El secularismo político se resquebraja en Túnez

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Análisis GESI, 13/2019

Resumen: La democracia tunecina está a las puertas de comenzar un tercer ciclo político. El primero se inició en 2011 con la victoria del partido islamista Ennahda en las elecciones constituyentes de ese año. En 2014 comenzó un segundo ciclo dominado por la coalición secular Nidaa Tounes, después de que esta obtuviera la victoria en las legislativas y presidenciales.

A finales de 2019 comenzará un nuevo ciclo político ya que tendrán lugar las próximas elecciones legislativas (6 de octubre) y presidenciales (17 de noviembre), a las cuales el espectro político secular o antislamista se presenta gravemente fragmentado después del nacimiento de Tahya Tounes, un partido escindido de Nidaa Tounes. Esta fragmentación afectará negativamente al resultado electoral del espectro secular, lo que con toda seguridad convertirá a Ennahda en la fuerza política con más diputados en la ARP (Asamblea de Representantes del Pueblo). El resultado de estas próximas elecciones será determinante para el futuro de la única democracia árabe.

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Introducción

El pasado 27 de enero el actual Primer Ministro de Túnez, Youseff Chahed, anunció su decisión de abandonar la coalición secular a la que representaba, Nidaa Tounes (“Llamada a Túnez”), para embarcarse en un nuevo proyecto político a través de la creación de Tahya Tounes (“Viva Túnez”). Su objetivo principal es fundar una coalición amplia modernista contraria al islamismo, en definitiva prácticamente el mismo motivo por el que se fundó Nidaa Tounes hace siete años. Este escenario refleja la grave crisis y fragmentación que está sufriendo el espectro político secular o antislamista en Túnez de cara a las elecciones legislativas (6 de octubre) y presidenciales (17 de noviembre) de este año y que apuntan al islamismo de Ennahda como probable vencedor de las primeras.

 

Antecedentes

Las primeras elecciones constituyentes de 2011 tras la huida de Zine El Abidine Ben Alí evidenciaron que la fuerza política con mayor poder de cohesión y organización en Túnez era Ennahda (“Renacimiento”), el principal partido islamista liderado por el carismático e influyente Rashid Gannouchi. En ellas Ennahda obtuvo el 37% de votos, frente al 8,7% de Congreso para la República (CPR) en segunda posición y al 6,7% del también islamista Aridha Chaabia (Petición Popular) en tercera. Ennahda no consiguió obtener mayoría absoluta y al contrario de lo que se esperaba, decidió cerrar un pacto de gobierno con CPR y Ettakatol, dos partidos socialdemócratas seculares, dando lugar a lo que se conocería como la “Troika”.

La amplia victoria de Ennahda se debió, por un lado, al fuerte tejido organizativo y de solidaridad que los islamistas habían ido creando desde hacía varias décadas, debido a que bajo los regímenes autoritarios de Burghiba y Ben Alí, ambos contrarios a la islamización de la sociedad, sufrieron una fuerte persecución. Esto generó una importante voluntad catalizadora que, tras la caída de la dictadura y el inicio del periodo democrático, supusieron bases muy sólidas para el desarrollo de un partido dispuesto a competir, y a la postre vencer, en unas elecciones libres.

Por otro lado, la oposición política al islamismo llegó a esas elecciones con débil organización y muy fragmentada políticamente. Tanto los herederos de la dictadura (como la Iniciativa Nacional Destouriana), como las fuerzas democráticas de nuevo cuño (Afek Tounes o Unión Patriótica Libre), como la oposición de izquierdas (Frente Popular), todos ellos contrarios a los postulados de Ennahda, no llegaron a unir sus fuerzas debido a hondas diferencias ideológicas que una mera oposición al islamismo no permitió salvar.

En las siguientes elecciones legislativas y presidenciales de 2014 cambiaría el panorama. Beji Caid Essebsi, antiguo alto cargo político durante los regímenes anteriores, decidió solucionar esta fragmentación fundando Nidaa Tounes, una coalición secular amplia con ciertos lazos con el régimen anterior, de la que sigue siendo líder actualmente. La operación tuvo éxito y llevó a Nidaa Tounes a alcanzar la victoria en las legislativas con el 37,5% de votos frente al 27,8% de Ennahda y a Caid Essebsi a convertirse en Presidente de la República. Sin embargo, el principal problema de la coalición secular residía en su gran diversidad ideológica interna, lo que les traería graves consecuencias poco después.

Túnez quedó entonces dividido en un sistema eminentemente bipartidista: De una parte, el sólido bloque islamista de Ennahda y de otro, la coalición secular amplia de Nidaa Tounes. La nueva correlación de fuerzas actualizaba el clásico eje político islamismo/antislamismo, existente en Túnez durante la época dictatorial y también, con sus particularidades, en la etapa democrática.

