de Fudan en 1996, hace ya tres décadas. Desde entonces, silencio.

Conclusiones

El análisis presentado en este artículo demuestra que la academia china de relaciones internacionales se encuentra atrapada en una narrativa hegemónica que le impide comprender en profundidad la realidad de la América Hispana. Esta trampa no es el producto de una deficiencia intelectual ni de una falta de recursos, sino de una configuración epistemológica heredada que combina la narrativa anglosajona de equiparación del período virreinal con el colonialismo extractivo y la narrativa de izquierda latinoamericana que atribuye al período virreinal la totalidad de los problemas contemporáneos de la región.

Los hallazgos de este estudio pueden sintetizarse en cinco conclusiones principales. La primera es el que el periodo virreinal constituye una terra incognita en la academia china. No se trata de un campo descuidado, sino de un campo no representado. Esta ausencia ha sido reconocida explícitamente por la Asociación China de Estudios Latinoamericanos que, en 2022, identificó los orígenes y desarrollo del colonialismo y el racismo en América Latina como área insuficientemente investigada.

La segunda conclusión es que la migración disciplinaria de los estudios latinoamericanos desde los departamentos de historia hacia las escuelas de relaciones internacionales y ciencia política ha agravado la situación. La generación de 1964, formada como historiadores del mundo moderno, no ha sido reemplazada. Los más de sesenta centros creados desde 2010 están orientados exclusivamente hacia el análisis político y económico contemporáneo. La infraestructura para la investigación histórica se ha atrofiado precisamente cuando el campo se expandía. Esto no es escasez de recursos sino una elección epistémica.

En tercer lugar, los interlocutores latinoamericanos que alimentan la comprensión china de la región proceden predominantemente del espectro progresista y de izquierda, operando dentro de marcos interpretativos —la teoría de la dependencia, el estructuralismo cepalino, el giro decolonial— que refuerzan la narrativa del periodo virreinal como origen del subdesarrollo. La ausencia de voces que presenten lecturas alternativas —la complejidad del sistema jurídico de las Leyes de Indias, la agencia legal indígena, los pactos entre la Corona y las élites locales, la contribución de la Escuela de Salamanca al derecho internacional— perpetúa el sesgo epistemológico.

Como cuarta conclusión, la narrativa del Sur Global, tal como es aplicada por la academia china, funciona como un instrumento diplomático que clasifica a los países hispanoamericanos como socios potenciales en un orden multipolar, pero no como una herramienta historiográfica que permite comprender las raíces de sus configuraciones sociopolíticas. Al excluir el periodo virreinal del análisis y comenzar la historia de la modernización latinoamericana en la década de 1870, la narrativa del Sur Global reproduce la marginalización historiográfica que dice combatir.

En quinto, y último lugar, la superación de la trampa de la narrativa hegemónica requeriría un esfuerzo institucional y epistemológico de gran envergadura. Desde la creación de cátedras en historia virreinal, la formación de investigadores en paleografía española y metodologías archivísticas, el establecimiento de asociaciones con archivos en España, México, Perú y Colombia, la traducción sistemática de la historiografía virreinal —no solo la anglófona sino especialmente la hispánica—, y la apertura de espacios editoriales para el debate sobre el legado español en América. Nada de esto está ocurriendo. La expansión del campo se produce en la dirección opuesta, hacia un presente cada vez más inmediato y un pasado cada vez más olvidado.

Las implicaciones de esta trampa se extienden más allá del ámbito estrictamente académico. La incapacidad de la academia china para distinguir entre el modelo institucional hispánico y el colonialismo extractivo anglosajón tiene consecuencias prácticas para la diplomacia, la inversión y la cooperación cultural. Cuando China se acerca a países como México, Perú o Colombia sin comprender que sus sistemas jurídicos, sus tradiciones administrativas y sus identidades culturales hunden raíces en tres siglos de gobierno virreinal —y no en una abstracta herencia colonial genérica—, pierde la capacidad de conectar con dimensiones fundamentales de la vida social y política de estos países. El caudillismo, la desigualdad estructural, las complejas relaciones entre Estado y sociedad, la profunda religiosidad católica, las tradiciones municipalistas, todos estos fenómenos encuentran sus raíces en el periodo virreinal, y su comprensión es indispensable para cualquier actor externo que aspire a una relación profunda con la región.

Resulta paradójico que la propia experiencia histórica china ofrezca elementos que podrían facilitar una comprensión más matizada del periodo virreinal hispanoamericano. El concepto de Tianxia, las tradiciones de gobierno indirecto a través de las élites locales, la sofisticada burocracia imperial, los sistemas de examen y meritocracia. Todos estos elementos de la tradición política china encuentran paralelos instructivos en el sistema virreinal español, que también se basó en la negociación con las élites locales, en un sofisticado aparato jurídico y en la incorporación —no la eliminación— de las estructuras preexistentes. Si la academia china lograra transcender la narrativa hegemónica heredada y examinar el periodo virreinal con las mismas herramientas analíticas que aplica a su propia historia imperial, descubriría similitudes insospechadas que podrían fundamentar una comprensión mucho más profunda de la América Hispana.

