Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: la invasión de Noruega

Versión para impresiónVersión para impresión

A principios de 1940, Gran Bretaña se planteó la ocupación de Noruega. En efecto, Noruega era un territorio clave para Alemania. El hierro con el que se fabricaban las armas alemanas procedía esencialmente del yacimiento sueco de Kiruna. Desde allí se transportaba por ferrocarril al puerto noruego de Narvik, en el norte del país, desde donde buques costeros llevaban el mineral a Alemania. No obstante su importancia, Noruega era un país neutral, por lo que era necesario buscar una excusa plausible para desembarcar tropas en Noruega que impidiesen que el flujo de hierro llegase a Alemania. Con una presencia militar aliada – preferiblemente consentida por el gobierno noruego -, los partidarios de los aliados en la política noruega se sentirían lo suficientemente protegidos como para impedir el paso del hierro sueco hacia Alemania.

La excusa para preparar la ocupación de Noruega fue una operación de ayuda de los aliados a Finlandia, acosada entonces por el Ejército Rojo. Las tropas encargadas de esa operación desembarcarían en territorio noruego, y mantendrían instalaciones y reservas allí, precisamente en Narvik, el puerto de embarque del hierro sueco exportado a Alemania… Sin embargo, Finlandia capituló ante los soviéticos el 12 de marzo de 1940, mucho antes de que la fuerza aliada estuviese preparada.

Pese a la cancelación del despliegue aliado en Noruega, el enorme impacto del posible cese de las importaciones de hierro noruego para los alemanes no escapó a Hitler, que temía que esa operación se reactivase, con esa excusa o con cualquier otra. Por ello, Hitler encargó a sus generales que preparasen la ocupación de Noruega lo antes posible. Para el OKH (Oberkommando der Heer – Alto Mando del Ejército) alemán, esta operación entraba en conflicto con la preparación de la ofensiva sobre Francia, por lo que era necesario que fuese muy rápida y que emplease muy pocas tropas. El resultado del trabajo del OKH fue el “Ejercicio Wesser” (Wesserübung), uno de los primeros ejemplos de operación verdaderamente conjunta con participación de los tres Ejércitos.

A las consideraciones de Hitler sobre las importaciones de hierro se añadieron los deseos de la Armada alemana (la Kriegsmarine) de disponer de los fiordos de la costa noruega como base para sus submarinos, con el fin de mejorar su capacidad de impedir un bloqueo naval como el que había experimentado la Alemania Imperial en la PGM, cuando el Mar del Norte había estado vedado al tráfico marítimo alemán, asfixiando a su economía.

El plan preveía la ocupación de Dinamarca y Noruega. El caso danés era relativamente sencillo: con frontera terrestre con Alemania, dentro del radio de acción de la Luftwaffe y con unas fuerzas armadas casi testimoniales, Dinamarca no era un enemigo real. Noruega era un hueso más duro de roer. El país es extenso y montañoso, encajonado entre elevadas cumbres y una costa muy accidentada, y con pocos núcleos de población importantes, que además se encuentran muy dispersos. Narvik – principal objetivo de la operación – se situa muy al norte, fuera del radio de acción de la Luftwaffe desde bases alemanas. Las Fuerzas Armadas Noruegas eran relativamente pequeñas y contaban con material y medios anticuados. La defensa ante una posible ocupación del país se basaba en la movilización de las dispersas unidades territoriales de reservistas. Sin embargo, los principales puertos estaban bien artillados y fortificados contra acciones procedentes del mar. La ciudad portuaria de Trondheim, situada en el centro del país, es el principal cruce de caminos y vías férreas que permite la comunicación entre el más densamente habitado Sur (centrado en la capital, Oslo) y el despoblado Norte, donde se encontraba Narvik. Además de ello, en Trondheim se encontraba el aeródromo situado más al Norte antes del de Narvik. La posesión de este aeródromo era imprescindible para garantizar a la Luftwaffe la capacidad de apoyar operaciones terrestres y navales en la zona de Narvik. Por ello, los principales objetivos alemanes fueron la toma de la capital, como centro político del país, la ocupación de Narvik, principal objetivo de la campaña, y el control de Trondheim, para permitir el abastecimiento y el apoyo aéreo a las tropas encargadas de ocupar Narvik. Para consolidar la posición alemana, era necesario además ocupar los principales puertos que pudieran permitir un desembarco aliado: ante la falta de playas, cualquier despliegue aliado en territorio noruego pasaría necesariamente por la posesión de un puerto.

 

Principales objetivos de la ocupación alemana de Noruega: Oslo como centro político del país, Narvik como puerto de salida del hierro sueco de Kiruna, Trondheim, pues supone un punto de paso obligado para llegar al norte del país por la única carretera disponible, Stavanger y Bergen para ocupar los puertos y los aeropuertos que permitiesen extender el alcance de la Luftwaffe sobre el norte del país.

La situación naval era muy desfavorable a Alemania: la exigua flota alemana no era rival para la Royal Navy. Esto implicaba que la operación debía hacerse por sorpresa, y, además, había que incrementar la autonomía logística de las tropas desplegadas, para que pudieran combatir durante un periodo de tiempo relativamente largo sin recibir suministros por mar, que, previsiblemente, estaría bajo dominio inglés. Para ello, antes de romper las hostilidades, se preposicionaron en los puertos noruegos, buques mercantes alemanes (mercantes y petroleros), cargados con material y suministros militares para las tropas que luego ocuparían el país.

Para compensar la superioridad naval británica, los alemanes solo podían confiar en las acciones de la Luftwaffe. Sin embargo, si bien el sur de Noruega estaba dentro del radio operativo de los aviones de la Luftwaffe desde sus bases en territorio alemán, el crucial puerto de Narvik quedaba fuera de él. Esto obligaba a disponer lo antes posible de bases aéreas en Noruega. Esta necesidad de bases en territorio noruego se acrecentaba, debido a la necesidad de poder suministrar por aire a las tropas desplegadas en el más que previsible caso de un bloqueo naval. Así, la lista de objetivos a ocupar se incrementó con la toma de los aeródromos noruegos disponibles. Era un plan complejo y arriesgado. Por otra parte, al final incluía la ocupación de casi todas las infraestructuras críticas del país, por lo que era previsible encontrar resistencia en muchas de ellas. Y debía ejecutarse con muy pocas tropas.

Finalmente, el 9 de abril de 1940, paracaidistas alemanes saltaron y ocuparon aeródromos y puentes en Dinamarca. Simultáneamente se produjeron varios pequeños desembarcos navales que ocuparon los principales puertos daneses, mientras que una fuerza terrestre compuesta de una División de Infantería y dos Brigadas Motorizadas penetraba por la frontera sur del país, e iba enlazando con los diferentes destacamentos dispersos. No hubo apenas resistencia. Dinamarca capituló en cuatro horas. Es cierto que sus posibilidades de resistir eran nulas.

La misma mañana del 9 de abril, buques de guerra alemanes desembarcaban tropas terrestres en Narvik, Trondheim, Oslo y en los puertos de Bergen Kristiansand y Egersund. Paracaidistas alemanes saltaron en Stavanger (para ocupar el aeródromo de Sola) y Oslo (para tomar el aeródromo de Fornebu). Al mismo tiempo, la Luftwaffe bombardeaba las fortalezas costeras que protegían los fiordos, y a las unidades noruegas que intentaron resistir. No obstante, la operación tuvo contratiempos: el crucero pesado Blücher (que transportaba más de mil hombres, destinados a ocupar Oslo) fue hundido en el fiordo por la Artillería de Costa noruega, entre otros reveses, que, sin embargo, no impidieron el éxito de la operación. Alemania había ocupado la “Noruega útil”, pero fuera de estas ciudades las unidades noruegas oponían una resistencia variable que requería muchas veces la acción de la Luftwaffe. En realidad, la primera oleada alemana no contaba con más de nueve mil hombres, muchos menos que los que componían las fuerzas de defensa noruegas (unos veinte mil).

El siguiente paso del plan era el establecimiento de bases de la Luftwaffe en suelo noruego. Aunque la misma tarde del 9 de abril ya operaban aviones alemanes desde bases noruegas, la acumulación de medios suficientes para ejecutar acciones de cierta entidad requería algún tiempo.

