La reeleción de Hasán Rouhaní: política exterior iraní

Versión para impresiónVersión para impresión

Análisis GESI, 18/2017

Resumen: A partir de la victoria electoral del pasado 19 de mayo en Irán, Hasán Rouhaní ha conseguido su segundo mandato, enfrentándose a una serie de nuevos retos, así como otros históricos, en un panorama internacional como el actual para llevar a cabo su proyecto de tibia apertura del régimen al resto del mundo.

Estos retos serán factores que condicionen en diferente medida los outputs y outcomes de la política exterior iraní que se ha reconfigurado a partir de las revueltas árabes (2011) y acuerdo nuclear de 2015.

*****

Los comicios electorales iraníes de 2017

¿Qué tienen en común Países Bajos, Francia e Irán en este año 2017? La respuesta por sorprendente que parezca es que Irán es el tercer país que elige a un gobernante moderado, frente a un “falso populismo o ideologías  extremistas” (Majd, 2017). El pasado viernes 19 de mayo las urnas iraníes dieron la victoria a Hasán Rouhaní, reelegido como presidente de Irán consiguiendo el 57% de los votos, con una 73% de participación (Jafari, 2017), y otros 4 años más de mandato del moderado aperturista. Lo más destacable sin duda es que pese al apoyo que recibió su rival, Ebrahim Raisí – de tendencia más conservadora –, del Ayatollah Alí Jamenei, finalmente se impuso Rouahní, consiguiendo mejores resultados que en 2013 cuando sólo consiguió el 50,7%[1]. Los resultados evidencian que no necesariamente el candidato más afín al Líder Supremo tiene más opciones de conseguir la presidencia (como en las elecciones de 2005), pero para concurrir a las elecciones es conditio sine qua non el beneplácito del Consejo de Guardianes (Majd, 2017). Este ha sido el problema que no ha podido superar el ex-presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, quien no ha podido concurrir por falta de apoyo de dicho órgano. Además, tiene que entenderse la victoria electoral actual de Rouhaní con los resultados electorales del año pasado (del 26 de febrero de 2016), donde los reformistas y conservadores moderados ganaron en la Asamblea de Expertos (Majlis)[2].

A nivel social, algunos autores atribuyen el resultado de las elecciones como una evidencia del decidido cambio radical en la sociedad iraní, influenciada por la televisión satelital, las facilidades para viajar al extranjero (viajes más baratos), Internet, olas de migración de grandes ciudades y el acceso a una mayor educación, sobre todo universitaria, así como una adherencia a valores de clase media[3]. Evidentemente, ese cambio esperado en los derechos humanos en Irán no se va a producir de la noche a la mañana – como la liberación de presos políticos, el aumento de mayores derechos y libertades políticas y menos restricciones sociales (Majd, 2017). Por contra, este cambio ideológico se encuentra con una fuerza centrífuga interna: la ideología anti-occidental, la estricta interpretación del Islam representada por Raisi e instituciones estatales[4]. Además, estas fuerzas conservadores serían capaces de crear un gobierno en la sombra, como señala Tabatabai (2017), una posibilidad que surgió desde la victoria de M. Ahmadineyad en 2005, pero que nunca se materializó puesto que el régimen prefiere mostrar una imagen de unidad y estabilidad. Sin embargo, quien fuera negociador del acuerdo nuclear durante la época de Ahmadineyad, Saeed Jalili, ha propuesto la creación de un gobierno en la sombra que resuelva varios asuntos antes de que afecten al país (Tabatabia, 2017). Por otro lado, algunos autores como Kasra Naji (2017) reconociendo la dificultad para atribuir claramente la victoria a una única causa, sostienen que quienes votaron por Rouhaní lo hicieron para detener el lado más conservador en el gobierno, como Raisi –un juez islámico con un pasado oscuro.

Además, pese a que Rouhani pueda disponer de un gran margen de maniobra, seguirá limitado por los obstáculos que le ponen a su agenda política el Líder Supremo (Majd, 2017). Algunas fuentes señalan que el deterioro de la salud de Jamenei podría producir el nombramiento de un nuevo sucesor. Cabe recordar que Jamenei accedió a dicho cargo político y religioso tras 8 años de mandato como Presidente de la República Islámica de Irán. Actualmente, si la salud de Jamenei le permite seguir en el cargo durante el mando de Rouhaní. En todo caso, se esperaba que Raisí sucediera a Alí Jamenei, ahora tras su derrota y la de su facción, no se sabe quién sucederá a Alí Jamenei.

