Evolución de la doctrina militar: La blitzkrieg (V)

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Pese a estos deseos, el desarrollo de los carros de combate alemanes estuvo condicionado por las limitaciones impuestas por el Tratado de Versalles (que prohibía a la Reichswehr tener carros de combate). En consecuencia, su desarrollo fue secreto. A las dificultades propias de mantener el secreto, se añadió la crisis económica que asolaba Alemania, la ocupación francesa de la zona industrial del Ruhr (1923) y la inestabilidad social y política de la República de Weimar… Por ello, el desarrollo fue lento, y, en principio, orientado hacia ingenios sencillos y baratos, caso del Panzerkampfwagen-I (‘Vehículo acorazado de combate’) o simplemente Pzkfw-I o Panzer I, inspirado en el Carden-Lloyd de Vickers, una tanqueta sin techo de 3 toneladas de peso.

Entretanto, mientras esperaban a que las tecnologías del motor, de la suspensión y de la transmisión madurasen, la Reichswehr centró su atención en el resto de elementos de su fuerza acorazada: Infantería motorizada, vehículos ligeros de reconocimiento y medios contracarro motorizados.

En efecto, la vocación interarmas del concepto operativo alemán obligó al desarrollo de una serie de elementos de otras Armas que fueran capaces de igualar la movilidad de los carros de combate. Aparece así la Infantería ‘mecanizada’, a imagen de la propuesta por Heigl (en principio, sobre vehículos semioruga blindados: gracias a las famosas expediciones en las que exploradores franceses habían cruzado los desiertos del Sáhara y del Gobi en camiones semioruga, estos híbridos disfrutaron de un gran predicamento a finales de los veinte y comienzos de los treinta), la Artillería autopropulsada o las unidades de reconocimiento motorizadas.

El elevado coste de estos medios hace que, al final, se adopten soluciones menos ambiciosas, como la Infantería ‘motorizada’ (sobre camiones) o la Artillería remolcada por vehículos (algunos de ellos semiorugas, otros simples camiones). No obstante, la economía alemana sólo permitió la motorización de un exiguo porcentaje de sus fuerzas: incluso en 1945, el 90% del Ejército alemán se movía a pie o a caballo.

Una consecuencia inesperada de ese bajo índice de motorización es que el Ejército alemán reunía fuerzas con movilidades muy distintas: una mayoría de unidades que se movían a pie o a caballo junto con un número muy limitado de Divisiones Acorazadas, Mecanizadas o Motorizadas. La Wehrmacht era un Ejército ‘a dos velocidades’, en todos los sentidos. Los problemas derivados de esta diferencia de movilidad apenas se atisbaron en las rápidas campañas de Polonia (1939) o Francia (1940), desarrolladas en teatros de operaciones geográficamente reducidos, pero se pusieron crudamente de manifiesto en los inmensos espacios de la Unión Soviética (1941-45) o Libia (1941-43).

Semiorugas Citroën franceses, en el desierto del Gobi en 1930. Las expediciones de estos vehículos hicieron muy populares estos ingenios en la década de 1930.

Pese a las dificultades para producir carros de combate, los alemanes contaron con la ventaja de tener ideas más o menos claras sobre la utilización que pensaban dar a estos ingenios, por lo que las características que esperaban de sus desarrollos estaban relativamente bien definidas, evitando la dispersión de esfuerzos.

Inicialmente, todos los medios motorizados de la Reichswehr (esencialmente camiones, dedicados inicialmente a labores logísticas) se agruparon en una especie de Cuerpo de Automovilismo (Kraftfahrtruppen), que, cuando lo permitió la situación internacional, fue transformando sus unidades de transporte en Batallones de Infantería Motorizada y Batallones contracarro.

En el conjunto de ejercicios realizados entre 1932 y 1939, los alemanes experimentaron combinando unidades motorizadas (sobre camiones, motocicletas o vehículos blindados de ruedas) y unidades de Caballería a lomo. Los experimentos fueron concluyentes: la diferencia de movilidad entre ambos tipos de unidades hacía poco aconsejable su empleo conjunto por debajo del nivel División.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.