Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: La Wehrmacht en 1939 (II)

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La Infantería regular alemana, aunque mal equipada en comparación con sus homólogas aliadas, tenía un elevado nivel de adiestramiento en combates móviles, tanto en ofensiva como en defensiva. A cambio, el adiestramiento en operaciones estáticas (incluyendo la fortificación) no había recibido tanta atención. Sin embargo, esa ‘infantería regular’ adiestrada se limitaba al Ejército activo, y ese alto nivel de adiestramiento disminuía conforme se iban trasladando muchos cuadros de mando permanentes desde las unidades activas de tiempo de paz a las nuevas Divisiones movilizadas para el conflicto.

La Infantería alemana comenzó la guerra con la orgánica desarrollada en los años de entreguerras, nacida de la experiencia de la Gran Guerra. Se articulaba en un Pelotón dividido en dos Escuadras, una de fusiles, con siete fusileros, y otra de ametralladora ligera, con cinco hombres. Este Pelotón disponía de un elemento de maniobra y otro de fuego, y se preveía que pudiera realizar operaciones independientes. En defensiva, la ametralladora era el elemento fundamental del combate de Infantería, siendo la misión de la Escuadra de fusiles la de proteger a la de ametralladora. Tres Pelotones como el descrito, más una Escuadra con un mortero de 50 mm, constituían una Sección, y tres Secciones, más un Pelotón de ametralladoras medias, una Compañía.

Los Batallones de Infantería se articulaban en tres Compañías como las descritas, más una Compañía de Ametralladoras, que disponía de dieciséis ametralladoras medias de 7,92 mm, más seis morteros de 81 mm. Aunque podía disgregarse para apoyar a las compañías de fusiles, en general, la Compañía de Ametralladoras era el medio que empleaba el Jefe de Batallón para aplicar su esfuerzo principal o para apoyar un contraataque, y solía actuar reunida.

‘Cañón de Infantería’ español ‘Ramírez de Arellano’ (1934). En el periodo de entreguerras era común que la Infantería europea aumentase su potencia de fuego recibiendo cañones ligeros pensados para el tiro directo a corta distancia, en apoyo a la maniobra de muy pequeña unidad.

Los Regimientos de Infantería contaban con tres Batallones, más una Compañía de ‘cañones de Infantería’, con las mismas funciones a su nivel que las de la Compañía de Ametralladoras del Batallón. Una División de Infantería se componía de tres Regimientos de Infantería, uno de Artillería, más una serie de unidades auxiliares (Batallón contracarro, Batallón de Zapadores…). La Artillería de la División jugaba, al igual que las Compañías de armas pesadas en los Regimientos, el papel de reserva del Jefe de División.

En ofensiva, la táctica de estas unidades se basaba en el ataque de flanco, bien con un elemento fijando y otro envolviendo por un flanco, bien envolviendo por los dos flancos, con una pinza más fuerte que la otra. En general, la Infantería alemana evitaba siempre que podía los asaltos frontales. El apoyo de las armas pesadas no era sistemático, como el caso francés y británico, sino que se reservaban los fuegos sólo para objetivos realmente rentables, para lo que se mantenía una continua y completa observación del campo de batalla. La capacidad de observación del campo de batalla era esencial para el sistema de apoyos de fuego alemán, y condicionaba en gran medida los planes.

La Infantería alemana intentó compensar su habitual inferioridad numérica mediante tácticas muy agresivas. En general, a nivel local intentaba realizar ataques de desarticulación previos al inicio de un ataque enemigo, infiltrándose en Escuadras y Pelotones en el despliegue enemigo. De la misma forma, aplicaba como práctica habitual los contraataques basados en fuego abundante, pero intentando evitar el combate a la bayoneta, donde su inferioridad numérica suponía una desventaja insalvable.

La Artillería alemana contaba con unas 7.000 piezas de diversos calibres, con gran preponderancia de obuses. Era deficitaria en medios pesados, como consecuencia de las estipulaciones del Tratado de Versalles. En comparación, solamente la francesa disponía ya de más de 10.000 piezas. Aunque no era capaz de ejecutar los complejos y detallados planes de fuego de los franceses, estaba mejor integrada en la maniobra y era capaz de reaccionar más rápidamente ante los imprevistos del combate. Como en la PGM, su integración con las unidades de combate se basaba en destacar observadores de las Baterías a las unidades apoyadas; estos observadores designaban objetivos a su Batería de origen empleando el teléfono de campaña o, preferiblemente, los nuevos equipos de radio.