 

La política exterior de Irán: tendencias generales

Durante las elecciones iraníes un tema poco tratado fue la política exterior de los candidatos, puesto que Irán se encuentra involucrada en la guerra civil de Siria y Yemen, al igual que realiza fuertes inversiones en Irak y entrenamiento de milicias en Líbano(Takeyh, 2017). Lo que sí está claro es el interés de Irán por convertirse en una potencia regional preeminente, como lo ha demostrado su aumento de gasto en defensa, del 2,7% del PIB al 5%, de 2014 al 2017 (Takeyh, 2017). Además, existe un consenso entre los moderados y conservadores iraníes sobre la oportunidad que supuso las revueltas árabes de 2011, para el proyecto de aumento de poder de Irán (Takeyh, 2017). En todo caso, la política exterior iraní estará condicionada por factores históricos (la llamada Guerra Fría Árabe que se inició durante los años cincuenta y sesentas), recientes confrontaciones, el acuerdo nuclear iraní alcanzado en 2015, las revueltas árabes y la injerencia regional de potencias externas (Takeyh, 2017).

Por otro lado, con la victoria de Rouhaní se espera que el nuevo presidente mantenga uno de sus mayores logros diplomáticos, políticos y económicos: el acuerdo nuclear alcanzado el 14 de julio de 2015 con el P5+1[5]. Tras la firma del acuerdo nuclear iraní, se creó el Plan de Acción Integral Conjunto (Joint Comprehensive Plan of Action, JCPOA), donde se pretendía reducir a 5.060 centrifugadoras más viejas y menos eficientes de Natanz por 10 años, teniendo en cuenta que en julio de 2015 Irán contaba con 20.000 centrifugadoras[6]. En enero de 2016 con la puesta en marcha del acuerdo nuclear, se redujeron el número de centrifugadoras según lo acordado, para un uso civil de los radioisotopos (medicina, agricultura, industria y ciencia). El JCPOA es la garantía para prevenir cualquier tipo de programa nuclear secreto iraní, según informó la Casa Blanca, puesto que se contemplan inspecciones extraordinarias, verificaciones y monitoreo de las instalaciones iraníes. Además, a dichos esfuerzos del JCPOA se suman los del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA, en inglés International Atomic Energy Agency, IAEA) para evitar que cualquier cantidad de material fisionable se desplaza de manera encubierta a otras instalaciones para construir una bomba.

En todo caso, las sanciones impuestas por Estados Unidos, la Unión Europea y Naciones Unidas por el enriquecimiento de uranio le han costado cerca de 160 mil millones de dólares norteamericanos desde 2012 a Irán[7]. A pesar del levantamiento de las sanciones, la robusta recuperación económica implementada por el JCPOA todavía no ha llegado, o por lo menos no a toda población, puesto que algunos sectores exportadores de petróleo sí se han visto beneficiados[8]. La principal causa ha sido nuevas sanciones estadounidenses no relacionadas con el acuerdo nuclear han desmotivado la inversión de grandes bancos internacionales[9]. Por otro lado, Rouhaní presentó durante su campaña un diagnóstico de los problemas que atraviesa Irán, de entre los que destaca la falta de inversiones por el aislamiento económico del país persa, así como su desconexión del sistema financiero global que han lastrado la recuperación económica del país post-acuerdo[10].

Otro reto al que se enfrenta Rouhaní en el ámbito internacional es a la presión internacional estadounidense contra Irán. Tras la victoria de Donald Trump se teme cumpla sus promesas de campaña y ponga fin al acuerdo nuclear. Además, coincidiendo con las elecciones en Irán, Trump viajó a Riad, realizando nuevas declaraciones contra Irán, calificándola de la fuerza más malévola del planeta (Majd, 2017); a la vez que cerraba un acuerdo comercial de 110 mil millones de dólares estadounidenses en venta de armas (principalmente sistemas de misiles balísticos THAAD, carros de combate, piezas de artillería, sistemas de radar y helicópteros Blackhawk) con Arabia Saudí[11]. El aumento del armamento militar saudí se presenta como una respuesta para intervenir en su vecino Yemen[12]; al igual que es una respuesta a la compra de armamento ruso por parte de Irán, realizada el año pasado que incluía el sistema de misiles S-300 rusos[13]. Durante su visita Arabia Saudí, Trump afirmó en su discurso del domingo 21 de mayo que pretende reafirmar las alianzas históricas con los países amigos para combatir el extremismo y el terrorismo, así como para hacer retroceder a Irán[14]. A su llegada a Israel y Palestina el lunes 22 de mayo, Trump repitió su discurso contra Irán, llegando a acusar a la nación persa de desestabilizar Oriente Próximo[15].

