España ante la reconfiguración del espacio Magreb-Sahel tras las revoluciones árabes: una ventana de oportunidad para el giro al sur

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Análisis GESI, 17/2018

Resumen: La influencia decisiva que ejercen los procesos globalizadores en las Relaciones Internacionales imprime a éstas en la actualidad una volatilidad desconocida en el siglo XX. La acelerada redistribución del poder en el Sistema Internacional tiende a conformar una nueva estructura que, suponemos, penalizará a los estados más débiles o menos dinámicos.

En este contexto, el espacio de Seguridad próximo de España se amplía hasta el Sahel, región que se ha revalorizado geoestratégicamente tras las Revoluciones Árabes. Los principales intereses nacionales de Seguridad de nuestro país se concentran en los espacios Magreb-Sahel, que contemplaremos como una única unidad de estudio. La reorganización sociopolítica, económica y geoestratégica por la que atraviesan dichos espacios, ofrece a España una ventana de oportunidad para posicionarse como un actor relevante en la Región en el futuro próximo. Sin embargo, factores estructurales relacionados con la débil cultura estratégica de sus decisores políticos y el desinterés general de la sociedad por la Política Exterior y de Defensa, comprometen esa posibilidad.

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Los efectos de las Revoluciones Árabes en el Sistema Internacional son todavía un capítulo incompleto. Uno de esos efectos es el proceso actual de reconfiguración geopolítica y geoestratégica de los espacios del Magreb y el Sahel, cuyos espacios sociopolíticos se tratarán como una única unidad de análisis. A pesar de que nuestro país manifiesta una vocación de actor internacional relevante; mantiene un perfil bajo tras las Organizaciones Internacionales a las que pertenece, e incluso de otros países, como Francia. Asimismo, la región de estudio puede ser el escenario donde redespliegue DAESH[1], o una mutación de este, tras su eventual derrota en Siria e Iraq. Estos aspectos afectan directamente a España y a sus intereses de Seguridad, por lo que consideramos relevante el objeto de estudio de este análisis.

Nos formulamos nuestra pregunta de investigación de la siguiente forma: ¿se encuentra España en condiciones de impulsar la reconfiguración del espacio Magreb-Sahel tras las Revoluciones Árabes desde una posición de liderazgo? Opinamos que la pregunta es adecuada por ser evocativa, ya que pretendemos aplicar al caso español un enfoque amplio de una vieja cuestión; el poder en las relaciones internacionales. Aspecto que en España se tiende a desvirtuar por un enfoque ideológico en lugar de estratégico. Es relevante; porque creemos que la cuestión adquirirá gran importancia en el corto plazo. También es clara, por ser conceptualmente simple, y finalmente; es investigable (Abreu y Parra González, 2012, 169-171).

Trataremos de responder a la pregunta anterior mediante la siguiente hipótesis: la débil cultura estratégica de España induce en sus líderes políticos un bajo nivel de ambición internacional, lo que limitará las posibilidades de España como actor relevante en el Magreb-Sahel tras las Revoluciones Árabes. Los objetivos de nuestra investigación serán; conocer y comprender las causas por las que España presenta una débil cultura estratégica y analizar los principales factores por los que se debería revisar al alza su nivel de ambición internacional. El marco de referencia será el de la actual conflictividad característica de la Posguerra Fría de tipo sociointernacional, dinamizada por los complejos procesos globales.  

Nos moveremos en el terreno de las relaciones internacionales, en las que dominado el paradigma realista desde el final de la SGM (Segunda Guerra Mundial). Pero consideraremos elementos del neoliberalismo; como la dispersión actual del poder internacional, la revalorización de las Naciones Unidas y el internacionalismo; incluidos en el discurso de Seguridad. No obstante, consideramos que el Estado sigue siendo el principal actor internacional que tiende a maximizar su poder actuando de forma racional. Esto nos conduce a enmarcar conceptualmente nuestra investigación en el diálogo que, desde los años 90 del siglo pasado, mantienen ambas escuelas de las relaciones internacionales (Salomón, 2002, 11-21) [2].

Este trabajo consiste en un estudio de caso de carácter cualitativo, que se apoyará en fuentes primarias y secundarias. Para las primeras, recurriremos a documentos normativos de los diferentes ejecutivos y organismos estatales. Para las segundas; nos apoyaremos en documentos historiográficos y en análisis de autores y centros de investigación especializados, nacionales y extranjeros. Consideramos que las fuentes oficiales garantizarán una mayor exactitud de la información, aunque asumiremos el riesgo de no controlar el sesgo de los datos si su interpretación no se ajusta con precisión a nuestro objeto de estudio. Para minimizar dicho riesgo, recurriremos al análisis comparado (King, Keohane y Verba, 2012, 203) de fuentes primarias producidas por gobiernos de distinto signo político. Esperamos confirmar que el bajo nivel de ambición internacional no es función del color político del gobierno en el poder.

Los conjuntos de datos se tratarán de forma tanto cualitativa como cuantitativa, aunque nuestra investigación será no experimental, por lo que nos preocupa especialmente que puedan aparecer factores perturbadores, como la endogeneidad. En este caso, al intercambiar la relación entre las variable explicativa (causa) y dependiente (efecto), podríamos obtener conclusiones imperfectas por la omisión de variables desconocidas (King, Keohane y Verba, 2012, 197). A pesar de ello, consideramos que nuestras conclusiones aún serían válidas y, además, podrían abrir nuevas líneas de investigación.

Tras la presente introducción metodológica, hemos estructurado este trabajo en cuatro apartados seguidos de nuestras conclusiones. Finalizaremos con las referencias bibliográficas y anexo. En el primer epígrafe analizaremos el concepto de percepciones como componentes de las Relaciones Internacionales, pero que influyen poderosamente en la cultura estratégica de los países. En este contexto, profundizaremos en las relaciones entre las FAS (Fuerzas Armadas) y la sociedad española. En el segundo estudiaremos el concepto de interés nacional; al que nos aproximaremos a través del análisis comparado de los principales documentos estratégicos españoles recientes más significativos. En el tercer apartado, que deberá abordarse como desarrollo del anterior, expondremos como los intereses nacionales españoles se orientan al Sur. Destacaremos la centralidad del factor energético mediante la interpretación de datos cualitativos y estadísticos. El cuarto y último epígrafe examinará nuestra relación bilateral con Marruecos, que trasciende lo económico y resulta fundamental para el sistema de seguridad español[3]. Con ello confiamos cerrar nuestra línea argumental para terminar con las conclusiones finales.

Este ánálisis refleja, de una forma u otra, los conocimientos adquiridos a lo largo del máster; lo que debemos agradecer a todos sus profesores, así como al resto de miembros del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado. Destacaremos a los titulares de los módulos Seguridad y Defensa en España y Seguridad en el Mediterráneo, especialmente a nuestro tutor; el profesor D. Carlos Echeverría Jesús. A todos ellos se deberán los aciertos que pueda contener este documento. Los errores, en cambio, serán de nuestra exclusiva responsabilidad. También queremos expresar nuestro reconocimiento a todos los servidores del estado que dedican sus esfuerzos a conseguir que España sea un país mejor y más seguro. Desde el ámbito académico y la diplomacia, hasta las unidades de las FAS (Fuerzas Armadas) que se adiestran para el combate, desempeñan una labor esencial que no es suficientemente conocida, ni reconocida, por la sociedad a la que sirven.

 

1. LAS PERCEPCIONES Y LA CULTURA ESTRATEGICA EN ESPAÑA; FACTORES DECISIVOS EN SUS RELACIONES INTERNACIONALES.

Las principales escuelas en la disciplina de las Relaciones Internacionales han sido el realismo y el liberalismo. La primera predominó después de la SGM, y de forma sintética considera que las relaciones entre estados se basan en el poder. El liberalismo, por el contrario, las confía al Derecho Internacional. No obstante, podemos asumir que las Relaciones Internacionales, en la práctica, se conforman en base a tres elementos: el poder, los acuerdos internacionales y las percepciones. Estas últimas, a pesar de su carácter subjetivo, pueden llegar a ser determinantes en un momento dado

 

1.1. La influencia de las percepciones en la Cultura Estratégica española

Una aproximación al concepto, forzosamente simplificado, de percepciones nos presentaría éstas como; aquellas ideas dominantes en una sociedad en un momento dado. Su importancia se debe a que pueden llegar a determinar el papel que su país debe representar en el mundo, así como en su relación con otros (Zaldívar, 2003, 2 y 3). Como constructo social elaborado sobre vivencias históricas, sociopolíticas y culturales; se instalan en la arquitectura social gracias a dos actores fundamentales: las élites políticas y los medios de comunicación. Estos últimos dan forma y permanencia a las percepciones al actuar como correas de transmisión de los tópicos y estereotipos que prevalecen sobre la propia sociedad y las demás. Las percepciones son resistentes a los cambios, y a menudo prevalecen sobre la lógica de los intereses nacionales (Zaldívar, 2003, 3).

Desde el punto de vista de la Seguridad, las percepciones influyen en la correcta identificación de los intereses nacionales y en la forma en que una sociedad está dispuesta a defenderlos. Desde una perspectiva espacial amplia; como actor racional del Sistema Internacional, España debería caracterizarse por una vocación marítima y atlántica. Pero a su vez, una aproximación regional pondrá en valor la importancia de los espacios meridionales y mediterráneos. El primer punto de vista lo relacionamos con el control de los espacios marítimos y sus vías de comunicación, y el segundo; con las subregiones del MEDOC, Magreb y Sahel, donde todo está interconectado en términos de seguridad.

La Cultura Estratégica es producto de un proceso histórico y explica el comportamiento de los países en sus relaciones internacionales, por eso; deben mucho a las percepciones. En ese proceso pueden aparecen puntos de inflexión, que llegan a condicionar de forma permanente el destino de un país. Según este criterio, España tendría que haber sido una potencia abierta al exterior y los espacios marítimos atlánticos, pero al implicarse en los intereses continentales de los Habsburgo durante los siglos XVI y XVII se condenó (Porteros, 2015). Posteriormente, las reformas territoriales y el cambio de rumbo de la política exterior borbónica no solventaron el problema trascendental de la unidad nacional, lo que dio paso al convulso siglo XIX y primera mitad del XX (Porteros, 2015). Por otra parte, la historia reciente de nuestro país se ha visto profundamente condicionada por las consecuencias de la Guerra Civil de 1936-39.

Durante el siglo XIX, las Guerras Carlistas amplificaron el problema territorial, se produce la fractura del Ejército y aparece el denominado problema militar español. Este, que fue en realidad generado por el poder político, se debió a la debilidad institucional de la monarquía (Isabelina), que fomentó el intervencionismo militar a través de la figura del Espadón (Puell, 2003, 84). Antonio Cánovas, figura clave de la Restauración, favoreció la función tutelar del Ejército respecto al Estado. De esa forma, en el último cuarto del siglo XIX aparece el fenómeno conocido como pretorianismo, y posteriormente el militarismo; que monopolizó la vida pública española hasta mediados del siglo XX (Puell, 2003, 108).

El deterioro de la Hacienda española obligó a Cánovas a imponer la doctrina del Recogimiento en materia de política exterior y así, el Régimen priorizó la amenaza interior sobre la amenazas (Tusell, 1998, 292 y 293). Tres decisiones Canovistas sobre política militar y de defensa son relevantes para nuestra hipótesis; la vinculación de la monarquía con los ejércitos, la definición de la misión encomendada a estos, ausente hasta 1878[4] en la legislación española y la falta de visión sobre el futuro papel de la Armada. 

El futuro de esta quedó sentenciado por cuatro decisiones erróneas; la elección del crucero en lugar del acorazado como unidad base de la flota, la suspensión de los programas navales de 1880 y 1884, el rechazo del proyecto del submarino de Isaac Peral y, posiblemente la que peores consecuencias acarreó; el destino de los fondos a la compra y construcción de nuevas unidades sin reservar créditos para repuestos y mantenimiento (Tusell, 1998, 311 y 312). El destino de España quedó unido al de su Armada, que perdió las flotas de ultramar frente a la moderna armada estadounidense en las batallas de Cavite y Santiago de Cuba[5]. El Desastre del 98 resultó ser un revulsivo para la sociedad española, cuando comprendió súbitamente que su país quedaba fuera del escenario internacional y se sumía en una aguda crisis económica, social e institucional.

Las consecuencias del Desastre de 1898 se trasladaron al frente doméstico cuando la sociedad, de forma injusta, culpó de aquél al Ejército. Este, abandonado por los responsables políticos, se acostumbró a vivir de espaldas a la sociedad hasta bien entrado el siglo XX. En un plano más profesional, sentó las bases de su futuro africanismo por el que los oficiales más vocacionales pretendieron recuperar en Africa el prestigio perdido en ultramar[6]  (Puell, 2003, 131 y 132). En el orden sociopolítico, el Desastre espoleó los nacionalismos periféricos que, junto al miedo que imponían el socialismo y el anarquismo, reavivaron el peligro interior y desviaron al Ejército hacia funciones impropias de seguridad interior. El perfil del militar profesional español de las décadas siguientes comenzó a conformarse en esta época.

