Novedades en la evolución de los drones militares: mayor autonomía y mayor versatilidad

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Análisis GESI, 21/2018

Resumen: Las principales potencias vienen desarrollando ambiciosos programas con la mirada puesta en la progresiva integración de robots en sus Fuerzas Armadas. Muchos de ellos son aún incipientes, están en fase de experimentación o presentan prototipos que sólo tras muchas mejoras podrían entrar en servicio.

Pero otros darán sus frutos en un espacio de tiempo relativamente corto. Su filosofía va mucho más allá de la que presidió la entrada en servicio de los muy “convencionales” Predator, Searcher y Raven. En este análisis se esbozan algunos de los proyectos punteros.

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Introducción

En este artículo no desarrollaré una versión exhaustiva ni definitiva de los diversos proyectos en curso en materia de drones, por ser un empeño que requeriría de una tarea algo más extensa. Sin embargo, el objetivo sí es el de recopilar algunos de los desarrollos más interesantes en el campo de los robots de empleo militar, ya sea porque se progresa significativamente hacia la plena autonomía, ya sea porque por sus capacidades pueden ofrecer un nuevo abanico de opciones a los planificadores y a los decisores, tanto en el ámbito político como en el militar.

Excluyo intencionadamente, ya sea por sus dimensiones o por sus prestaciones, algunos modelos que bien podrían entrar en este análisis. Eso es así tanto en la franja más alta del mercado, como en la más baja. Por ejemplo, dejo de lado proyectos tan contundentes como el UAV chino de la empresa Tengoen Technology, con sus 20 toneladas de carga, sus más de 40 metros de envergadura, sus ocho motores, sus más de 6.000 kms de alcance, etc, que, de momento, no sería dedicado más que a misiones de transporte (aunque los mal pensados puedan ver en su diseño, no sin razón, una excelente plataforma futura para desarrollar misiones de bombardeo). También dejo de lado, en el otro extremo del mercado, los nano-drones, con sus características formas y tamaños propios de arácnidos o insectos, pero con una capacidad destructiva absolutamente desproporcionada a dicho porte, ya que, al margen de su innegable utilidad como herramientas de inteligencia, también pueden ser útiles para acometer ataques transportando Polonio o Anthrax en sus “aguijones” (WITTES y BLUM, 2016).

Ocurre que el escenario actual, con la proliferación creciente de modelos, ya requiere de análisis especializados o, al menos, segmentados. De modo que los drones que se hallan ubicados en ambos espectros del mercado requerirán un ulterior trabajo. Visto a contra-luz y si se me permite la metáfora, este análisis trabajaré lo que bien se podría definir como la clase media del mundo de los drones.

Como contrapartida, como quiera que los drones “voladores” suelen llevarse buena parte de los comentarios realizados respecto al tema que nos ocupa (incluso entre los expertos), traigo a colación, con toda la intención, algunos ejemplos de drones terrestres o incluso navales, aún sin excluir casos de UAVs que merezcan ser comentados por su originalidad. Así las cosas, en los siguientes párrafos se desarrollará una muestra de esas innovaciones.

 

Los nuevos robots

El robot FEDOR (Final Experimental Demonstration Object Research) que, empleando metáforas cinematográficas, ha sido comparado por algunos con un “avatar” o incluso con un “terminator”. Más allá de la concreta visualización de su aspecto externo y de lo que ello sugiera, es evidente que el FEDOR tiene un formato humanoide. Este producto está siendo desarrollado por una empresa privada rusa, denominada Android Technics, aunque es una prioridad para el gobierno de Moscú, como lo demuestra el hecho de que en abril de 2017 el viceprimer ministro ruso, Dimitry Rogozin, fuese el encargado de publicitar los éxitos del demostrador.

