JOSÉ GONZÁLVEZ VALLÉS
Ministerio de Defensa, España
Title: Evolution of Chinese Military Capabilities to Sustain the Rise of the Nation
Resumen: El presente trabajo analiza la evolución de las capacidades militares de la República Popular China como instrumento central para sostener su ascenso como gran potencia en el sistema internacional. Partiendo de los condicionantes estructurales —económicos, demográficos y geoestratégicos— que configuran las prioridades del Partido Comunista Chino, el estudio examina la transformación organizativa, doctrinal y material del Ejército Popular de Liberación desde finales del siglo XX hasta la actualidad. Se presta especial atención a la reconfiguración del Ejército de Tierra, la rápida modernización de la Armada y la Fuerza Aérea, y al protagonismo creciente de la Fuerza Estratégica de Misiles, los dominios espacial y ciberespacial, y la logística conjunta. El artículo concluye que China ha construido un instrumento militar coherente con sus objetivos políticos y estratégicos, orientado a la disuasión, la negación de acceso y la protección de sus intereses vitales, sin aspirar todavía a una confrontación global directa.
Palabras clave: China; Ejército Popular de Liberación; modernización militar; A2/AD; disuasión; Indo-Pacífico.
Abstract: This article analyses the evolution of the People’s Republic of China’s military capabilities as a central instrument for sustaining its rise as a great power within the international system. Starting from the structural determinants—economic, demographic and geostrategic—that shape the priorities of the Chinese Communist Party, the study examines the organisational, doctrinal and material transformation of the People’s Liberation Army from the late twentieth century to the present. Particular attention is paid to the reconfiguration of the ground forces, the rapid modernisation of the navy and air force, and the growing prominence of the Rocket Force, the space and cyber domains, and joint logistics. The article concludes that China has built a military instrument consistent with its political and strategic objectives, focused on deterrence, anti-access/area denial and the protection of vital interests, while not yet seeking open global confrontation.
Keywords: China; People’s Liberation Army; military modernisation; A2/AD; deterrence; Indo-Pacific.
Para citar este artículo/To cite this article: José Gonzálvez Vallés, <<Evolución de las capacidades militares chinas para sostener el ascenso de la nación>>, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 12, No. 1, (2026), pp. 57-75. DOI: http://dx.doi.org.10.18847/1.23.4
Introducción
Las preocupaciones estratégicas chinas más recurrentes -la supervivencia del régimen del Partido Comunista Chino, la integridad territorial y la estabilidad doméstica, todas, por cierto, muy interrelacionadas-, están inexorablemente ligadas a la marcha de la economía, que es la mayor fortaleza china en los últimos treinta años, pero también su mayor vulnerabilidad, y, por lo tanto, el Centro de Gravedad de toda su política y estrategia.
La economía depende, en gran medida, de la capacidad de que lleguen las materias primas y la energía necesarias (Baqués, 2019: 133; Dosson, 2023: 17) en gran parte por vía marítima, lo que convierte en vitales a las líneas de comunicación marítimas (SLOC, Sea Lanes of Communication), sin olvidar que también transitan por este medio las exportaciones- (Pehrson, 2006).
Además, la población ha llegado a su pico, fruto de las políticas iniciadas hace varias décadas orientadas a retener el masivo crecimiento demográfico. Como consecuencia, y una vez que las cohortes que actualmente están trabajando y llevando a China a su máximo desarrollo pasen a la edad de jubilación, el envejecimiento de la población será de unas dimensiones tan colosales -más de 300 millones de mayores hacia 2035- que será de difícil encaje con un sistema de protección social en ciernes. Siguiendo los patrones demográficos actuales, la población de China hacia el 2100 será de unos 800 millones de habitantes, frente a los más de 1.400 millones actuales. La demografía se presenta como (potencialmente, si no logra revertir las proyecciones de los expertos) uno de los grandes talones de Aquiles de todo el entramado de poder chino.
El dilema marítimo y la percepción estratégica del entorno
Desde una perspectiva geoestratégica, China percibe su entorno marítimo como una vulnerabilidad estructural. El arco que conforman Japón, Taiwán, Filipinas y el Sudeste Asiático es interpretado como una “Gran Muralla al revés” que limita su acceso al océano abierto (Kaplan, 2013: 214). Esta percepción ha impulsado la modernización acelerada de las Fuerzas Armadas y, en particular, el desarrollo de una Armada de aguas azules capaz de operar más allá del litoral (Morales, 2024: 93).
El denominado dilema de Malaca —formulado ya en 2003 por Hu Jintao— resume esta vulnerabilidad: más del 80 % del petróleo importado por China transita por este estrecho, cuya interrupción podría colapsar su economía, aun contando con sus reservas estratégicas (Chopra, 2024). Pese a la diversificación energética y al desarrollo de oleoductos y gaseoductos asociados a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), las cifras siguen siendo contundentes. China consume aproximadamente el 25 % de la energía mundial, importa el 80 % de su petróleo y sigue siendo el mayor importador global de hidrocarburos (Baqués, 2019: 122; Dosson, 2023: 4). El comercio exterior refuerza esta dependencia. La seguridad de las rutas marítimas no es, por tanto, una cuestión secundaria, sino un requisito imprescindible para sostener su crecimiento y su estabilidad social.
La Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda corresponde a una Gran Potencia, que actúa como tal, buscando solucionar sus problemas en la obtención de recursos para allanar el camino hacia la hegemonía. El poder potencial o latente que acumula China mediante la expansión y creación de las infraestructuras que delimitan la Iniciativa es gigantesco: conecta la costa china oriental con la europea occidental, pasando por toda la masa continental euroasiática; además, mediante sus corredores, evita los estrechos marítimos donde la US Navy podría ahogar sus rutas de suministro, creando una cadena de instalaciones que facilitan el despliegue de su Armada en el Índico y el Pacífico occidental; por último, desembarca en el continente africano (Gogny & de Castro, 2025: 252), donde crea situaciones de dependencia a su favor, y se introduce en Hispanoamérica en lo que constituye el patio trasero de los EEUU, haciendo justo lo que teme el hegemón actuante, y que se concreta en que el hegemón regional de otro hemisferio se encaja en su zona de influencia creándole percepciones claras de inseguridad. La Iniciativa es así, puro realismo ofensivo, puesto en práctica por un hegemón regional casi de facto.
Modernización militar como respuesta estratégica
En este contexto debe entenderse la acelerada modernización de las Fuerzas Armadas chinas. Estas cumplen una triple función: garantizar el orden interno y la supervivencia del régimen; defender la soberanía territorial; y proteger los flujos económicos vitales que llegan desde el exterior, incluso más allá de las aguas jurisdiccionales (Dosson, 2023: 11-13). La capacidad de asegurar el libre tránsito marítimo se convierte, además, en un instrumento de disuasión y en un elemento clave de la política exterior regional (Aulia & Sahide, 2022: 419).