Como explica Puell: "El contacto cotidiano con la tropa, extraída de las capas más desamparadas de la sociedad, le llevó a renegar del sistema socioeconómico que amparaba tales extremos de pobreza e ignorancia que su mentalidad empezó a teñirse de cierta dosis de anticapitalismo. … [P]uede llegarse a la conclusión de que en la ideología de aquellos hombres apuntaban ya muchos de los rasgos que años más tarde definirían al fascismo" (Puell, 2003, 137)

De forma paralela, agotada tras el caótico siglo XIX, la sociedad española comenzó a adoptar posiciones pacifistas, de las que aún no se ha desprendido. El desgastado Régimen de la Restauración se decidió entonces por una intervención limitada en África para compensar la pérdida de influencia internacional y dar salida a las tensiones internas. Los problemas estructurales del Régimen replicaron en la administración norteafricana y culminaron en el Desastre de Annual (1921)[7]. El Régimen quedó sentenciado, pero ni siquiera tras las conclusiones del famoso y exhaustivo informe del general Picasso, que ocupó más de dos mil páginas, se depuraron responsabilidades; que alcanzaban a los más altos cargos políticos y militares (Iglesias, 2012, 2-7). Se había dado otro paso decisivo en el camino hacia la Guerra Civil de 1936-1939, aunque entonces pocos lo percibirían.

España quedó al margen de las dos Guerras Mundiales del siglo XX, acontecimientos trascendentales del período, lo que libró al país de los estragos de la Guerra. Sin embargo, también quedó al margen de los procesos vitales de reconstrucción del Sistema Internacional tras la II GM (Segunda Guerra Mundial). A continuación, durante la Guerra Fría la sociedad española no se identificó con la Política de Bloques y empezó a alimentar sentimientos antiamericanos, generalizados tras la visita del Presidente Eisenhower a España en 1959 (Chislett, 2005). El agravio de la Guerra Hispanoamericana de 1898 y el Desastre posterior aún estaban presentes en la memoria colectiva, lo que se sumaba a las nuevas percepciones de la sociedad española. Ahora, también sentía que podía culpar a Estados Unidos de apoyar al Régimen franquista por intereses estratégicos, lo que perpetuó la Dictadura (Chislett, 2005). 

Desde el punto de vista sociológico se amplió la brecha entre los ciudadanos y sus FAS hasta el punto de que, aun en época reciente, amplios sectores de la sociedad española aseguraban tener una percepción sesgada de las FAS. De acuerdo con un estudio realizado en 2009 por el PRIF (Peace Research Institute of Frankfurt), hasta un 81% de los encuestados así lo reconocía en relación, por ejemplo; con la supuesta deficiente formación y cultura de los militares y a su ideología reaccionaria, fascista o preconstitucional. Sin embargo, los entrevistados también aseguraban que, en realidad, no conocían a sus militares (Caneiro y Arranz, 2009)

 

1.2. Cultura de Seguridad y Defensa en España. Desafección en tiempos de crisis

En los países occidentales, la profesionalización de la función militar ha provocado cierta desvinculación emocional del ciudadano con sus FAS. Por otra parte, en el escenario post 11-S, las grandes misiones de estabilización[8] han favorecido la sostenibilidad de los Ejércitos, pero tras los insatisfactorios resultados de éstas, los gobiernos se han replanteado el uso de la fuerza militar. Al tiempo, las sociedades occidentales se sienten menos inclinadas a apoyar intervenciones sin garantías de éxito y de una duración y coste indeterminados (Arteaga, 2013, 19). Estas consideraciones revisten si cabe un mayor calado en España, donde los recortes presupuestarios en el sector Defensa, generalizados en Occidente tras la crisis financiera de 2007, adquieren carácter estructural.

La desinversión en el sector en nuestro país es previa a la crisis, pues la dotación destinada a Defensa no ha hecho más que disminuir en la última década; desde los siete mil cuatrocientos millones de euros en 2006 a los cinco mil setecientos en 2015[9]. No obstante, la tendencia se remonta hasta los años noventa del siglo pasado. España se ha beneficiado notoriamente del respaldo de la OTAN en el ámbito de la seguridad compartida; gracias a lo cual, ha podido limitar su aportación al esfuerzo de la defensa común. Este comportamiento es producto de una débil cultura estratégica, por la que los sucesivos gobiernos han tratado de mantener un alto perfil internacional a bajo coste, sin saber comunicar de forma eficaz a sus ciudadanos la necesidad de la función pública Defensa (Arteaga, 2013, 26).

La falta de éxito en las misiones de estabilización en Asia, el giro estadounidense hacia Asia-Pacífico y las Revoluciones Árabes; han provocado un cambio en el centro de gravedad geoestratégico que deja a España más expuesta a las amenazas que provienen del Sur.  La inestabilidad meridional se añade a las tensiones en la periferia de la UE, cuestiones a las que la sociedad española no es ajena. Sin embargo, los estudios demuestran que aún persisten las viejas percepciones en forma de prejuicios y estereotipos, donde la ideología juega un papel importante. Según el análisis de Global Trends 2013[10], los españoles coincidían en que era necesario reducir el presupuesto de Defensa (56%), frente a los que opinaban que se debía incrementar el gasto social (57%) o el de ciencia y tecnología (76%)[11].

Como confirmación de las posturas anteriores; al ser interrogados sobre el espacio euroatlántico de seguridad, el mismo estudio mostraba que un 48 % de los españoles no creía que la OTAN fuese ya imprescindible[12]. Acerca de la conflictividad en la periferia, un 76% de la muestra se mostraba reacia a una intervención en Siria[13]; cuando un año antes, en 2012, el 71% aprobaba su uso para proteger a los civiles[14]. Por el contrario, los españoles no aprobaban que tropas españolas participasen en eventuales intervenciones militares. En 2012, por ejemplo, el 51% de los españoles era partidario de una intervención armada para derrocar el régimen sirio, pero solo la mitad de ellos aceptaría que tomasen parte tropas españolas (Barrantes, 2014).

La crisis política por la que atraviesa el país desde las elecciones de 2015 ha afectado al prestigio de las instituciones públicas, tengan o no relación con aquella. Así ha ocurrido, por ejemplo, con la Iglesia Católica y las FAS. Según los datos aportados por el BRIE (Barómetro del Real Instituto Elcano) 2016; las FAS son la única institución pública que consigue un aprobado, con 5,7 de nota media[15]. No obstante, la variable ideológica es determinante, ya que la izquierda suspende a las FAS con nota baja [16]  (BRIE, 2016, 9 y 10). Se observa un desinterés generalizado en las cuestiones sobre política, sobre todo en Política Internacional, que baja del 62 al 41 por ciento con respecto al año anterior. En este caso las variables son la edad y el nivel de estudios, puesto que solo se supera el 50 por ciento de interesados entre los mayores de 45 años y los universitarios (BRIE, 2016, 16 y 17).

Las encuestas sobre Defensa deben ser analizadas desde un punto de vista crítico y sospechar del habitual triunfalismo oficial. En nuestra opinión, los estudios aportan datos contradictorios; como puede ser la alta tasa de aprobación institucional de la FAS frente al bajo interés por la Política Internacional y Defensa. Esta dicotomía puede explicar la escasa percepción de la sociedad española sobre riesgos y amenazas (Barrantes, 2014). Como resultado, la opinión pública no es favorable al uso de la fuerza militar y, en consecuencia, los responsables políticos se muestran extraordinariamente prudentes a la hora de tomar decisiones que impliquen el despliegue de tropas.

 

1.2. 1. Posmodernidad, sociedad y Defensa

Las FAS españolas han sido la institución del estado que, probablemente, han acusado mayores transformaciones desde la Transición Democrática en 1975. Una figura esencial en ese proceso fue sin duda el general Gutiérrez Mellado, al que Adolfo Suarez nombró Vicepresidente para Asuntos de la Defensa en septiembre de 1976[17]; puesto desde el que impulsará su misión reformadora (Ortega, 2008, 46 y 47). El General impartió una conferencia en el CESEDEN en 1974[18] en la que destacó problemas que atravesaban los Ejércitos del momento. Nos inquieta comprobar como muchos de ellos todavía persisten; la endémica falta de recursos económicos o la descompensación presupuestaria[19], que pueden poner en peligro la eficacia de las FAS[20], son solo algunos de ellos. El fomento de la Cultura de Defensa era otro aspecto al que Gutiérrez Mellado otorgaba una importancia capital.

Mª Dolores de Cospedal,  actual titular del departamento, explicaba ante el Congreso de los Diputados en 2016 que la difusión de la Cultura de Defensa es una prioridad para el Ministerio: “[P]ara ello vamos a dar prioridad en todos los ámbitos a la cultura de la defensa. Hay que explicar a los ciudadanos por qué las políticas de seguridad y de defensa son prioritarias”[21]. A pesar de ello, aún sigue siendo la gran asignatura pendiente. Se perdió la ocasión para introducir los contenidos de la Cultura de Seguridad y Defensa en el sistema educativo general con la asignatura de Educación para la Ciudadanía, sustituida por la de Educación Cívica Constitucional debido a la polémica que suscitó (Herrero, 2015, 2 y 3). Una vez más, el siempre presente factor ideológico impidió el consenso[22].

Las sociedades globales de la era de la información evolucionan hacia estructuras más flexibles en cuyo contexto adaptan sus culturas estratégicas. Como aparentemente ha desaparecido la amenaza de un gran conflicto interestatal, por lo que las sociedades ya no perciben que su supervivencia esté en peligro. La explicación de las repercusiones sistémicas de la conflictividad actual a una sociedad que, como la española, es reacia al empleo del poder, incluso para la defensa de sus intereses nacionales, requiere una pedagogía que hoy día está ausente en el discurso. España se encuentra en un momento de decisión estratégico, por lo que las decisiones actuales probablemente dictarán el destino del país durante las próximas y vitales décadas, aunque la trascendencia del momento pase desapercibida para el ciudadano.

Europa ha alcanzado cotas de desarrollo y libertades realmente extraordinarios, pero la integración política no ha sido uno de sus logros. Debido a ello, la Unión ha perdido peso específico en un Sistema que ha dejado obsoletas las teorías geopolíticas de MacKinder (1894), sustituidas por una realidad global que favorece la dispersión del poder. Las economías se globalizan, pero el fenómeno es asimétrico, puesto que unos países tienen más capacidad de influir en ella que otros (Ballesteros, 2012, 2 y 3). Para no perder el tren de la globalización, los países deberán ampliar sus mercados y buscar sus recursos más allá de su zona de confort tradicional. Este enfoque, quizás el único razonable, prescribe una geoestrategia más intervencionista para estados y empresas, por lo que deberán invertir en regiones que, en principio, les son desconocidas (Ballesteros, 2012, 6).

La época moderna ha dado paso a la posmodernidad[23], en la que la relación tradicional espacio-tiempo parece haber desaparecido; esta será precisamente la cualidad que se erigirá como instrumento del poder posmoderno. Michael Foucault (1926-1984) dedicó gran parte de su obra a la noción de poder, al que relacionó con el ejercicio de la fuerza. Al plantear su hipótesis de que; “el poder es la guerra, la guerra continuada por otros medios, invierte la fórmula de Clausewitz al afirmar que la política es la guerra continuada por otros medios” (Caneiro yVidarte, 2002, 164 y 165). Foucault recurrió al diseño del panóptico de Jeffrey Bentham (1748-1832) como supra-metáfora del poder moderno y de la relación entre jefes y subordinados.

El diseño del panóptico[24] tenía dos finalidades: asegurar el control de los subordinados por los jefes preservando el anonimato de estos y rutinizar los tiempos en la vida de los primeros. Por tanto, el control del tiempo y el espacio eran la seña de identidad del poder (Baumann, 2002, 15 y 16). Pero el panóptico presentaba dos desventajas: ligaba a los vigilantes al lugar, rutinizandolos igual que a los vigilados, y requería mantener costosas estructuras[25]. En realidad, las relaciones panópticas requerían en cierto sentido del compromiso entre vigilantes y vigilados (jefes y subordinados). En cambio, el poder actual se ha vuelto extraterritorial y deslocalizado, puesto que ya no necesita estar vinculado al espacio físico.

