Uso de drones en el Estrecho de Ormuz: ¿Incremento o rebaja de tensión?

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Los recientes sucesos acaecidos en el Estrecho de Ormuz, con el incremento de la tensión entre EE.UU. e Irán y la utilización de drones de ambos países, permiten plantear la hipótesis de que la utilización de esos sistemas, al eliminar el riesgo físico propio, contribuye a facilitar la decisión sobre su uso, lo que podría llevar a incrementar el riesgo de escalada en la confrontación.

De esta forma, se produciría la paradoja de que el principio ético de restricción en la utilización de la fuerza para evitar bajas, mediante el uso de nuevos sistemas de armas con los que no se producen pérdidas humanas, condujera al incremento de la tensión  que desembocara en un conflicto y el subsiguiente aumento de la violencia bélica, productora entonces de destrucción y violencia letal.

Este es claramente uno de los riesgos y desafíos éticos que presentan los nuevos sistemas de armas no tripulados: la disminución de las restricciones a la hora de utilizar la fuerza y el posible incremento de los conflictos y las confrontaciones militares.

En el caso planteado, recordemos que el pasado 19 de junio, Irán informó del derribo de un dron estadounidense en el Estrecho de Ormuz alegando que había violado su espacio aéreo, algo que fue rechazado por Washington. Aunque el presidente americano planteó la posibilidad de un ataque selectivo contra Irán, como respuesta proporcionada al derribo del dron, finalmente no se llevó a cabo [1].

Más tarde, el 17 de julio, el buque de guerra USS Boxer, en aguas internacionales, derribó un dron iraní que se encontraba a 915 metros del mismo, por ignorar las llamadas para retirarse y amenazar la seguridad y tripulación de la nave. Se ha indicado que el dron fue destruido por medio de un método de atasco electrónico, según un funcionario de Estados Unidos [2].

Irán ha denunciado esta acción por provocadora y ha enviado una carta al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (aunque no ha pedido una reunión de urgencia de dicho Consejo), exigiendo a la organización que intervenga para que Estados Unidos ponga fin a sus acciones ilegales y desestabilizadoras en el Golfo. En la carta se indica que el dron estadounidense derribado un mes atrás estaba en una clara operación de espionaje y calificó esa acción como flagrante violación de la ley internacional [3].

Posteriormente, Irán ha anunciado [4] que EE.UU. no ha derribado ninguno de sus drones y que en realidad había sido este país el que por error disparó a uno propio. Todo lo cual es propio de las narrativas utilizadas en estas escaladas de tensión como la que se vive en la zona. Del deterioro de la situación son muestras claras el prendimiento de un petrolero inglés por fuerzas navales iraníes y la precedente acción de la detención de uno persa en aguas próximas al estrecho de Gibraltar por lanchas navales gibraltareñas.

En muchos países, pero particularmente en el mundo occidental, la opinión pública constituye un freno para que los líderes políticos se embarquen en operaciones militares en el exterior, incluso si el uso de la fuerza podría estar legitimado por una justa causa y tuvieran bases legales para llevarlas a cabo.

Esta restricción a la hora de tomar decisiones se basa en la existencia de un riesgo para las tropas propias y el descontento popular que produce el recibir muertos en acciones en el exterior (body bag syndrome[1]).

Si bien pudiera pensarse en la exclusividad de la razón política para adoptar esta postura limitativa a la hora de la utilización de la fuerza militar, tampoco puede rechazarse la existencia de otra razón que ancla sus raíces en la ética militar y que exige la convicción de llevar a cabo cualquier operación sobre la base de una legitimidad y justicia de la causa que la impulsa, además de ajustarse a los criterios de legalidad internacionalmente reconocidos, sobre todo en el amparo de esa acción por Naciones Unidas.

El principio moral de evitación del riesgo a las fuerzas propias, muy presente en el Comandante militar en cualquier operación o conflicto bélico, se extiende al responsable político y actúa como un freno que ha producido una disminución en la frecuencia de intervenciones militares, principalmente en las democracias liberales. Esta aseveración puede aplicarse incluso a Estados Unidos, la gran potencia de nuestro ámbito cultural que menos restricción demuestra cuando sus intereses nacionales están en riesgo y tiene que evaluar su protección frente a razones éticas y legales.

Por otro lado, los nuevos sistemas de armas, desarrollados por los imparables avances científicos y tecnológicos, permiten reducir el riesgo de las fuerzas propias y llevar a cabo operaciones militares en las que se respeta el principio mencionado al tiempo que se obtienen ventajas estratégicas y operacionales. Es el caso, como muestra el citado uso de drones en el estrecho de Ormuz, que se utilizan para múltiples cometidos militares, desde la obtención de información hasta la utilización como sistemas letales, en los que su condición de sistemas no tripulados evita o disminuye en gran medida el riesgo físico para el soldado.

Este episodio muestra un aumento de la escalada de tensión en una región de enorme inestabilidad y de gran importancia estratégica y económica, no solo para los países implicados, sino para la paz y estabilidad global.

Ahora bien, es plausible preguntarse si estos hechos se hubieran desarrollado de la misma forma si en lugar de drones no tripulados hubieran sido aviones tripulados los objetivos a derribar.

No conocemos la respuesta, como tampoco sabemos si continuará la tensión (somos pesimistas) y serán más los drones u otros sistemas de armas no tripulados los que se verán envueltos en futuras refriegas, aumentando la crisis con más facilidad pues «no hay pérdidas de vidas humanas».

Si así ocurriera el impulso en el empleo de nuevos sistemas de armas no tripulados para, siguiendo razones éticas, disminuir el riesgo de las fuerzas propias, se pervertiría y sería sustituido por la facilidad de escalar en una crisis, con la consiguiente proliferación y aumento de conflictos, lo que contribuiría a una mayor desestabilización e inseguridad global.

 

Juan A. Moliner González es General de División del Ejército del Aire (Rva) y Subdirector del Instituto Universitario “General Gutiérrez Mellado”.

 

[1] https://www.infobae.com/america/eeuu/2019/07/18/eeuu-derribo-un-drone-irani-en-el-estrecho-de-ormuz/

[2] https://cnnespanol.cnn.com/2019/07/18/trump-buque-de-ee-uu-destruyo-un-drone-irani/

[3]  https://www.elmundo.es/internacional/2019/06/20/5d0bf83e21efa0be6a8b4709.html

[4] Espinosa, A. (2019, 20 de julio). Teherán niega que EEUU haya derribado uno de sus drones, EL PAIS, p. 3.

 


[1] El body bag syndrome (síndrome de bolsa trasporte cadáveres) se refiere al problema, general en los países occidentales, que deben afrontar los responsables políticos y militares cuando tienen que recibir cadáveres de militares caídos en operaciones, especialmente cuando estas debían ser de baja intensidad, en las que hay un elevado riesgo pero, al mismo tiempo, unas restrictivas reglas de enfrentamiento que limitan mucho el uso de la fuerza a emplear.