Para comprender la evolución de la estrategia militar china resulta clave la intervención estadounidense durante la crisis del Estrecho de Taiwán de 1995‑1996 (García Sánchez, 2011; Brands, 2018: 36). Las pruebas de misiles balísticos realizadas por China frente a Taiwán, coincidiendo con las elecciones presidenciales, provocaron el despliegue por parte de EE. UU. de dos grupos aeronavales encabezados por los portaaviones Nimitz e Independence. Este despliegue tuvo un doble efecto: reafirmó el compromiso estadounidense con la defensa de Taiwán y evidenció las profundas limitaciones tecnológicas y operativas del Ejército Popular de Liberación (EPL) para enfrentarse a la US Navy en un escenario aeronaval de alta intensidad. Esta experiencia marcó un punto de inflexión estratégico que condicionó profundamente el desarrollo posterior de las capacidades militares chinas.
Desde entonces, el objetivo prioritario ha sido transformar el poder latente en poder operativo, desarrollando capacidades que permitieran mitigar la superioridad tecnológica estadounidense sin necesidad de alcanzar una paridad directa, considerada inalcanzable a corto y medio plazo (Xiaogang Lai, 2015; Wortzel, 2016: 9-10). Entre estas se incluyen las capacidades A2/AD (Anti-Access/Area Denial) en los ámbitos naval y aéreo, los ataques cibernéticos, la guerra electrónica y los sistemas antisatélite (Baqués, 2014: 84-86).
Aunque el crecimiento del poder militar chino puede calificarse de moderado -a nivel presupuestario- en comparación con el norteamericano (Aulia & Sahide, 2022: 420), y los dirigentes se esfuerzan en tranquilizar a sus vecinos sobre sus intenciones, resulta inevitable que se sientan alarmados, en un caso muy claro del dilema de la seguridad. El problema -para los EE. UU.- con los presupuestos chinos de defensa es que todavía son escalables y sostenibles durante bastantes años, siendo una fracción de lo que gastaban tanto los EE. UU. como la URSS en el momento más álgido de la Guerra Fría. El crecimiento sostenido por más de 25 años, en tiempo de paz, muestra claramente que las autoridades políticas chinas creen en la utilidad del poder militar (Haddick, 2022: 83), siendo la conclusión que la ventana estratégica de la que podría estar disfrutando China no se cerrará por falta de fondos (Department of Defense, 2023: 165).
Solucionando problemas
China ha dependido, y al mismo tiempo se ha beneficiado, de la protección de las rutas marítimas proporcionada por las fuerzas navales estadounidenses, que aseguran no solo el suministro energético chino, sino también el de otros consumidores importantes como Japón, y Corea del Sur. El petróleo que transita por Ormuz y Malaca (Dixon, 2014: 391) podría ser vulnerable a ataques terroristas o incluso a un bloqueo naval estadounidense en caso de un conflicto armado relacionado con Taiwán. Para mitigar estos riesgos, China ha trabajado en la diversificación de su matriz energética, intentando reducir así la presión sobre los estrechos (Ramírez, 2020: 94).
Paralelamente, China ha desarrollado proyectos orientados a garantizar la protección, y eventualmente el control, de las vías marítimas en el océano Índico, sin comprometer la coherencia con su política de ascenso pacífico. Ante la todopoderosa Navy, China ha aplicado aquella máxima extraída como enseñanza de la 2ª Guerra del Golfo: Contra los EEUU de nada vale un enfrentamiento regular, así que habrá que buscar otro modo (Wortzel, 2016: 3). El otro modo se articula en tres líneas principales: asegurar el litoral de sus rutas de suministro mediante el Collar de Perlas (Baqués, 2019: 124); desarrollar capacidades A2AD para impedir o encarecer el acceso estadounidense a sus mares cercanos; y modernizar profundamente la organización y doctrina de sus Fuerzas Armadas, priorizando la Armada y la Fuerza de Misiles (Fanell, 2019).
La novedad de las capacidades A2AD reside hoy en día en el poder de la tecnología, en especial aquella que ha desarrollado los misiles haciéndolos más potentes y fáciles de obtener con unos recursos dados -siempre Kenneth Waltz para explicarnos la realidad-. El alcance y la eficacia de los misiles chinos es significativo, dado que la proyección de fuerzas norteamericanas se confía a las bases en el Pacífico y en los países aliados, mediante su trasporte por los mares globales. Si a los misiles se unen la expansión de sus fuerzas submarinas, con naves dotadas de torpedos y misiles, las fuerzas de misiles antibuque y antiaéreos, de su aviación de combate, o de su marina de guerra de superficie, el cuadro que se le presenta al comandante del INDOPACOM es preocupante desde el inicio del planeamiento de cualquier operación (Baqués, 2024: 22).
Si China puede amenazar la proyección de fuerzas, lo que está haciendo es poner en duda el compromiso norteamericano, ya que cualquier acción deberá tener en cuenta el elevado coste que habrá que pagar -lo que hará pensarse dos veces si merece la pena -, y además, les proporciona una increíble flexibilidad estratégica –juegan en casa-, y basan todas los medios de las acciones A2AD en su propio territorio, por lo que se podrían plantear ser más asertivos en los mares circundantes, e incluso en su relación con Taiwán (Bitzinger, 2017: 20). Además, China ha avanzado en programas antisatélite y de ciberguerra, potenciando sus capacidades de interrupción del soporte espacial y cibernético estadounidense (Pollpeter, 2018: 715-716; Baqués, 2014: 87).
Se podría decir que los chinos están en vías de solucionar su problema principal – que se podría focalizar en los grupos de portaviones, con sus aviones de combate-. En este nuevo paradigma, con los grupos de portaviones lastrados por los cortos alcances de sus aviones, y las bases en tierra sometidas a las amenazas combinadas de misiles crucero y balísticos, las capacidades militares de los EE. UU. estarían sometidas a un gran desafío, quedando en manos de medios de alcance limitado, la pequeña flota submarina desplegada en el Pacífico y los aviones de tecnología invisible. Aunque esto todavía podría estar lejano en el tiempo (Sawant, 2021).
El objetivo estratégico del Partido Comunista Chino sería alcanzar la hegemonía regional en Asía, expulsando a los EE. UU. fuera de la región, desarrollando una versión con características chinas de la Doctrina Monroe. La modernización y el desarrollo de sus fuerzas armadas se podrían considerar como una de las herramientas para implementar sus ambiciones estratégicas, herramienta indispensable para asegurar tanto la reunificación nacional —con Taiwán en la mirada— como la protección de las rutas de suministro y la estabilidad interna.
Las reformas militares de Xi
En 2017, Xi Jinping declaró que el objetivo era convertirse en una fuerza militar de primer nivel mundial para 2049, centenario de la creación de la república popular (Campbell, 2021: 8). Esto significa que deben estar preparadas para enfrentarse a las fuerzas armadas norteamericanas, vistas como la amenaza para ellas. Más aún, el sueño chino de rejuvenecimiento nacional, a alcanzar en el centenario, está firmemente ligado, y es claramente dependiente, de una capacidad naval global (Fanell, 2019: 14), en el sentido Mahaniano del término. De hecho, aunque todas las Fuerzas Armadas han evolucionado, la mejora de la Armada -junto con la Fuerza de Misiles- ha sido la más espectacular en cantidad y en calidad.
