La historia de “Azzam el americano”: un converso en la cúpula de Al Qaeda

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Acaba de difundirse la noticia de la posible muerte en un ataque con drones del miembro de Al Qaeda de origen norteamericano Adam Gadahn, el cual ha desempeñado en la última década una importantísima labor en el aparato propagandístico de esta organización terrorista. Será muy interesante conocer los detalles de esta operación, en especial lo referente a su ubicación y acompañamiento en el momento del ataque y cómo fue localizado. A pesar de ser uno de los rostros más habituales de la propaganda en video de Al Qaeda (con la consiguiente exposición a ser descubierto), Adam había conseguido sobrevivir a la campaña contraterrorista liderada por Estados Unidos en los últimos quince años, convirtiéndose en uno de los pocos miembros del reducido grupo que rodeó a Osama Bin Laden tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 que aún permanecía con vida o en libertad. 

Más allá del aspecto táctico de esta operación, esta figura merece ser estudiada por su importancia para entender los procesos de radicalización yihadista entre conversos al Islam, así como el valor que estos perfiles aportan a las organizaciones terroristas. Para ello he rescatado el perfil biográfico que elaboré para mi libro El Eco del Terror (2009):

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La trayectoria del californiano Adam Gadahn ha sido una de las más singulares de entre todos los operativos de Al Qaeda.  Este converso americano experimentó una progresión continua dentro de la organización terrorista, hasta convertirse en un rostro conocido mundialmente, y en el tercer portavoz en importancia de Al Qaeda, sólo precedido por Ayman Al Zawahiri y el propio Osama Bin Laden. Los líderes de la organización terrorista le encargaron la importante labor de dirigirse directamente a su principal enemigo. Adam no sólo puso a disposición de la organización sus habilidades lingüísticas para traducir al inglés los textos y las palabras de sus miembros, sino que él mismo se encargó de plasmar su particular impronta en los mensajes dirigidos a América, cuidando que el mensaje alqaediano fuese perfectamente entendible por la población anglófona. Para ello prescindió de referencias islámicas y aderezó sus comunicados con jerga y expresiones coloquiales. En una ocasión llegó a utilizar una expresión extraída del popular juego de mesa Monopoly: “Si tu mueres como infiel en la batalla contra los musulmanes, vas directamente al infierno, sin pasar por la Salida”.  En otras ocasiones su tono es barroco y cruel, fruto de una mezcla de pretendida solemnidad, de fanatismo religioso y una perspectiva apocalíptica de la existencia: “No hay nada que amemos más, que el calor de la batalla, el eco de las explosiones, y cortar el cuello de los infieles”. 

El recorrido vital de este propagandista que adoptó en nombre de guerra de “Azzam el americano” en honor al predicador palestino Abdullah Azzam, es muy instructivo.  Adam nació en Riverside County (California) en 1978. Fue uno de tantos niños americanos educados en casa por decisión paterna, algo que no favoreció demasiado sus limitadas habilidades sociales. El influjo religioso que recibió durante estos años es ciertamente confuso. Su abuelo paterno era un prominente cirujano judío, así como un destacado miembro de los principales lobbies sionistas en los Estados Unidos: La Liga Anti-Difamación. Su padre, que durante su juventud había realizado sin demasiado éxito sus pinitos como músico psicodélico, decidió apartarse de la tradición familiar, y tras una fase de ateísmo militante, se convirtió al cristianismo. Su madre se hizo católica, aunque compartía con su marido un desprecio por determinados dogmas de la Iglesia. Con el tiempo empezarían a distanciarse de su nueva religión, aunque eso no evitó que enviasen a sus hijos a uno de tantos grupos protestantes de discusión de la Biblia.  Sin embargo, la cultura islámica y el contacto con otros musulmanes sería una constante durante la infancia de este joven retraído. El pragmatismo del padre le había llevado a trabajar en su granja como carnicero halal (sacrificando ganado según la tradición islámica), para de ese modo hacerse con el sector del mercado local ocupado por la comunidad musulmana.

Adam, no pareció sentirse especialmente atraído por esta amalgama religiosa, algo que decidió compensar con la música. Durante su adolescencia se volcó de manera compulsiva hacia todo lo relacionado con un determinado tipo de música: el “death metal”, un tipo de música heavy aderezada de elementos escatológicos. Sus letras rezumaban un odio extremo a la sociedad actual, una fascinación por todo lo relacionado con la muerte, la destrucción, la simbología pagana y los elementos satánicos. Adam decidió profundizar todo lo que pudo en una actividad, que contemplaba más allá de un mero hobby, era una forma de vida, una nueva y atrayente religión. En esta época, internet aún no estaba muy extendido, así que la forma de profundizar en este nuevo universo era la adquisición de revistas especializadas, con las cuales colabora  a través de contribuciones espontáneas donde comentaba nuevos lanzamientos musicales. Estas publicaciones marginales incluían un amplio elenco de anuncios por palabras que habían sido escritos por otros seguidores deseosos de intercambiar material.   A los quince años, Gadahn se planteó hacerse con la más amplia colección de “death metal” imaginable, carteándose con cientos de seguidores de esta corriente, una actividad que llenaba sus días, para disgusto de sus padres.

A los dieciséis años se produce un auténtico punto de inflexión en su vida. La familia se traslada a la ciudad de Santa Ana, a casa de su abuela. Adam llegaría a reconocer que su abuela era una “zumbada de los ordenadores”. Movido por el descontento de sus padres, decide buscarse un empleo, y para ello utilizó el ordenador y la conexión a internet de su abuela, la cual sería su gran “iniciadora” en el ciberespacio. Sin embargo, sus búsquedas no sólo se limitaron a los portales de empleo, sino que también decidió dedicar su tiempo a otros temas más trascendentales como la propia religión. Se sintió especialmente atraído por la religión islámica, la cual le era ciertamente familiar por la profesión del padre. Adam reconocería tiempo después, que en los foros encontró “que las argumentos del islam eran los más fascinantes”. Con la misma obsesión en que años antes se había dedicado a profundizar en la música satánica, decidió arrojarse al desbordante caudal de información que sobre el islam existe en internet. Once meses después de su llegada se dirigió a una de las mezquitas de la zona y le dijo al encargado de la biblioteca del centro que quería hacerse musulmán. La ceremonia de conversión se celebraría en la Sociedad Islámica de Orange County, en un suburbio de Los Ángeles.

Exultante con su nueva identidad, Adam escribió un breve ensayo titulado “Hacerse musulmán” que colgó en la web de una asociación universitaria musulmana. En este breve escrito hacía un repaso por su infancia, señalando cuales habían sido sus influencias espirituales, al tiempo que se lamentaba por el tiempo malgastado en la música heavy y los disgustos causados a sus padres durante estos años. Adam reconocía que su búsqueda en internet le permitió entender cómo los musulmanes “no son los bárbaros terroristas sedientos de sangre que los medios informativos y los telepredicadores pintan”. Esa necesidad de profundizar más allá del tópico le llevó a asumir que el islam estaba hecho para él. Según sus propias palabras: “fue realmente una progresión natural”.

Adam empezó a frecuentar el lugar de culto de su nueva religión, y allí entabló relaciones con sus nuevos hermanos. Entre sus nuevas (y posiblemente primeras) amistades de la edad madura, estaba un grupo de árabes con los que compartía su pasión por internet y las nuevas tecnologías. Uno de ellos era un palestino-americano llamado Khalil al-Deek, un programador informático, con numerosos contactos con muyahidines en Afganistán, Pakistán y Bosnia, y que colaboraba con Al Qaeda encriptando manuales terroristas y ayudando a su difusión. Previsiblemente sus nuevas amistades jugaron un papel determinante en la decisión de Adam de abandonar Estados Unidos y encaminarse a un país islámico. Gadahn dijo a sus padres que marchaba a Pakistán para trabajar como periodista. La información sobre sus actividades durante estos años es confusa y proviene de informes de inteligencia difíciles de verificar. Desde su llegada, se presupone que estuvo en contacto con el destacado reclutador de Al Qaeda Abu Zubayda, con el que llegó a abrir de manera conjunta una cuenta bancaria.

Durante un tiempo Adam residió en Peshawar, ciudad que estos tiempos servía como punto de enlace para los muyahidines que deseaban cruzar hacia Afganistán. Durante esta etapa, trabajó en la versión de CD- ROM de la “Enciclopedia de la Yihad”. En un momento indeterminado decidió establecerse en el país que servía de refugio a Bin Laden, residiendo en el famoso campo de entrenamiento de Al Faruq, donde sirvió como interprete al inglés de los miembros del consejo consultivo de Al Qaeda. Otra de sus actividades era traducir al inglés los manuales operativos elaborados por Al Qaeda. Este idioma era ampliamente utilizado por algunos grupos yihadistas, especialmente los ubicados en países no árabes. La entrega incondicional a la yihad empezó a ser valorada por los dirigentes del grupo que decidieron depositar una mayor confianza en el trabajo de este converso americano. Adam cortó cualquier vínculo con su anterior vida, dejó de telefonear a su familia y contrajo matrimonio con una afgana.

Al poco tiempo, Al Qaeda dejó de contemplarlo como un mero traductor de veinte años. La organización decidió fortalecer sus débiles capacidades propagandísticas, integrando en sus producciones la perspectiva de un joven norteamericano perfectamente imbuido en la cultura audiovisual. Esta implicación de Adam explicaría el salto cualitativo que supuso la difusión en 2000, del vídeo de Al Qaeda: “La destrucción del USS Cole”. Este video de dos horas, perfectamente subtitulado al inglés, incluía un numeroso metraje sobre Bin Laden y su organización, pero ante todo daba muestras de seguir una estructura inspirada en los guiones cinematográficos. El video tuvo una enorme repercusión en los ambientes yihadistas, reforzando el papel de Adam como propagandista de Al Qaeda.

En los años siguientes, el joven californiano siguió dejó su impronta en las nuevas empresas comunicativas de Al Qaeda, apareciendo en ocasiones, como “la voz en off”, que ofrecía una traducción simultánea de las palabras que los miembros del grupo dirigían hacia Occidente. En mayo de 2004, el FBI lanzó un aviso público solicitando información sobre Adan Gadahn. Esto supuso su punto de no retorno. Si alguna vez había acariciado la idea de protagonizar el mismo una acción terrorista en suelo americano, esta posibilidad se había esfumado. Ahora su nombre estaba en todos los registros de las agencias de seguridad e inteligencia. Esto le empujó a asumir un mayor protagonismo en el brazo mediático de la organización. Con el tiempo terminaría mostrando su rostro ante la cámara, consciente de que su identidad había dejado de ser un secreto.

Que Al Qaeda poseyese entre sus filas a un americano, tenía un indudable valor mediático. Si un americano era capaz de unirse a las filas del “enemigo”, debía existir algún tipo de argumentos que explicasen esa conversión. El estereotipo de que los yihadistas estaban movidos sólo por la crueldad y el odio a la libertad quedaba fuertemente debilitado. Sin embargo, si el objetivo era provocar miedo entre el enemigo, nada más desolador que transmitir la idea de que un número indeterminado de norteamericanos pueden ser miembros de Al Qaeda. En 28 de octubre de 2004, se produjo el primer intento por rentabilizar esa circunstancia. Al Qaeda hizo llegar a la cadena estadounidense ABC un video donde podía contemplarse a un enmascarado portando un arma que se hacía llamar “Azzam el americano” y que en perfecto inglés decía a sus conciudadanos: “La magnitud y ferocidad de lo que está por venir, hará que olvidéis todo sobre el 11 de septiembre (…) las calles se llenarán de sangre y América estará de luto mientras que en silencio es incapaz de contar el número de muertos”.

Sus servicios también serían utilizados por Al Qaeda para cumplir el mandamiento coránico de llamar a la conversión del enemigo, antes de proceder al ataque. La lengua materna de Adam permitía que el mensaje a la conversión fuese perfectamente entendido por la audiencia americana. De esta forma no habría margen para equívocos, y Al Qaeda podría justificar ante la comunidad yihadista, que sus ataques están plenamente legitimados desde el punto de vista religioso, ya que el enemigo rehusó la oportunidad de unirse al bando de Dios.  En este tipo de mensajes, el tono e incluso la estética empleada cambian completamente. En un video de septiembre de 2006, “Azzam el Americano” volvía a dirigirse de manera sosegada al pueblo americano, esta vez con el rostro descubierto, rodeado de libros y sin ninguna arma a la vista:

“Nuestro mensaje no ha cambiado. Lo que los muyahidin siempre han hecho, es llamar primero al islam, (…) cualquiera que ponga atención a los líderes de la yihad, como el jeque Osama Bin Laden y el jeque Ayman Al Zawahiri, Dios los proteja, sabrá que ellos han sido siempre coherentes en invitar a los americanos y otros fieles al islam; impresiona ver como siempre han buscado lo mejor para estos, pero hay que dejar claro a todos, que no tenemos otra opción que combatir a los que nos combaten (…) El islam nos anima a que invitemos hasta a los más obstinados enemigos, dándoles la oportunidad de arrepentirse, y salvarse de la humillación en esta vida, y un doloroso castigo en la siguiente.”

En octubre de 2005, el departamento de justicia norteamericano emitió una orden de búsqueda y captura por prestar apoyo material a Al Qaeda. Un año después fue añadido a la lista de los diez terroristas más buscados. Adam recibiría poco después el dudoso honor de ser el único americano culpado del delito de traición de los últimos cincuenta años.