En última instancia, la trampa de la narrativa hegemónica no solo afecta la calidad del conocimiento académico chino sobre la región, sino que compromete la profundidad y la sostenibilidad de la relación bilateral. China está construyendo su relación con un socio cuyas fracturas internas, temores y esperanzas son, en gran medida, el resultado de un periodo que China estudia poco y de manera periférica. Para construir una relación más madura y resiliente —no solo basada en el comercio y la infraestructura, sino también en la comprensión mutua—, será imprescindible que los académicos y formuladores de políticas chinos transciendan la narrativa hegemónica heredada y se adentren en la complejidad histórica que configura la identidad de la América Hispana.

Irónicamente, China, al aspirar a liderar el Sur Global como alternativa al orden hegemónico occidental, reproduce en su comprensión de la región exactamente la narrativa que ese orden hegemónico construyó para sus propios fines. Escapar de esa trampa no solo es un imperativo académico, sino que es una condición necesaria para que la cooperación sino-hispanoamericana pueda aspirar a la genuina horizontalidad que ambas partes proclaman.

Sobre el autor:

Carlos M. Martín es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Valencia (España). Es Doctor cum laude por la Universidad de Salamanca y Máster en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional por la Universidad de Granada. Su investigación se centra en las economías emergentes, los órdenes acotados y la política industrial, incluida la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Con una amplia experiencia directiva viviendo y trabajando en China y Macao, actúa como puente entre el mundo académico y los negocios internacionales. Es competente en inglés, chino mandarín y portugués.

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[1] La propia terminología de colonias aplicada a los territorios españoles fue una construcción forjada precisamente en el espacio de interacción anglo-hispano, lo que evidencia cómo las categorías analíticas que utilizamos hoy son producto de luchas interpretativas del pasado (Lange, Mahoney, & vom Hau, 2006).

[2] Elliot (2006), en su análisis comparativo fundamental, demostró que mientras la América española desarrolló un complejo orden social pigmentocrático con múltiples categorías raciales, la América británica se organizó en torno a la dicotomía excluyente blanco/negro basada en la esclavitud racial. En el trabajo de Cañizares-Esguerra (2018) y sus colaboradores en Entangled Empires, explícitamente se busca aclarar los procesos que hicieron invisibles las historias entrelazadas de estos mundos coloniales, incluyendo las prácticas de borrado archivístico, así como la memorialización selectiva. A través de la construcción de narrativas históricas separadas se han oscurecido las conexiones y, al mismo tiempo, las profundas diferencias entre los proyectos imperiales. Siguiendo a Escribano Roca (2020), en el siglo XIX estas interpretaciones del pasado imperial se convirtieron en un campo fundamental para la producción de conocimiento gubernamental y colonial, mitos colectivos y expectativas geopolíticas.

[3] Para Keen (1985), la diferencia fundamental entre ambos procesos ha sido sistemáticamente oscurecida por la evolución de la historiografía estadounidense sobre la América española. El académico documenta cómo historiadores como Adolph Bandelier y Charles F. Lummis promovieron una visión pro-española que, paradójicamente, contribuyó a homogeneizar la comprensión del fenómeno colonial.

[4] Esta tradición occidental en la academia china contemporánea puede rastrearse a través de figuras como Wei Ran, quien ha traducido a Walter D. Mignolo y ha coeditado series de traducción sobre pensamiento social y humanístico latinoamericano. Su investigación sobre los intercambios transculturales entre América Latina y China durante la Guerra Fría cultural ejemplifica cómo los marcos analíticos de la teoría decolonial —que parten de la equiparación de los colonialismos español y anglosajón— han sido adoptados por la academia china. https://www.sh.chinanews.com.cn/wenhua/2024-12-20/131754.shtml

[5] La Oficina de Gestión de Personal de Estados Unidos define Hispano como “una persona de cultura u origen cubano, mexicano, puertorriqueño, sudamericano, centroamericano, o e otro origen español, independientemente de su raza”, mientras que Latino se refiere a “una persona que es originaria o descendiente de alguien de un país latinoamericano, ya sea que hable español o portugués” (https://www.opm.gov/). El término Latinoamérica se consolidó posteriormente a través de su adopción por organismos internacionales y por la academia estadounidense, especialmente mediante los Latin American Studies, a mendo con fines de control regional o categorización censal (López, 2024). La obra editada por Chilcote (2022) documenta cómo los estudios sobre América Latina se desarrollaron en Estados Unidos vinculados a la política exterior, y fueron reforzados por la Guerra Fría después de 1945. El censo estadounidense de 1980 incorporó el término hispano, generando que diversas comunidades se opusieran por considerarlas vinculadas a España y su pasado colonial; como respuesta a estas protestas, en el año 2000 el US Census Bureau cambió el término por latinoamericano, dando oficialmente una identidad cultural y sociológica común a esas comunidades (López, 2024). Este proceso evidencia cómo la categorías censales y administrativas contribuyen decisivamente a la construcción de identidades regionales, a menudo en detrimento de las categorías que emergerían de la propia experiencia histórica de los pueblos.

[6] La investigación de García-Caro (2025) sobre la censura de obras teatrales en la California virreinal ilustra cómo este mundo hispánico fue posteriormente borrado por la historiografía anglosajona. El dramaturgo Fermín de Reygadas vio su obra sometida a dos formas de censura: la censura oral colonial española y el desprecio angloamericano hacia un texto y una representación que no encajaban en las narrativas historiográficas racializadas de Hubert Bancroft, quien omitió todas las referencias a ella en su History of California. Recientemente, la obra colectiva editada por Olivieri y Serrano-Muñoz (2022) aborda precisamente los desafíos y oportunidades de descolonizar los estudios transpacíficos, examinando las conexiones entre Asia Oriental y América Latina desde perspectivas que buscan superar las interpretaciones hegemónicas del conocimiento y la relación entre regiones. Este esfuerzo académico refleja la creciente conciencia sobre la necesidad de desarrollar marcos analíticos propios, alejados de las categorías impuestas.

[7] El Foro China-CELAC, en su IV Reunión Ministerial celebrada en Beijing en mayo de 2025, ha reforzado la visión de que China y los países de América Latina y el Caribe, como miembros importantes del Sur Global, deben mantener la solidaridad y la coordinación para enfrentar los desafíos globales con determinación. https://www.shio.gov.cn/TrueCMS/shxwbgs/voices/content/20250514192309883.htm

[8] Como señala Chris Alden (2025) en su análisis comparativo de las experiencias africana y latinoamericana con la China global, comprender cómo cada región ha navegado las oportunidades y desafíos en sus relaciones con Beijing requiere examinar la economía política, las dotaciones de recursos y las trayectorias históricas que han moldeado sus interacciones. Esta perspectiva, que sitúa la especificidad histórica en el centro del análisis, es precisamente la que permitiría a China desarrollar un acercamiento a la América Hispana más profundo y eficaz.

[9] Como documenta Barbara Stallings (2025) en su análisis sobre la relación entre hegemonía cambiante y dependencia en países periféricos, las relaciones internacionales pueden limitar la capacidad de los países periféricos para producir bienes más sofisticados y alcanzar un estatus de ingresos altos. La naturaleza de estos límites varía según las necesidades del hegemón (o del hegemón emergente), que se satisfacen a través de tres mecanismos de dependencia: mercados, influencia y vínculos. Sin embargo, como argumenta Zhang Huanyo (https://pekinshuho.com.cn/Opinion/Voice/202507/t20250731_800410138.html), superar las interpretaciones erróneas de la teoría de la dependencia requiere reconocer que no es exacto clasificar a China como un país central tradicional en el sentido definido por la teoría de la dependencia clásica. A diferencia de lso países centrales convencionales, cuyo desarrollo histórico se basó en la expansión colonial y la extracción de recursos, China ha seguido un camino distintivo de desarrollo pacífico arraigado en la innovación independiente, la apertura y la cooperación beneficiosa para todos. Los países latinoamericanos no son participantes meramente pasivos en su compromiso económico con China. La cooperación se basa en los principios de igualdad, respeto mutuo e intereses compartidos.

[10] La Universidad de Fudan es un caso paradigmático ya que, habiéndose fundado en 1964 dentro del Departamento de Historia, el centro fue transferido al Instituto de Estudios Internacionales en el año 2000, contando en 2022 con un único investigados a tiempo completo, especializado en política contemporánea venezolana y colombiana. Desapareciendo por completo la capacidad historiográfica.

[11] La única publicación china dedicada explícitamente al sistema virreinal y a las Leyes de Indias es el artículo de Kang Cao y Yijie Li (2021) que analiza la planificación urbana en las capitales virreinales de una perspectiva técnica y legal, sin discutir la adhesión de las élites indígenas a las instituciones españolas ni ofrecer un balance, bien sea positivo o negativo, del periodo. Se trata de un trabajo aislado, no de la manifestación de un campo de estudio organizado.

[12] Véase: https://www.clacso.org/presentacion-del-centro-de-investigacion-e-intercambio-china-america-latina-y-el-caribe/

[13] Véase: http://spanish.xinhuanet.com/20251015/246b8c7bbc424b148dea351734978a66/c.html

[14] Es particularmente significativo que la disposición de San Martín a negociar con la realeza española sea prácticamente desconocida en la academia china. Este hecho, que sugiere una relación mucho más matizada con el legado institucional español de lo que la narrativa anticolonial permite, queda oscurecido por un marco interpretativo que reduce la independencia a una lucha entre patriotas y realistas. Los derechos reconocidos por la Corona española a sus aliados indígenas a lo largo de siglos, el estatus diametralmente distinto que se le dio a las entidades políticas y a las estructuras locales dentro del sistema virreinal —todo esto se encuentra ausente en el análisis académico y político chino.