Eso sí, la administración de Trump continúa en la misma línea dura para presionar a Irán, imponiendo modestas sanciones hace unas semanas contra algunos individuos iraníes (los oficiales militares: Morteza Farasatpour y Rahim Ahmadi) y cuatro organizaciones, incluida una de relaciones sino-iraníes por suministrar elementos clave a Irán relacionado con la fabricación de misiles[16]. Aunque estas pesquisas legales contra iraníes que podrían haber facilitado material para fabricación de armas no es nueva desde la firma del acuerdo nuclear iraní[17].

A diferencia de las tensas relaciones entre Estados Unidos e Irán, la Unión Europea  y los países europeos se sitúan en un punto intermedio. El pasado 20 de mayo la responsable de la diplomacia europea, Federica Mogherini, envío un “Tweet” de felicitaciones a Rouhani por su victoria en las elecciones. Además, la jefa de la diplomacia europea mostró su gran interés por mantener correctamente implementado el JCPOA, esperando una mejora en la paz regional y expectación en el pueblo iraní (Jaraif, 2017). También se han sucedido los elogios a la victoria de Rouhaní por parte del presidente alemán Frank-Walter Steinmer y del recientemente elegido presidente francés Emmanuel Macron, ambos esperan que las relaciones futuras sean buenas y se mejoren los lazos históricos.

Siguiendo con la política exterior iraní, es probable que Rouhaní opte por la línea de mantener los lazos históricos de conveniencia con Rusia, su principal suministrador de armamento y a la vez un competidor energético más, teniendo en cuenta los bajos precios del petróleo y demanda del mismo[18]. Además, desde un punto de vista geopolítico y regional, además de Siria, Irán es el mejor aliado con el que puede contar Rusia en la región[19]. Por otro lado, China que ve a Irán como un suministrador de hidrocarburos, relativamente cercano y como parte de su diversificación de fuentes de abastecimiento, suministrando los chinos armamento y productos manufacturados de baja calidad[20]. Y por último, más hacia el este, con la India “era una fuente de productos alimenticios, intercambiables por los hidrocarburos iraníes, pudiendo de este modo operar mediante un sistema de trueque y evitar las sanciones que la Comunidad Internacional y sobre todo Estados Unidos” (Castro, 2016).

A nivel regional, Irán se enfrenta a un aumento de la presión del Consejo de Cooperación del Golfo liderado por Arabia Saudí. Ambos países han competido por el liderazgo político y religión para influenciar al mundo musulmán y allende con una rivalidad regional histórica. Arabia Saudí que controla los principales sitios sagrados del Islam se erige como el líder natural del mundo musulmán, frente a Irán, la nación chiíta más grande y liderada por clérigos que busca exportar la ideología del Islam político y la Revolución de 1979[21]. Además, las guerras por delegación han sido empleadas por ambos, Arabia Saudí a través de la guerra entre Irán e Irak durante los años ochenta (Jafari, 2017), la guerra del Líbano y las actuales guerras civiles. Sin duda, el tema que afecta a ambos países: el terrorismo yihadista, es el que menos une a ambos contendientes que lo abordan de diferente manera.

Tras el acuerdo nuclear la relación entre ambas potencias regionales ha sido continuo, en realidad, es de los aspectos que no ha cambiado, pese a los intentos de Rouhaní para aumentar la presencia de Irán en foros de resolución de conflictos y sus intenciones de reducir las tensiones regionales[22]. Irán acusa a Arabia Saudí de difundir un credo intolerante que alimenta el terrorismo y amenaza a varias minorías, frente a Arabia Saudí que sostiene que Irán trabaja a través de actores no estatales para debilitar las naciones árabes[23]. En todo caso, la rivalidad regional (política y religiosa) entre ambos países parece mantenerse constante, así como el interés de cada uno para apoyar diferentes actores no estatales que les favorezcan a sus intereses, llevando a cabo proxy wars. El ejemplo más paradigmático es el de Hizbullah (en Líbano y Siria), así como el apoyo a ciertas milicias chiíes en Yemen, Bahrein e Irak por parte de Irán[24]. Por otro lado, a partir del acuerdo nuclear la Monarquía Saudí ha realizado una labor más alejada de Estados Unidos y agresiva en Yemen y el Levante[25]. Al igual que los saudíes Israel se ha opuesto al acuerdo nuclear, sobre todo tras la compra de armamento realizada por Irán, que ha sido percibida como una amenaza para Israel. Como respuesta, Israel va a aumentar su presupuesto en defensa para reforzar su sistema anti-misiles, la Cúpula de Hierro (Iron Dome)[26]. En los últimos días se ha hecho pública la noticia sobre la construcción de la tercera fábrica subterránea de misiles iraní, anunciada por el Comandante de la fuerza aérea de la Guardia Revolucionaria iraní, Amir Ali Hadjizadeh, como respuesta a las declaraciones de Trump en Riad[27].