En principio, el FEDOR estaba pensado para ser empleado en modo semi-autónomo, operado remotamente por un ser humano, de modo que el robot replicaría los movimientos realizados a distancia por dicho operador. Pero la transición hacia un robot plenamente autónomo está garantizada. De hecho, sus habilidades a la hora de conducir un vehículo, manipular herramientas, cambiar bombillas, manejar un extintor, levantarse una vez caído -por su cuenta, es decir, sin necesidad de que su operador a distancia dirija esa operación- … así como, también, de disparar con armas de fuego (con una gran precisión, como era de esperar) lo convierten en un ingenio capaz de liderar toda una saga de robots terrestres con un potencial que a día de hoy es difícil de acotar. Oficialmente, está previsto que el FEDOR sea incorporado a ulteriores labores de investigación (incluyendo la posibilidad de que sea enviado al espacio) así como que contribuya a la gestión de emergencias, en el ejercicio de las competencias de diversos organismos oficiales rusos. Pero a nadie se le escapa su utilidad militar, aunque el Kremlin, de momento, lo niegue (por supuesto… yo, en su lugar, haría lo mismo).

Interesante es también el robot LS3 (Legged Squad Support System) de la empresa Boston Dynamics, si bien, como en el caso del FEDOR, también cuenta con el apoyo y con parte de la financiación proveniente de agencias estatales (DARPA, en este caso). Sus sensores le permiten seguir a los soldados a los cuales apoya. Ésa es la novedad. Su vocación es la de ser una especie de mula de carga, que permita a los soldados aliviar el peso de sus equipos (municiones, comida, agua, mudas, etc) incluso hasta llegar a la primera línea de fuego. Para ello, y para no tener que estar constantemente pendientes de manejar el robot (lo cual sería una penalización excesiva en situaciones de combate), se desarrolló la capacidad para que estos robots puedan operar en modo virtualmente autónomo, siguiendo a las tropas por su cuenta y riesgo, de un modo similar a como lo haría un animal doméstico.

Es evidente que, desde un punto de vista filosófico, podría decirse que la plena autonomía sólo se daría en caso de que los LS3 puedan decidir si siguen acompañando a su “amo” o si lo abandonan cuando van mal dadas (o si les conviene más pasarse al enemigo, por citar otra posibilidad). Ciertamente, esas opciones, digamos, secundarias, sólo se darían en caso de que falle la programación introducida en el robot. Pero, a la postre… ¿no estarían ya muy cerca del nivel de autonomía de ciertos animales? ¿Al fin y al cabo, el escenario principal descrito/previsto/planificado no es muy similar al que esperamos de un animal adiestrado para ello? ¿No lo son también las -escasas, pero no inexistentes- posibilidades de que algo falle y de que el robot tome la decisión incorrecta? Lo que está claro es que esta vez el perro no lleva correa…eppur si muove

En principio, no está previsto armar a este robot, aunque sobre este extremo hay que hacer dos matices relevantes. Por una parte, la sola presencia del LS3 permitiría incrementar la letalidad de las tropas desplegadas en este momento, a igualdad de bocas de fuego (con lo cual, dicho de otra manera, se incrementaría la letalidad de la unidad en la cual se integran) mientras que, por otra parte, la misma filosofía tendente a seguir los pasos de los soldados-humanos podría emplearse para multiplicar el número de esas bocas de fuego (o para integrar armas colectivas, con mayor potencia de fuego), si éstas le fuesen incorporadas directamente al LS3 (o a versiones mejoradas del mismo, dotadas de una ergonómica algo más adaptada al transporte y manejo de armas). Dicho lo cual, hay que tener en cuenta que el LS3 no llegó a ser aceptado para el servicio activo en los EEUU, entre otras cosas por el excesivo ruido que generaban los prototipos. Pero se trata de uno de los proyectos más innovadores y con mayor futuro, una vez se puedan pulir esos defectos.

Algo más clásicos resultan diseños como el Uran 9. En realidad, su silueta recuerda a primera vista lo que bien podría ser un vehículo de combate de infantería (VCI)… pero sin infantería (claro). Incluye un cañón de hasta 30mm, así como capacidad para portar/disparar misiles anti-carro y antiaéreos. Todo ello con un peso que ronda las 12 toneladas en orden de combate. Dato relevante para comprender otras dinámicas al uso en el I+D+i de nuestros días: se trata de un diseño que, en sus orígenes, deriva de los más conocidos equipos robóticos de desactivación de explosivos (TEDAX) pero que se beneficia, como no puede ser de otro modo, de un mucho mayor tamaño, así como de un incremento también notable (más que proporcional, digamos) en su potencia motriz. El dato es interesante, porque muestra el modo relativamente rápido en el que se puede pasar de un robot cuyo diseño responde a tareas estrictamente defensivas a un robot con una capacidad ofensiva realmente espectacular (ESHEL, 2015).

