Evolución de la doctrina francesa en el periodo de entreguerras (II)

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La Infantería francesa fue ampliamente dotada de armas automáticas, articulándose en Pelotones a dos Escuadras, una de ametralladora ligera y otra de fusiles. Tres de estos Pelotones constituían una Sección. Los Pelotones no estaban concebidos para actuar separados, y tanto en defensiva como en ofensiva actuaban reunidos, siendo la Sección la menor unidad capaz de ejecutar una acción independiente. Cada Batallón tenía tres Compañías de fusiles a tres Secciones como la descrita y una Compañía de Ametralladoras, dotada en 1940 de entre 16 y 20 armas pesadas y un número limitado de morteros (de cuatro a seis).

Esta Infantería desplegaría con sus Pelotones reunidos, pero separados entre sí, lo mismo que sus Secciones, que sus Compañías… El mantener los Pelotones reunidos mitigaría los comentados problemas del orden abierto, mientras que el separarlos entre sí reduciría su vulnerabilidad. Los carros, regularmente espaciados entre los Pelotones, acompañarían y protegerían a la Infantería, proporcionándoles la potencia de fuego necesaria para destruir los focos de resistencia que hubieran sobrevivido al bombardeo artillero. La Infantería francesa avanzaría en formaciones regulares como la descrita, siguiendo el ritmo marcado por su Artillería con la esperanza de que, ahora sí, la Artillería fuese capaz de silenciar a los defensores… Así, la proporción entre Grupos de Artillería y Batallones de Infantería fue creciendo con cada reorganización. Como ejemplo, en 1932, una División ‘normal’ de Infantería encuadraba seis Batallones de Infantería y cinco Grupos de Artillería.

En cuanto al empleo de los carros de combate, en Francia también hubo pioneros que abogaban por un empleo de los carros de combate similar al descrito por Fuller o, posteriormente, Guderian. El pionero de los carros de combate franceses, el Coronel Jean-Baptiste d’Estienne, predecía ya en 1919 que una fuerza de 4.000 carros de combate y 12.000 vehículos de motor sería capaz de romper el frente enemigo, en una maniobra que describía así:

‘Los carros de ruptura avanzan. La infantería acorazada y la artillería de acompañamiento les siguen... Las líneas enemigas de vanguardia son rotas enseguida y, ¡ahí está!, la rápida explotación de los carros da un paso adelante, como antes lo hiciera la caballería, para obtener la victoria.’

Es interesante subrayar que el Coronel d’Estienne (artillero) veía a los carros desempeñando las funciones tradicionales de la Caballería. Una postura similar a la suya la defendió Charles de Gaulle, en su libro Vers l’armée de métier (libro que resultó muy polémico en Francia; sin embargo, sus ideas sobre el uso de los carros se vieron eclipsadas por su propuesta de crear un Ejército profesional, aboliendo el ‘Ejército Nacional’ compuesto de ‘soldados-ciudadanos’, que era uno de los elementos esenciales del ideario republicano. La polémica sobre el libro de De Gaulle se centró por ello en la profesionalización del Ejército, mientras que se prestó muy poca atención a las ideas doctrinales expuestas), pero sus posturas apenas tuvieron influencia, por diversos motivos: por un lado, el Estado Mayor francés consideraba que las tácticas empleadas en la parte final de la Gran Guerra eran el modelo a seguir, dado su éxito, y por otro, las nuevas ideas de empleo de los carros de combate obligaban al desarrollo de nuevos ingenios y a deshacerse del enorme parque de medios acorazados construido durante la PGM. En el contexto de las necesidades económicas de reconstrucción del país, y esperando un largo periodo de paz, ese gasto era difícilmente justificable.

En efecto, el final de la Gran Guerra dejó a Francia con un parque de más de 3.000 carros Renault FT-17 y varios cientos de los menos avanzados Schneider y Saint-Chamond. Si bien los Schneider y los Saint-Chamond (claramente inadecuados) fueron dados de baja rápidamente, el buen comportamiento de los Renault en Marruecos en los años 20 y su abundancia hizo que Francia conservase los Renault muchos años después del final de la guerra. El Renault FT-17 tenía una velocidad de 7 km/h y una autonomía de 35 km. Esto lo hacía absolutamente inadecuado para el rápido avance que los franceses preveían para su Caballería, pero muy apto como elemento auxiliar de la Infantería. En consecuencia, después de la guerra se asignaron los Renault FT-17 al Arma de Infantería, devolviendo a sus unidades de origen al personal de Caballería y de Artillería que los había operado durante la guerra y sustituyéndolo por personal de Infantería sin más experiencia que el combate a pie. Como consecuencia, en Francia (y en los países de influencia doctrinal francesa, como Italia, Estados Unidos o España) no existió la presión que hubo en otros Ejércitos para buscar un papel distinto a los carros que el de meros auxiliares de la Infantería.

Sólo a finales de los años 20, los franceses se plantearon tímidos movimientos de ‘carros de maniobran coordinada’ (chars de manœuvre ensemble), que actuarían también en apoyo de la Infantería, pero que podrían actuar como descubierta, cubrir flancos o realizar una explotación del éxito. Estos carros actuarían por batallones subordinados a una División de Infantería o a un Cuerpo de Ejército, es decir, sólo a nivel táctico. En ningún caso se preveía un uso independiente del carro de combate o una explotación de nivel operacional con esos medios.