Por último, Rouhani tiene por delante la tarea abierta de darle el suficiente apoyo a Bashar al-Assad en Siria para ganar la guerra en Siria contra los rebeldes, sin dañar demasiado a los kurdos y sobre todo derrotar militarmente al Daesh en Siria e Irak (en Irak a través de las milicias chiítas Hash al-Shaab apoyadas por las Fuerzas especiales iraníes QUDS, así el apoyo dado a los peshmergas kurdos). En Yemen, lo más probable es que Rouhaní continúe dando apoyo a los houthies (que representan una minoría chií y Zayd en el norte de Yemen, aliados al ex-presidente Ali Abdulah Saleh) en su lucha contra las fuerzas sunníes, para no perder sus fuerzas en Yemen y que el equilibrio de poder regional le sea  más favorable[28]. Aunque las últimas declaraciones del ministro de asuntos exteriores iraní,  Mohammad Javad Zarif, hace un llamamiento a Arabia Saudí para resolver la crisis en Yemen y Siria. Zarif estaría a favor de “centrarse en ayudar a forjar soluciones políticas inclusivas con la participación de todos los grupos políticos involucrados”[29]. Mientras que el líder de Hizbullah, Hassan Nasrallah realizó comentarios similares el miércoles 24 de mayo, donde argumentaba que el diálogo entre los musulmanes tiene que pasar por las negociaciones con Irán.

 

Conclusiones

Como conclusión, en Irán ha vuelto a ganar Rouhaní como presidente de la República Islámica, lo que supone un claro apoyo a mantener el aperturismo del régimen, reducir el rigor religioso, pero sin renunciar al control ejercido por el Líder Supremo o la tradición iraní. En todo caso, los iraníes han votado por mantener el acuerdo nuclear iraní y buscar una mejor situación económica para sus futuras generaciones. Sin embargo, la presencia del Ayatolá Jamenei sigue presente, pese a las dudas sobre su salud, mantiene el interés por mantener a Irán bajo unos ciertos valores, y si fuera necesario un gobierno en la sombra.

Por otro lado, tras la victoria de Rouhaní no se empieza de una “tabula rasa”, por el contrario, existe una haber regional histórico que se lo recuerdan el resto de potencias regionales con las que compite, principalmente su mayor rival: Arabia Saudí. Tanto Arabia Saudí como Irán compiten férreamente por alterar el equilibrio de poder actual, para aumentar su poder relativo en la región. Todavía quedaría pendiente por aclarar el peso que tendrá Turquía, como potencia emergente, y Egipto, como potencia tradicional, dentro de esta ecuación regional que parece favorecer la heteropolaridad dentro de la región.

Sin duda, la venta de armas de Estados Unidos a Arabia Saudí para luchar contra los rebeldes houthies en Yemen se convierte en un dilema moral, puesto que los desequilibrios creados en Yemen han generado una mayor inestabilidad que favorece la proliferación de grupos yihadistas como el Daesh o Al-Qaeda en Yemen. Es por ese motivo que Rusia ha jugado una de sus bazas más importantes en la región, reducir la credibilidad de Estados Unidos como gestor de conflictos en Oriente Próximo, par aumentar su justificar el aumento de presencia rusa.

Por último, sin duda los países europeos vuelven a encontrar una diferencia de posturas con respecto a Trump en materia de política exterior en Oriente Próximo, esta vez con las relaciones iraníes. Además, existen grandes expectativas para que en un futuro no muy lejano la Estrategia Global de la Unión Europea (de 2016) cristalice en un aumento del liderazgo europeo en las relaciones con Irán, favoreciendo el acercamiento entre iraníes y europeos.

Bernardo Rodríguez es politólogo por la Universidad de Granada, ayudante de investigación de GESI y actualmente está cursando el Máster on-line en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada.

Referencias:

Castro, José Ignacio (2016), “El resurgimiento de Irán como potencia tras el levantamiento de las sanciones internacionales”, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 2, No. 2, (2016), pp. 11-30. http://dx.doi.org/10.18847/1.4.2

Jafari, Saeid (2017), “Iran questions US pivot back to region as Europe embraces Rouhani”, Al Monitor, 26 de mayo.

Majd, Homan (2017), “Iran just proved Trump wrong”, Foreign Policy, 24 de mayo.

Naji, Kasra (2017), “Rouhani's Landslide Reelection”, Foreign Affairs, 20 de mayo.

Tabatabai, Ariane M. (2017), “Iran After the Election: Rouhani Battles the Shadow Government”, Foreign Affairs, 26 de mayo.

Takeyh, Ray (2017), “A New Mideast Cold War Intensifies”, Council on Foreign Relations, 25 de mayo.


 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

Licencia Creative Commons
Bajo Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported