Evolución de la doctrina militar: La blitzkrieg (VII)

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Sin embargo, las nuevas ideas sobre el empleo de los carros no gozaban de la aprobación unánime de los altos mandos alemanes. Como ejemplo, en junio de 1935, los alemanes ejecutaron un ejercicio sobre mapa en el que tres Divisiones Panzer (todavía inexistentes) colaborarían con un Cuerpo de Ejército fundamentalmente a pie en un contraataque sobre una supuesta ofensiva checoslovaca en los montes Erz.

El terreno montañoso demostró ser un importante obstáculo para el empleo de los medios acorazados, lo que llevó al mando alemán (el General Beck, sustituto de Von Seeckt a la cabeza de la Reichswehr) a recomendar – de nuevo - su empleo como elementos subordinados a la Infantería hasta que se hubiese alcanzado una brecha en el frente enemigo. En consecuencia, recomendaba mantener unidades de carros pesados fuera de las formaciones Panzer, para apoyar a la Infantería en las acciones de ruptura.

En ese mismo año, en una decisión aparentemente ‘salomónica’, el General Beck preveía tres modos de empleo para los carros de combate: como medios de apoyo de la Infantería, para combatir a los carros enemigos o en acciones independientes junto con otras fuerzas motorizadas. Para esta última función, en octubre de 1935, la Reichswehr creó tres Divisiones Panzer, mientras que para las dos primeras misiones, Beck preveía para 1939 la creación de un Regimiento de carros pesados por cada Cuerpo de Ejército. De haberse ejecutado, esta estructura hubiera dejado 36 Batallones de carros para el apoyo a la Infantería, por los 12 Batallones de carros de las Divisiones Panzer, pensadas para acciones en la profundidad del despliegue enemigo. No obstante, la escasa producción de carros alemana, apenas daba para equipar a las recién creadas Divisiones Panzer, por lo que el proyecto de reorganización de Beck avanzaba muy lentamente. Pese a ello, la reducida producción de carros se repartió entre estas Divisiones y los Regimientos de apoyo a la Infantería.

Los alemanes no cesaron de experimentar el empleo de los carros de combate en ejercicios (en la mayoría de los casos de ‘doble-acción’, con dos bandos opuestos a los que se asignaban objetivos incompatibles). Uno de los ejercicios decisivos en el desarrollo del concepto de la blitzkrieg tuvo lugar en Mecklenburg, en septiembre de 1937. En este ejercicio una fuerza defensiva inferior (el X Cuerpo de Ejército), pero dotada con una División acorazada (empleando el modesto Pzkfw-I), consiguió derrotar decisivamente a un adversario tres veces superior, pero que empleaba tácticas y medios de la PGM. El equipo arbitral determinó sin género de dudas la victoria del X Cuerpo de Ejército al cuarto día, cuando el ejercicio estaba previsto para siete. Esta decisión fue muy discutida incluso por el propio General Beck, que decidió revocar la decisión de los árbitros (una medida sin precedentes en el Ejército alemán desde antes de la Gran Guerra) a los que acusó de minusvalorar los efectos del fuego de Artillería sobre los carros de combate. Además de ello, retiró a la División Panzer del ejercicio, que continuó como un ejercicio ‘tradicional’, basado en la maniobra de la Infantería a pie... 

Esta decisión ilustra las tensiones internas que las nuevas ideas tácticas tenían incluso en un Ejército acostumbrado al cambio y a la discusión abierta de ideas tácticas. Pese a ello, el éxito de los panzer en Mecklenburg fue indiscutible y supuso un poderosísimo argumento para impulsar el concepto de la División Acorazada. No obstante, hasta el cese de Beck en 1938, no se creó ninguna otra División Panzer.

La resistencia de Beck a concentrar todos los carros en las nuevas Divisiones Panzer ilustra el hecho de que no todo el Ejército alemán compartía el enfoque sobre la ‘guerra de movimiento’ de los teóricos alemanes. De hecho, el requisito de disponer de carros de apoyo a la Infantería y de carros capaces de efectuar operaciones en la profundidad del despliegue enemigo llevó a la Wehrmacht a desarrollar dos tipos de carro diferentes (los Panzer I y Panzer II eran esencialmente ‘bancos de pruebas’, y nunca se pensó en que llegasen a ser los medios más abundantes de la naciente Arma Acorazada alemana, como ocurrió hasta 1941), que fueron el Panzer III, como carro destinado a la explotación en profundidad y el Panzer IV, destinado a apoyar a la Infantería.

La Inspección de las Tropas Motorizadas, encabezada por Guderian, fue la encargada de definir las especificaciones de ambos tipos de carro. En consecuencia, no es sorprendente que ambos modelos dispusieran de la velocidad y autonomía suficientes como para efectuar las penetraciones en la profundidad enemiga que defendían los partidarios de la guerra móvil, ni que cada carro dispusiera de un equipo de radio, ni que sus torres permitieran albergar además de al Jefe de Carro, a un artillero y a un cargador, descargando al Jefe de Carro de esos cometidos y permitiendo que pudiese ejercer el mando para ejecutar operaciones coordinadas como unidad, fuera del simple apoyo a la Infantería, posibilidad que excedían los requisitos de mero apoyo a la Infantería. El Panzer III disponía de un cañón contracarro de 37 mm., fruto de la amarga experiencia de la impotencia de los Panzer I frente a los T-26 en España. Por su parte, el Panzer IV contaba inicialmente con un cañón de baja velocidad de 75 mm, destinado a destruir fortificaciones o a emplear munición de alto explosivo frente a concentraciones de tropas al descubierto o en vehículos no protegidos, pero muy poco útil contra otros carros.

El cese de Beck en 1938 permitió agrupar en las Divisiones Panzer todos los carros disponibles, contemplando una orgánica en la que cada Batallón de Carros tendría tres Compañías de Panzer III y una de Panzer IV, obviando el apoyo a la Infantería.

No obstante, incluso en 1939, el Generalato alemán estaba profundamente dividido en la cuestión del empleo de los carros de combate y de la ‘guerra de movimiento’, con los generales más antiguos (que, lógicamente, ocupaban los puestos superiores de la jerarquía militar) mayoritariamente escépticos ante las posibilidades ‘revolucionarias’ del empleo de fuerzas acorazadas, mientras que un cierto número de generales más jóvenes (y, por ello, menos influyentes) eran firmes partidarios del empleo independiente de estas formaciones (Guderian, Von Reichenau, Von Manstein, Student…).

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.