La desintegración de las Fuerzas Armadas Soviéticas

Versión para impresiónVersión para impresión

Análisis GESI, 29/2018

Resumen: Durante la segunda mitad de los años ochenta y los primeros años noventa del siglo pasado, las Fuerzas Armadas Soviéticas sufrieron una traumática transformación que finalizó con su desintegración. Pasaron de ser una de las fuerzas armadas más poderosas del mundo, a convertirse en una fuerza en retirada de gran parte de los territorios donde se encontraban desplegadas, con su prestigio y capacidad dañados.

En este artículo se analizan los factores y las causas que contribuyeron a la desintegración y derrumbe de las Fuerzas Armadas Soviéticas, así como las graves consecuencias sociales y humanas que representó para sus miembros.

 

*****

 

Introducción

Las dificultades económicas que sufrió la Unión Soviética durante los años ochenta del siglo XX, llevaron a Mijaíl Gorbachov[1] a iniciar un proceso de reformas económicas y políticas conocido por los términos perestroika y glasnot[2]. Este proceso de reformas dio lugar a una serie de cambios en el bloque soviético, que desembocaron en el final de la Guerra Fría y en la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)[3], proceso que finalizó de una forma sorprendentemente pacífica. Hasta ese momento, la situación geoestratégica global se caracterizaba por el enfrentamiento de dos sistemas socio-económicos, representados por los Estados Unidos y la Unión Soviética. El derrumbe de la Unión Soviética puso fin a la existencia de un mundo bipolar, tal como lo conocíamos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Los acontecimientos más significativos y decisivos de este proceso fueron la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, la disolución de la alianza militar del Pacto de Varsovia[4], el 1 de julio de 1991, y finalmente el colapso y desaparición de la Unión Soviética el 25 de diciembre de 1991.

Estos sucesos tuvieron una gran transcendencia para las Fuerzas Armadas de la Unión Soviética. A partir de mediados de los años ochenta, la profunda crisis política y económica que sufrió la URSS, dio lugar a la aparición de una serie de influyentes y transcendentales acontecimientos que deterioraron la imagen, prestigio y percepción por parte de la sociedad soviética de sus fuerzas armadas. Este proceso, sin paralelo en la historia, significó un autentico cataclismo que condujo a las Fuerzas Armadas Soviéticas a su desintegración, y a su vez, su deterioro y desprestigio fue uno de los factores decisivos en el desmoronamiento de la URSS, haciendo evidente la cita de Trotsky de que «el ejército es una copia de la sociedad y sufre todas sus enfermedades» (Trotsky, 1937).

El presente artículo pretende explicar los factores que contribuyeron al proceso de desintegración de las Fuerzas Armadas Soviéticas y las graves consecuencias que acarreó para sus miembros. En primer lugar, se explica lo que representaban las Fuerzas Armadas de la URSS para la sociedad soviética tras su victoria en la Gran Guerra Patria, después, se enumeran los factores que contribuyeron a su declive, y finalmente se describen las consecuencias militares, sociales y humanas que supuso este proceso para la institución y sus miembros.

 

Las fuerzas armadas de la URSS símbolo del poder soviético

Las fuerzas armadas de la URSS, creadas en 1918 con la denominación oficial de Ejército Rojo de los Obreros y Campesinos[5], simbolizaban la heroica derrota de la Alemania nazi por la Unión Soviética, y representaban la unidad, el orgullo y el patriotismo de una nación formada por diversas repúblicas, etnias y culturas. El Ejército Soviético era visto por la sociedad como el defensor ideológico del sistema, y la personificación de la creación, soberanía y estabilidad del “Imperio Soviético”. Además, era considerado como la institución donde de una forma más clara se materializaba la convivencia y unidad de los diversos grupos étnicos que formaban parte de la URSS.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas armadas fueron el principal instrumento de la Unión Soviética para afirmar y sostener su estatus de superpotencia ante el resto del mundo. A principios de los años ochenta eran cuantitativamente las mayores del mundo, su enorme tamaño de 5,3 millones de soldados[6], una fuerza terrestre con más de 200 divisiones, 4 flotas navales y un poderoso arsenal de armas nucleares estratégicas eran el símbolo del poder soviético, además, su despliegue y presencia en el Este de Europa servía para mantener una zona de seguridad frente a la OTAN.