En 2022, en el xx Congreso del Partido, Xi detalló como objetivos mejorar la lealtad del Ejército -al partido- y al mismo tiempo fortalecer el poder militar a través de la reforma, la formación de personal, y una modernización de las estrategias militares para evolucionar hacia la mecanización, informatización y la inteligentización del campo de batalla (Gómez de Ágreda, 2026: 252), mediante el uso extendido de la Inteligencia Artificial, la computación cuántica, el big data y otros avances tecnológicos (Department of Defense, 2025: VIII) . El plan para modernizar sus fuerzas armadas en la Nueva Era conecta objetivos de mediano y largo plazo en 2027 -centenario del EPL-, 2035 y 2049 -centenario de la República Popular China- (Department of Defense, 2025: 44).
Desde su llegada al poder, Xi ha reorganizado el Comité Militar Central -CMC, el máximo órgano de control y poder sobre las fuerzas armadas-, que es supervisado por el Politburó y el Partido Comunista pasando de cuatro a quince departamentos (Army, 2021: 2.3), subordinándole todos los Cuarteles Generales de los diferentes servicios, que han dejado de ser miembros del mismo (Ejército de Tierra, Armada, Fuerza Aérea y Fuerza de Misiles), y las Armas -Fuerzas Espacial, Ciberespacial, Operaciones de información y Logística Conjunta-.
También, se ha pasado de las antiguas siete regiones militares (basadas en la estructura del Ejército de Tierra) a los actuales cinco Mandos de Teatro, mandos conjuntos similares -sin ser una distribución zonal del mundo- a los Mandos Combatientes norteamericanos, a través de los que se ejerce operacionalmente la autoridad del Comité Militar (Army, 2021: 2.4). Así, cada uno de los Mandos de Teatro tienen la autoridad operativa, y los Servicios y Armas la responsabilidad de la preparación y equipamiento de sus unidades, en una clara imitación de los exitosos sistemas occidentales. En tiempo de guerra, la cadena dual se rompe, cayendo las unidades bajo la autoridad directa de los Mandos de Teatro.
Además de los Mandos Componentes de cada servicio subordinados – con la excepción de la Fuerza de Misiles, que permanece centralizada en la parte nuclear, y de que los dos Mandos de Teatro que no tienen costa carecen de Mando Componente Marítimo-, cada Mando de Teatro tiene asignadas de manera orgánica una Brigada de Contramedidas Electrónicas, una Brigada de Operaciones de Información y una Brigada de Reconocimiento e Inteligencia (Army, 2021: 2-4).
Cierto es que, toda esta organización moderna está lastrada por una enfermiza preocupación -purgas incluidas- por la lealtad política (Berkowitz, 2020: 43). De hecho, en este sentido se podrían interpretar las devastadoras -para las élites militares- campañas anticorrupción, que reflejarían la falta de confianza política, y más aún, profesional, del presidente Xi en sus generales. Así, las Fuerzas Armadas siguen sometidas a un mando dual con un jefe y un comisario político que comparten la responsabilidad del mando, en un remedo de los comisarios políticos de factura soviética, lo que podría comprometer el proceso de modernización (Campbell, 2021: 12).
Randall Schweller divide el poder nacional en dos dimensiones: la parte material o hardware, y la parte de su administración o software. Mientras el hardware es evidente -población, territorio, cantidad de fuerzas militares y su tipo, y la economía-, la parte del software no se suele considerar tanto, y se refiere a la capacidad administrativa y la estructura política del Estado, entendida como la habilidad para mandar sobre su población y usar sus recursos, la calidad de sus instituciones de gobierno y las élites que influyen y toman las decisiones. De la interacción entre ambas dimensiones del poder, se traducen los recursos demográficos y económicos en fuerzas militares de una determinada cantidad y calidad, o sea, de cómo se usa el poder potencial del Estado, y con qué efectividad (Schweller, 2006: 13).
Parece claro que las élites chinas habían detectado que ni el hardware de las Fuerzas Armadas, ni, sobre todo, el software eran los adecuados. Desde la llegada de Xi al poder, se ha desarrollado una intensa campaña anticorrupción en el seno de las FAS (Wirth, 2025), en la que, además de acabar con actitudes y prácticas indeseadas, se ha robustecido la autoridad del Partido sobre sus militares, y que ha llevado a encarcelar a miles de generales, oficiales y subalternos (Department of Defense, 2024: XII).
Imitando a los EE. UU. en la organización y modos de empleo de la Fuerza, han dado un paso al frente buscando primero, la modernización del instrumento militar, y segundo y más importante, la eficacia en su empleo, convirtiéndolo en una máquina letal, leal y enfocada a las misiones encomendadas.
La modernización del Ejército de Tierra del Pueblo
Quizás sea el Ejército de Tierra (ET), el que más ha podido sufrir por los procesos de modernización. Sólo a nivel organizativo, y por poner un ejemplo, hubo que crear en 2015 un Cuartel General del ET (Blasko, 2024: 25). Por decirlo claramente, marinos y aviadores están familiarizados con la doble cadena de mando -de preparación por un lado y operativa por otro-, pero los mandos del ET no han vivido en este sistema nunca. Sólo ese cambio de mentalidad ya es un reto de dimensiones colosales en estructuras tan conservadoras como las militares (Blasko, 2024: 29).
En primer lugar, ha sufrido por la drástica reducción de efectivos de este servicio, que ha perdido algo más de un millón de efectivos. Por otro lado, y al suprimir el escalón división -con algunas excepciones concretas-, se han reducido notablemente los escalones de mando y el número de oficiales generales y sus Estados Mayores asociados, lo que debería redundar en un incremento de las capacidades de las unidades en el nivel táctico.
También, en segundo lugar, uno de los tradicionales peros que los analistas ponen al ET -y en general a todo el ELP- es su falta de operaciones reales en combate (la última vez fue contra Vietnam en 1979). Por ello, todos los cambios (de organización, equipos, y, sobre todo, de mentalidad) que se están realizando, sin el ímpetu que traen las duras lecciones aprendidas en el campo de batalla, pueden tardar más tiempo del deseado en su asunción por los mandos que los deben ejecutar. Puede ser que esta sea la razón de los plazos temporales exigidos por el presidente Xi, con hitos que deben ser mensurables en sus logros.
En tercer lugar, y aun siendo todavía el servicio más numeroso, con cerca de 965.000 soldados en sus filas (Department of Defense, 2023: 238), se ha pasado de los anteriores 18 Cuerpos de Ejército a los 13 actuales, según la organización de abril de 2017. Como muestra del alcance de la reducción, se desmantelaron unas 1.000 unidades tipo regimiento, y 100 brigadas o regimientos fueron transferidas a otras localizaciones.
Los nuevos Cuerpos de Ejército han adoptado una composición homogénea, en la que lo más característico es que el Cuartel General del Cuerpo ya no manda divisiones o regimientos directamente subordinados, sino brigadas combinadas, con una composición similar de en torno a 4.500 a 5.000 militares, divididas en tres tipos: ligeras, medias y pesadas, según sus materiales. Cada brigada estaría compuesta por cuatro batallones combinados, un grupo de artillería, un batallón de defensa aérea, un batallón de reconocimiento, un batallón de apoyo de combate y un batallón de servicios.
