Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: la filosofía de Mando y Control de la Wehrmacht

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Una protagonista inesperada del inminente conflicto sería la filosofía de Mando y Control de la Wehrmacht. El peculiar ‘estilo de mando’ de la Wehrmacht no era nuevo, sino que estaba profundamente enraizado en la tradición militar prusiano-alemana. Sus raíces se encuentran en una forma de entender el combate absolutamente diferente de aquella en la que se basaba la ‘bataille conduite’ aliada: si para los aliados (especialmente, para los franceses), la ‘bataille conduite’ era una forma de imponer orden en el caos del combate, para los alemanes el combate era inherentemente caótico, y su forma de entender el mando y control no buscaba el orden, sino adaptarse a ese caos que creían inevitable. Esta adaptación implicaba necesariamente la capacidad de reaccionar oportunamente a las cambiantes condiciones del combate (fluctuaciones que se consideraban inevitables), mientras que en la concepción de la ‘bataille conduite’ se esperaba que el planeamiento detallado, el empleo masivo de fuegos para ‘conformar’ el campo de batalla y la aplicación de procedimientos normalizados hiciesen innecesaria esa adaptación: en la ‘bataille conduite’ no se esperaban ‘imprevistos mayores’.

Esta concepción del combate se traducía en que, para los alemanes, no existían ‘fórmulas’ de aplicación universal para solucionar los problemas tácticos (creencia que estaba en la raíz de la ‘bataille conduite’), sino que entendían que cada situación era única y requería una solución igualmente única. Como se ha explicado, todo el periodo de entreguerras supuso para la Reichswehr un largo tiempo de búsqueda de soluciones imaginativas para prepararse para un futuro conflicto con los reducidos medios permitidos por el Tratado de Versalles. Los Estados Mayores alemanes desarrollaron así el hábito de buscar soluciones inopinadas a los problemas tácticos, huyendo de la aplicación de métodos normalizados. De hecho, en la literatura militar alemana del periodo de entreguerras – especialmente en el citado Militär Wochenblatt -, la crítica más acerba que podía hacerse era precisamente acusar a un autor rival de proponer ‘fórmulas’. Esta consideración de las situaciones tácticas hacía que, para la Wehrmacht, las decisiones debían tomarse por el mando que estuviera en mejor situación para apreciar las condiciones particulares de cada caso, que, normalmente, sería el jefe presente sobre el terreno, mucho mejor informado que un general situado en un Puesto de Mando a decenas o centenares de kilómetros. Por ello, los generales alemanes solían encontrarse siempre muy adelantados, en la zona del frente donde su unidad tenía previsto ejercer su esfuerzo principal, o en la que la presión enemiga crease situaciones particularmente peligrosas, con el fin de estar en esa situación ventajosa que les permitiera decidir con acierto. Con este fin, los Cuarteles Generales alemanes disponían de vehículos de mando acorazados, provistos de equipos de radio, que permitían a los generales desplegar cerca del frente, pero manteniendo el enlace permanentemente con sus Estados Mayores, situados más a retaguardia.

La necesidad de adoptar una solución única para cada situación táctica hacía que cada jefe sobre el terreno, a todos los niveles, tuviera libertad para decidir cómo realizar cada adaptación concreta de sus medios a la situación táctica para cumplir las órdenes recibidas. Esta es la base del ‘mando por directivas’, ‘mando orientado a la misión’, misión command en inglés o auftragstaktik, en su original alemán. Así, los alemanes preferían dirigir a sus tropas mediante ‘directivas’, órdenes muy generales que dejaban amplia iniciativa al subordinado. Esta forma de operar tenía una serie de características:

