Cooperación Militar Rusia - China

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Análisis GESI, 42/2018

Resumen: La cooperación militar entre la Federación Rusa y la República Popular China, que se ha estado fortaleciendo gradualmente desde la desaparición de la Unión Soviética, se ha acelerado notablemente desde que Occidente decidió imponer sanciones a Rusia por la anexión de la Península de Crimea.

Esta cooperación militar se hace evidente en áreas como la adquisición de material militar ruso por China, el intercambio de tecnología militar, la realización de ejercicios militares combinados[1] por las fuerzas armadas de ambos países y los contactos militares llevados a cabo a alto nivel.

 

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Introducción

Las relaciones entre la Federación Rusa y la República Popular China, como las de sus predecesores, la Rusia zarista y la China imperial, o las de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la China comunista, se han caracterizado por la alternancia de periodos de estrecha colaboración con periodos de enfriamiento de sus relaciones. Desde 1960 hasta 1989, las relaciones bilaterales de la URSS con China pasaron por una fase tensa, debido a diferencias ideológicas y disputas territoriales en la frontera entre ambos países. En 1969, las disputas fronterizas llegaron a provocar un enfrentamiento armado entre tropas chinas y soviéticas por el control de la isla de Damanski, en el rio Ussuri, que separa el noreste de China y el Lejano Oriente de Rusia. En 1989, con la visita a Pekín de Mijail Gorbachov se inició un periodo de acercamiento, que ha llevado a las estrechas relaciones políticas, económicas y de seguridad que actualmente mantienen.

Después de la desaparición de la Unión Soviética, comenzó a incrementarse gradualmente la cooperación estratégica entre los dos países. En este contexto se logró definir la frontera entre los dos países, lo que permitió solucionar los problemas territoriales, y se acordó la reducción del número de tropas desplegado a ambos lados de la misma. Estos acuerdos se oficializaron con la firma del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación[2] en 2001, el tratado pone el acento en asuntos como la pacífica coexistencia y no interferencia entre los dos países, en la lucha contra el terrorismo, en el respeto por la soberanía nacional y la integridad territorial y la cooperación en seguridad. Una vez superados esos problemas, China comenzó a abastecerse con el petróleo y gas ruso necesarios para asegurar su seguridad energética y mantener el espectacular crecimiento de su PIB, que ha sido cercano al 10% de media en el periodo de 1989 a 2018[3], de forma que Rusia es actualmente su principal suministrador.

Pero donde más evidente se ha hecho este entendimiento es en el campo de la cooperación en asuntos de defensa, que se ha convertido en la piedra angular de las relaciones entre los dos países. Como lo demuestran los hechos de que China se haya convertido en el principal cliente de la industria militar rusa, lo que le ha permitido modernizar el obsoleto material soviético adquirido en los años cincuenta, y que se haya institucionalizado la realización programada y regular de ejercicios militares combinados de las fuerzas armadas de los dos países.

Esta estrecha colaboración estratégica y las aparentes buenas relaciones existentes se han logrado a pesar de que existen algunos elementos de fricción. Ambos países han aparcado por el momento sus desconfianzas; como la cada vez mayor intervención económica, principalmente en el campo de la energía, de China en los países del Asia Central a la que Rusia considera dentro de su esfera de influencia; o la preocupación con los que Rusia ve la emigración china en su despoblado Lejano Oriente, donde la población china empieza a ser relevante, lo que hace crecer la influencia china en la zona; y en sentido inverso, China muestra su recelo ante las buenas relaciones y acuerdos de venta de armas de Rusia con India y Vietnam.

En el siglo pasado, el poder económico y militar de la URSS, así como su capacidad de influencia internacional, era superior al de China. Sin embargo, actualmente la situación se ha dado la vuelta por completo, China se ha convertido en un país económica y militarmente más poderoso que Rusia. La población China es de 1.400 millones, mientras que la población rusa es de 144 millones, la economía China es la segunda mayor del mundo, mientras Rusia ocupa la decimosegunda posición[4], el gasto militar de China en 2017 fue de 228.231 millones de dólares, frente a los 66.335 millones de dólares de Rusia[5] (SIPRI, 2018).