Cada Cuerpo de Ejército manda sobre unos 60.000 militares distribuidos en 6 brigadas combinadas, además de otras 6 brigadas adicionales responsables de diferentes funciones tácticas: brigada de artillería, brigada de defensa aérea, brigada de aviación de ejército o brigada de asalto aéreo, brigada de operaciones especiales, brigada de ingenieros y defensa NBQ y brigada de apoyo logístico (Army, 2021: 2-8 a 13).
Los Cuerpos de Ejército son la estructura básica del nivel operacional, y aunque pueda parecer que su esfera de control es demasiado amplia -mandar directamente sobre 12 brigadas puede llegar a ser una pesadilla para cualquier Estado Mayor-, la mentalidad de empleo es una base sobre la que diseñar una organización en el nivel operacional para cada misión concreta con la selección de capacidades caso por caso. Así, no está concebido en su diseño como una estructura fija, sino como un pool de capacidades, por lo que su mando y control debería ser suficientemente eficaz para el combate (Army, 2021: 2-6). Cada comandante de Cuerpo puede apoyar con un amplio abanico de capacidades, siendo capaz de realizar operaciones en todos los dominios, especialmente en guerra electrónica, ciber capacidades, reconocimiento en profundidad y fuegos de largo alcance bajo su control directo.
Quedaría por solucionar el problema de las capacidades logísticas, dado que debe pedir al Comandante de Teatro o a la Fuerza de Apoyo Logístico Conjunta la mayoría de esos apoyos, por lo que el sostenimiento de sus capacidades en los límites geográficos de China debería ser suficiente para apoyar operaciones de alta intensidad, pero las capacidades actuales no permitirían sostener operaciones de combate de cierto nivel de compromiso en el exterior (Army, 2021: 2-7).
A pesar de la ingente reducción de personal, el ET sigue siendo el servicio más numeroso, ligeramente por encima del 50 por ciento del total. No obstante, su influencia decaerá en el total, dado el crecimiento relativo de los demás servicios, las nuevas armas, y, sobre todo, por la ocupación de posiciones de liderazgo de alto nivel por marinos y aviadores en las nuevas estructuras de los Mandos de Teatro. Habrá menos Ejército y más conjuntez, por lo que el apoyo del ET a organizaciones operativas para operaciones más allá de las fronteras, o en los dominios marítimo y aeroespacial, serán necesariamente más frecuentes. Deberá asumir estas nuevas organizaciones y conceptos, en el que estarán bajo mando de otros servicios -lo que no ha ocurrido hasta ahora-.
Las misiones principales que se prevén se mantendrán, no obstante, cerca de sus propias fronteras. Mientras que se ha triplicado la Infantería de Marina, entendiendo que las misiones de ultramar serán para ellos, el ET se focalizará más en impedir la independencia de Taiwán, defender sus fronteras de ataques exteriores y prevenir atentados terroristas. Reseñar que el ET mantiene 6 brigadas de asalto anfibio -4 bajo el mando de los Cuerpos de Ejército del Mando de Teatro Oriental-, quedando la tarea de la ocupación de Taiwán en su área de responsabilidad (Department of Defense, 2023: 243).
La respuesta a la invasión de las fronteras chinas o un ataque terrorista también son misiones plausibles para el ET. Dado que China mantiene fronteras terrestre con otras 14 naciones, sus misiones seguirán siendo importantes en escenarios relacionados con Corea del Norte, ataques terroristas en Xinjiang o en alguno de los países vecinos de la Organización de Cooperación de Shanghái, fronteras con la India, o la participación en ejercicios multinacionales -por ejemplo Vostok o Peace Mission con los rusos- (Blasko, 2024: 48-51).
La modernización de la Armada del Pueblo
Continuamos ahora con la parte marítima, en el sentido mahaniano, de los objetivos, por estar íntimamente relacionados con la salvaguarda del crecimiento económico -muy basado en el comercio por el mar-, el control de las rutas comerciales y la necesidad de expandir su Armada para cumplir tales misiones.
Como la parte terrestre, la Armada se ha reorganizado de manera que disminuya la burocracia y aumente la operatividad. El Cuartel General de la Armada, queda focalizado en la preparación de la fuerza y se mantienen, ahora como Mandos Componentes Navales, directamente dependientes de los Mandos de Teatro, los antiguos Cuarteles Generales de las regiones militares con costa -Mando de Teatro Oriental, responsable del Mar del Este de la China y el estrecho de Taiwán; Mando de Teatro Meridional, con las responsabilidades del Mar del Sur de la China, y Mando de Teatro Septentrional, que se ocupa del Mar Amarillo-.
Se han casi desterrado las organizaciones territoriales basadas en los llamados distritos navales, y de los doce que existían se han reducido a dos -los que controlan las Islas Paracelso y las Spratley-, integrando las fuerzas en bases navales, de las que existen nueve principales.
Ahora, desde los Mandos Componentes se dirige directamente a las unidades navales, por lo que, como en el caso del ET con la supresión del escalón división, al eliminar los distritos navales, se ha eliminado totalmente un escalón de mando intermedio, lo que deberá mejorar la operatividad de las fuerzas, liberando, además, personal para dotar a los nuevos barcos puestos en servicio.
Como contraparte, no hay una dirección clara para considerar en su conjunto una estrategia naval -que planeara, por ejemplo, la inversión y adquisición de nuevas plataformas, aunque este aspecto de compras está también distribuido en algunas partes del Comité Militar Central y sus órganos de apoyo-, al estar distribuida entre tres la competencia que antes era del Cuartel General de la Armada, tanto en tiempos de paz como en combate (Martinson, 2024: 72).
La Armada china es hoy la mayor fuerza naval del planeta -aunque se puede medir el poder naval tanto en número de plataformas como en tonelaje, ambos son indicativos, en cierta medida, de las capacidades en este campo (Burbach et al., 2001)-, con unos 370 barcos y submarinos, incluyendo dos portaaviones en servicio y un tercero que se espera que esté operativo en 2027. Vienen más portaaviones, con propulsión nuclear y catapultas sofisticadas (Larson, 2022), y se espera que la lista de buques crezca hasta los 435 para 2030, principalmente en plataformas de superficie.
Compuesta por 260.000 militares y organizados en las tres flotas mencionadas, la Armada se estructura en fuerza de superficie -donde radican los portaaviones-, fuerza de submarinos (incluyendo los nucleares balísticos y de ataque), fuerza aérea naval, fuerza de defensa de costas dotada de misiles antibuque, y el cuerpo de infantería de marina, con renovadas capacidades que le permiten atender una posible respuesta militar a las contingencias que pudieran afectar a las inversiones e infraestructuras, y al casi millón de ciudadanos en África y medio millón en Oriente Medio (Army, 2021: 3-3; Department of Defense, 2023: 51-58; Defense Intelligence Agency, 2019: 69-74; International Institute for Strategic Studies, 2024: 239-242).
