Cómo contrarrestar estrategias híbridas

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Recientemente se ha publicado el informe final del Countering Hybrid Warfare 2 (CHW2), un proyecto del Multinational Capability Development Campaign (MCDC), donde he formado parte del equipo español junto con los Coroneles Gutiérrez de León y Martínez Varela, del MADOC (DIDOM) y del Centro Conjunto de Desarrollo de Conceptos respectivamente.

El contenido del informe es denso, resultado de un esfuerzo de síntesis para facilitar su lectura reduciendo al mínimo el número de páginas, y hacerlo así políticamente relevante. Este post no pretende resumir unos contenidos de por sí compactados sino ofrecer una presentación general. Quien tenga un especial interés en el tema puede consultarlo íntegramente en este enlace.

El CHW2 construye un marco general para contrarrestar las estrategias híbridas. Una primera cuestión a destacar es el término Hybrid Warfare. Su elección venía del proyecto anterior (CHW1, con informe completo aquí) donde no había participado España, de modo que durante el desarrollo del proyecto hubo que adaptarse a la terminología. No obstante, llamar metafóricamente Hybrid Warfare a algo que no es guerra y que encaja mejor en el concepto de zona gris acaba generando confusión, algo que ya he comentado en un post previo. Por tanto, en estas líneas me referiré al problema a contrarrestar como ‘estrategias híbridas’ dentro de un conflicto en zona gris.

El CHW2 plantea cuatro principios generales que estructuran el documento a modo de manual de respuesta:

  • Establecer objetivos estratégicos
  • Identificar umbrales de respuesta
  • Diseñar e implementar una estrategia/s basada en detección, disuasión y respuesta frente a las estrategias híbridas del rival.
  • Desarrollar una maquinaria institucional para implementar dicha estrategia a nivel nacional y multinacional

Gráfico 1. Marco general del CHW2

Lógicamente el proceso comienza por la identificación de la amenaza, del actor –estatal o no– que recurre a este tipo de estrategias hostiles. De lo contrario se le cede la iniciativa casi por completo. Además de que, a falta de una visión de conjunto, las eventuales respuestas a acciones aparentemente aisladas carecerán de coherencia. En la literatura actual sobre zona gris los nombres de la ‘amenaza híbrida’ se repiten: básicamente Rusia, China e Irán. Y para nuestros aliados de Europa del Este y de la región Báltica me atrevería a decir que el foco de atención es aún más reducido: Moscú.

Pensando en España, dicha identificación de la ‘amenaza híbrida’ constituye un ejercicio particularmente recomendable porque quizás no exista consenso o incluso identificación alguna de amenaza entre nuestros decisores políticos. No me refiero solo a una eventual amenaza del sur –como la que analicé en este caso de estudio– sino a otra de carácter no estatal como la que ha representado y sigue encarnando el nacionalismo excluyente catalán, con notable empleo de estrategias híbridas y al que durante mucho tiempo se le ha cedido la iniciativa en su actuación interior y exterior. Naturalmente esta última consideración es de mi cosecha. El informe del CHW2 no hace mención alguna al secesionismo catalán, ni el asunto se abordó en ninguna de las sesiones de trabajo.

Pasando a los principios generales, la primera cuestión es definir los objetivos estratégicos. El informe es conscientemente abstracto –una virtud y a la vez una limitación– ya que un nivel de detalle mayor estaría sujeto a las especificidades de cada caso. Por eso plantea solo tres objetivos: 1) preservar la libertad y capacidad de actuación (no cediendo a la coerción); 2) disuadir al adversario para que no ejecute nuevas agresiones híbridas y 3) evitar nuevas acciones hostiles degradando la capacidad del adversario para llevarlas a cabo.

Al mismo tiempo, el informe plantea cuatro consideraciones a la hora de establecer los objetivos estratégicos:

  • Elaborar los objetivos desde el nivel de presidencia gubernamental (con la participación de diversos ministerios pues la respuesta ha de ser integral) e incluso multinacional, por ejemplo en el seno de OTAN o UE.
  • Preservar y reforzar el respeto a la legalidad internacional. Las estrategias híbridas son el reverso tenebroso del enfoque integral (comprehensive approach). Están ideadas para coaccionar generando inestabilidad. La respuesta frente a ellas ha de evitar el juego sucio y una mayor desestabilización, fortaleciendo por el contrario el valor de las instituciones y normas internacionales.
  • Permanecer atentos a las consecuencias no buscadas de los éxitos. La neutralización de una determinada estrategias híbridas hará que el adversario busque nuevas vías.
  • Asumir que las sorpresas son inevitables. Como consecuencia del carácter multidimensional del conflicto, los golpes pueden llegar desde cualquier lado.