De hecho, antes de que la Luftwaffe estuviese lista para operar en fuerza desde Noruega, los aliados reaccionaron. Como era previsible, la Royal Navy rápidamente se hizo con el control del mar. Sin embargo, la Luftwaffe conseguía evitar que los buques británicos se aproximasen excesivamente a la costa sur del país, pero no podía restablecer el tráfico marítimo alemán: el abastecimiento de las tropas desplegadas dependía de los suministros preposicionados y del transporte aéreo. En cualquier caso, la actuación de la Luftwaffe permitió inclinar la balanza del lado alemán en el sur del país. Sin embargo, los destacamentos alemanes situados al norte comenzaron a ser hostigados por fuerzas noruegas cada vez más numerosas y mejor organizadas.

Sobre la base de los estudios hechos para el despliegue de la frustrada fuerza que se iba a enviar a Finlandia, los aliados desembarcaron en Narvik el 15 de abril, y, para aislar el norte del país de los refuerzos alemanes, decidieron ocupar Trondheim. Los aliados consideraban que no era factible entrar con barcos de transporte de tropas hasta Trondheim, situado al final de un largo y estrecho fiordo, donde los buques serían presa fácil de los posibles submarinos alemanes y del fuego de los defensores desde tierra. Por ello decidieron desembarcar el 16 de abril en los puertos de Namsös (150 km al norte de Trondheim) - donde desembarcó una Brigada de Infantería ligera británica (sin sus vehículos) y una “Media-Brigada” de Cazadores Alpinos franceses - y Andalsnes (180 km al sur) – donde hizo lo propio otra Brigada de Infantería británica - que no habían sido ocupados por los alemanes. Como los alemanes, los aliados no desembarcaron equipo pesado (ni Artillería de Campaña, ni cañones antiaéreos, ni carros…).

El ataque franco-británico sobre el crucial nudo de comunicaciones de Trondheim fracasó debido al potente apoyo naval y aéreo alemán, y a las dificultades del terreno, que favorecían la defensa.

El ataque aliado en Narvik fue precedido de un potente ataque naval, encabezado por el acorazado Warspite. La agrupación naval británica hundió a los diez destructores que habían servido a los alemanes para transportar a sus tropas (parte de la 9ª División de Montaña), y permitió a la 24ª Brigada de la Guardia atacar directamente la ciudad. El potente fuego naval británico, ante el que los alemanes no podían responder - Narvik estaba fuera del alcance de la Luftwaffe -, forzó a los alpinos alemanes a retirarse. Los aliados tomaron Narvik el 3 de junio, y reforzaron a su 24ª Brigada con otras unidades francesas, noruegas e incluso polacas, consolidando su dominio de la ciudad y poniendo en una situación desesperada a las tropas alemanas: perdidos el aeródromo y los buques del puerto, carecían de ninguna vía para recibir suministros. 

Por su parte, el intento aliado de tomar Trondheim se saldó con un fracaso: Trondheim sí estaba al alcance de la Luftwaffe, por lo que los infantes aliados se vieron obligados a progresar a pie por la única carretera practicable, bajo incesantes ataques aéreos, contra los que carecían de cualquier defensa. La protección de la Luftwaffe mantenía alejada a la Royal Navy, al tiempo que permitía a los destructores alemanes presentes en Trondheim hacer fuego sobre las tropas aliadas desde el fondo del fiordo. Ante la falta de progresos, las dos fuerzas aliadas reembarcaron el 30 de abril.

Sin embargo, el éxito aliado en Narvik fue poco duradero: el desfavorable desarrollo de la campaña de Francia forzó a los aliados a un rápido reembarque.

La campaña de Noruega ya debería haber expuesto claramente las posibilidades de la Aviación y su potencialmente decisiva influencia en el combate terrestre. Pese a ello, tanto los aliados como los alemanes, consideraron que las operaciones en Noruega constituían casos muy atípicos de los que se podían extraer pocas lecciones de utilidad general. Los aliados se habían visto obligados a operar sin Artillería, lo que era un anatema en sus Ejércitos desde 1915, y a lo que podía atribuirse la derrota; mientras, los alemanes consideraban que la falta de oposición aérea por parte aliada daba a la Luftwaffe unas capacidades desproporcionadas y no comparables a las que disfrutaría sobre Francia. En cualquier caso, no hubo realmente tiempo de analizar la campaña noruega antes del inicio de la ofensiva en Francia.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.