La diplomacia del wrestling ¿La nueva vía de negociación entre Estados Unidos e Irán?

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Análisis GESI, 2/2013

¿Se imaginan al presidente iraní Mahmud Ahmadineyad delante de una bandera norteamericana de grandes dimensiones y dando la mano de forma entusiasta a los miembros de una delegación de ciudadanos de Estados Unidos?

Pues esta imagen no pertenece a ninguna película de ciencia ficción o al futuro guión de una segunda parte de la oscarizada Argo, sino que dicho acontecimiento ocurrió en Teherán el pasado 22 de febrero de 2013 en el marco de la Copa del Mundo de una modalidad de lucha olímpica llamada Freestyle Wrestling, lucha parecida a la greco-romana y muy popular en Irán, organizada por la Federación Internacional de Estilos de Lucha Asociados (FILA).

En dicha imagen difundida por la TV estatal iraní en inglés Press TV, Ahmadineyad aparece en el pódium de vencedores junto al equipo anfitrión que se proclamó campeón del mundo, al mismo tiempo que saluda a la delegación de Estados Unidos que finalmente acabó en tercera posición. Además, en el mismo reportaje se muestran entrevistas a los técnicos y luchadores de este último equipo que agradecen el trato dispensado hacia ellos por parte de las autoridades y los aficionados iraníes y que ensalzan las excelentes relaciones existentes entre las federaciones deportivas de ambos Estados.

Por ello, cabría preguntarse si en el actual contexto de negociaciones sobre el programa nuclear iraní y con el nuevo ofrecimiento realizado por la administración Obama para entablar un diálogo bilateral directo con el régimen de los ayatolás, se podría estar hablando de un nuevo episodio de diplomacia deportiva entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán que podría denominarse la diplomacia del Wrestling. El objetivo de dicha diplomacia sería abrir líneas de comunicación entre los dos Estados ya no sólo para solucionar el conflicto nuclear iraní, sino también para tratar otros asuntos de la agenda de seguridad internacional que les afecta a ambos como la Guerra Civil en Siria o el escenario afgano y su estabilización después de la presumible retirada de tropas estadounidenses en 2014, entre otros. Así y salvando los posibles paralelismos y contextos propios de cada escenario, la diplomacia del Wrestling intentaría reproducir la exitosa diplomacia del Ping Pong desarrollada por Estados Unidos y la República Popular de China en la década de los setenta.

La diplomacia del Ping Pong tuvo su inicio en 1971 con la visita del equipo estadounidense de ping pong a China previa invitación de la federación de este Estado, la primera de una delegación deportiva de Estados Unidos desde la creación de la República Popular de China en 1949. El objetivo de dicha diplomacia fue la de facilitar los contactos y la celebración de encuentros bilaterales entre ambas partes para intentar normalizar sus relaciones. Ello derivó no sólo en la visita del presidente Richard Nixon a China en 1972 donde fue recibido por el propio Mao Zedong, sino que en 1979 acabó con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas durante el mandato del presidente Jimmy Carter.

Sin embargo, para que se produjera el citado viaje de Nixon a China, hubo un trabajo previo en forma de back channels, declaraciones y gestos de buenas intenciones por parte de dicho presidente y de su consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, con visita secreta a Beijing de este último incluido, hacia el régimen de Mao.

Precisamente, el propio ofrecimiento de negociaciones bilaterales directas entre Estados Unidos e Irán realizada por el vicepresidente estadounidense Joe Biden en el marco de la 49 edición de la Conferencia de Seguridad de Munich de febrero de este año, podría incluirse en esta primera fase de la diplomacia del Wrestling. Esta apuesta por el diálogo de la administración Obama es ratificada por el nuevo titular del departamento de Estado, John Kerry, con un guiño incluido hacia Irán realizado en París el pasado 27 de febrero cuando en la rueda de prensa conjunta con su homólogo francés, Laurent Fabius, respondió que Irán tiene a un gobierno electo ante la pregunta formulada por un asistente que le recriminaba el plantearse negociaciones con un Estado, el iraní, al que calificaba de Estado terrorista.

Sin embargo, no debe olvidarse que Obama ya intentó un acercamiento con la República Islámica en su primer mandato con el discurso pronunciado ante el parlamento turco de 2009 ofreciendo diálogo sin condiciones previas al régimen de los ayatolás. Aunque meses después tuvo que dar marcha atrás ante el descubrimiento por parte de los servicios de inteligencia estadounidenses de la planta de enriquecimiento de Fordow, perteneciente al programa nuclear iraní, y que se había construido en secreto a espaldas de la comunidad internacional.

Respecto a la contraparte iraní, las reacciones al ofrecimiento estadounidense van desde la respuesta positiva del gobierno encabezado por su presidente Ahmadineyad pero con condiciones, hasta las ya habituales reticencias del Líder Espiritual Ayatolá Ali Jamenei a entablar conversaciones con el “Gran Satán” de Occidente.

Dentro del primer sector más favorable a establecer dicho diálogo y aunque Ahmadineyad pida más gestos en forma de la suspensión de las sanciones aplicadas a Irán, cabría destacar las declaraciones del ministro de Exteriores, Ali Akbar Salehi, que tras la reunión del P5+1 con Irán en Kazajistán advierte de un contexto positivo en este momento puntual para intentar dicha iniciativa. Ello también viene favorecido por la buena acogida que Teherán ha mostrado ante los nombramientos para los próximos cuatro años de John Kerry y Chuk Hagel como secretarios de Estado y Defensa estadounidenses. Así, la apuesta de Obama se centra en el objetivo de intentar solucionar el conflicto nuclear iraní en una mesa de negociación. Pero el fracaso de la misma también implica plantearse otro tipo de decisiones, incluida la intervención militar que es la opción defendida por Benjamin Netanyahu.

A la presión que el propio Netanyahu y los “lobbies” proisraelíes ejercen para que no se negocie con Irán, se une la conocida oposición a cualquier acercamiento con Estados Unidos del segundo sector iraní encabezado por su Líder Espiritual Jamenei. Estos pertenecen a la aproximación en política exterior que desconfía de forma abierta y permanente de las intenciones negociadoras estadounidenses respecto a Irán utilizando el ya clásico argumento que sólo buscan un cambio de régimen.

Así, la diplomacia del Wrestling deberá superar los escollos de las ansias belicistas de Netanyahu con respecto a Irán y que Obama deberá lidiar en su primera visita al Estado de Israel prevista para este mes de marzo o para cuando el mandatario israelí ya haya establecido su nuevo equipo de gobierno, así como con la desconfianza omnipresente del ayatolá Jamenei, en este caso, agravado porque el Líder Espiritual permanecerá en su posición pasadas las elecciones presidenciales iraníes de junio, pero no así algunos de los miembros del gobierno más favorables al diálogo directo con Estados Unidos, entre ellos su presidente Ahmadineyad.

Además, esta diplomacia del Wrestling debe enfrentarse a las acusaciones realizadas desde Teherán, tanto por Jamenei como por Ahmadineyad, en las que se afirma que la política exterior estadounidense adopta una aproximación de doble vía (two-track approach), también conocida como la política del “palo y la zanahoria”: por un lado ofrece diálogo y negociación, pero por el otro impone sanciones y dispone su maquinaria de guerra para una posible intervención militar.

Así y de forma paralela, Obama también tiene preparada su estrategia para llevar a cabo tanto una política de prevención, en el caso que Israel decidiese iniciar las hostilidades contra el régimen de los ayatolás y atacar las instalaciones del programa nuclear iraní, como una política de contención y disuasión si no se pudiera evitar que Irán consiguiera el arma nuclear, siempre que esta fuera su intención real. A pesar de la falta de acuerdo entre demócratas y republicanos en la reducción del déficit de Estados Unidos y que ha derivado en el llamado sequester, hecho que obligará a recortar el gasto de Defensa en 47.000 millones de dólares y seguro afecta a la operatividad militar estadounidense en el exterior, bien es cierto que la administración Obama desde abril de 2012 ha incrementado ostensiblemente su presencia militar en el área del Golfo Pérsico donde ya cuenta con la V Flota en Bahréin. Algunos ejemplos significativos son el despliegue del escuadrón de F-22 en una base aérea situada en Emiratos Árabes Unidos; el incremento del número de barcos antiminas estadounidenses que han pasado de cuatro a ocho, así como las patrulleras de cinco a diez; la presencia de un segundo portaaviones que estaba destinado en el Pacífico; el aumento del número de efectivos en la base militar situada en Kuwait, así como de los equipos de operaciones especiales y operaciones encubiertas ejemplificados con la base de “drones” con sede en Arabia Saudí, o el barco USS Ponce que puede utilizarse de base flotante para realizar estas operaciones; entre otros. El último capítulo de este incremento de las fuerzas de Estados Unidos en la región es la denuncia por parte de las autoridades iraníes del envío a la zona de un quinto submarino de la flota estadounidense, el Springfield (SSN-761), para operar en las aguas internacionales del Golfo Pérsico y el Mar de Omán.

Irán, por su parte, no se ha quedado de brazos cruzados a la hora de reforzar su política de disuasión basada en tres pilares fundamentales incluidos en la doctrina militar iraní: primero, los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica que incluyen a los QUDS, la unidad especial encargada de las operaciones exteriores, y las Fuerzas Armadas con más efectivos de la región; en segundo lugar, el programa de misiles balísticos de corto y medio alcance más variado y numeroso en el área; y, finalmente, su posición geoestratégica respecto al Estrecho de Ormuz. Así, en este último año y medio la presentación pública de nuevo armamento y la realización de ejercicios militares navales, terrestres, aéreos e incluso de ciberseguridad son constantes como lo demuestran las series de maniobras del Gran Profeta y las Velayat, o las programadas para la segunda semana de marzo en las que participaran 25.000 miembros de los voluntarios Basij, todas ellas destinadas a mostrar el poder de disuasión iraní frente al enemigo exterior y frente a cualquier intención de intervención militar contra su territorio.

Para complicar el contexto en el desarrollo de la diplomacia del Wrestling, también se añaden otra serie de obstáculos a corto plazo que se deberán superar si se quiere lograr el éxito de la misma: en primer lugar, las continuas sorpresas y anuncios que ofrece el desarrollo del programa nuclear iraní, sus últimos episodios, la instalación de una nueva generación de centrifugadoras con más velocidad para enriquecer uranio en la planta de Natanz y que se espera estén operativas a principios de 2014, el anuncio de un plan para crear 16 nuevas centrales nucleares o la supuesta preparación de la planta de producción de agua pesada de Arak para producir plutonio y que, según imágenes de satélite, muestra cierta actividad; segundo, la aprobación o no por parte del Congreso estadounidense de otro paquete de sanciones contra Irán, hecho que de producirse reforzaría la postura de Jamenei frente al otro sector más favorable a entablar negociaciones; y, por último, una resolución del Senado introducida por el senador republicano, Lindsey Graham, y el demócrata Robert Menéndez, y patrocinada por la AIPAC (The American Israel Public Affairs Committee) que declararía el apoyo activo del gobierno de los Estados Unidos a una eventual y futura intervención militar israelí contra el programa nuclear iraní, dando luz verde a la misma.

A pesar de todo ello, esto no debe ser ningún impedimento para que ambos Estados ya estén realizando las gestiones necesarias a través de los back-channels para tantear la posibilidad de dichas negociaciones bilaterales sobre la cuestión nuclear e impulsar la diplomacia del Wrestling. De hecho, Estados Unidos así lo intenta con el otro programa nuclear problemático para sus intereses, el norcoreano, tal y como se ha desvelado recientemente. En este caso, dos delegaciones diplomáticas estadounidenses viajaron en los meses de abril y agosto del año pasado a Corea del Norte para pedir una moderación de la política exterior del nuevo líder Kim Jong-Un. Sin embargo, ambos encuentros acabaron sin resultados satisfactorios y en fracaso como quedó demostrado con el nuevo ensayo nuclear realizado por Corea del Norte. Y fracaso es lo que no debería permitirse la diplomacia del Wrestling ni Obama en su iniciativa negociadora. Más que nada porque ello implica dar vía libre a la opción de Netanyahu de intervenir militarmente, opción para la cual y como se ha citado anteriormente, la administración Obama ya está preparada. Aunque quiera evitarla a toda costa tal y como se ha encargado de remarcar el secretario de Estado, John Kerry, durante su reciente gira por Europa y Oriente Medio, que señalo que las consecuencias de un fracaso diplomático pueden ser terribles y catastróficas para todas las partes implicadas.

De todos modos, la apuesta diplomática de Obama está servida. Ahora sólo falta que alguien en la contraparte recoja el desafío y de un paso al frente, en este caso, el ayatolá Jamenei. Porque, si fue posible en su día que un presidente estadounidense llegara a estrechar la mano de Mao Zedong, ¿será posible repetir la misma estampa con Obama y el Líder Espiritual Jamenei o, en su defecto, con el presidente iraní? Difícil, muy difícil. En estos momentos ya sería un gran logro conseguir organizar un encuentro bilateral al más alto nivel diplomático entre Estados Unidos e Irán para discutir directamente las cuestiones del programa nuclear iraní. Y por si la diplomacia del Wrestling no llega a buen puerto, las políticas de prevención ya están preparadas, por si acaso, y ante la satisfacción de Netanyahu, la variable condicionante que no existía en la diplomacia del Ping Pong.

Xavier Servitja Roca es investigador independiente en seguridad y política internacional. Máster en Política Internacional por la Universidad Complutense de Madrid en 2012 con una beca de la Fundación La Caixa. Licenciado en Ciencias Políticas/Relaciones Internacionales por la Universidad Autónoma de Barcelona en el año 2009 con Honores y Premio Extraordinario de Licenciatura. Entre los años 2009 y 2011, ha sido becario en la Fundación CIDOB (España), interno y asistente de investigación, asistente de investigación del vicedirector Günther Maihold en el German Institute for International and Security Affairs - Stiftung Wissenschaft und Politik (SWP) en Berlín (Alemania), e Intern el departamento de riesgo político y amenazas transnacionales del International Institute for Strategic Studies (IISS) en Londres (Reino Unido).

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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