Ciberdefensa y tecnologías para la defensa

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Durante la década de 1990 la Revolución en los Asuntos Militares (RMA) fue uno de los principales temas de debate de los estudios estratégicos; cuestión que derivó en la Transformación de la Defensa a comienzos de la década siguiente. Ambos conceptos, con todo el cortejo de elementos asociados (Network Centric Warfare y Effects-Based Operations, por ejemplo) parecieron darse de bruces desde mediados de la década de 2000 con la complejidad de las guerras irregulares libradas por Estados Unidos y sus aliados en Irak y Afganistán. La contrainsurgencia (COIN) pasó a ser otro de los trending topic en los círculos especializados en seguridad y defensa.

Da la impresión de que ahora es el turno de la ciberguerra y de los aviones no tripulados (conocidos coloquialmente como drones), así como de otros avances tecnológicos menos conocidos por el público general. Y en gran medida es cierto. Pero dichos adelantos no surgen de la nada. Forman parte del desarrollo de las tendencias previas que acabamos de señalar.

 

El sentido de las nuevas tecnologías militares

La RMA actualmente en curso se caracteriza, a grandes trazos, por el esfuerzo por conocer en profundidad, en detalle y en tiempo real el campo de batalla, por los ataques de precisión y de largo alcance, y por el intento de lograr una gestión extremadamente ágil de la información y de los recursos militares que permita mantener un ritmo de operaciones superior al del adversario. Los misiles de crucero, las bombas guiadas por láser, la tecnología stealth y las plataformas aéreas AWACS y JSTARS son elementos de ese gran sistema que desde hace tiempo nos resultan familiares.  

Las nuevas tecnologías que se están incorporando –o lo harán en los próximos años– en los arsenales más avanzados se enmarcan en este contexto, y en mayor o menor medida siguen guardando relación con los tres objetivos señalados de la RMA. En algunos casos con todos de forma simultánea, como sucede por ejemplo con los sistemas de defensa antimisil (contra misil balístico o incluso contra cohetes y granadas de mortero, tipo Iron Dome israelí). En otros con algún aspecto más concreto, como el ataque a distancia y de alta precisión. Así sucede con los prototipos de cañones de railes electromagnéticos. Este tipo de arma -todavía en fase experimental- lanza el proyectil mediante una combinación de energía eléctrica y de campo magnético, logrando una velocidad de disparo muy superior a la de la artillería convencional: aproximadamente siete veces la del sonido. La US Navy está invirtiendo en su desarrollo con el fin de equipar a sus destructores y cruceros de un arma que no necesitará proyectiles con cabeza explosiva. La energía cinética acumulada por el objeto lanzado será suficiente para causar estragos en el blanco.

Una línea similar es la que siguen los avances en materia de misiles hipersónicos (superiores al menos cinco veces la velocidad del sonido). Su propósito consiste en dotar a los diversos vectores de lanzamiento de armas más veloces y con mayor alcance que aprovechen los blancos de oportunidad (por ejemplo, contra un lanzador móvil de misiles balísticos antes de que este realice el disparo) y que pongan en peligro blancos altamente valiosos y protegidos del adversario (portaviones, centros de mando, sistemas de defensa aérea, etc).

Pero entre todas las nuevas tecnologías hay que dos que sobresalen y que también se enmarcan en los tres objetivos de la RMA. Se trata de la ciberguerra y de los sistemas aéreos no tripulados.

Puede seguir leyendo el resto del artículo en el monográfico Panorama de la Defensa 2014-2020(Requiere suscripción). 

Referencia completa: Javier Jordán "Ciberdefensa y tecnologías para la defensa", Política Exterior, septiembre (2013), pp. 156-165.