Durante la Guerra Fría la principal prioridad de las fuerzas armadas soviéticas fue prepararse para un enfrentamiento con Occidente, sin olvidar la posibilidad de tener que afrontar simultáneamente otro frente en el oeste ante China, por lo que las autoridades soviéticas les concedían absoluta prioridad en la asignación de recursos. Esto significaba la asignación de un presupuesto militar desproporcionado, en detrimento de otras áreas y necesidades. Aunque es difícil disponer de datos fiables del gasto en defensa debido a la falta de transparencia durante la época soviética, se estima que el presupuesto militar de la URSS en 1988 era de alrededor de 250 billones de $ USA de 2015 (SIPRI, 2017), sin embargo, otras fuentes creen que el gasto era aun mayor.

 

Factores que contribuyeron a la desintegración de las fuerzas armadas soviéticas

A partir de mediados de los años ochenta, una serie de transcendentales factores y acontecimientos comenzaron a alterar la imagen, el prestigio y la percepción por parte de la sociedad soviética de sus fuerzas armadas. Hasta tal punto, que se inició un periodo de incertidumbre y reconsideración de la seguridad nacional, que condujo a una gran reducción del tamaño de sus fuerzas y a un significativo cambio en la doctrina militar[7] de la URSS, y finalmente a la desintegración de las mismas.

El primero de estos factores fue el notable deterioro de la economía de la Unión Soviética. La tremenda carga que el presupuesto invertido en defensa representaba, generó la creciente necesidad de realizar recortes en el gasto militar, lo que provocó una reacción de resistencia y protesta, no sólo en las propias fuerzas armadas, sino también en el poderoso e influyente complejo industrial-militar. Según datos del SIPRI de 2017[8], el gasto militar de la URSS, que en 1987 se estimaba en 250 billones de $ USA de 2015, pasó en sólo cinco años a 41,9 billones de $ en la Rusia de 1992, y alcanzó el mínimo de 14 billones de $ en 1998, lo que significó pasar del 16,6% del PIB en 1987 al 3% del PIB en 1998.

Otro de los factores clave en este proceso fue la ineficaz actuación de las fuerzas soviéticas en la Guerra de Afganistán. En esta guerra asimétrica se perdió la idea de un Ejército Soviético invencible. El conflicto se inició con la entrada de las tropas soviéticas en el país en diciembre de 1979, y se prolongó hasta febrero de 1989. Durante esa década se vieron implicados en el conflicto casi un millón de soldados soviéticos, de los que unos 35.000 resultaron heridos y unos 13.000 fallecidos[9]. A pesar de la censura existente, los problemas que sufrían los soldados y las historias sobre muertos y heridos comenzaron a hacerse públicas en los medios de comunicación (Roy, 1991). La repatriación de ataúdes sellados, la visión del retorno de veteranos mutilados y el contraste de estas evidencias con la información oficial sobre el conflicto, aumentó la desconfianza de la población hacia las autoridades militares.

La guerra puso en evidencia la incapacidad de las Fuerzas Soviéticas para alcanzar los objetivos políticos establecidos por las autoridades, ante un enemigo mucho más débil sobre el papel. La retirada de Afganistán evidenció la vulnerabilidad y cambió la percepción de la eficacia de las Fuerzas Armadas Soviéticas, causando daños devastadores en su moral y cohesión interna. Su pobre actuación causó tal honda impresión en toda la sociedad soviética, que contribuyó a acelerar el proceso de reformas militares que Gorbachov ya había iniciado y el colapso de todo el sistema (Reuveny & Prakash, 1999).