El geógrafo y político británico Halford John Mackinder (1861-1947), uno de los padres fundadores de la Geopolítica, en su famoso artículo The Geographical Pivot of History, publicado en 1904 en la revista The Geographical Journal, ya alertó sobre el significado y posibles consecuencias de la superación, en términos de poder geopolítico, de China a Rusia: «El derrocamiento y la conquista de los territorios del Imperio Ruso por China, podría constituir un peligro para la libertad del mundo, porque añadirían una fachada oceánica a los recursos del gran continente, una ventaja todavía negada a los ocupantes rusos de la región pivote» (Mackinder, 1904).

Hoy en día, no es probable que esta situación se dé en los términos expresados por Mackinder, pero si es cierto que la creciente cooperación comercial de China con Rusia y los países del Asia Central está adentrando a China en el corazón continental centroasiático, y está proporcionándole los recursos naturales que sumados a su ventajosa posición geográfica, con casi 15.000 kilómetros de costa con numerosos puertos naturales, que le dan acceso a las rutas marítimas del Océano Pacífico y del Índico, la podrían convertir en la primera potencia mundial, desplazando a los Estados Unidos de su hasta ahora posición hegemónica.

China es una gran potencia continental y trata de convertirse en una gran potencia marítima. «Todo parece indicar que en los próximos lustros asistiremos no sólo al refuerzo de las capacidades aeronavales chinas sino también a un más que probable cambio de doctrina de gran envergadura, que consiste en que un Estado integrado en el Rimland[6] trate de transformarse en una auténtica potencia marítima» (Baqués, 2017).

 

Áreas de cooperación técnico-militar

La cooperación bilateral en asuntos militares entre los dos países, que se inició en la década de los 90, se ha mejorado notablemente, en gran parte gracias a la buena relación existente entre el Presidente de Rusia Vladimir Putin y el Presidente de China y Secretario General del Partido Comunista Chino Xi Jinping, desde que este llegó al poder en 2012. Son varias las áreas donde existe una colaboración y coordinación técnico-militar entre ambas partes, las principales son la venta de material militar, la cooperación de sus industrias de defensa mediante la transferencia de tecnología y la realización de proyectos comunes, la realización de ejercicios militares, los intercambios de personal militar y contactos militares a alto nivel.

 

Industrias de Defensa – Venta de Armas

La violenta represión que tuvo lugar en la Plaza de Tiananmen en 1989, provocó el embargo de la venta de armas de los Estados Unidos y la Unión Europea a China, esta situación permitió a Rusia convertirse en su principal suministrador de armamento y tecnología militar. Durante los años noventa el Ejército Popular de Liberación de China, familiarizado con el obsoleto material militar soviético adquirido en los años cincuenta, pudo fácilmente adaptarse al más evolucionado material ruso. Esta relación benefició a ambas partes, ya que a Rusia, sumergida en una profunda crisis económica durante los años noventa, le permitió fortalecer su industria militar, mientras que a China le sirvió para actualizar el material de sus fuerzas armadas, adquirir avanzada tecnología para estimular su industria civil y crear su propia industria militar para apoyar a sus fuerzas armadas (de Haas, 2013).

A partir de finales de los años noventa, Rusia comenzó a vender a China sus entonces más avanzados sistemas de armas, como aviones de combate  Sukhoi Su-27 (denominación OTAN Flanker) y Su-30 (Flanker-C), aviones A-50 Beriev AWACS, buques de superficie, misiles anti-buque, submarinos convencionales, sistemas de defensa antiaérea S-300 y tecnología para fabricar cabezas nucleares múltiples (MIRV)[7]. En el periodo de 1998 a 2006 Rusia vendió a China material militar por valor de 19.468 millones de dólares, lo que representó el 44,5% del total de ventas de material militar de Rusia en ese periodo. En el año 2005 la venta de armas a China alcanzó su techo con la cifra de 3.156 millones de dólares (SIPRI, 2018). Desde 1989, Rusia ha recibido alrededor de 30 billones de dólares US de la venta de armas a China (Schwartz, 2014).

A partir de 2007, se produjo una caída brusca en la adquisición de material militar procedente de Rusia, de manera que en 2012 el valor de las exportaciones cayó a 724 millones de dólares (SIPRI, 2018). Dos factores se sumaron para explicar este descenso, en primer lugar, China ya había completado la sustitución de su material obsoleto y su industria militar estaba alcanzando un nivel suficiente para cubrir parcialmente sus necesidades, y en segundo lugar, las reticencias y no disposición de Rusia a satisfacer las demandas chinas de sus más avanzados sistemas de armas, fabricados con su más sofisticada tecnología. Lo que induce a pensar que a Rusia le preocupaba las capacidades que podría alcanzar la industria militar de China, debido a  la práctica de ingeniería inversa sobre sus más modernos sistemas, y la competencia que podría llegar a representar en el mercado internacional de las armas. Un ejemplo es el avión de combate de las fuerzas aéreas chinas J-11B[8], basado en el diseño y tecnología del avión de superioridad aérea Su-27SK, fabricado en la factoría china de Shenyang y exportado a terceros países.

En 2013, el gran poder económico alcanzado por China, también se reflejaba en la capacidad de su complejo militar e industrial para fabricar sistemas de armas avanzados, en la cantidad suficiente para dotar a sus fuerzas armadas y exportar a países como Pakistán, Bangladesh, Argelia, Venezuela y otros. A día de hoy, China todavía continúa manteniendo una dependencia tecnológica de la industria militar rusa, especialmente en motores para aviación, a pesar de los esfuerzos que está realizando por avanzar en esta área. Un ejemplo es el prototipo de avión de combate de quinta generación J-31 actualmente en desarrollo, al que China trata de incorporar la última generación de motores de aviación rusos (Kashin, 2014). China sigue interesada en adquirir la tecnología de defensa más avanzada que dispone la industria militar rusa, con la finalidad de adquirir capacidades más avanzadas. A pesar de todo, la industria aeronáutica china ha conseguido batir su record de exportaciones en 2017, gracias en gran parte a la exportación del avión de entrenamiento L-15[9].

Las sanciones económicas impuestas a Rusia por los Estados Unidos y la Unión Europea por la anexión de la Península de Crimea en 2014, han terminado favoreciendo a China. Las sanciones han afectado a la economía rusa en general, y en particular han afectado al complejo militar-industrial de Rusia, al no poder seguir suministrándose de componentes tecnológicamente avanzados procedentes de estos países, especialmente electrónicos. Esta situación ha contribuido a que Rusia busque una mayor colaboración tecnológica con la industria militar china y relaje su posición restrictiva con respecto a las exportaciones de armamento más avanzado a China, cuestión esta última en la que Moscú se mostraba más reticente antes de las sanciones.

En octubre de 2014, para tratar de paliar los contratiempos causados por la falta de componentes electrónicos a la industria militar rusa, el conglomerado industrial estatal ruso Rostec y la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China acordaron promover y fomentar la producción de tecnología de doble uso, en las áreas de la tecnología de la información, sistemas de comunicaciones, componentes electrónicos[10] y nuevos materiales[11].

Como consecuencia de este cambio de actitud, en 2015, fuentes oficiales rusas informaron de la venta de 24 Sukhoi Su-35, uno de sus más modernos aviones de combate, mediante un contrato de venta por valor de 2 billones de dólares, que comenzaron a ser suministrados en 2016 y se espera que la entrega finalice a finales de 2018[12]. El Su-35, aunque dispone de algunas características tecnológicas de los aviones de combate de quinta generación, carece del nivel de invisibilidad al radar de los aviones de esa generación. Actualmente la industria militar rusa está empeñada en el desarrollo de un avión de combate de quinta generación, el denominado Su-57 o (PAK-FA T-50), aunque el proyecto ha sufrido retrasos[13].

En 2016, Rusia informó de la venta a China del sistema de defensa antiaérea de largo alcance S-400 Triumph, fabricados por la empresa Almaz-Antey, en el número suficiente para formar seis grupos de artillería antiaérea dotados de este sistema, que serían suministrados a partir de 2018, según anunció Sergei Chemezov, presidente de Rostec[14]. Este nuevo sistema va a permitir que China refuerce las Zonas de Identificación Aérea en el Mar de China (ADIZ)[15] que Pekín estableció en 2013, pero que Japón, Corea del Sur, Estados Unidos y otros países han impugnado por las restricciones que supone al tráfico aéreo. Este sistema también mejorará la capacidad anti-acceso y negación de área (A2/AD)[16] de las fuerzas de defensa aérea chinas. Aunque el sistema S-400 ya ha dejado de ser el sistema anti-aéreo ruso de largo alcance más avanzado, la industria militar rusa ya ha comenzado la producción del sistema S-500[17], que se espera que esté operativo en el año 2020[18].

Además de estos acuerdos de suministro de armamento, que son los más significativos, China se ha mostrado interesada en los submarinos convencionales rusos clase LADA y en los más avanzados de quinta generación clase Kalina[19], propulsados por un sistema independiente del aire (AIP)[20], lo que proporciona ventajas sobre los submarinos de propulsión diesel-eléctricos. Rusia y China también han firmado acuerdos para el desarrollo y producción conjunta de sistemas en los que están interesados ambas partes, como es el desarrollo de un helicóptero pesado de nueva generación[21]. En esta línea de colaboración, Rusia ha mostrado su interés en las turbinas y motores navales de fabricación china, ya que el sector de la construcción naval se vio afectado al interrumpirse el suministro de turbinas navales de gas provenientes de la empresa Zorya-Mashproyekt, localizada en el sur de Ucrania[22].

 

Ejercicios Militares

Los ejercicios militares son la forma más evidente y visible en la que Rusia y China demuestran a la comunidad internacional su estrecha cooperación estratégica. Las Fuerzas Armadas de Rusia y el Ejército Popular de Liberación de China, que cuenta con 1,6 millones de soldados, participaron por primera vez en un ejercicio combinado en 2003, desde entonces los dos países vienen realizando con regularidad este tipo de ejercicios. La realización de esta actividad militar ha sido institucionalizada, y se lleva a cabo en diferentes formatos, desde ejercicios de puestos de mando hasta grandes ejercicios con despliegue de fuerzas en el terreno. Como todos los ejercicios combinados tienen como propósitos generales mejorar la interoperabilidad entre las dos fuerzas armadas y coordinar tácticas, técnicas y procedimientos. La principal dificultad que encuentran ambas fuerzas en la realización de los ejercicios es la barrera del idioma, mientras que el empleo por las dos partes de los mismos sistemas de armas de fabricación rusa, salvo algunas excepciones, es una gran ventaja.

Parte de esos ejercicios han tenido un carácter multilateral y se han realizado en el ámbito de la Organización de Cooperación de Shanghái[23] (OCS), que es una alianza política, económica y de seguridad euroasiática. No se trata de un bloque militar con acuerdos de defensa mutua, pero en materia de seguridad regional ha señalado como principales amenazas el terrorismo, el separatismo y el extremismo.

Una de las actividades anuales bilaterales más destacadas son los ejercicios navales denominados “Joint Sea”. Uno de los escenarios donde suelen realizarse estas maniobras navales es el Mar de Sur de China, donde existe la disputa por los límites de las aguas territoriales y por los archipiélagos de las islas Spratly y Paracel[24]. En esta discusión por la soberanía de las aguas e islas están involucrados China, Malasia, Brunei, Vietnam, Filipinas y Taiwán. Otros países consideran que estas aguas deberían tener la consideración de aguas internacionales, entre ellos los Estado Unidos que mantienen una presencia naval permanente en el Mar de China, presencia  que China percibe como un asedio estratégico contra sus intereses.

A pesar de que Rusia y China habitualmente niegan que los ejercicios vayan dirigidos contra un país determinado, el ejercicio Joint Sea 2016[25]se celebró en el Mar del Sur de China y se focalizó en la “toma de control de islas”[26]. El ejercicio se llevó a cabo unas semanas después de que Rusia apoyara la posición diplomática de Pekín en este mar[27], ante la decisión del la Corte Permanente de Arbitraje de la Haya de rechazar las reclamaciones de soberanía de China. El ejercicio Joint Sea 2017 se realizó en dos fases, la primera en el Mar Báltico y la segunda en el Mar de Japón, la edición de 2018 tuvo lugar en el Mar Amarillo, frente a las costas de las dos Coreas.

La Armada China trata de ejercer su influencia y control en el Mar Meridional de China, y las razones para ello son obvias: Un tercio del tráfico marítimo comercial mundial y la mitad de la demanda energética de los países del noreste asiático pasan a través de este mar[28], y tiene que hacerlo a través de los estrechos de Sonda, Lombok y Macasar, pero sobre todo por el estratégico estrecho indonesio de Malaca, que es la salida al Océano Índico. Sus intereses también están relacionados con los proyectos portuarios que está desarrollando en la zona. La seguridad económica de China está ligada a este mar, ya que el 60% de su comercio pasa por él, por lo que trata de asegurarse que el cordón de islas que rodean al Mar de China y que determinan la existencia de un gran número de estrechos, no puedan ser un obstáculo para las rutas comerciales marítimas que utiliza. También existen en la zona importantes yacimientos marinos de petróleo y gas natural que China está interesada en su explotación.

De ahí que China quiera asegurarse el control del Mar de China, como a lo largo de la historia los Estados han tratado de controlar los mares situados en sus proximidades, Grecia intentó controlar el Mar Egeo, Roma el Mediterráneo y los Estados Unidos el Caribe (Spykman & Rollins, 1939). Siguiendo esta lógica, ahora China aspira a dominar el Mar del Sur de China. La actual coyuntura ha permitido que China inicie la construcción de una gran marina de guerra y recupere el Océano Pacífico, y quizás incluso el Índico, como parte de su geografía (Kaplan, 2012).

Otra actividad de cooperación militar en la que participan Rusia y China son los ejercicios militares combinados “Peace Mission”, que se celebran en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghái. Esta serie de ejercicios comenzaron a realizarse en 2005, y tienen como objetivos principales el adiestramiento de las fuerzas participantes en operaciones antiterroristas bajo una estructura de mando y control única, y promover la confianza mutua entre los miembros de la organización. El ejercicio Peace Mission 2018 se realizó del 22 al 29 de agosto en el campo de maniobras ruso de Chebarkul, próximo a la frontera con Kazajistán, en el participaron unos 3.000 soldados pertenecientes a Rusia, China, Kazajistán, Tayikistán, Kirguizistán, India y Paquistán[29]. Estos dos últimos países participaron por primera vez en este tipo de ejercicios, a pesar de la tensión existente entre los dos vecinos.

El adiestramiento anual de las Fuerzas Armadas de Rusia finaliza con un gran ejercicio estratégico, que cada año se realiza en uno de los cuatro distritos militares en que se organiza su estructura militar, organizada conforme a las cuatro direcciones estratégicas del despliegue de sus fuerzas armadas, Cáucaso (Kavkaz), Centro (Tsentr), Oeste (Zapad) y Este (Vostok)[30].  El ejercicio Vostok 2018[31], que se realizó del 11 al 17 de agosto, ha sido el mayor ejercicio militar realizado desde la desaparición de la Unión Soviética, en él han participado 300.000 soldados y 36.000 vehículos. Uno de los aspectos más destacados y novedosos ha sido la participación de fuerzas del Ejército Popular de Liberación de China y de Mongolia, la participación de las fuerzas chinas ha sido de 3.400 soldados y más de 1.000 vehículos.  El ejercicio ha tenido una gran transcendencia en los medios de comunicación occidentales y ha sido analizado y valorado por expertos, como Alexander Gabuev, miembro del Carnigie Moscow Centre, para el que «la competición entre las grandes potencias se está volviendo más y más antagónica, y recuerda el escenario previo a la primera guerra mundial»[32], y el experto y analista Roger McDermott, quien considera que «la publicidad generada por las autoridades militares de Moscú en relación al tamaño del ejercicio apunta a un deliberado esfuerzo por exagerar su tamaño para hacer una demostración de poder militar» (McDermott, 2018).

Estas demostraciones conjuntas de fuerza sirven para disuadir a potenciales amenazas terroristas que amenazan a los países del Asia Central, a la vez, Rusia también utiliza los ejercicios para presentar y exhibir la tecnología militar que quiere vender a China (Weitz, 2015). Además, es evidente que estas actividades tienen como objetivo final lanzar el mensaje a Occidente, especialmente a Estados Unidos, que ambos países quieren evitar las interferencias de otros países en sus áreas de influencia en el continente Euroasiático.

 

Contactos Militares a Alto Nivel

Rusia y China mantienen contactos militares de alto nivel a través de diálogos bilaterales y en diversos foros internacionales de seguridad, los más importantes son:

La Comisión Conjunta Intergubernamental China-Rusia de Cooperación Militar, creada en 1992, es donde se celebra la reunión anual más importante de los Ministros de Defensa de ambos países, en la que se analiza la percepción de las amenazas, se acuerda la compra-venta de armas y la colaboración entre las respectivas industrias de defensa, se revisan las actividades del año anterior y se deciden las actividades e intercambios a realizar en el año siguiente. Otro contacto bilateral es la Reunión Anual de Consultas de los Jefes de Estado Mayor de ambas fuerzas armadas.

También existe un mecanismo para tratar los asuntos urgentes y contingencias que puedan surgir según las circunstancias geopolíticas regionales, denominado Diálogo China-Rusia para la Seguridad del Noreste de Asia. Las reuniones celebradas en los últimos años han sido motivadas por la tensión nuclear existente en la Península de Corea. China y Rusia mostraron su preocupación por la tensión creada y su desacuerdo y condena del despliegue de sistemas de defensa aérea de Estados Unidos THAAD[33] en Corea del Sur[34].

El principal foro multinacional tiene lugar en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghái, donde se reúnen anualmente los ministros de defensa de los países miembros de la organización, para tratar los asuntos de seguridad regional, y donde se realiza la programación de los ejercicios militares combinados multinacionales que se realizan bajo el auspicio de la organización.

 

Conclusiones

Existe una tendencia dominante a un aumento del nivel de confianza entre Rusia y China, y una cooperación estratégica cada vez más profunda desde 1989, lo que ha permitido resolver sus disputas en la frontera y la desmilitarización de la misma, y por lo tanto, disminuir la amenaza de un conflicto armado.

Esta cooperación estratégica entre Rusia y China es una realidad evidente en el campo de la cooperación militar, que se ha convertido en la piedra angular de la misma. La cooperación militar, por un lado, ha sido crucial para fortalecer la posición destacada de la industria militar de Rusia en el mercado internacional de las armas, y para el desarrollo de una nueva generación de armamentos, a la vez que a China le ha permitido potenciar su propia industria militar y aumentar sus capacidades militares y poder de disuasión, especialmente en el Mar de China.

