La estrategia como herramienta política

Versión para impresiónVersión para impresión

John Bew afirma en su libro “Real Politik. A history” que en los últimos años se han evidenciado fallos en la capacidad de anticipar, comprender y dar respuesta a las situaciones generadas en un mundo cada vez más complejo. Según el autor, algunos de los errores políticos cometidos no pueden achacarse en exclusividad a un análisis deficiente de la situación, sino a una falta de liderazgo y una mala estrategia.

La Alta Estrategia en España es un proceso incipiente que se inició con la publicación en 2011 de la Estrategia Española de Seguridad, el primer documento de su estilo en nuestro país que sin embargo careció de un verdadero impacto en la Seguridad Nacional por ser publicado al final de la segunda Legislatura del presidente Zapatero. Posteriormente, se publicó la Estrategia de Seguridad Nacional en 2013, un documento continuista con el anterior cuya mayor virtud ha sido construir las estructuras que soportan el Sistema de Seguridad Nacional en el ámbito del Presidente del Gobierno. Ambos documentos pueden ser considerados como ejemplos de Alta Estrategia en nuestro país.

¿Por qué es necesaria la alta estrategia?

En un mundo en el que cada vez se tiene más recurso a fuentes de información, pero que también se confirma como más complejo debido al surgimiento de nuevos actores y tecnologías, cualquier analista de seguridad internacional asume que es muy difícil predecir el qué, cuándo, dónde, cómo o a quién; lo que obliga a establecer un irónico equilibrio entre el conocimiento del presente y la profunda ignorancia del futuro. Sin embargo, mediante el análisis y el pensamiento estratégico sí es posible facilitar el tipo de respuesta a adoptar ante determinados acontecimientos no previstos.

Tradicionalmente los temas de carácter estratégico son percibidos con frecuencia como caóticos y confusos, situación que es favorecida por la complejidad del mundo actual. No obstante, el pensamiento estratégico es inherente a la condición humana. Las estrategias pueden tener múltiples áreas de aplicación, pero la primera y fundamental se desarrolla en el ámbito político, ya que la política, en su más amplia acepción, es la actividad que proporciona las herramientas para influir en los asuntos públicos.

Además, no debe obviarse que el pensamiento estratégico ha sido una constante en el comportamiento humano. La lógica de este pensamiento ha sido casi una obligación  cuando éste se ha desarrollado en el seno de la organización de las sociedades humanas, regidas según Tucídides por la triada que representan el interés propio, el honor y el miedo.

¿Qué es la alta estrategia?

Colin S. Gray, en su libro “The Future of Strategy” considera que la Alta Estrategia consiste en la dirección y empleo de todos los recursos del Estado orientados para dar cumplimiento a la Política de Seguridad establecida y bajo la dirección del Gobierno; es decir, es un concepto que se encuentra subordinado a la política y de la que emana.

Sin embargo, no debe considerarse la Alta Estrategia en ningún caso como una herramienta que prevé el futuro, ya que el futuro no es predecible; sino como un elemento que facilita la gestión de la cada vez mayor incertidumbre en el ámbito de la seguridad frente a acontecimientos imprevistos. Bajo esta aproximación, la Alta Estrategia debe ser considerada como un proceso cíclico y permanente que anida en el seno de la Política de Seguridad Nacional que busca conformar un nivel de seguridad aceptable para la ciudadanía.

Cómo ya hemos referido en un artículo anteriorJavier Solana afirma que las estrategias sirven para no caer en el error de la inmediatez, gracias al estudio de los desafíos y el establecimiento de objetivos a largo plazo, y que permiten diseñar la acción de los diferentes elementos concernidos para conseguirlos. En ningún caso suponen la neutralización de los problemas, pero sí proponen iniciativas cuando éstos surgen.

¿Para qué hace falta la alta estrategia?

La principal causa que hace necesario disponer de una Alta Estrategia se fundamenta en la necesidad de un entorno de seguridad para el desarrollo de la actividad humana. Sin seguridad no hay desarrollo, y por lo tanto esta necesidad vital hace necesario contar con directrices que fomenten la acción unificada de todos los actores orientados hacia los objetivos estratégicos establecidos, de forma que se pueda gestionar la incertidumbre de un mundo complejo y hacer frente a las potenciales amenazas que acechan en un entorno cada vez más caótico.

Esta acción unificada de todos los actores concernidos requiere necesariamente de una comprensión clara de los objetivos últimos y previamente establecidos, ademáse  de un proceso de asignación de recursos y cometidos subordinados a la consecución de estos objetivos. En suma, se trata de alinear y sincronizar la acción de todas las herramientas del Estado para alcanzar los objetivos estratégicos establecidos.

De esta forma, no sólo se podrán hacer frente a los riesgos provocados por las amenazas tanto nuevas como tradicionales, sino que a través de la adecuada comprensión del entorno estratégico se pondrán explotar las oportunidades que proporcionen las situaciones imprevistas. Este aspecto del aprovechamiento de las potenciales oportunidades que proporciona el pensamiento estratégico fue enfatizado por estrategas como Tucídides y Clausewitz, y proporciona un valor añadido a su práctica.

Hoy en día, es habitual escuchar argumentos en contra del pensamiento estratégico debido precisamente a la falta de una amenaza concreta o al surgimiento de un gran número de éstas que interaccionan y evolucionan a un ritmo elevado, lo que genera una gran incertidumbre. Ante esta situación se corre el riesgo de establecer un listado de amenazas entre las que no se prioriza ninguna, lo que evita la correcta asignación de medios y recursos. Precisamente, la multiplicación de las amenazas a las que nos enfrentamos en un mundo complejo e impredecible hace necesario establecer con anticipación una priorización de su impacto sobre la Seguridad Nacional, lo que permitirá evitar la pérdida de recursos o la actuación de forma improvisada.

¿Cómo se desarrolla la alta estrategia?

En los trabajos de desarrollo de la Alta Estrategia no debe olvidarse que al igual que las personas, las sociedades tienen su propia esencia, que se asienta en la herencia histórica, en la realidad geográfica y en el marco temporal. Esta realidad hace que no siempre sean exportables totalmente modelos de otros países. El desarrollo de la Alta Estrategia es un proceso cíclico y continuo, que podría definirse más adecuadamente como una actividad creativa que como un prologando, detallado y minucioso planeamiento.

La estructura fundamental de la Alta Estrategia puede ser dividida en tres apartados: los objetivos políticos a alcanzar, los medios estratégicos o recursos a emplear para alcanzarlos y el modo en que serán alcanzados. Es necesario reseñar que existen opiniones encontradas sobre si un documento de alto nivel político debe contener una mención expresa a los medios estratégicos o recursos necesarios; en cualquier caso, de no ser incluido, esté aspecto deberá ser necesariamente abordado y concretado en los sucesivos procesos entre los diversos actores concernidos. De no hacerse, será prácticamente inviable alcanzar los objetivos políticos deseados.

Además, a estos tres elementos fundamentales –objetivos, medios, modo- se une necesariamente un cuarto elemento, derivado de la ya mencionad esencia propia que proporciona tanto la geografía, como el marco temporal y la realidad social, las suposiciones que se dan por ciertas durante el desarrollo de la Alta Estrategia y que necesariamente deberán ser reevaluadas con frecuencia para no incurrir en apreciaciones incorrectas.

A modo de resumen…

Cuatro aspectos básicos nos gustaría resaltar de este artículo. En primer lugar, la necesidad de desarrollar la Alta Estrategia deriva de la propia condición del ser humano. Segundo, esta necesidad se desarrolla a través de procesos políticos y se subordina a la dirección política del Gobierno en el marco de una Política de Seguridad. Tercero, los aspectos concretos, pero no la naturaleza de la Alta Estrategia, se ven influenciados por las percepciones sobre las carencias de seguridad y la esencia nacional. Y cuarto, debe asumirse que no existen soluciones mágicas para los desafíos estratégicos, sino herramientas que permiten gestionar la incertidumbre y favorecer la toma de decisiones ante acontecimientos no previstos, gracias al previo establecimiento de objetivos y prioridades que determinarán nuestras decisiones de financiación.

Samuel Morales es Teniente Coronel de Infantería de Marina (DEM) en la Armada Española.