La evolución de la organización

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Como consecuencia de la experiencia del conflicto, la organización de las Unidades cambió: desde 1916 hasta 1918, las Divisiones de Infantería de todos los contendientes fueron pasando casi universalmente de una estructura de cuatro Unidades de maniobra principales (Regimientos o Brigadas) a una estructura ’triangular’, sobre la base tres Unidades tipo Regimiento o Brigada de Infantería. Las razones de este cambio nacieron tanto de ventajas de empleo táctico en el tipo de combate ejecutado en el conflicto, como de la necesidad de ahorrar personal.

La estructura ‘triangular’, en ofensiva permitía desplegar dos de estas Unidades en primer escalón y la tercera en segundo escalón (el ‘escalonamiento’ se refiere a la disposición de las tropas con respecto al enemigo: el ‘primer escalón’ es el más próximo al enemigo, mientras que el segundo despliega detrás del primero, y así sucesivamente), preparada para reforzar la acción de aquella de las situadas en primer escalón que tuviera éxito; en defensiva, permitía desplegar una de ellas en primer escalón, con misiones de vigilancia y seguridad, y dejar las dos restantes para guarnecer la Zona Principal de Defensa, o, bien, al contrario, desplegar dos de ellas en primer escalón y dejar la tercera en segundo para ejecutar contrataques.

En estos mismos casos, la estructura ‘cuadrangular’ hacia que el despliegue con dos Unidades en primer escalón y otras dos en segundo precisaba demasiado personal, cubriendo el mismo frente, mientras que el despliegue con una Unidad en un escalón y tres en el otro llevaban a una excesiva debilidad de la Unidad que se encontraba sola en su escalón: en ofensiva, su apoyo a la unidad que había tenido éxito era escaso o tardío, al encontrarse demasiado extendida en su despliegue, mientras que en defensiva, desplegando en primer escalón no podía cubrir con eficacia el frente asignado, que era mayor, y desplegando en segundo era demasiado débil para contraatacar (si desplegaba distribuida cubriendo el frente de las tres Unidades de primer escalón), o podía tardar demasiado en intervenir (si desplegaba reunida en un solo lugar). Por idénticos motivos, los Batallones y Compañías pasaron de una estructura cuadrangular a otra triangular (la estructura cuadrangular nacía de la necesidad de la Infantería de organizar cuadros para defenderse de la Caballería, un procedimiento muy empleado durante las guerras napoleónicas. Cada una de las cuatro subunidades que formaban la unidad superior formaba uno de los lados del cuadro).

A cambio, la dotación de ametralladoras no hizo más que crecer. En 1918, una División de Infantería británica se componía de tres Brigadas de Infantería, cada una con tres Batallones. Cada Batallón contaba con 36 ametralladoras Lewis (2 ametralladoras por Batallón en 1914). Además de ello, se organizó un Batallón de Ametralladoras a nivel División, con 64 ametralladoras Vickers, encuadradas en cuatro Compañías a 16 máquinas cada una. Las Brigadas dejaron de ser de un solo Arma, y se les agrego una Batería de morteros con 8 morteros Stokes. En cuanto a la Artillería, tras varios cambios durante el conflicto, en 1918, cada Grupo de Artillería (Brigadas en la nomenclatura británica) contaba con cuatro Baterías (tres en 1914) a seis piezas, creándose además numerosas Unidades de Artillería de Cuerpo de Ejército o, incluso, de Ejército.

En el caso alemán, en general, un Sector defensivo de 3 ó 4 km de frente se asignaba a una División, que, en 1916, tenía tres Regimientos de Infantería, a tres Batallones. Si era posible, la División desplegaba con dos Regimientos en primera línea y uno en segunda, este último destinado a ejecutar los contraataques de nivel División. Si se esperaba un ataque, era frecuente que cada División en primera línea tuviese desplegada a retaguardia una segunda División, con la finalidad exclusiva de ejecutar contraataques.

Las unidades que cubrían la línea de puestos de observación y la primera trinchera de la posición defensiva principal pertenecían al mismo Batallón, que dejaba una Compañía como reserva. El resto de la posición defensiva lo guarnecía un segundo Batallón, con otra Compañía como reserva. El tercer Batallón actuaba como reserva para ejecutar los contraataques de nivel Regimiento, y, en caso de necesidad ocupaba y defendía la ‘línea de protección de la Artillería’.

Cuando la División desplegaba sus tres Regimientos en una sola línea, los terceros Batallones de sus tres Regimientos se agrupaban en una reserva de División, suprimiendo las reservas de nivel Regimiento.

El Ejército británico mantuvo su estructura de tres Brigadas de Infantería (mejor adaptada a la situación descrita), pero redujo sus Brigadas de cuatro a tres Batallones cada una, e incrementó su dotación de ametralladoras.

La única excepción a esta tendencia hacia las estructuras triangulares fue la norteamericana. El U.S. Army mantuvo su estructura de dos Brigadas con dos Regimientos cada una, mientras que sus Compañías estaban mucho más nutridas de personal que las del resto de beligerantes, con Batallones de unos 850 efectivos, por apenas 600 de alemanes o franceses. Así, mientras las divisiones francesas, alemanas o británicas de la época tenían unos efectivos teóricos de unos 11.000-12.000 hombres (frecuentemente, no más de 8.000 en realidad), las divisiones norteamericanas oscilaban entre los 24.000 y los 28.000.

Las razones de la organización de estas grandes divisiones hay que buscarlas por un lado en la escasez de cuadros de mando de los norteamericanos (cuyo Ejército antes de entrar en la guerra no llegaba a los 80.000 hombres en total), pero también en su abundancia de personal (en agudo contraste con los agotados Ejércitos europeos) y en su deseo de permitir que la División siguiera operando incluso después de sufrir las fuertes bajas que se esperaban en los campos de batalla europeos. La idea de los norteamericanos es que los dos Regimientos de cada Brigada desplegasen uno a retaguardia del otro, y fueran relevándose en el ataque y en la defensa, de forma que mantuviesen más tiempo su capacidad de combate. La única reserva a nivel División era el Regimiento de Zapadores, con dos Batallones. Como consecuencia, los Zapadores combatieron con mucha frecuencia como Infantería.

Las unidades menores también sufrieron una profunda reorganización. En 1916, la Infantería francesa pasó del modelo organizativo de 1914, basado en unidades homogéneas de fusileros, con dos ametralladoras por Batallón, a un modelo mucho más ‘interarmas’: la Compañía se organizó sobre la base de cuatro Secciones iguales, a las que se añadieron un Pelotón de Transmisiones (esencialmente, telefónico) y otro de Zapadores; las Secciones de reorganizaron internamente, de forma que cada una consistía en dos Pelotones de doce hombres, cada uno de ellos organizado sobre la base de una escuadra de ametralladora ligera y otra de fusileros, que recibieron granadas de mano y granadas de fusil.

El Batallón de Infantería francés de 1916 se componía de tres Compañías como la descrita, más otra de armas pesadas con ocho ametralladoras pesadas y un cañón Puteaux de 37 mm. Como comparación, frente a las dos ametralladoras por Batallón francés de 1914, en 1916 cada una de estas unidades estaba dotada con 32 ametralladoras y un cañón ligero.

Los alemanes fueron más reacios a cambiar, en parte porque partían desde el principio de un número mayor de ametralladoras (seis por Batallón), pero también porque consideraban que las poco precisas ametralladoras ligeras implicarían un enorme consumo de munición para una Alemania ahogada por el bloqueo aliado. No obstante, en 1917 adoptaron igualmente un modelo de organización similar al francés. Otra razón para el relativo retraso alemán en la modernización de la orgánica de sus Batallones fue el esfuerzo en curso para crear ‘Batallones de Asalto’ con las citadas Stosstruppen. Sin embargo, la experiencia de crear un Ejército ‘a dos velocidades’ (con las Divisiones de Ataque por un lado y el resto por otro) se reveló contraproducente: perdidas las Divisiones de Ataque en la Kaiserschlacht, con ellas desapareció de hecho la capacidad de combate (ofensivo o defensivo) del Ejército Imperial, haciendo inevitable la derrota de finales de 1918.

Carlos Javier Frías es Teniente Coronel del Ejército de Tierra español, destinado actualmente en Cuartel General del Ejército de Tierra