Por último, y aunque no son parte de Armada, la fuerza de guardacostas y la milicia marítima, tienen una gran importancia en las acciones híbridas desarrolladas, sobre todo, en el Mar del Sur de la China y la ocupación de islotes y arrecifes.
La Armada ha pasado de ser una fuerza costera, con una casi nula capacidad para el despliegue y el combate oceánico, a, en pocos años, desarrollar una marina de aguas azules, con un cada vez mayor potencial «far seas» (Baqués, 2019: 125). Esto está en consonancia con el desarrollo de sus capacidades para operar más allá de sus mares litorales, estando sus ambiciones fijadas en el Pacífico Oriental y el Índico (Army, 2021: 3.3), lo que conectaría con las bases logísticas del Collar, y la búsqueda de la red de comunicaciones satelitales ya mencionadas. Estamos ante una Armada cuya ambiciosa modernización le ha convertido en una fuerza flexible y avanzada tecnológicamente, que tendrá la capacidad de conducir una campaña militar con éxito dentro de la primera cadena de islas (Fanell, 2019: 23).
Un ejemplo de su exitosa evolución podrían ser los despliegues en la lucha contra la piratería en el Golfo de Adén desde 2008 (Office of Naval Intelligence, 2015: 11), habiendo desplegado Task Forces de manera ininterrumpida (Lianglong & Dayu, 2024) y el establecimiento de la primera base marítima en el exterior, en Yibuti, desde 2017 (Campbell, 2021: 29).
La misión principal de la Armada es la defensa de las aguas territoriales y el poder de proyección en las aguas regionales, lo que implica tanto operaciones navales limitadas contra oponentes regionales como operaciones contra un enemigo poderoso como parte de las más amplias acciones de A2AD ya comentadas. Dado que alcanzar la superioridad aérea es un prerrequisito para alcanzar el Control de la Mar, las naves chinas tienen una gran capacidad antiaérea, que probablemente estén pensadas para operar de manera conjunta con el sistema de defensa aérea basado en tierra, con la intención de denegar amplias zonas del espacio aéreo a las aeronaves enemigas (Army, 2021: 3-4).
La otra pata la constituye su cada vez más potente fuerza submarina -en este caso sólo considerando los 53 submarinos tácticos de ataque, diésel o eléctricos- que sería capaz, casi por si sola y con sus misiles y torpedos, de denegar la entrada a los mares litorales a la US Navy.
Para todo ello, y según reza es su Estrategia Militar de mayo de 2015, debía constituir una estructura de fuerza eficiente, multifuncional y de carácter conjunto, mediante desarrollo de las capacidades marítimas necesarias para defender la soberanía nacional, sus intereses y derechos marítimos, asegurando las SLOC,s y los intereses nacionales más allá de sus fronteras (Morales, 2024: 93).
En las aguas regionales, su foco estará fijado en las reclamaciones territoriales del Mar del Sur de la China, y mirando más allá, y dada la vulnerabilidad de las SLOC,s -percibida como un riesgo geopolítico por el Partido-, la Armada crecerá para poder proteger los estrechos, como el de Malaca, que en sí mismo constituye una preocupación casi existencial –dilema de Malaca-, y otros mares, como el Indico, donde cada día está más presente.
En lo local, y embebida en el esfuerzo conjunto, la Armada constituirá el escudo contra el que debiera chocar la Navy norteamericana. Para poder cumplir misiones de control de la mar más allá del apoyo de las capacidades basadas en tierra, se requiere un tipo de fuerzas que pueda proporcionarse su propia Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento (Intelligence, Surveillance and Reconnaissance, ISR) y la superioridad aérea necesaria. Hoy en día, este es el reino de los Grupos de portaaviones, y por eso la Armada china se ha transformado en una centrada en estos navíos y en todos los buques de escolta y apoyo necesarios para que puedan operar en aguas lejanas. Aunque a décadas de poder hacer frente a los experimentados Grupos norteamericanos, en especial en las aguas más allá de la primera cadena de islas, está claro cuál es el objetivo marcado para la Armada en el 2049, cuando se alcance una Armada de clase mundial (Martinson, 2024: 68).
La Armada, como su contraparte estadounidense, tiene que estar preparada para misiones diferentes a la guerra en el mar. Para ser realmente útil a los objetivos políticos que podría tener en mente el Partido, tiene que tener la capacidad de proyectar poder más allá de sus costas, conducir asaltos anfibios, asegurar las vitales líneas de comunicación marítimas por las que discurre el comercio que permite su crecimiento económico y, finalmente, enfrentar enemigos lejos de sus propias costas, manteniendo fuerzas desplegadas lejos de casa por largos periodos de tiempo (Burbach et al., 2001: 264).
Aunque hoy está todavía lejos de acercarse a estos ideales -que sí desempeña, con plena capacidad, la US Navy– poco a poco va cerrando la brecha.
La modernización de la Fuerza Aérea del Pueblo
La Fuerza Aérea ha llevado a cabo el mismo proceso de modernización que los otros dos servicios tradicionales, disminuyendo su carga burocrática para dar mayor importancia a la operatividad y la conjuntez en sus operaciones militares. Como en los demás casos, el Cuartel General de la Fuerza Aérea ha perdido sus capacidades operativas, centrándose en las de Preparación de la Fuerza.
Su misión principal es la de servir como una fuerza aérea estratégica capaz de proyectar el poder aéreo a largas distancias, centrándose para ello en adquirir capacidades de alerta temprana estratégica, ataque aéreo, defensa aérea, contramedidas electrónicas, operaciones aerotransportadas y proyección estratégica (Defense Intelligence Agency, 2019: 83).
La que es en la actualidad la mayor fuerza aérea de la región y la tercera del mundo, en la reorganización operativa ha aumentado su personal, estando ahora en los 395.000 militares para algo más de 3.150 aviones (sin incluir los entrenadores ni los UAS) de los que unos 2.500 son aviones de combate -entre cazas, bombarderos estratégicos, bombarderos tácticos, aviones multimisión tácticos y de ataque-, de los que unos 1.900 son cazas, y de estos unos 1.300 de 4ª o 5ª generación (Department of Defense, 2023: 62).
Las fuerzas están integradas en los cinco Mandos Componentes Aéreos de los cinco Mandos de Teatro, cada uno de ellos asentados en bases aéreas, de las que existen once, reteniendo estas el mando el mando y control de las brigadas de cazas, bombarderos y aviación de ataque a tierra, misiles tierra-aire, artillería antiaérea y Unidades de radar en sus respectivas áreas de responsabilidad.
