Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: L’Armée de l’Air francés

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L’Armée de l’Air francés se había creado en 1934, tras la organización de un Ministerio del Aire en 1928. A diferencia del caso alemán, su creación se había debido al deseo de los aviadores franceses de dejar de ser un elemento muy secundario en el conjunto de las Fuerzas Armadas francesas, y ganar mayor relevancia. Obviamente, esto pasaba por avanzar por el camino del Poder Aéreo Estratégico.

Sin embargo, en 1939, las Fuerzas Aéreas francesas  se encontraban en una situación de indefinición doctrinal. Pese a que los aviadores franceses eran partidarios de las teorías del Poder Aéreo Estratégico, como sus homólogos de la RAF, estas teorías tenían un marcado componente ofensivo que se avenía muy mal con el espíritu pacifista de la sociedad francesa. El resultado era una mezcla en la que l’Armée de l’Air  era independiente del Ejército de Tierra, pero su misión era apoyarle. Sin embargo, lo que el Ejército francés necesitaba de su Aviación era, esencialmente, protección ante la Aviación enemiga y corrección del tiro de Artillería. Su interés en los bombarderos era muy limitado, y, en todo caso, cualquier acción de bombardeo tendría que estar integrada en sus detallados planes de fuego, lo que implicaba largos tiempos de planeamiento. Como consecuencia, el Ejército francés privilegió los aviones de caza y especializó unidades de 'reconocimiento' (en realidad, fundamentalmente de corrección de tiro artillero) para apoyar al Ejército. No obstante, los partidarios del 'Poder Aéreo Estratégico' consiguieron mantener una cierta capacidad de bombardeo, si bien los bombarderos disponibles eran muy anticuados de concepción y de prestaciones muy pobres (con la única excepción del Lioré et Olivier LeO 451).

La industria aeronáutica francesa estaba compuesta de una miríada de pequeñas empresas casi artesanales, con una capacidad de producción individual muy pequeña. Esto había llevado a un sistema de adquisiciones muy complejo, poniendo en servicio multitud de modelos diferentes (procedentes de cada una de esas pequeñas empresas) para las mismas misiones, como forma de conseguir el número suficiente de aviones para cada función. Por otra parte, la Guerra Civil Española había demostrado la enorme influencia de la Aviación en el combate terrestre, y, especialmente, la creciente capacidad de la Luftwaffe: si al inicio de la guerra los modelos de aviones alemanes eran más o menos similares a sus equivalentes franceses, hacia 1938 era evidente que la Luftwaffe tenía mejores aviones. Consecuentemente, el Ejército del Aire francés emprendió un acelerado programa de expansión y modernización que estaba fuera del alcance de su modesta industria (se encargaron más de 2.000 cazas, 2.000 bombarderos y 1.000 aviones de entrenamiento). Por ello, a partir de ese año, Francia inició la adquisición de un importante número de aviones de fabricación norteamericana. Así, en 1940, la Aviación francesa disponía de dieciocho tipos principales de aviones (seis cazas, siete bombarderos, dos aviones de ataque al suelo y tres de reconocimiento). Como comparación, la Luftwaffe tenía seis modelos principales (dos cazas, tres bombarderos y un avión de ataque al suelo). Este programa se aceleró en el periodo entre el inicio de la guerra y el comienzo de la ofensiva alemana, en mayo de 1940.

Esta dispersión de modelos hacía muy difícil el mantenimiento, por lo que la Aviación francesa tenía que apoyarse en los fabricantes para muchas tareas de mantenimiento cotidiano. Esta circunstancia limitaba mucho la operatividad de la Aviación francesa, que siempre tenía un elevado número de aviones averiados, pendientes de repuestos o de reglajes esenciales.

Adicionalmente, las prisas con las que se reequipo al Ejército del Aire francés se tradujeron en la adquisición de modelos ya existentes, listos para ser producidos, pero en muchos casos obsoletos, y de características inferiores a los modelos alemanes de su tiempo.

Las características de la industria francesa hacían que el montaje final de los aviones no se hiciese en las fábricas sino en los centros de mantenimiento del Ejército del Aire. En ellos, los aviones recibían elementos críticos como las radios, las ametralladoras o las miras de bombardeo… Todos estos equipos procedían de otras pequeñas fábricas, por lo que su producción también era lenta. Por ello, las cifras de aviones entregados difieren mucho de las cifras de aviones operativos: en plena ofensiva alemana, todavía había cientos de aviones - ya entregados oficialmente al Ejército del Aire - en los parques, esperando recibir esos equipos esenciales. Así, entre septiembre de 1939 y mayo de 1940, la Aviación francesa recibió 1500 cazas, pero sólo la mitad estaban operativos al inicio de la ofensiva alemana.

Una debilidad clave de la Aviación francesa era su sistema de comunicaciones: muchos aviones no tenían radio, y las bases se comunicaban entre sí por líneas telefónicas civiles o militares. Para enlazar con el Ejército de Tierra necesitaban que las unidades de transmisiones de las fuerzas terrestres tendieran líneas telefónicas específicas para ello. Sin embargo, para el Ejército de Tierra, el tendido de estas líneas no era prioritario, pues veían a su Ejército del Aire como un elemento meramente 'auxiliar'. Para ejecutar acciones que combinasen unidades aéreas situadas en bases diferentes (por ejemplo, unos cazas que debieran escoltar a unos bombarderos), era necesario acordar previamente un punto de encuentro fácilmente identificable desde el aire (una ciudad, un cruce de comunicaciones importante…) y una hora. Esto implicaba un cierto tiempo de planeamiento e impedía reaccionar ante imprevistos y era un sistema muy dependiente de la visibilidad y la meteorología.

El principal esfuerzo de la Aviación francesa descansaba sobre los aviones de caza, por motivos doctrinales, pero también económicos: un caza resultaba mucho más barato que un bombardero. Disponía también de Grupos de Reconocimiento, que operaban directamente subordinados al Ejército de Tierra, que los empleaba fundamentalmente como observadores de Artillería. Consecuentemente, donde no se preveía fuego artillero, las misiones de reconocimiento eran muy escasas.

El Grupo (Groupe) era la unidad orgánica de base, compuesto de dos Escuadrillas con doce aviones cada una, en el caso de los cazas, y nueve o diez en el caso de los bombarderos. Los Grupos de Reconocimiento a menudo tenían Escuadrillas de solo cuatro o seis aviones. Inicialmente se organizaron 'Escuadras' compuestas orgánicamente de dos o tres Grupos, pero posteriormente se disolvieron, prefiriendo organizar 'Agrupamientos' (Groupements) específicos para cada misión.

En septiembre de 1939, l’Armée de l’Air contaba con  71 Grupos de combate: 23 de caza, 33 de bombardeo (aunque con aviones muy anticuados de concepción y pobremente motorizados) y 15 Grupos de Reconocimiento. De ellos, 64 desplegaban en la Francia metropolitana: 20 de caza, 31 de bombardeo y 13 de reconocimiento. La mayoría de sus aeronaves (con la excepción del caza Dewoitine-520 y del bombardero ligero LeO-451) eran de características inferiores a las de sus equivalentes alemanes. Sus pilotos de caza eran extraordinariamente individualistas y reacios a cooperar entre sí (herencia del 'combate caballeresco' de la Primera Guerra Mundial), y la cooperación entre cazas y bombarderos era todavía una asignatura pendiente.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.