  • Las ‘directivas’ eran órdenes cortas y sencillas, que evitaban los detalles de ejecución, dejando libertad a los niveles subordinados para decidir cómo ejecutarlas. Esto permitía que su redacción y transmisión fueran muy rápidas, y que pudieran ser confeccionadas por Estados Mayores muy reducidos.
  • Los Estados Mayores alemanes podían ser mucho más pequeños que sus equivalentes aliados, que necesitaban mucho más personal para elaborar las largas y detalladas órdenes inherentes a la doctrina de la ‘bataille conduite’. Esta menor necesidad de oficiales de Estado Mayor permitía una mayor selección. En general, los oficiales de Estado Mayor alemanes eran excelentes profesionales.
  • Los mandos, a todos los niveles, debían ser de gran calidad, para poder interpretar correctamente cada situación táctica y reaccionar adecuadamente a ella. La excelente cantera de Mandos que constituía la Reichswehr (que pudo elegir entre lo más granado de la oficialidad alemana veterana de la PGM) proporcionó esos mandos de gran calidad necesarios para nutrir las filas de la Wehrmacht y para crear un sistema de educación militar que potenciase esa forma de actuar. Como se ha explicado, la movilización supuso una disminución de la calidad media de los mandos de niveles inferiores. Sin embargo, los mandos de niveles medios (jefes de Batallón, Regimiento, Brigada…) y los Generales eran, en general, excelentes.
  • Esta gran calidad de sus jefes y de sus Estados Mayores, junto con la idea de considerar cada situación como ‘única’ hacía que los alemanes evitasen los métodos normalizados de planeamiento (en los que los franceses hacían gran hincapié), por considerarlos lentos y previsibles. A cambio, los jefes alemanes solían tomar decisiones muy rápidas, basadas en su experiencia previa y en su preparación profesional. Los detalles de ejecución imprescindibles los añadían los Estados Mayores, pero el producto final era una de esas cortas ‘directivas’ en las que se dejaba gran libertad de acción a los escalones subordinados. La gran calidad de los mandos hacía que existiese una gran confianza en la capacidad profesional de los subordinados para ejecutar correctamente las órdenes recibidas.
  • El ‘mando por directivas’ se aplicaba desde mucho antes del inicio del conflicto. Esta forma de actuar incentivaba la asunción de responsabilidades y la iniciativa de los mandos, precisamente la consecuencia opuesta a la actitud que generaba la ‘bataille conduite’. Así, los mandos de la Wehrmacht llegaron al conflicto con una acusada tendencia a asumir responsabilidades y/o a realizar acciones que entendían que eran necesarias para el cumplimiento de la misión de su unidad, incluso en ausencia de órdenes o contraviniendo éstas, situación impensable en el campo aliado.

Las transmisiones alemanas se basaban en el empleo de la radio, más flexible que los tendidos telefónicos preferidos por los aliados. La radio era (y es) un medio muy indiscreto. De hecho, el empleo de mensajes radio sin codificar había permitido a los alemanes conocer perfectamente los movimientos de las fuerzas rusas previos a la batalla de Tannenberg (1914), lo que fue uno de los elementos clave de la victoria alemana. Los alemanes empleaban máquinas de codificación automática (las famosas ‘Enigma’), lo que evitaba los largos tiempos necesarios para codificar y descodificar los mensajes de forma manual (sistema habitual en todos los Ejércitos de la época). Sin embargo, para los escalones más bajos (División e inferiores), los alemanes empleaban comunicaciones radio en fonía sin codificar: en su concepción del combate, las acciones tácticas deberían ser tan rápidas que, incluso si el enemigo interceptaba las órdenes a estos niveles, no podría emplear esa información en tiempo útil.

Mientras que en la mayoría de los Ejércitos el personal de Transmisiones se componía de especialistas ‘técnicos’ con una formación táctica comparativamente menor, en la Wehrmacht se daba gran importancia a la formación táctica del ese personal. Puesto que la Wehrmacht esperaba combatir en un campo de batalla rápido y fluido, el intercambio de información entre los diferentes Cuarteles Generales tenía que ser lo más rápido posible. En consecuencia, al frente de los centros de comunicaciones de los Cuarteles Generales se encontraban oficiales capaces de analizar acertadamente la situación táctica, que priorizaban los mensajes a enviar de acuerdo con ella, evitando que informaciones de importancia menor o puramente rutinarias entorpeciesen el intercambio de información de importancia relevante para la operación en curso.

En conjunto, el sistema de mando y control de la Wehrmacht estaba enfocado a la rapidez en la toma de decisiones, en contraste con el sistema aliado que, en el marco de la ‘bataille conduite’ no consideraba que el tiempo fuese un factor fundamental.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.