Ha prescindido de un nivel de mando, haciendo de las brigadas su unidad de combate, eliminando las divisiones y los regimientos, aunque con algunas excepciones. Cada uno de los mandos componentes mantiene el control operativo sobre las bases aéreas de su zona, además de, directamente, el control de los demás aviones no integrados en las Bases, posiblemente debido a que las misiones de este tipo de aeronaves traspasan los límites de las áreas de responsabilidad de las Bases, requiriendo una autoridad superior para mandarlas y coordinarlas, repartiéndose así las tres divisiones de bombarderos, dos divisiones de transporte, una división de transporte VIP, y tres divisiones de misiones especiales -aviones de alerta temprana y guerra electrónica-, cinco brigadas ISR y cinco brigadas SAR (de búsqueda y rescate), una brigada de cisternas para reabastecimiento en vuelo y brigadas UAVs, además del Cuerpo Aerotransportado, que pertenece al Mando Componente Aéreo Central (International Institute for Strategic Studies, 2024: 243-245).
Existen barreras orgánicas en el mando y coordinación del espacio aéreo creadas por la nueva organización. Como en las FAS Chinas no se puede mandar entidades de mayor grado, y sólo coordinar con los iguales, la organización mencionada tropieza con el hecho de que las bases están incrustadas en un cuarto nivel de mando -por debajo de los Mandos de Teatro, los Mandos Componentes y el Cuerpo Aerotransportado- que no les permite coordinar directamente la defensa aérea con los Cuerpos de Ejercito terrestres o, simplemente, la instrucción con la aviación naval del Teatro, que en sus respectivos servicios pertenecen al tercer nivel de mando.
En un mundo tan complicado, con tantas integraciones necesarias y tantas coordinaciones imprescindibles para evitar, entre otras cosas, bajas por fuego amigo, hay campo para mucha mejora en el ámbito conjunto chino (Allen et al., 2021).
La Fuerza Aérea está dividida en las especialidades de aviación, con tres tipos de aeronaves -bombarderos, cazas (incluyendo los de tecnología fantasma de 5ª generación) y transporte-; aerotransportada (compuesta por un Cuerpo de Ejército mimético con los del ET); defensa aérea, cuyas unidades están subordinadas a las bases aéreas de los Mandos Componentes Aéreos de cada Mando de Teatro; radar, con potentes sistemas Over The Horizon (OTH); contramedidas electrónicas y comunicaciones (Allen et al., 2021; Defense Intelligence Agency, 2019: 83-89; Department of Defense, 2023: 62-65; International Institute for Strategic Studies, 2024: 242-243).
Dado que las preocupaciones estratégicas del Partido han evolucionado más allá de las fronteras terrestres de la China continental, las aspiraciones y amenazas a la seguridad ahora pertenecen en dominios diferentes al terrestre. A la modernización más conocida, que es la marítima, se le han sumado también las de los dominios aéreo y espacial, en especial, para hacer que todos estos servicios sean más interoperables y capaces de luchar juntos. Tampoco es desdeñable el hecho que el presidente Xi sirviera en la Fuerza Aérea durante seis años[1], lo que hace que la tenga en gran aprecio, y que piense que podrá tener un papel determinante en las guerras futuras. En el año 2021 se declaró que había alcanzado la capacidad de ser una «fuerza aérea estratégica».
En conclusión, las misiones previsibles para la Fuerza Aérea estarían en la capacidad de obtener superioridad aérea local en los Mares de Sur y del Este de la China dentro de la primera cadena de islas, participando en las operaciones de denegación de área diseñadas de manera conjunta para ello, y tener una capacidad para proyectar el poder aéreo hasta la segunda cadena de islas.
La modernización de la Fuerza de Misiles
Sí las fuerzas terrestres podrían verse como las perdedoras de las reorganizaciones iniciadas en 2015, las claras ganadoras de esa competición serían las fuerzas de misiles, que vieron que, al lado de una expansión sin precedentes, fueron elevadas al grado de Servicio, al mismo nivel que los tradicionales de Tierra, Mar y Aire.
Directamente subordinada al CMC, sigue el mismo sistema dual de mando de todas las Fuerzas Armadas, por lo que un comisario político está situado al mismo nivel que el comandante de las fuerzas. Su Cuartel General controla directamente diversas unidades, como un regimiento de UAVs que proporciona ISR al comandante, un regimiento de contra medidas electrónicas (ECM), un regimiento de operaciones especiales (que proporciona protección a los misiles contra las acciones enemigas, así como reconocimiento y señalamiento de objetivos), el centro de mando automatizado y el regimiento de transmisiones, encargado del mando y control (C2) y del enlace con todas sus unidades subordinadas (Bruzzese, 2024: 123).
Las fuerzas se integran en nueve bases, numeradas del 61 al 69. Las bases numeradas del 61 al 66 son las responsables de las operaciones con misiles, y es donde están desplegadas las 40 brigadas de misiles -cada una dotada de un tipo de misil -y las restantes tienen misiones de apoyo. Se cuentan unas 14 brigadas de misiles convencionales, entre 17 y 21 nucleares, y, al menos, seis brigadas multirrol, capaces de desarrollar misiones de ambos tipos (Bruzzese, 2024: 129-130). El inventario de misiles incluye misiles convencionales y misiles balísticos intercontinentales con capacidad nuclear (ICBM).
En total, han experimentado un incremento de los misiles nucleares ICBM, en consonancia con lo expresado por el presidente Xi de disponer de una fuerza de disuasión estratégica, que, por cierto, queda fuera de los acuerdos de control de armamento ruso-norteamericanos. Tener una capacidad robusta de segunda respuesta proporciona una seguridad fundamental de no ser atacado con estas armas por el contrario, devolviendo al ámbito de las fuerzas convencionales y al poder terrestre su papel principal (Mearsheimer, 2014: 129).
La fuerza de misiles es estratégica, por lo que el empleo operativo de sus fuerzas está fuera de la cadena de los Mandos de Teatro, lo que supone una sustancial diferencia sobre los otros servicios. Mientras que parece que las fuerzas de misiles convencionales se integran en los procesos de planeamiento conjuntos de los Mandos de Teatro, mediante oficiales de enlace en el centro de mando de operaciones conjuntas que aseguran la adecuada coordinación, permitiendo operaciones de misiles convencionales embebidas en una campaña conjunta más amplia (Bruzzese, 2024: 149), las fuerzas nucleares no están descentralizadas, reteniendo su control operacional en el CMC, al más alto nivel político (Wood et al., 2024: 3). Esto último significa que sólo el CMC, más concretamente su presidente, es el único que puede ordenar un lanzamiento nuclear, o lo que es lo mismo, los comandantes de Teatro, no pueden ordenarlo (Bruzzese, 2024: 133).
La fuerza de misiles está diseñada para atacar las bases y portaaviones norteamericanos desde los que operan aviones en los mares de la China, y esa es su primera y más principal misión, ya que, sin el poder aéreo, las fuerzas expedicionarias aliadas tendrán pocas o nulas posibilidades de intervenir con eficacia en caso de un conflicto. Los principales objetivos serían las bases aéreas de Okinawa y Guam. Si se sumaran ataques que lograran acabar con los portaaviones, no habría aviación ni lugares desde donde desplegarla, y las defensas y la voluntad de lucha podrían sucumbir (Haddick, 2022: 89-90).
La Fuerza Aeroespacial
Es responsable de la mayor parte de las operaciones espaciales chinas, lo que incluye los lanzamientos espaciales -los propios astronautas son miembros de la fuerza aeroespacial- y el apoyo en conjunto a todo el programa, información espacial de apoyo -lo que incluye la ISR -, comunicaciones y navegación, -telemetría, seguimiento y control espacial-, y la guerra espacial -tanto operaciones de ataque y defensa, como las capacidades avanzadas contra espaciales- (Kania, 2024: 165).
La fuerza aeroespacial opera desde, al menos, 8 bases que incluyen tres centros de lanzamiento de satélites, centro de control de satélites, centro de control aeroespacial de Beijing y el departamento de satélites para control y seguimiento marítimo, uno de los elementos críticos para el desarrollo de las funciones asignadas de telemetría, seguimiento y mando (Telemetry, tracking and Command, TT&C) (Department of Defense, 2023: 72).
El departamento controla una creciente red de estaciones TT&C fijas y móviles, con terminales en la propia China, pero también en Namibia, Pakistán y Argentina. Además, opera los buques de apoyo espacial de la clase Yuanwan que realizan el seguimiento de los satélites y del lanzamiento de los misiles ICBM, trabajando de manera global en apoyo de las actividades espaciales (Kania, 2024: 166).
El Mando controla unos más de dos centenares de satélites de varios tipos, según las funciones asignadas – comunicaciones, posicionamiento global-, meteorológicos/oceanográficos, ISR, ELINT/SIGINT y alerta temprana, entre otros- (International Institute for Strategic Studies, 2024: 238).
Mención especial merece el sistema BeiDou, que compite con el GPS norteamericano, de posicionamiento, navegación y tiempo (PNT/Positioning, Navigation and Timing), que desde 2020 ha alcanzado una capacidad global que ofrece cada vez más cobertura y precisión con sus más de sesenta satélites para sus más de 2.000 millones de usuarios…además de las Fuerzas Armadas (Pollpeter, 2024: 1). El sistema Beidou permitirá lanzar ataques de precisión en operaciones multidominio sin que los EEUU puedan interferir provocando fallos, además de contar con ventaja ya que sus tecnologías, como recién llegado, se han basado en las que incorpora el sistema GPS norteamericano incorporando más funcionalidades (Pollpeter, 2024: 36).
Dado que los analistas chinos consideran que los EEUU obtienen en torno al 90 por ciento de su inteligencia y el 80 por ciento de sus comunicaciones mediante medios espaciales (Pollpeter, 2018: 717), la fuerza aeroespacial es la responsable del desarrollo y la operacionalización de las capacidades contra espaciales, tanto ofensivas como defensivas. Las ofensivas pueden consistir en técnicas suaves, como la interferencia electromagnética o el uso de armas de energía -como el láser- o duras, como los misiles ASAT (Anti Satellite), cuya primera prueba con éxito es de 2007, y que cuenta con misiles específicos, además de estar probando el uso de otros satélites como interceptores, cada vez más capaces con el apoyo de la inteligencia artificial (Kania, 2024: 167).
La Fuerza Ciberespacial
La fuerza ciberespacial tendría como responsabilidad mejorar una aproximación integrada de las operaciones de información y las ciber en tiempo de paz, y del desarrollo de operaciones coercitivas y de combate en caso de conflicto. También estarían incorporadas a este dominio las operaciones de guerra electrónica, aunque no en exclusividad (Kania, 2024: 168).
En la concepción china de las Operaciones de Información, se mezclan las operaciones ciber, electrónicas y de guerra psicológica, aunque priorizando las capacidades ciber ofensivas, defensivas y de reconocimiento. Así, y siguiendo el sistema de Mandos de Teatro, la fuerza ciber se organiza en cinco bases de reconocimiento técnico con el mismo despliegue geográfico que estos, lo que permite su integración en las campañas a desarrollar por cada Mando de Teatro en su zona de acción (Department of Defense, 2023: 71).
En caso de conflicto, intentarían atacar los puntos vitales de las redes del enemigo, integrando operaciones ciber con las de guerra electrónica. A la vez, las operaciones de información se coordinarían con el uso de medios cinéticos de ataque, en golpes a la vez duros y blandos. El uso de las operaciones psicológicas en el dominio cognitivo está en la punta de lanza de las nuevas aproximaciones a estas capacidades, que caracteriza el concepto de las tres guerras (three warfares), que incluyen las guerras psicológicas, legal y la de la opinión pública, que apoyada en la inteligencia artificial mejoraría la sofisticación de estas actividades (Kania, 2024: 169-170). Los objetivos de la guerra psicológica son dar forma a las narrativas públicas internacionales, debilitar la voluntad del enemigo, dar forma a las narrativas diplomáticas y políticas propias y promover los intereses de China en todas las fases del conflicto (Department of Defense, 2021: 65).
Es bien conocido, ya que ocupa portadas con cierta frecuencia, que uno de los programas militares más activos es el de la ciberguerra y espionaje, que ha hecho de China una de las principales potencias en la materia (Department of Defense, 2025: 154) ,ya desde unos años atrás (Baqués, 2014: 87) . Se acusa a los chinos de haber robado los planos y datos del Joint Strike Fighter, más conocido como F-35, el avión de baja firma radar más desarrollado del planeta (Tiwari, 2022). Por último, sus capacidades en guerra electrónica son preocupantes, ya que afectan directamente a las capacidades de mando, comunicaciones y targeting (Pollpeter, 2018: 715-716).
La Fuerza de Apoyo a la Información
Parece ser una organización completamente nueva centrada en el desarrollo y aplicación de sistemas de información en red para su uso en la guerra moderna, haciéndose cargo de un nuevo dominio, el dominio de la información, que complementa a los cinco ya conocidos (Nouwens, 2024). Gestiona los sistemas de mando y control desde el CMC hasta las brigadas sobre el terreno, haciendo uso de una plataforma de mando integrada, que implica el mantenimiento de la red nacional de comunicaciones de la defensa, mediante un sistema de fibra óptica extendido a lo largo de todo el país (Wirth, 2025: 20).
En la ceremonia de entrega de su Bandera, Xi Jinping enfatizó que la fuerza de apoyo a la información era una fuerza estratégica recién creada y un apoyo clave para coordinar la construcción y aplicación de sistemas de información en red, para apoyar eficazmente operaciones, adherirse a las operaciones conjuntas basadas en la información, hacer fluir los enlaces, integrar recursos y fortalecer la protección de la información, integrarse profundamente en el sistema de operaciones conjuntas, implementar de manera precisa y eficiente el apoyo de información y servir para apoyar las luchas militares en todas las direcciones y campos (Mulvaney, 2024).
La Fuerza de Apoyo Logístico Conjunto
La logística ha sido tradicionalmente un lugar con amplio margen de mejora. Hasta las reformas de Xi, cada uno de los Servicios era responsable de sus cuidados e intereses, existiendo ninguna o poca interoperabilidad, lo que comprometía la capacidad de llevar a cabo operaciones militares, algo especialmente sensible cuando el centro de gravedad se ha dirigido a mejorar la capacidad de realizar operaciones conjuntas.