De todos modos, en comparación con los demostradores del FEDOR o del LS3, los vehículos Uran 9 no tienen tan avanzada su adaptación a lógicas plenamente autónomas. Al tratarse de un artilugio de cierta consideración, lo que está previsto es que opere junto con otros blindados tripulados, pero debiendo ser dirigido desde alguno de ellos. De este modo se pueden generar formaciones mixtas y la ventaja obtenida es, finalmente, que con el mismo personal se puede alcanzar una potencia de fuego muy superior a la actual. O, dicho de otra manera, se puede lograr dicha potencia de fuego poniendo en riesgo muchas menos vidas propias. Detrás de ello, claro está, aparecen las servidumbres derivadas de la “doctrina de las 0 bajas”, en consonancia con los imperativos subyacentes a la RSM vigente (BAQUÉS, 2013: 140).

Una de las evoluciones más previsibles de máquinas como el Uran 9 lo es hacia un vehículo para la lucha antiterrorista (eso ya ha sido publicitado desde la propia Rusia) pero también de control de masas o de manifestaciones. Para ello sólo sería necesario sustituir sus armas (letales) por lanzadores de humos/gases lacrimógenos; cañones de agua; lanzadores de pelotas de goma y otras armas no-letales. Mientras que, con un perfil intermedio, armados con una o varias ametralladoras pesadas o medias y/o con lanzagranadas, pueden ser tremendamente eficaces en tareas de protección perimetral de bases e instalaciones. Sea como fuere, esta gran flexibilidad los hace muy deseables incluso para PMSCs, en la medida en que sea solicitada su contribución para una o varias de las diversas actividades expuestas en este párrafo. Por lo pronto, se sabe que, a diferencia de otros proyectos, Rusia sí está por integrar el Uran 9 en sus FFAA (la rumorología apunta al posible despliegue en Siria de uno o varios prototipos, con todos sus subsistemas de armas). Asimismo, algunos Estados han mostrado su interés por adquirirlo (por ejemplo, los EAU). De modo que su estado de gestación está ya muy avanzado…

Uno de los proyectos más conocidos en círculos militares es el sistema naval no tripulado de superficie Protector, en realidad una lancha no tripulada de pequeño tamaño (9 metros de eslora y sólo 4 toneladas de desplazamiento). El diseño corresponde a la empresa israelí Rafael Advanced Defense Systems y en este caso estamos ante un vehículo que ya está en servicio. De hecho, ha sido desplegado en misiones de defensa de puertos y antipiratería por la propia Israel, así como por Singapur, que los suele operar desde sus buques LPD de la clase Endurance, buques que hacen las veces de nodrizas de los drones. Inicialmente, el Protector sólo estaba armado con una ametralladora media o pesada, disponiendo de sensores básicos como GPS, radar EO y FLIR. Pero, al tratarse de un proyecto de éxito, actualmente Rafael está desarrollando versiones bastante más grandes y mucho mejor armadas (incorporando, por el momento, misiles superficie-superficie Spike).

Los desarrollos de buques no tripulados han recibido un nuevo impulso con el Sea Hunter, de la estadounidense Vigor Industrial (también referida como Vigor Works o, simplemente, Vigor). Es un buque de dimensiones mucho más generosas (40 metros de eslora y 140 toneladas de desplazamiento a plena carga). Su filosofía de empleo es, aunque militar, defensiva: se prioriza la función antisubmarina y contra-minas. Lo traigo a colación porque el salto cualitativo que significa la transición hacia un buque plenamente autónomo ya se está dando en el proyecto de Vigor que, como era de esperar, cuenta con el apoyo de DARPA. En efecto, aunque este proyecto está aún en los albores de su fase experimental y queda mucho camino por recorrer, la idea es que varios Sea Hunter/s pueden operar coordinándose entre sí, sin mediación humana, para destruir sus objetivos (de momento, pues, minas o submarinos enemigos), abriendo con ello la puerta a otras aplicaciones (TREVITHICK, 2018). En definitiva, ocurre que la lógica del “enjambre” se aplicaría también al campo de la guerra naval.