Las características técnicas de los carros de combate franceses reflejaban el empleo táctico previsto: los carros franceses eran lentos (no se necesita velocidad para acompañar a un infante a pie, tras un barrera artillera que se mueve a 2 o 3 km/h), su autonomía era reducida (pues su límite de movimiento lo marcaba el alcance de la Artillería de apoyo) y, puesto que no se esperaba que actuasen como unidades coordinadas, los medios de mando y control de que disponían eran muy rudimentarios (banderolas de señales, fundamentalmente), pues su coordinación se limitaba a mantener intervalos y distancias regulares en un lento avance en paralelo. Por ello se optó por las torres monoplaza, más pequeñas y ligeras que las torres biplaza de los Panzer alemanes, mecánicamente más sencillas de girar gracias a su menor peso y más económicas de producir. El principal inconveniente es que el Jefe de Carro era además el artillero. Si además mandaba una Unidad de Carros, debía encargarse personalmente del manejo de las banderolas de señales… Esta concentración de tareas saturaba a los Jefes de Carro y hacía prácticamente imposible la actuación coordinada de una Unidad de Carros en algo más complejo que el avance paralelo que se esperaba de ellas.

Carros franceses FT-7 operados por los norteamericanos en el Argonne, en 1918. El FT-7 fue el carro producido en mayor número y constituyó la base de los medios acorazados franceses hasta los años 30

En consecuencia, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, para los franceses, el carro de combate es principalmente un elemento auxiliar de la Infantería, y, por ello, está tan subordinado a las posibilidades de la Artillería como la propia Infantería a la que auxilia. La única excepción es la creación de las mencionadas Divisiones Acorazadas de Reserva, cuya doctrina de empleo no llegó a desarrollarse realmente antes de la derrota de 1940.

De hecho, las tácticas francesas de Infantería ligera en el periodo de entreguerras son apenas diferentes de las experimentadas en los años finales de la Primera Guerra Mundial, y estrenadas en Malmaison o en Montdidier en 1918, con una ofensiva centrada en el apoyo de la Artillería y en la progresión tras ‘barreras’ de fuegos, con carros avanzando junto a la Infantería y en apoyo de ésta, y una defensiva orientada exclusivamente a la conservación del terreno mediante el fuego. La Infantería francesa está en la práctica subordinada a las posibilidades de empleo de la Artillería y, en cierta medida, de sus carros de apoyo, lo que suscitó no pocas críticas internas y externas acerca de la ‘perniciosa tendencia francesa’ a confiar más en la técnica que en el coraje de sus hombres.

Por su parte, la motorización de la Caballería francesa se hizo formando Divisiones mixtas compuestas tanto de vehículos de motor (en general, autoametralladoras, camiones y motocicletas) junto con Regimientos de Caballería a lomo, creando unidades en las que se combinaban elementos de diferente movilidad, lo que hacía muy complejo su empleo simultáneo. La casi inevitable separación de estos elementos dotados de medios con diferentes velocidades, junto con los rudimentarios medios de mando y control disponibles hacía que la coordinación interna de estas unidades fuese imposible a las pocas horas de combate. Pese a ello, fueron imitadas en muchos países, aunque su empleo en combate al inicio de la Segunda Guerra Mundial demostró la escasa utilidad práctica del concepto.

Carro francés SOMUA S-35. La pertenencia oficial de todos los carros a la Infantería obligó a la Caballería francesa a denominarlo Auto-Mitrailleuse de Combat (AMC). El SOMUA era el mejor carro francés de 1940, pero su torre monoplaza constituía un importante inconveniente

A mediados de los años treinta, el concepto inicial evolucionó hacia un tipo de División denominado Division Légère Mecánique, compuesta esencialmente de tres o cuatro Batallones de fusileros sobre vehículos a motor, un Batallón de carros (tipo SOMUA S-35, con una velocidad de 40 kph) y un Batallón de autoametralladoras a motor. Su Artillería era similar a las de las Divisiones de Infantería ordinarias. Puesto que, reglamentariamente, todos los carros de combate debían pertenecer a la Infantería, el SOMUA S-35 se denominó oficialmente Auto-Mitrailleuse de Combat (‘autoametralladora de combate’).

La proporción de estos ingenios fue aumentando continuamente: en 1935 la Division Légère Mecánique tenía un carro por cada dos transportes de fusileros, mientras que en 1939 tenía cuatro carros por cada tres transportes. Aunque estas Divisiones parecían copias más potentes de las Divisiones Panzer alemanas, su doctrina de empleo era errónea: para los franceses, en ofensiva la Division Légère Mecánique era poco más que una cortina de posiciones de bloqueo de despliegue rápido, y sus carros apenas un medio de proporcionar un refuerzo de fuegos a estos puestos avanzados, mientras que en defensiva se pensaban emplear de igual forma que las Divisiones Acorazadas de Reserva, para ejecutar contraataques locales sobre las fuerzas que pudiesen romper el frente. Como en el caso de las DCR, no se llegó a desarrollar una doctrina detallada sobre la forma de ejecutar esos contraataques.

Carlos Javier Frías es Teniente Coronel del Ejército de Tierra español, destinado actualmente en Cuartel General del Ejército de Tierra.