Evolución de la doctrina militar: la Luftwaffe alemana

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Como se ha comentado, según el Tratado de Versalles, Alemania no podía tener Aviación. Pese a esta prohibición, desde los años 20, como en el caso de los carros y casi en las mismas fechas (1927-1930), la Reichswehr había mantenido un secreto programa conjunto con la Unión Soviética de adiestramiento de pilotos en la base rusa de Lipetsk. El ascenso al poder de Hitler llevó a la creación -  ‘secreta’, aunque bien conocida por franceses y británicos - de una Fuerza Aérea, la Luftwaffe, que adquirió existencia oficial en 1935, dos semanas antes de la denuncia oficial del Tratado de Versalles por Alemania. Para ello, la naciente Wehrmacht destacó a 500 de sus 4.000 oficiales a la nueva Fuerza Aérea, que pretendía llegar a ser la más moderna y eficaz del planeta.

La Luftwaffe nació por la necesidad sentida desde las Fuerzas Terrestres de contar con medios aéreos que actuasen en apoyo de su acción. Este apoyo consistía en protección frente a las acciones aéreas enemigas (de las unidades y de las infraestructuras e industrias clave del territorio alemán), reconocimiento, transporte aéreo, y apoyo de fuegos aéreos, en el marco de la naciente doctrina terrestre de ‘guerra de movimiento’. La jefatura de la Luftwaffe se confió a Hermann Göring, un ‘as’ de caza de la PGM, y teórico ‘número dos’ del Partido Nazi, que favoreció la entrada en la Luftwaffe de simpatizantes declarados del partido. El peso político de Göring, junto con la mayor afinidad política de la Luftwaffe hacia el régimen en comparación con la ideología ‘tradicional’ dominante en el Ejército de Tierra y Armada, hicieron que la Luftwaffe fuese expandiendo su papel y capacidades desde su modesto inicio como elemento auxiliar del Ejército de Tierra. La Luftwaffe además representaba el ‘progreso’ y la ‘modernidad’ que defendía el Partido Nazi, y, por su reciente creación, no estaba aferrada a las tradiciones de la vieja ‘casta militar’ del Ejército de Tierra. En consecuencia, la Luftwaffe recibió atención preferente del régimen nazi y prioridad en la asignación de recursos, gracias a lo cual asumió las unidades antiaéreas (‘Flak’ o Flieger Abwehr Kanonen – cañones antiaéreos) y creó también las primeras unidades de paracaidistas.

Inicialmente, sus medios aéreos eran muy modestos: sus primeros bombarderos eran en realidad los transportes trimotores Junker Ju-52/3m de la aerolínea civil  estatal Lufthansa – creada en 1926, bajo la dirección de Erhard Milch, futuro Jefe de Estado Mayor de la Luftwaffe -, y el caza más numeroso era el Heinkel-51, un biplano de pobres prestaciones. No obstante, poco a poco fue haciéndose con medios mejor adaptados a sus misiones (cazas Messerschmitt Bf-109 y Bf-110, bombarderos medios Heinkel He-111 – también nacido como transporte civil para diez pasajeros - y Junker Ju-88, bombarderos en picado Junker Ju-87 ‘Stuka’…). No obstante, los programas aéreos de rearme dieron lugar a un importante crecimiento de la industria aeronáutica alemana; incluso firmas dedicadas a otras ramas comenzaron a producir aviones (caso de la metalúrgica Henschel o de los astilleros Blohm und Voss). Esto dio a Alemania la capacidad de producir 800 aviones al mes en septiembre de 1939.

Doctrinalmente, la Luftwaffe tenía una diferencia fundamental con la mayoría de las Fuerzas Aéreas de su tiempo: su escaso interés en las teorías del ‘Poder Aéreo Estratégico’, a diferencia de los casos de la Royal Air Force o del Armée de l’Air. La Luftwaffe, como todas las Fuerzas Aéreas de su época, estuvo tentada por las ideas del ‘Poder Aéreo Estratégico’, pero su función principal siempre fue la de proporcionar el apoyo aéreo a la maniobra terrestre. En este marco, a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, creo una doctrina específica, la ‘guerra aérea operacional’ (operativ), en la que la Fuerza Aérea tenía un papel clave en la maniobra conjunta, aislando la zona de acción de las Fuerzas Terrestres, impidiendo los contrataques y la llegada de refuerzos enemigos, desorganizando su sistema logístico y sus vías de comunicación. No obstante, la Luftwaffe se resintió cada vez más de su papel subordinado al Ejército de Tierra, y, a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, intentó adquirir un papel propio, desligado del mero apoyo a las operaciones de superficie.

La primera doctrina aérea alemana se tituló Die Luftkriegfuehrung (‘la conducción de la guerra aérea’). Desde el principio, establecía que el objetivo de las Fuerzas Armadas alemanas era la destrucción de las fuerzas enemigas, y que ese objetivo solo podría alcanzarse mediante el empleo conjunto del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire. Una premisa absolutamente diferente de la que defendían los abogados del ‘Poder Aéreo Estratégico’. En la concepción alemana, la primera misión de la Luftwaffe, por encima de ninguna otra, era la obtener la superioridad aérea en la zona de combate, mediante la destrucción de los aviones enemigos en tierra o en combate aire-aire. Una vez obtenida esta superioridad, la Luftwaffe contribuiría a la destrucción de las Grandes Unidades enemigas. Los ataques sobre la población civil estaban específicamente prohibidos, por ser contrarios al derecho de gentes y por ser contraproducentes para la destrucción de las fuerzas militares enemigas, al distraer aviones de estos cometidos.

