Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: El “corte de hoz” de Manstein (1)

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Finalmente, tras largos meses de preparación, el 10 de mayo de 1940, la Wehrmacht comenzó su esperada ofensiva sobre Francia. Este ataque se inició con un vigoroso ataque del Grupo de Ejércitos B sobre Bélgica y los Países Bajos, mientras que el Grupo de Ejércitos A ocupaba Luxemburgo… Aparentemente, los alemanes reeditaban el “Plan Schlieffen”, con la única diferencia de la ocupación de los Países Bajos (que no se realizó en 1914, pero que se contemplaba en la versión original del plan). Los acontecimientos parecían dar la razón al general Gamelin, que, consecuentemente, consideraba que había tomado el curso de acción adecuado para derrotar a los alemanes: el plan “Dyle-Breda” parecía completamente acertado. Así, la masa de maniobra aliada comenzó a entrar en suelo belga para ocupar las posiciones previstas.

De forma sorprendente, la Luftwaffe no intentó impedir ni retardar el avance aliado. El mando aliado suponía que el vigoroso apoyo aéreo que los alemanes estaban haciendo en el frente del Grupo de Ejércitos B estaría suponiendo un mayor esfuerzo para la Luftwaffe de lo esperado, o bien que sus estimaciones previas habían sobreestimado las capacidades de la Lufwaffe. En cualquier caso, era una ayuda inesperada, pero bienvenida.

El enérgico ataque del Grupo de Ejércitos B incluyó por primera vez en la Historia el empleo de paracaidistas en función de “abrelatas”. El empleo de fuerzas paracaidistas había sido muy discutido en el periodo de entreguerras, pero no se había practicado nunca. Los alemanes concluyeron acertadamente que las unidades paracaidistas carecían de la capacidad de transportar vehículos y armas y pesadas o gran cantidad de munición, por lo que su potencia de combate era reducida y de corta duración. Por ello, concentraron su empleo en la ocupación de puntos clave necesarios para el avance, pero escasamente defendidos, y situados lo suficientemente próximos a la línea del frente para posibilitar que las unidades terrestres llegasen hasta ellas antes de que el enemigo superase las débiles defensas que podían ofrecer los paracaidistas. De hecho, la única acción paracaidista realizada muy al interior del territorio aliado – el desembarco aéreo en el aeródromo de La Haya, intentando repetir el éxito alcanzado en Oslo unas semanas antes – se saldó casi con una catástrofe para los alemanes, ante el contraataque holandés, apoyado por carros… solo la rendición de los Países Bajos evitó la derrota de los paracaidistas alemanes.

El ataque alemán sobre Bélgica y los Países Bajos puso de relieve la falta de coordinación real entre las fuerzas belgas y holandesas y franceses y británicos: no había un mando único, ni un plan acordado, ni procedimientos de identificación… Todo tuvo que improvisarse bajo la presión del potente ataque alemán, con los lógicos malos resultados. El Grupo de Ejércitos B superó pronto a las fuerzas holandesas y belgas, apoyado por la acción de la Luftwaffe, y los Panzers de sus escasas - pero muy activas y agresivas - Divisiones Acorazadas, avanzando mucho más rápido de lo esperado hacia el interior del territorio belga, gracias en parte al pánico causado por el empleo de paracaidistas. Consecuentemente, el mando aliado tenía pocas dudas de que el ataque del Grupo de Ejércitos B constituía el esfuerzo principal del ataque alemán. Episodios como la toma del fuerte belga Eben Emael por fuerzas aerotransportadas ponían también de relieve la vulnerabilidad de las grandes obras de fortificación enterradas, como las que constituían la línea Maginot.

Además del empleo de paracaidistas, el aspecto más destacado - desde el punto de vista doctrinal - de las operaciones en el sector del Grupo de Ejércitos B alemán se reveló los días 12 y 13 de mayo en Hannut (Bélgica), acción que relataremos posteriormente.

El mismo 10 de mayo, en el sector del Grupo de Ejércitos A, los 41.140 vehículos del Panzegruppe Kleist comenzaron su aproximación hacia Sedán, empleando cuatro de las seis vías principales disponibles que atravesaban de Este a Oeste el macizo boscoso de las Ardenas. Al Norte, por las dos vías restantes, las dos Divisiones Panzer que constituían el XV Cuerpo de Ejército, asignado al 4º Ejército de Von Kluge, avanzaron en paralelo al Panzergruppe, pero sin depender orgánicamente de éste. Esto implicaba que cada una de las cuatro columnas del Panzergruppe ocupaba una longitud de unos 400 km de carretera (suponiendo que cada vehículo en marcha necesitase unos 40 m., cifra “conservadora”). Por imposición del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos A (y pese a las fuertes protestas de Von Kleist), el Panzergruppe se escalonaba en tres líneas: a vanguardia el XIX Cuerpo Acorazado de Guderian, seguido del XXXXI Cuerpo Acorazado de Reinhardt y al final el XIV Cuerpo Motorizado de Von Wietersheim. Este último comenzaba a avanzar a 330 km por detrás de las vanguardias de Guderian. Sin embargo, de acuerdo al plan, el XIX Cuerpo y el XXXXI debían atacar simultáneamente la línea del Mosa, lo que implicaba el redespliegue de ambos al llegar al río, en dirección transversal a su avance, a corta distancia del enemigo y en un terreno difícil y con escasas vías de comunicación laterales.

En cualquier caso, las Divisiones de Guderian iniciaron un vigoroso avance, con sus carros en vanguardia: la velocidad era vital para el éxito del ataque alemán. La resistencia del “Groupe K” belga fue muy escasa: los belgas planearon la ejecución de su maniobra de retardo centrada en la dirección general Sur-Norte (es decir, intentando retardar un avance alemán hacia el Sur de Bélgica, que no se produjo), perpendicular a la dirección real del avance alemán, Este-Oeste. Como era previsible para todos (excepto aparentemente para los Ingenieros belgas), las destrucciones realizadas y los obstáculos emplazados apenas supusieron un leve retraso a las columnas alemanas, al no estar cubiertos por el fuego, ni estar orientados en la dirección real del avance alemán. Los chasseurs ardennais belgas tampoco aprovecharon el difícil terreno para defender las escasas carreteras e impedir o retardar el paso de los alemanes. Solo en el pequeño pueblo de Bodange – y por un fallo de comunicaciones que impidió a los belgas recibir la orden de retirada – una Compañía de chasseurs ardennais detuvo a la 1ª División Panzer durante seis horas, un ejemplo de lo que podía haber ocurrido si los aliados hubieran defendido más enérgicamente las Ardenas...

Pese a la escasa resistencia aliada, el plan de circulación del Grupo de Ejércitos A colapsó casi desde el inicio del ataque: las diferentes Divisiones no respetaron las rutas ni los horarios previstos (las Divisiones de Infantería, espoleadas por los jefes de sus Ejércitos, se “colaron” en las rutas reservadas al Panzergruppe, creando un enorme caos en el que se mezclaban unidades del Panzergruppe con elementos de las Divisiones de Infantería), y las propias rutas se revelaron incapaces de absorber la cantidad de vehículos que intentaban circular por ellas… Este fue el mayor atasco de tráfico conocido en Europa hasta ese momento.

Solo en el primer escalón, el XIX Cuerpo Acorazado de Guderian escapaba al caos del tráfico, con la 1ª División Panzer, destinada a cruzar en Sedán, en el centro, avanzando ligeramente adelantada sobre el resto del Cuerpo de Ejército.

Una consecuencia indeseada de este caos fue que los jefes de las unidades del Panzergruppe llegaron a la conclusión – no sin cierta razón – que el principal obstáculo a su avance era mucho más la jefatura del Grupo de Ejércitos A y las de los Ejércitos de Infantería que lo formaban que las débiles defensas belgas y francesas. La consecuencia fue una pérdida de confianza en la cadena de mando, que explica en parte la “flexibilidad” con la que las Divisiones Panzer interpretaron las órdenes durante el resto de la campaña de Francia.

Por su parte, al conocer el inicio de la ofensiva alemana en Bélgica, los franceses, que todavía ignoraban la presencia del Panzergruppe Kleist, avanzaron unidades de Caballería encargadas de ejecutar una operación de retardo contra un posible ataque alemán (esta vez en la dirección correcta, Este-Oeste). Los franceses consideraban que cualquier actividad alemana en el sector de las Ardenas sería un esfuerzo secundario, destinado a distraer tropas aliadas del frente defensivo del Este de Bélgica. Sin embargo, el movimiento de retardo belga – hacia el Norte – y el francés – hacia el Oeste – no estaban coordinados, por lo que el efecto real de la retirada planeada de franceses y belgas en direcciones divergentes fue el de abrir un hueco en las defensas aliadas: cuanto más retrocedían los franceses hacia el Oeste y los belgas hacia el Norte, mayor era el hueco descubierto que dejaban a los alemanes, y precisamente en la dirección de Sedán. Tanto franceses como belgas, que ignoraban las acciones de su respectivo aliado, confiaban en que la responsabilidad de cubrir ese hueco era del otro, y no suya, por lo que no se preocuparon de él.

Esto favorecía el avance del centro del Cuerpo de Ejército Acorazado de Guderian, que, pese a las condiciones de la carretera, pudo mantener su ritmo de movimiento… A esto contribuyó la resolutiva actitud ofensiva de todos los elementos del Panzergruppe: la experiencia de sus tropas – veteranos de la campaña de Polonia – les dotaba de una actitud ofensiva que les permitía imponerse a los todavía bisoños reclutas franceses y belgas, incluso en inferioridad numérica y en operaciones improvisadas. Adicionalmente, los alemanes comenzaron a emplear una táctica luego habitual en las formaciones acorazadas: ante una resistencia más o menos decidida, si existía la posibilidad de rebasarla sin combatir, los carros se despreocupaban de ella y continuaban su avance. Su autonomía logística les permitía ignorar estas resistencias y dejar la tarea de reducirlas a la Infantería que avanzaba detrás. Esta forma de actuar resultaba absolutamente novedosa en 1940, y en muchas ocasiones llevó al pánico a los defensores, que temían que los carros que penetraban en su retaguardia los dejasen a ellos aislados, dependientes como lo eran del abastecimiento que llegaba desde retaguardia por las mismas vías de comunicación que empleaban los carros alemanes para su avance. El pánico de los defensores llevó a la descomposición de las cadenas de mando y al colapso de las defensas (caso de la 5ª División Ligera de Caballería francesa en Neufchâteau).

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.