Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: la Fuerza Aérea soviética

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La Voyenno-Vozdushnye Sily (VVS) o ‘Fuerza Aérea Militar’ nació en 1917 del servicio aéreo del antiguo Ejército Imperial ruso. Su organización reflejaba la del Ejército Rojo, existiendo Regimientos Aéreos, Brigadas, Divisiones, Cuerpos, Ejércitos Aéreos… Por debajo de Regimiento, se distribuía en Escuadrones, ‘Vuelos’ y ‘Equipos’.

El régimen soviético, a semejanza de los totalitarismos nazi y fascista, veía en los adelantos tecnológicos una herramienta para la creación del ‘hombre nuevo’ protagonista de la sociedad bolchevique, que debía sustituir a la sociedad presente, irremediablemente contaminada por el pasado. En consecuencia, y en el marco de la política de industrialización emprendida por Stalin, la industria aeronáutica soviética recibió un importante impulso, que llevó al desarrollo de aeronaves bastante avanzadas para su época. La mejora en la tecnología aeronáutica soviética pudo verse en multitud de vuelos dirigidos a batir records mundiales en el mundo de la Aviación civil (vuelos transpolares, por ejemplo).

Doctrinalmente, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, la Fuerza Aérea soviética estaba en cierta medida ‘en tierra de nadie’. Hasta mediados de los años 30, su foco estuvo en igualar el desarrollo tecnológico del resto de las grandes potencias, concentrándose en fabricar aparatos capaces de batir records, especialmente en distancia, para servir a la propaganda deseada por Stalin. Estos aviones eran, en principio, aptos para realizar las misiones de bombardeo a larga distancia típicas de los defensores del ‘Poder Aéreo Estratégico’, aunque su diseño respondía a la voluntad política y propagandística de Stalin, más que al deseo de dotarse de bombarderos estratégicos.

En realidad, el carismático jefe de la Fuerza Aérea soviética en los años 30, General Yakov Alksnis era un firme defensor del papel ofensivo de la Fuerza Aérea, pero la concebía dentro de las operaciones terrestres según el esquema de las ‘operaciones en profundidad’. Del mismo modo que el mariscal Tukhaschevski, consideraba esencial que la Aviación contribuyera a su concepto de operaciones terrestres (como reflejaba el PU-36), con ideas similares a las defendidas por los teóricos alemanes de la ‘guerra de movimiento’.

La potente industria soviética permitía proporcionar aviones diseñados para el apoyo a tierra que preveía el PU-36 (cazas de superioridad aérea y bombarderos ligeros) y también los aviones de largo alcance capaces de batir los records buscados por Stalin. Sin embargo, en general, su nivel tecnológico era menor que el del resto de las grandes potencias y la dispersión de esfuerzos hacía más difícil acortar las distancias. Un elemento especialmente débil eran las transmisiones, dada la escasez de radios (e incluso de telégrafos) acentuada por las enormes distancias del país, lo que complicaba enormemente el mando y control, y aún más cualquier operación en cooperación con las fuerzas terrestres.

El incansable trabajo de Alksnis se tradujo en que, en 1938, la Unión Soviética tuviese en servicio más de 8.000 bombarderos, muchos más que ninguna otra Fuerza Aérea en el mundo.

La Aviación soviética se inició en guerra moderna durante la Guerra Civil Española, en la que los cazas Polikarkov I-15 e I-16 y los bombarderos SB-2 se mostraron superiores inicialmente a los aparatos equivalentes de la Luftwaffe o de la Regia Aeronautica italiana. Estos eran aparatos diseñados para el apoyo a las operaciones terrestres, en coherencia con las ideas doctrinales vigentes en ese momento.

A finales de los años 30, Alksnis – como Tukhaschevski -, cayó víctima de las purgas de Stalin (fue arrestado en noviembre de 1937 y fusilado en julio de 1938), junto con la mayoría de sus Generales y Jefes de Regimiento. Las bajas se cubrieron con personal con escasa experiencia aeronáutica, seleccionado por su lealtad política. Consecuentemente, el pensamiento doctrinal soviético se estancó, sin haber llegado realmente a desarrollarse en detalle.

Adicionalmente, las ideas de operar en el marco de la PU-36 pasaron a ser consideradas ‘contrarrevolucionarias’, como había ocurrido en el Ejército Rojo, por lo que fueron rápida y deliberadamente abandonadas. El impacto de las purgas se pudo comprobar en la ineficacia de la Aviación soviética en la guerra ruso-finlandesa. Las soluciones adoptadas se encaminaron más a renovar las aeronaves que en impulsar la creación de doctrina. Sin embargo, la falta de claridad de ideas sobre el tipo de aviones necesario condujo a soluciones técnicas muy mediocres.

Una de las experiencias más relevantes de la Guerra Civil española y de la guerra ruso-finlandesa fue la comprobación de las ventajas de operar desde pistas de cemento, especialmente en caso de mal tiempo: en efecto, en la batalla de Guadalajara de 1937, la Aviación soviética operando desde pistas de cemento había castigado duramente a las tropas italianas, mientras que la Aviación nacional había sido incapaz de despegar de sus embarrados aeródromos de tierra.

Como consecuencia, la Aviación soviética se embarcó en un importante programa de construcción de pistas de cemento, concentrando sus unidades aéreas en las bases dotadas de este tipo de pistas. Como consecuencia, las unidades aéreas soviéticas se concentraron en un número inicialmente pequeño, pero creciente, de bases fijas, en las que se desplegaban un número enorme de aeronaves, a la espera de que la construcción de nuevas pistas permitiese descongestionar las existentes. Esta concentración en bases fijas facilitaba el mantenimiento de las aeronaves en tierra, pero ocasionó que se perdiese en cierta medida la capacidad de operar desde bases improvisadas o incluso de redesplegar a otras bases, que, sin embargo, era una de las características esenciales para realizar el apoyo previsto en el PU-36.

Así, en 1939, la Fuerza Aérea soviética estaba compuesta de un enorme número de aeronaves, pero de tipos obsoletos o en curso de serlo, con un personal poco adiestrado y poco motivado, y sin ideas doctrinales claras.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.