No era habitual concentrar el fuego de más de una Batería o de un Grupo sobre un objetivo individual. Cuando era necesario reunir el fuego de más piezas, había que disponer de coordenadas topográficas de los objetivos y de un cierto tiempo para el cálculo de datos de tiro. Esta dependencia parcial de la cartografía no era un problema mayor en los bien conocidos y cartografiados escenarios de Polonia (la parte occidental de la Polonia de 1939 había pertenecido a Alemania hasta 1918) o de Francia, pero resultó un problema más serio en la cartográficamente desconocida Unión Soviética. La Artillería había recibido cierta preferencia en los programas de motorización, y casi el 30% de ella disponía de vehículos tractores (camiones o, más raramente, semiorugas).

Además de sus funciones propias, los zapadores alemanes operaban como unidades escogidas de Infantería, especializadas en el asalto a posiciones muy fortificadas, siendo casi las únicas fuerzas entrenadas específicamente en este tipo de combate.

En conjunto, en 1939 el Ejército alemán contaba con una ‘elite’ de Dieciséis Divisiones acorazadas y mecanizadas: siete Divisiones Panzer, cuatro Divisiones ‘ligeras’ (divisiones de Caballería en las que las monturas habían sido reemplazadas por vehículos, y que, en lugar de una Brigada de Carros – caso de las Divisiones Panzer - solo tenían un Regimiento) y cinco Divisiones de Infantería Motorizada. Junto a ellas, el Ejército alemán contaba con un número creciente de Divisiones de Infantería que se iban creando en el proceso de movilización.

Sin embargo, las capacidades industriales alemanas no permitían equipar adecuadamente a estas nuevas Divisiones, por lo que, en general, ninguna de estas Divisiones de Infantería podía resistir la comparación con una División regular francesa o británica (o incluso belga u holandesa): su equipo databa, en general, de la Gran Guerra, y la necesidad de movilizar nuevas Divisiones obligaba a las mejor dotadas de ellas (las Divisiones de Infantería existentes en tiempo de paz) a ceder oficiales y suboficiales que permitieran encuadrar a los reclutas que constituían las nuevas Divisiones que se iban creando y a proporcionar el personal necesario a sus Estados Mayores. Esto tenía como efecto que los cuadros de mando desempeñaban puestos dos o tres niveles por encima del suyo, responsabilidades para las que no estaban adiestrados, lo que repercutía en la calidad del conjunto.

La exposición que se ha hecho acerca de los desarrollos doctrinales del periodo de entreguerras puede dar la impresión de que en la Wehrmacht imperaba una mentalidad de ‘guerra de movimiento’. Sin embargo, la realidad era que la mayoría de los generales alemanes (especialmente los de más edad, y, consecuentemente, los que tenían puestos con mayor capacidad de decisión) eran muy escépticos con los ‘nuevos conceptos’ basados en la ruptura y la explotación por medio de las Divisiones Panzer. Esta nueva mentalidad era defendida por una minoría de generales más jóvenes, con un impreciso apoyo político procedente del partido nazi, en el marco de la fascinación por la tecnología propia de los totalitarismo. Si bien es cierto que se habían creado las Divisiones Panzer y Motorizadas necesarias para poner en ejecución la doctrina de guerra de movimiento, la mayoría de los generales consideraban que la ruptura del frente que podían alcanzar las Divisiones Panzer sería de escasa profundidad (unas pocas decenas de kilómetros, a lo sumo), y que la explotación de esa ruptura la harían al final las Grandes Unidades tipo Ejército, compuestas esencialmente de Divisiones de Infantería a pie y a caballo, como en 1918.

El Ejército alemán era excelente en la ejecución de combates improvisados (‘combates de encuentro’), donde la iniciativa que cultivaba en sus mandos a todos los niveles rendía sus máximos réditos. Sin embargo, sus capacidades en operaciones estáticas eran mucho menores que las del Ejército Imperial de los últimos años de la Gran Guerra.