La Luftwaffe dividía el apoyo a su Ejército de Tierra en dos categorías: apoyo ‘directo’ (unmittelbar) y apoyo ‘indirecto’ (mittelbar). El apoyo directo consistía en misiones de reconocimiento en beneficio directo de las Fuerzas Terrestres y en bombardeos ejecutados a corta distancia de las Fuerzas Terrestres propias, y destinados a favorecer su maniobra neutralizando o destruyendo objetivos enemigos en tierra. Correspondería a nuestro actual Close Air Support (CAS). Este apoyo sólo estaba autorizado en zonas fuera del alcance de la Artillería de Campaña propia.

El apoyo indirecto estaba dirigido a aislar la zona de combate, destruyendo y/o obstaculizando el movimiento de refuerzos o reservas enemigas hacia la zona de actuación de las Fuerzas Terrestres propias, la destrucción de puntos de paso obligado (puentes, túneles, carreteras…) en la retaguardia enemiga que pudieran ser empleados para acceder a la zona de combate o para escapar de ella, la destrucción o la desorganización del sistema de apoyo logístico enemigo y de su sistema de mando y control, atacando puestos de mando y estaciones de transmisiones… Correspondería a la actual Air Interdiction (Interdicción Aérea). Podría incluir ataques a fábricas de armamento u otros elementos esenciales del esfuerzo de guerra enemigo, excluyendo siempre a la población civil.

El apoyo directo se consideraba de menor importancia que el indirecto, por varios motivos, entre los que destacaba la vocación de la Luftwaffe de tener efectos de nivel ‘operacional’, que se hiciesen sentir en el conjunto de la batalla, más que sólo en combates locales, pero también las dificultades de coordinar el apoyo aéreo con la actuación de las Fuerzas Terrestres en situaciones de movimiento. En efecto, en 1939, no había sistemas de radio fiables que permitiesen enlazar a las unidades terrestres con las aéreas, ni procedimientos de cooperación desarrollados. Si en la situación de frentes estáticos de 1914-18 esto no era un problema irresoluble (las obras de fortificación marcaban claramente la separación entre contendientes), en el concepto alemán de ‘guerra de movimiento’, los fuegos aéreos cerca de las tropas propias corrían el riesgo de ser ineficaces y de ocasionar bajas propias.

En 1939-40, sus medios estaban adaptados a estas misiones: disponía de eficaces cazas, bombarderos medios muy precisos para su época y aviones específicamente diseñados para el ataque a tierra, capaces de bombardear muy cerca de las fuerzas terrestres. Consecuentemente, estos medios tenían características técnicas adaptadas a este papel: su autonomía era relativamente corta, pues se esperaba que operasen en las proximidades del frente, no en la profundidad del territorio enemigo, solían emplear bombas pequeñas, pues los objetivos que esperaban batir no requerían el empleo de grandes explosivos (pequeños blocaos, trincheras, carros enemigos…), eran muy precisos para poder lanzar bombas cerca de las tropas propias… Los aviones alemanes eran además muy robustos y fáciles de mantener, incluso en instalaciones improvisadas.

El concepto de operaciones de la Luftwaffe la obligaba a seguir los movimientos de las Fuerzas Terrestres, por lo que se organizó para redesplegar rápidamente y para operar desde aeródromos improvisados. Para ello diseñó equipos especiales (como un sistema que permitía repostar hasta seis aviones simultáneamente), que tenían como efecto adicional aumentar dramáticamente el número de salidas diarias por avión (en 1939-40, los Stuka eran capaces de efectuar hasta ocho salidas diarias, y los Bf-109 no menos de cinco).

La Luftwaffe se organizó inicialmente según criterios geográficos, dividiendo el territorio alemán en quince ‘Distritos Aéreos’ (Luftgaue) que replicaban los ‘Distritos Militares’ del Ejército de Tierra.

En caso de guerra, y dado que las misiones de la Luftwaffe implicaban alcanzar y mantener la superioridad aérea y luego efectuar bombardeos en la misma zona geográfica, la organización de la Luftwaffe se basaba en la creación de Luftflotten (‘flotas aéreas’) que agrupaban todo tipo de aviones (cazas, bombarderos, de observación…), a cada una de las cuales se le asignaba la misión de apoyar a una Gran Unidad Grupo de Ejércitos, pero sin estar subordinadas a ellas. Las Luftflotten eran el equivalente aéreo a las Grandes Unidades Ejército, concebidas como ellos para realizar acciones independientes de nivel operacional, en el marco de una operación de gran envergadura. Estas Flotas Aéreas dependían del Alto Mando de la Luftwaffe (OKL – Oberkommando der Luftwaffe) y se componían de diversos Cuerpos Aéreos (Fliegerkorps - equivalentes a Cuerpos de Ejército), que a su vez agrupaban en Alas (Geschwader), de caza o de bombardeo, compuestas de un número variable de tres a cinco Grupos (Gruppen), con unos 30-40 aviones. La organización era muy flexible y con frecuencia Grupos eran transferidos de un Ala a otra. A todos los niveles, las unidades aéreas incluían elementos de trasmisiones radio, unidades antiaéreas para defensa de bases, su propia logística y elementos auxiliares, como bomberos o policía militar.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.