Una sociedad no puede proyectar el futuro si no tiene control sobre el presente, el cual, no es sino un instante fugaz en constante transición hacia el fututo. Este, que a su vez representa un proyecto permanentemente inacabado, obliga a la sociedad a mantenerse en un movimiento de avance incesante. Esto es lo que se conoce como procrastinación, cualidad que representa a la posmodernidad. Sin duda, el futuro exigirá un mayor esfuerzo individual y colectivo, orientado hacia un proyecto común que ofrezca las suficientes oportunidades a las futuras sociedades líquidas

Podemos pronosticar por tanto, que las Relaciones Internacionales posmodernas serán más fluidas y volátiles; utilizando la terminología de Baumann podríamos hablar de Relaciones Líquidas. Este autor opina que la posmodernidad predice el fin del panóptico y con él, el del compromiso mutuo; una vez que el poder puede volverse inaccesible para los socios menos volátiles de la relación[26]. La máxima expresión del poder es el empleo de la fuerza, pero las guerras de la modernidad líquida ya no pretenden conquistar territorios. En su lugar, parecen perseguir la destrucción de las barreras que aun parecen dificultar el movimiento de los nuevos poderes globales fluidos. De esa forma; el poder actual busca su espacio para el empleo de nuevos sistemas de armas no militares. Parafraseando a Clausewitz: “las guerras posmodernas buscan la promoción del libre comercio mundial por otros medios” (Baumann, 2002, 16 y 17).

 

2. LOS INTERESES NACIONALES Y DE SEGURIDAD EN LAS POLITICAS DE SEGURIDAD ESPAÑOLAS

La cúspide del desarrollo científico y tecnológico impulsado durante la SGM fue el arma nuclear, que durante la Guerra Fría se convirtió en una amenaza global. Por tanto, el estrechamiento del espacio de la Seguridad Internacional no es algo completamente nuevo. Hoy día la diferencia formal estriba en que los efectos de la globalización han acelerado los procesos que rigen las relaciones entre estados que, además, desdibujan su relación jerárquica para hacerse transversales. Aparen nuevos actores en la periferia del estado al que disputan su espacio, a menudo mediante el recurso a la violencia. Pero por el momento, existe acuerdo en que el estado sigue siendo el principal actor del Sistema Internacional. El concepto mismo de Seguridad emana de su interior y adopta la forma de políticas de estado. Así ocurre con las de Exteriores y Defensa; en las que se han basado las Relaciones Internacionales desde la aparición del estado moderno tras la Paz de Westfalia (1648).

 

2. Los conceptos de poder e interés nacional en las Relaciones Internacionales

El concepto de poder ha sido central en las teorías realistas de las relaciones internacionales, que dominaron la disciplina durante la segunda mitad del siglo pasado. Los teóricos intentaron superar las limitaciones del concepto, asociado en gran medida a la fuerza militar, pero hasta los más críticos, como Keohane y Nye, acaban recurriendo a él (Arenal, 1983, 512). El poder es el instrumento fundamental del que se sirve el estado para satisfacer sus intereses nacionales, de forma que las relaciones entre estados son, en definitiva, políticas de poder (Hartmann, 2012). Para Hartmann[27], el Interés Nacional es aquello que un estado tratará de proteger o conseguir frente a otros y lo divide dos tipos; vitales y secundarios. Los primeros serían por los que un estado estaría dispuesto a luchar y se obtendrían a costa de otros en un juego de suma cero. Resulta obvio el enfoque realista.

Las potencias europeas recurrieron al concepto del interés nacional para justificar el reparto colonial del continente africano en el Congreso de Berlín (1884-1885) y volvieron a hacerlo durante los procesos descolonizadores a mediados del siglo pasado. El producto de aquellos procesos se materializa hoy día en forma de conflictos regionales internacionalizados. Sus causas profundas son frecuentemente socioeconómicas; donde el factor étnico, asociado a la lucha por los recursos, es el motor de numerosos conflictos armados de la Posguerra Fría[28] (Quiñones, 2017, 11-12).  La Carta de San Francisco refunda el Sistema Internacional en 1945 y en su redacción desaparece el término interés nacional, que es reemplazado por el de propósitos comunes [29] (Carta de las NU y Estatuto de la CIJ, 1945, Art. 1.4).

Aunque hoy día se haya disfrazado con el concepto más maleable de legalidad internacional, el Interés Nacional no desaparece del tablero. A diferencia de la legalidad nacional, que nace de un proceso legislativo interno, la legalidad internacional lo hace de un acuerdo entre estados. En el ámbito de la Seguridad, ese acuerdo se materializa por el sometimiento de los estados a las Resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU). Sin embargo, la ausencia de un poder coercitivo internacional que obligue a respetar los acuerdos conduce a que los Estados Miembros (EMs) se manejan por intereses propios (Muñoz-Alonso, 2006, 140 y 141).  El concepto de interés nacional ha sido enérgicamente rebatido por los multilateralitas y detractores del realismo, cuya concepción de las Relaciones Internacionales es más voluntarista (Muñoz-Alonso, 2006, 142).

 

2.2. Francia y España: dos enfoques opuestos para la defensa de sus intereses nacionales.

La inestabilidad se acumula en la periferia de la UE, donde los conflictos armados se funden con las crisis humanitarias, económicas, sociopolíticas y de identidad. En ese marco los gobiernos europeos y la propia Unión no acaban de dar la respuesta adecuada, o no lo hacen con la prescriptiva unidad y rapidez, lo que desconcierta a los ciudadanos. Como actor internacional, la Unión se caracteriza por su defensa a ultranza del multilateralismo; pero para que este sea eficaz las naciones deben ser eficaces. De no conseguirlo, la Unión corre el riesgo de quedar relegada a un puesto secundario en el futuro orden mundial y con ella sus estados miembros. En esa línea, la reunión el pasado mes de julio en el Eliseo entre la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Macrón, ha puesto en escena la reactivación del eje franco-alemán tras la desafección británica[30].

Dicha escenificación puede interpretarse como la intención de mantener el diseño actual de la Unión, pero es posible que pronto veamos sobre la mesa propuestas concretas para redefinir una Europa a varias velocidades. España, fuera del discurso oficial, no aspira realmente a impulsar el tránsito de la vieja Europa hacia la posmodernidad. Básicamente es por una cuestión de falta de confianza en sí misma, pero nuestro país puede quedar fuera de la primera velocidad europea por la presencia de sempiternos factores estructurales[31]. Nuestro país se repliega sobre sí mismo mientras debate de forma estéril sobre las mismas cuestiones nucleares no solventadas desde hace más de un siglo; como la unidad nacional. En consecuencia, España carece de un proyecto unificador como nación más allá de perpetuar un mal llamado estado del bienestar, insostenible a corto plazo en términos sociales y económicos.  

A partir del año 2013, Francia incluyó en la definición de su estrategia factores como las Revoluciones Árabes, el giro de Estados Unidos hacia Asia-Pacífico y la restricción presupuestaria prolongada[32]. Siguiendo el ejemplo galo, España debería plantearse en el largo plazo una estrategia basada en el Giro al Sur, donde la reconfiguración geopolítica de los espacios mediterráneos tras las Revoluciones Árabes puede ser la oportunidad para ello. Resultaría imprescindible empezar desde este momento a definir objetivos, establecer prioridades y asignar medios. Como forma de preparar el terreno, creemos que España debería empezar a asumir mayores compromisos y responsabilidades en Política Exterior y de Defensa, pero alineados siempre con nuestros intereses nacionales.

 

2.3. Valores e Intereses Nacionales en los documentos estratégicos y de Seguridad españoles

Tras la disolución de la Unión Soviética, las naciones albergaron brevemente la esperanza de una paz perpetua, por lo que el concepto del interés nacional se vio sustituido por una serie de valores y principios. Se daba a entender que ambos aspectos eran opuestos, cuando no es así, ya que los intereses pueden defenderse desde la base de unos valores (Castro, 2011). Durante la VIII Legislatura (2004-2008), España derivó hacia posiciones excesivamente multilateralistas en asuntos de política exterior y de seguridad, lo que se trasladó a sus políticas de estado. Por ejemplo; la Ley Orgánica de la Defensa Nacional 2005 (LODN 5/2005, vigente todavía a día de hoy, asegura en su exposición de motivos que; “[N]uestra estrategia debe fundamentarse en un sistema multilateral de acciones e iniciativas,…” (LODN, 2005,  37717)

La Directiva de Defensa Nacional (DDN) 2008 menciona unos intereses esenciales[33] que pueden estar fuera de nuestras fronteras, pero se limita a asimilar los primeros a los valores superiores contemplados en la Constitución (DDN 2008, 2008, 6 y 7). La DDN 2012 es la primera que se enmarca en una Estrategia de Seguridad[34], y es un documento más sintético que la anterior[35]. En el documento, que es coherente con las demás Directivas de los gobiernos conservadores del Partido Popular, se ha desarrollado más el capítulo introductorio. En este se asegura que; “[L]a mejor aportación que nuestra nación puede ofrecer a la estabilidad internacional es su propia fortaleza en un mundo plagado de incertidumbres, donde el instrumento militar a disposición del gobierno cobra una importancia fundamental (DDN 2012, 2012, 2).

Las Directivas, así como las Estrategias de las que provienen, son documentos programáticos que reflejan la orientación de la Política de Defensa del Ejecutivo que las redacta.  Por ese motivo, conocer la legislatura en la que se publican aportará información decisiva para su análisis. En este aspecto, la DDN 2012 introduce el interesante concepto de la disuasión, aunque lo restringe al caso de que los intereses nacionales se vean amenazados. Asimismo, manifiesta la voluntad del empleo de los medios militares para defender los intereses vitales (DDN 2012, 2012,7). La omisión de los intereses estratégicos es significativa, por lo que debemos suponer que el gobierno solo estaría dispuesto a emplear la Fuerza en defensa de los primeros[36].

En cualquier caso, volvemos a circunscribirnos a los valores contemplados en la Constitución; lo que, en nuestra opinión, resulta redundante.  Resulta difícil deshacerse de ese prurito de corrección política instalado con contrato indefinido en la formulación de las políticas públicas españolas. En contraste, la Directiva 1/2012, consciente de la debilidad del multilateralismo, advierte que el apoyo que reciba España de sus socios será proporcional a su peso específico internacional (Arteaga, 2012, 4). Afirmación con la que coincidimos plenamente.

Retrocederemos cronológicamente al año 2000 para retomar el concepto de interés nacional, ya que al final de la VI Legislatura (1996-2000) el gobierno conservador de José María Aznar publica el Libro Blanco de la Defensa 2000 (LBD 2000). Redactado con intención divulgativa, el LBD expone por primera vez un estudio ordenado de la situación de la Defensa en España[37] (Ortega 2008, 139). De forma relevante para nuestro análisis, destacaba que el Mediterráneo tiene gran importancia estratégica para España, pero también para Europa. Por su proximidad geográfica, la cuenca occidental resulta esencial para España: “Nada de lo que ocurra en ese ámbito geográfico puede dejar de interesarnos” (LBD, 2000, 65).

 

2.3.1. España: Intereses (de seguridad) vitales y estratégicos

EL LBD dividía los intereses nacionales en vitales y estratégicos, a los que englobaba dentro del concepto de intereses nacionales de seguridad. Como hemos visto, los primeros se refieren a los poderes constitutivos recogidos en la Constitución y su defensa es irrenunciable, puesto que su pérdida podría comprometer la supervivencia misma de España como nación (LBD, 2000, pág. 68).  Por otra parte, los intereses estratégicos contribuyen de forma decisiva a defender los anteriores y el LBD los asocia con la situación particular de España en el mapa y a su condición peninsular.

La defensa de los intereses estratégicos y el modo de ejercerla es una decisión política, por lo que corresponde a cada gobierno identificar qué intereses deben defenderse en un momento dado. El LBD menciona de forma explícita el especial interés del Mediterráneo (Occidental) y el Estrecho de Gibraltar, así como de la necesidad de asegurar las vías marítimas y el suministro de recursos básicos[38] (LBD, 2000, 69 y 70). Todo ello se corresponde nítidamente con nuestro objeto de estudio.

En el mundo globalizado actual, las naciones avanzadas establecen algún tipo de relaciones con prácticamente todos los rincones del Globo. La EES 2011 (Estrategia Española de Seguridad 2011) aseguraba que España, como potencia media, tiene intereses globales y regionales (EES, 2011, 2), aseveración que puede aparecer excesivamente pretenciosa, por lo que debería haberse concretado. Por otra parte, la EES resalta dos aspectos relevantes para este trabajo; la prioridad del Magreb para nuestro país y que África es clave para la Seguridad española. En concreto; Sahel, Golfo de Guinea y Cuerno de África. (EES, 2011, 22 y 23). Observamos cómo el Mediterráneo Occidental, el Magreb y el África Subsahariana, cobran mayor importancia en la definición de las políticas gubernamentales a medida que crece la de nuestro país en la arquitectura de Seguridad Internacional.

 

2.3.2. El Mediterráneo en la Estrategia Nacional de Seguridad 2013

En junio de 2013, el gobierno conservador de la X Legislatura (2012-2016), presidido por Mariano Rajoy, publicó una revisión de la EES. Este documento presenta algunas novedades importantes para la Seguridad en España. Sin ánimo de ser exhaustivos[39], lo más significativo es que introduce la definición de Seguridad Nacional (SN)[40], ausente hasta entonces en la colección estratégica española. Finalmente se sanciona aquella como un servicio público responsabilidad del gobierno y objeto de una política de estado. Igualmente, precisa de continuidad en el tiempo y de la colaboración de toda la sociedad y las administraciones públicas [41] (ESN, 2013, 5).

