El enemigo de mi enemigo ¿es mi amigo?... En Siria no

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Análisis GESI, 37/2016

Resumen: ¿Quién gana la guerra en Siria si la pierde Bachar Al Asad? ¿A quién tiene que derrotar Bachar Al Asad para considerar que ha vencido?

Es una ardua cuestión, el número de actores en esta guerra de todos contra todos hace difícil imaginar cual sería la situación tras el desenlace victorioso de alguno de los contendientes, esto era así durante la Administración Obama, y mucho más lo será en la era Trump. Lo que es seguro es que, en el frente sirio, la reacción a la victoria de Trump, debe de haber sido un “Mannequin Challenge” en toda regla, hasta las balas se debieron parar en el aire.

En Siria se superponen varias guerras, Suníes contra Chiíes, guerra contra el terrorismo, lucha de superpotencias Este y Oeste, la guerra civil doméstica, el conflicto Kurdo, el conflicto proxy entre Arabia Saudí e Irán…

 

Introducción

Para Estados Unidos estar posicionado en contra de Bachar Al Asad presenta algunas incoherencias; la más significativa, hacer indirectamente frente común con el Daesh ya que es enemigo de su enemigo, su lucha contra los terroristas, estando enfrentado al régimen implica poca determinación, no puede atacar directamente el problema, pero colabora, lo quiera o no, al debilitar al principal actor que les combate, que no es otro que Bachar. Sin embargo, también se podría considerar que presenta algunas líneas coherentes, no está alineado con Irán ni con Hezbola, ya que Bachar es amigo de sus enemigos.

 

Análisis de los adversarios del régimen sirio

En la Fig.I vemos, algo simplificados, los adversarios del régimen sirio, pero, ¿son un frente común? Nada más lejos de la realidad.

Estados Unidos no es amigo íntimo de Turquía ni en los últimos tiempos lo está siendo de Arabia Saudí, no lo es en absoluto del Daesh ni de la filial encubierta de Al Qaeda, el antiguo Frente Al Nusra, denominado Jabhat Fath Al Sham tras su pretendida ruptura con la marca Al Qaeda; es decir, hipotéticamente solo ratificaría una victoria contra Bachar, si esta procede de los adversarios internos. Ahora bien, ¿son estos un frente común? Difícilmente, ya que no se han aunado, sino que se abanderan por separado. Supongamos pues que sí, que a la hora de luchar son una sola causa, incluso un solo frente, pero ¿qué ocurriría si vencieran? Probablemente sería una nueva guerra entre ellos con el resultado de un Estado fallido, y una excelente oportunidad para el Daesh, que puede ser considerado un actor transnacional. ¿Intervendría Rusia en esta situación?

Esta es la postura del Estados Unidos de Obama, pero ahora nos enfrentamos al análisis de la postura de la administración de Donald Trump, este podría decantarse por cambiar de bando, supongamos que así fuera. Tendríamos entonces a Rusia y a Estados Unidos apoyando a Bachar Al Asad, pero en el mismo bando que militan Hezbola e Irán, extraños “amigos de mis amigos” ¿qué diría de esto Israel? Es una alianza coherente desde el punto de vista de la guerra contra el terrorismo, pero incoherente, y esta es la paradoja general que rodea todo lo concerniente al conflicto sirio, desde el punto de vista Geopolítico.

Ahora bien, hay un interrogante de futuro que es absolutamente crucial, es de suponer que con ese giro de estados Unidos la balanza se decantaría fulminantemente a favor de Bachar Al Asad, así mismo cabe esperar que en breve se estabilizaría e incluso finalizaría el conflicto sirio, pero ¿Presionaría después la administración de Donald Trump al régimen de Bachar Al Asad para convocar unas elecciones democráticas libres bajo el control de Naciones Unidas o, incluso, directamente fiscalizadas por los Estados Unidos? Debería. Pero no sólo eso, además tendría que asegurarse de evitar agresiones contra Israel y poner fin al problema Kurdo. Esta sería una cosa muy honesta.

Nadie quedaría indiferente a un posicionamiento de Donald Trump a favor de Bachar Al Asad, los grandes perjudicados serían los terroristas del Daesh y Jabhat Fath Al Sham, así como los Kurdos, cuyo apoyo (Fuerzas de Siria Democrática) por Estados Unidos se vería comprometido por esa alianza; la frágil concordia con Arabia Saudí se vería seriamente afectada y podría surgir un distanciamiento entre Estados Unidos e Israel. Irán, Turquía y Hezbolá estarían más cómodos, aunque no le afectaría sensiblemente a corto plazo, Turquía tendría más fuerza contra los Kurdos, aunque quedaría en evidencia si realmente es un apoyo al Daesh, Irán se refuerza en la causa Chiita y puede aprovechar un acercamiento a los Estados Unidos frente a Arabia Saudí, Hezbolá puede obtener ventajas del distanciamiento con Israel.

Posibilidades según actúe la Admistración Trump

Turquía no es buen amigo de Estados Unidos, tal vez no sea más que un conocido, tampoco lo es de Arabia Saudí, aunque su característica principal, a mi modo de ver, es mantener una posición ecléctica que le permita cambiar de bando sin demasiado escándalo; pero es claramente enemiga de los Kurdos, que son enemigos de su enemigo sirio y también se supone que lo es del yihadismo radical, y digo se supone porque no es precisamente un enemigo feroz, incluso recaen sobre el Estado Turco acusaciones de colaboración muy activa con los terroristas. ¿Qué situación final, entonces, firmaría Turquía? ¿Tal vez una que agrupara tan solo a los opositores internos no islamistas?, ¿los Salafistas de Ahrar Al Sam junto al Ejército libre de Siria, al que también apoyaría Arabia Saudí? Bueno, esta también podría encontrar el beneplácito de la actual Administración estadounidense. Por el momento el apoyo más firme de Turquía es al Ejército Libre Sirio que colabora a su vez con los turcos contra los Kurdos, por ello la creciente tendencia en los medios a agrupar las facciones opositoras es un error, es importante identificar las facciones, porque los apoyos que reciben no son al conjunto de ellas, sino que determinados estados apoyan a según qué facción porque está alineada con ciertos intereses, en casi todos los casos, contrapuestos, y esto cobraría una importancia capital si finalmente el régimen sirio de Bachar Al Asad fuera derrocado. A día de hoy mientras los turcos apoyan al Ejército Libre Sirio y juntos hostigan a los kurdos, USA apoya al FSD (Fuerzas de Siria Democrática) en cuyas filas militan los kurdos.

Arabia Saudí apoya a los suyos, favorecerá aquello que implique ver victoriosos a los sunníes en cualquier lugar del mundo. Se posiciona poco y con mucha sutileza respecto a Estados Unidos y Rusia, pero es amigo de Daesh y de cualquier extremismo suní. Por tanto, apoyaría un resultado victorioso de actores internos siempre que fueran de su cuerda, tal vez el Ejército Libre de Siria. Además, su relación con Estados Unidos pende de un hilo, y es de suponer que con Trump este hilo se debilite aún más.

Israel se defiende bien del terrorismo, tal vez le preocupe más un Gobierno adversario fuerte que simpatice con Hezbolá, que sería una Siria Estable bajo el régimen de Bachar; a ellos, como a la generalidad de los actores regionales no parece interesarles tanto el hecho de que no sea Bachar quien lidere Siria, sino la ganancia de pescadores que posibilita el río revuelto. Como en el caso del Daesh, su beneficio en este conflicto, proviene principalmente del caos.

Yihadismo Extremista; solo tolerarían una victoria en solitario, si tienen fuerza y capacidad combatirían a todos hasta situarse ellos en el poder, por otra parte, los actores externos internacionales pasarían a tener un objetivo limpio y claro. Nadie podría dar la espalda a la lucha contra el Daesh. Al Qaeda, o Jabhat Fath Al Sham, quedarían desenmascaradas, probablemente el autodenominado Estado Islámico las combatiría.

Por consiguiente, podemos concluir que la guerra, para que la pierda Bachar Al Asad, solo podrían ganarla el Ejército Libre de Siria, el FSD o, con menos probabilidad, el cada vez más debilitado DAESH. Por tanto, Bachar tiene que derrotar a estos y, además, si desea tener paz, tendría que buscar legitimidad internacional para que sus adversarios transnacionales no le acosen.

 

Análisis de aliados del régimen sirio:

Rusia; Su firme apoyo al régimen sirio no deja dudas, está cómoda, con Irán y Siria tiene el oriente Chiita del lado de sus intereses, manteniéndose Bachar Al asad y con un Estado fuerte y afirmado, Rusia gana muchos enteros en la partida geopolítica. Para Al Asad ganar con apoyo ruso es cómodo, probablemente Rusia no le pida demasiados procesos internos que puedan terminar con su titularidad en el Gobierno que heredó de su padre. ¿Interesa esto a Estados Unidos? Obviamente no.

Irán, el bloque Chiita estable y fuerte crecería en peso específico si Bachar Al Asad se mantiene al frente del Gobierno de Siria, sería especialmente dichoso el Régimen de los Ayatolás si Estados Unidos se uniera a la causa, ¿ocuparía el vacío afectivo tras la inminente ruptura entre Arabia saudí y USA? Parece que Trump va por estos derroteros. Especialmente cuando una victoria en la que no participen le situaría ante un Irán favorecido por Rusia y sobre el que no tendría el menor control.

Hezbolá, un régimen sirio chiita estable liderado por Bachar, obviamente un paso adelante para que los enemigos Chiitas de Israel sean fuertes, siempre será una opción que contará con la aprobación de Hezbolá. Aunque su situación es complicada, la participación del “Partido de Dios” en el conflicto sirio, probablemente sea una necesidad incómoda, un pago a Irán por su financiación que le está debilitando significativamente y está haciendo que en el Líbano le esté saliendo oposición importante por parte de la mayoría Suní, además de estar perdiendo su capacidad frente a Israel.  

Facciones locales internas afines a Bachar Al Asad, compondrían su estructura, buscarán su cuota de poder si ganan. Pero tal vez no todas salieran bien paradas.

 

 

El giro de Estados Unidos

Analizando los posibles posicionamientos de Estados Unidos en la administración de Donald Trump, consideramos que lo más probable es un realineamiento junto a Bachar Al Asad, lo siguiente más consistente es que ese posicionamiento se materialice en una intervención militar sobre el terreno que, además, implique notablemente a la OTAN y a los Estados a los que Trump va a pedir un grado implicación que demuestre el nivel de compromiso con Estados Unidos, necesario para seguir contando con su respaldo en todos los sentidos.

Mantener la posición actual respecto Siria no ha servido en el pasado, Donald Trump podría verlo de otra forma, no como un político sino como un empresario, no puede pretender mantener su hegemonía sin adaptarse al crecimiento de sus adversarios, este crecimiento es más que evidente, ya se puede apostar por la victoria de la alianza sirio – rusa - iraní, y probablemente requiera cerrar el escenario sirio y abrir nuevos ámbitos de competitividad.

No puede permitir el estancamiento actual, actuar contundente y rápidamente es una de las principales bazas para mostrar cambios respecto de la política de la Administración Demócrata de Barack Obama. Una victoria de Bachar es cada vez más plausible, y Estados Unidos no puede oponerse por las armas, ya que encontraría enfrente a Rusia y a Irán, una perspectiva que conlleva una alta probabilidad de conflicto armado de primer orden, algo inaceptable e imperdonable si llegara a ocurrir. Sin embargo, permitir que se dé un desenlace así sería una derrota, en cambio reposicionarse sería aparecer como parte de la solución, como actor principal de un desenlace fulminante, y todo ello dignificado tras la pantalla de la lucha decidida contra el terrorismo.

Por tanto, consideramos altamente probable que los escenarios más plausibles que puedan darse como colofón del conflicto sirio son los que se exponen en la Fig.III, siendo probable, además, según sea la posición que finalmente asuma la Administración Norteamericana liderada por el Republicano Donald Trump, un colofón a muy corto plazo.

 

Conclusión

Dadas estas posibilidades, consideramos, a modo de conclusión, que lo más plausible es que en 2017 se produzca una victoria del Régimen Sirio con ayuda de Estados Unidos, con mucha probabilidad de que esta ayuda sea prestada sobre el terreno con presencia militar que, posiblemente implique a los Estados que apuesten por demostrar a Trump que están decididamente a su lado.

En el proceso de pacificación tendría que existir alguna garantía para los Kurdos y para Israel, sino estarían traicionando a sus aliados. Trump asumiría el final de las buenas relaciones con Arabia Saudí, aceptando un acercamiento a Irán y a Rusia. Aunque acercarse a Irán, insisto, deja un importante cabo suelto de cara a Israel.

El paso más difícil, aunque ante un alineamiento EEUU y Rusia es complicado oponerse, será la convocatoria de elecciones libres, en pro de un Gobierno laico y democrático.

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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