 

Nidaa Tounes y Ennahda: una relación cambiante

La relación entre Nidaa Tounes y Ennahda comenzó a modificarse pronto. De ser enemigos políticos e ideológicos irreconciliables pasaron a convertirse en socios efectivos de gobierno debido principalmente a la dimisión en bloque, a finales de 2015, de 32 de diputados de Nidaa Tounes. Esta situación provocó que negociar con la bancada islamista dejara de ser un tabú para la coalición secular, y más bien, una cuestión de supervivencia en el poder al haber perdido la mayoría en la cámara legislativa después de las dimisiones. Ennahda optó por un perfil bajo, favoreciendo el entendimiento en aras de mantener la estabilidad (en dos años se han sucedido cuatro Primer Ministros diferentes), lo que además les beneficiaba tácticamente.

Este “idilio estratégico” duró hasta mayo de 2018, fecha de las primeras elecciones municipales. Estos comicios supusieron un durísimo batacazo para Nidaa Tounes, que solo obtuvo el 22,2% de los votos frente al 28,6% obtenido por Ennahda (con el bonus añadido de que su candidata a Túnez capital, Souad Abderrahim, se alzaba con la alcaldía). La gran sorpresa provino de las diferentes listas independientes municipalistas, que llegaron a obtener, sumadas de forma conjunta, el 32,37% de los votos, lo que ilustra cómo los ciudadanos están dando poco a poco la espalda al bipartidismo hegemónico y a la política en general (la abstención fue muy alta, en torno al 64%). Sin embargo, es preciso tener en cuenta que detrás de la etiqueta de “independiente” se encuentran en no pocos casos candidaturas que en esencia son partidistas, pero que prefieren llevar la etiqueta de independientes para ser más atractivas al electorado. Tal es el caso de algunas candidaturas supuestamente independientes pero muy próximas a Ennahda o al Frente Popular. Fathi Chamkhi, uno de los dirigentes de esa formación de izquierdas, calcula que unas cincuenta estaban dirigidas por ellos. A partir de entonces, volvió la rivalidad.

 

Implosión de Nidaa Tounes y dimisión de Youseff Chahed

Al descalabro electoral de Nidaa Tounes se unía una situación interna muy complicada, resumida en el intento de Beji Caid Essebsi (Presidente de la República y líder de la coalición secular), de 92 años de edad, de legar la dirección del partido a su hijo Hafedh Essebsi, movimiento que cuenta con muchas resistencias internas. Paralelamente, la acuciante falta de apoyos que sufre el Primer Ministro Chahed le ha llevado a reformar varias veces su gabinete ministerial. Esta lucha por el liderazgo, que en el fondo se llevaba fraguando desde 2015, ha sido determinante para el debilitamiento del partido, que no cesa de perder diputados.

Con el objetivo de parar la hemorragia, Nidaa Tounes y Unión Patriótica Libre, partido del polémico empresario británico-tunecino Slim Riahi, anunciaron una fusión entre ambos. Dicha alianza, si bien dio algo de respiro a la coalición secular, también avivó aún más el conflicto interno existente. Riahi afirmaría su simpatía por el clan Essebsi y pediría abiertamente la dimisión de Chahed. El carácter artificial y precipitado de dicha fusión se haría patente muy poco después de haberse formado, con la abrupta dimisión del propio Riahi, lo que reflejaba el fracaso de la operación. De los 86 escaños que obtuvo Nidaa Tounes en las elecciones de 2014, después de sucesivas dimisiones hoy controla únicamente 37.

La crisis interna llegaría a su punto álgido a finales de enero. El actual Primer Ministro Youssef Chahed, sintiéndose rechazado por la cúpula de su partido y hastiado de las presiones del Presidente Caid Essebsi, decidiría abandonar Nidaa Tounes y apoyar la fundación de un nuevo partido, Tahya Tounes.

 

Previsión electoral

La oposición política al islamismo se encuentra totalmente fragmentada. Esta afronta con serias dificultades competir tanto contra el islamismo de Ennahda, como, en menor medida, contra las figuras independientes y nuevos partidos que cada vez reciben más apoyo popular como reacción al bipartidismo imperante los últimos años. Sus dos principales representaciones, Nidaa Tounes y su escisión Tahya Tounes, competirán por atraer un caladero de votos compartido, lo que dividirá su fuerza electoral en las legislativas e impedirá a ambas alcanzar la primera posición en número de votos. Con respecto a las elecciones presidenciales, el líder de Nidaa Tounes, Caid Essebsi, ya anunció su decisión de no presentarse a la reelección, y con respecto a Tahya Tounes, aún no han decidido quién será su candidato, aunque todo apunta a que será el actual Primer Ministro Youssef Chahed.