El 26 de abril de 1986, la explosión de la planta nuclear de Chernóbil, situada en el norte de Ucrania, escenificó los efectos y los daños que podrían causar las armas nucleares, y las consecuencias que ocasionarían los ataques con armas convencionales sobre instalaciones nucleares o químicas. La visualización de los devastadores efectos de este accidente, influyeron en la actitud de los líderes políticos y militares con respecto a un conflicto nuclear frente a la OTAN y en la necesidad de poner fin a la carrera de armamentos.

El 28 de mayo de 1987, un joven alemán llamado Mathias Rust, aterrizó su avioneta Cessna en las proximidades de la Plaza Roja de Moscú procedente de la República Federal Alemana, el vuelo se realizó sin ser detectado e interceptado por el sistema de defensa aérea. Este incidente causó un profundo deterioro en la actitud de la población hacia las fuerzas armadas, generando un sentimiento de traición por todos los sacrificios económicos hechos en beneficio y en favor de las mismas.

Los acuerdos de reducción y limitación de armamentos convencionales y estratégicos que se firmaron con Occidente, redujeron en las autoridades y en la población de la URSS la percepción de amenaza de la OTAN. Aunque las negociaciones entre la OTAN y el Pacto de Varsovia para la reducción de fuerzas venían celebrándose desde 1973 en Viena, en el marco de la Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE), fue el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF)[10], firmado por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov el 8 de diciembre de 1987 en Washington, el Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE)[11], firmado por los países miembros de la OTAN y del Pacto de Varsovia en noviembre de 1990 en París, y el tratado START[12] para la reducción y limitación de las armas nucleares estratégicas con carácter ofensivo, firmado en julio de 1991 por George H. W. Bush y Mijaíl Gorbachov, los que contribuyeron a aumentar la confianza mutua y a modificar la percepción de amenaza entre ambos bloques. La aplicación de estos tratados llevó consigo una gran reducción de fuerzas, tanto en personal como en material.

La participación en la represión de protestas y manifestaciones del Ejército Soviético con el resultado de muertes de ciudadanos soviéticos, fue otro factor que contribuyó a deteriorar su imagen ante la sociedad soviética. Aunque la misión del mantenimiento del orden interno en la Unión Soviética estaba asignada a las tropas del Ministerio del Interior, en algunas ocasiones, unidades militares regulares reforzaron a estas fuerzas y participaron en este tipo de misiones, como ocurrió en los disturbios nacionalistas que tuvieron lugar en Alma-Ata, capital de Kazajistán, en 1986; o en la represión de manifestaciones de separatistas contra las autoridades soviéticas en Tbilisi, capital de Georgia, en 1989; la siguiente intervención tuvo lugar en Baku, capital de Azerbaiyán, en 1990, con el conflicto de Nagorno-Karabakh como trasfondo; y finalmente en Lituania en enero de 1991 como consecuencia de la declaración de independencia de su parlamento el 11 de marzo de 1990; en todos estos casos se produjeron muertos y heridos entre los manifestantes.

También tuvo una gran influencia la derrota militar de Iraq en la Primera Guerra del Golfo (2 agosto 1990 – 28 febrero 1991). Las fuerzas de una coalición militar, dotadas con sistemas de armas tecnológicamente superiores, liderada por los Estados Unidos derrotaron con facilidad a las fuerzas iraquíes, demostrando una evidente superioridad operacional y táctica. La operación Tormenta del Desierto, como se denominó a la fase de enfrentamiento terrestre, duró poco más de un mes, esta rápida y fácil derrota de las fuerzas iraquíes, adiestradas según la doctrina militar soviética, y equipadas con material de la misma procedencia, no pasó inadvertida para la sociedad soviética e hizo al Estado Mayor General soviético reconsiderar el estado de sus medios y tecnología militar.

Las diversas repúblicas que constituían la URSS comenzaron a demandar autonomía, y en algunos casos independencia. En 1990, tras las reformas democráticas introducidas por Gorbachov, la mayor parte de las repúblicas soviéticas ya tenían sus propios presidentes, ministros de asuntos exteriores y parlamentos elegidos más o menos democráticamente (Plokhy, 2015:18). Las repúblicas comenzaron a exigir al gobierno central un mayor control sobre sus propios recursos y a pedir una mayor reducción de los gastos militares. Los primeros en reclamar abiertamente la independencia fueron los Países Bálticos y Ucrania, esta última república fue la primera que realizó acciones para crear sus propias fuerzas armadas y nombrar su propio ministro de defensa. Esta realidad comenzó a suponer una amenaza para la unidad de las Fuerzas Armadas de la URSS, centralizadas desde que la Unión Soviética fue creada el 30 de diciembre de 1922.

Entre el 19 y el 21 de agosto de 1991, se produjo el fracasado intento de golpe de estado contra el poder oficial representado por Gorbachov. El golpe estaba encabezado por ocho miembros del gobierno de la Unión Soviética, entre los que se encontraba el ministro de defensa Dmitry Yazov[13]. Este grupo, conocido más tarde popularmente como “la banda de los ocho”[14], eran representantes de la línea dura del Partido Comunista de la Unión Soviética, y su objetivo era detener el proceso de reformas y de descentralización del poder en favor de las diferentes repúblicas, proceso aprobado en referéndum el 17 de marzo de 1991[15]. Sin embargo, las consecuencias de esta rebelión, contrariamente a lo que pretendía, aceleró el proceso de descentralización y de reformas políticas y económicas, y además, sembró dudas sobre la actuación de las fuerzas armadas y evidenció la división existente en su seno.

Finalmente el 8 de diciembre de 1991, en el bosque de Belavezha en Bielorrusia, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia[16] firmaban los acuerdos que ponían fin a la URSS. El 25 de diciembre, Mijaíl Gorbachov anunciaba mediante un discurso su dimisión, y a continuación se arrió la bandera roja en el Kremlin, poniendo fin a los casi 70 años de existencia de la URSS.

 

Desarme y repliegue de las fuerzas soviéticas

Los primeros indicios de que las fuerzas soviéticas iban a iniciar un proceso de reducción y de retirada de varios de los escenarios donde se encontraban desplegadas, con el objetivo de reducir el enorme gasto en defensa, comenzaron en 1986, cuando Gorbachov, en el 27º Congreso del Partido Comunista, habló de «relaciones pacíficas entre estados», y de olvidar «el papel revolucionario del comunismo internacional», además, anunció que las fuerzas soviéticas debían ser «reducidas a un tamaño adecuado» (Odom, 1998:106), poniendo más énfasis en la calidad de las mismas que en la cantidad. Esta tendencia se confirmó con la aprobación de una nueva doctrina militar en 1987, en la que se hacía hincapié en el término «carácter defensivo».

Esta tendencia se confirmó el 7 de diciembre de 1988, cuando el Presidente Gorbachov, en un discurso en Naciones Unidas, anunció la decisión unilateral de la URSS de reducir las fuerzas soviéticas en 500.000 soldados, 10.000 carros de combate, 8.500 piezas de artillería y 800 aviones de combate, de los que 50.000 soldados y 5.000 carros de combate serían de los que se encontraban desplegados en Alemania, Checoslovaquia y Hungría.

No habían desaparecido los ecos del discurso de Mijaíl Gorbachov en la ONU, cuando los dos bloques comenzaron a negociar el texto del tratado FACE, que finalmente fue firmado el 19 de noviembre de 1990, su aplicación y cumplimiento supuso una gran contribución a la seguridad europea y un incremento espectacular de la llamada transparencia militar (Enseñat, 2002:29). Las dos alianzas militares se comprometieron a eliminar la capacidad de realizar acciones ofensivas a gran escala y por sorpresa, por lo que ambas partes acordaron reducir los tipos de armas que proporcionan esta capacidad, lo que significaba una importante reducción de personal[17] y material en la zona de aplicación del tratado, área que se extiende desde el Océano Atlántico hasta la cordillera de los Urales[18].

Para asegurarse el cumplimiento del tratado, se contempla en el mismo un sistema de control y verificación, basado en un intercambio de información anual que es verificado mediante inspecciones. Para cumplir con los techos y limitaciones de armamentos, establecidos en el tratado, se inició el periodo denominado de reducción, que duró de julio de 1992 a noviembre de 1995, durante este periodo las partes realizaron el enorme esfuerzo de reducir más de 58.000 sistemas de armas convencionales[19], ya fuera por destrucción o por ser retirados de la zona de aplicación del tratado.

Para tener una visión completa de lo que este proceso significó para las Fuerzas Armadas de la URSS, hay que tener presente que mientras tenían lugar las negociaciones de reducción de fuerzas en Europa, se estaba produciendo la retirada de Afganistán, finalizada en 1989, y el repliegue de las fuerzas soviéticas de Mongolia[20] que se inició en 1986 y se prolongó hasta 1992, y todo ello, como ya se ha mencionado anteriormente, en un contexto de constante reducción del presupuesto de defensa.

La disolución del Pacto de Varsovia y los cambios políticos que estaban teniendo lugar en los países del Este de Europa, especialmente en Polonia, Checoslovaquia, Hungría y en la República Democrática Alemana, obligó a la Unión Soviética a acelerar el repliegue de sus fuerzas estacionadas en el Este de Europa. Este enorme movimiento logístico afectó a 39 divisiones (Kwist, 1990) y a las grandes unidades logísticas asociadas a las mismas, lo que significó que alrededor de 650.000 ciudadanos soviéticos (Odom, 1998:275), entre los que se encontraban el personal militar y sus familias, se vieran implicados en el mismo. Este enorme movimiento de repliegue no sería totalmente completado hasta 1995.

La disolución de la URSS, en diciembre de 1991, llegó en pleno proceso de reducción y de masiva retirada de fuerzas, y en un ambiente donde las reacciones públicas negativas contra las fuerzas armadas se hacían cada vez más intensas. Este asombroso acontecimiento aumentó la decadencia, desorden interno e ineficiencia operativa de las fuerzas armadas. Muchas unidades terrestres tuvieron que recurrir a vender su material para poder alimentar a sus tropas, pero el deterioro operativo se hizo más evidente en las unidades que requerían una mayor especialización técnica y personal especializado, como las unidades aéreas y navales.

Otro aspecto de la magnitud y dificultad logística de este colosal movimiento de fuerzas fue la retirada del armamento nuclear. Se llevó a cabo el repliegue de todas las armas nucleares tácticas y estratégicas, estas últimas se encontraban desplegadas en Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Kazajistán; la desaparición de la Unión Soviética convirtió a Rusia en la única heredera de todo su arsenal nuclear.

El Estado Mayor General no tenía planes para una retirada de tales proporciones en tan corto periodo de tiempo, por lo que se tuvieron que improvisar muchas decisiones, en un ambiente de recursos limitados y baja moral. El principal problema consistía en la falta de instalaciones adecuadas donde recolocar las unidades, en muchas ocasiones las unidades tuvieron que ser alojadas en instalaciones improvisadas sin electricidad y agua corriente. Además, el repliegue se desarrolló en un ambiente hostil y antisoviético, en el que se produjeron insultos y agresiones a las tropas y familiares, y en el que monumentos y tumbas en recuerdo de soldados soviéticos caídos durante la Segunda Guerra Mundial fueron profanados.