La ESN 2013 reconoce que la situación geoestratégica (privilegiada) de España, nos orienta hacia el exterior, donde una de las dos prioridades estratégicas que destaca es el Mediterráneo [42]. Vuelven a aparecer el Sahel y el Magreb como espacios prioritarios para la Seguridad de nuestro país; el primero por ser fuente de inestabilidad y el segundo por su peso en nuestra la seguridad energética (ESN, 2013, 11-14). De forma germinal, podemos percibir como se empieza a pergeñar el concepto del Magreb-Sahel como entidad geoestratégica. En cuanto a los intereses nacionales, en un primer momento sorprende que no los cite expresamente, pero podemos identificarlos a lo largo del capítulo 2 (La seguridad española en el mundo)[43]. Sin embargo, opinamos que su planteamiento hacia el Mediterráneo no está actualizado.

La ESN asegura que la Seguridad en el mundo actual debe concebirse de forma amplia y dinámica (ESN, 2013, 6), pero su enfoque Mediterráneo parece apoyarse en iniciativas de los años noventa del siglo pasado[44]. El protagonismo que le supone a España en conflictos enquistados como el Palestino-israelí o el de Chipre no es realista, puesto que superan las posibilidades de nuestro país e incluso de la UE (Marquina, 2014, 95 y 96). Lo mismo podríamos decir sobre el conflicto del Sáhara Occidental, episodio del que España no pude sentirse orgullosa[45]. Sin embargo, destacaremos dos omisiones que, en nuestra opinión, son fundamentales; la ampliación del escenario de seguridad Mediterráneo hacia el Sur y el Este para incluir al Sahel y el Golfo Pérsico, y la llegada de nuevos actores al Mediterráneo (Marquina, 2014, 88 y 89). Rusia, China e Irán, junto a los estados del Golfo, influirán de forma creciente en la reconfiguración securitaria del espacio Mediterráneo.

Del mismo modo, ha quedado patente la incapacidad de la UE para la resolución de aquellos conflictos (Marquina, 2014, 88-90 ). La pérdida de prestigio de la UE como actor internacional ha modificado el planteamiento estratégico de algunos estados europeos que tienen intereses en la región, como Francia[46]. El país galo ha comprendido que la defensa de sus intereses nacionales requerirá el modelo de intervención perfilado por las operaciones Serval-Barkhane, bajo responsabilidad nacional (Expansión, 2016). En coordenadas más domésticas, sorprende que la ESN no mencione cuestiones nucleares para España; como el valor estratégico de las Islas Canarias, Ceuta y Melilla, y especialmente Gibraltar[47].

 

2.3.3. España debe crear las precondiciones para el Giro al Sur

Alcanzado este punto, estamos en condiciones de presentar dos conceptos propios sobre los que apoyamos nuestro planteamiento. Los puntos geográficos que hemos enumerado en el párrafo anterior forman los hitos de la línea de referencia que denominamos Eje Principal de la Seguridad (EPS) española. Al sur de esta línea se encuentra el Espacio de Seguridad Próximo (ESP), que representa aquél donde se dan cita los principales Intereses Nacionales de Seguridad españoles. Supone, además; la conexión con los espacios ampliados de Seguridad mediterráneos y como punto de apoyo para una eventual estrategia meridional, el giro al Sur. El primer objetivo a alcanzar sería situar esta área bajo nuestra esfera de influencia; lo que aportaría a España un grado de profundidad estratégica de la que carece en la Región[48].

Debemos confiar en que el saneamiento de las cuentas públicas permitirá racionalizar los presupuestos de Defensa y Exteriores en breve plazo. No obstante, lo deseable sería que, además, se destinasen partidas plurianuales específicas para ese proyecto nacional que es lo que en realidad entendemos que debería significar el Giro al Sur. En el marco de una estrategia como la que aquí planteamos en líneas generales, nuestro país debería fomentar la creación de una arquitectura de seguridad regional en torno a su ESP. Esta arquitectura debería adquirir la forma de una asociación de países que comparten intereses, ya que las organizaciones y alianza suponen demasiadas limitaciones en la práctica. Resulta obvio que, junto a España, esos socios serían Francia, Italia y Portugal.

De forma complementaria, esta asociación podría constituir la base de un flanco Sur semejante al que forman los países del norte y el este de Europa ante el nuevo expansionismo ruso. El cual, por cierto, también ha reaparecido en el Mediterráneo. Como miembro de una asociación subregional como la que proponemos, no nos cabe duda de que España se encontraría en mejor posición para defender sus intereses ante otros actores o competidores. No obstante, como ya hemos mencionado, resulta imprescindible la definición de una estrategia coherente y orientada al Sur, la cual, por otra parte, no estaría exenta de riesgos. Consideramos que las principales variables serían; los intereses a defender, los medios que se destinen y el grado de riesgo que se esté dispuesto a asumir. No se debería perder de vista que el objetivo a más largo plazo debería ser el salto a África, continente que cotiza al alza en términos geopolíticos y geoeconómicos como reserva energética mundial. Asimismo, esta estrategia daría cohesión a un proyecto nacional que, en un sentido amplio, podría significar nuestro billete de ida hacia el nuevo orden mundial posmoderno

 

3. EL SUR: PUNTO DE ENCUENTRO DE INTERESES NACIONALES Y OPORTUNIDADES ECONOMICAS

La geografía ha sido un factor decisivo para la formulación de las estrategias de los estados, lo que la convierte en un poderoso instrumento al servicio del poder. Considerado como conocimiento estratégico, está íntimamente unida a una serie de prácticas políticas y militares[49] (Lacoste, 1977, 6 y 7). La posición geográfica de España determina su doble papel geoestratégico; como proyección europea hacia el Mediterráneo Occidental y como conexión entre los espacios euroatlánticos y africanos. Con siete mil ochocientos kilómetros de costas[50], no cabe duda de que España es un país abierto al mar. Tras la línea costera se extiende una franja litoral de unos cinco kilómetros de ancho[51] que alberga al treinta y cinco por ciento de la población, por lo que su densidad poblacional cuadruplica la media nacional[52].

Nos introducimos así en el campo de la geopolítica, disciplina proscrita tras la SGM (Segunda Guerra Mundial)[53] que es preciso contextualizar. Actualmente existen dos puntos de vista predominantes; el clásico y el crítico. Ambos no son necesariamente excluyentes, por lo que los utilizaremos de forma complementaria. Por una parte, la postura crítica opina que: “el estudio de la geopolítica es el estudio de la espacialización de la política internacional por los poderes centrales y los estados hegemónicos” (Kelly, 2006).  Por el contrario, según la postura clásica;

     [L]os países más pequeños, similares a los estados más grandes, formulan políticas adecuadas a sus propias perspectivas geográficas. La geopolítica proporciona un método para comprender los asuntos mundiales y regionales sobre la base de comparaciones espaciales (Kelly, 2006).

   

3.1. El Sur: espacio de riesgos y oportunidades para España

La ESN 2013 describe el papel de España en un mundo globalizado, competitivo y mutable, en el que la defensa de los intereses nacionales resulta cada vez más difícil ante la competencia con otros países que buscan la prevalencia regional. Asimismo, la ESN consideraba que España debe estar posicionada adecuadamente para responder a las situaciones de conflicto características de la época actual de transición (ESN, 2013, 10 y 11). En dicho orden de cosas, España debería estar prevenida frente a una deriva política en los países del Magreb hacia posiciones extremistas, lo que podría provocar la ruptura de nuestro Eje Principal de Seguridad[54].

A renglón seguido, nos encontraríamos con la pérdida de oportunidades económicas en África como resultado de políticas reactivas y cortoplacistas por falta de visión estratégica en el largo plazo (Arteaga, 2014, 149). En una primera fase se debería apostar por la estabilidad de los modelos económicos de los países del Magreb que son clave para España, asegurar los recursos energéticos y elevar la economía de los países del Sahel por encima del umbral del subdesarrollo (Izquierdo, 2014, 4). Desde las instituciones europeas y nacionales, la aproximación a la problemática del Magreb y el Sahel asocia la especificad de cada subregión geográfica con un enfoque estratégico singular. Desde ese punto de vista; el Sahel, como retaguardia del Magreb, es origen de riesgos y amenazas que afectan a la ribera norte del Mediterráneo (Echeverría, 2006, 288).  

Sin embargo, en este trabajo, visualizamos el Sahel como vanguardia del Giro al Sur que debería imprimir España a su Política Exterior. Consideramos que este giro estratégico, es una condición necesaria para hacer frente con garantías de éxito al mundo líquido que se perfila para las próximas décadas. Es preciso insistir en la íntima conexión de esta subregión con el Magreb en coordenadas de seguridad. Los enormes espacios vacíos sahelianos facilitan la transmisión de la inestabilidad que se irradia desde otras partes del Norte de África y Oriente Medio, por lo que el riesgo de contagio al Magreb Occidental es alto. Reiteramos que los escenarios más peligrosos para España estarían vinculados a un cambio de régimen en Marruecos o Argelia (Arteaga, 2014, 149-151), puesto que la inestabilidad política en ambos países no ha desaparecido[55].

Existen otros factores adicionales de riesgo en la Región, entre ellos destacaremos los dos siguientes: por una parte, la falta de cohesión de la UMA por la rivalidad argelino-marroquí, que frena el desarrollo de un mercado regional en el Magreb. Por otra; el conflicto inconcluso del antiguo Sáhara Occidental español (Echeverría, 2011, 21 y 22).. El crecimiento aporta estabilidad y esta seguridad, por lo que una UMA cohesionada ofrecería grandes beneficios a ambas riberas, por el contrario; sin el respaldo de una organización integradora sólida, los países del Magreb se ven privados de los beneficios del acceso al mercado de la UE. Otros factores que amplifican los efectos de los anteriores son; la presión marroquí sobre Ceuta y Melilla, el terrorismo islamista en el Sahel y la inseguridad en el Golfo de Guinea. En cuanto a las oportunidades; destacan las geoeconómicas y políticas en el medio y largo plazo que expondremos a continuación.

Aunque España ha diversificado su cartera de inversiones en el exterior, estas se concentran en los países desarrollados, lo que significa bajo riesgo relativo y reducida rentabilidad. Este desajuste debe ser compensado con operaciones en escenarios más volátiles; que presentan mayor riesgo, pero mayores oportunidades y rentabilidad esperada (Escribano, 2014, 25). La aproximación geoeconómica española a la Región debe contemplar aspectos comerciales, inversiones y, por supuesto, los recursos energéticos. Si bien los dos primeros pueden enfocarse a medio o largo plazo como parte de una estrategia más amplia, la Seguridad Energética nunca ha dejado de ser una prioridad para nuestros intereses nacionales

Dado el alcance limitado de nuestra investigación, hemos restringido el análisis a una selección de países significativos del Magreb-Sahel[56]. Aun así, los datos proporcionan una idea acertada de la realidad de nuestros intercambios comerciales con los países de la Región de nuestra investigación (Tabla 1). La intensidad de aquellos es mayor que la del resto de la UE, lo que, en nuestra opinión, obedece fundamentalmente a dos factores, en primer lugar a la proximidad geográfica, que simplifica y abarata la logística, y en segundo; a que España es uno de los estados miembros que más se beneficia de los acuerdos comerciales bilaterales entre la Unión y los países del Magreb. En la Tabla 1 se puede comprobar, por ejemplo, la importancia de Marruecos como socio comercial; solo superada por Argelia gracias a los recursos energéticos. A pesar de ello, también lo podemos achacar a la falta de un enfoque estratégico unificado de la UE hacia el sur.

Tabla 1. Exportaciones-Importaciones con países Magreb-Sahel seleccionados más Libia

Fuente: Elaboración propia a partir de DataComex

Por el contrario, el comercio con los países subsaharianos es escaso y solo alcanza cifras significativas con Nigeria, de nuevo gracias a la importación de petróleo. Un punto de vista exclusivamente economicista dictaría mantener la situación actual, pero una estrategia coordinada a largo plazo como la que planteamos aconsejaría invertir en seguridad y gobernanza al sur del Sáhara. Por otra parte, el intercambio comercial español con la Región es asimétrico. En términos netos, la balanza comercial resulta favorable para España, pero la importancia estratégica de algunos países debido al factor energético altera esa relación en términos cualitativos. Desde una perspectiva global, la inestabilidad de la Región amplia el enfoque geoeconómico al de seguridad.

Un caso significativo es el del petróleo, donde el problema no es solo de volumen. La calidad del crudo libio o nigerino y su cercanía a los centros de refino nacionales y distribución europeos, son factores cruciales. Al ser hidrocarburos muy livianos, su proceso de refinado es más barato y se pueden emplear para rebajar la densidad de los aceites pesados del Golfo Pérsico. Para España, la pérdida de los suministradores norteafricanos sería más difícil de reemplazar que la de otros exportadores. (Arteaga, 2014, 98-99).   Asimismo, las cifras desvelan la dependencia del gas argelino (Tabla 2), cuyas importaciones crecen a partir de 2012, con toda seguridad para compensar en parte el desabastecimiento libio.

