Cambios doctrinales en la Gran Guerra: el caso norteamericano

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El estudio de la forma en que los norteamericanos se adaptaron a la experiencia del combate en Europa resulta particularmente interesante por la posterior influencia norteamericana sobre el conjunto de los países occidentales (y de España en particular) a través de los acuerdos de defensa bilaterales y de la OTAN.

Antes de 1914, el Ejército norteamericano era poco más que una fuerza policial, dedicada a patrullar sus extensas fronteras (con vecinos militarmente débiles, y, en principio, no especialmente hostiles) y a custodiar sus costas, en el improbable caso de una agresión por mar. Como consecuencia, se trataba de una fuerza pequeña y dotada de armamento muy ligero, apto para desplazarse grandes distancias por zonas desprovistas de vías de comunicación. Su logística era igualmente limitada, lo que complicaba la adopción de armas o equipos que requiriesen un mantenimiento complejo o grandes suministros (caso de las ametralladoras o de la Artillería de tiro rápido). De la misma manera, sus necesidades tácticas hacían que las Grandes Unidades de composición fija (Divisiones o Brigadas) fuesen de escasa utilidad fuera de su papel administrativo, favoreciendo el empleo de unidades más pequeñas y de organizaciones operativas creadas a medida para cada operación concreta. Los Estados Mayores eran reducidos, como consecuencia del escaso uso de unidades de tamaño suficiente como para exigir su coordinación por un Estado Mayor.

Sin embargo, el Ejército norteamericano sí había organizado y empleado ‘Divisiones’ en la guerra contra México en 1840 y en la Guerra de Secesión. Éstas no eran Grandes Unidades de composición fija, sino agrupamientos temporales de Regimientos y unidades menores. Tras el final de ambos conflictos, el U.S. Army revertió a su organización tradicional en Regimientos independientes. La experiencia de la Guerra Hispano-Norteamericana de 1898 reveló claramente las dificultades de organizar un Cuerpo de Ejército a partir de pequeñas unidades dispersas y poco habituadas a trabajar de forma coordinada. Sin embargo, sólo después del final de las guerras indias, el Ejército norteamericano decidió eliminar gran número de pequeñas guarniciones semi-independientes, agrupando esas fuerzas en bases mayores y reuniéndolas administrativamente en Divisiones. Éstas tenían una función más parecida a la de los Cuerpos de Ejército europeos que a las Divisiones de combate: eran estructuras destinadas a facilitar el adiestramiento y el alistamiento de las Unidades en tiempo de paz. Sin embargo, a imitación de los Ejércitos europeos, en 1911 los norteamericanos modificaron su organización para crear una ‘División de Maniobra’ (Maneuver Division), con fines esencialmente experimentales.

Esta División incluía los últimos adelantos de la época, telégrafos, equipos de radio o aeroplanos. Los resultados de esta experiencia se tradujeron en 1913 en un intento de reorganización completa del Ejército, cuya nueva estructura se basaría en Divisiones ‘de combate’. En el diseño original de 1913 se preveía la creación de cuatro Divisiones, compuestas de tres Brigadas de Infantería (cada una con dos Regimientos a tres Batallones), un Regimiento de Caballería a dos Grupos, un Batallón de Ingenieros, una Compañía de Transmisiones y cuatro hospitales de campaña. Este modelo de División se estrenó con éxito casi inmediatamente, para evitar las actividades de los revolucionaros mejicanos al sur de Texas. La 2ª División desplegó para proteger la frontera, en una operación que, sin el sistema divisionario, hubiera exigido la creación de un Cuartel General ‘ad-hoc’ y la movilización independiente de decenas de pequeñas unidades heterogéneas. Sin embargo, como puede observarse, la División norteamericana de 1913 carecía de Artillería, de logística y de ametralladoras, lo que no la hacía apta para operaciones en un teatro más exigente, como el europeo.