En cuanto a la Aviación, Alemania había carecido de ella hasta pocos días antes de la reinstauración del servicio militar obligatorio, en 1935, cuando se militarizó parte de los servicios aéreos civiles, dedicando aviones civiles a tareas militares (de hecho, los primeros bombarderos alemanes empleados en la Guerra Civil española fueron transportes Ju-52/3m procedentes de la aerolínea Lufthansa). En 1939, las capacidades reales de la Luftwaffe eran dudosas: los cazas y bombarderos empleados en España por la Legión Cóndor no se habían demostrado técnicamente superiores a sus adversarios soviéticos o a sus aliados italianos, ni el desarrollo de las operaciones aéreas durante el conflicto en España avalaba a la Luftwaffe como una organización que sobresaliese en ningún aspecto.

Como se citó anteriormente, la Luftwaffe, se había diseñado esencialmente como una herramienta para apoyar al Ejército de Tierra en el combate terrestre. Con este fin, disponía de aviones muy adecuados para ello (bombarderos como el famoso Ju-87 Stuka, muy preciso, gracias al uso de la técnica del picado, cazas avanzados destinados a obtener la superioridad aérea sobre el campo de batalla, como el Messerschmitt Bf-109…), pero mal adaptados a las funciones propias del bombardeo estratégico en la profundidad del frente enemigo (los aviones alemanes tenían un radio de acción relativamente reducido – suficiente para alcanzar la zona del frente donde operaban las tropas terrestres, pero no estaban diseñados para alcanzar objetivos lejanos en el interior del territorio enemigo -, sus bombas eran relativamente pequeñas – adecuadas para apoyar a las tropas en tierra, pero insuficientes para atacar ciudades o destruir grandes infraestructuras -…). Su doctrina también estaba orientada a esa función de apoyo: la misión de la Luftwaffe era la de alcanzar la superioridad aérea desde el primer momento del combate, pero sólo sobre la porción de frente en la que operaba el Ejército de Tierra (‘superioridad aérea local’), para permitir a sus bombarderos ejecutar sus misiones de apoyo a tierra.

En contraste, las Fuerzas Aéreas británicas y francesas esperaban obtener la superioridad aérea sobre las zonas del territorio enemigo donde se encontraban las principales fábricas y ciudades, concediendo al frente terrestre una importancia menor. Esto les obligaba a realizar una larga preparación de inteligencia, con el fin de localizar las zonas vitales a bombardear y los aeródromos de los cazas que las protegían, y a comenzar una campaña destinada a destruir las bases de los cazas enemigos, como paso previo al inicio de la campaña de bombardeos sobre las ciudades e industrias enemigas… durante todo ese tiempo (semanas o meses), los cazas debían desplegarse para defender las ciudades y las industrias propias ante el riesgo de una acción similar del enemigo, y los bombarderos debían reservarse para cuando comenzase el momento de atacar los aeródromos (primero) y las ciudades y/o industrias enemigas (después). Se consideraba que -en ausencia de radar (aún ni siquiera concebido) ni de ningún otro sensor – los bombarderos serían capaces de entrar por sorpresa en el territorio enemigo y ejecutar sus bombardeos antes de que la caza enemiga superviviente tuviese tiempo de reaccionar.

Como precio de su vocación de apoyo a las fuerzas terrestres, la Luftwaffe no contemplaba acciones a gran distancia del frente de combate, ni bombardeos a gran altura (ni siquiera disponía de miras de bombardeo). En consecuencia, sus posibilidades de ejercer algún tipo de acción sobre el territorio metropolitano de Francia o Gran Bretaña o sobre las fuerzas navales que bloquearían las rutas marítimas de comercio alemanas eran prácticamente nulas: tanto Francia como Gran Bretaña podrían prepararse para la guerra sin que la Luftwaffe (y menos aún la minúscula Armada alemana) pudiera hacer nada para impedirlo. Estas diferencias doctrinales y de capacidades jugarían un papel fundamental en las batallas futuras.

Por su parte, la Armada alemana era prácticamente irrelevante. Incluso los submarinos, luego principal elemento naval del III Reich durante la SGM, eran escasos y poco avanzados en 1939 (57 en total): apenas 39 de ellos estaban operativos al comienzo del conflicto. De esta cifra, más de la mitad eran aptos solo para la navegación costera (los Tipo II, de los que había 26 en 1939) o para instrucción (Tipo I, de los que existían 2).

En conjunto, la Wehrmacht era un conjunto de fuerzas dotado de una capacidad de combate notablemente inferior a la de sus adversarios aliados, y sus generales eran plenamente conscientes de este hecho.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.