Si los test son satisfactorios (el demostrador está llevándolos a cabo en la actualidad) esta tecnología podría ser adoptada con suma facilidad en los Protector y sus derivados ya en servicio, lo cual, unido a la creciente potencia de fuego de esas pequeñas lanchas, trasladarían definitivamente la autonomía de los drones a las tres dimensiones fundamentales de la guerra. Hay que tener en cuenta que los buques de guerra llevan años avanzando en esta dirección, aún sin levantar mucha polvareda, como lo demuestra la enorme reducción de tripulaciones acontecida a igualdad de desplazamiento, a lo largo de las últimas décadas. Pero de ahí a prescindir por completo de dotación a bordo mediaba un trecho, que ya está siendo superado.

Claro que los enjambres de drones (drone swarms) más conocidos entre los expertos responden a proyectos como el LOCUST, desarrollado por la empresa Kratos (San Diego, USA) en colaboración con la propia USAF en el marco de su programa UTAP-22 Mako (que a su vez está basado en el inofensivo blanco aéreo no tripulado BMQ-167). Ya ha sido probado en vuelo, pero siendo dirigido desde otro avión, en este caso tripulado. Así, a finales del año 2015, varios Mako/s fueron guiados con éxito desde un AV-8B Harrier II). También es relevante el programa XQ-222 Valkyrie, un avión remotamente pilotado que podrá alcanzar los 1.100 Km/h y transportar una amplia gama de armas, incluso misiles aire-aire. De momento, ambos son semiautónomos. Pero, tal como indican algunos expertos, los drones que están llamados a actuar como un enjambre deben y pueden ser dotados de una creciente autonomía, a fin de maximizar sus posibilidades mediante la coordinación entre ellos, prescindiendo por ende de la mediación del operador-humano, que en muchos casos o ralentizaría algunas de las operaciones para cuyo desempeño tendrían sentido o tendría dificultades para gestionar el aluvión de información disponible (DYNDAL y REDSE-JOHANSEN, 2017).

Sin perjuicio de lo anterior, podemos añadir que la tendencia fomentada por las tácticas de swarm será, lógicamente, contar con drones cada vez más pequeños y más baratos, para de ese modo ser producidos en grandes cantidades. Un primer ejemplo de ello puede ser el robot Perdix (del MIT Lincoln Laboratory) considerado dentro de la categoría de los micro-drones (30x16 cms y 290 gramos de peso), que en pruebas ha sido lanzado en gran número de una sola vez, desde un avión tripulado que opera como nodriza (nada menos que 100 drones, esta vez desde un F-18 Hornet). La cuestión es que, una vez lanzados, los drones aplican mecánicas de inteligencia artificial para trabajar conjuntamente en aras a cubrir el objetivo previsto, de modo que serían ellos mismos los que evaluarían y determinarían la manera de alcanzarlo, así como el momento en el que se habría alcanzado dicho objetivo. Este último dato también se antoja relevante. Sea como fuere, lo que ahora interesa destacar es que la previsión consiste en que los Perdix no serán conducidos por el avión nodriza (sí lanzados, pero no conducidos tras dicho lanzamiento) sino que sus operaciones serían el resultado de decisiones “internas” del enjambre. Por ello, en algunos documentos se alude a estos drones como parte de un distributed brain. Por lo demás, aunque se trata de sistemas medianamente complejos, por sus características y por su precio, de acuerdo con ambos parámetros todavía podrían estar al alcance de usuarios no estatales.

La última filosofía que traigo a colación es la que preside el diseño de carro de combate ruso T-14 Armata. Se trata de un vehículo tripulado (3 personas) pero la razón de que aparezca en esta lista radica en que se ha “automatizado plenamente” su arma principal (un cañón de 125 mm). Lo pongo entre comillas porque automatizar y autonomizar no son conceptos equivalentes, de modo que, a primera vista, la novedad podría parecer menor. Pero lo cierto es que el “plenamente” que adverbia la frase es significativo, ya que este carro de combate es capaz de elegir sus propios blancos, cargar y disparar contra ellos con éxito por sí mismo. Es decir, en lo que a su capacidad para disparar con éxito se refiere, la actividad humana es prescindible, si bien, tal y como viene siendo normal en estos casos, siempre es posible recuperar el control humano. Prueba de la novedad es que en ocasiones se alude a este carro de combate como “soporte de inteligencia artificial armado” (CAMPOS, 2018: 71). Técnicamente, es una novedad que puede revolucionar la batalla terrestre ya que, gracias a este ingenio, se podrán realizar más disparos por minuto y con mayor precisión.