Cuando Estados Unidos entra en la guerra, en 1917, la falta de preparación de los norteamericanos es evidente: las cuatro Divisiones del plan de reorganización de 1913 no eran capaces de operar en un campo de batalla ‘moderno’, dominado por la potencia de fuego. Las prisas de franceses y británicos por recibir la ansiada ayuda norteamericana y la citada falta de preparación hicieron a franceses y británicos proponer el sistema llamado de ‘amalgama’ (amalgamation). Esta idea se basaba en el relevo de los Batallones y Regimientos más castigados de los Ejércitos aliados por unidades similares norteamericanas, que se integrarían en las Divisiones francesas y británicas. Sin embargo, la amalgamation fue (obviamente) mal recibida al otro lado del Atlántico: de esta manera, el esfuerzo de guerra norteamericano quedaría eclipsado y subordinado al de franceses y británicos, y las tropas norteamericanas no pasarían de ser ‘carne de cañón’ de sus aliados europeos. En consecuencia, los norteamericanos decidieron organizar sus propias Divisiones.

La primera propuesta de reorganización apuntaba a una División ‘cuadrada’ con doce Batallones de Infantería agrupados en dos Brigadas con un total de cuatro Regimientos, junto con un Regimiento de Artillería (con un Grupo de Cañones de 76 mm y otro de obuses de 152 mm), otro de Ingenieros, una Compañía de Transmisiones y unidades de apoyo. Esta División contaba con unos 13.000 hombres, lo que le daba una entidad similar a la de las divisiones francesas y británicas de aquel momento. De esta forma, se razonaba, el relevo de Batallones y Regimientos previsto en la amalgamation podría realizarse con Divisiones completas. Sobre este primer proyecto, se propusieron sucesivas reformas que fueron incrementando el tamaño de la División.

Con el final de elevar la moral de las poblaciones francesa y británica, la 1ª División Expedicionaria norteamericana fue enviada a Francia, en junio de 1917, sobre la base de cuatro Regimientos de Infantería y uno de Artillería. La urgencia del despliegue hizo que los norteamericanos dejasen atrás su armamento pesado, que fue proporcionado por los franceses. Sin embargo, el jefe de las Fuerzas Norteamericanas en Europa, General John J. Pershing, no estaba satisfecho con las capacidades de su 1ª División.

En paralelo, el Departamento de Guerra norteamericano envió una serie de oficiales a Europa, a estudiar la organización de los Ejércitos francés, británico y belga. El resultado de este trabajo, conocido como General Organization Project, proponía una División de unos 25.000 hombres, organizada sobre dos Brigadas de Infantería, compuestas de dos Regimientos cada una (con tres Batallones y una Compañía de Ametralladoras por Regimiento; cada Batallón contaba con cuatro Compañías de Fusiles – con 256 efectivos cada una y dieciséis ametralladoras) y dotadas de un Batallón de Ametralladoras, a tres Compañías; una Brigada de Artillería, formada por un Regimiento de obuses de 155 mm. (a dos Grupos, dotados de material Schneider francés), dos Regimientos de Cañones de 76 mm (a dos Grupos cada uno) y una Batería de morteros de trinchera; un Regimiento de Ingenieros, con dos Batallones; un Batallón de Transmisiones y las unidades de apoyo.

La idea de una División mucho más potente coincidía con los deseos de Pershing: los norteamericanos concluyeron que las Divisiones ‘triangulares’ (con tres Brigadas a tres Batallones cada una) de los Ejércitos británicos y franceses eran una concesión a la falta de personal, no una necesidad táctica. Pershing quería una División capaz de combatir sin relevo durante periodos de tiempo prolongados. Como sus homólogas europeas, era una Unidad concebida para combatir reunida bajo un solo mando, por lo que sólo a nivel División había una capacidad real de Mando y Control. A instancias de Pershing, el tamaño de las Divisiones de Infantería norteamericanas no hizo sino crecer constantemente, hasta llegar a contar con unos 40.000 efectivos cada una, incluyendo el personal de las Unidades de apoyo. Siguiendo los consejos de británicos y franceses, la Caballería era escasa: dos Regimientos a tres Grupos, centralizados a nivel Cuerpo de Ejército.

Los norteamericanos consideraban una organización de Cuerpo de Ejército sobre la base de cuatro Divisiones como la descrita, más otra División de ‘base y adiestramiento’ (para encuadrar a los relevos procedentes de territorio norteamericano) y otra ‘División escuela’ (para adiestrar a los reclutas recién incorporados antes de enviarlos a las Divisiones de combate), junto con unidades menores (Caballería, Artillería Antiaérea, Ingenieros, Aviación…). Pershing contemplaba un Ejército de cinco Cuerpos como el descrito.