 

La crisis social y humana de los militares soviéticos

Todos los cambios en marcha tuvieron un inquietante y perturbador impacto en los miembros de las Fuerzas Armadas Soviéticas. En los comienzos de la década de los años noventa, el prestigio y el reconocimiento social del personal militar alcanzó el nivel más bajo desde la Segunda Guerra Mundial. El cuerpo de oficiales pasó de ser considerado una élite admirada y respetada, a sentirse acosado y criticado. La moral del personal profesional se vio seriamente dañada al deteriorarse en pocos años su nivel y condiciones de vida, así como sus aspiraciones profesionales. El personal de tropa, procedente de un sistema de reclutamiento forzoso, se vio menos afectado en sus intereses profesionales, pero empeoraron sus ya difíciles condiciones de vida.

Este cambio de actitud fue reflejado en los medios de comunicación social. Antes de las reformas provocadas por la glasnot, los medios de comunicación social promocionaban los valores militares y reforzaban el papel histórico del Ejército Rojo, por el contrario, en un ambiente de mayor libertad de expresión, los medios comenzaron a tratar abiertamente los aspectos negativos de la vida militar en el seno de la misma y los privilegios de sus líderes. También se criticaba y reprochaba su actuación en Afganistán y la represión en las manifestaciones de ciudadanos contra el poder central.

Una de las críticas, que más reflejo tenía en la prensa, eran los asuntos relacionados con el sistema militar de reclutamiento, sistema que fue establecido en 1918 y que se mantuvo hasta el final de la Unión Soviética. Sobre todo eran objeto de crítica la situación y condiciones de vida de los soldados, especialmente se denunciaba los abusos y las novatadas[21] que sufrían los jóvenes reclutas por parte de sus compañeros más veteranos. En 1990, la prensa publicó informes en los que se recogía que en los últimos cinco años habían fallecido unos 15.000 soldados por suicidios, accidentes causados por negligencia y novatadas. Esta brutal e innecesaria crueldad, que aumentaba la miseria y sufrimiento de los soldados más novatos, estaba ocasionada en gran parte por la carencia de un verdadero cuerpo profesional de suboficiales en el Ejército Soviético. El conocimiento de esta situación por la opinión pública provocó una creciente oposición al sistema de reclutamiento forzoso, las encuestas publicadas en 1990, revelaban que solamente un 12% de los jóvenes reclutados mostraba una actitud positiva hacia el servicio militar, mientras que en 1975 el porcentaje era de un 78%[22].

El resultado fue la aparición abierta de un movimiento de resistencia al reclutamiento, que dio lugar a un aumento del número de jóvenes que no se presentaban a la llamada a filas. Mientras que en 1981 se daba un 1% de casos entre los jóvenes reclutados anualmente, en 1991 los casos pasaron casi al 20%[23], amenazando gravemente la viabilidad del sistema de reclutamiento, y dificultando el adecuado reemplazo del personal alistado. En 1990, sólo se alcanzó el 78,8% del total de incorporaciones previsto, para compensar esta situación las autoridades militares se vieron obligadas a reclutar personal con antecedentes criminales y a miembros de minorías con un bajo nivel o total desconocimiento del idioma ruso.

La resistencia al reclutamiento tuvo especial trascendencia en aquellas repúblicas donde unidades regulares del ejército participaron en el mantenimiento del orden público, como en los Países Bálticos, en el oeste de Ucrania y en algunas regiones del Cáucaso, donde esta cuestión fue aprovechada por grupos nacionalistas que abiertamente llamaban a la resistencia al reclutamiento. También se produjeron deserciones de soldados procedentes de regiones donde existían conflictos étnicos o de separatismo.

La posibilidad de posponer la incorporación al servicio militar por razones de estudios, que había sido suspendida en 1982 para compensar la caída de nacimientos en los años sesenta, fue restablecida en 1989, incluso con efecto retroactivo para personal ya reclutado, lo que permitió posponer la incorporación al servicio y en muchos casos evitarlo definitivamente. Esta circunstancia, que contaba con la oposición pública del Ministerio de Defensa, aumentó aun más la falta de personal disponible y la disminución del nivel intelectual del personal reclutado, precisamente cuando la creciente complejidad de los sistemas de armas requería una mayor instrucción técnica, lo que se tradujo en un efecto perjudicial en la operatividad de las fuerzas armadas. El jefe de personal del Estado Mayor General, General Krivosheev, reaccionó ante esta decisión, advirtiendo que 176.000 puestos quedarían sin reemplazo, y que serían las clases menos privilegiadas, los jóvenes trabajadores del mundo rural y de la industria, los que tendrían que afrontar más dificultades.