​El segundo principio consiste en fijar umbrales. No es posible, ni quizás deseable, responder a todas las agresiones híbridas por lo que conviene establecer límites que una vez traspasados activen la respuesta. Teniendo en cuenta además, el gradualismo y la ambigüedad propias de la conducta del adversario en la zona gris, habrá que ponderar caso por caso la conveniencia de si y cómo comunicar dichas líneas rojas, pues el agresor procurará operar por debajo de ellas para evitar respuestas decisivas.

El tercer principio general consiste en diseñar e implementar la estrategia de acuerdo con el esquema detección – disuasión – respuesta. En gran medida este es el núcleo del informe CHW2, que vertebra además el proceso estratégico tal como muestra la siguiente figura. Por tanto, el orden de presentación de los cuatro principios que ordenan el informe no refleja la propia estructura del proceso. La detección se sitúa en su inicio tal como muestra el gráfico 2.

Gráfico 2. Visualización del marco de respuesta a las estrategias híbridas

En lo referente a detección, el informe da cuenta de las dificultades que entraña la identificación de patrones de conducta asociados a estrategias híbridas, y de la necesidad de atender tanto a los ‘desconocidos conocidos’ –mediante indicadores de seguimiento– como a los ‘desconocidos desconocidos’ (agresiones que no se esperan y sobre las que no existe conciencia). Estos ‘unknowns unknowns’ requieren como es lógico una mente abierta y creativa por parte los responsables de la detección.

Sobre disuasión, el informe reconoce los desafíos que plantean las estrategias híbridas en comparación con las amenazas militares clásicas. El siguiente gráfico resume algunas de esas diferencias.

Gráfico 3. Modo como las características de las estrategias híbridas afectan a los tres pilares de la disuasión

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Sin embargo, la conclusión no es del todo pesimista. De hecho, el informe declara rotundamente que la disuasión es la principal herramienta a la hora de contrarrestar las estrategias híbridas, tanto por negación como por represalia; eso sí adaptándola a la naturaleza dimensional de estas amenazas y con las especificidades del “a quién, cómo, cuándo y por qué” (parafraseando al clásico de Colin S. Gray). Otra idea destacable es la necesidad de preservar la disuasión de carácter militar, con el fin de que el adversario no posea control de la escalada y se mantenga en todo momento dentro de la zona gris, sin amenazar o pasar directamente al conflicto armado.

Y, en cuanto a la respuesta, el CHW2 reconoce que a menudo es similar a la diplomacia coercitiva; que en contraste con la disuasión no consiste tanto en evitar que el agresor golpee de nuevo, como en que dé marcha atrás una vez realizada la acción. La respuesta a las estrategias híbridas también se asemeja a la diplomacia coercitiva porque en ella la fuerza militar no es el elemento central, aunque pueda utilizarse para amenazar o emplearla limitadamente contra el agresor.

Al igual que ocurre con la disuasión, el apartado de respuesta del informe también es rico en contenido por lo que remito a él directamente. Sólo destacaría –por la peculiaridad del conflicto en zona gris– las diversas opciones políticas en las fases iniciales de diseño de la respuesta:

  • Confrontar vs ignorar (en este último caso para negar por ejemplo los efectos mediáticos pretendidos por el antagonista).
  • Responder hacia la propia sociedad (para proteger y cohesionar) vs hacia el exterior.
  • Abiertamente vs de manera discreta (por mensajes directos o ciber-represalias).
  • Optar por la coerción vs ofrecer incentivos para volver a una relación cooperativa.

Este modo binario de presentar las opciones políticas tiene una finalidad ilustrativa. En la práctica algunas de esas opciones políticas aparentemente dicotómicas son en realidad complementarias.

Finalmente, el CHW2 recomienda el desarrollo de una maquinaria institucional para implementar la estrategia a nivel nacional y multinacional. Con ello no se pretende la creación de nuevas burocracias –y más gasto público– sino una adaptación de los procesos en las instituciones ya existentes. Las claves de dicha adaptación son una mayor coordinación inter-departamental a la hora de compartir información que permita detectar las acciones hostiles y crear una visión de conjunto, así como para articular una respuesta integral a la amenaza.

Esto exige dotar a un organismo dentro del gobierno –normalmente a nivel de presidencia, como sería el Departamento de Seguridad Nacional (DSN) en España– de la suficiente autoridad para recopilar información, analizarla con esa visión holística y orquestar la respuesta con el concurso de los distintos ministerios. También es recomendable una mayor colaboración y sintonía entre analistas y decisores políticos. Por tanto, el reto no es tanto de carácter económico, como político-administrativo y cultural-organizacional.

Javier Jordán es Profesor Titular de Ciencia Política y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granada. Es director del Máster-online en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada.