Evolución de la doctrina militar durante el periodo de entreguerras: Conclusiones (II)

Versión para impresiónVersión para impresión

Por su parte, los británicos experimentan de forma continua con los carros y los vehículos motorizados. Fueron los primeros en crear el Arma Acorazada (el Royal Tank Corps nació como una escisión del Cuerpo de Ametralladoras en 1917) como elemento independiente de la Infantería o de la Caballería. La adición de vehículos blindados sobre ruedas hizo variar su denominación oficial a la de Royal Armoured Corps en 1939. Impulsados por Fuller, una parte importante del Ejército británico consideraba que los carros de combate debían ser el ‘Arma principal del combate’, dejando a la Infantería misiones secundarias de ocupación de posiciones defensivas o de policía militar. Consideraban necesario disponer de Infantería sobre vehículos para consolidar las brechas abiertas por los carros en el frente enemigo, pero el papel principal era indiscutiblemente para los carros.

Esta aproximación al combate hizo que, durante el periodo de entreguerras, las tácticas de la Infantería británica evolucionasen muy poco sobre lo desarrollado en la Gran Guerra. No obstante, las carencias de adiestramiento detectadas en ese conflicto llevaron a los británicos a una tendencia hacia la sistematización de procedimientos, desarrollando tácticas de ataque y defensa muy detalladas a nivel pequeña unidad (Sección y Compañía).

Por su parte, los soviéticos avanzaron mucho en su concepción de la guerra de movimiento (la ‘batalla en profundidad’ de la PU-36) mientras esta doctrina tuvo el favor de Stalin, hasta el punto de que, hasta la caída en desgracia de Tukhaschevski en 1937, el Ejército Rojo era muy probablemente el mejor armado y mejor equipado para ese tipo de combate. Sin embargo, cuando Tukhaschevski perdió el favor de Stalin, el Ejército Rojo entró en una profunda crisis doctrinal y organizativa, que se extendió hasta la invasión alemana de 1941. No obstante, los estudios y el adiestramiento realizado para ejecutar las ideas doctrinales contenidas en la PU-36 permitieron al Ejército Rojo disponer de una eficaz doctrina acorazada que pudo poner en práctica de forma inmediata para repeler la invasión alemana.

Durante el periodo de entreguerras, la doctrina de la Caballería cambia notablemente, así como sus medios. En Alemania, el énfasis en la movilidad de su doctrina hace que, inicialmente, se dé a la Caballería un papel fundamental, centrado en la explotación de las rupturas del frente. Las limitaciones técnicas de los carros de combate y la propia tradición y experiencia del Arma de Caballería alemana hicieron que, hasta mediados de los años 30, no se considerasen los carros como un sustituto de la Caballería a lomo, sino, a imagen de los franceses, como un elemento de apoyo a la Infantería para alcanzar una ruptura. Además de ello, la experiencia del combate en el frente oriental ponía de manifiesto que la motorización implicaba una mayor dependencia de la existencia de carreteras, exigencia mucho menor para el transporte a lomo. En gran parte esta consideración justificaba la resistencia de la Caballería alemana a abandonar sus monturas. Sin embargo, la mejora técnica de los vehículos a motor en general fue eliminando los inconvenientes de los carros de combate derivados de la poca fiabilidad de los motores. Al mismo tiempo, el énfasis general de la Reichswehr en evitar los frentes estáticos reducía la necesidad de la Infantería de romper frentes fuertemente organizados, disminuyendo la necesidad de apoyar esa ruptura con carros de combate. No obstante, la Caballería alemana se resistió a abandonar el caballo, lo que obligó a los defensores del carro de combate a crear, a imagen de los británicos, el Arma Acorazada (Schnelle Truppen) en lugar de limitarse a reformar la Caballería. Sin embargo, el Arma Acorazada alemana ‘hereda’ de su Caballería algunas de sus tácticas tradicionales, como la de simular una retirada cuando se enfrentan a fuerzas superiores, para atraer al enemigo a una línea defensiva constituida a retaguardia: si la Caballería a lomo atraía a sus enemigos a una trampa basada en las ametralladoras, los carros alemanes harán lo propio, pero basando su trampa en defensas dotadas con potentes medios contracarro.

Por su parte, los británicos sí relevan los caballos por vehículos acorazados, pero, como se ha comentado, las ideas sobre el empleo de los carros hace que al Royal Armoured Corps, heredero de la Caballería, se le encomienden misiones muy diversas, que incluían las tradicionales de ese Arma, junto con la de apoyar las rupturas de la Infantería (misión absolutamente ajena a la tradición de la Caballería). Esta falta de claridad de ideas se tradujo en organizaciones poco flexibles y en modelos de carros poco eficaces.

En el Ejército francés la Caballería siguió siendo un Arma muy móvil, que, paradójicamente, tenía como principal misión reducir la movilidad en el campo de batalla, creando un ‘frente’ provisional hasta el despliegue de las más lentas Divisiones de Infantería. Las unidades de mayor entidad de la Caballería eran las descritas DLMs, que amalgamaban medios a lomo, sobre ruedas y sobre cadenas. Las diferencias de movilidad de estos elementos eran tan grandes que comprometían la eficacia en combate de estas Divisiones, que, ni siquiera en ejercicios de tiempo de paz, conseguían llegar reunidas al campo de batalla previsto. Como consecuencia de la doctrina francesa descrita, una vez constituido el frente, las unidades de Caballería pasaban a ser reservas destinadas a contrarrestar pequeñas rupturas en el frente aliado. Como consecuencia de este empleo previsto, las misiones de reconocimiento y seguridad recibieron poca atención.

En la Unión Soviética, la Caballería había sido el ‘Arma principal’ durante la Guerra Civil: los grandes espacios reducían la eficacia de la Infantería a pie, al tiempo que la ausencia de una red de comunicaciones tan densa como la de la Europa occidental limitaba la movilidad sobre vehículos. Sin embargo, los programas de modernización que emprendió Stalin iban enfocados a motorizar el Ejército Rojo, sustituyendo la Caballería a lomo por unidades dotadas de carros de combate. Las Divisiones Acorazadas soviéticas fueron, probablemente, las más directas herederas de su Caballería de los Ejércitos en conflicto.

La Artillería evolucionó muy poco en los Ejércitos franceses y británicos, pero siguió manteniendo siempre un nivel excelente. En el campo alemán, el abandono de las ofensivas metódicas y la concepción interarmas de su doctrina llevó a un empleo diferente de la Artillería, mejor integrada con las unidades de maniobra y menos dependientes de los fuegos en masa. En esta forma de actuar, la Artillería alemana necesitaba menos munición (al evitar las ‘barreras móviles’ o las largas preparaciones), pero precisaba buenos observatorios y comunicaciones fiables con las unidades a las que apoyaba. Por ello, las operaciones alemanas buscaban siempre disponer de observatorios para la Artillería. En el campo del enlace, el empleo intensivo de la radio permitió la integración de los apoyos de fuegos en la maniobra.

El mayor avance en Artillería se produjo como se ha citado en Estados Unidos, pero pasó inadvertido en Europa, fundamentalmente por la escasa valoración que se hacía en el continente de las capacidades militares de los norteamericanos, a los que se consideraba poco competentes.

Por su parte, la Artillería soviética estaba muy limitada por la escasez de personal adiestrado y por la carencia de mapas topográficos fiables, por lo que, en gran medida, confiaba todavía en el fuego directo, especialmente en situaciones móviles. Sin embargo, la potente industria soviética le permitía disfrutar de abundantes piezas de características avanzadas.

Las transmisiones experimentaron un enorme avance, con la progresiva extensión de los enlaces radio. En ello, los pioneros fueron los alemanes, mientras que los franceses siguieron confiando esencialmente en tendidos telefónicos, mejor adaptados a su concepto de operaciones. Las radios francesas empleaban en general el código Morse, y el temor a que las comunicaciones fuesen interceptadas les llevó a emplear complejos códigos de encriptación que llevaban largo tiempo, y que las hacían poco útiles para la transmisión de mensajes urgentes (que eran frecuentes en cualquier operación móvil). Los británicos comenzaron a introducir radios móviles en pequeño número, pero en 1939 todavía confiaban en el teléfono como principal elemento de comunicaciones. Los soviéticos disponían de muy pocos equipos de radio, y su industria estaba particularmente atrasada en el campo de electrónica, por lo que sus posibilidades de desplegar un número suficiente de equipos radio eran escasas.

En conjunto, en 1939 se habían experimentado importantes avances en la doctrina de guerra móvil y en los medios técnicos que permitían ponerla en práctica (carros, vehículos, radio y Aviación), pero no existía una experiencia sólida que permitiese afirmar categóricamente que el enfoque doctrinal alemán (y soviético) de ‘guerra de movimiento’ (que tampoco estaban unánimemente aceptados en sus Ejércitos; en el Ejército Rojo estaba incluso ‘proscrito’ desde la ejecución de Tukhaschevski) fuese mejor que el de la ‘batalla metódica’ que todavía dominaba el pensamiento militar aliado.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.