¿Cuál es, en síntesis, la gran novedad? Seamos (moderadamente) provocativos: que el T-14 Armata convierte virtualmente a los tres miembros de su tripulación en los servidores del robot, que es el que toma las grandes decisiones. Justo al revés de lo que estaría previsto en el discurso al uso acerca del modo en que pueden/deben ser controlados esos robots. Es verdad que hace tiempo que se logró algo similar con los sistemas antiaéreos embarcados en algunos buques de combate de superficie. Por ejemplo, los dotados del sistema AEGIS (JORDÁN y BAQUÉS, 2014). Pero existe una diferencia sustancial, ya que si hay un arma defensiva por antonomasia es, precisamente, la antiaérea. En cambio, el T-14 Armata es un arma eminentemente ofensiva, dotada de una gran capacidad destructiva que, por combinación de sus capacidades (blindaje, protección y potencia de fuego) puede llegar a convertirse en uno de los blindados más poderosos jamás construidos.

 

Conclusión

En síntesis… robots antropomórficos, más resilientes que el ser humano; mulos de metal, especialmente dóciles; blindados sin dotación que, años después, hacen realidad el mito de Sleepy Hollow; enjambres de buques y de aviones no tripulados, capaces de tomar decisiones en modo asambleario; carros de combate en los que se invierte la relación entre lo humano y Golem… todo ello mientras la plena autonomía se avizora en un horizonte ya no tan lejano, de un modo ya no tan tenue…

La robótica aplicada a las FFAA, de la que en este análisis se ha ofrecido apenas una pequeña muestra (aunque escogida para la ocasión), ha llegado para quedarse y su vis expansiva es exponencial. La tendencia a la autonomía de los drones está guiada por imperativos con los que es difícil lidiar, en aras a incrementar la eficacia de los ejércitos (reducción de las bajas propias; acortamiento de los tiempos de reacción; procesamiento de datos en entornos saturados de información; minimización de la vulnerabilidad de los propios drones, etc).

Tras una primera fase en la que el protagonismo fue de los “drones que vuelan” (llámense UAVs o RPAs) los drones navales y, sobre todo, terrestres, están llamando a la puerta. No se trata sólo de un fenómeno aplicable a las FFAA, por supuesto. Más bien se trata de lo que los Toffler definirían como una nueva “ola”. Pero su incidencia en las FFAA contiene el embrión de cambios profundos, que van a afectar a todos los niveles a la institución militar, más allá de lo aparente (más allá, por ende, de lo tecnológico): desde el plano sociológico hasta el operativo. Todos se verán afectados. Por ello, el reto será la integración de los nuevos compañeros de armas de un modo tal que, a pesar de los pesares, Golem sea puesto en su lugar. Y, a tenor de lo visto, no es un reto menor…

Josep Baqués es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional, GESI. Es profesor del Máster on-line en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada.

Bibliografía

BAQUÉS, Josep (2013). “Revoluciones militares y revoluciones en los asuntos militares”, en JORDÁN, Javier (coor). Manual de Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional. Madrid: Plaza & Valdés, pp. 117-145.

CAMPOS, Juan (2018). “T-14 Armata ¿Inteligencia Artificial Acorazada o cortina de humo interesada? Historia de la Guerra, nº 7, pp. 65-72.

DYNDAL, Gjert y REDSE-JOHANSEN, Sigrid (2017). “Autonomous military drones: no longer science fiction”, en NATO Review Magazine (July).

ESHEL, Tamir (2015) en www.defense-update.com/20151231_russian-combat-robots.html).

JORDÁN, Javier y BAQUÉS, Josep (2014). Guerra de drones. Política, tecnología y cambio social en la era de la globalización. Madrid: Biblioteca Nueva.

TREVITHICK, Joseph (2018). “Navy`s Sea Hunter Drone Ship Is Getting A New Owner, New Abilities, and a Sister”, en The Warzone, (february, 6).

WITTES, Benjamin y BLUM, Gabriella (2016). The Future of Violence. Robots and Germs, Hackers and Drones. New York: Basic Books.

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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