Evolución de la doctrina militar: La blitzkrieg (IV)

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En 1924, Ernst Volckheim publicó un interesante libro llamado El carro en la guerra moderna, que reflejaba la opinión mayoritaria entre los defensores del carro en el Ejército alemán. Este libro fue adoptado oficialmente por el Ejército alemán como texto doctrinal sobre guerra acorazada.

En realidad, El carro en la guerra moderna no era más que una conclusión de una larga trayectoria editorial dedicada al empleo de los carros de combate, en forma de numerosos artículos en el Militär Wochenblatt (una revista semi-oficial dedicada al pensamiento militar), nacidos de la experiencia del autor como carrista en la PGM, como oficial del Cuerpo de Automovilismo (Kraftfahrtruppen) y como técnico en el centro de pruebas de armamento de Döberitz tras la guerra. Volckheim preveía que la evolución tecnológica acabaría solucionando los problemas técnicos de los carros, hasta el punto de que unos carros potentemente armados y bien protegidos podrían alcanzar la explotación de la ruptura que los generales alemanes habían buscado sin éxito a lo largo de la Primera Guerra Mundial. La obra de Volckheim fue muy popular en su tiempo, y sus ideas inspiraron en gran medida los futuros desarrollos doctrinales de la Reichswehr.

Otro poco conocido autor, que, sin embargo, adelantó algunas de las características esenciales de la guerra de movimiento fue el comandante retirado del Ejército austríaco Fritz Heigl. En 1925 publicó su obra Taschenbuch der Tanks, muy influyente en Alemania, y que fue adoptado como libro de texto por los soviéticos en la Academia Frunze. Heigl consideraba que el carro de combate era un arma ideal para la guerra de movimiento, asignándole el papel que tradicionalmente había desempeñado la Caballería. Además de ello, al tratar sobre la relación entre los carros y la Infantería, Heigl consideraba que era inaceptable hacer que el carro se adaptase a reducida velocidad de los infantes, so pena de perder la movilidad y la velocidad que constituían sus principales ventajas. En su lugar, propuso mejorar la velocidad de la Infantería, dotándole de ‘tractores de Infantería’, vehículos de cadenas diseñados para transportar infantes, y dotados de movilidad y velocidad similares a las de los carros. En realidad, ya en 1924, los alemanes apostaron decididamente por el carro, si bien sus ideas sobre su empleo continuaron siendo objeto de enconados debates hasta la exitosa conclusión de la batalla de Francia en 1940. En 1924, Von Seeckt ordenó a sus unidades la construcción de carros simulados y su empleo habitual en ejercicios.

No obstante, no toda la Reichswehr aceptó de buena gana la preferencia por el desarrollo de los carros de combate. En diciembre de 1925 el General de División Von Taysen publicó en el Militär Wochenblatt un artículo titulado ¿Material o Moral? en el que, bajo la excusa de una crítica a la doctrina francesa de la época, atacaba la creciente tendencia a confiar en los nuevos ingenios –singularmente, en el carro de combate- antes que en los valores morales del combatiente. El artículo de Von Taysen dio lugar a una serie de réplicas y contrarréplicas que ilustran la división de opiniones imperante en el seno de la Reichswehr, reflejo de la situación en la mayoría de los Ejércitos europeos.

En realidad, todavía la doctrina alemana de 1934-35, denominada Truppenführung, que sucedió a la versión de 1921, describe en su primera parte (1934) un papel para los carros muy similar al contemplado en los conceptos franceses y británicos de 1918: los carros, operando en beneficio de la Infantería y con el apoyo de los fuegos artilleros, de Zapadores y de la Aviación, cooperarían en la ruptura del frente enemigo, con el fin de alcanzar la zona de despliegue de la Artillería. La segunda parte de esta doctrina (1935) añade que los carros deben ser empleados, en ataque y en defensa, en los puntos y momentos clave del combate (Schwerpunkt); pero contempla que los carros puedan combinarse con otras tropas motorizadas en formaciones Panzer, en acciones más independientes dirigidas contra el flanco o la retaguardia enemiga, o para obtener una ruptura del frente. Esta doctrina ya contempla el empleo de Infantería motorizada o de formaciones acorazadas ligeras en misiones de reconocimiento y seguridad.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.