El equilibrio de poder en Europa Central y del Este

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Análisis GESI,  25/2017

Resumen: La polaridad que definió a la Guerra Fría parece haber resurgido en Europa del Este, motivada por la adopción por parte de la Federación Rusa de una política exterior más firme orientada a reafirmar su control sobre los países de su antigua esfera de influencia y que, ha ido aparejado a un incremento de sus elementos de poder tanto militares como no militares.

Como se verá la actitud rusa viene provocada por una percepción de amenaza que la expansión de las principales organizaciones internacionales occidentales -OTAN y UE-, supone para la seguridad nacional del país. La actitud de Rusia ha hecho revivir en sus vecinos los miedos de su dominación anterior. En el presente trabajo se pretende analizar si ese incremento del poder relativo de la Federación Rusa pudiera dar lugar a la adopción por parte de los Estados periféricos de una estrategia de equilibrio de poder.

Palabras clave: Equilibrio de poder; Rusia; Europa; OTAN; Medios de poder. 

 

1.- INTRODUCCIÓN

Los acontecimientos ocurridos en Ucrania durante el periodo comprendido entre noviembre del año 2013 y febrero del año 2015, a pesar de la alarma creada a nivel mundial no son sino otro ejemplo de la actitud de la Federación Rusa orientada a recuperar, ante la creciente injerencia de las potencias occidentales, su control dentro del área post-soviética.    

Las élites rusas nunca aceptaron el nuevo orden, instaurado después de la Guerra Fría, que relega al país de un estatus de superpotencia con aspiraciones globales, a un estatus de potencia regional, demasiado débil para poder tener una influencia relevante en el ámbito internacional. De ahí que, el actual incremento de los recursos de poder, como viene determinado en La estrategia de Defensa de la Federación Rusa, tenga dos objetivos fundamentales, por un lado, garantizar la seguridad del país frente a las amenazas tanto internas como externas y, por otro lado, acrecentar su peso en el ámbito internacional.     

El tema del presente Trabajo de investigación es el análisis de las repuestas que desde la política exterior y de seguridad han dado los países de Europa Central y de Este, al incremento del poder relativo y a las actuaciones exteriores de la Federación Rusa. Se trata, concretamente, de estudiar si ese incremento del poder relativo de Rusia ha conllevado, en estos países, a la adopción de una estrategia de equilibrio de poder.

Para ello, en el apartado I, se hará una aproximación a la teoría del equilibrio de poder y a la teoría del realismo ofensivo de las relaciones en la que la anterior se engloba. Se enumerarán las principales características de las mismas, así como las variables que determinan su adopción.     

En el apartado II, se intentará realizar una contextualización de los principales acontecimientos determinantes de la actual política exterior y de seguridad rusa, y que igualmente han condicionado la visión de Rusia por parte de los países europeos. 

En el apartado III, se estudiará el comportamiento de cada una de las variables que condicionan la adopción de una estrategia de equilibrio de poder. Para poder finalmente sacar conclusiones, relativas a cuáles de los países objeto del análisis adoptarán una estrategia de equilibrio de poder en respuesta a la amenaza de la Federación Rusa.

 

2.- METODOLOGÍA

Tal y como hemos afirmado anteriormente, la metodología del presente trabajo pretende aplicar la Teoría del Realismo Ofensivo y la Estrategia del Equilibrio de poder a la cual definiremos una serie de variables independientes, y así, ver, de los Estados objeto de estudios, cuales adoptarían un comportamiento de equilibrio de poder para contrapesar a Rusia.   

Nuestros Estados objeto de análisis serán[1]:

§  Bielorrusia

§  Finlandia y Suecia

§  Países Bálticos, (Estonia, Letonia y Lituania).  

§  Polonia

§  Ucrania

La variable dependiente es: La adopción de la estrategia de equilibrio de poder.

Las variables independientes, que serán desarrolladas más adelante, van a ser las siguientes:  

1.- Percepción del incremento de las capacidades de poder agregado y en particular del poder ofensivo del potencial agresor.

2.- Proximidad geográfica

3. - Existencia de otros Estados aliados que practiquen la estrategia de equilibrio de poder.

4.- Participación de la potencia hegemónica en calidad de equilibrador de ultramar o “offshore balancer”.

5.- Consenso y cohesión de las élites sociales y políticas.

6. - Amenaza real y efectiva, del incremento del poder del Estado agresor, para la seguridad de otros Estados.

 

3.- LA TEORÍA DEL REALISMO OFENSIVO

La teoría realista de las relaciones internacionales identifica a los Estados como los actores principales de las relaciones internacionales. La conducta de los Estados en el ámbito internacional modela el sistema, de la misma forma que las características de la misma condicionan la conducta de los Estados. Estas circunstancias han sido expuestas por Mearsheimer. (2001: 49) de la siguiente manera: “La configuración del sistema internacional es la consecuencia involuntaria de la competición por la seguridad de las grandes potencias, no un resultado de la actuación de los Estados para organizar la paz”. Esta idea ha sido destacada también por Kagan. (2009: 147): afirmando que “el orden internacional no descansa únicamente en las ideas y en las instituciones, obedece a configuraciones de poder”.

Tres son las características fundamentales del sistema internacional que motivan que la búsqueda del poder, sea un objetivo intrínseco para las grandes potencias.

El primer aspecto es, el carácter anárquico del sistema internacional, no se trata de que sea una estructura caótica, sin orden, sino que, hace referencia a “la ausencia de una autoridad central a nivel global”, que proteja a los Estados de las agresiones externas (Mearsheimer. 2001: 30-31; y Waltz. 1979: 111-112). En un sistema anárquico, de acuerdo con Selden. (2013: 340); y Kluth y Pilegaard. (2011: 46): los estados tienen un horizonte de actuación relativamente corto, y consecuentemente “cada Estado debe hacer lo que pueda para proteger su autonomía política”.  

El segundo aspecto hace referencia a la imposibilidad de conocer las intenciones de los demás actores. Lo que tiene como consecuencia la imprevisibilidad del comportamiento de los Estados, y además las intenciones y los intereses de los Estados pueden cambiar rápidamente (Mearsheimer. 2001: 30-31). Según afirma, Kagan. (2009: 32): “las naciones nunca están del todo satisfechas con el statu quo, sus intereses cambian a medida que cambia su percepción de poder, dado que, con un poder nuevo llegan ambiciones nuevas”.  

Como tercer y último hecho, debemos hacer referencia a la posesión por parte de los Estados de capacidades militares ofensivas, que, dado el carácter ambivalente del armamento militar, esto es, inexistencia de un tipo de armamento de carácter plenamente ofensivo o defensivo, esta situación puede desembocar en un dilema de seguridad, esto es, según Huntington. (1996: 479); Waltz. (1979: 165) y Mearsheimer. (2001: 36): cuando las medidas defensivas que un Estado toma para incrementar su seguridad, son interpretadas como ofensivas y, por tanto, trasgresoras de la seguridad de otros Estados, y que pueden desembocar en una carrera armamentística.

Todo lo anterior hace que la estrategia de los Estados sea maximizar su porción de poder global, siendo su fin último alcanzar una posición hegemónica. (Measheimer. 2001: 2 y 140; y Friedman. 2010: 75).  Como establece Mearsheimer. (2001: 2): “El deseo de mayor poder no desaparece a no ser que el Estado consiga su objetivo final que es una posición hegemónica. Dado que ningún Estado es capaz (ni lo será), de alcanzar una hegemonía global, el Mundo está condenado a una perpetua competición entre las grandes potencias”. La competición por el poder tiene como objetivos, por un lado, incrementar los niveles de poder relativo propio y, por otro lado, reducir o evitar que aumenten los medios de poder de los demás Estados.

Partiendo de la teoría del realismo ofensivo cabe distinguir tres estrategias (de mayor relevancia) que las grandes potencias van a adoptar para enfrentarse al Estado agresor, para evitar que este alcance una posición hegemónica a nivel regional (Mearsheimer 2001: 139; Schweller. 2004: 164-166), el equilibrio de poder (balanciang), pasar la pelota, (buck passing) o subirse al carro (bandwagoning).

Aunque el objeto de nuestro estudio sea la estrategia de equilibrio de poder, también haremos indirectamente referencia a las otras dos, por ello conviene antes ver brevemente en que consiste cada una.

  • La primera de ellas balancing o equilibrio de poder, esta estrategia busca prevenir que el Estado más fuerte obtenga una posición hegemónica a nivel regional (Measheimer. 2001: 139 y Walt. 2003: 18-19). 
  •  Bandwagoning esta estrategia persigue aliarse, sumar tus fuerzas con la fuente de la amenaza, esto es, con el potencial agresor (Measheimer. 2001: 139 y Walt. 2003: 19-20).
  • Buck passing, es una estrategia que busca evitar implicarse en el equilibrio de poder, y pretende, que sean otros Estados los que se encarguen de contener al agresor, quedándose así al margen y evitar los costes de una estrategia de equilibrio (Measheimer. 2001: 139).

 

4. -EQUILIBRIO DE PODER

4.1. – Definición del concepto de equilibrio de poder: 

Entendemos por equilibrio de poder: “La estrategia adoptada por los Estados que sintiéndose amenazados por un peligroso oponente se comprometen a asumir- individualmente o aliándose con otros Estados- la carga de disuadir o enfrentar al agresor si fuese necesario” (Mearsheimer. 2001: 139).

Jordán. (2013: 21) define el equilibrio de poder como: “la política que adoptan uno o varios Estados con el fin de contrapesar la fuerza creciente de otro Estado o bloque de Estados. Los medios utilizados pueden ser internos, (aumento de la capacidad económica, tecnológica, militar etc.) o externos (creación de alianzas o debilitamiento de las coaliciones contrarias etc.)”.  

De acuerdo con Selden. (2013: 334): el Estado puede optar por realizar el equilibrio de poder mediante medios militares o no militares (equilibrio positivo), o procurar disminuir el poder de otro Estado mediante medios militares o no militares (equilibrio negativo).     

El equilibrio de poder ha sido una estrategia ampliamente presente en la práctica de las relaciones internacionales durante diferentes periodos históricos, siendo también objeto de amplios estudios por parte de la doctrina científica, destacando que para que el Estado adopte una estrategia de equilibrio de poder frente a una potencia agresora, deben darse una serie de variables, una selección de las cuales será objeto de nuestro análisis.  

4.2.- Variables determinantes de la estrategia de Equilibrio de Poder.  

Las variables que influirán en el comportamiento de los Estados para adoptar alguna de las estrategias que con anterioridad han sido definidas, pueden ser:   

  • Variables de carácter sistémico: son aquellas que vienen determinadas por la distribución de poder y de la estructura del sistema internacional.
  • Variables de ámbito interno: son las que describen elementos de política interna de los Estados.

Las variables sistémicas hacen referencia a la distribución del poder dentro del sistema internacional, de acuerdo con Mearsheimer (2011: 260): nos encontramos dentro de un sistema multipolar desequilibrado, esto es, un sistema que contiene tres o más grandes potencias, una de las cuales, es una potencia hegemónica a nivel regional. La distribución del poder, es una variable fija, que no sufrirá variaciones en un espacio corto de tiempo, aunque si es posible que haya Estados que acumulen cada vez más elementos de poder y que sean una amenaza para el equilibrio regional.

El primer elemento que debe ser analizado y sin el cual el equilibrio de poder carecería de sentido es la existencia de una percepción de incremento de las capacidades de poder agregado y en particular, del poder ofensivo del potencial agresor (Walt. 2003: 22-24). Se trata de analizar cuáles son y, como han evolucionado, las fuentes de poder del Estado agresor. Esta variable se encuentra relacionada con el carácter ambiguo de las armas militares, las cuales no tienen de manera excluyente una implementación ofensiva o defensiva (Mearsheimer. 2011: 36). 

En segundo lugar, la variable de la proximidad geográfica, que se traduce principalmente en el hecho de que un Estado que posee una frontera común con el Estado agresor, adopta un comportamiento de equilibrio de poder, mientras que, si el Estado se encuentra geográficamente aislado del agresor adoptara un comportamiento de buck-passing (Schweller. 2004: 166; Walt. 2003: 23; y Mearsheimer. 2001: 269-270). La existencia de una frontera común hace que el Estado se sienta particularmente vulnerable a un ataque y, por tanto, tomara medidas para contener al agresor. Los Estados separados por una barrera se sienten menos vulnerables a un posible ataque y estarán más inclinados a adoptar un comportamiento de back-pasing, con la esperanza que los Estados que tienen frontera con el agresor se encarguen de su contención (Mearsheimer. 2001: 269-270).

En tercer lugar, relacionada con la tipología del sistema internacional, la exigencia de que, otros Estados, aliados, que practiquen la estrategia de equilibrio de poder (Walt. 2003: 30-31). El equilibrio de poder es una estrategia de “los Estados más débiles para contrarrestar el poder de un Estado virtual hegemónico en una región”. Los Estados forman alianzas para mejorar su seguridad, reuniendo medios de poder que puedan ser utilizados para la disuasión del agresor (Selden. 2013: 340).

En cuarto lugar, la estrategia de un equilibrio de poder será más atractiva para los Estados si de la misma participa, una potencia hegemónica regional en calidad de equilibrador de ultramar o “offshore balancer” (Mearsheimer. 2011: 40-42; y Kluth. y Pilegaard. 2011: 53).

La adopción de la estrategia de equilibrio de poder es condicionada por las variables sistémicas antes referidas, pero depende en mayor medida, si cabe, de las variables de política interna de los Estados. Este aspecto ha sido de forma clara referido por Schweller. (2004:168) para quien: “las reacciones [de los Estados] al incremento del poder relativo [del potencial agresor], dependerán de las preferencias de los actores internos” involucrados en la toma de decisiones.

Los altos costes que suponen para un Estado la adopción de una estrategia de equilibrio de poder, exigen que haya un fuerte consenso político al respecto, dado que según Resnick. (2015: 391): “La participación continua en un conflicto supone unos costes sobresalientes y riesgos elevados asociados a un hipotético conflicto armado”. 

Dentro de las variables de carácter interno podemos distinguir, por un lado, la concurrencia de un consenso y cohesión de las élites sociales y políticas, aspecto de gran relevancia para la estabilidad del régimen político. Este consenso según, Schweller. (2004:170-172): no implica unanimidad política sino la ausencia de “divisiones políticas peligrosas, desconfianza en las instituciones políticas o la presencia de un segmento significativo de la población que tiene la intención de derrocar al Estado”.

Por otro lado, que las actuaciones llevadas a cabo por parte de la potencia agresora sean percibidas como una amenaza real y efectiva para la seguridad del Estado (Walt. 2003: 162-163; y Resnick. 2015: 391). Según afirma Waltz (1978: 118): “El miedo […], estimulara a los estados a un comportamiento orientado hacia la creación de un equilibrio de poder”. El Estado que se encuentre amenazado por un hipotético agresor estará más motivado para buscar aliados que le ayuden a derrotarlo. Resnick. (2015: 387), y Schweller. (2004: 167): ponen de manifiesto que existe una estrecha relación entre las dos variables anteriores, dado que “las amenazas externas provocaran un aumento de la cohesión social sólo cuando son vistos como una amenaza para todo el grupo”.

En el mismo sentido, Resnick. (2015: 395-396): viene a afirmar que “Estado que se encuentre gravemente amenazado por un hipotético adversario, estará muy motivado para buscar aliados, para ayudar a enfrentarlo y derrotarlo”. El elemento de la amenaza ha sido relacionado por Huntington. (1996: 512): con la identidad cultural de los Estados, al establecer que “los Estados que compartan elementos culturales comunes y que posean, en consecuencia, un alto grado de confianza de que no van a ser agredidos por la potencia dominante adoptarán una estrategia de bandwagoning.

En nuestro caso también la variable económica tiene un relevante papel en el cálculo de los costes y beneficios de una estrategia de equilibrio de poder, dado que la “fuerte dependencia de Rusia que presentan muchas de las antiguas repúblicas soviéticas hacen que los costes de una ruptura de sus relaciones con Rusia sean inasumibles” (Gnedina. 2015: 1011).     

Antes de entrar a evaluar el comportamiento de estas variables es conveniente estudiar primero el contexto en el que se enmarca el “resurgimiento de la amenaza rusa” y cuales han sido sus manifestaciones. 

 

5.- RUSIA: LA GRAN POTENCIA QUE BUSCA RECUPERAR SU ESFERA DE INFLUENCIA

El Imperio Ruso adquiere la consideración de gran potencia a nivel europeo, durante el reinado del zar Pedro I, y en gran medida como consecuencia de su victoria en la así llamada Gran Guerra del Norte que enfrentó al Imperio Ruso y al Reino de Suecia. Este acontecimiento puso de manifiesto que Rusia estaba llamada a dominar los asuntos europeos. El aumento del poder ruso, provocó recelo y desconfianza en las demás potencias europeas, que le atribuían encubiertos designios expansionistas. Entonces, al igual que ahorra, “Rusia se convirtió gradualmente en una amenaza tanto para el equilibrio de poder en Europa como para la soberanía de los vecinos que rodeaban su vasta periferia” (Muñoz-Alonso. 2007: 770).

El comportamiento expansionista ha sido un elemento constante de la política exterior de Rusia, dominando un extenso territorio desde Polonia hasta Asia Central y, llegando a su culmen con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), durante el siglo XX. Sin embargo, como consecuencia del derrumbe de la URSS, y del desmantelamiento del Pacto de Varsovia, la Federación Rusa, - Estado que sucede a la URSS-, deja de tener la consideración de superpotencia y tiene que hacer retroceder sus fronteras hacia el este. De acuerdo con Sakwa. (2015: 556): “Rusia fue tratada como un poder derrotado, a pesar de que el país no se veía como tal, y se le asignó un papel modesto en los asuntos mundiales”. De manera similar, Brzezinski. (1997: 199): afirma que, lo más doloroso para Rusia, fue que “su estatus internacional quedó significativamente degradado, con lo que una de las dos superpotencias del mundo pasó a ser considerada por muchos como poco más que un poder regional tercermundista, aunque todavía en posesión de un importante arsenal nuclear”.

La desintegración de la URSS y el desmantelamiento del Pacto de Varsovia, suponen una humillación para Rusia y un devastador retroceso de su esfera de influencia (Srivastava. 2016: 3). El recogimiento del control territorial de Rusia ha sido aprovechado por Occidente para expandir su influencia en Europa del Este, favorecido por la debilidad de Rusia, que le ha obligado tolerar esta expansión (Friedman 2011: 161).

La progresiva integración dentro de las dos instituciones occidentales – Unión Europea (UE) y la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN)- de los antiguos miembros del bloque oriental, ha sido interpretada por Rusia como una invasión de su aria de influencia y por ello, una amenaza a su seguridad (Srivastava. 2016: 4; y Oliker. 2016). “La expansión de la OTAN y el acercamiento de sus infraestructuras militares a las fronteras rusas suponen una amenaza para la seguridad nacional de Rusia” (Cтратегия национальной безопасности Российской Федерации. 2016: 5).  

El temor a la expansión de la OTAN en Europa del Este, no son carentes de fundamento, sino que tiene unos evidentes fundamentos históricos, políticos y geoestratégicos. En primer lugar, hay que tener presente que la OTAN es un claro símbolo de la rivalidad entre los dos bloques durante la Guerra Fría.

Respecto a los fundamentos políticos, la elite política rusa en numerosas ocasiones ha criticado la creciente injerencia de las democracias occidentales y sus organizaciones internacionales en los asuntos nacionales de otros países (Morgan. 2012: 35 y Lutsevych. 2016: 4). Como afirma Kagan. (2008: 104-106): el avance de la OTAN y de la UE hacia los países de Europa del Este, suponen “la implementación en estos países de un conjunto de valores liberales, que supone una amenaza para el sistema autoritario ruso”. Además, la mejora en la posición internacional del país, ha servido, según Holslag. (2016: 165): para justificar la permanencia en el poder de la actual élite política.   

En cuanto al factor geoestratégico de la amenaza, según afirman Blank. (2014: 315); y Friedman (2010: 155): el comportamiento agresivo de Rusia, tienen su justificación en el hecho de que “la principal debilidad de Federación Rusa son sus fronteras.” Siendo, a lo largo de la historia, objeto de numerosos intentos de conquista por parte de las potencias europeas, “Rusia mira con desconfianza hacia la península, y por ello siempre ha intentado expandir su a de influencia hacia el oeste, intentando dominar la masa territorial situada entre la zona continental rusa y la península” (Friedman. 2015.b).

La estabilización de su situación política interna -después de la segunda guerra de Chechenia-, y la mejora de su situación económica - favorecida por la subida de precios de las materias primas y los recursos energéticos- permite a Rusia mirar al exterior, adoptando una posición más dura (Holslag. 2016: 167). Según Fortescue. (2016: 429): “el crecimiento económico y el fortalecimiento de su liderazgo político, ha provocado que la política exterior rusa se ha vuelto más conflictiva, tratando de reafirmarse como una potencia internacional importante”. Al respecto una breve referencia a tres acontecimientos de gran relevancia.    

 

5.1.- Las Revoluciones de Colores

Rusia adquiere conciencia de su situación de debilidad y de la incapacidad de contrarrestar la creciente influencia de las potencias occidentales en territorios cercanos a sus fronteras, con el estallido en la década de los años 2000, de las así llamadas revoluciones de colores (Friedman. 2010: 122; y Tsygankov. 2015: 2; Pardo de Santayana Gómez Olea. 2017: 10). 

Se trata de un conjunto de revoluciones que tuvieron lugar en la década de los años 2000 en algunos estados de Europa del Este y Asia Central entre los cuales las más relevantes fueron, la Revolución Naranja en Ucrania durante los años 2004 y 2005, la Revolución Rosa en Georgia en el año 2003, la Revolución de los Tulipanes de Kirguistán en 2005 (Kagan. 2008: 35). Estas revoluciones de acuerdo con Rodríguez Rodríguez (2011: 11): “contaron con el apoyo de los gobiernos de Estados Unidos y de algunos de los países pertenecientes a la Unión Europea, así como también de fundaciones y organizaciones non gubernamentales comprometidas con la promoción de la democracia”. En 2004, además, siete países se Europa Oriental se incorporaron a la OTAN entre ellos los tres Países Bálticos.      

La interpretación de Rusia, en cuanto al apoyo a estos movimientos no ha sido visto como actuación orientada a promover la democracia, sino que los consideró como “un intento de derribar gobiernos legítimos y socavar aún más el papel y el estatus de Rusia en Eurasia y Europa del Este” (Tsygankov. 2015: 2). Para Rusia es y ha sido particularmente relevante la situación de Ucrania, su importancia geopolítica y los vínculos que unen a ambos países hace que “sin Ucrania, Rusia deje de ser un imperio euroasiático” (Berezinshy. 1997: 92). La importancia que para Rusia tiene mantener el control sobre Ucrania, ha sido descrita del siguiente modo por Friedman (2010: 122): “Si Occidente [consiguiese] dominar Ucrania, Rusia habrá perdido cualquier posibilidad de defenderse. La frontera sur con Bielorrusia y la frontera sudoeste de Rusia habrían quedado abiertas de par en par”.

 

5.2.- La Guerra de Osetia del Sur de 2008.

Otro episodio relevante, anunciador de la reafirmación de la Federación Rusa como una gran potencia regional fue la guerra de Georgia en el año 2008. El conflicto tuvo su origen en el ataque militar de las fuerzas georgianas en el territorio de Osetia del Sur, con objeto de restablecer el control sobre ese territorio (MacFarlane. 2016: 345), que tuvo como consecuencia la intervención de las fuerzas militares rusas que consiguió una rápida victoria sobre un contrincante claramente inferior. Para justificar su intervención, Rusia definió el conflicto como una operación de mantenimiento de la paz, consecuencia del ataque militar georgiano (Allison. 2009: 174-175).    

Mearsheimer. (2016: 28-29): considera que el conflicto fue consecuencia del acercamiento entre Georgia y Ucrania con la OTAN, promovido en la Cumbre de la OTAN celebrada en Bucarest en abril de 2008, y además por el anuncio de la UE sobre la creación de la Asociación Oriental en el marco de la Política Europea de Vecindad, que implica una proclama de la expansión de la UE hacia el este. De acuerdo con Srivastav. (2016: 4) y Lane. (2016: 642): “la adhesión de Ucrania y Georgia habría supuesto el cerco total de Rusia”.     

La intervención militar tuvo como consecuencia la suma dentro del espacio post-soviético de un nuevo territorio separatista bajo el arbitrio de Rusia, y la aparición de un nuevo conflicto congelado que se puede añadir a los existentes en Abjasia, Nagorno-Karabakh o Transmitiría. (Allison. 2009: 90; Lane. 2016: 625; y Ruiz Ramas. 2016: 164 y 311).

A pesar de la rápida victoria de las fuerzas militares rusas, según Gressel. (2015: 2-4): la guerra de Georgia puso de manifiesto su debilidad y, la necesaria reforma y modernización de las fuerzas armadas. Era evidente que Rusia no tenía los medios suficientes para cumplir con sus objetivos de política exterior. De ahí que, se puso en marcha un monumental proyecto de reforma y modernización de las fuerzas armadas (Blank. 2014: 319).

 

5.3.- La anexión de Crimea y la guerra del Dombas. 

El conflicto de Ucrania es el último escenario de enfrentamiento entre Rusia y Occidente. Tiene su origen en la negativa del presidente ucraniano a firmar el Acuerdo de Libre Asociación con la Unión Europea, promovida en el marco de la Asociación Oriental, una iniciativa para la cooperación entre la UE y los Países de Europa del Este, promovida en el año 2009 por Polonia y Suecia (Sakwa. 2015: 562; y Schweiger. 2013: 415). Esa negativa a la firma del acuerdo, en gran parte como consecuencia de la presión por parte de Rusia, provocó una serie de manifestaciones en la plaza del Maidan, que adquirieron carácter cada vez más violento como consecuencia de la represión policial (Taibo. 2014: 97-98).  

Este Acuerdo de Libre Asociación ha sido interpretado por Moscú, como un nuevo intento de injerencia de la UE y la OTAN en la política interna de los países de la zona post-soviética, con la intención de aislarla de su zona de influencia (Sakwa. 2015: 562; Marten. 2015: 189-190). Las consecuencias de esto, fueron, la anexión de Crimea por parte de la Federación Rusa y la guerra civil en el en la región del Dombas. Los rebeldes ucranianos recibieron amplia ayuda por parte de Rusia, al igual que las fuerzas gubernamentales fueron apoyadas por las potencias occidentales (Ditrych. 2014: 83; Suslov. 2016: 553; Davids. 2016: 13).      

Estas actuaciones de Rusia han hecho, según Blank (2014: 323) y Mattelaer. (2014: 32): que “en toda la periferia rusa se creara un estado constante de inseguridad”. Que, como veremos más adelante se ha agravado por “su creciente poder, que ha incrementado su capacidad para desestabilizar estas áreas”. Para Selden. (2013: 342): las aspiraciones rusas de alcanzar un estatus de gran potencia provocan, en contrapartida, “una clara disminución de la seguridad de sus vecinos y origina un dilema de seguridad”.

Estas actuaciones, sobre todo la última de Ucrania, han creado una visión expansionista de Rusia que busca recuperar su antiguo imperio (Pardo de Santayana Gómez Olea. 2017: 4; y Ruiz Ramas. 2016: 307). Sin embargo, para Mearsheimer. (2014, p.5): los Estados Unidos y sus aliados europeos comparten la mayor parte de la responsabilidad por la crisis “la importancia que Ucrania tiene para Rusia hace que esta no pueda tolerar una alianza militar de la misma con su enemigo mortal”.  

Partiendo de este contexto a continuación analizaremos cuál ha sido la respuesta a la conducta de la Federación Rusa, de los Estados de la muestra seleccionada. Para ello, analizaremos cual es el comportamiento de variables que han sido anteriormente definidas.

 

6.- VARIABLES SISTÉMICAS

6.1.- Variable I: Incremento del poder relativo de la Federación Rusa.

La Guerra Fría acaba con un Estados Unidos como la potencia más poderosa del planeta, con la disolución de la URSS, y con una Rusia relegada a una posición de potencia regional. Sus graves problemas internos tanto de carácter político como económico le impiden desempeñar un papel importante a nivel internacional. Ese cambio de estatus ha sido evidenciado de la siguiente manera por Huntington. (1996: 344): “Mientras que la Unión Soviética era una superpotencia con intereses planetarios, Rusia es una potencia importante con intereses regionales”.

Su debilidad le imposibilita mantener su antigua esfera de influencia, que ha sido incorporada dentro de las dos principales organizaciones internacionales, la OTAN y la UE. Como hemos afirmado antes, las Revoluciones de Colores y la posibilidad de incorporación de Georgia y Ucrania a la OTAN, hacen que Rusia adquiera conciencia de encontrarse rodeada por su gran enemigo durante la Guerra Fría y de su incapacidad de reacción (Ditrych. 2014: 79; Sakwa. 2015: 556; y Kfir. 2016: 449).

Ambos países, tanto Ucrania como Georgia son de vital importancia para que Rusia pueda proyectar su influencia sobre su antigua zona de influencia en Europa del Este y en Asia Central, no pudiendo permitir por tanto que estos países caigan bajo en control de las potencias occidentales y en particular de Estados Unidos (Tsygankov. 2015: 10; Marten. 2015: 190).

Sin embargo, y a pesar de una rápida victoria sobre las fuerzas militares georgianas, Rusia toma conciencia de su debilidad y de la necesidad de una amplia reforma y modernización de sus fuerzas armadas, para que puedan rivalizar con las fuerzas de la OTAN y tener capacidad de coacción sobre los Estados de su periferia (Colby y Solomon 2016: 22). Rusia recibe de la URSS, en palabras de Taibo. (2014: 39): “un ejército sobredimensionado y con un equipamiento tecnológicamente caduco”.   

 En el año 2008, se inicia un ambicioso proyecto de modernización de las fuerzas armadas que afecta a todos los ámbitos. El gasto militar ha ido incrementándose año a año aprovechando la buena dinámica de la economía rusa (Holslag. 2016: 167; y Gressel. 2015: 1-2).

La reforma ha tocado todos los ámbitos de las fuerzas armadas, de los cuales cabe destacar tres aspectos: mejora de la profesionalidad del personal militar, modernización de armamento e, incorporación de nueva doctrina militar, en particular de tácticas de guerra híbrida. 

La mejora del nivel de preparación del personal militar, ha tenido como objetivo según Gressel. (2015: 2-3): la formación de “una nueva generación de oficiales militares rusos que fuesen capaces de liderar a sus tropas en entornos complejos y adaptarse rápidamente a nuevas situaciones”. Las reformas en este ámbito se han orientado en asimilar los sistemas de formación suizo y austriaco.  

La introducción de tecnología militar de nueva generación como, por ejemplo, la incorporación de nuevos vehículos blindados T-90A y T-72-BM (Blank. 2014: 345). Se han desarrollado nuevas generaciones de aviones y buques de guerra. Destacan también los nuevos sistemas avanzados de misiles antiaéreos de superficie amplia, como las S-300 y S-400. Se han introducido nuevos submarinos y buques de guerra (Colby y Solomon. 2016: 24; y Holslag. 2016: 167).

A día de hoy, el programa armamentístico está inconcluso, y debido a la desaceleración de la economía rusa, las sanciones económicas y el aislamiento diplomático al que se ve sometida Rusia, por parte de las potencias occidentales, es probable que se retrasen muchos de los programas (MacFarlane. 2016: 347). Una de las sanciones impuestas a Rusia fue el embargo de la venta de armas y tecnología militar, lo que supuso una parálisis importante en algunos de los programas militares (Gressel. 2015: 5; y Davids. 2016: 22).

Rusia, por tanto, todavía carece de los medios de poder suficientes para hacer frente a las potencias occidentales en un enfrentamiento convencional, lo cual, la ha llevado a desarrollar estrategias de guerra asimétrica o híbrida, utilizando, para ello, a las minorías rusas existentes dentro de las antiguas repúblicas soviéticas como agentes proxy (Gressel. 2015: 6; Mearsheimer. 2014: 8; Hooker. 2015: 28 y Baqués. 2015: 51-52). Esa estrategia que tuvo un amplio uso durante el conflicto de Ucrania (Ditrych. 2014, p.83; Gressel. 2015: 2). Lo que no hace, sino que incrementar la amenaza que la Rusia actual supone para estos Estados.  

 Por otro lado, la Federación Rusa, adquiere conciencia de que una parte importante de la influencia de las potencias occidentales se lleva a cabo a través de medios no militares y decide aprovechar sus vínculos económicos y culturales para incrementar su control sobre las antiguas repúblicas soviéticas (Lutsevych. 2016: 4; y Rutland y Kazantsev. 2016: 400).

El uso del poder blando por parte de la Federación Rusa se ha basado en las siguientes herramientas:

Rusia crea su propio proyecto integracionista, la Unión Euroasiática, que tiene como objetivo contrarrestar la creciente influencia de la UE, presionando para que las antiguas repúblicas soviéticas se integren en la misma (Roberts y Moshes. 2015: 556; y MacFarlane. 2016: 345).  

La creación de una amplia red de organismos gubernamentales y organizaciones non- gubernamentales financiados o afines al Kremlin cuya labor, de acuerdo con Rutland y Kazantsev. (2016: 402), y Lutsevych. (2016: 12): es “promover la imagen y la influencia de Rusia en el extranjero”.

La creación de varias agencias de televisión entre los que cabe destacar, Rusia Today (RT), y Sputnik, cuyos objetivos según Rutland y Kazantsev. (2016: 402): es disputarles el lugar a la BBC y a la CNN como fuentes de noticias y opiniones sobre los acontecimientos en todo el mundo.

De acuerdo con Lutsevych. (2016: 4): Rusia trata de enlazar su influencia a vínculos históricos comunes y a un idioma común, el ruso. Es por ello que, ha tratado de promover el estudio de la cultura y el idioma ruso a través de la creación en el año 2007 de la Fundación Pусский мир (Mundo Ruso) (Rutland y Kazantsev. 2016: 402).

También se ha intentado promocionar la imagen de Rusia por medio de la organización de eventos deportivos como los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi en el año 2014 o Copa del Mundo de fútbol del año 2018. La compañía estatal Gazprom es patrocinadora de la Liga continental de hockey sobre hielo y de la Liga de Campeones de futbol. (Makarychev y Yatsyk. 2014: 36-37, y Rutland y Kazantsev. 2016: 403).

El mercado ruso es el principal mercado de exportación para los productos de muchas de las antiguas repúblicas soviéticas, de ahí que Moscú ha utilizado los embargos como mecanismo de presión política. Un ejemplo destacable de esta política según Jonsson y Seely. (2015: 15-16): es el mercado de productos alimenticios, existiendo una alta tasa de problemas descubiertos a los alimentos de los países con los que Rusia tiene una fractura en sus relaciones. Además, está incrementando, en colaboración con las empresas nacionales, su inversión en los países europeos (Kagan. 2008: 27).

Otra herramienta de presión son los recursos energéticos en especial, las exportaciones de gas. El precio al que Rusia vende el gas a las antiguas repúblicas soviéticas es diferente en función de la cercanía política entre los gobiernos (Kfir. 2016: 448, y Friedman. 2011: 163). Un claro ejemplo de esto es el ofrecimiento a Ucrania, para no firmar el Acuerdo de Libre Asociación con la UE, de “una reducción del precio del gas y un préstamo de hasta 15.000 millones de dólares sin inmediatas contrapartidas” (Pardo Sauvageot. 2014; y Rutland y Kazantsev. 2016: 407).   

La Federación Rusa no ha dudado en hacer uso de sus nuevos medios de poder para reafirmar su influencia en los Estados en la región.

Han sido numerosas las violaciones del espacio aéreo de otros países realizados por los aviones militares rusos. Heisbourg (2015: 38): pone de manifiesto que durante el año 2014 se registraron 39 incidentes en los que se vieron involucrados aviones rusos. Los Países Bálticos han acusado en numerosas ocasiones a Rusia por violar su espacio aéreo. Esto ha tenido como consecuencia la creación de una fuerza aérea de la OTAN encargada de patrullar el espacio aéreo del Báltico (Hooker. 2015: 29).

También ha hecho uso de sus herramientas de poder blando, ha impuesto un embargo comercial total a Georgia como consecuencia del conflicto del año 2008. Ha denegado esporádicamente el suministro de petróleo y gas a Ucrania, Lituania, Letonia, Moldavia y Bielorrusia (Kagan. 2008: 40; Thornton y Karagiannis. 2016: 345).

 

6.2.- Variable II: Proximidad geográfica.

Como anteriormente se ha hecho referencia, la proximidad geográfica con el potencial agresor es otra de las variables que favorecen la adopción de una estrategia de equilibrio de poder, siendo particularmente relevante el hecho de que entre los dos países haya una frontera común. De ahí que, el criterio de la existencia de una frontera común haya sido uno de los factores para la selección de los países objeto de análisis.

Estos Estados tienen una gran importancia estratégica tanto para la Federación Rusa como para las potencias occidentales, formando un área que actúa como frontera entre ambos territorios. Estos Estados han sido definidos como “buffer zone” (Åtland. 2016: 3; y Friedman. 2015. a: 49); “parches de seguridad” (Taibo. 2014: 44); o 'In-Betweens' (Charap y Colton. 2016: 43). 

Dicha frontera tiene dos niveles, el primer nivel está formado por Bielorrusia, Ucrania y parte de los Países Bálticos, mientras que el segundo nivel lo componen Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria. En el Norte de Europa dividen esta frontera, Finlandia y Suecia” (Charap y Colton. 2017: 43; y Friedman. 2015 a: 287; y Friedman. 2015.b).  

Actualmente, el segundo nivel se encuentra plenamente incorporado en la OTAN. Los dos Estados del norte de Europa -Suecia y Finlandia han ido incrementando su colaboración con la misma y actualmente tanto la UE como la OTAN tratan de expandir su influencia en los territorios que forman el primer nivel fronterizo (Friedman. 2010: 205).    

Veamos cuál es la posición geográfica de estos países respecto a Rusia[2].    

  • Bielorrusia limita al norte y al este con la Federación Rusa, siendo una de las fronteras más largas, con una extensión de 1.312 kilómetros.
  • Ucrania de los países objeto de análisis comparte la frontera más extensa con Rusia, en torno a 1.944 kilómetros, al este.
  • Finlandia comparte al este, una frontera con Rusia de una extensión de 1.309 kilómetros.
  • Suecia: de los piases seleccionados, es el único que no tiene frontera con Rusia, pero comparte frontera al este con Finlandia.
  • Los Países Bálticos: Estonia comparte al este con Rusia una frontera con una extensión de 324 kilómetros. La frontera en Letonia y Rusia tiene 332 kilómetros. Mientras que Lituania limita al oeste con Rusia, en concreto con la región de Kaliningrado, con una extensión de 261 kilómetros.  
  • Polonia, este país es junto con Suecia, el país situado más al oeste de Rusia. Comparte frontera con la región de Kaliningrado con una extensión de 210 kilómetros.

La proximidad geográfica con la Federación Rusa, implica, sin duda, un incremento de la percepción de amenaza de estos países contraponiéndose, según Morgan. (2012:  37): “a la lejanía de los aliados de la OTAN”. 

Como podemos observar la región de Kaliningrado ocupa una posición geoestratégica de gran relevancia. Es el enclave más occidental con el que cuenta la Federación Rusa tras la disolución del Bloque Oriental y además varios de los Estados que estamos analizando, comparten frontera con esta región. Tal y como afirma Sánchez Nieto. (2011: 467-468): Kaliningrado es una fuente de preocupaciones para la seguridad de los países nórdicos y del Báltico, así como para Polonia, ante la posibilidad de incrementar la presencia militar en la región o instalar misiles antiaéreos, esto último tiene antecedentes.   

La relevancia geoestratégica de Kaliningrado se traduce en los siguientes aspectos:

Representa un acceso directo a la zona del mar Báltico, nuclear para Rusia dado su limitado acceso al mar. La región permite a que la flota militar una fuerte presencia en ese mar, lo que supone una amenaza para la seguridad de los tres países Bálticos, así como también para Suecia y Finlandia (Srivastava. 2016: 6; y Sánchez Nieto. 2011: 477).        

Tiene gran utilidad geoestratégica para Rusia, como pone de manifiesto Maarychev y Yatsyk (2014: 37); y Tasar. (2014: 728): “en el año 2008 Moscú, como respuesta al programa de escudos antimisiles en Polonia y República Checa, amenazo con enviar misiles Iskander a Kaliningrado”. Recientemente, Rusia ha emplazado misiles de largo alcance antiaéreos y anti-barcos en Kaliningrado, pero también en las penínsulas Kola y Crimea (Makarychev y Yatsyk. 2014: 37; Frühling y Lasconjarias. 2016: 96; y Colby y Solomon. 2016: 24-25). Esto no permite suponer que a medida que las relaciones entre Rusia y las potencias occidentales sean más tensas, Kremlin reforzará militarmente la región.

Pero teniendo en cuenta, que la región se encuentra separada del territorio continental de la Federación Rusa cualquier incremento de los medios militares en los países fronterizos -miembros de la OTAN- es visto como una amenaza para la seguridad de la región, (Srivastava (2016: 4; y Frühling y Lasconjarias. 2016: 106-107).

 

6.3.- Variable III.- Existencia de Estados aliados que practiquen la estrategia de Equilibrio de Poder.

El incremento del poder de Rusia como hemos visto, ha hecho que la misma asuma una estrategia cada vez más agresiva respecto a los países periféricos. Para asegurar la seguridad de los mismos, la OTAN deberá asumir un papel importante dentro de la estrategia de contención (Selden. 2013: 334; y Mattelaer. 2014: 32).

La actuación de Rusia en el conflicto de Ucrania ha sido respondida por parte de las potencias occidentales con varias medidas, que tienen una clara voluntad de equilibrio de poder y de contención. Se impusieron a Rusia unas sanciones económicas muy duras, restricciones al viaje de determinadas personas, altos cargos del Kremlin, así como la congelación de sus activos en el extranjero. Limitaciones para Rusia de acceso a los mercados de capitales europeos, al comercio de armas y tecnología militar. La suspensión de participación rusa en la cumbre del G8, (G7, ahora) (Forsberg y Herb. 2015: 51; y MacFarlane. 2016: 345). Estas sanciones fueron respondidas por parte del Gobierno de Moscú con contra-sanciones, por ejemplo, impidiendo la importación de productos agrícolas de los países que impusieron las sanciones (Davids. 2016: 21). 

La respuesta militar más clara a la crisis entre Rusia y Occidente como consecuencia del conflicto de Ucrania es, sin duda, la creación de la Fuerza de Respuesta de Muy Rápida Disponibilidad (VJFT), en el marco de la OTAN (Colby y Solomon. 2016: 31-32; Hooker. 2016: 28; y Kfir. 2016: 452). Además, se intensificaron los vuelos de vigilancia y control en las fronteras polaca, lituana y rumana enviándose más aviones militares (Forsberg y Herb. 2015: 52; Hooker. 2015: 29). Reino Unido, en el marco de la OTAN, ha estacionado tropas en Polonia y los Países Bálticos (Srivastava. 2016: 6).   

Por parte de la UE se puso en marcha una misión consultiva civil en el marco de la Política Común de Seguridad y Defensa, (PCSD), con el objeto de prestar apoyo al sistema político y judicial de Ucrania (Nováky. 251: 251). La OTAN en el año 2015, ha desarrollado ejercicios militares en cooperación con Ucrania en el Mar Negro (MacFarlane. 2016: 346).     

Países como Suecia y Finlandia, aunque no son miembros de la OTAN como consecuencia de la amenaza rusa han ido incrementando su cooperación en particular dentro del programa de la Asociación para la Paz (Mölder. 2011: 154; y Forsberg y Herb. 2015: 52). La Alianza también presta apoyo a Ucrania y Georgia, países cuya integridad territorial ha sido violada por Rusia, con el objeto de reforzar su defensa nacional (Carter. 2016: 53-54).         

En el caso de Bielorrusia, a diferencia de los anteriores países, las actuaciones en el ámbito exterior de la Federación Rusa, no han llevado a un acercamiento con las potencias occidentales (Wilson. 2015). Los motivos de este comportamiento expuestos más adelante.

Sin embargo, cabe considerar también, que la presencia de varios actores que desarrollen una estrategia de equilibrio de poder puede llevar a alguno de los Estados a asumir una estrategia de buck-passing y dejar que sean otros Estados los que asumen el coste de contener al potencial agresor.     

 

6.4.- Variable IV. - La participación de un Offshore Balancer en la coalición de Equilibrio de Poder.

 La potencia que en este caso actuaría como “offshore balancer” es Estados Unidos de Norte América, (EEUU). Dentro de la doctrina académica no existe un acuerdo claro respecto de la posición que Estados Unidos ocupa dentro del sistema internacional. Determinados autores entre los que cabe destacar a Friedman (2010: 20-21); Brzezinski. (1997: 25); Selden (2013, p.337): consideran que EEUU ha alcanzado una posición de potencia hegemónica global, afirmando último que “no existe Estado o combinación de estados que pueda (o quiera) desafiar a los Estados Unidos, siendo esta la única potencia hegemónica del sistema”.

Sin embargo, para Mearsheimer. (2001: 40-42 y 236): ningún Estado es capaz de alcanzar una posición hegemónica global, ya que esto exigiría que el Estado en cuestión cuente con una cantidad tal de elementos de poder que sea capaz de hacer frente a una coalición de las principales potencias del sistema. Por ello, el autor que es más adecuado hablar de potencias hegemónicas dentro de una región geográfica concreta, siendo Estados Unidos la única potencia hegemónica regional.

Si partimos de esta última consideración debemos asumir que Estados Unidos no dispone de los recursos de poder suficientes para ejercer un dominio efectivo sobre la totalidad del sistema internacional, es por ello que su estrategia será controlar, que en las demás regiones “no haya una única potencia, sino que existan al menos dos, para que se contrarresten y controlen entre sí” (Mearsheimer. 2001: 40). Un ejemplo de ello es para Huntington. (1996: 499): La intervención de Estados Unidos en las dos Guerras Mundiales y la Guerra Fría, cuyo objetivo no era otro que “impedir la aparición de una potencia importante que dominara Europa de forma aplastante”.

En el mismo sentido Friedman (2010:  21 y 75): introduce la siguiente observación, después de la caída de la URSS la estrategia de seguridad de Estados Unidos “se basa en crear alianzas diseñadas a constreñir cualquier posible poder hegemónico regional. […], Estados Unidos no necesita ganar guerras, le basta con trastocar las cosas para que el otro bando no pueda acumular la fuerza necesaria para desafiarle.”  

De la adopción de una estrategia de offshore balancer cabe evidenciar los siguientes beneficios: 

En primer lugar, se trata de una estrategia beneficiosa económicamente ya que permite repartir los costos de la contención de la potencia amenazadora (Walt. 2011). De acuerdo con, Mearsheimer y Walt (2016: 74): esta estrategia permite “aprovechar la existencia a nivel regional de Estados amenazados ante el surgimiento de una potencia con aspiraciones hegemónicas y delegar en ellos parte de los costos de la contención”. Por otro lado, para estos Estados, el apoyo militar, económico o diplomático de Estados Unidos de acuerdo con Brands (2015: 10): es fundamental para la contención del potencial agresor, es por ello, y de acuerdo con Selden. (2013: 331): que “los Dstados de segundo nivel seguirían alineándose con los Estados Unidos por temor a las potencias regionales en ascenso y el deseo de evitar afrontar al que sigue siendo el Estado más poderoso del sistema internacional”.

En segundo lugar, también permite no tener que enviar de manera continuada contingentes para intervenir en conflictos militares en diferentes partes del mundo, y así evitar las más que seguras bajas, teniendo en cuenta la poca tolerancia actual, por parte de la sociedad civil a aceptar las bajas militares y el desgaste político que esto supone (Friedman. 2010: 75; y Baques. 2013: 136-137). De esta manera, según Mearsheimer y Walt (2016: 75): “las tropas norteamericanas estarían estacionadas en suelo extranjero sólo cuando existiera la amenaza de que en una región aparezca una presunta potencia hegemónica”.

En tercer lugar, reduce la posibilidad de represalias frente a EEUU. Mearsheimer y Walt (2016: 74-75): hacen referencia en particular al hecho de que se reduce la posibilidad de sufrir atentados terroristas. Pero también según, Walt (2011): y Mearsheimer y Walt (2016: 74-75): minimiza el temor que provoca el poder estadounidense. Lo cual le permite aprovechar “su posición geopolítica favorable y explotar la tendencia de las potencias regionales a preocuparse más unas de otras que de Estados Unidos”. 

En conclusión, a todo lo anterior, y de acuerdo con Friedman (2010: 74-76) y Mearsheimer y Walt (2016: 76): el offshore balancer permitiría a Estados Unidos “mantener su hegemonía en el hemisferio occidental, delegando en otros países el control y la contención de las potencias que pretendan discutir su posición”. 

 

7. VARIABLES DE POLÍTICA INTERNA

7.1.- Variable V.- Cohesión social y de las élites.

7.1.1. Bielorrusia:

De entre los países europeos, que fueron antiguas repúblicas soviéticas, Bielorrusia es él que menos sentido de identidad nacional tiene. Como claramente declara Huntington. (1996: 346): “Bielorrusia es, en efecto parte de Rusia en todo salvo en su nombre”. Según, Astapenia y Balkunets. (2016: 6): “Bielorrusia sigue siendo el único país de Europa donde el Kremlin goza de un control significativo sobre su política y economía”. 

Las élites políticas del país se han mantenido en el poder desde la desintegración de la Unión Soviética. Se trata de unas élites que comparten la visión de hermandad con la Federación Rusa manteniendo una visión negativa de la desintegración de la URSS. Según White. (et. alt. 2014: 7): “Bielorrusia permanece siendo, al menos de momento, un país profundamente soviético tanto respecto de sus élites políticas como sociales, y no hay necesidad de cambio”. Otro dato destacable al respecto es que Bielorrusia es actualmente el único país europeo, de las antiguas repúblicas soviéticas, a excepción de Ucrania a nivel regional, donde el ruso tiene el estatus de idioma oficial (Astapenia y Balkunets. 2016: 14).   

Si bien es cierto, que Bielorrusia ha intentado en algunas ocasiones dar una imagen de Estado neutral, buscando un mayor acercamiento hacia Occidente, manteniendo una actitud integradora, por ejemplo, en el caso de los Acuerdos de Minsk. El sistema político autoritario que existe actualmente en el país, hace imposible cualquier acercamiento a las instituciones occidentales (Koch. 2015: 13). Más bien al contrario, como recuerda, Wilson. (2015): El país ha sido varias veces objeto de “sanciones por parte de Estados Unidos y la Unión Europea”, como consecuencia de las detenciones políticas y de la opresión de la oposición.

 

7.1.2. Finlandia y Suecia

Las actuaciones de Rusia en el ámbito exterior también han afectado a estos dos países. Hecho que en ambos casos ha tenido como consecuencia el incremento de la cooperación con la OTAN, como también una mayor cooperación entre los países nórdicos (Lundqvist y Wilden. 2016: 464-465; y Åtland. 2016: 7). Sin embargo, y aunque existen voces favorables a la adhesión a la OTAN no hay un acuerdo claro al respecto dentro de las élites nacionales (Åtland. 2016: 7).  

El apoyo a la adhesión a la OTAN ha aumentado en ambos países en los últimos tiempos, sin embargo, la opinión pública sigue siendo reacia a esa membresía buscando conservar su tradicional neutralidad, (Charap y Colton. 2016: 53). La indecisión respecto de la integración de Suecia a la OTAN se ha visto destacada por una actitud más reservada de partidos políticos como los Verdes y el Socialdemócrata. En el caso de Finlandia son igualmente las élites políticas quienes paralizan la membresía del país en la OTAN (Forsberg y Herd. 2015: 52).  

 Cabe afirmar, por tanto, que estos países son favorables en defensa de su seguridad nacional incrementando su cooperación ya sea en el marco de la OTAN o con países a nivel bilateral, sin embargo “estos países siguen queriendo mantener su condición de territorios no alineados” (Åtland. 2016: 8).     

 

7.1.3. Países Bálticos

Los Países Bálticos mantienen una visión negativa de su pertenencia a la URRS. La actual identidad nacional de los Países Bálticos al igual que de otras de las antiguas repúblicas soviéticas, según Lasas. (2012: 1063) se basa “en el legado histórico-psicológico frente a Rusia caracterizado por unas experiencias extremamente dolorosas”. Esta visión también es destacada por Annus. (2012: 31) en los siguientes términos: “lo que sucedió en los Estados Bálticos fue ciertamente una ocupación militar, seguida por la explotación de los recursos locales y la llegada de nuevos colonos, […], los estonios, letones y lituanos se vieron obligados a convertirse en ciudadanos soviéticos con pasaportes soviéticos […]”. De acuerdo con Lasas. (2012: 1071-1072): esta actitud de desconfianza es especialmente notable entre las élites políticas, en particular las más conservadoras.

La visión de una ocupación militar rusa es una amenaza creíble también para la ciudadanía, según evidencia Thornton y Karagiannis. (2016: 341): la cercanía geográfica y la persistencia en la memoria de la ocupación anterior, “crea una debilidad psicológica dentro de las poblaciones bálticas”.  

Estos países, además, contienen unas importantes minorías rusas, cuya integración política es muy diferente en función del país, siendo más restringida en Estonia y Letonia y más inclusiva en Lituania, en muchos casos se encuentran marginados política y socialmente, y “son caldo de cultivo para la propaganda rusa” (Steen. 2007: 68; y Gressel. 2015: 6).

 

7.1.4. Polonia

El temor hacia Rusia tiene para Polonia un importante carácter histórico y se encuentra motivado por la dominación sufrida por parte de Rusia tanto durante el imperio ruso, como durante la época soviética, creando un fuerte sentimiento de rusofobia, un odio presente tanto en las élites políticas como en el pueblo. Según Taras. (2014: 713): “la patología hacia Rusia es resultado de un pasado opresor que ha provocado un profundo odio en Polonia. Esta política es un elemento de la cohesión nacional, resultado de una larga historia de relaciones bilaterales”.   

Otra circunstancia destacable es el hecho de que Polonia, a diferencia de otras de las antiguas repúblicas soviéticas, es una sociedad étnicamente homogénea (World Fact Book), y tiene al igual que los Países Bálticos una cultura totalmente diferente a la de Rusia. 

Las actuaciones de Rusia cada vez más agresivas son percibidas como una amenaza para Polonia, quien siempre ha tenido la convicción de su incapacidad de repeler una agresión militar rusa, y de ahí la necesidad de mantener unas fuerzas militares modernas, capacitadas para suponer una disuasión efectiva, pero también este es el motivo de apoyo a la expansión de la OTAN en Europa de Este (Paszewski. 2016: 121; y Schweiger. 2013: 412).

 

7.1.5. Ucrania

La situación de Ucrania históricamente se ha mantenido ligada con la de Rusia, salvo durante el pequeño periodo en la Primera Guerra Mundial cuando se produce la independencia de Ucrania como consecuencia del Tratado de Briest- Litovsk, firmado por Alemania y Rusia. El vínculo histórico con Rusia, es sin duda el motivo de la división política, étnica y lingüística que dividen el país. Ucrania contiene una las minorías rusas más numerosas, representando un 17 por cien de la población del país (Word Fack Book). En Ucrania, la lengua rusa tiene carácter de idioma oficial a nivel regional, y es hablado por un 29,6 por cien de la población.

Estas divisiones tienen una clara coincidencia territorial este-oeste. La minoría rusa se encuentra situada territorialmente en el este del país, mientras que la parte occidental es cuna del nacionalismo ucraniano. El cleavage lingüístico también tiene un claro reflejo territorial, siendo el occidente mayoritariamente de habla ucraniano, mientras que el oriente es de habla rusa (Taibo. 2014: 65; Ballesterros Martín. 2014: 13-14).      

Los acontecimientos posteriores a las manifestaciones del Maidan son un claro reflejo de esta división (Samokhvalov. 2015: 1375).  Esta situación ha hecho de Ucrania, de acuerdo con Rywnik. (2014: 120): “un país atrapado entre su atracción por Europa y su dependencia de Rusia”. 

Esta división social aparece miméticamente reflejada en la escena política del país. De acuerdo con Taibo. (2014: 76-77): en Ucrania podemos observar dos proyectos políticos que se suelen identificar con los colores: naranja – en referencia a la Revolución del año 2014 –, que se caracteriza por su aproximación hacia occidente, su defensa de lo ucraniano y hostilidad hacia Rusia; y azul – en referencia a los colores del partido de las Regiones de Ucrania-, partidario de una mayor cooperación con la Federación Rusa. Esta circunstancia es uno de los principales motivos de la inestabilidad del sistema político democrático, de su atraso económico o de los graves riesgos de seguridad (Davids. 2016: 9; Makarychev y Yatsyk. 2014: 36).

 

7.2.- Variable VI. -  Percepción de una amenaza real y efectiva.

Para el análisis de esta variable tendremos en cuenta la posibilidad por parte de Rusia de usar tanto medios de poder duro como blando para crear en estos Estados una percepción de amenaza o inseguridad.

 

7.2.1. Bielorrusia

Los fuertes vínculos económicos, políticos y culturales entre los dos países hacen que sea muy difícil hablar de que las actuaciones rusas puedan ser percibidas como una amenaza por parte de Bielorrusia. Respecto de los vínculos políticos, hay que destacar que Bielorrusia es uno de los miembros fundadores tanto, de la CEI y de la Unión Eurasiática (Roberts y Moshes. 2016: 543).

Moscú ha tratado de conseguir un mayor control sobre el país valiéndose de instrumentos de carácter político, económico e incluso militar (Astapenia y Balkunets. 2016: 6; y Morgan 2012: 40), consiguiendo mayor influencia por medio de herramientas económicas. El país mantiene una fuerte dependencia del mercado ruso, siendo la orientación principal de sus productos. Rusia, además es el principal inversor financiero en Bielorrusia (Astapenia y Balkunets. 2016: 13).  

Además, Rusia es el principal proveedor energético del país, ofreciendo asimismo unos precios muy bajos en comparación al de los países de Europa Occidental (Gnedina. 2015: 1011). Moscú como hemos visto, ha usado los recursos energéticos como una herramienta de presión política, este caso no es una excepción, denegado en 2007 suministro de petróleo al país (Kagan. 2008: 40).

En cuanto a lo militar, ambos países mantienen una fuerte cooperación que se manifiesta en el suministro de armamento y en la realización de maniobras militares conjuntas (Heisbourg. 2015: 40-41; Astapenia y Balkunets. 2016: 9). La colaboración militar más estrecha sin embargo se evidencia en el ámbito de defensa anti-aérea, donde los países se orientan a una cada vez mayor integración, aunque Bielorrusia mantiene su negativa a la instalación en su suelo de una base militar rusa (Astapenia y Balkunets. 2016: 8). De acuerdo con Morgan (2012: 40): “la estrecha colaboración militar entre estos dos países no solo es indicativo de un gran entendimiento, sino que supone una amenaza para los países vecinos”, refiriéndose a Polonia y los Países Bálticos.

 

7.2.2. Finlandia y Suecia:

La reaparición de Rusia como potencia a nivel regional ha originado una percepción de amenaza para la seguridad tanto de Finlandia como de Suecia. Esta amenaza de acuerdo con Lundqvist y Widen. (2016: 369-370): viene fundamentada por dos aspectos “la proximidad geográfica con la potencia agresora y la orientación occidental de su expansión, percibiéndose la amenaza, desde los acontecimientos de Ucrania, mucho más severa”.  

Estos países han tenido que afrontar las campañas de desinformación que, en los últimos años han crecido en intensidad, promovidas por los canales de televisión y medios sociales financiadas por el gobierno ruso (Kragh y Asberg. 2017: 12 y 18). El Kremlin ha ampliado su actuación a través de sitios web de noticias como Russia Today y Sputnik. Igualmente, desde 2014, Suecia y Finlandia ha sido objeto de una amplia gama de medidas de desinformación a través de ONGs pro-kremlin y GONGOs (Kragh y Asberg. 2017: 17). Según Atland. (2016: 4): “estos medios de desinformación, han sido conjuntados con nuevas técnicas de guerra híbrida, operaciones cibernéticas, así como diversas formas de presión diplomática”.   

La actitud agresiva de Rusia también se ha evidenciado a través de medios militares, Suecia ha acusado en varias ocasiones incursiones de aviones rusos en su espacio aéreo y en el espacio del mar báltico, así como, el incremento de la presencia de sus submarinos en el mar báltico (Åtland. 2016: 5-6; Srivastava. 2016: 6; y Heisbourg. 2015: 39).    

 

7.2.3. Países Bálticos: 

La integración de estos países dentro de las organizaciones occidentales, principalmente de la UE, ha eliminado su dependencia económica y política respecto de Rusia, manteniéndose, sin embargo, la dependencia energética característica de la mayoría de los países europeos (Mišík y Prachárová. 2016: 7).

Las relaciones entre los Estados Bálticos y Rusia, según Sánchez Nieto. (2011: 472): han sido muy tensas desde la integración de estos en la OTAN. La inseguridad de los Países Bálticos se ve intensificada, además, debido a su cercanía con Rusia (Mölder. 2011: 153 y 160).

La percepción de amenaza tiene su justificación en las numerosas agresiones y amenazas percibidas por parte de Rusia. La más conocida ha sido sin duda el ataque cibernético contra Estonia en 2007, que tuvo lugar tras la decisión del gobierno de retirar un monumento conmemorativo de la Segunda Guerra Mundial del centro de la capital (Ditrych. 2014: 79; y Hooker. 2015: 32). Otros ejemplos de amenaza se encuentran en varias incursiones de aviones militares rusos en el espacio aéreo de los Países Bálticos (Sánchez Nieto. 2011: 472; Koch. 2015: 1).    

Moscú financia, además, una gran variedad de organizaciones no gubernamentales y partidos políticos encargados de apoyar los intereses rusos en estos países (Thornton y Karagiannis. 2016: 343-344).

En los últimos años Rusia ha intensificado el uso de la propaganda y las técnicas de guerra híbrida, ampliamente utilizadas en el conflicto en el este de Ucrania, que representa uno de los principales temores de los Países Bálticos dadas las importantes minorías rusas presentes en estos Estados (Hooker. 2015: 28; y Thornton y Karagiannis. 2016: 331). Como hemos puesto de manifiesto anteriormente, Rusia destina importantes recursos económicos para mantener una fuerte influencia en estos países precisamente usando las minorías rusas. Es destacable el papel de los miembros de los servicios de inteligencia ruso en el apoyo a estas minorías (Hooker. 2015. 31).

Según, Thornton y Karagiannis (2016: 340): “la reciente publicación por parte del gobierno lituano de un manual para sus ciudadanos sobre cómo combatir una invasión rusa real”, es sin duda un claro ejemplo de la percepción de amenaza respecto de Rusia.  

 

7.2.4. Polonia: 

La integración de Polonia, después de la disolución de la URSS y del Pacto de Varsovia, dentro de las dos principales organizaciones occidentales la UE y la OTAN le ha permitido un rápido desarrollo económico y, de esta forma “romper con la dependencia de Rusia, creando una divergencia con las antiguas repúblicas soviéticas” (Taras. 2014: 713-714).     

La modernización de las fuerzas militares rusas, según Paszewski. (2016: 120): “les han dotado de capacidades ofensivas significativas para suponer una amenaza a la seguridad de Polonia”. Inseguridad que, también viene condicionada por su proximidad geográfica, que la hace mucho más débil a un ataque de la Federación Rusa, pero la erige, también en un punto geoestratégico fundamental para la OTAN, tal y como afirma Paszewski. (2016: 121): “está bien situada para ser un bastión de la OTAN en su flanco oriental, particularmente en el límite entre el Golfo de Finlandia y los Cárpatos”.  

La creación del Grupo de Visegrado representa un claro ejemplo de una estrategia de contención hacia Rusia y desconfianza en cuanto al apoyo de otras potencias occidentales de la OTAN en caso de conflicto (Schweiger. 2013: 412; Paszewski. 2016: 119). El país, igualmente ha estrechado su cooperación militar con los Países Bálticos y Suecia (Stratfor. 2017). 

 

7.2.5. Ucrania

Aparte de los motivos geopolíticos antes analizados, la necesidad de Rusia de mantener su control sobre Ucrania tiene motivos psicológicos fruto de los vínculos culturales e históricos comunes (Tsygankov. 2015: 9). Al igual que en el caso de Bielorrusia, la principal herramienta de control de Rusia sobre el país es económica. El país sigue dependiendo del gas ruso, que Moscú utiliza como un arma para sus fines políticos (Rywkin. 2014: 122). En respuesta a los acontecimientos del Maidan, Rusia eliminó los precios reducidos a los que comercializaba su gas a Ucrania y exigió el pago de sus deudas. Por el territorio ucraniano pasan, además, los gaseoductos rusos que trasportan gas a los países de Europa Occidental.

Ucrania, también mantiene una fuerte dependencia de los mercados rusos que son el principal destino de comercialización de los productos ucranianos. Rusia con objeto de presión sobre el gobierno vecino, en diferentes periodos, impuso restricciones a las exportaciones de bienes agrícolas e industriales (Davids. 2016: 19-20; y Rywkin. 2014: 123). El conflicto del Dombas, al que hicimos referencia al principio, es junto con la Guerra de Osetia del Sur, el ejemplo más extremo de hasta donde pueden llegar las actuaciones rusas para mantener bajo su control a estos países. 

Del análisis de las seis variables objeto de nuestro estudio obtenemos la siguiente tabla de resultados:

 

Tabla. 1: Comportamiento de las variables del Equilibrio de poder

Variables /Estados

Bielorrusia

Finlandia y Suecia

Países Bálticos

Polonia

Ucrania

Percepción de incremento de capacidades de poder agregado del potencial agresor.

+

+

+

+

+

Proximidad geográfica

+

+

+

+

+

Estados aliados que adopten la estrategia de equilibrio de poder.

-

+

+

+

+

Participación del offshore blancer 

+

+

+

+

+

Consenso y cohesión de las elites sociales y políticas

-

+

+/-

+

-

Percepción de una amenaza real y efectiva para la seguridad del Estado

-

+

+/-

+

-

 

Conclusión:

El objetivo del presente trabajo, tal y como ha sido expuesto al principio, era comprobar si el incremento del poder relativo de la Federación Rusa ha provocado en los países de su periferia la adopción de una estrategia de equilibrio de poder. Para lo cual se han definido y comprobado seis variables referentes tanto al ámbito de la política nacional como a variables sistémicas.  

Nuestra investigación ha puesto de manifiesto en primer lugar la existencia de un incremento de los medios de poder de Rusia, que ha ido aparejado a la adopción de una actitud más agresiva en el ámbito internacional, orientada como objetivo general a desempeñar un papel relevante en el ámbito de las relaciones internacionales y más concretamente, restablecer su control dentro de la periferia post-soviética.          

El estudio de las otras tres variables sistémicas, ha evidenciado que todos ellas tienen una influencia positiva en cuanto a la adopción de la estrategia de equilibrio de poder, por parte de los Estados. 

La proximidad geográfica con la Federación Rusa, de los países objeto de análisis, no hace sino, incrementar la percepción de la amenaza y potenciar así la adopción la estrategia de equilibrio de poder.

Igualmente, se ha demostrado la concurrencia tanto de un offshore balancer como de otras potencias con motivación para la adopción de la estrategia de equilibrio de poder, lo cual favorecerá su adaptación por parte de los Estados analizados. Salvo en el caso de Bielorrusia, donde la tipología de su régimen político ha provocado su aislamiento internacional. Sin embargo, también cabe considerar, como hemos puesto de manifiesto anteriormente que, el cumplimiento de estas dos variables, pueden provocar, que algunos Estados no queriendo asumir los costes del equilibrio de poder, adopten un comportamiento de buck-passing, dejando que sean otros quienes se encarguen de la contención      

Respecto de las dos variables internas, cohesión de las élites sociales y políticas y la percepción del incremento del poder de Rusia como una amenaza para la seguridad del Estado, podemos concluir: 

Respecto de la primera variable, en el caso de Bielorrusia las élites tanto políticas como sociales mantienen una visión favorable respecto de la de Rusia, debido a la persistencia de las élites provenientes del periodo soviético. En el caso de Ucrania y los Países Bálticos existe una clara división entre las élites en cuanto a la percepción de Rusia como una amenaza, motivado por la existencia en estos Estados de importantes minorías rusas. Siendo la misma mucho más acusada en el caso de Ucrania que de los Bálticos. Por último, el temor hacia Rusia es compartido por Finlandia, Polonia y Suecia, pero con distinta intensidad, siendo mucho más grave para Polonia en gran medida debido a razones históricas.

También la percepción de amenaza en relación a Rusia es muy distinta en los países que hemos analizado. La estrechez de los vínculos entre Bielorrusia y Rusia hace que sea muy difícil hablar de la percepción de una amenaza. Para los Países Bálticos como hemos visto la situación actual si es considerada como una amenaza para su seguridad nacional, pero teniendo presente, la división social antes referida. Al ser en el caso de Ucrania dicha división social mucho más profunda, hace que no haya, a pesar de haber sufrido graves agresiones, un consenso en cuanto a la amenaza. En el caso de Finlandia, Polonia y Suecia, que como hemos visto también han sufrido este tipo de agresiones, la percepción de la amenaza respecto de Rusia es ampliamente compartida.          

Por todo lo anterior, debemos finalmente concluir que, en base a las variables sistémicas los Estados deberán adoptar la estrategia de equilibrio de poder, pero la misma estará condicionada por variables de política interna.  

Danu Bobeica es Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración y Derecho por la Universidad de Granada.

 

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[1] El estudio de las variables relativas a la política interna, será realizado de manera conjunta, por un lado, para Suecia y Finlandia y por otro, para los tres países Bálticos, al ser esta la pauta general de la doctrina científica, destacándose las diferencias que pudiera haber.

[2] Información obtenida de World Factbook (https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/)

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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