La fuerza logística se organiza en cinco centros de apoyo logístico conjunto (JLSC/Joint Logistic Support Centers), cada uno de ellos geográficamente posicionado cerca de uno de los Mandos de Teatro, bajo su mando operativo. Cada uno de los JLSC controla una vasta red de depósitos de repuestos, tuberías (oleoductos fundamentalmente), servicios médicos y, desde 2020, las brigadas logísticas móviles conjuntas, responsables del apoyo a las unidades de la fuerza cuando ya se han quedado sin capacidades propias en operaciones de combate (Department of Defense, 2021: 69).
Así, la logística operativa se divide en tres componentes básicos (Wuthnow, 2024: 188-190), diferenciados como fuerza logística conjunta -responsable de los apoyos de carácter general, como el petróleo, comida y agua, materiales médicos y algunas unidades de transporte, sin tener que pasar por el tamiz de los Comandantes de los Mandos de Teatro, que, de otro modo, podrían interferir en este proceso-, fuerzas logísticas de los servicios -que mantienen sus responsabilidades en las cadenas de suministro específicas, sus propias unidades de transporte y siguen ocupándose de la reparación y mantenimiento de sus materiales y también responsables del apoyo logístico de las operaciones en el exterior-, y la integración de los civiles, siguiendo la estrategia de fusión cívico-militar, que, aunque parecía más enfocada a la investigación y desarrollo de tecnologías avanzadas, también tiene una importante dimensión logística, especialmente las capacidades civiles de transporte de tropas y equipamiento.
Como en todo, esta nueva capacidad afronta diversas problemáticas que debe mejorar para que el apoyo a las operaciones sea el necesario para poder mantenerlas sin que se vean afectadas por fallos del sistema logístico (Wuthnow, 2024: 195-196).
Un desafío viene dado por la fragmentación existente en capacidades clave de cara a operaciones de proyección de fuerzas. Los EE. UU., por ejemplo, mantienen un Mando de Transporte Estratégico que centraliza todo en este cometido. No es el caso ni el sistema chino, que parece más preocupado por evitar las concentraciones de poder en un solo Mando, probablemente por su particular empeño en la lucha contra la corrupción.
En el caso de operaciones más locales, dentro del ámbito geográfico de los Mandos de Teatro, el problema es el contrario, ya que la centralización excesiva, con un único sistema informático de control, se puede considerar una vulnerabilidad, al identificar el sistema como un objetivo de alto valor para el potencial enemigo, tanto en operaciones ciber como cinéticas. Y un problema no menor puede ser al pasar al mando operativo de los Mandos de Teatro los JLSC, lo que haría que fueran necesarias dos decisiones -la del comandante logístico conjunto y el comandante del Mando de Teatro- para el movimiento de recursos intrateatros, que se ha mencionado como uno de los grandes avances con la creación de la JLSF.
Las capacidades de transporte estratégico serían un segundo problema, aunque está en vías de solución mediante la adquisición de los medios necesarios, y con el apoyo de medios civiles mencionado.
Conclusiones
Las Fuerzas Armadas de la República Popular China bajo el liderazgo del Comité Militar Central y de Xi Jinping, se han orientado a consolidar una fuerza militar de nivel mundial para 2049. Este objetivo se sustenta en un incremento sostenido del gasto en defensa que, pese a representar un porcentaje relativamente bajo del PIB, ha permitido a China situarse como la segunda potencia mundial en términos de inversión militar y lograr un desarrollo de capacidades sin precedentes en un periodo reducido.
La modernización no se limita al ámbito presupuestario, sino que incluye una profunda reorganización estructural. El control político se ha reforzado en el Comité Militar Central -que mantiene en su mano la capacidad nuclear-, mientras que la creación de mandos de teatro ha permitido una mayor coordinación operativa entre los distintos componentes, favoreciendo la acción conjunta. Esta transformación responde a dos objetivos esenciales: garantizar la estabilidad interna y disponer de capacidades suficientes para disuadir o contrarrestar la intervención de potencias externas, especialmente Estados Unidos, en el entorno regional chino.
El modelo estratégico chino se caracteriza por la integración coherente de los niveles político, estratégico y militar. La combinación de medios materiales y su empleo eficaz ha mejorado significativamente la capacidad operativa de las fuerzas. Ejemplo de ello es la reforma del Ejército de Tierra, que ha reducido su tamaño y eliminado estructuras intermedias, aumentando la flexibilidad y la letalidad mediante una organización más eficiente.
La prioridad fundamental es la supervivencia del Partido Comunista -al que pertenecen las Fuerzas Armadas, que no al Estado-, lo que ha impulsado el desarrollo de una capacidad de disuasión integral, tanto nuclear como convencional. En paralelo, China ha reforzado de forma notable sus capacidades en el ámbito espacial y cibernético, esenciales para la obtención de inteligencia, el conocimiento del entorno operativo y la negación de dichas capacidades a potenciales adversarios.
En el plano marítimo, la protección de los intereses económicos globales ha llevado a la creación de una red de infraestructuras estratégicas en rutas clave del comercio internacional y al desarrollo de una marina de aguas azules. Esta incluye portaaviones, submarinos y misiles antibuque, configurando una estructura destinada a controlar o disputar espacios marítimos, especialmente en el Mar del Sur de China y las cadenas de islas adyacentes.
Asimismo, China ha desarrollado capacidades de antiacceso y denegación de área (A2/AD), apoyadas por sistemas de misiles avanzados, fuerzas navales y aéreas, cuyo objetivo es dificultar la intervención de otras potencias y elevar el coste de cualquier operación militar en su entorno. Estas capacidades también pretenden cuestionar la credibilidad de los compromisos de defensa de Estados Unidos con sus aliados regionales.
En el ámbito terrestre, se mantienen fuerzas numerosas y bien equipadas para garantizar la seguridad de sus extensas fronteras y responder a distintos escenarios regionales. Paralelamente, la reunificación con Taiwán constituye un objetivo estratégico prioritario, respaldado tanto por planteamientos doctrinales como por la preparación de capacidades militares específicas -como el diseño conceptual de las tres guerras-.
En conjunto, China ha llevado a cabo un desarrollo integral de sus Fuerzas Armadas que abarca dimensiones organizativas, tecnológicas y doctrinales, bajo una fuerte supervisión política. No obstante, pese a los avances alcanzados, aún no dispone de la capacidad necesaria para desafiar abiertamente a Estados Unidos a escala global. Sin embargo, sí ha logrado construir un instrumento militar capaz de incrementar significativamente el coste de un eventual enfrentamiento, configurando una estrategia basada en la disuasión eficaz y el equilibrio estratégico
Sobre el autor:
José Gonzálvez Vallés, General de Brigada de Infantería del ET. Jefe de Apoyos del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad (CGTAD) y Jefe de Comunicación Estratégica del Cuerpo de Ejército de Despliegue Rápido de la OTAN en España (NRDC-ESP). Doctor en Análisis de Problemas Sociales por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
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[1] Xi fue comisario político de la 1ª División de Defensa Aérea Fujian de la reserva, de 1996 a 2002, mientras fue Gobernador de la provincia de Fujian.