El papel de las fuerzas convencionales en la «zona gris»

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Análisis GESI, 24/2019

El concepto de conflicto en la «Zona Gris» se desarrolla fundamentalmente en un marco en el que se supera la dicotomía entre guerra y paz y se desarrolla por debajo de los umbrales de conflicto tradicionalmente establecidos.

Esta aproximación de carácter general puede llevarnos a pensar en que el papel de las fuerzas convencionales se limita a contribuir los elementos fundamentales de disuasión frente a un potencial adversario, máxime cuando en la mayoría de los casos estas fuerzas pudieran ni siquiera están amparadas bajo la cobertura de un plan de operaciones.

En los últimos años es cada vez menos extraordinario que algunos países hayan superado, por obsoleto, una aproximación al conflicto en términos de paz y guerra, puesto que la dicotomía planteada por estos estadios se había diluido, manteniendo su relevancia exclusivamente desde un punto de vista jurídico, pero habiendo perdido su relevancia desde un punto de vista político-estratégico.

De acuerdo con esta concepción, los períodos de paz no implicaban el cese de las hostilidades, los objetivos políticos permanecen inmutables, pero se alcanzan a través de otras herramientas y tácticas. Además, la tradicional demarcación geográfica del campo de batalla desaparece, lo que convierte la totalidad del territorio geográfico del adversario en un potencial campo de batalla, teniendo como consecuencia inmediata una cada vez mayor implicación de la población civil.

Esta caracterización del conflicto, conocida como conflicto en la «Zona Gris», se desarrolla manteniendo a la sociedad propia como campo de batalla y pretende alcanzar objetivos políticos y estratégicos a través de la subversión de las estructuras políticas, la deslegitimación de las instituciones público-privadas y el socavamiento de la moral de los elementos de la sociedad, entre los que se encuentran las fuerzas armadas.

Por lo tanto, al apartarnos de los convencionalismos predominantes con respecto a la dualidad paz-guerra y aceptar que el adversario puede llegar a desarrollar actividades con la intención de erosionar la legitimidad del Estado frente a su opinión pública con la intención de provocar una carencia de gobernabilidad real o percibida, se hace evidente que la totalidad de las fuerzas armadas pueden llegar a ser objetivo de este tipo de acciones y que también constituyen uno de los elementos fundamentales para enfrentar la amenaza.

La verdadera dificultad para hacer frente a esta amenaza radica en la falta de preparación mental para abandonar concepciones obsoletas e insostenibles que puedan llegar a impedir una adecuada anticipación de las respuestas necesarias ante las nuevas amenazas y escenarios. Así, resulta fundamental continuar poniendo en valor la imprescindible capacidad de adaptación, con una disposición intelectual alejada de apriorismos, que necesitarán las fuerzas convencionales para hacer frente a esta amenaza.

 

Líneas de acción propuestas

En este nuevo entorno operacional es necesario considerar las acciones necesarias para mantener la libertad de acción propia, para evitar las acciones de inteligencia sobre nuestras capacidades o aquellas otras encaminadas a neutralizar este tipo de actividades por parte de un potencial adversario. Para ellos se plantean cuatro líneas de acción.

La primera línea de acción se centra en la disposición de unas capacidades creíbles para ejercer una disuasión sobre el adversario. Unas capacidades que no solo deberán ser analizadas bajo un prisma cuantitativo, sino también bajo una óptica cualitativa cuyos requisitos pasan por un alto nivel de disponibilidad y alistamiento, incluso en tiempos de ausencia de conflicto; una capacidad de proyección eficaz y oportuna; unas organizaciones orgánicas en el que la principal característica vendrá determinada por la adaptabilidad, una adaptabilidad que necesariamente debe permitir la transformación hacia organizaciones operativas capaces de enfrentar una amenaza multidominio de forma rápida sin la posibilidad de contar con largos periodos de concentración previos a su utilización.

La segunda línea de acción se centra en la Diplomacia de Defensa. Línea de acción en la que se incluyen los esfuerzos de seguridad cooperativa que en el nivel de mayor implicación puede llegar a incluir misiones de asistencia militar; de diplomacia coercitiva no solo a través de la disuasión, sino también a través del despliegue de unidades en terceros países o en aguas internacionales; y también, en aras de favorecer una desescalada de la situación de crisis, de incremento de las medidas de seguridad y confianza.

La tercera línea de acción considerada pasa por incrementar la actuación integrada de las unidades de las fuerzas armadas con las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, no solo en el desarrollo de planes de protección de infraestructuras críticas, sino también en el desarrollo de otros cometidos. Una actuación integrada que necesariamente tiene que ser precedida de un adiestramiento entre ambas fuerzas. En este sentido, aquellos países que cuentan con fuerzas policiales de carácter gendármico, podrían llegar a contar con un mecanismo de integración de carácter más inmediato, pero será necesario estudiar otras opciones de colaboración entre las fuerzas policiales y las militares en el territorio nacional.

La cuarta y última línea de acción que se considera necesaria para mantener la libertad de acción y maniobra, considerando que las actividades en la «Zona Gris» se desarrollan sobre todo a través del dominio de la inteligencia y del espacio cognitivo, se centra en las medidas de protección de la información y en el mantenimiento de la moral y confianza dentro de nuestras unidades. Dos medidas que en el marco de sociedades cada vez más alejadas de la realidad del conflicto e inmersas en una irreversible revolución de las tecnologías de la información, no resultan baladíes y que contribuirán al fomento de la resiliencia de las sociedades en la que viven frente a acciones en el espacio cognitivo.

 

Capacidades requeridas

Las capacidades militares se definen en el planeamiento de la defensa y se agrupan en áreas de capacidad atendiendo a los requisitos establecidos para la fuerza. De forma generalizada se pueden establecer las siguientes: mando y control; capacidad de enfrentamiento; conocimiento de la situación; proyección; sostenimiento; supervivencia y protección; y contribución a la acción del Estado.

Cada una de estas capacidades está definida por los elementos que la componen y que no son otros que el material, la infraestructura, los recursos humanos, el adiestramiento, la doctrina, la organización y la Interoperatibilidad.

Atendiendo a las líneas de acción señaladas en el epígrafe anterior, las principales capacidades militares requeridas para cada una de ellas se reflejan en la tabla adjunta.

El entorno característico de las crisis que se desarrollan en la «Zona Gris» hace necesario que las unidades convencionales estén preparadas para enfrentarse a desafíos que van desde incidentes con origen en accidentes de circulación o relacionados con actividades delictivas y magnificados por campañas de propaganda; hasta manifestaciones contrarias a su presencia o, en el peor escenario, acciones desarrolladas por movimientos insurgentes surgidos en el seno de las minorías presentes en estos países. Por todo ello, en cualquiera de las líneas de acción propuestas la capacidad de mando y control y de conocimiento de la situación se considera imprescindible.

Las acciones del adversario requerirán, desde el punto de vista del mando y control, que los comandantes de unidad cuenten con una mayor flexibilidad para adaptarse a las condiciones del entorno, actuando en todo momento con el objetivo de alcanzar y mantener la iniciativa dentro de su área de responsabilidad. Lo que implica que debe dotarse a sus comandantes de la responsabilidad, la autoridad y las herramientas necesarias para alcanzar y mantener esa iniciativa.

 

Conclusiones

Las acciones en la «Zona Gris» representan una forma de coerción que mezcla medidas convencionales y no convencionales que deben ser entendidas dentro de un contexto más amplio. Para enfrentarlas de forma adecuada es necesario generar y mantener una capacidad organizativa que pueda traducir las decisiones iniciales en acciones, mostrando una gran adaptabilidad al entorno operacional.

Para ello, las fuerzas convencionales cada vez deberán incrementar su capacidad de proyección incrementando su nivel de alistamiento y disponibilidad. Además, deberán de forma paulatina comenzar a desarrollar misiones reservadas hoy en día a unidades de operaciones especiales como los de asistencia militar, ya que no podemos obviar, que salvo en el caso de despliegues de fuerzas bajo el amparo de una organización de seguridad internacional o la solicitud de un país tercero, la actuación de las fuerzas armadas se limitará, casi de forma exclusiva en situaciones de crisis desarrolladas en la «Zona Gris», a llevar a actividades de asistencia a las fuerzas militares o policiales de una nación anfitriona.

Las fuerzas armadas, como parte de la sociedad, deberán protegerse contra las operaciones de influencia o desinformación, fundamentalmente en los despliegues en terceros países donde no sólo protagonizarán una presencia disuasiva sobre el terreno, sino que también tendrán que vivir y adiestrarse. Todo ello en un entorno social que puede llegar a ser vulnerable a actividades de subversión o agitación.

Para terminar, es necesario señalar que una de las medidas de protección de la fuerzas más efectivas pasará por crear y mantener el apoyo público, tanto en territorio nacional como en países terceros, a través de la comunicación, las acciones de colaboración con las autoridades civiles y su propia integración activa en la sociedad, lo que también contribuirá a fortalecer la resiliencia de esas sociedades frente a las acciones en la «Zona Gris».

Samuel Morales es Teniente Coronel de Infantería de Marina (DEM) de la Armada Española y antiguo alumno del Máster on-line en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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