En referencia a Ennahda, su sólida organización, su inteligente papel en la oposición y las deficiencias de Nidaa Tounes en la gestión política externa e interna, hacen que con toda probabilidad vaya a ser la fuerza más votada en las próximas elecciones legislativas. De cara a las presidenciales, Ennahda parece renunciar a presentar un candidato propio, como ya hizo en los anteriores comicios presidenciales, y por el momento se reserva a qué persona apoyará. Algunos miembros del partido se inclinan por el apoyo a Chahed (para desarrollar una estrategia de consenso y al mismo tiempo forzar un arrinconamiento de Nidaa Tounes) en el caso de que se presentara a la Presidencia del país y otros en cambio defienden la opción de Kais Saied, un experto constitucionalista independiente pero con muchas simpatías dentro del ámbito islamista.

Es reseñable el aumento de popularidad que está cosechando el Partido Destouriano Libre (PDL), partido político heredero directo de las ideas de Burghiba y muy crítico con el actual sistema democrático. Su lideresa, Abir Moussi, está desarrollando los últimos meses una campaña electoral muy mediática que ha contado con el apoyo directo de algunos medios de comunicación, como Kapitalis. Algunas encuestas le otorgan a esa formación cerca del 10% de los votos, que pese a ser un porcentaje pequeño con respecto a los grandes partidos del país, ilustra un gran crecimiento con respecto a 2014.

La probable victoria de Ennahda en las legislativas no presupone necesariamente una posible regresión de derechos y libertades democráticas o un súbito aumento de la violencia, a pesar de que algunos analistas, de forma quizás algo hiperbólica, otorgan al partido islamista una naturaleza terrorista. No hay que olvidar que la Constitución de Túnez, la más liberal de todo el mundo árabe, fue redactada y aprobada en una Asamblea Constituyente con clara mayoría nahdaui.

De cara a las elecciones presidenciales, se presentarán un gran número de candidatos, tanto independientes como partidistas. El sistema de elección presidencial es a doble vuelta, y debido a la popularidad del actual Primer Ministro Youssef Chahed, en el caso de que decida postularse como candidato a la Presidencia lo más probable es que se alce con la victoria. En el caso que esto sucediera, el país entraría en un periodo de cohabitación donde el Parlamento estaría controlado por los islamistas mientras que el Ejecutivo lo ostentaría una figura secular.

En cualquier caso, la particular configuración del Estado tunecino, que en ocasiones produce conflictos competenciales entre el Primer Ministro y el Presidente (que dista mucho de ser una figura meramente simbólica) y cuyos cargos son elegidos en procesos electorales diferenciados, proyecta un futuro próximo para Túnez que se mueve entre el dinamismo y la inestabilidad.

 

Conclusiones

Después de nueve años, Túnez sigue siendo la única democracia árabe existente a día de hoy, según Freedom House. La falta de cultura democrática de la mayoría de los actores políticos, la gravísima coyuntura internacional que viven sus vecinos directos (en especial Libia), la sombra del terrorismo yihadista que sigue presente y una crisis económica que no termina de ser solventada son los principales desafíos que amenazan la consolidación del sistema democrático en Túnez.

Según Huntington, un sistema democrático está más consolidado cuando ha superado el “two turnover test”, esto es, cuando el partido que obtiene la victoria en las primeras elecciones de transición pierde en los subsiguientes comicios y permite la alternancia pacífica del poder, y este nuevo partido que obtiene el poder, pierde a su vez en las siguientes elecciones y también permite la alternancia de poder pacífica con el partido que originalmente ganó la primera vez. En las legislativas de octubre de 2019 puede producirse este escenario, después de que los islamistas obtuvieran la mayoría parlamentaria en las elecciones constituyentes de 2011, para posteriormente perderla en favor de Nidaa Tounes en 2014, y posiblemente en 2019 Ennahda vuelva a recuperar el control de la cámara legislativa, todo ello desarrollándose hasta el momento de forma pacífica.

La relativa buena sintonía política y un cierto espíritu de consenso entre los dos principales bloques enfrentados, islamistas y seculares, que a lo largo de los últimos años han compartido un mismo deseo de estabilizar al país, es una nota positiva que se debería mantener tras las comicios de 2019. Dicha capacidad de consenso se pondrá más a prueba que nunca si se cumple el presagio de que los islamistas obtengan la mayoría del legislativo y un secular ocupe la cabeza del ejecutivo. Es por ello que a finales de este año, después de las elecciones, se abrirá un nuevo ciclo determinante para clarificar si el sistema democrático en Túnez es un fenómeno ya consolidado o aún en riesgo de desaparecer.

 

Pablo Gómez Godoy es Licenciado en Derecho (San Pablo CEU), Máster Paz, Seguridad y Defensa (UNED-IUGM) e Investigador predoctoral (UNED-IUGM). E-mail: pgomez@igm.uned.es

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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