La reforma del Teniente General Barroso: un primer intento de modernizar el ejército español

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El Ejército de Tierra español pasó por tres etapas claramente diferenciadas entre 1945 y 1975:

  • Período 1945-1953, en el que la falta de medios produjo la consecuente pérdida de capacidad operativa.
  • Período 1954-1961, caracterizado por la mejora de los medios y las capacidades gracias a la firma de los pactos con Estados Unidos, que permitieron la llegada de material bélico moderno.
  • Período 1962-1975, presidido por una mejora económica y social que permitió esbozar planes y conseguir “logros que prepararían la senda de la espectacular transformación del Ejército de Tierra acontecida durante el último cuarto del siglo xx (Puell, 2010: 65-66).

Durante el segundo de los períodos aludidos se introdujo en el Ejército de Tierra la denominada organización pentómica, copiada de la norteamericana, pero adaptada a las posibilidades españolas. La finalidad era que estas divisiones pudiesen combatir con garantías en un campo de batalla en el que estuviesen presentes las armas nucleares tácticas. Esta nueva organización divisionaria, de corta vida tanto en Estados Unidos como en los países que la adoptaron, significó para el ejército el “primer intento serio de convertir aquel obsoleto ejército en una herramienta moderna y operativa” (Puell, 2010: 81).  

Ni Washington ni el Pentágono tenían interés en dotar a España de una “estructura militar eficaz”, como habían realizado con Alemania. Así, el material suministrado “sirvió para que el ejército dejara de ser un museo, sin modificar su mentalidad y sus hábitos, y tampoco lo modernizó profundamente” (Cardona, 2003: 232-235). Material que ni siquiera era nuevo, sino que había sido usado durante la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea, pero que “reparado y pintado, resultaba ultramoderno” (Viñas, 2003: 301).

El 25 de febrero de 1957, Franco nombró un nuevo gobierno y Muñoz Grandes, ministro del Ejército, fue sustituido por el que era el jefe de su Casa Militar, el teniente general Antonio Barroso. En su nuevo cargo, Barroso se propuso emprender una reforma del ejército español con el objetivo centrarlo en cuestiones técnicas, debido a la “profunda renovación tecnológica” que los ejércitos del entorno experimentaban, y alejarlo así de la política. Aunque contó con escasos recursos económicos, la reforma de Barroso se puede considerar como “el primer intento serio de modernizar el ejército español” (Cardona, 2001: 184-185).

Sobre esta reorganización habló el propio ministro en el diario La Vanguardia. La entrevista fue recogida por la revista Ejército en su número de junio de 1960, bajo el título de “Reorganización. Pensamiento de nuestro ministro del Ejército”.

Barroso expuso los objetivos que buscaba con esta reorganización. El principal de ellos era reducir el número de grandes unidades, pero aumentando la eficacia y potencia del conjunto. La “liquidación” del protectorado marroquí, los acuerdos con los Estados Unidos y la amistad con Portugal permitían en aquel momento la modernización y reducción del ejército. Con el material que entregaban los norteamericanos y el que se construía en España se pudo lograr reducir el efectivo de las divisiones sin disminuir por ello su poder de combate, que incluso se acrecentaba por la potencia de las armas recibidas. Gracias a esto se pudo reducir el número de divisiones del ejército de 18 a 12 y el número de sus efectivos, que quedó establecido en 10.000 soldados por división (1960: 5).

Las divisiones experimentales, conocidas como pentómicas, fueron fundamentales. Esta organización de Barroso conllevó la desaparición de los batallones, pero quizá una de sus características más destacable fue el “espectacular” aumento de la potencia de fuego, comunicaciones y medios de transporte en las pequeñas unidades (Puell, 2009: 195). En un primer momento se crearon tres divisiones experimentales, desplegadas en Madrid, Valencia y Andalucía. Estas abandonaban la clásica división ternaria, puesto que en vez de los clásicos batallones y regimientos se dividió en cinco grupos de combate autónomos (McGrath, 2004: 59).

Con la ayuda norteamericana que llegó entre 1959 y 1960 se dotó de 560 carros M-47 y 180 M-24, que permitieron equipar a tres divisiones pentómicas, la división acorazada, una división de caballería y la brigada de Marruecos. Los suministros prosiguieron, aunque siempre en un número menor a la que realmente se necesitaba, no mostrándose los Estados Unidos particularmente generosos. En 1960 el ejército se reorganizó con ocho divisiones pentómicas, cuatro de montaña, una acorazada y una de caballería (Cardona, 2005: 191).

