El despliegue de fuerzas terrestres rusas en el Ártico

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Análisis GESI, 4/2019

Resumen: Rusia está tomando posiciones ante el impacto geopolítico del deshielo del Ártico. En parte, para defender su frontera norte, cada vez más permeable. En parte, también, para sostener sus reivindicaciones de zonas en disputa. Este análisis afronta, en particular, el despliegue de fuerzas terrestres rusas en tan inhóspito escenario.

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Introducción

En el año 2008, Medvedev expuso la estrategia rusa en el Ártico, en el horizonte del año 2020[1], en un momento en el que altos mandos de sus fuerzas armadas lamentaban el estado en que se hallaban para proteger ese flanco (Lasserre, Le Roy y Garon, 2012). Pero en 2013, Putin acogió y amplió la estrategia apuntada por Medvedev[2], añadiendo la conveniencia de recuperar una presencia avanzada de sus fuerzas de tierra, mar y aire, que había sido muy descuidada a raíz del fin de la Guerra Fría (Devyatkin, 2018). Estrategia que fue ratificada por el propio Putin en diciembre de 2014.

En esa misma fecha también fue creado el Mando estratégico conjunto de la flota del norte, con base en Severomorsk, mientras el ministro de defensa, Shoigu, anunciaba un despliegue de nuevas unidades capaz de abarcar todo el cinturón ártico, desde la península de Kola hasta la de Chukotka, con la mirada puesta en la defensa de la ruta marítima del norte, así como de las instalaciones destinadas a la explotación de hidrocarburos (Thomas, 2015: 304 y 322). Poco después aparecieron evidencias de que Rusia había puesto en marcha un plan para mejorar las infraestructuras aéreas y navales en la zona. Plan que ya está dando sus frutos.

En el caso de un hipotético conflicto en el Ártico, el protagonismo de las fuerzas aeronavales sería innegable, dada la naturaleza del teatro de operaciones (el Ártico, en puridad de conceptos, no es un continente, sino un mar helado). Sin embargo, es significativo el incremento de capacidades para el combate en el Ártico experimentado por unidades de tierra rusas (que no necesariamente pertenecientes al ejército de tierra). Así, a principios de 2015 informes procedentes de los EEUU recogían la creación de dos nuevas grandes unidades con vocación de potenciar el rol las fuerzas terrestres desplegadas en la zona. Ubicadas, respectivamente, en Murmansk y en la península de Yamal, se apuntaba que totalizarían unos 6.000 efectivos, lo que remitía a la posibilidad de que se tratara de dos brigadas (Stratfor, 2015: 4). Atendiendo a dichos antecedentes, el objetivo de este artículo es el análisis de la modernización del vector terrestre ruso en el Ártico.

 

Despliegue de las brigadas árticas… y otras unidades

Las dos brigadas antes citadas constituyen un buen punto de partida, aunque la información citada en ese momento era algo imprecisa. Sobre todo, porque esas brigadas árticas no son nuevas, sino fruto de la transformación de otras preexistentes. Pero también porque la cifra aportada se queda corta.

La pionera en esta transformación fue la 200ª BRIMZ, ubicada en Pechenga (en las proximidades de Murmansk, muy cerca de la frontera noruega). A lo largo de este análisis, denominaré BRIMZ a lo que en Rusia se define como brigadas de fusiles motorizadas, debido a que por sus características son asimilables a lo que en Occidente conocemos del modo aquí indicado. Contra lo que suele presumirse, las brigadas árticas no pertenecen al ejército de tierra, sino que están integradas en la marina de guerra rusa. Sin embargo, al formar parte de las fuerzas de defensa costera, tampoco se contabilizan dentro de las unidades de infantería de marina, constituyendo una suerte de híbrido, un tanto curioso. El origen de esta doble clasificación cabe rastrearlo hasta la negociación del Tratado FACE (de reducción de fuerzas convencionales), desarrollada a finales de los años 80 del siglo XX. En ese momento los rusos transfirieron varias grandes unidades del ET a la defensa de costas (y, con ello, a la marina de guerra) a fin de que pudieran quedar fuera de los márgenes de dicho Tratado[3]. Por lo tanto, se trata de unidades que, realmente (incluyendo su mentalidad) están a caballo entre las del ejército de tierra y las de la Armada rusa.

El caso es que la 200ª BRIMZ ha venido sirviendo como modelo de dicha transformación. Hasta poco antes de iniciarla había sido desplegada en Ucrania, todavía en su formato original. Según algunos expertos, antes de su transformación en brigada “ártica” ya tenía una magnífica reputación, como una de las unidades con una más alta preparación para el combate y un mayor nivel de alistamiento (Micov, 2013: 63), dentro de lo que es habitual en Rusia[4].

En lo esencial, conserva la orgánica de una brigada de infantería, manteniendo bastantes de sus añejos blindados anfibios MT-LB, mientras van llegando los primeros VCI Toros[5], pero adicionando un buen número de vehículos TOM (Transporte Oruga de Montaña/Nieve) basados en el chasis del DT-30 Vityaz. En total, esta brigada reúne unos 360 vehículos de ambos tipos (incluyendo en esta cifra los destinados a tareas logísticas). Hay que decir que los Vityaz no son, en sí mismos, ninguna novedad, ya que su diseño data de los tiempos de la URSS. Se trata, por lo demás, de un vehículo empleado también por empresas como Gazprom para asegurar transporte de útiles y cargas pesadas, tránsito de personal, así como remolque de otros vehículos, a lo largo y ancho de Siberia. Lo cual induce a pensar en las muchas bondades del modelo, así como en la facilidad para afrontar los problemas logísticos o de mantenimiento a que haya lugar, llegado el caso. A lo cual hay que sumar las capacidades anfibias de estos ingenios, que los hace ideales para moverse en terrenos pantanosos o sembrados de pequeños lagos, tan frecuentes en la zona que nos ocupa.

Un par de DT-30 en su medio natural. Nótese el ancho de sus orugas

 

Quizá lo significativo de esta dotación es el afán ruso por desarrollar versiones del DT-30 así como de los remolques incorporados al mismo diseño. Su motor, de más de 700 HP (derivado directo del motor V-46 que dota a los carros de combate T-64 y T-72) le aporta una excelente relación potencia/peso para un vehículo de su tipo (unas 29 toneladas), mientras que ese peso queda tan repartido que la presión sobre el suelo es excepcionalmente baja, calculándose en poco más de 0.22 kgrs x cm2[6]. Para hacernos una idea, cabe destacar que el vehículo de cadenas más emblemático en este sentido (el CCL FV-101 Scorpion) tiene una presión de 0.34 kgrs x cm2[7], mientras que lo usual en los TOAs, VCIs o CCMs es que dicha presión se ubique entre los 0.55 del M-113 y los 1.08 kgrs x cm2 del M-1A2. Eso convierte a los DT-30, por añadidura, en unos vehículos poco vulnerables a las minas.

De esta guisa, los DT-30 son muy capaces de soportar sistemas de armas pesadas, como el SAM Pantsir (20 kms de alcance) o el SAM Tor (12 kms de alcance) de los cuales ya se han tomado fotografías, así como diversos tipos de MRLS (Foss, 2018), entre los que se han citado el BM-21 y el BM-27. Hay que tener en cuenta que los DT-30 son complementados por otros TOM más pequeños, como los GAZ-3344 (11 toneladas), cuyo diseño nos es algo más familiar, ya que tiene un aire de familia con el de los Bv-206.

Sistemas Tor (en primer plano) y Pantsir, sobre chasis DT-30

En estas unidades también se ha cuidado su capacidad de reconocimiento, potenciada con nuevos vehículos todo-terreno ligeros (incluyendo quads RM-50, dotados de armas ligeras y misiles anticarro)[8] así como con la introducción de diversos modelos de UAVs, caso de los Granat, los Zastava y los Orlan (Thomas, 2015: 324). En todo caso, por la suma de sus capacidades, probablemente estemos ante las brigadas más poderosas del mundo entre las que tienen como montura los TOM. Algo así como unas brigadas ártico-mecanizadas, con apoyos de fuego más propios de las segundas, pero con la adaptación al medio que es propia de las primeras.

En cuanto a la movilidad de esta brigada, valga recordar que, en unas maniobras desarrolladas en otoño de 2017, en las que la 200ª se estrenaba en su nueva faceta, varias de sus unidades fueron trasladadas al archipiélago de las Tierras del Norte (antiguo archipiélago del Zar Nicolás II) por un LST de la clase Ropucha (112 metros y 4.500 toneladas) ejercitándose en un desembarco anfibio clásico. En las imágenes disponibles se aprecia, por ejemplo, la presencia de blindados MT-LB saliendo del vientre de ese buque anfibio para ganar la playa[9]. Se trata de un procedimiento estandarizado, ya que, en fecha todavía más reciente, en el contexto de las maniobras Vostok-2018, varias unidades orgánicas de la 80ª brigada ártica fueron desplegadas a bordo de dos LST, también de la clase Ropucha, junto con otras de infantería de marina (Grau, 2018: 6), de las que hablaremos en el siguiente epígrafe. En esta ocasión, los buques recorrieron unos 5.000 kms antes de proceder a realizar un nuevo ejercicio de desembarco clásico… en la península de Chukotka.  

Aparentemente, se trata de un logro relevante, dadas las distancias. En realidad, más allá de su efecto propagandístico, sin duda bien explotado por los rusos, este tipo de simulacros esconde una realidad bastante más modesta: el problema con el que se pueden encontrar los rusos, en un formato de proyección marítima de fuerzas, radica en la obsolescencia de esos buques de desembarco, una de cuyas carencias la constituyen sus limitadísimas posibilidades para el asalto anfibio en misiones OTHT (es decir, más allá del horizonte).

Por lo demás (y quizá por ello), algunos expertos han apuntado, a partir de informaciones obtenidos de medios locales, que la pionera 200ª BRIMZ ártica verá como una de sus unidades de maniobra será aerotransportada (Sutyagin y Bronik, 2017: 125). De ser así, dicho batallón ofrecería un plus de flexibilidad, muy necesario en escenarios como el que nos ocupa, dada la conveniencia de proyectar la fuerza a grandes distancias. Distancias que son difíciles de recorrer por tierra y nada fáciles de salvar -al menos con contundencia, en función del problema detectado- cuando haya mar de por medio. 

El énfasis ruso a la hora de potenciar las instalaciones aéreas, comentado al inicio de este análisis, puede tener mucho que ver en ello, aunque el argumento oficial sea otro y sin perjuicio de que una misma instalación pueda ser útil para diversos menesteres. Porque los numerosos helipuertos ubicados en la costa norte, con misiones teóricamente de salvamento y rescate (SAR) pueden jugar un rol muy interesante en apoyo del despliegue de fuerzas militares.

El aparato preferido por los rusos para operar en esas latitudes es el Mi-8, como ha sido puesto de relieve en diversas maniobras que tenían por objeto mover a las unidades de la zona de Murmansk hasta la primera línea de costa. Su reconocida robustez y su capacidad de carga (puede transportar una sección de infantería al completo en cada vuelo) son muy apreciadas. Pero tener un helicóptero adaptado a la climatología ártica no es tan fácil y, de hecho, hubo preocupación entre las autoridades rusas por varios accidentes de helicópteros, de los que en Moscú se culpó a la falta de adaptación a las condiciones extremas de esa zona (Baev, 2012: 14). Así que han desarrollado una versión específica para empleo en zonas con mal tiempo y muy bajas temperaturas, denominada Mi-8AMTSh-VA. Se trata de un aparato que puede operar sin problemas a -40/50 ºC, con una autonomía incrementada -mediante depósitos auxiliares- hasta los 1.300/1.400 kms[10]. Los primeros ejemplares de la nueva versión entraron en servicio en la zona de Kamchatka, en 2017. Queda por ver, en fin, si dicha orgánica supera el estadio experimental y es auspiciada para otras brigadas similares en el futuro.

MT-LB y Mi-8 en acción en el Ártico

¿Cuáles son esas brigadas que pueden seguir o ya están siguiendo un patrón similar de transformación? Recordemos que la segunda brigada señalada en el informe de Stratfor mencionado en la introducción de este artículo está ubicada en la península de Yamal. Pues bien, ésa es la sede de la 82º BRIMZ, que sería, de esa manera, la segunda en afrontar la transformación a brigada “ártica”. Ahora bien, entre ambas hay que contabilizar, asimismo, otra unidad implicada, la 80ª BRIMZ, cuya base está en Alakurtti (al sur de Murmansk, a unos 400 kms de Pechenga) y que a la hora de la verdad habría seguido el mismo camino que sus dos predecesoras. Por lo tanto, según todos los indicios, las brigadas ahora conocidas como árticas serían tres, y no dos, aunque es probable que el proceso de transformación todavía no se haya completado en alguna de ellas.

Dicho lo cual, hasta ahora nos hemos centrado en el extremo Oeste del espacio ártico ruso. Es, a todas luces, un punto de la máxima importancia geoestratégica, en la medida que pivota tanto sobre los países escandinavos vinculados a la OTAN y/o a la UE (Noruega, Suecia y Finlandia), como sobre el resto del espacio ártico ruso, es decir, desde el que se puede proyectar la fuerza al Oeste o al Este, en función de las necesidades. Pero se trata de una panorámica insuficiente. Hay que tenerlo en cuenta ya que lo que frecuentemente denominamos como Región ártica constituye un inmenso territorio que llega hasta el estrecho de Bering (aunque, en sí mismo, éste quede ligeramente al sur del Círculo Polar como tal). El caso es que, una vez ampliado el zoom de la fotografía a partir de este objetivo, hallamos más novedades relevantes.

Sobre todo, la constatada activación de una nueva división, conocida como 99ª división de defensa costera (recuérdese que las tres brigadas árticas lo son también de defensa costera). Los planes expuestos en 2016 por el ministro Shoigu indican que su activación se debería estar produciendo a lo largo de los próximos meses (siendo iniciada en 2018). Tan pronto se tuvo la primera noticia acerca de esta posibilidad, surgieron ciertas especulaciones respecto a la naturaleza de la 99ª división, ya que algunas fuentes apuntaron a la eventualidad de que se tratara de una división de artillería, dotada con misiles antibuque, en vez de serlo inter armas (Kofman, 2016).

Sin embargo, dada la numeración de esta gran unidad (GU) así como los antecedentes de otras GUs desplegadas en la misma zona en otros tiempos, también podría tratarse de una recuperación (y subsiguiente transformación) de la antigua 99ª DIMZ, ya existente en el pasado en la misma zona, aunque disuelta en 1996. Básicamente porque las funciones asignadas a la antigua 99ª DIMZ, así como su ubicación, se corresponderían de modo casi exacto con lo previsto en el nuevo proyecto. Pero también porque sabemos que sus primeras unidades están en estrecho contacto con la 80ª brigada ártica en cuestiones como la puesta a punto de sus vehículos, unidades de reconocimiento (quads y drones), así como el desarrollo de la doctrina más adecuada para operarlos.

Quad RM-50, de dotación en la 99ª división y en las brigadas árticas, con una PKM de 7.62mm

Lo más significativo es que esta gran unidad ha vuelto a desplegarse en las proximidades de Alaska, como ya sucediera en la Guerra Fría. En esos momentos se planteó su rol como defensivo, para el caso de un ataque de la OTAN desde Alaska, pero también como disuasorio, advirtiendo con ese gesto de la posibilidad de hacer lo propio contra territorio estadounidense. No parece que la situación haya cambiado mucho, aunque lo hayan hecho los tiempos, así como los motivos concretos de los contenciosos entre las grandes potencias. Habrán cambiado los motivos, sí, pero no los contenciosos. Una vez más, pues, la tiranía de la geopolítica impone su ley… sea cual sea el color del gobierno de turno.

A su vez, la interpretación consistente en que la 99ª división lo sea inter armas, ha generado algunas dudas acerca de si las tres brigadas árticas ya comentadas continuarán como tales o también adquirirán una orgánica divisionaria en un futuro no muy lejano. El hecho de que la estrategia rusa apenas esté mostrando sus primeras cartas, unido a la apuesta por una estructura divisionaria en la península de Chukotka ha generado algunas especulaciones, no sin fundamento, en torno a que la opción seguida en la “puerta Oeste” de la costa ártica rusa sea simétrica a la que atisba en la “puerta Este” de la misma.

Antes de seguir avanzando en la exposición, hay que tener en cuenta que, en Rusia, las divisiones no integran brigadas, sino regimientos. De modo que las brigadas pueden y suelen integrarse directamente en cuerpos de ejército. Sin ir más lejos, las tres brigadas árticas comentadas, constituyen el grueso de las unidades de maniobra integradas en el 14º Cuerpo de Ejército ruso[11]. Ahora bien, nada obsta a que alguna o algunas de las tres brigadas árticas citadas se conviertan en el núcleo de futuras divisiones árticas (llegado el caso, definibles como divisiones de defensa costera, claro está), aportando para ello tropas, material, experiencia y doctrina de empleo en tales latitudes, aunque sea a costa, llegado el caso, de que desaparezcan como tales brigadas.

La cuestión es que algunos analistas interpretan precisamente en ese sentido los planes rusos vigentes (Sutyagin y Bronik, 2017: 126). Pero a tenor de las palabras de dirigentes rusos de máximo nivel, como Sergei Shoigu, acompañadas de informaciones recogidas de la prensa local (v.gr. de Izvestia), otras fuentes apuntan a la posibilidad, aun más preocupante a ojos occidentales, de que se traslade a la Península de Kola alguna división al completo (Staalesen, 2017), de modo que dicha unidad no llegue en lugar de, sino además de una o varias de esas brigadas árticas (Konyshev, Sergunin y Subbotin, 2017: 118-119). En cualquier caso, los problemas de personal de las FFAA rusas no presagian que esta última sea la solución más probable.

Sea como fuere, además de estas unidades, y al margen de las mismas, Rusia está culminando el despliegue de no menos de cinco grupos tácticos (en realidad subgrupos, de acuerdo con nuestra nomenclatura) que constituirán las fuerzas de guarnición en otras tantas bases avanzadas, destinadas a operar, fundamentalmente, con fuerzas del ejército del aire y/o con sistemas de radar y SAM de largo alcance (Nueva Zembra; Tierra de Alexandra; Kotelny; Isla Wrangley y Cabo Schmitt). Se trata de unidades de unos 150 efectivos, que ya están siendo alojadas (al menos desde el año 2016) en infraestructuras de nuevo cuño, capaces de sostener a esas tropas, así como a las llamadas a operar esos sistemas de armas, a pesar de las bajísimas temperaturas y de las inclemencias meteorológicas habituales en tan inhóspitos enclaves.

Asimismo, podemos mencionar la presencia, en Severomorsk, de una pequeña unidad de operaciones especiales, el 420ª batallón de reconocimiento, que queda fuera de la orgánica de dichas brigadas. Se trata de un grupo de unos 250 efectivos, preexistente a las actuales reformas (los rusos disponen de uno de ellos en cada una de sus cuatro principales bases navales), que integra capacidades tan específicas como la de buceadores de combate, de modo que sus funciones y dimensiones acercan a estos pequeños batallones, para hacernos una idea, a las propias de nuestra FGNE (Fuerza de Guerra Naval Especial).

En cuanto a las unidades de artillería no orgánicas de esas brigadas, destaca la 536ª brigada de artillería de costa, ubicada en Snezhnogorsk (20 kms al norte de Murmansk). Esta unidad está integrada asimismo en las fuerzas de defensa costera y, por ende, en la Armada rusa. A partir de 2016 fue dotada con los sistemas ATP 3K55 Bastion (que incorpora los misiles SSM Oniks/SS-N-26, de 600 kms de alcance) y 3K60 Bal (con misiles Uran/SS-N-25[12], de 130 Kms de alcance). Ahora bien, como puede apreciarse, no se trata de una unidad de apoyo a las brigadas de infantería antes mencionadas, sino que su función es estrictamente antibuque. Pero es interesante citarla, para disponer de una imagen más fidedigna del despliegue ruso en la zona.

Sistema SSM Bastion en posición

… y sistema SSM Bastion adaptado al Ártico.

 

Fuerzas desplegables en apoyo de las unidades árticas

En este epígrafe no hablamos de la movilidad de las propias brigadas árticas, a la que ya se ha hecho referencia, sino de los apoyos que puedan llegar de otras unidades. En este sentido, recientes maniobras desarrolladas por las FFAA rusas (especialmente las de marzo del año 2014) han mostrado algunas de las pautas que podría seguir el refuerzo de las unidades permanentemente desplegadas en el Ártico. De acuerdo con esos planes, ese segundo escalón quedaría organizado, preferentemente, en torno a fuerzas aerotransportadas (VDV, en adelante) así como, en su caso, a partir de unidades de infantería de marina (IM, en adelante). Por lo tanto, el protagonismo es para las primeras (Thomas, 2015: 333). Así, en las citadas maniobras, la 98ª división de las VDV (ubicada en Ivanovo, unos 200 kms al noreste de Moscú) desplegó uno de sus batallones en la isla Kotelny. Hubo saltos de más de 350 paracaidistas desde aviones Il-76 así como el despliegue paralelo de sus blindados BMD-4 y BTR-MDM por vía aérea (desde el aeropuerto de Tiksi).

Marzo de 2014: paracaidistas de la 98ª división VDV, a bordo de un Il-76, en ruta hacia el Ártico

Al parecer, algún general ruso se jactó de que ese tipo de asalto aéreo, en esas condiciones (con -30 ºC de temperatura y con fuerte viento) sólo lo podían realizar las tropas rusas (Cánovas, 2017: 18-19). No sabemos si sólo ellas, pero ya sabemos que ellas seguro que lo pueden lograr. Por otro lado, el flanco Este del despliegue ruso en el Ártico (Isla Wrangley y Cabo Schmitt) sería cubierto, con una elevada probabilidad, por la 83ª brigada VDV (sita en Ussuriisk, a apenas 70 kms al norte de Vladivostok).

Pero, como quiera que ésa sería la tónica general de un posible refuerzo de capacidades en el Ártico, también entran dentro de esos planes las divisiones VDV 76ª (en Pskov) y 106ª (Tula; unos 150 kms al sur de Moscú), así como la 31ª brigada VDV (Ulyanovsk). La primera parece especialmente indicada, dada su proximidad a dos de las brigadas árticas antes mencionadas (200ª y 80ª), de modo que podría desplegarse en su apoyo (siempre hablando en lógica defensiva) sin siquiera necesidad de medios aéreos. Mientras que las otras dos GUs jugarían un rol similar a la 98ª VDV -operando como reserva, en apoyo del resto de unidades-.

De hecho, en algunas maniobras (v. gr. las Zapad-2017, desarrolladas entre el 14 y el 20 de septiembre de dicho año)[13], se ha comprobado que unidades de la 98ª división VDV y de la 31ª brigada VDV han realizado asaltos aerotransportados en Pskov, en apoyo de la 76ª VDV. De modo que todas ellas parecen preparadas para reforzar a las brigadas árticas comentadas en el epígrafe anterior. Nada de ello es casual: al menos un batallón de cada una de esas divisiones y brigadas, ubicadas en distritos militares alejados del Ártico, ha recibido instrucción específica para el combate en zonas de nieve. Algo que también se he podido comprobar en varias ediciones de las maniobras Vostok, a partir, al menos, del año 2014.

En cuanto a las grandes unidades de IM, lo cierto es que también se han desarrollado maniobras en el Ártico (v. gr. las de agosto de 2015, en la isla Taimyr) en las que el principal protagonismo radicaba en buques de desembarco de la Flota del Norte (en ese caso, en dos LST del ubicuo tipo Ropucha), a partir de los cuales desplegaron sus blindados (Kuksin, 2015). De nuevo, por lo tanto, podemos partir de la experiencia para mejor comprender las prácticas y objetivos rusos.

Ahora bien, ¿de qué unidades de IM se trata? Por una parte, habrá que considerar a la 61ª brigada de IM[14], aunque sólo sea por su ubicación geográfica, puesto que tiene su base en las cercanías en Sputnik, literalmente pegada a Pechenga, a la sazón sede de la 200ª brigada ártica (las separan apenas 6 kms). Se trata de una unidad que mantiene en plantilla unos 70 T-80 y 55 BTR-80, además de unos 130 MT-LB. De hecho, componentes de esta unidad fueron los que acompañaron a los de la 80ª brigada ártica en los ejercicios Vostok-2018, a bordo de sendos LST.

Efectivos de la muy curtida 61ª brigada de IM, en el Donbass, posando ante un BTR-80

Pero, mientras que esa brigada sería la aportación de la infantería de marina rusa al esfuerzo conjunto en el Oeste de su costa ártica, algo similar se plantea cuando hablamos de la conveniencia de reforzar las posiciones de su extremo Este, lugar donde sabemos que se ubica la 99ª división de defensa costera.

En este caso, sendas brigadas ubicadas en la península de Kamchatka (la 40ª brigada de IM, en Petropavlosk) y en las proximidades de Vladivostok (155ª brigada de IM) serían las llamadas a reforzar sus posiciones, como también ha quedado patente a partir de las maniobras de 2014. Puede apreciarse que esas GUs de IM tienen su sede aneja a las dos bases navales de la Flota rusa del Pacífico. De modo que podrían ser trasladadas al escenario de operaciones en los buques de desembarco ahí atracados. Cuestión distinta, en la que ahora no podemos entrar, es el estado en el que se encuentra la capacidad de proyección de fuerzas desde el mar en Rusia y que ya ha sido apuntada en el epígrafe anterior de este análisis[15]. Por el momento, todo parece indicar que el nuevo pero muy sobrevalorado buque de desembarco Ivan Gren tendrá su base, o bien en Severomorsk, o bien en alguna de las dos ya señaladas de la Flota del Pacífico, habida cuenta de su tránsito a esa zona de operaciones, en demanda de su emplazamiento definitivo. De una u otra forma, estará cerca de alguna de las 3 brigadas de IM mencionadas.

BTR-80 de la infantería de marina rusa mostrando sus capacidades anfibias

 

Conclusiones

El componente terrestre del despliegue ruso en el Ártico está adquiriendo un creciente protagonismo. Por una parte, desde la península de Kola a la de Yamal, al menos tres brigadas de defensa costera (en realidad BRIMZ) han sido transformadas a modo de brigadas “árticas” (o ártico-mecanizadas) pero, en todo caso, eso se ha producido a partir de unidades preexistentes. Mientras que una brigada de infantería de marina (también BRIMZ) refuerza el dispositivo. Por otra parte, en el extremo Este del despliegue (península de Chukotka) se ubica una división al completo de esas fuerzas de defensa costera, aunque todavía falta para que esté al completo. En caso de necesidad, esa GU sería reforzada, cuanto menos, por la brigada de infantería de marina de Petropalovsk.

Pero el protagonismo recae, sobre todo, en diversas unidades pertenecientes a las VDV que tendrían la misión, llegado el caso, de reforzar esas posiciones, tal y como se ha puesto de manifiesto en sendas maniobras desarrolladas en ese teatro de operaciones. De hecho, algunos de sus batallones han recibido entrenamiento específico para llevar a cabo asaltos aéreos en condiciones extremas de viento y frío, mientras que los equipos necesarios para ello continúan mejorándose, incluyendo la flota de helicópteros con autonomía aumentada y mayores capacidades de supervivencia en tales escenarios.

De menor importancia estratégica se antoja el despliegue de al menos cinco (sub-)grupos tácticos, establecidos a modo de guarniciones en sendas bases avanzadas del ejército del aire y/o de radares, ubicadas en Nueva Zembra, la Tierra de Alexandra; la Isla Kotelny; Isla Wrangler y Cabo Schmidt. De menor importancia, digo, en función de su capacidad de combate. Pero no es poca la relevancia que tiene el hecho en sí de ese despliegue, por cuanto se trata de una recuperación de instalaciones en buena medida abandonadas o desmanteladas tras el final de la Guerra Fría y que ahora están retomado un gran protagonismo, y además lo están haciendo con bastante celeridad.

En realidad, si atendemos a la inmensidad del territorio implicado en este análisis, no parece que el despliegue de tropas ruso sea espectacular. En el mismo hay mucho reciclaje de unidades preexistentes, junto con adiciones de otras nuevas. Pero, más allá de ello, lo realmente significativo es el modo en que Rusia vuelve a asumir la necesidad de un despliegue que parecía haber pasado a la historia tras el final de la URSS.

Eso no implica que sus intenciones sean ofensivas. Al menos por el momento. Probablemente estas unidades formen parte de un esfuerzo conjunto de las FFAA rusas por desarrollar una estrategia bastante clásica de A2/AD (Anti-Access/Area-Denial) a lo largo de su costa norte. Aunque tampoco podemos omitir, siendo ecuánimes, que Rusia está planteando sucesivas reivindicaciones sobre zonas en disputa (Bentzen y Hall, 2017: 6-7)[16]. Lo cual ya es menos inocente. De hecho, ambas cosas no son incompatibles, tal y como muestra el caso chino en el Mar de China, donde la aspiración de Pekín es crear una A2/AD que cubra no sólo el espacio inmediato a sus costas (aunque también, por supuesto), sino incluso algunas islas y archipiélagos en disputa con Estados vecinos (Filipinas, Vietnam y Japón, sobre todo). Por lo tanto, lo más probable es que Rusia quiera dar cobertura a sus territorios (nada más legítimo) y, al mismo tiempo, asegurarse una buena posición para sustentar las reivindicaciones pendientes. De ser así, las unidades rusas desplegadas en el Ártico podrían llegar a jugar un rol menos prudente.

Sea como fuere, el celo que sí están poniendo en la mejora de la doctrina de empleo de esas unidades, en la constante mejora de sus equipos, así como en la puesta a prueba de sus capacidades de despliegue a grandes distancias, marca la diferencia en relación con la lógica que viene imperando en los Estados occidentales, cada vez más dados a minimizar (o hasta a suprimir) el rol específico de las unidades de montaña/nieve, a todos niveles (orgánico, pero también en lo concerniente a material/movilidad táctica, a la doctrina y a la movilidad estratégica). Quizá convenga tomar nota de ello.

Por otro lado, estamos hablando de los albores de un despliegue que todavía puede conocer otros episodios, así como cambios en la propia orgánica de las GUs rusas implicadas. Creo que lo hasta aquí considerado está lejos de ser definitivo, aunque ya tengamos una idea bastante aproximada del contenido -y de algunas limitaciones- del esfuerzo ruso. Habrá que estar atentos a esa posibilidad. Porque el deshielo del Ártico promete más novedades.

Un escenario que hasta hace poco estaba fuera del tablero y que, ahora visto en clave histórica, apenas había sido considerado por los grandes clásicos de la geopolítica, pero que ha aparecido para quedarse. Las cartas ya están marcadas. Y lo peor del caso que nos ocupa es que, a diferencia de otros escenarios calientes (pienso en Ucrania, o en Siria) en el Ártico… los EEUU y Rusia están separados por apenas 80 kms de agua, en el estrecho de Bering, sin que nada ni nadie más se interponga entre ambos.

Josep Baqués es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Es también profesor en el Máster on-line en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada.

 

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SUTYAGIN, Igor y BRONIK, Justin (2017). Russia´s New Ground Forces. Milton Park (UK): RUSI.

THOMAS, Thimoty L. (2015). Russia Military Strategy. Fort Leavenworth: Foreign Military Studies Office (FMSO).


[1] A través del documento “Foundations of the State Policy of the Russian Federation in the Arctic to 2020 and Beyond”.

[2] Mediante la “Strategy for the Development of the Arctic Zone of the Russian Federation”.

[3] Las fuerzas de infantería de marina quedaban integradas en el Tratado FACE, de acuerdo con el a-1.F de la sección 1. Sin embargo, la exención podría contemplarse a partir del a-2.A de la misma sección, que alude al personal de organizaciones designadas y estructuradas para desarrollar en tiempos de paz tareas de seguridad interior. De ahí la nomenclatura empleada y la distinción respecto a las unidades de infantería de marina. Pese a lo cual, es evidente que se trata de una ambigüedad calculada y, al final, de un subterfugio.

[4] Antes de su conversión en brigada “ártica”, la 200ª BRIMZ contaba con unos 1.200 efectivos listos para entrar en combate, más la capacidad para movilizar e integrar reservas. La primera cifra se correspondería con la parte de su plantilla formada por militares profesionales (algo más del 50%). Hay que tener en cuenta que, en Rusia, en tiempos de paz (como sería el caso) no se permite emplear conscriptos en zonas de guerra, aunque en muchas ocasiones eso se ha resuelto mediante la firma masiva de contratos ad hoc. Actualmente, esta unidad ya no tiene previsión de integrar reservistas, sino que se ha apostado por la fidelización de los conscriptos, a fin de que pasen a ser profesionales (Micov, 2013: 91). De este modo, se tiende a la plena profesionalización de la unidad.

[5] Se trata de una versión muy mejorada del propio MT-LB, dotada con un cañón de 30mm, con una pala quitanieves y capacitada para operar a -45 ºC.

[6] El récord lo tendría el TOM Bv-206, en servicio -entre otros- en nuestro ejército de tierra, cuya presión sobre el suelo es de apenas 0.14 kgrs x cm2. Sin embargo, el Bv-206 tiene unas dimensiones y capacidades de carga muy inferiores a las de los DT-30.

[7] Este fue el principal motivo que decidió a los británicos a llevar varios vehículos de este tipo (incluyendo la variante FV-107 Scimitar) a las Malvinas, en 1982. De hecho, fue el vehículo más “pesado” que participó en la guerra por el lado británico.

[8] Algunos modelos de quad han sido fotografiados portando lo que parecen ser sistemas contra-carro Skif, de origen ucraniano, lo cual sugiere que pueden ser armados con modelos como el Kornet ruso o el Shershen bielorruso.

[11] Sucesor del antiguo 14º Ejército de la época estalinista pero, lógicamente, redimensionado a la baja.

[12] En realidad, el nombre asignado a la versión de defensa costera es SSC-6, pero mantengo el anterior por ser bastante más conocido). Es considerado, por lo demás, como el Harpoon ruso.

[14] Se trata de una unidad especialmente activa, recientemente desplegada en Luhansk (2014), así como en Siria (2016). Pero su regimiento precursor, el 61ª de IM, ya fue desplegado en las dos guerras de Chechenia (1995 y 1999-2000) siendo en todos los casos una de las primeras unidades en entrar en combate (Thomas, 2015: 330). Varios miembros de esta unidad han sido condecorados a raíz de su participación en estos conflictos. En fechas recientes, la 61ª brigada contaba con unos 1.250 efectivos preparados para el combate, mientras que su plantilla total asciende a 2.038 militares (Global Security, 2013). Esto nos da una idea aproximada de la entidad de las brigadas de IM rusas (por lo general, algo más modesta que sus homónimas occidentales).

[15] Se trata de un aspecto descuidado por la marina de guerra rusa, que a duras penas atisba la luz al final del túnel (la intensidad de dicha iluminación va a depender mucho de unos presupuestos nada halagüeños). En todo caso, la idea de Rusia, una vez fracasada la adquisición de los dos LHD Mistral en Francia, pasa por construir hasta cuatro portahelicópteros de nuevo cuño.

[16] Señalando, en un primer momento, que la cordillera marítima Lomonosov sería una prolongación de la plataforma continental siberiana. De ser así, el espacio reclamado por Rusia alcanzaría los 1.2 millones de Km2 siendo especialmente rico en hidrocarburos. Pero más adelante Rusia ha ampliado, perfilado y oficializado esas reivindicaciones.

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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