El ataque terrorista perpetrado en 2001 por Al Qaeda contra las ciudades de Nueva York y Washington, abrió un intenso debate teórico y doctrinal. Los Estados se encontraron con la necesidad de enfrentarse a nuevas amenazas, provenientes de actores no estatales, que actúan en varios escenarios simultáneamente, y que están caracterizados por la movilidad y dispersión, y por tener una elevada capacidad de organización.