Por otro lado, Barroso indicó que se estaba creando un Ejército de Maniobra, “capacitado para cumplir su misión combativa más allá de nuestras fronteras, en una cooperación eventual con nuestros aliados, si fuese preciso para nuestra defensa”. En una fase posterior, se tenía prevista la organización de un Ejército Territorial, que pudiese encargarse de la defensa del territorio peninsular (1960: 6).

El Ejército de Maniobra estaría formado por divisiones de infantería de tipo pentómico, parecidas a las experimentales existentes; divisiones de montaña; tropas en los archipiélagos y plazas africanas; y unidades de reserva general y especiales. De entre estas, se contaba ya con una división acorazada y otra de caballería. Se estaba organizando también brigadas de artillería y unidades de otras armas y servicios. Además, se proyectaba crear una agrupación aerotransportada, basada en las tropas paracaidistas existentes (1960, p. 6).

Barroso emprendió “la primera de las grandes reformas estructurales que iba a sufrir el Ejército de Tierra durante las últimas cuatro últimas décadas del siglo xx”. Y con la organización pentómica, de corto alcance en el tiempo, se pretendió convertir a aquel ejército “obsoleto” e ineficaz en una organización “moderna y operativa” (Puell, 2010: 81). 

En 1965, con Camilo Menéndez Tolosa como ministro del Ejército, se emprendió “la segunda gran reorganización que conoció el Ejército de Tierra durante los años sesenta”. Supuso una vuelta a la estructura ternaria, desaparecida con las divisiones pentómicas, y se crearon dos grandes conjuntos operativos. El primero de ellos fue la Fuerza de Intervención Inmediata (FII), que agrupaba tres divisiones –acorazada, mecanizada y motorizada–, tres brigadas –paracaidista, aerotransportable y de caballería–, y un núcleo de tropas para cuerpo de ejército. El segundo conjunto operativo se llamó Fuerza de Defensa Operativa del Territorio (DET), agrupando dos divisiones de montaña, ocho brigadas de infantería, “de implantación regional y contenido antisubersivo”, otra de alta montaña, una de reserva y otra de artillería para defender el Estrecho, unidades de artillería antiaérea y de costa, además de las tropas destinadas en los archipiélagos y plazas africanas (Puell, 2010: 90-91).

El modelo en el que se inspiró Menéndez Tolosa fue el francés, puesto que desde 1963 se buscaban alternativas al socio estadounidense, planteamientos que el seno del Ejército de Tierra y la Armada no eran nuevos. Esto se debió en parte a que los Estados Unidos nunca fueron generosos con sus ayudas. No obstante, los acuerdos con Estados Unidos se renovaron durante ese año, pero también se empezó a buscar otros socios en el ámbito europeo, sobre todo en Francia, como una buena opción al armamento estadounidense y porque podría facilitar un acercamiento a la asociación europea (García, 2015: 82).

 

Alberto Guerrero es Doctor en Historia Contemporánea por la UNED y actualmente cursa el Máster en Paz, Seguridad y Defensa del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado (IUGM). También es miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI).

 

Referencias

Anónimo (1960), «La reorganización: pensamiento de nuestro Ministro del Ejército», Ejército, 245, pp. 3-11.

Cardona, G. (2001), Franco y sus generales: la manicura del tigre, Madrid: Temas de Hoy.

Cardona, G. (2003), El gigante descalzo: el ejército de Franco, Madrid: Aguilar.

Cardona, G. (2005), El problema militar en España, Madrid: Albor.

García, C. (2015), «Las Fuerzas Armadas españolas en la década de los sesenta: ¿Francia, una alternativa al “amigo americano”?», Aportes, Vol. 30, pp. 81-114.

Macgrath, J. J. (2004), The Brigade: A History, Its Organization and Employment in the US Army, Combat Studies Institute Press, Kansas.

Puell, F. (2009), Historia del ejército en España, Madrid: Alianza Editorial.

Puell, F. (2010), «El devenir del Ejército de Tierra (1945-1975)», en Puell, F. y Aldas, S. (Eds.): Los ejércitos del franquismo (1939-1975), Madrid: Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado.

Viñas, A. (2003), En las garras del águila. Los pactos con Estados Unidos, de Franco a Felipe González (1945-1995), Barcelona: Crítica.