La realización de ejercicios militares combinados de sus fuerzas armadas es un incentivo para mantener una relación constructiva, disuadir a potenciales amenazas terroristas que amenazan a los países del Asia Central y advertir que ambos países quieren evitar las interferencias de terceros en lo que consideran sus áreas de influencia.

 

Miguel Campos Robles es Teniente Coronel del Ejército de Tierra (R) y Máster en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional por la Universidad de Granada

 

Referencias

Baqués, Josep (2017), “Análisis de tendencias geopolíticas a escala global”, Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), Documento de Investigación 18/2017, p 19.

De Haas, Marcel (2013), “Russian-Chinese Security Relations, Moscow’s Threat from the East?”, Clingendael, Netherlands Institute of International Relations, p 19.

Kaplan, Robert D. (2012), “La venganza de la geografía”, edición RBA Libros, p 271.

Kashin, Vassily (2014), “China’s Call for Arms,” Global Affairs, February 8, 2014.

Mackinder, Haldford John, (1904), “The Geographical Pivot of History”, The Geographical Journal, número de abril de 1904, p 437.

McDermott, Roger (2018), “Vostok 2018: Projecting Russia’s Military Power”, https://jamestown.org/program/vostok-2018-projecting-russias-military-power/

SIPRI (2018), “SIPRI Arms Transfer Database”, Stockholm International Peace Research Institute.  https://www.sipri.org/databases/armstransfers

Spykman, Nicholas J. & Rollins Abbie A (1939), “Geographic Objectives in Foreign Policy II, V Circumferential and Transmarine Expansion”, The American Political Science Review, August 1939, p 591-614.

Scwartz, Paul (2014), “Evolution of Sino-Russian Defense Cooperation since the Cold War”, The Asan Forum, http://www.theasanforum.org/evolution-of-sino-russian-defense-cooperation-since-the-cold-war/

Weitz, Richard (2015), “PARSING CHINESE-RUSSIAN MILITARY EXERCISES”, Strategic Studies Institute and U.S. Army War College Press, p 52.

 

 


[1] Operación Combinada o Multinacional es aquella que se lleva a cabo por la aplicación de capacidades militares pertenecientes a las Fuerzas Armadas de dos o más naciones, bajo un Mando único, para el cumplimiento de una misión determinada. PDC-01 DOCRINA PARA LA ACCIÓN CONJUNTA DE LAS FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS, Estado Mayor de la Defensa, mayo de 2009.

[6] En el sentido que le dio el profesor y gran estratega estadounidense Nichola J. Spykman en su libro “The Geography of the Peace”.

[7] MIRV por sus siglas en inglés: Multiple Independently Targetable Reentry Vehicle. El término “vehículo de reentrada” es una parte de la sección delantera de la fase final de un misil, diseñado para sobrevivir a la reentrada en la atmosfera terrestre, con la misión de llevar una cabeza nuclear a un objetivo. Algunos misiles tienen la capacidad de llevar múltiples vehículos de reentrada (MIRV), para poder alcanzar varios objetivos a la vez.

[9] Jane’s Defence Weekly, (26 September 2018) Vol 55, Issue 39, “AVIC secures record exports”.

[15] ADIZ por sus siglas en inglés: Air Defence Identification Zone.

[16] A2/AD por sus siglas en inglés: anti-access/area-denial.

[20] AIP por sus siglas en inglés: Air Independent Propulsion.

[22] Jane’s Defence Weekly, (10 June 2015) Vol 52, Issue 23, “Rogozin admits Ukrainian crisis hurting frigate programmes”.

[23] La creación de la Organización de Cooperación de Shanghái fue creación fue anunciada el 15 de junio de 2001 en Shanghái. Actualmente son miembros de la organización China, India, Kazajistán, Kirguizistán, Pakistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán. Participan como observadores Afganistán, Bielorrusia, Irán y Mongolia.

[30] Восток, significa Este en ruso.

[33] THAAD por sus siglas en inglés: Terminal High Altitude Area Defense.

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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