 

3.2. Los efectos de la inseguridad regional sobre los recursos energéticos: el caso libio

Aunque hemos decidido no incluir a Libia en nuestra selección de países de estudio, sí aparece en la tabla 1 de forma condicional para comprobar los efectos que la inestabilidad regional puede tener sobre el sector estratégico de la energía. España se vio obligada a reducir drásticamente las importaciones libias debido a los efectos de la guerra civil sobre el sector del petróleo[57]. El estudio de la relación entre recursos y conflicto nos permitiría hacer una serie de inferencias válidas para el resto de la Región. En primer lugar; las causas que subyacen tras la mayoría de los conflictos regionales son complejas y aportan a cada uno su fisonomía específica. Segundo; los conflictos regionales están interconectados, por lo que sus efectos se realimentan entre sí y son mayores que la suma de cada uno de ellos por separado. Y, por último; sus efectos superan el nivel regional, por lo que el factor energético es determinante.

Tabla 2.- Recursos energéticos: exportaciones-Importaciones con paíse seleccionados Magreb-Sahel

Fuente: Elaboración propia a partir de DataComex

La dimensión ideológica en Libia ocupa un lugar secundario frente al control de los dividendos del petróleo y el gas. Por ello compiten las diversas élites políticas y rebeldes, apoyadas en el interior por poderosas milicias que perciben su remuneración del estado (Mesa, 2014, 6-7). La guerra civil sectaria en Libia es una guerra por el control de los recursos, en la que el gobierno de Tobruk controlaba en 2015 las dos terceras partes de la producción y ostentaba la titularidad legal de sus ingresos. Al mismo tiempo, la coalición Amanecer libio, dominaba el gobierno islamista de Trípoli y mantenía el control de las instituciones estatales que gestionan los recursos energéticos libios; el Banco Central y la National Oil Company (NOC) (Strategic Comments, 2015).

Ambos bandos utilizan la energía como arma de guerra, cuando su gestión adecuada mediante estrategias cooperativas podría ser una valiosa herramienta para estabilizar al país, hacerle recuperar sus niveles de renta previos a la Revolución y frenar la inestabilidad regional que se irradia desde él. Por el contrario, la producción de crudo no logra recuperar los niveles anteriores a 2011. En 2015 apenas alcanzó los 20,2 millones de toneladas frente a las 77,4 de 2010 o las 85,3 de 2008[58]. Como el gas y el petróleo suponían el 95% de los ingresos del estado, la nula diversificación de sus ingresos dejó al país indefenso ante una crisis sistémica como la que provocó la guerra civil.

Si consultamos de nuevo la Tabla 1, comprobamos como las importaciones españolas desde Nigeria aumentaron en proporción a la disminución de las libias, dato que indica que aquel país fue uno de los proveedores alternativos al mercado libio (Tabla 2). Gracias a las características de su crudo, Nigeria es una opción idónea como respaldo ante suministradores problemáticos, como Libia e Irán (Arteaga, 2014, 103 y 104). También debemos tener en cuenta que el Golfo de Guinea (GoG) se revaloriza geoeconómicamente para España como alternativa para la diversificación energética. Además, el conjunto de la UE importa del GoG el 13% del crudo y el 7% del gas que consume. Esta subregión es, además, la primera africana en producción de petróleo, con 5 mbd (millones de barriles diarios). (Arteaga, 2014,106).  

 

3.3. Riesgos y oportunidades en el sector estratégico de la energía

Debemos asumir que las energías renovables reemplazarán a las de origen fósil en la medida en que la tecnología permita aprovechar de forma eficiente las primeras. El Norte de África dispone de estos recursos en cantidades prácticamente infinitas, y España se encuentra en una posición geográfica y geoeconómica privilegiadas para acceder a ese futuro mercado[59]. Por el momento, la única interconexión eléctrica entre la Unión y el Magreb discurre entre España y Marruecos[60]. La primera línea, de 26 km de longitud, se
tendió en 1997 entre Algeciras y Fardioua y permite un intercambio de 1400 MW. En junio de 2006 se abrió una segunda línea que duplica la capacidad de intercambio eléctrico entre ambas terminales[61].

 

3.3.1. El Plan Solar Mediterráneo como ejemplo de relaciones de poder e intereses nacionales en el sector energético

  La posición geoestratégica de España y la experiencia de nuestras empresas energéticas en la Región son activos que los decisores políticos españoles deben tener en cuenta para apostar por la inversión en África. Iniciativas como DESERTEC y el Plan Solar Mediterráneo (PSM) han perdido impulso debido a factores tan diversos, pero íntimamente relacionados, como la reciente crisis económica mundial y las consecuencias de las Revoluciones árabes. DESERTEC es un proyecto global bajo iniciativa del gobierno alemán que reúne a actores públicos y privados. Se basa en dos premisas; que hoy día la energía eléctrica puede obtenerse a partir de la solar y transportarse hasta a tres mil kilómetros de distancia; y en que el noventa por ciento de la población mundial vive a menos de esa distancia de un desierto[62].

El PSM, por el contrario, surgió en el seno de la UpM y presentaba buenas perspectivas. Por un lado, permitiría a la UE lograr varios objetivos, el primero de los cuales era cumplir con los requisitos de generación por renovables según la directiva 2009/28. Esta norma, que debía pasar a formar parte del derecho nacional de los Estados Miembros no más tarde del 5 de diciembre de 2010, planteaba los siguientes objetivos:

Esta Directiva, que enmienda y deroga las Directivas 2001/77/CE y 2003/30/CE anteriores, establece un conjunto común de normas para el uso de energías renovables en la UE con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y promover un transporte más limpio. Establece objetivos nacionales vinculantes para todos los países de la UE con el propósito general de lograr que las fuentes de energía renovable representen para 2020 el 20 % de la energía de la UE y el 10 % de la energía específicamente en el sector del transporte (en ambos casos, se calcula en términos de consumo final bruto de energía, es decir, el consumo total de energía procedente de todas las fuentes, incluidas las renovables)   (Parlamento Europeo y del Consejo, 2009)[63].

Además, el PSM permitiría diversificar su mix energético y erigirse líder en la generación de unas energías que forman parte del sello de identidad de la Unión. Por otra parte, los socios del Sur reducirían su exposición energética y generarían nuevos focos de desarrollo económico y empleo (Marín y Escribano, 2010, 376 y 377). El PSM pretendía desplegar 20 GW a partir de 2020 desde renovables ubicadas en la Ribera Sur e integrarla en el sistema eléctrico europeo.  A diferencia de DESERTEC, que se basaba en la energía termosolar (térmica), el PSM incluía, también, la fotovoltaica[64] y la eólica. Lo que hacía a este proyecto más versátil que el alemán y, además, podía apoyarse en la interconexión ya existente Marruecos- UE a través de España (Marín y Escribano, 2012/2013, 54).

Este tipo de proyectos ofrecen oportunidades al sector español de la energía; pero también a la inversión, al transporte, ingenierías, producción de equipos y mantenimiento, a los operadores de redes e incluso al regulador. Si no se aprovecharan, España podría quedar fuera de un futuro espacio energético euromediterráneo. La ventaja ante estas oportunidades es que el sector eléctrico español tiene una dilatada experiencia en la Región, y lo mismo ocurre con el correspondiente a la financiación de renovables en el Norte de África (Marín y Escribano, 2012/2013, 54 y 55). Pero los retos y los riesgos son mayores también. Se requieren ingentes inversiones en infraestructuras y un marco institucional adecuado. Sin embargo, merece la pena asumir el riesgo y el coste porque el alcance de iniciativas como el PSM rebasan las del propio del sector. Al ser un proyecto de desarrollo cooperativo con los países del Sur, constituye un instrumento de política exterior (Marín y Escribano, 2012/2013, 54 y 55).

Para mantener los niveles de calentamiento global del Planeta por debajo de los 2ºC establecidos en diciembre de 2015 en el Acuerdo de París, el futuro de la energía deberá pasar por las renovables. Sin embargo, la descarbonifcación de la economía mundial topa con importantes escollos; unos de tipo tecnológico y otros estructurales del sector. Entre los primeros se encuentra, por ejemplo, la imposibilidad de los sistemas fotovoltaicos o eólicos de generar electricidad en un régimen de 365/7/24 y entre los segundos, cálculos como los de la IEA (Agencia Internacional de la Energía), que predicen un aumento de las emisiones de CO2 en un sexto de las actuales para el año 2040 (Carafa, 2016).

Aprobado en la Cumbre de París de 2008 por los Jefes de Estado y gobierno de la Unión, la inversión en el PSM se calculaba en ochenta mil millones de euros[65] y debía iniciarse en 2012[66]. Estaba destinado a ser el proyecto estrella de la Presidencia española de la UE durante el primer semestre de 2010. A pesar de que en 2009 se estaban ejecutando más de sesenta proyectos, la mayoría se han acabado estancando (Vidal, 2013)[67]. La razón de fondo se encuentra en la inestabilidad permanente que padece la Región, donde todo está relacionado y unas causas se realimentan con otras. Así, el PSM languidece por diversos motivos, entre ellos; el conflicto árabe-israelí, enquistado de forma permanente y cuyos efectos contaminan a toda la Región, la crisis económica europea de 2009 y las Revoluciones Árabes de 2011.

No obstante, el rápido avance de la tecnología permitirá explotar de forma eficiente los ingentes recursos solares y eólicos del Magreb y el África Subsahariana. España deberá estar preparada para ese momento en tres aspectos; el tecnológico, el financiero y el político. En cuanto los dos primeros; ya hemos mencionado que disfrutamos, al menos en teoría, de una posición sólida[68], y la recuperación económica tras la crisis de 2008 ofrece buenas perspectivas para las inversiones. El tercer aspecto puede presentar más incertidumbres, ya que proyectos como el PSM se desarrollan en marcos multilaterales, en los que la influencia de los socios más poderosos será un factor determinante. Estos, que utilizan el marco internacional para promover sus intereses, recurren a esa curiosa mezcla de estrategias cooperativas y autoconservativas en las que se basan, en gran medida, las Relaciones Internacionales.

Aprovechando la presidencia de la Unión en 2010, España tenía la intención de impulsar el PSM bajo su liderazgo. Con ese objetivo, organizó en Valencia la Conferencia del PSM en el mes de mayo para, posteriormente, elevar sus conclusiones a la Cumbre EUROMED programada para diciembre. Entre las prioridades españolas figuraba el impulso a las energías renovables mediante un Plan de Acción, que se centraba en las interconexiones eléctricas y la armonización regulatoria[69]. El proyecto estrella era el PSM, y a pesar de que el gobierno español contaba con tener todas las piezas encajadas, la Cumbre de Valencia resultó un fiasco. La UE y el Banco Europeo de Inversión (BEI), adujeron que aún se necesitaban ajustar las medidas regulatorias con los países del sur y dar más tiempo a la inversión privada (Aldecoa, 2010).    

Lo cierto es que el ministro Miguel Sebastián se dio de bruces con los intereses germanos en DESERTEC y los franceses en Transgreen[70]. Ambos gobiernos maniobraron en el seno de las instituciones europeas para preservar su liderazgo en cualquier iniciativa energética en el Mediterráneo. Con anterioridad a la cumbre, las tres cancillerías interesadas no escatimaron esfuerzos para conseguir acuerdos preferentes en fotovoltaicas y termosolares con Marruecos, Túnez y Argelia. A pesar de tan evidente ejercicio de realpolitik, el Ministerio de Industria español aseguraba que el marco de trabajo era el de la cooperación financiera y tecnológica (Aldecoa, 2010).Como condición necesaria, pero no suficiente, los factores financiero y político deben coincidir en el marco multilateral para que proyectos como el PSM se hagan realidad.

El primero de los factores anteriores se nutre inicialmente de fondos comunitarios, pero la mayor parte deberá correr a cargo de la inversión privada. En el segundo, la variable más importante será el peso que cada miembro ostente en la Organización Internacional. La relación entre ambos factores se establece en la medida en que la influencia de un estado es directamente proporcional a su capacidad hegemónica[71]. Esta, que se puede medir en base a factores culturales, económicos y militares; favorecerá por una parte la defensa de los intereses nacionales desde la propia Organización y por otra, las inversiones de la empresa privada en proyectos impulsados por su gobierno. Volviendo al PSM, el vicepresidente del BEI, Philippe de Fontaine, advertía que; “no se conseguirá nada si el sector privado no se une a las administraciones públicas” (Aldecoa, 2010).

 

3.3.2. Seguridad y estabilidad; precondiciones para la Ayuda al Desarrollo y la inversión privada.

La incorporación del sector privado a los planes estratégicos de desarrollo es un factor que ya forma parte del consenso internacional en materia de AOD (Ayuda Oficial al Desarrollo. Afortunadamente para España, en los países del Norte de África se dan las condiciones para institucionalizar la cooperación entre el sector estatal y el privado. Sin embargo, a pesar de que la Agencia de Cooperación Española (AECID) reconoce esa necesidad en su IV Plan Director (2012-2016); aún no se han implementado mecanismos para materializarla (Iliana Olivé, 2013). Por otra parte; debe tenerse en cuenta que la falta de desarrollo y oportunidades económicas, así como las desigualdades sociales, fueron la causa de fondo de las Revoluciones Árabes[72]. Queda patente una vez más el nexo entre desarrollo y seguridad, que deberían tener en cuenta los enfoques españoles y europeos hacia el Sur.

La empresa privada genera riqueza, emplea gran cantidad de mano de obra y promueve el talento y la creatividad, por lo que el desarrollo de empresas en los países receptores es fundamental para construir un tejido económico (AECID, 2013, 75-77). Las bases de la cooperación española se inscriben en los esfuerzos mundiales para alcanzar los Objetivos del Milenio (ODM), entre los que figuran; erradicar la pobreza extrema y articular una alianza mundial para el desarrollo. Sin embargo, el propio informe ODM 2015 reconoce que el vacío de datos disponibles en diversas áreas conduce a que los gobiernos diseñen políticas inadecuadas. Hasta 2011, el 63% de los países del África Subsahariana no disponían de datos adecuados para medir el nivel de pobreza[73]

EL IV Plan Director de la AECID se concentra en veintitrés países, de los que diez se encuentran en la Región que analizamos o en su periferia[74], y dirige su esfuerzo principal hacia donde coincidan nuestros intereses estratégicos y de AOD. Este enfoque, que se declara pragmático desde las primeras páginas del documento[75], contrasta con el mayor voluntarismo del III Plan (2009-2012)[76], el cual, destacaba el valor del multilateralismo en el marco del sistema de las Naciones Unidas[77]. No obstante, ambos coinciden en dos aspectos que abordamos en este trabajo; la importancia del sector privado en materia de desarrollo y en que los dos ignoran la relación estrecha entre desarrollo y seguridad.

Los modelos comerciales a nivel mundial han cambiado en las últimas décadas. Las empresas se deslocalizan y dispersan las fases de diseño, producción, montaje y distribución de sus productos por todo el mundo. Este se ha hecho mucho más interdependiente en términos comerciales de lo que era hace pocas décadas, lo que incrementa la importancia de las Cadenas Globales de Valor (CGV). El sector servicios, las redes de transporte internacionales, comunicaciones y otros servicios ocupan un lugar clave en las operaciones de las CGV. Por otra parte, la íntima relación entre bienes, servicios, comercio e inversiones; tendrá consecuencias negativas para los países que queden fuera de las CGV (Stephenson, 2015). Esto supone un riesgo adicional para los mercados africanos, ya que muchos de sus países se encuentran fuera del sistema de CGC al basar sus economías en las exportaciones de materia primas (Arteaga , 2014, 166 y 167).

Las empresas multinacionales (EMN) generan CGV por todo el mundo en base a las decisiones inversoras que adoptan según ciertos factores, como la reducción de costos y riesgos (Stephenson, 2015). Teniendo en cuenta dicho marco, opinamos que España debería contemplar África como una fuente de oportunidades geoeconómicas a largo plazo. La consolidación española en el Magreb-Sahel como actor relevante en términos diplomáticos, comerciales y de seguridad, sería el impulsor hacia los mercados africanos. En 2014 la región subsahariana crecía a un ritmo del 5,2%, fundamentalmente por las inversiones en recursos naturales e infraestructuras. Incluso en Malí se observó una sensible recuperación, gracias a que la estabilidad política y social favorece el crecimiento (Banco Mundial, 2014).

El ejemplo de Malí nos permite comprobar una vez más la estrecha relación que se establece entre seguridad, estabilidad y crecimiento; donde las dos primeras serían condiciones necesarias, pero no suficientes para el último. A pesar de que los países subsaharianos se encuentran a la cola de las regiones en desarrollo, las exportaciones de servicios crecían en 2014 a un ritmo cercano a 12%, el doble que la tasa de crecimiento global (Banco Mundial, 2014). Eso ocurre en la parte más desfavorecida de una región macroeconómica que, en 2050, representará el 12% de la riqueza mundial y albergará a dos mil millones de habitantes[78]. Frente a estos datos, la posición de España no es favorable. La relación entre exportaciones e importaciones con el África subsahariana se sitúa aproximadamente en el 1,5% y 3,5 % respectivamente (Arteaga, 2014, 163).

La Región ofrece grandes posibilidades en materia de infraestructuras, banca y telecomunicaciones; áreas en las que España cuenta con gran experiencia y empresas solventes. Pero las inversiones españolas se concentran en los mercados más próximos y seguros del Magreb. Esto podría cambiar en los próximos años si se cumplen las declaraciones del presidente del gobierno, Mariano Rajoy, en su discurso en la cumbre de la UA en junio de 2014. El presidente manifestó que; España tiene la intención de invertir en África como en su día hizo en América Latina y destacó las posibilidades españolas de inversión en los sectores agroalimentario, infraestructuras y energía.  Asimismo, aseguró que; [E]n una relación de igual a igual,…, cuanto más próspera sea África, más próspera será España” (La Moncloa, 2014).

 

4. MARRUECOS: ALGO MAS QUE UN SOCIO COMERCIAL PREFERENTE PARA ESPAÑA

Salvando el aspecto energético, Marruecos es el socio comercial preferente para España en el Magreb, al que nos atan lazos que superan la esfera comercial. En 2016, las importaciones españolas procedentes del país vecino supusieron el 2,07% del total con el resto del mundo. Este volumen representa el 38.2% del total importado de nuestra selección-país que analizamos (Tabla 1). Las relaciones entre ambos países se han construido sobre la base de una amplia red de lazos económicos, basados en la doctrina conocida como colchón de intereses. Este enfoque, considerado como un gran éxito de la diplomacia española, es cuestionado a día de hoy. Acontecimientos como las Revoluciones árabes y la ampliación de las relaciones hispano-marroquíes a ámbitos como el de la Seguridad, hacen que un enfoque economicista puro pierda su significado (Estudios de Política Exterior, 2015).

A pesar de que las circunstancias presentes indican que esa doctrina ha quedado superada por una realidad cada vez más compleja, lo estratégico aún preside el enfoque español hacia el país vecino. Incluso se ha llegado a retorcer la semántica con eufemismos tales como convergencia de preferencias o competitividad compartida para describir las relaciones entre Rabat y Madrid. Obviamente, las antiguas realidades geoeconómicas no varían, pero sí se amplían a nuevos ámbitos sectoriales que ayudan a integrar a la economía marroquí en las CGV[79] y en la emergente economía africana. Además, las relaciones se extienden a cuestiones de mayor calado político, como la inmigración ilegal y la lucha antiterrorista. Esta última adquiere mayor relevancia en el contexto del espacio ampliado de seguridad mediterráneo; donde se pretende que el Sahel aporte cierta profundidad estratégica a la arquitectura de seguridad regional[80].

El enfoque mercantilista del colchón de intereses entiende las relaciones económicas como un instrumento de la política y no como un fin en sí mismo. La economía de libre mercado se basa en que el crecimiento económico de un país tiene efectos beneficiosos en los de su entorno, los cuales, a su vez, generarán nuevas oportunidades de inversión y crecimiento. El marco euro-mediterráneo ofrece instrumentos para evitar que los intereses económicos queden subsumidos en la realpolitik; sin embargo, nada puede sustituir la estabilidad que, a largo plazo, ofrecen unas instituciones democráticas sólidas (Escribano, 2015). Por cercanía o necesidad mutua, a pesar de los desencuentros periódicos por cuestiones de soberanía, el hecho es que Marruecos y España son socios económicos naturales y aliados en términos de seguridad.

Los catorce kilómetros que separan Europa de África a través del Estrecho de Gibraltar presentan el mayor diferencial económico del mundo[81]. Este factor resulta una frontera insalvable en términos culturales, religiosos, étnicos y, sobre todo, políticos. A diferencia de lo que ocurre con otros Estados Miembros de la UE, ésta frontera presenta para España dos características muy especiales. En primer lugar, en el Sur además es física por la presencia de las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla, las cuales constituyen verdaderos enclaves en África del referente socio político que es la democracia-liberal. En segundo lugar, en la orilla Norte; la colonia británica de Gibraltar aparece como una anacronía en el Sistema Internacional del Siglo XXI. Además, nos recuerda que en España aún no se han cerrado cuestiones nucleares como la de la soberanía nacional.

 Exponíamos anteriormente que, desde una perspectiva geopolítica, la Región Mediterránea funciona como un sistema de vasos comunicantes en la dimensión securitaria, por lo que todo está conectado. Consideramos que, en un sentido muy real, la soberanía es el factor que enlaza los diversos escenarios conflictivos que afectan a la Seguridad española. Este factor relaciona entre sí cuestiones tan trascendentales para España como; la recuperación de la soberanía sobre el Peñón, centro nervioso de la Seguridad española, las aspiraciones territoriales marroquíes sobre las Plazas Africanas, el conflicto inconcluso del antiguo Sáhara Español y la importancia geoestratégica de las Islas Canarias con respecto a África. Llamamos la atención del lector sobre este importante aspecto, ya que acabamos de definir de nuevo los puntos que delinean el EPS (española)

   Por lo tanto, el Estrecho separa dos mundos diametralmente opuestos: por una parte, la UE; que a pesar de los problemas de identidad por los que atraviesa en la actualidad, es el mayor logro de integración económica y sociopolítica de la historia. Frente a ella, unos espacios en la orilla sur fracturados y sometidos a intensas tensiones. Entre estas, debemos destacar la amenaza del terrorismo yihadista salafista, que es global y se proyecta hacia la orilla norte (Echeverría, 2014, 40).

 

4.1. La cuestión de las plazas africanas y las relaciones bilaterales hispano-marroquíes

Desde la Transición Española las relaciones bilaterales hispano-marroquíes se han basado en una estabilidad forzada. Pero también han pasado por crisis periódicas, que alcanzaron su punto álgido durante los gobiernos conservadores presididos por José M.ª Aznar entre los años 1996- 2000 y 2000-2004. La disputa recurrente por la soberanía sobre de Ceuta y Melilla se recuperó y amplificó, hasta que culminó en la crisis del islote de Perejil en julio de 2002[82] (Velasco, 2014, 321). La crisis, no obstante, debe enmarcarse en la situación internacional del momento y las pretensiones españolas en cuestiones de política exterior. Perejil ofrecía una oportunidad al gobierno Aznar para demostrar su firmeza en la defensa de los intereses nacionales españoles, imagen que se quería reforzar. De forma complementaria, en ese marco, el acercamiento español a Argelia se entendía en Rabat como apoyo a las posturas saharauis (Velasco, 2014, 326).

La normalización internacional y europeización del país fueron cuestiones prioritarias para los gobiernos socialistas de Felipe González entre 1982-1996. Posteriormente, José Mª Aznar, presidente de los gobiernos conservadores durante las VI y VII Legislaturas (1996-2004) redefinía a España como” una potencia media[83], semejante a otras, pero con singularidades propias, la primera de las cuales es su proyección en el mundo” (Aznar, 1996, 7).  Asimismo, consideraba que nuestra pertenencia a la UE nos permitiría una mejor defensa de nuestros intereses nacionales y su proyección internacional (Aznar, 1996, pág. 9). De esa forma, Europa pasa de ser un fin a un medio para afianzar el papel internacional de España, esquema en el que las relaciones bilaterales con Marruecos solo cambiarán en las formas. El nuevo papel internacional que se reservaba España y la inexperiencia del nuevo monarca alauí, Mohammed VI, provocaron una escalada de desencuentros entre ambos países (Velasco, 2014, 322 y 323).

La aspiración del reino de Marruecos a la soberanía de las plazas africanas españolas ha enturbiado periódicamente las relaciones entre los dos países. Aunque España cuenta con todo el apoyo internacional, político y jurídico para su sostenimiento, lo cierto es que la viabilidad social y económica de las dos plazas en el medio plazo es cuestionable. Los principales problemas a los que se enfrentan las Ciudades Autónomas son: el demográfico, que altera el equilibrio político, la economía delincuencial y la radicalización islamista (Arteaga, 2014, 153 y 154). En base a los datos de la tabla 3; deducimos que desde 2001 Ceuta ha crecido un 15% y Melilla un 22%, con los serios problemas de sostenibilidad para ambas ciudades que ello implica.

