Enseñanza de la inteligencia: errores sobre el ciclo

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En la práctica de la enseñanza de la inteligencia existen conceptos que resultan difíciles de asimilar por parte de los alumnos. Son conceptos que, fuera del contexto que justifica su razón de ser, pueden ser malinterpretados y, de hecho, llegan a ser utilizados con fines que les resultan completamente ajenos, aplicados a la resolución de problemas para las que no pueden ser de ninguna ayuda. Uno de los conceptos que con frecuencia plantean dudas es el de ciclo de inteligencia.

El ciclo es una visión idealizada del funcionamiento de un sistema de inteligencia[1]. Ha sido criticado con frecuencia por no representar de manera fiel, en toda su complejidad, la forma en la que en realidad funciona la inteligencia. O también por no ser capaz de explicar adecuadamente el papel de la inteligencia en apoyo del proceso de toma de decisiones. Existe, sin embargo, un amplio consenso sobre su utilidad didáctica, principalmente en cursos generales sobre inteligencia o en cursos de iniciación al análisis.

Quizá por convivir el ciclo con las técnicas de análisis dentro de los mismos programas didácticos, con cierta frecuencia encontramos a alumnos que interpretan que el ciclo de inteligencia es una técnica analítica más. Este es un error relativamente común, que ha trascendido el ámbito de la enseñanza y que, por ejemplo, podemos encontrar también en algunos artículos de prensa[2]. Para los alumnos que entienden así este concepto, no hay nada más natural que “utilizar el ciclo” para intentar resolver los ejercicios analíticos que se les proponen. De manera que intentan identificar los pasos analíticos que emprenden con las fases del ciclo y, en bastantes casos, creen que, al menos desde el punto de vista metodológico, ya han cumplido.

Parece evidente que este enfoque tiene poco sentido, ya que, aplicado el ciclo a un problema analítico aislado, no es más que una sucesión de obviedades. Alguien (el profesor) encarga un ejercicio (fase de dirección), el alumno recoge información (fase de obtención), la analiza (fase de elaboración) y, tras poner los resultados por escrito en el formato que se le haya marcado (producción, si es que se identifica como una fase independiente), entrega el producto al profesor (fase de difusión). Esta descripción sirve para un ejercicio de análisis de inteligencia, pero también para casi cualquier ejercicio didáctico que pueda plantearse, independientemente de la disciplina. El valor añadido del (supuesto) ciclo de inteligencia como técnica analítica es, como vemos, prácticamente nulo.

Entiendo que el ciclo debería quedarse en el lugar que le corresponde, como una descripción idealizada del funcionamiento de un sistema de inteligencia. Una descripción que, a pesar de sus imperfecciones, tiene el importante mérito de enfatizar dos ideas muy importantes. La primera es el carácter continuo del proceso, que no se detiene nunca y que en cada nueva iteración es capaz de generar productos con un nivel de exactitud (o de complejidad) creciente, o bien con un foco ligeramente (o no tan ligeramente) modificado en virtud de las circunstancias. El segundo sería el papel fundamental del cliente, que pone en marcha (impulsa, ajusta) el proceso en la fase de dirección y que es el beneficiario directo del producto en la fase de difusión.

Son dos características importantes de la inteligencia y su correcta asimilación resulta fundamental para comprender bien la disciplina, el proceso y los productos. Sin el cliente, sin su participación activa, sin la toma en consideración de sus necesidades y de sus prioridades, no puede ejercerse ninguna influencia sobre el proceso de toma de decisiones y, en consecuencia, no existe ni siquiera inteligencia. Por otra parte, si no prestamos atención al carácter permanente del proceso, a la continua reiteración de esfuerzos, a la perfectibilidad de los productos, estamos ignorando el valor de la organización. Y es la organización la que hace posible que aquellos que adoptan las decisiones importantes puedan basarlas sobre el mejor conocimiento disponible, con independencia de que en muchas ocasiones no han sido ellos quienes han elegido el momento de actuar, sino que este les ha sido impuesto por las circunstancias.

Resumiendo. Sí, con matices, al ciclo (porque hay modelos mejor adaptados a las realidades de la inteligencia actual). No a su pretendido uso como técnica analítica.

José Miguel Palacios es Teniente Coronel de Infantería y Doctor en Ciencias Políticas.


[1] Puede encontrarse una revisión reciente del concepto de “ciclo de inteligencia” y de los problemas que plantea su uso en Javier Jordán, “Una revisión del ciclo de inteligencia”, Análisis GESI 2/2016, 19.01.2016. http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/una-revisi%C3%B3n-del-ciclo-de-inteligencia (Acceso; 04.03.2017).

[2] Ver, por ejemplo, La Vanguardia, 18.06.2013: “El ciclo de inteligencia es una potente herramienta ubicada en el ámbito de la gestión del conocimiento que se usa para la generación de inteligencia”.