Procesos de innovación militar en el Imperio Japonés

Versión para impresiónVersión para impresión

Análisis GESI, 31/2018

Resumen: La instauración del Imperio Japonés en el siglo XIX conllevó una profunda reforma de sus fuerzas armadas. La velocidad a la que se produjo su transformación y la alta predisposición al cambio por parte de los militares generaron un incremento en su efectividad. Este documento analiza el modo en que se desarrollaron los procesos de innovación militar en Japón de acuerdo con las principales teorías, reflejando aquellos elementos determinantes para la efectividad del cambio.

*****

 

Introducción

La caída del Shogunato de Tokugawa en 1868 conlleva la instauración del Imperio Japonés, dando comienzo a la Era Meiji (De Jong, 2005) e implicando la apertura al mundo exterior, la abolición del feudalismo y el inicio de un periodo de cambios disruptivos que modernizaron el país (Kitaoka, 2018). Japón logra superar 250 años de aislamiento para introducirse completamente en la edad contemporánea, participando en la vida política y económica internacional (Holroyd, 2008).

La configuración política del Imperio experimenta simultáneamente una occidentalización y una fuerte tendencia militarista-nacionalista (Sánchez-García, 2016). La combinación de ambas conduce a un proceso de innovación militar que transforma por completo la doctrina, orgánica y materiales de las fuerzas militares japonesas. En cuestión de décadas, milicias irregulares y mal equipadas se convierten en una fuerza convencional altamente efectiva y cohesionada que logra vencer en la Guerra Ruso-Japonesa, alterando el equilibrio de poder en el Pacífico (Porter, 2007).

El presente documento constituye una aproximación general a los procesos de innovación militar en las fuerzas armadas japonesas. En él, se establece una breve aproximación teórica, seguida del modo en que se produjeron estos procesos en el Imperio Japonés atendiendo a los elementos determinantes para el cambio.

 

Breve aproximación teórica a la innovación militar

Los procesos de innovación militar implican cambios en el modo de operar de las fuerzas militares, con un impacto y alcance significativo que conlleva tácitamente un incremento sustancial de la eficacia en su actuación (Grissom, 2006). Los cambios establecidos afectan a la doctrina, orgánica, materiales y adiestramiento de las fuerzas armadas, diferenciándose de la adaptación por implicar cambios formales (Farrell, 2010), pero pudiendo los procesos de adaptación acabar siendo incorporados a la doctrina y contribuir a la innovación (Jordán, 2017).

Existen diferentes orígenes para el impulso de la innovación militar que se reflejan en la literatura académica. En relación con nuestro caso de estudio, destacamos los factores culturales, un conjunto de creencias subjetivas que facilitan la comprensión de objetivos, estrategias y modos de operar, que pueden suponer un elemento decisivo para que se produzca la innovación (Farrell y Terriff, 2002). La innovación militar también pueden vincularse con la estrategia general de los Estados, buscando dar una respuesta a los cambios en el entorno estratégico desde el nivel político en un proceso top-down (Posen, 1984).

Igualmente, los procesos de innovación militar pueden tener lugar por la emulación de prácticas y procedimientos de actuación de fuerzas extranjeras, basándose en un cálculo racional que ahorra los costes propios de un proceso de ensayo y error (Horowitz, 2010). La emulación se vería complementada por la incorporación de nuevas tecnologías, las cuales si implican cambios doctrinales, pueden incrementar la efectividad de las tropas e incentivar procesos de innovación (Van Creveld, 1991; Rosen, 2010).

 

Los procesos de innovación militar en el Imperio Japonés

Innovación Top-Down como respuesta a cambios en el entorno estratégico

La instauración del Imperio Japonés en sustitución del régimen anterior y el acelerado proceso de modernización del país y sus fuerzas armadas se encontraron motivados por la percepción de una amenaza exterior generada por las intenciones expansionistas de potencias occidentales (Shibata, 2004), haciendo necesario que Japón contase con una fuerza militar convencional capaz de enfrentarse en igualdad de condiciones a ejércitos extranjeros. Las élites políticas de Japón incentivaron emular e imitar aquellas instituciones políticas que habían tenido éxito en países occidentales (De Jong, 2005) como una respuesta a un cambio en el entorno estratégico.

Las nuevas élites del Periodo Meiji sustituyeron a los señores feudales del Shogunato Tokugawa (Grabowski, 2007), pero al contrario que en otros procesos de cambio político de la época como la Unificación Alemana o Italiana, ninguno de los líderes japoneses procedía de una clase dirigente (Shibata, 2004). Se trataba fundamentalmente de hombres jóvenes de mente abierta, predispuestos al cambio y comprometidos con Japón, lo que dotó de mayor fluidez al desarrollo de procesos de innovación política y militar.

El establecimiento del emperador como un actor central en el sistema político fue otro elemento relevante para la innovación top-down. Su figura encarnaba la soberanía nacional, no pudiendo ser sustituida por ninguna otra persona o entidad e implicando un férreo control sobre el gobierno y las fuerzas militares (Kitaoka, 2018). Al encontrarse éstas supeditadas al control imperial y no al gubernamental, los militares contaban con una amplia independencia e influencia en el sistema político, posibilitando procesos de innovación militar de largo alcance e impacto, siendo incentivados desde los estratos superiores del sistema imperial.

Aprender del extranjero: Innovación por emulación

Al comprender la validez universal de la civilización occidental en el siglo XIX, y la necesidad de competir en el sistema internacional en los términos ya establecidos por las potencias occidentales (Shibata, 2004), los japoneses vieron imprescindible emular prácticas occidentales. Para alcanzar unos estándares altamente eficientes, el gobierno imperial seleccionó aquellos países más avanzados en todos los ámbitos, solicitando a sus gobiernos el envío de expertos para que les instruyesen. Entre 1868 y 1912, hubo unos 3000 empleados extranjeros al servicio del gobierno, principalmente ingleses, americanos, franceses y alemanes , siendo la tarea de estos últimos la instrucción y el diseño de las fuerzas militares japonesas (De Jong, 2005).

La creación de una tradición basada en la absorción, incorporación y reelaboración de procedimientos extranjeros, provocó que Japón desarrollase su propia forma de modernidad (Sánchez-García, 2016), transformando el sistema político y las instituciones militares emulando el modelo alemán (Shibata, 2004), lo que contribuyó directamente a enriquecer a la nación y fortalecer sus fuerzas armadas.

La conformación de unas fuerzas armadas regulares, modernas y efectivas, se vio facilitada por la ausencia de un ejército regular previo (Kitaoka, 2018), siendo necesario crearlo y no llevando a cabo únicamente modificaciones puntuales. Este hecho implicó una menor resistencia por parte de sus fuerzas militares al no contar con un bagaje previo que supusiera un impedimente para el cambio. El desarrollo e instrucción del ejército y la armada japonesa fue llevado a cabo por asesores europeos, mientras que los cuadros de mando se formaban en academias extranjeras (Porter, 2007). La formación en el exterior permitía, además de dotarles de una formación militar profesional, evaluar la cultura militar occidental, sus sociedades y sus vulnerabilidades para futuros conflictos. En relación con la innovación tecnológica, los aspectos prioritarios fueron la fabricación de minado, municiones y el desarrollo de la Armada Imperial Japonesa (De Jong, 2005), buscando adquirir potencia de fuego, superioridad naval y capacidades para conducir operaciones en costa, litoral y archipiélagos del Pacífico con los que derrotar a adversarios más avanzados. 

La innovación mediante la emulación de capacidades occidentales permitió combinar elementos procedentes de las diferentes fuerzas armadas. La emulación contribuyó a una mejor gestión del tiempo, eliminando aquellos procesos de ensayo y error que habían demostrado ser ineficientes en otros ejércitos (Horowitz, 2010), siendo uno de los factores que explican la rápida evolución de las fuerzas militares en el Imperio Japonés y su capacidad para la puesta en práctica de las mismas.

Identidad, educación y Bushido: Factores culturales en la innovación militar

Además de los procesos de emulación de capacidades y el impulso top-down al percibir cambios en el entorno estratégico, los factores culturales fueron determinantes para garantizar la innovación en las fuerza militares japonesas. La ruptura con el Shogunato de Tokugawa hizo que las élites articulasen una corriente nacionalista mediante la religión mayoritaria, el sintoísmo, que fue convertida en ideología de Estado (Shibata, 2004), legitimando el poder absoluto del emperador y trascendiendo cuestiones culturales y religiosas para ser explotada con propósitos políticos (Hsia Chang y Hasegawa, 2007).

La transmisión de valores y la articulación de significados colectivos para conformar identidades, son procesos más efectivos y con mayor pervivencia en el tiempo si son desarrollados mediante el sistema educativo (Laclau, 2016). Por ello, Mori Arinori, uno de los primeros líderes de la Era Meiji, argumentaba que la independencia política de la nación se sostenía sobre la independencia mental de los ciudadanos, resaltando la necesidad de establecer un sólido sistema educativo. El modelo japonés homogeneizaba todos los estratos sociales, buscando que los ciudadanos compartiesen un mismo sentido de identidad nacional, que fusionase la cultura japonesa con el marco ideológico del emperador (Shibata, 2004).

La férrea relación entre el individuo y el Estado permitió traducir la cohesión política y social en supremacía militar, introduciendo una comprensión en profundidad de la guerra y el empleo de la fuerza (Porter, 2007). Esta supremacía militar se pudo apreciar en la moral de los combatientes, en su forma de afrontar la muerte, asumir la jerarquía militar, su completa subordinación al Estado, o en la alta tolerancia a las bajas en la sociedad japonesa (Porter, 2007).

El desarrollo de una fuerte tendencia militar-nacionalista surgió a partir de la victoria en la Guerra Sino-Japonesa (1894-1895), cuando comenzó a generalizarse una idea de honorabilidad y sacralidad en la profesión militar. Desde las escuelas modernas civiles, se elevó el estatus militar sobre otras profesiones, transmitiendo valores mediante el aprendizaje de códigos sociales o venerando antiguos alumnos caídos en combate (Porter, 2007). Su modelo educativo condicionó la determinación del combatiente, permitiéndole actuar con una lealtad exclusiva hacia el emperador, haciendo de su profesión una forma de rendir culto a Japón, a los ancestros familiares y guiándose por un estricto código de honor.

Las instituciones políticas, militares y educativas del Imperio Japonés, fusionaron la modernidad con el Bushido, un código de honor inicialmente aristocrático que se popularizó progresivamente (Porter, 2007). Su promoción tuvo lugar mediante la transmisión del código ético del Budo, incluyendo en currículos educativos artes marciales como el kendo o el judo. Este último fue desarrollado de forma específica por Jigoro Kano con propósitos educativos (Sánchez-García, 2016), cuya práctica buscaba enfatizar la relación entre el entrenamiento físico y el desarrollo moral de los discípulos (Donohue, 1991). 

A pesar de su origen aristocrático, el Bushido establece el mérito como referencia para el estatus, siendo sus organizaciones de carácter voluntario con una jerarquía basada exclusivamente en el logro y expresada en la adquisición de rangos como Kyus o Dan (Donohue, 1991). En el Bushido resulta fundamental la valía personal y el comportamiento ejemplar, basado en el antimaterialismo, el sacrificio personal, la sumisión a la autoridad y la disciplina (Porter, 2007).

Al tratarse de actividades físicas altamente competitivas a la vez que cooperativas que enfatizan la eficacia, establecen una fuerte identidad corporativa, reforzada por elementos simbólicos y rituales que llevan a aceptar la meritocracia como un principio fundamental. En ellas, las relaciones entre maestros y discípulos, contribuyen a crear fuertes vínculos personales y una sólida cohesión de grupo en perpetua mejora (Donohue, 1991) facilitan la identificación de todos los participantes con un sistema de creencias y valores compartidos.

La inclusión del Bushido como un código meritocrático y de la práctica de actividades pertenecientes al Budo como parte de la instrucción en las fuerzas armadas (Patalano, 2014) contribuyó a elevar la moral del combatiente japonés y mejorar su adiestramiento al empujarle a una superación continua en cuestiones tácticas y técnicas, dotándole de una amplia tolerancia a la frustración y al fracaso (Kozub y Kozub, 2004).

La voluntad de mejora continuada y la resistencia al fracaso, generaron una cultura organizativa orientada a la búsqueda de la eficiencia y la innovación. Los factores culturales agilizaron los procesos de innovación militar, facilitando la asimilación de elementos novedosos e incentivando desde niveles superiores la búsqueda de la mejora para contribuir a un orden superior.

 

La interrelación de factores en la innovación militar del Imperio Japonés

Los procesos de innovación militar se desarrollaron mediante la combinación de los factores y tendencias expuestos anteriormente. La creación de una fuerza militar convencional de sus inicios facilitó la incorporación directa de capacidades y procedimientos emulados que se habían implementado con éxito en países como Alemania, Reino Unido, Francia o Estados Unidos. Este hecho permitió la introducción de elementos doctrinales, orgánicos y materiales que permitieron alcanzar estándares profesionales en su fuerza militar.

La percepción de una amenaza externa a su cultura y a su integridad territorial, hace que el impulso proceda de niveles superiores de decisión. Esta circunstancia, en combinación con la existencia de un sistema social y político altamente jerarquizado y subordinado a una voluntad de carácter divino facilita especialmente el cambio. De este modo, se permite que los cambios top-down sean impulsados mediante directrices claras, gozando de una mayor aceptación en niveles inferiores de implementación.

La existencia de una cultura basada en la mejora continua y el perfeccionamiento, provoca cambios y modificaciones en los niveles micro y macro de sus fuerzas militares. A nivel estratégico, se plantea el objetivo de alcanzar estándares occidentales, así como poner en marcha mecanismos doctrinales para mejorar la operatividad militar. En niveles táctico y operativo, los propios cuadros intermedios y de base actúan buscando la mejora de las fuerzas como un todo y no como unidades independientes entre sí.

La interrelación de factores establece los procesos de innovación militar en el Imperio Japonés como una contribución al desarrollo del Estado, haciendo de la innovación militar una garantía de la propia supervivencia nacional. La disponibilidad de recursos económicos, la existencia de directrices claras desde el nivel superior, la implementación de procesos de emulación desde los niveles superiores, así como la consolidación de una férrea identidad nacional, facilitan una coordinación y el establecimiento de esfuerzos con un objetivo común, destinada a la constitución del Imperio Japonés como una potencia mundial capaz de atender satisfactoriamente sus imperativos geopolíticos.

Los imperativos geopolíticos se encuentran materializados en la protección de la soberanía nacional, protección de fronteras y esferas de influencia, sus vías de comunicación y la adquisición de recursos (Jordán, 2018).  Japón manifiesta sus intenciones imperialistas en la conversión de Taiwán (Formosa) en una colonia japonesa como resultado de la guerra sino-japonesa de 1895, la colonización de la península de Corea entre 1905-1910, la guerra ruso-japonesa de 1904 (Porter, 2007) y diversas operaciones en Manchuria y China (Hsia Chang y Hasegawa, 2007).

La búsqueda de la consecución de sus imperativos geopolíticos, sumado a la creencia generalizada de la superioridad racial y el establecimiento de un discurso antagónico (Hsia Chang y Hasegawa, 2007) conlleva la participación de Japón en la Segunda Guerra Mundial y sus operaciones para la conquista del Pacífico, les permiten obtener éxitos militares frente a británicos y  norteamericanos, permitiendo probar una mejora en la efectividad de sus procesos de innovación militar.

 

Conclusiones

Los procesos de innovación militar en el Imperio Japonés se desarrollan como un elemento más en la estrategia nacional de desarrollo y modernización. El éxito de los mismos, materializado en sucesivas victorias militares y en la constitución de un imperio colonial en los archipiélagos y costas del Pacífico demuestran un incremento en la efectividad y eficacia de las fuerzas militares.

El éxito de la innovación militar se produce por una interrelación entre los factores culturales, la emulación de capacidades y el impulso top-down a partir de una percepción de cambio en el entorno estratégico. A estos hechos, debe añadírsele el carácter sagrado y ritual de lo militar en el Imperio Japonés y la inclusión de un código de conducta que estimula la mejora continuada y la búsqueda de la superación constante entre los subordinados.

La implementación del cambio se ve facilitada por factores en los niveles inferiores de decisión, como la aceptación incondicional de la figura del emperador, la cohesión de las unidades y la presencia de una identidad nacional en la que se antepone la razón de Estado a los intereses particulares. Se logra hacer de la actitud individual una forma de contribuir a la mejora del Imperio Japonés, lo que ineludiblemente posibilita el desarrollo de los procesos de innovación militar de forma satisfactoria.

 

Guillermo López es investigador FPU en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Granada y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional.

 

El autor agradece a la Universidad de Granada y al Ministerio de Educación y Formación Profesional poder elaborar el presente artículo en el marco del contrato de Formación del Profesorado Universitario.

 

Bibliografía

Davidson, J. (2010) Lifting the Fog of Peace. How Americans learned to fight modern war. Ann Arbor, MI: University of Michigan Press.

De Jong, J. (2005) The principles of steam: Political tranfer and transformation in Japan, 1868-89, European Review of History: Revue europeenne d’histoire, 12:2, 269-290.

Donohue, J. J. (1991) The dimensions fo discipleship: Organizational paradigm, mystical transmission, vested interest and identity in the Japanese martial arts. Ethnos: Journal of Anthropology, 56: 1-2, 19-38.

Downie, R. D. (1998) Learning from Conflict: The US Military in Vietnam, El Salvador and the Drug War. Wetsport, CT: Praeger.

Farrell, T.G y Terriff, T. (2002) The sources of military change: Culture, Politics, Technology. Boulder, CO: Lynne Rienner.

Grabowski, R. (2007) Political development and growth: Japan until World War II. Journal of the Asia Pacific economy. 12:4, 522-547.

Grissom, A. (2006) The future of military innovation studies. Journal of Strategic Studies 29 (5): 905-934.

Holroyd, C. (2008) Reinventing Japan Inc.: Twenty-first century innovation strategies in Japan, Prometheus: Critical studies in innovation, 26:1, 21-38.

Horowitz, M.C. (2010) The Diffusion of Military Power: Causes and consequences for international politics. Princeton: Princeton University Press (Versión Kindle).

Hsia Chang, M. y Hasegawa, T. (2007) War and its remembrance: The perspective from Japan. Democracy and Security, 3:1, 45-88.

Jordan, J. (2017) Un modelo explicativo de los procesos de cambio en las organizaciones militares. La respuesta de Estados Unidos después del 11-S como caso de estudio. Revista Española de Ciencia Política. Vol. 37. Nº1. Pp 203-226.

Jordán, J. (2018) Un modelo de análisis geopolítico para el estudio de las relaciones internacionales. Documento Marco 4/2018. Instituto Español de Estudios Estrategicos.

Kitaoka, S. (2018) The significance of the Meiji Restoration, Asia-Pacific Review, 25:1, 5-18.

Kozub, F. M. y Kozub, M. L. (2004) Teaching combative sports through tactics. Journal of physical education, recreation and dance. 75:8, 16-21.

Porter, P. (2007) Military Orientalism? British observers of the Japanese Way of War, 1904-1910, War and Society, 26:1, 1-25.

Patalano, A. (2014) A symbol of tradition and modernity: Ito Masanori and the legacy of the imperial navy in the early postwar rearmament process, Japanese Studies, 34:1, 61-82.

Posen, B. R. (1984) The Sources of Military Doctrine: France, Britain and Germany between the World Wars. Ithaca: Cornell University Press.

Rosen, S.P. (1991) Winning the next war. Innovation and the Modern Military. Ithaca: Cornell University Press.

Sánchez-García, R. (2016) The development of Kano’s judo within Japanese civilizing/decivilizing processes, Asia Pacific Journal of Sport and Social Science.

Shibata, M. (2004) Controlling national identity and reshaping the role of education: the vision of state formation in Meiji Japan and the German Kaiserreich, History of education: Journal of the history of education society, 33:1, 75-85.

Van Creveld, M. (1991) Technology and War. From 2000 B.C. to the Present. New York: The Free Press.

 

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

Licencia Creative Commons
Bajo Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported