Lo último de Mearsheimer

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Para todos aquellos que buscan en la teoría un útil de fácil uso que les ayude a comprender el presente y, en la medida de lo posible, a anticipar el futuro, la obra de John Mearsheimer (Brooklyn, 1947) es una referencia casi ineludible. Por eso, no es de extrañar que su nombre haya sido citado a menudo en las páginas de Seguridad Internacional[1].

No resisto la tentación de sumarme a esta tendencia, así que a continuación transcribo las notas que he ido tomando durante la lectura de su último artículo. Por si a alguien le sirven de ayuda. O, aún mejor, por si animan a alguien a leerlo y a comentarlo.

 

Auge y caída del orden liberal internacional

En el número de primavera de International Security, Mearsheimer publica un nuevo artículo titulado “Condenado al fracaso: auge y caída del orden liberal internacional”[2]. En él, parte del concepto de “orden” (an organized group of international institutions that help govern the interactions among the member states) y de una caracterización general de los diversos órdenes existentes (o potencialmente existentes) y termina utilizando esta herramienta para analizar la evolución del sistema internacional desde el final de la guerra fría y adelantar qué puede esperarnos durante los próximos años.

Para Mearsheimer, los órdenes internacionales pueden ser:

  • Según su alcance, internacionales (incluyen todas las grandes potencias) y limitados (no incluyen todas las grandes potencias; en general, solo una de ellas).
  • Según su tipo, realistas (obviamente, sus preferidos), agnósticos e ideológicos. Si el sistema es bipolar o multipolar, el orden es necesariamente realista. Si es unipolar, puede ser agnóstico o ideológico. Un orden ideológico se forma cuando el polo único “has a universalistic ideology, one that assumes that its core values and its political system should be exported to other countries”. Para Mearsheimer, el orden internacional que se formó tras el final de la guerra fría es claramente ideológico, por cuanto la potencia dominante está comprometida con la extensión de la democracia liberal a todos los países del mundo.
  • Según la extensión y profundidad de su cobertura, un orden puede ser “robusto” o “fino”. Un orden robusto es aquel cuyas instituciones tienen un efecto sustancial sobre las decisiones de los estados miembros, tanto en el terreno económico como en el militar.

Algunas reglas sobre la evolución de los órdenes

  • Los órdenes unipolares son raros en la historia.
  • Cuando un orden realista (necesariamente bi o multipolar) cambia, normalmente se transforma en otro orden también realista, con potencias dominantes y estructura diferentes.
  • Un orden internacional ideológico basado en una ideología universalista está condenado a tener una vida corta, a causa de las dificultades de todo tipo que la potencia hegemónica encontrará cuando intente hacer realidad su plan[3].
  • Una evolución lógica de un orden internacional ideológico es hacia el modelo de orden internacional agnóstico (entraña la renuncia a imponer la propia visión ideológica).
  • Otra posible evolución de un orden ideológico es hacia la bi o multipolaridad (lo que implica la formación de un orden realista), a causa de la aparición de nuevas grandes potencias.  

 

Órdenes internacionales y limitados en el pasado reciente

1945-1989. Orden internacional bipolar (realista) y fino (escasa influencia sobre las decisiones de sus miembros). Bajo él se cobijaban dos órdenes limitados (y considerablemente “robustos”), uno encabezado por los Estados Unidos y el otro por la Unión Soviética.

1990-2019. Orden liberal internacional. Unipolar, estructurado en torno a Estados Unidos, que ve su misión en la extensión a todo el mundo de su propio modelo político y económico. Se crea por la expansión y profundización del anterior orden limitado occidental. Según Mearsheimer, este orden liberal se encuentra en crisis profunda desde, al menos, 2005.

 

¿Qué ha salido mal?

Y el problema que el profesor de Chicago se plantea retóricamente es qué ha salido mal, por qué el orden liberal internacional no ha llegado a consolidarse y por qué presenta cada día más señales de fragilidad. Y, en su opinión, ha fracasado porque no podía ser de otra manera. En su propio diseño estaban las causas de su fracaso final. Que son, sobre todo, las tres siguientes:

El nacionalismo provoca una fuerte resistencia en los países señalados para el cambio de régimen: “intervening in the politics of countries to turn them into liberal democracies is extremely dificult, and attempting such ambitious social engineering on a global scale is virtually guaranteed to backfire and undermine the legitimacy of the enterprise itself”.

El orden internacional liberal crea importantes problemas (soberanía, identidad nacional) dentro de las propias democracias liberales.

La hiperglobalización, un componente necesario del orden liberal internacional, ha supuesto perjuicios económicos importantes para parte de la población de las democracias liberales (incluso de Estados Unidos).

