La evolución de la doctrina militar soviética en el periodo de entreguerras (I)

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El caso soviético es una adaptación de la experiencia del Ejército Imperial ruso a las condiciones del combate en los amplios espacios de la Europa oriental, junto con las conclusiones obtenidas en su Guerra Civil. Sin embargo, el carácter ‘revolucionario’ del Ejército Rojo le permite separarse ampliamente de la tradición militar del Ejército zarista, aunque aprovechando la experiencia de la gran cantidad de personal que había servido en éste.

Por otra parte, la Guerra Civil rusa (1917-1921) tuvo lugar en amplios espacios, con muy escasas vías de comunicación, con densidades de tropas muy bajas – lo que impidió el establecimiento de frentes fijos - y con Ejércitos con una reducida base industrial. En consecuencia, no es sorprendente que la doctrina soviética tendiese hacia la guerra de movimiento. Así, el Ejército Rojo - como los alemanes - preconiza la movilidad como la clave de la victoria. En realidad, la escasa industrialización del país y la falta de vías de comunicación hacía completamente inviable el modelo de ‘bataille conduite’ francés, basado en la centralización y el fuego de Artillería. La unidad más destacada del Ejército Rojo durante la Guerra Civil fue el 1º Ejército de Caballería del Mariscal Budienny, que ejecutó exitosas operaciones de envolvimiento de las fuerzas adversarias. Stalin había sido el jefe de los Comisarios políticos de la unidad que encuadraba a ese 1º Ejército, lo que facilitó que muchos oficiales de esa unidad ocupasen puestos destacados en el Ejército Rojo después de la guerra. Esta preponderancia de jefes cuya experiencia militar se basaba en la guerra de movimiento inclinó aún más la doctrina soviética hacia ese tipo de combate.

Los principales teóricos militares soviéticos del periodo de entreguerras fueron Svechin, Triandafilov, Isserson y, sobre todo, el Mariscal Tukhaschevsky. Conjuntamente, desarrollaron una doctrina basada en la experiencia de la Guerra Civil Rusa y en el análisis de la derrota del Ejército Rojo frente a los polacos en 1920, pero también fruto de un estudio profundo de las ofensivas alemanas en Francia en 1918. Así, en 1936, a instancias de estos teóricos, los soviéticos hacen oficial su particular versión de la blitzkrieg, llamada la ‘globoki boi’ o ‘batalla en profundidad’, mencionada por primera vez en el manual PU-29.

Para los soviéticos, los Ejércitos de la era industrial eran tan grandes que no resultaba posible destruirlos en una sola batalla decisiva, sino que era necesaria una serie de batallas ofensivas, cada una de ellas continuada con una explotación en profundidad, seguida de otra batalla cuando el enemigo hubiese reconstruido sus fuerzas, en un ciclo continuo hasta la derrota del enemigo. La idea era evitar por todos los medios la constitución de un frente fortificado que impidiese la maniobra, creando continuas crisis en el dispositivo defensivo enemigo. Esta secuencia de operaciones consecutivas, ejecutadas sin solución de continuidad, continuaría hasta la completa destrucción del enemigo. Una consecuencia de esta forma de concebir el combate es que éste se componía una serie de batallas que ya no eran acciones independientes (nivel táctico) sino que estaban íntimamente conectadas entre sí, pues todas ellas tenían como finalidad la destrucción de una porción importante de las fuerzas enemigas (la destrucción de esta parte de las fuerzas enemigas debería tener resultados decisivos, y constituiría el objetivo estratégico). Al nivel de mando encargado de ejecutar esta serie de batallas íntimamente interconectadas se le denominó ‘nivel operacional’ (o ‘arte operacional’ en la formulación soviética). En 1927, Svechin lo expresaba con una metáfora: “las batallas son los pasos con los que se ejecutan los trayectos operacionales, siendo la estrategia la que marca el camino a seguir”.

El concepto de la ‘batalla en profundidad’ se basaba en dos elementos: el desencadenamiento de ataques simultáneos sobre el dispositivo táctico enemigo en toda la profundidad de su despliegue y las citadas ‘operaciones consecutivas’. Tanto estos ataques como estas operaciones tenían un objetivo común, y debían ejecutarse bajo un solo mando.

Durante los años 30, los soviéticos fueron perfeccionando el sistema descrito en la publicación PU-29, incorporando los nuevos adelantos tecnológicos, especialmente carros y aviación.

Sin embargo, en su aplicación práctica, la PU-29 no difería mucho de la doctrina comúnmente aceptada en la mayoría de los Ejércitos europeos sobre el modo de ejecutar una ofensiva táctica: carros apoyando el avance la Infantería a pie y precedidos de una barrera artillera, hasta alcanzar la ruptura. Tras esta ruptura, se produciría la explotación, basada en los carros, con el fin de desarticular el despliegue defensivo enemigo. La ‘batalla en profundidad’ solo incidía en la necesidad de penetrar ‘profundamente’ en el despliegue enemigo. El ‘Plan 1919’ de Fuller o las mencionadas ideas de Estienne estaban perfectamente de acuerdo con lo establecido en la PU-29.

Como consecuencia de la adopción de la PU-29, en 1932, el Ejército Rojo modificó la orgánica de sus Divisiones, incorporando las de Infantería un Batallón de carros con 57 carros, y las de Caballería un Regimiento con 64 ingenios; cada Cuerpo de Ejército dispondría de una Brigada de Carros, mientras que se creaban los Cuerpos de Ejército mecanizados (compuestos de dos Brigadas de Carros y una Brigada de Infantería sobre vehículos) encargados de la explotación en profundidad (es interesante recordar que los alemanes constituyeron su primera División Panzer en 1935, tres años después). La nueva organización se probó y se refinó en grandes ejercicios durante los años 30. Como consecuencia de estas experiencias, en 1935, el Ejército Rojo redujo el número de carros de sus Cuerpos de Ejército mecanizados, pero reforzó su composición en Infantería, Artillería y Zapadores (decisión también coincidente con la experiencia de las Divisiones Panzer alemanas, pero muy alejada de las ideas británicas de ‘tanks only’ de la época). En 1938, los Cuerpos de Ejército mecanizados se renombraron como ‘Cuerpos de Ejército de Carros’.

En 1936, con inspiración directa de Tukhaschevsky, se publicó la PU-36, una versión muy mejorada de la doctrina expresada en la anterior PU-29. A diferencia de las ideas en vigor en los Ejércitos franceses y británicos, y de forma más próxima a las operaciones de las Stosstruppen alemanas de la PGM, el reglamento PU-36 intentaba evitar los ataques deliberados sobre frentes enemigos fortificados. Esta doctrina preveía un ataque en el que varias agrupaciones acorazadas (compuestas por Infantería, carros y Artillería) realizarían combates de reconocimiento en los puntos supuestamente más débiles de la línea enemiga; si se produjera una ruptura, el grupo que había alcanzado el éxito sería rápidamente reforzado con agrupaciones móviles y Artillería. La explotación del éxito quedaría a cargo de unidades de carros, Caballería a lomo e Infantería motorizada, organizados en Unidades muy móviles, cuyo rápido avance en la profundidad del despliegue enemigo (a más de 100 km. del frente), cercaría a las fuerzas enemigas, que serían posteriormente reducidas con Infantería, Artillería y ataques aéreos. Las operaciones de ruptura serían simultáneas con ataques de agrupaciones acorazadas, Artillería y aviación sobre objetivos situados en la retaguardia inmediata y en los flancos de los defensores enemigos, incluyendo operaciones aerotransportadas. La aplicación de esta doctrina hacía del Arma Acorazada el corazón del sistema de combate soviético.

Para ejecutar los ataques simultáneos en toda la profundidad del dispositivo enemigo que requería esta doctrina, era necesario organizar las unidades atacantes en varios escalones sucesivos, de forma que cada uno de ellos envolviese al enemigo en distintas profundidades de su despliegue: el primer escalón rompería el frente, el segundo actuaría sobre los flancos y retaguardia del primer escalón enemigo en la zona de ruptura, con el fin de proteger los flancos de la brecha abierta, evitando contraataques y asegurando el paso del tercero de los escalones, que buscaría la destrucción de elementos claves en la retaguardia enemiga y el envolvimiento de la fuerza atacada… Si el primer escalón no conseguía romper el frente enemigo, el segundo de ellos reforzaría al primero, reiterando los esfuerzos. La PU-36 no establecía claramente a qué distancia se refería al hablar de ‘toda la profundidad del dispositivo enemigo’, lo que tuvo consecuencias inesperadas en la SGM, que se explicarán posteriormente.

Por otro lado, el requisito de ‘operaciones consecutivas’ abundaba en la necesidad de escalonar las fuerzas atacantes: los escalones retrasados serían los encargados de ejecutar esas operaciones profundas sucesivas que ocasionasen el colapso enemigo.

Como consecuencia de esta doctrina, los soviéticos precisaban tres tipos de carros: un carro pesadamente acorazado, para el apoyo de la Infantería en las operaciones de ruptura, un carro medio, que explotase la brecha actuando sobre los flancos del enemigo y otro carro muy rápido y con gran autonomía, destinado a las penetraciones en profundidad. Cada uno de estos ingenios debía tener características técnicas diferentes, que, además, no acababan de estar completamente claras (cuestiones como el armamento que debía llevar cada tipo de carro o el blindaje necesario para cada uno eran objeto de discusión). Por otra parte, los avances técnicos abrían continuamente nuevas posibilidades, que influían sobre las características que podían exigirse a estos carros.

En realidad, las ideas tácticas de la ‘batalla en profundidad’ soviética no eran sustancialmente distintas de las de otros teóricos citados anteriormente como Fuller, Estienne o Guderian. Sin embargo, el caso soviético es diferente porque esta doctrina recibió la sanción oficial de Stalin, convirtiéndose en la doctrina oficial del Ejército Rojo, por encima de cualquier discusión. En consecuencia, durante los años 30 los soviéticos centraron sus esfuerzos doctrinales (e industriales) en desarrollar en detalle la doctrina de la ‘batalla en profundidad’ y en dotarse de los medios necesarios para ejecutarla.

Carlos Javier Frías es Teniente Coronel del Ejército de Tierra español, destinado actualmente en Cuartel General del Ejército de Tierra