Atentados de París: cambio de tendencia

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Pese a la tragedia y la conmoción social, los atentados de París no entrañan una novedad en términos de planificación y modus operandi del terrorismo yihadista. De hecho, guardan un claro paralelismo con los atentados de Bombay en noviembre de 2008, pero ahora en el corazón de Francia.

Tampoco es la primera vez que el yihadismo ha tratado de actuar de ese modo en Europa. En julio de 2010 se hizo pública la desarticulación de un complot deAl Qaeda que pretendía atacar con granadas y fusiles de asalto diversos lugares turísticos del Viejo Continente. Se llamó el Europlot. Afortunadamente, fue evitado a tiempo, al igual que otras decenas de tramas de inspiración yihadista contra Europa Occidental en los últimos 15 años.

Sin embargo, lo que sí supone un cambio de tendencia es la implicación directa del Daesh en los atentados. Hasta ahora, el autoproclamado Estado Islámico había animado a que otros -simpatizantes de su propaganda a quienes no conocía- atentasen en su nombre. Como hizo por ejemplo Amedy Coulibaly, asesinando a una policía municipal y a cuatro rehenes judíos en enero pasado. Pero los últimos atentados de París son diferentes. El Daesh ha reconocido la autoría y la selección de los objetivos, y de ello cabe deducir que también ha enviado, entrenado y coordinado a quienes perpetraron el ataque.

El cambio de tendencia conlleva serias implicaciones. En la década transcurrida desde los atentados de Madrid y Londres, se han repetido nuevos ataques terroristas. Pero el número de víctimas ha sido relativamente bajo porque quienes los ejecutaron actuaban en la inmensa mayoría de los casos de manera independiente, sin contar con el apoyo de una organización mayor, y muchas veces incluso en solitario, sin constituir una célula. Fueron atentados trágicos, pero escasamente complejos y sofisticados. Por el contrario, el 11-M y el 7-J resultaron terriblemente mortíferos porque tras ellos estuvo Al Qaeda apoyando su planificación y ejecución. El asalto a tiro limpio contra 'Charlie Hebdo' fue un atisbo de vuelta a los primeros tiempos. Al Qaeda en la Península Arábiga entrenó a los hermanos Kouachi, y más tarde ellos utilizaron ese 'know-how' para realizar la matanza.

Que el Daesh tome ahora el relevo de Al Qaeda en el diseño y coordinación de atentados en Europa es por tanto un hecho inquietante. El autoproclamado Estado Islámico cuenta con recursos y conocimiento experto suficientes como para tramar nuevos atentados, y consumar eventualmente algunos de ellos. La buena noticia es que la estructura policial y de inteligencia de los países europeos más afectados por este problema -entre los que se incluye España- se encuentra ahora mucho mejor preparada que la previa a los atentados de Madrid y Londres. Prueba de ello es que después del 11-M y el 7-J, Al Qaeda protagonizó nuevos complots terroristas que fueron abortados por las fuerzas de seguridad.

No hay garantía de éxito al cien por cien a la hora de evitar atentados contra objetivos blandos como los atacados en París (haría falta una inversión de medios inasumible y un Estado similar al 'Gran Hermano'). Aun así, la eficacia de inteligencia y policial, que ha sido la habitual en estos años, es el objetivo a mantener y mejorar mediante la debida atención a las políticas públicas de seguridad. La respuesta militar occidental contra el Daesh en su territorio está logrando contener su expansión -que no es poco-, pero siendo realistas no va a lograr por sí sola acabar con el problema. Por ello conviene moderar los tambores de guerra que ahora mismo suenan en el Elíseo, pues generan unas expectativas que ni la fuerzas armadas francesas, ni las norteamericanas, ni las de otros aliados de la OTAN van a poder satisfacer. La solución pasa por encontrar una salida diplomática a la guerra de Siria (a su modo, la intervención militar rusa está contribuyendo en ese sentido). Y, después de ello, favorecer que sean países de la región quienes destruyan al Daesh.

Aunque algunos errores occidentales contemporáneos han contribuido a agravar la situación (la invasión norteamericana de Irak en 2003 fue uno de los más señalados), el origen del yihadismo se remonta a mucho tiempo antes y se encuentra en las propias sociedades y estados de mayoría musulmana. De ellos, sobre todo, es de donde tienen que venir las soluciones integrales a este problema.

Javier Jordán es Profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Granada e investigador visitante del Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Este artículo ha sido publicado en El Confidencial.