Doctrinalmente, los norteamericanos llegaron a Europa en 1917 sin ninguna experiencia en guerra moderna. Sin embargo, su cultura militar – desarrollada esencialmente en los más de cien años de lucha contra las tribus indias – era absolutamente contraria al estancamiento de la guerra de trincheras. Su falta de experiencia en combate moderno se tradujo en una doctrina denominada open warfare (‘combate abierto’): una concepción ofensiva basada en fuegos preparatorios a cargo de la Artillería, seguidos del avance de su Infantería, que solo contaría con el fuego de sus propias armas para combatir en la posición enemiga. La idea de la open warfare era la evitar las ‘barreras móviles’ empleadas por los europeos, haciendo innecesarias la acumulación de municiones para ellas, el largo tiempo de cálculo de datos de tiro y escapando de la rigidez en el avance derivada del metódico avance de las barreras. Como describía el propio Pershing ‘la diferencia esencial entre el ‘combate abierto’ y la guerra de trincheras   (…) es la ausencia o la presencia de una barrera móvil por delante de la Infantería’. Para los norteamericanos, las barreras móviles constreñían el avance y limitaban la libertad de movimientos de la Infantería atacante. Por otra parte (como los europeos en 1914), confiaban que la gran potencia de fuego de las armas ligeras de la Infantería sería suficiente para asegurar a sus infantes el apoyo de fuego necesario para el combate próximo. Como era previsible (y como habían advertido británicos y franceses, que calificaban esa doctrina de ‘suicida’), la open warfare tuvo unos resultados desastrosos, con un número de bajas desproporcionadamente alto.

En consecuencia, los norteamericanos se vieron forzados a renunciar a la open warfare y a copiar casi literalmente la doctrina aliada, especialmente la francesa, al encontrarse los centros de adiestramiento en territorio francés, y al proporcionar los franceses a la mayoría de los instructores. Se imitó la doctrina, los materiales, la estructura de los estados mayores, la logística… En consecuencia, la forma de combatir de los norteamericanos fue poco más que el resultado de una adopción relativamente acrítica de los procedimientos de la bataille conduite. Por otra parte, la calidad del soldado norteamericano –apresuradamente reclutado - era relativamente baja, por lo que la confianza en que el fuego de Artillería (dependiente esencialmente del poderío industrial, el ‘punto fuerte’ de los norteamericanos) podría sustituir a su Infantería resultaba una idea atractiva. En la Segunda Guerra Mundial, el General Patton citaba con frecuencia un comentario que, en 1917, le hizo un General francés durante una conferencia en la Escuela de Estado Mayor de la American Expeditionary Force, en Langres:

‘cuanto peor es la Infantería, mayor cantidad de Artillería necesita; la Infantería americana necesita toda la que pueda conseguir…’

En cualquier caso, y a pesar de los deseos de Pershing, la División norteamericana no respondió a las expectativas creadas: los problemas de movilidad de su Artillería en ofensiva y los de Mando y Control no estaban resueltos (como en ninguno de los Ejércitos contendientes). Su mayor tamaño la hacía más dependiente del apoyo logístico, mientras que las unidades encargadas de este apoyo se revelaron insuficientes para la entidad de la Unidad, al tiempo que la falta de experiencia de su personal se tradujo en una pobre coordinación entre Infantería y Artillería, por lo que su superior potencia de fuego no pudo ponerse en ejecución con eficacia. El conjunto de estos defectos (no exclusivos de los norteamericanos, ciertamente) resultó en una División tan lenta en ofensiva como sus equivalentes francesas o británicas, pese a contar con el doble de tamaño y con una enorme potencia de fuego.

La experiencia de la Gran Guerra debió haber despertado el interés del Ejército norteamericano en el combate de alta intensidad. Sin embargo, la excepcionalidad de la situación estratégica de los Estados Unidos no favorecía una doctrina pensada para un teatro de operaciones (Europa Occidental) al que los norteamericanos no pensaban regresar...

Carlos Javier Frías es Teniente Coronel del Ejército de Tierra español, destinado actualmente en Cuartel General del Ejército de Tierra