 

¿Qué puede ocurrir ahora?

La parte más interesante. Lo que nos preguntábamos mientras leíamos las cuarenta páginas del artículo de Mearsheimer. Ninguna gran sorpresa, muy poco suspense, porque el maestro de Chicago nos ha ido dando pistas a lo largo de todo el texto. Siempre según Mearsheimer:

Es imposible que el orden liberal internacional sea sustituido por una versión más moderada del mismo, una versión que evitaría los excesos del periodo posterior al final de la Guerra Fría y que “would pursue a more nuanced, less aggressive approach to spreading liberal democracy, rein in hyperglobalization, and put some signicant limits on the power of international institutions”.  Y eso es así porque el “momento unipolar” (un momento excepcional, desde su punto de vista) ya ha pasado.

La única opción realista para las democracias liberales consiste en transformar el orden unipolar actualmente existente en un orden agnóstico: “Consequently, the liberal democracies have no choice but to take small steps here and there to remake the world in their own image, while adopting a live and let live approach toward most countries in the world”. Pero, en opinión de Mearsheimer, también este enfoque más modesto fracasaría, ya que el sistema actual es ya en la práctica multipolar.

Lo más probable es que avancemos hacia la consolidación de un nuevo orden multipolar (en realidad, bipolar imperfecto), con Estados Unidos y China como polos principales. Estados Unidos mantendría en torno suyo un “orden limitado” constituido por sus aliados más próximos y China constituiría el suyo propio. A diferencia de lo que ocurrió durante la Guerra Fría, cuando los intercambios económicos entre el bloque (orden) occidental y el soviético fueron bastante limitados, en el futuro hacia el que caminamos la cooperación económica sería intensa, por lo que “the emerging international order will play a pivotal role in managing economic relations among countries across the globe”.

 

Rusia y Europa

La última parte de su artículo la dedica Mearsheimer a discutir dos temas que nos interesan de manera muy directa: Rusia y Europa.

Según Mearsheimer, Rusia seguirá siendo una gran potencia (por eso, entiende que el orden emergente es multipolar, más que bipolar) e intentará, en la medida de lo posible, mantener su autonomía geopolítica. En las actuales circunstancias, se encuentra mucho más cerca de China que de Estados Unidos, pero es algo que podría cambiar en el futuro. En la práctica, Rusia podría convertirse en una especie de “miembro asociado” del orden chino o del orden norteamericano, según lleguen a ser sus prioridades.

Con casi total seguridad, los países europeos formarían parte del orden encabezado por Estados Unidos. Su falta de autonomía defensiva sería un factor decisivo para ello. 

En todo el texto, Mearsheimer no presta ninguna atención a la Unión Europea como sujeto geopolítico. La menciona en algunas ocasiones, sí, pero siempre como una de las instituciones que configuran un orden (el orden occidental durante la guerra fría, el orden liberal internacional más tarde), lo que implícitamente la sitúa bajo la dependencia de la potencia hegemónica. En su discusión de lo que nos espera en el futuro, Mearsheimer habla de “países europeos”, no de “Unión Europea”.

 

Una rápida reflexión en clave europea

El cantante italiano Toto Cutugno ganó el Festival de Eurovisión de 1990 con la canción “Insieme”, en la que se hablaba de todo lo que nos une a los europeos y de nuestra voluntad (al menos entonces) de caminar juntos (insieme). Lo que nunca llegó a definirse con claridad es qué íbamos a hacer con nuestra unidad y en qué dirección queríamos caminar. Va siendo hora.

 

José-Miguel Palacios es Coronel de Infantería y Doctor en Ciencia Política


[2] MEARSHEIMER, J. J. (2019). “Bound to Fail: The Rise and Fall of the Liberal International Order”. International Security, 43 (4), 7-50.

[3] Es curioso recordar que en su famoso argumento sobre el fin de la historia Francis Fukuyama sostenía que la actitud de Occidente durante la Guerra Fría no era más que una respuesta a la amenaza exterior que representaba la existencia de “states that possess overtly expansionist ideologies”. Sin caer en la cuenta de que en la introducción a su artículo había caracterizado la democracia liberal occidental como una ideología claramente expansionista: “What we may be witnessing is not just the end of the Cold War, or the passing of a particular period of postwar history, but the end of history as such: that is, the end point of mankind's ideological evolution and the universalization of Western liberal democracy as the final form of human government”. Siguiendo su propia lógica, debería, quizá, haber previsto que los afectados (negativamente) por esta expansión ideológica podrían oponerse con la misma energía que Occidente había utilizado para resistirse a la expansión soviética. Ver FUKUYAMA, F. (1989). The End of History? The National Interest (Summer 1989): 3-18.