No se dispone de datos estadísticos sistemáticos sobre la población no autóctona en Ceuta y Melilla, por lo que los analistas deben recurrir a fuentes indirectas. Una de ellas es el número de menores matriculados en los centros educativos, cuyos datos, cruzados con otras fuentes, sugieren que el peso de la población árabe y bereber en las dos ciudades puede ser mucho mayor de lo que refleja el Padrón. Se acepta que aquél puede llegar hasta el 50 por ciento; en cuyo caso, el proceso de marroquinización en ambas ciudades sería irreversible. Mientras tanto, el desequilibrio demográfico puede degenerar en conflictos étnico-religiosos y políticos, debido al auge de los partidos musulmanes. Otra consecuencia es, que la población española tiende a trasladarse a Península, lo que a su vez favorece el cambio identitario en la misma medida que lo hace el equilibrio de población (Arteaga, 2014,156-160).

Tabla 3. Datos de población en las ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla

Fuente (1): Observatorio Andalusí (Unión de comunidades Islámicas de España). Datos para el 31/12/2016

Fuente (2): Instituto Nacional de Estadística (INE, 2017)

Fuente (3): Florencio Zoido y Andrés Arroyo. Obtenido de INE (censos de población)     

Por el momento, han quedado atrás los tiempos en los que el rey Hassán II llegó a afirmar ante el presidente Aznar que; “no haría la guerra a España porque estaba convencido de que la perdería” (Cembrero, 2006, 221). O cuando el ministro Federico Trillo aseguraba en una cadena de televisión española, en relación con la defensa de las plazas africanas que: “España necesitaba misiles de largo alcance como factor de disuasión” (Cembrero, 2006, 223). Los atentados yihadistas de Casablanca (2003) y Madrid (2004), así como las Revoluciones de 2011, marcaron sendos puntos de inflexión en las relaciones bilaterales. Sin embargo, Marruecos no ha abandonado sus pretensiones sobre las Plazas españolas, lo que mantiene vivo un problema para cuyo desenlace, presumiblemente inevitable, España deberá estar preparada.

 

CONCLUSIONES

El Mediterráneo desempeñó un papel secundario durante la Guerra Fría, pero el proceso de desmoronamiento de la Unión Soviética que comenzó en 1989 modificó drásticamente el equilibrio internacional. El Sistema Internacional parece estar modificando su estructura hacia algún tipo de multipolaridad, que posiblemente también será efímera. La teoría de sistemas busca explicar el funcionamiento de aquellos mediante leyes generales válidas, y en ese sentido, Kenneth Waltz llegó a la conclusión de que la bipolaridad era la forma más estable de orden internacional, a lo que contribuía incluso el arma nuclear. Si Waltz estaba en lo cierto y el Mundo queda finalmente definido por dos polos, Estados Unidos y China probablemente, el desplazamiento del centro de gravedad del poder mundial amenaza con dejar a Europa en la periferia del nuevo orden.

En ese nuevo orden, el poder e influencia de cada sociedad determinará su jerarquía en el sistema. Nada nuevo respecto a lo que conocemos desde 1648, salvo que prevemos un salto cualitativo del actor estado hacia el actor sociedad. Por otra parte, es de suponer que el poder se seguirá ejerciendo mediante la equilibrada combinación de los factores sociopolítico, económico y militar. El papel de este último posiblemente será cada vez más especializado y complementario de los anteriores. En este marco, nuestra argumentación pretende poner de manifiesto el perfil de España como actor de un Sistema Internacional en transición, que favorecerá a los actores más flexibles y adaptativos. La cualidad diferencial de las sociedades posmodernas será su capacidad de reaccionar ante lo imprevisto y adaptarse al cambio.

El sistema multipolar buscará el equilibrio según el grado de poder de sus unidades, que buscarán maximizarlo a través de las Organizaciones Internacionales a las que pertenezcan, pero también unilateralmente si aquellas no aseguran sus intereses nacionales. Por tanto, el nivel de ambición será el factor que determine la altura del listón que un país estará dispuesto a alcanzar en el nuevo orden posmoderno. Hemos expuesto también que la Cultura Estratégica influye de forma especial en la formulación de las Políticas de Exteriores y Defensa de los países. Así, en el proceso de verificación de nuestra hipótesis, hemos analizado como la traducción del pensamiento estratégico español a las correspondientes políticas refleja a menudo un planteamiento sólido, continuista y poco original.   

Los factores que hemos analizado en relación con el bajo perfil de España como actor internacional, explican sus posiciones tibias ante cuestiones securitarias complejas como las Revoluciones Árabes. Asimismo, los datos estadísticos consultados en fuentes oficiales y académicas nos indican que España es un país con una débil Cultura de Defensa. Estamos de acuerdo en que los factores sociopolíticos e históricos son serios condicionantes, pero lo cierto es que no existe un proceso de información eficaz que descienda desde el estado hasta el ciudadano. Debido a la ausencia de este proceso, que es político y de comunicación; la sociedad, como receptora del bien público Defensa, no reflexiona sobre cuestiones vitales que tienen consecuencias trascendentales para la colectividad, pero también para el individuo.

Si bien sostenemos que el enfoque del proyecto nacional que para nosotros significa la estrategia del Giro al Sur debería ser geoeconómica; la dimensión seguridad seguirá siendo necesaria. La inestabilidad y los conflictos seguirán siendo una realidad en África aun en el largo plazo, por lo que España no dejará de percibir el Magreb-Sahel como origen de riesgos y amenazas, razón por la que lo contemplamos dentro de nuestro ESP. El proceso de investigación que hemos realizado nos lleva a pensar que, teóricamente,  nuestro país podría contar con las capacidades necesarias para materializar el Giro al Sur. Sin embargo, los datos consultados puestos en contexto no nos inducen al optimismo. Sabemos que como políticas de estado, las de Exterior y de Defensa responden en buena medida a la cultura estratégica del país; pero ésta, debido a su naturaleza, es fácilmente permeables a las percepciones y por tanto, moldeable por el poder político y los medios de comunicación.

La tentación de comparar la época actual con el período de la Restauración resulta inevitable. Hoy día, como entonces, nos encontramos con un régimen que se enfrenta a un punto de inflexión histórico, donde sus estructuras deberían ser reemplazadas paulatinamente por otras actualizadas que puedan guiarlo sin sobresaltos en el cambio de ciclo. La diferencia con otras épocas estriba en que; si el Recogimiento a finales del siglo XIX y el aislacionismo internacional después de 1945 fueron impuestos por las circunstancias del momento, adoptar posturas similares hoy día resultaría inaceptable. En definitiva, hemos podido comprobar cómo los factores estructurales que han lastrado tradicionalmente el despegue de España hacia posiciones de liderazgo internacional no se han modificado de forma notoria. Uno de estos factores el de la ideología, que tiene una gran capacidad de contaminación.

Por otra parte, la integración en las diversas Organizaciones Internacionales ha permitido a los líderes de nuestro país mantener un perfil internacional más bajo del que le deberá corresponder a España. Además, la ausencia de una perspectiva amplia y original del mundo que nos rodea limita la percepción del Sur como el espacio de oportunidad hacia dónde canalizar las energías y capacidades de la nación. Teniendo en cuenta todo ello, esperamos que, sin pérdida de tiempo, obre un cambio en la percepción que la sociedad española tiene respecto al lugar que su país ocupa en el mundo; pero, sobre todo, del que debería ocupar en las próximas décadas.

No obstante, los resultados de nuestra investigación no nos permiten confiar en que el nivel de ambición de nuestros líderes políticos se vaya a modificar al alza. Más bien, creemos que no debemos esperar grandes cambios respecto a esquemas ya conocidos. La prioridad que se ha concedido al desafío ruso en el este de Europa, en detrimento del flanco Sur, es un nuevo ejemplo de cómo nuestros líderes políticos prefieren seguir a la sombra de nuestros socios más poderosos. La decisión de no desarrollar una estrategia propia con un incuestionable rumbo sur, podría descartar en la práctica a nuestro país como actor protagonista en los procesos de reconfiguración sociopolítica del Magreb-Sahel y el posterior salto a África. Sin embargo, las consecuencias más graves serían que, al desaprovechar esa oportunidad, España se convierta en un actor irrelevante en el nuevo orden mundial de la modernidad líquida. En el futuro próximo no habrá lugar para las estructuras sólidas precedentes.

Francisco Javier Quiñones es Comandante de Artillería del Ejército de Tierra

 

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ANEXO 1. GIRO AL SUR: ESQUEMA DEL SISTEMA DE LA SEGURIDAD ESPAÑOLA

Fuente: elaboración propia

Leyenda:

  • EPS (Eje Principal de Seguridad): Is. Canarias- Gibraltar- Ceuta- Melilla)
  • ESP (Espacio de Seguridad Próximo)
  • CDGS (Centro de Gravedad de la Seguridad): Gibraltar

[1]Acrónimo del árabe al Dawla al Islamiya fi al Iraq wa al Saham (Estado Islámico de Iraq y Levante). Tras su ruptura con al Qaida, el grupo se autodenominó Estado Islámico (EI), pero el mundo árabe no lo reconoce ni como estado ni mucho menos como islámico. Prefiere utilizar el término DAESH en sentido peyorativo, puesto que tiene la connotación onomatopéyica de aplastar algo con el pie.

[2] Esta autora, Mónica Salomón, explica que, en el campo de estudio de la teoría de las Relaciones Internacionales, Ole Weaver inscribe esta fase en lo que sería el cuarto debate de la disciplina. Según este, en realidad dicho debate consistiría en dos simultáneos; el que mantienen por una parte neorrealismo-neoliberalismo, que es en el que se apoya nuestro marco teórico, y el del racionalismo-reflectivismo por otra. Los debates anteriores serían: Primer debate: entre los años 30 y los 70 del siglo XX, que enfrentó a los enfoques realista e idealista, que tras la 2ª Guerra Mundial adopta el realista. Segundo debate o “metodológico”; opuso el cientificismo al tradicionalismo y, finalmente; el Tercer debate o “interparadigmático”, que tuvo lugar entre los autores que defendían el paradigma realista, el transnacionalita y el estructuralista. Weaver propuso cerrar el Tercer debate para separarlo del actual, entre neorrealismo-neoliberalismo.

[3] A lo largo del trabajo esbozaremos dos conceptos propios: el Eje Principal de Seguridad, que pivota sobre el Estrecho de Gibraltar, y el Espacio Próximo de Seguridad, definido por el primero. Tenemos la intención de ampliar ambos conceptos en futuras investigaciones. Se presentan gráficamente en el Anexo 1.

[4] “La misión del Ejército es la defensa de la unidad territorial y el orden institucional”. Ley Constitutiva del Ejército, de 29 de noviembre de 1878, art, 1º.

[5] Los días 1 de mayo y 3 de julio de 1898 respectivamente.

[6] Esta actitud presenta un interesante paralelismo con la Ejército francés después de 1945, que pretendió lavar en Indochina y Argelia el prestigio perdido en la SGM. 

[7] Como es sabido, en el verano de 1921 las cábulas rifeñas lideradas por Ab-el Krim se sublevaron contra la administración española. Causaron más de diez mil muertos a las tropas del general Silvestre (muerto en Annual el 21 de julio) y se presentaron ante las puertas de Melilla. Poco después, una fuerza encabezada por tropas de la Legión al mando del comandante Franco, recuperan el territorio.

[8] Sobre todo, ISAF y Endurance Freedom en Afganistán.

[9] Oficina de presupuestos del Ministerio de Defensa. Disponible en: http://www.defensa.gob.es/defensa/presupuestos/  Consultado el 29/07/17

[10] El último disponible on line

[11]Transatlantic Trends, Country Summaries 2013, Pp. 19 y 20.

Disponible en: http://trends.gmfus.org/transatlantic-trends/country-profiles-2013/ Consultado el 23/07/17

[12] Este fue el resultado más bajo de todos los países del estudio, que incluía a los del espacio euroatlántico.

[13] Óp. Cit,

[14] Transatlantic Trends,Key Findings, 2012. Pp. 39 y 40.

Disponible en: http://trends.gmfus.org/archives/transatlantic-trends/transatlantic-trends-2012/ Consultado el 23/07/17

[15] Las otras instituciones evaluadas son: Gobierno (3,2); Parlamento (3,5); Gobiernos Autonómicos (4,2); MCS (4,5) e Iglesia Católica (3,6)

[16] La valoración de las FAS en el BRIE 2016 en función de la variable ideológica es: Izquierda (3,8); Centro (6;1) y Derecha (7,6)

[17] Lo que lo convierte de hecho en el primer Ministro de Defensa de la Democracia.

[18] Conferencia: Política Militar en España. CESEDEN. IV Curso de Altos Estudios Militares, doc. A-918-200374, marzo 1974.

[19] El General se refería al desequilibrio del presupuesto de Defensa hacia las partidas de personal, en detrimento de las de material e investigación.

[20] Óp. Cit, 10

[21] Intervención de la ministra de Defensa, Mª Dolores de Cospedal; Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados (comisiones), XII Legislatura, 20 de diciembre de 2016, Núm. 82, p. 6

[22] Se puede acceder a una interesante propuesta sobre la implantación de la Cultura de Defensa en España en el documento citado en este párrafo:

 Herrero, C. (2015). Política de Seguridad y Defensa en Educación Secundaria y Bachillerato, DO 37/2015, IEEE. Disponible en:  www.ieee.es/Galerias/.../DIEEEO32-2015_PoliticaSegYDef_ClementeHerrero.pdf Consultado el 30/07/17

[23] El motor de la época moderna era el sistema productivo de las cosas materiales, pero con la revolución de la información en la época actual, las ideas han ocupado ese lugar central. 

[24] Diseño que Bentham llevó a cabo por encargo de Jorge III para reformar las instalaciones penitenciarias en Gran Bretaña. Pero la idea era demasiado avanzada para su tiempo y no prosperó.

[25] Administrativas, burocráticas, infraestructuras, etc

[26] En nuestra opinión, al introducir esta idea, Baumann alerta sobre el peligro del poder posmoderno, que puede involucionar hacia el totalitarismo por elisión del control.

[27] Frederick H. Hartmann (1922-2015) fue un destacado académico estadounidense de Relaciones Internacionales. Autor de títulos como: Basic Documents of International Relations (1969) y Wounded Eagle: America's Strategy and America's Security (2011)

[28] Un ejemplo de ello es el conflicto de Malí (2012). Las Revoluciones Árabes de 2011 favorecieron la guerra civil en Libia, desde donde los tuaregs del ejército de Gadaffi pasaron a Malí, declararon la independencia del norte del país (Azzawad) y se alinearon con los grupos yihadistas afines a Al Qaida.

[29] Estos propósitos, que figuran en el Art. 2 de la Carta son: Soberanía nacional, actuación de buena fe, no recurso a la fuerza para resolución de controversias y no injerencia en asuntos internos de los Estados.

[30] France24. International news 24/7 (2017, 13 de julio); Merkel, Macron vow closer co-operation, pledge to reform eurozone . Disponible en: http://www.france24.com/en/20170713-merkel-macron-elysee-eurozone-finance-minister-defence-cooperation Consultado el 07/09/17

[31] Entre ellos podemos citar; el desactualizado mercado laboral, la falta de competitividad de nuestro modelo educativo o las tendencias centrífugas que favorece el actual diseño territorial, entre otros.

[32] Francia en España (Embajada de Francia en Madrid); El Libro Blanco de la Defensa 2013.  Disponible en: https://es.ambafrance.org/Libro-Blanco-de-la-Defensa-2013

[33] Coinciden con los valores superiores que propugna el artículo 1.1 de la Constitución y con las misiones constitucionales que la Carta asigna a las FAS en el artículo 8.1

[34] La EES 2011 se había publicado el año anterior.

[35] Nueve páginas frente a las catorce de la DDN 2008.

[36] Una estrategia de disuasión debe ser creíble. Si se viola ese principio desde su concepción, toda la arquitectura de seguridad posterior puede desmoronarse. De la lectura de la DDN 2012 podríamos deducir que excluye implícitamente el empleo de la Fuerza para preservar los intereses estratégicos. En nuestra opinión, esto resultaría un contrasentido. No obstante, podemos suponer que detrás de esta redacción se encuentra la necesidad de consenso entre las diversas sensibilidades políticas.  

[37] EL LBD 2000 servirá de base para la Revisión Estratégica de la Defensa en 2003 (RED 2003).

[38] Se refiere, como es lógico, a los recursos energéticos

[39] Se puede encontrar, por ejemplo, un análisis sintético de la ESN 2013 junto a un cuadro comparativo de ambas estrategias en: Laboire, M. (2013); La Estrategia de Seguridad Nacional 2013. Documento de Análisis 34/2013. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Disponible en: www.ieee.es/.../docs.../DIEEEA34-2013_EstrategiaSeguridadNacional-2013_MLI.pdf

[40] La Estrategia de Seguridad Nacional 2013 define la Seguridad Nacional como:

“la acción del Estado dirigida a proteger la libertad y el bienestar de sus ciudadanos, a garantizar la defensa de España y sus principios y valores constitucionales, así como a contribuir junto a nuestros socios y aliados a la seguridad internacional en el cumplimiento de los compromisos asumidos”.

[41] Para disfrutar de dicha continuidad, la SN debe poder superar las agendas particulares de partidos.  Una ESN, por tanto, debe contar forzosamente con el consenso de todas las fuerzas políticas. Esa es una de las razones que explicaría algunas de las posibles indefiniciones o debilidades del documento. Otras razones se explicarían por cuestiones estructurales, relacionadas con una escasa cultura estratégica; de la que también nos ocupamos en este trabajo.

[42] La otra es, lógicamente, Europa.

[43] Los intereses nacionales se han ido perfilando cronológicamente en los diversos documentos de Política de Defensa y Seguridad (LBD 2000, REV 2003, DDN 2008, EES 2011, DDN 2012 y ESN 2013). Por tanto, como existe suficiente consenso y conocimiento sobre ellos, es lógico suponer que los redactores de la ESN consideraran redundante enumerarlos de nuevo.

[44] Procesos de Barcelona, Unión por el Mediterráneo, iniciativa 5+5 o Diálogo Mediterráneo de la OTAN. Desarrollados por la UE o la OTAN entre 1995 y 2010. Aunque aún vigentes, la mayoría han quedado desactualizados por los procesos de reconfiguración geopolítica de la Región tras las Revoluciones Árabes.

[45] El conflicto saharaui responde en buena medida a la dejación de responsabilidades por España como potencia descolonizadora. Dichas responsabilidades dimanan de la doctrina de Naciones Unidas sobre los procesos descolonizadores. Sobre esta cuestión, se recomienda consultar la Resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre la cuestión de Ifni y el Sáhara Occidental Español. A/RES/2072 (XX): 1398ª sesión plenaria de 16 de diciembre de 1965. Disponible en: http://research.un.org/es/docs/ga/quick/regular/20

[46] En 2012 Francia revisó su Libro Blanco de la Defensa para incorporar tres nuevos aspectos; las revoluciones árabes, el giro hacia Asia de EE UU y la persistencia de la crisis económica.

[47] Aspectos que sí mencionaba la EES 2011.

[48] Ver gráficamente estos conceptos en el Anexo 1.

[49] Entre ellas, podemos incluir la forma en la que un país decide asegurar sus intereses nacionales.

[50] Incluye territorio peninsular, insular y ciudades autónomas. Una cuarta parte de ese total corresponden a playas.

[51] Corresponde al 7% del territorio nacional.

[52] Ley 22/1988, de 28 de julio, de costas; BOE 181, de 28 de julio, pp. 23386-23401

[53] La geopolítica nace a finales del siglo XIX y principios del XX de la mano del sueco Kjellen. Disfrutó de gran auge en Alemania durante los años veinte y treinta, donde autores como Klaus Hausshoffer influyeron poderosamente en el desarrollo de las teorías nacionalsocialistas del Lebensraum. Estas teorías aportaron el respaldo intelectual y científico a las políticas de exterminio con las que la Alemania Nazi invadió la Unión Soviética en 1941. El destino final para la mayor parte de la población eslava de la Rusia europea, planificado en términos económicos más que raciales, era; morir de hambre o servir de mano de obra esclava para el III Reich.

[54] Entre otras consecuencias, un escenario semejante pondría en peligro el abastecimiento energético desde la Región (recordemos que España importa de Argelia más del 50% del gas natural que utiliza) y dispararía la inmigración no controlada.

[55] Las cuestiones más preocupantes a corto plazo son: en Argelia la sucesión del presidente Buteflika y en Marruecos, el cuestionamiento de las instituciones, incluida la monarquía.

[56] Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Mauritania, Sáhara Occidental, Malí, Níger y Nigeria.

[57] Las exportaciones de gas se vieron menos afectadas gracias a que las plantas gasísticas se encuentran en sobre todo en la costa oeste del país, más segura.

[58] Brittish Petroleum. (2016). BP Statistical Review of World Energy 2016. Disponible en: http://www.bp.com/en/global/corporate/energy-economics/statistical-review-of-world-energy/oil/oil-production.html Consultado el 27/05/17

[59] Por su cercanía a estos recursos, por su situación puente entre ellos y el resto de la UE, y por la experiencia en el terreno de las empresas españolas del sector.

[60]La instalación está gestionada por Red Eléctrica Española (REE) y su homóloga marroquí, l´Óffice  Nationale l´Eletricité (ONE).

[61] Proyecto REMO. 2º Interconexión eléctrica entre España y Marruecos. Red Eléctrica de España (REE) . Pp. 3 y 4. Disponible en: http://www.ree.es/es/sala-de-prensa/monograficos/2a-interconexion-electrica-espana-marruecos-proyecto-remo Consultado el 27/05/17

[62] DESERTEC. Disponible en: http://www.desertec.org/ Consultado el 27/05/17

[63]  Directiva 2009/28/CE del Parlamento Europeo y del Consejo: fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables. Aprobado en Bruselas el 23/04/2009 y entrada en vigor el 25/06/2009. 

[64] Ambas energías utilizan la radiación solar; aunque mientras la térmica aprovecha el calor del Sol, la fotovoltaica convierte la luz en electricidad. Una diferencia importante entre ambas es que la térmica se almacena en depósitos de agua, mientras que la fotovoltaica en baterías, que son más caras y menos eficientes.

[65] Se desglosaban en 70.000 para plantas de generación y 10.000 para la red de transporte de la electricidad.

[66]  El Plan Solar Mediterráneo requiere 80.000 millones de inversión y más interconexiones en España (14 marzo 2009); Mercado Financiero. Disponible en:  http://www.europapress.es/economia/energia-00341/noticia-plan-solar-mediterraneo-requiere-80000-millones-inversion-mas-interconexiones-espana-20090314200454.html Consultado el 31/05/17

[67] El sitio web; www.euroXpress.es (Portal de noticias de la Unión Europea) dejó de ser actualizado en 2016, aunque se mantiene abierto con fines documentales.

[68] Por la experiencia de nuestras empresas del sector en la Región y porque la única interconexión eléctrica entre Magreb y UE discurre entre Marruecos y España (Algeciras)

[69]Nota de prensa; Comparecencia de Miguel Sebastián ante el Parlamento Europeo el 27/01/2010. Ministerio de industria, comercio y agenda digital. Disponible en: http://www.minetad.gob.es/es-es/gabineteprensa/notasprensa/2010/Paginas/npcomisionenergiatransportetelecope.aspx Consultado el 28/05/17

[70]Iniciativa del gobierno francés con la que pretendía sustituir al PSM.

[71]Entendemos ésta como una medida de la posición que ocupa o puede ocupar un estado determinado en la jerarquía de la Organización Internacional.

[72] El acontecimiento que prendió la llama de las Revoluciones fue la muerte del joven tunecino Mohammed Bouazzid el 17 de diciembre de 2010. Buazzid era diplomado en informática, pero se veía obligado a ganarse la vida con un puesto de fruta ambulante, que le fue confiscado por la policía por no acceder a sus sobornos. Cuando presentó la denuncia en comisaría, fue vejado y golpeado por una mujer policía. Desesperado, decidió prenderse fuego frente al ayuntamiento de su ciudad. Sin saberlo, ni pretenderlo, su acto también incendió al resto del norte de África y Oriente Medio.

[73] Naciones Unidas (2015); Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe 2015; pp. 10-12. Disponible en: www.un.org/es/millenniumgoals/pdf/2015/mdg-report-2015_spanish.pdf Consultado el 03/06/17

[74] En el Norte de África; Mauritania, Marruecos, Sáhara Occidental y Territorios Palestinos y en África Subsahariana; Malí, Senegal, Etiopía, Guinea y Mozambique

[75] En la propia Introducción, se califica el Plan como “realista” en cuanto a la forma de abordar los objetivos según las capacidades disponibles.

[76] El III Plan de Ayuda al Desarrollo fue elaborado durante la IX Legislatura por el gobierno presidido por D. José Luis Rodríguez Zapatero.

[77] Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación (209); III Plan Director de la Cooperación Española 2009-2012; pp. 28 y 29. Disponible en:

  www.aecid.es/galerias/publicaciones/descargas/libro1_PlanDirector_LR.pdf  Consultado el 03/06/17

[78] Superando a China (1400 millones) e India (1600 millones)

[79] Las principales exportaciones marroquíes son componentes para automoción y electrónicos, integrados en las redes industriales europeas con una importante presencia empresarial española.

[80] Como podemos observar, es difícil dejar de percibir el marco Magreb-Sahel desde su dimensión de seguridad. 

[81] Este diferencial es de uno a trece entre España y Marruecos, pero se dispara hasta el uno a cuarenta con Malí.

[82] Los atentados en Casablanca (2003) y más tarde los de Madrid (2004), cerraron el periodo de crisis. Se abrió un nuevo periodo de relaciones tras la llegada al poder de los socialistas en España, como consecuencia de los atentados del 11-M.

[83] Recordamos que la EES 2011 recupera el término de potencia media para referirse a España como actor internacional.

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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