Evolución de la doctrina militar: España y la Guerra Civil (II)

Versión para impresiónVersión para impresión

En 1936, el Ejército español está dividido entre las unidades peninsulares y las desplegadas en el Norte de África, con características diferentes. Las unidades peninsulares se encuentran crónicamente mal equipadas, mal armadas y poco adiestradas, como consecuencia de la lógica prioridad concedida a las unidades desplegadas en operaciones en Marruecos, mientras que las unidades africanas están mejor equipadas y fogueadas por años de duros combates. Sin embargo, la experiencia de estas últimas se circunscribe al escenario colonial marroquí, muy específico, y no siempre bien adaptado a las condiciones de una guerra contra un enemigo siquiera moderadamente avanzado.

Las divisiones del Ejército se denominan desde la Ley de Bases de 1918 como “Divisiones Orgánicas”, y su función en tiempo de paz es similar a la que se preveía en el resto de Europa para los Cuerpos de Ejército en igual situación: mantener la estructura de reclutamiento e instrucción para la tropa de leva de su zona de responsabilidad, con la idea de estar en condiciones de constituir una Gran Unidad División para su empleo en combate.

Así, las Divisiones Orgánicas son estructuras esencialmente administrativas, que requieren un proceso de movilización para estar en condiciones de combatir. Las Divisiones españolas, cuya organización se definió en detalle en 1925, mantenían todavía en 1936 la estructura de dos Brigadas de Infantería a dos Regimientos cada una, de forma similar a la organización general europea anterior a las reformas de 1916-17. Durante el periodo republicano, los Regimientos pasaron de tener tres Batallones a tener solo dos. Cada Batallón contaba con un solitario Schneider 70/16 como “cañón de Infantería”, a imitación de los Ejércitos europeos posteriores a la PGM (que, sin embargo, fueron mucho más generosos en la dotación de cañones para su Infantería). La Artillería de la División se organizaba en una Brigada con dos Regimientos, uno de cañones (en general, el Schneider 75/22) y otro de obuses (Vickers 105/22, con el Schneider 105/11 en las unidades de montaña). Cada Regimiento tenía tres Grupos, organizados a tres Baterías de cuatro piezas, con un total de 36 piezas por Regimiento, y 72 en el total de la División. Un Escuadrón de Caballería a lomo, un Batallón de Zapadores, junto con un Grupo Logístico, un Grupo de Sanidad y otro de Transmisiones, además de otras unidades menores (como una escuadrilla de aviones de reconocimiento y una unidad de aerostación) completaban la División.

Como reserva de Ejército, existía una División de Caballería, con tres Brigadas de dos Regimientos cada una, a dos Grupos a lomo, dos Brigadas de Montaña cada una con dos Regimientos a dos Batallones, dos Regimientos de carros de combate ligeros (con una decena escasa de viejos Renault FT-17, un FIAT 3000 y seis obsoletos Schneider CA1 en total), siete Regimientos de Infantería (desplegados en defensa de las tres principales bases navales – Ferrol, Cartagena y Cádiz - y los dos archipiélagos), cuatro Regimientos de Artillería pesada (con dos Grupos a tres Baterías de cuatro piezas, uno de obuses Schneider de 155/13 y otro de cañones Krupp 155/27) y otros cuatro de Artillería de Costa (con piezas fijas de 381/45, de 152,4 mm y obuses Ordoñez de 240 mm, junto con antiaéreos Vickers de 105 mm, desplegados en el estrecho de Gibraltar, y en los puertos de Cartagena, La Coruña y Mahón), y un Regimiento de Zapadores minadores, dos de Zapadores ferroviarios, y uno de Aerostación (perteneciente al Arma de Ingenieros). El mismo cometido desempeñaban otra veintena de unidades tipo Batallón: ametralladoras, artillería antiaérea, pontoneros, telégrafos, aviones de caza y aviones de bombardeo.

La organización de la División no era popular entre los profesionales españoles, por varios motivos: se trataba de una mezcla poco clara de la orgánica europea anterior a la Gran Guerra (inicialmente, con doce Batallones de Infantería por División, que se convirtieron en solo ocho durante el periodo republicano y basada en cuatro Regimientos, en lugar de la estructura “triangular” generalmente adoptada al final de la Primera Guerra Mundial), pero con una dotación artillera mayor (consecuencia de la experiencia en ese conflicto), lo que la hacía muy grande y relativamente poco móvil.

Sin embargo, la mayoría de los tratadistas españoles consideraba que, ante la inexistencia de grandes cursos de agua en la Península Ibérica, los frentes fortificados de la Gran Guerra no serían posibles en España, por lo que las unidades deberían combinar la defensa apoyada en fortificaciones en los pasos montañosos, con el combate móvil. Y una División como la descrita parecía excesivamente grande para defender un paso montañoso y demasiado pesada para ejecutar con eficacia un combate móvil. Una de las alternativas propuestas a esta organización fue la “Brigada Mixta”, que se explicará posteriormente. En cualquier caso, el único conflicto reciente había sido la Guerra de Marruecos, para el que la División descrita resultaba excesivamente grande y poco adecuada. Posteriormente, los acontecimientos políticos impidieron ninguna reforma orientada a la mejora del empleo táctico de las unidades.

En 1935, en línea con la idea de defender el territorio desde los pasos montañosos, el Gobierno de Gil Robles transformó las ocho Divisiones Orgánicas existentes en dos Divisiones de Montaña, dos Divisiones Mixtas (montaña e Infantería ligera), y preveía la motorización de las cuatro Divisiones restantes, reemplazando monturas por vehículos, modernización que nunca se llevó a efecto.

En contraste, las unidades del Ejército de África se encuentran ya organizadas para el combate, pero adaptadas al escenario africano: no existen Grandes Unidades (Brigada, División o superiores), sino que las diferentes “columnas” se constituían para cada operación especifica con Batallones, Compañías, Baterías…  aportados por los Regimientos desplegados en el Protectorado; las unidades “africanas” tienen una experiencia limitada en la ejecución de operaciones de gran entidad, pese al gran éxito organizativo de la complejísima operación del desembarco de Alhucemas (1925). A cambio, son unidades veteranas y con una alta profesionalización.

Las principales unidades del Ejército de África eran dos “Tercios” de la Legión (unidades tipo Regimiento), cada uno con tres “Banderas” (unidades tipo Batallón), cinco Grupos de Regulares Indígenas (unidades tipo Regimiento), cada uno con tres “Tabores” de Infantería (unidades tipo Batallón) y otro de Caballería a lomo, junto con seis Batallones de Cazadores, cuatro Batallones de Ametralladoras, cuatro Batallones de Zapadores y otros cuatro de Transmisiones. La Artillería era casi inexistente (esencialmente, piezas de costa fijas). Además, desplegaban en el Protectorado dos Escuadrillas de aeronaves de observación y bombardeo y otra de hidroaviones.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.