Perspectiva global de la libertad electoral

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El pasado 5 de enero se publicó la primera edición del Índice Mundial de Libertad Electoral (IMLE), correspondiente a 2018, que he tenido la oportunidad de dirigir por encargo de la Fundación para el Avance de la Libertad, con la colaboración de la Universidad Autónoma de Chile. El estudio ha identificado cincuenta y cinco indicadores básicos para elaborar los cuatro grandes subíndices que componen el principal: índice de desarrollo político, índice de libertad de sufragio activo, índice de libertad de sufragio pasivo e índice de empoderamiento del elector.

Con una puntuación de 69,22 sobre 100, España apenas alcanza el puesto 56º y un aprobado raspado en esta primera edición del IMLE, aunque supera a dos países tan irreprochablemente democráticos como Alemania (64º) y Bélgica (85º). Los tres quedan clasificados en la franja de libertad electoral “aceptable”. Todos los demás países de Europa Occidental obtienen puestos mucho más elevados en el ranking. En el caso español, el factor que lastra la puntuación es nuestro pobre desempeño en el apartado de sufragio pasivo (las barreras de acceso a la actividad político-electoral), donde caemos hasta el puesto 127º del mundo, mientras obtenemos una alta puntuación en sufragio activo (puesto 32º) y otras áreas.

En Europa, es necesario acudir a algunas de las democracias recientes del Este para encontrar países con una puntuación aún más baja. Hay cinco países europeos que suspenden: Armenia (118º del mundo), Rusia (134º) y Turquía (135º) obtienen la etiqueta de libertad electoral “insuficiente”, mientras Bielorrusia (163º) y Azerbaiyán (168º) quedan clasificadas con la de libertad electoral “baja”.

Entre los países de nuestro entorno, destaca la ganadora absoluta del IMLE 2018, Irlanda, único país del mundo que supera los ochenta puntos y alcanza la clasificación de “altísima” libertad electoral. Le siguen por este orden Islandia, Suiza y Finlandia, y el “top ten” de esta primera edición incluye también a Dinamarca (6º puesto), Portugal (7º), Reino Unido (9º) y Lituania (10º).

En el resto del mundo, destaca por sus buenos niveles de libertad electoral todo el continente americano. En América Latina, sólo Cuba (186º de 198), Venezuela (102º) y Honduras (108º) suspenden en el IMLE 2018 junto a Guyana, Belice y algunas islas del Caribe. Destacan, en cambio, las altas puntuaciones de países como Uruguay (12º), Chile (17º) y muy especialmente la República Dominicana, que queda en el 8º puesto de este ranking mundial.

Australia (5º puesto) y Nueva Zelanda (39º) presentan altos niveles de libertad electoral, mientras los continentes africano y asiático cosechan, en general, los peores resultados del estudio. Algunas excepciones son Sudáfrica (51º) o Japón (54º). India alcanza un puesto encomiable (20º) debido sobre todo al excelente ordenamiento, al menos formal, de su sistema de sufragio activo, subíndice que encabeza en esta edición.

Los peores niveles de libertad electoral se dan en los regímenes donde los procesos electorales ni siquiera cumplen unas mínimas exigencias de credibilidad. Así, cierran el IMLE 2018 países como Corea del Norte (190º), China (192º), Arabia Saudí (197º) y, en último lugar, el Sultanato de Brunei (198º).

En enero de 2019 se publicará la segunda edición del IMLE y podrá comenzarse a comparar la evolución anual de los países. La primera edición puede descargarse completa desde este enlace.

José Antonio Peña es Profesor de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granada.