Otro aspecto que dificultaba el reclutamiento era la alarmante situación de salud de muchos jóvenes, que eran clasificados como no aptos para realizar el servicio militar, por sufrir problemas físicos y psicológicos. Varias razones explican estos problemas en aquella generación de ciudadanos soviéticos, como el alcoholismo, el abuso de drogas, la ausencia de condiciones sanitarias e higiénicas en los niños en edad preescolar o la falta de actividad física y deportiva en los adolescentes.

Un problema especialmente grave, que se hizo patente desde el inicio del repliegue de las fuerzas desplegadas en el Este de Europa, Afganistán y Mongolia fue la falta de viviendas y escuelas para las familias del personal militar que regresaba a su país. Aunque el número real de familias que fueron afectadas por esta situación es difícil de conocer, en una carta dirigida a Gorbachov en julio de 1990 y firmada por 46 políticos, científicos y militares partidarios de la perestroika y de las reformas militares, se mencionaba que 286.000 familias no disponían de viviendas.

La difícil situación económica y la falta de organización de la industria ocasionó problemas de abastecimiento a las unidades, es de destacar la escasez de comida y la falta de suministro de uniformes, como aspectos que afectaron seriamente a la moral de los soldados.

Una clara idea de la gravedad que alcanzó la crisis militar, lo dan los casos de venta del armamento de las unidades a traficantes de armas por militares soviéticos (Odom, 1998:302), estos casos de corrupción se dieron principalmente en las unidades desplegadas en el Este de Europa y en el Cáucaso.

 

Conclusiones

El proceso de deterioro, declive y finalmente desintegración de la Fuerzas Armadas Soviéticas, junto a una serie de factores y notables acontecimientos, influyó de manera capital en el desmoronamiento de la URSS, ya que el Ejército Soviético representaba el origen de la Unión Soviética y garantizaba su soberanía, estabilidad y unidad.

Las Fuerzas Armadas Soviéticas sumidas en una gran crisis, pero no derrotadas militarmente, se replegaron, en unas muy difíciles condiciones, al corazón de lo que fue la Unión Soviética, Rusia, para transformarse mediante un proceso de reformas en las actuales Fuerzas Armadas de la Federación Rusa.

La Federación Rusa se convirtió en la heredera principal de la URSS y de sus fuerzas armadas, con su historia, tradición y su arsenal nuclear. La historia de Rusia, incluida su breve etapa soviética, está llena de grandes adversidades, pero el pueblo ruso ha demostrado ser capaz de soportar terribles privaciones y está acostumbrado a grandes acciones de resistencia, especialmente sus fuerzas armadas que fueron capaces de vencer a la Grande Armée de Napoleón y derrotar al ejército de Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

Miguel Campos Robles. Teniente Coronel del Ejército de Tierra (R). Máster en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional, Universidad de Granada.

 

Referencias

Enseñat, Amador, (2002), “La adaptación del Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa y sus consecuencias estratégicas”. CESEDEN, Boletín de Información, nº 274, p. 29.

Glantz, David M, (1991), “Soviet Military Operational Art. In Pursuit of Deep Battle”, CASS Series on Soviet Military Theory and Practice, p. 2-14.

Kwist, Dana F., (1990), “The Soviet Withdrawal from Eastern Europe: A Move in Crisis”. US Army War College. http://www.dtic.mil/dtic/tr/fulltext/u2/a233878.pdf

Odom, William E., (1998), “The Collapse of the Soviet Military”, Yale University, p. 106.

Odom, William E., (1998), “The Collapse of the Soviet Military”, Yale University”, p. 275.

Odom, William E., (1998), “The Collapse of the Soviet Military”, Yale University, p. 302.

Plokhy, Serhii (2015), “El último imperio. Los días finales de la Unión Soviética”. Turner Noema, p. 18.

Reuveny, Rafael & Prakash, Aseem, (1999) “The Afghanistan war and the breakdown of the Soviet Union”, Review of International Studies 1999, 25, 693-708, p. 701.

Roy, Olivier (1991), “The Lessons of the Soviet Afghan War”, Adelphi Papers 259 (1991) 1-77. IISS.

Trotsky, Leon (1937), “The Revolution Betrayed”, Capítulo 8.


[1] Mijaíl Sergueievich Gorbachov Jefe de Estado de la Unión Soviética de 1988 a 1991 y Secretario General del Comité Central del Partido Comunista desde 1985 hasta 1991.

[2] “Perestroika” (Перестройка), significa reestructuración, con este término se denominó a la reforma que pretendía desarrollar una nueva estructura económica en la Unión Soviética, la reforma económica fue acompañada de lo que se denominó “Glasnot” (Гласность), que significa apertura o transparencia, relacionada con los derechos y libertades de la población.

[3] La URSS estaba constituida por las repúblicas socialistas soviéticas de Estonia, Letonia, Lituania, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán, Kazajistán y Rusia.

[4] Tratado de cooperación militar y asistencia mutua, firmado el 1 de mayo de 1955 por Albania, Bulgaria, Hungría, la República Democrática Alemana, Polonia, Checoslovaquia, Rumania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

[5] Así se denominó a la nueva organización militar creada por León Trotsky para suceder al Ejército Imperial en 1918.

[6] The Military Balance, 1985, International Institute for Strategic Studies (IISS), p 21.

[7] En el léxico militar soviético, el término “Doctrina Militar” tenía más similitud con el término occidental “Política Militar”, es decir, se refiere a los aspectos socio-político y técnico-militar. (GLANTZ, David M., 1991, “Soviet Military Operational Art. In Pursuit of Deep Battle”, pag. 2-14).

[10] INF por sus siglas en inglés: Intermediate-Range Nuclear Forces Treaty.

[11] El Tratado FACE puede consultarse en https://www.osce.org/library/14087

[12] El Tratado START I puede consultarse en https://www.state.gov/t/avc/trty/146007.htm

[13] Ministro de Defensa desde el 30 de mayo de 1987 hasta el 22 de agosto de 1991. Veterano de la Segunda Guerra Mundial y de Afganistán. Tras el intento de golpe de estado, Gorbachov nombró ministro de defensa a Yevgeniy Shaposnikov, hasta ese momento Jefe de la Fuerza Aérea, que se posicionó a favor del orden establecido durante la crisis.

[14] Entre ellos, además de Yazov, se encontraban el Ministro de Interior Boris Pugo y el jefe del KGB Vladimir Kryuchkov.

[16] Boris Yeltsin (Rusia), Leonid Kravchuk (Ucrania) y Stanislav Shushkievich (Bielorrusia).

[17] El tratado contemplaba la reducción de 1,2 millones de soldados en la zona de aplicación del mismo.

[18] Zona de aplicación conocida como zona ATTU. “From the ATlantic To the Urals”.

[19] El tratado FACE contempla el establecimiento de unos techos, y por lo tanto la reducción en los siguientes tipos de sistemas de armas: Carros de combate, vehículos de combate de infantería, piezas de artillería, helicópteros de ataque y aviones de combate.

[20] Un ejército formado por 5 divisiones y 75.000 soldados (Military Balance, 1985).

[21] En ruso: Дедовщина (Dedovshchina).

[22] “Military Forces in Transition 1991” Departamento de Defensa de los Estados Unidos, p 14.

[23] “Military Forces in Transition 1991” Departamento de Defensa de los Estados Unidos, p 14.

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

Licencia Creative Commons
Bajo Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported